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jueves, 5 de marzo de 2015

Indígenas de América



Los indígenas americanos, también llamados indios, amerindios, nativos americanos o indoamericanos, son los pobladores originarios de América y sus descendientes que mantienen su cultura y se reconocen como tales. Algunos autores excluyen de entre los amerindios a los esquimales y a veces también a los pueblos de lenguas na-dené, ya que de acuerdo con la hipótesis amerindia su origen etnolingüístico y llegada a América fue posterior.



Origen del nombre



Los viajes de Cristóbal Colón en 1492 buscaban alcanzar una ruta hacia el Asia que permitiese evitar el paso por el Mediterráneo Oriental, bloqueado entonces por los turcos. Los cálculos de Colón, en exceso optimistas, le llevaron a pensar que la ruta occidental era más corta de lo que es en realidad. Al llegar a América aproximadamente en el plazo que sus cálculos indicaban que llegaría a las costas de Cipango —el actual Japón—, no reconoció el territorio como lo que era, y creyó por el contrario haber llegado a «las Indias», el nombre genérico para el extremo Oriente asiático


El «descubrimiento de América» no se reconoció como tal en un primer momento, y no sería hasta años más tarde cuando Américo Vespucio descubriría el error. A los nativos de las tierras descubiertas se les llamó, en virtud de la confusión, «indios».

Aunque el descubrimiento de Vespucio permitió corregir la cartografía, en el uso lingüístico la confusión se perpetuó en el nombre dado a los nativos. En la mayoría de las lenguas europeas, la palabra indio es la misma para los nativos de la India y para los pueblos autóctonos americanos. En algunas, no obstante, existen dos palabras diferentes; por ejemplo, los nativos de la India en alemán se denominan Inder, en polaco Hindus y los pueblos americanos respectivamente Indianer e Indianerin.

En el siglo XX, el error de llamar a los nativos originales del “Nuevo Mundo” indios, o su equivalente en inglés, indian, se volvió políticamente incorrecto y surgieron una serie de nombres alternos aceptados tanto en castellano como en inglés. Indoamericano, indígena, indígena americano, amerindio y originario han tenido vigencia en idioma español y American Indian,Native American y First Nations fueron algunos de los nuevos apelativos utilizados en inglés.

Si bien la gran mayoría de países de América tienen poblaciones indígenas, estas son mayoría únicamente en Guatemala y Bolivia, mientras que en México, Perú y Ecuador dichas poblaciones son proporcionalmente menores que en los dos países anteriores, ya que estos países contienen mayor cantidad de mestizos, a diferencia de los dos primeros, que sufrieron poco o casi nada de mestizaje. En Estados Unidos, las reservas indígenas tienen estatus de “soberanas”, y sus leyes y gobiernos tribales están por encima de las normativas municipales y leyes estatales, y solo por debajo de las leyes federales y la Constitución, estableciendo una relación de “gobierno a gobierno”.


Historia

Según la teoría más conocida y aceptada sobre la llegada del hombre a América, los indígenas americanos descienden de grupos de cazadores recolectores de origen siberiano que migraron a América por el estrecho de Bering durante la última glaciación Würm. Pero ciertos descubrimientos controvertidos recientes, como Pedra Furada, en Brasil, y Monte Verde, en Chile, parecen contradecir esta teoría, indicando una posible colonización anterior a la siberiana. Como en el resto del mundo, excepto África, la colonización humana de estas tierras vino acompañada de la práctica extinción de toda la megafauna local, exceptuando algunos bóvidos, como el bisonte.



Hacia el 2500 a. C. había ya importantes comunidades agrícolas, aunque la civilización más antigua fue la de Caral, en el Perú, cuyos indicios más antiguos se remontan al 3000 a. C.



Las altas culturas precolombinas surgieron en Mesoamérica y Sudamérica. De norte a sur podemos nombrar a los mexicas, mixtecas, toltecas, mayas, chibchas e incas. En cambio, en Norteamérica los asentamientos humanos no alcanzaron un nivel cultural tan complejo como en las civilizaciones antes señaladas, en parte por su menor densidad de población y, sobre todo, por sus actividades seminómadas.

Se cree que, en el siglo XI de nuestra era, vikingos de origen noruego establecieron las primeras colonias europeas en América, concretamente en lo que hoy se llama Nueva Escocia, aunque su estancia debió de ser muy breve y su repercusión sobre los indígenas americanos no muy importante.

A partir de 1492, se inicia la colonización europea de América. El Imperio español se expandió en los territorios de América bajo la bandera de la evangelización. La invasión española trajo la eliminación de los sistemas locales de gobierno y la imposición de administraciones sujetas a la corona de España. Junto con las acciones militares, la sujeción de los nativos a sistemas de trabajo forzado —mitas, encomiendas y otros regímenes— y la introducción de enfermedades para las cuales carecían de anticuerpos ocasionaron una abrupta reducción en la población indígena americana. En las regiones de colonización portuguesa, inglesa y francesa, la continuidad cultural indígena americana ha sido menor, como se acaba de señalar.

Tres de las lenguas indígenas americanas, quechua (Bolivia, Ecuador y Perú), aimara (Bolivia y Perú) y guaraní (en Paraguay, y desde el 2004 en la provincia de Corrientes, Argentina) han alcanzado rango de co oficialidad. Además, tanto en México como en Venezuela las lenguas indígenas han alcanzado el reconocimiento de lenguas nacionales.

Los países de América solo han tenido tres presidentes indígenas desde la colonización: Benito Juárez en México, Evo Morales en Bolivia y Alejandro Toledo en Perú.

Aspectos culturales


La cultura de los indígenas de América varía enormemente. La lengua, la vestimenta y las costumbres varían bastante de una cultura a otra. Esto se debe a la extensa distribución de los americanos y a las adaptaciones a las diferentes regiones de América. Por ejemplo, debido a la región semi-desértica, los chichimecas de Aridoamérica nunca llegaron a formar una civilización como las de Mesoamérica, sus vecinos al sur. Como consecuencia de esto, los chichimecas formaron una cultura basada en la práctica de nomadismo. Aunque los aztecas e incas formaron civilizaciones extensas y ricas, la vestidura de ambos dependía mucho del clima de sus tierras. En Mesoamérica, donde el clima es más caliente, solían usar menos vestimenta que los habitantes de los Andes. Aun así, hay algunas características culturales que la mayoría de los indígenas americanos practicaban.

Música


Los alientos y las percusiones fueron los instrumentos mayormente usados por las culturas indígenas de América. En casi todo Estados Unidos y Canadá, la música fue acompañada de percusiones monofónicas. Se cree que en el centro de México y Centroamérica la música fue hecha a partir de escalas pentafónicas. Se suele considerar que antes de la llegada de los españoles, la música era inseparable de las festividades religiosas, festividades que incluían una gran variedad de instrumentos de viento y percusión como tambores, flautas, conchas de caracol (usados como trompeta) y tubos de lluvia. En cuanto a los instrumentos de cuerda, algunos grupos llegaron a emplearlos utilizando elementos naturales (frutos y troncos ahuecados) e incluso la cavidad bucal como caja de resonancia; usualmente no se emplearon sino dos o tres cuerdas tensadas sobre algún arco, mismas que eran punteadas, con o sin plectro, sin formar lo que en Occidente se conoce como armonía. En general se puede decir que no se tiene una idea precisa de cómo pudo haber sido aquella música, puesto que no se preservan documentos con notación musical; sin embargo algunos cronistas españoles, los misioneros, señalan que las percusiones servían como medios de comunicación y narran que fue tal su sonoridad al llegar que los espantaba.



Después de la entrada de los españoles, el proceso de conquista espiritual se vio favorecido, entre otras cosas, por el servicio musical litúrgico al que se integró a los indígenas cuyas dotes musicales llegaron a sorprender a los misioneros. Fueron de tal magnitud las dotes musicales de los indígenas que pronto aprendieron las reglas del contrapunto y la polifonía e incluso el manejo virtuoso de los instrumentos, ello ayudó a que no fuesen solicitados más músicos traídos de España, lo cual molestaba significativamente al clero. La solución que se planteó fue no emplear sino a cierto número de indios en el servicio musical, no enseñarles contrapunto, no permitirles tocar ciertos instrumentos (alientos metales, por ejemplo, en Oaxaca, México) y, por último, no importar más instrumentos para que los indios no tuviesen acceso a ellos. Esto último no fue óbice para el goce musical de los indígenas, quienes experimentaron la construcción de instrumentos, particularmente de cuerdas frotadas (violines y contrabajos) o punteadas (tercerolas), es allí donde podemos encontrar el origen de la ahora llamada música tradicional cuyos instrumentos poseen una afinación propia y una estructura típica occidental.


Agricultura



En el curso de mil años, una gran cantidad de especies de plantas fueron domesticadas, creadas y cultivadas en el continente americano. Se calcula que más de la mitad de la producción de cultivos del mundo procede de plantas inicialmente desarrolladas por los indígenas de América. En muchos casos, la gente indígena creó especies totalmente nuevas de algunas salvajes que ya existían, como es el caso del maíz creado del teosinte silvestre de los valles del sur de México. Un gran número de estos productos agrícolas aún mantienen sus nombres adaptados de la palabra en náhuatl. Una lista parcial de los cultivos de origen americano incluye:
Principales cultivos en Norteamérica (también conocidos como «las cuatro hermanas»):
  • Maíz
  • Zapallo o calabaza
  • Poroto o frijol
  • Tomate
Otros cultivos conocidos mundialmente:
  • Papa o patata
  • Camote o batata
  • Palta o aguacate
  • Maní o cacahuete
  • Cacao
  • Vainilla
  • Ananá o piña
  • Yuca o mandioca
  • Chile o ají
  • Pimienta de Jamaica
Cultivados regionalmente:
  • Oca
  • Olluco
  • Nopal o tuna
  • Jícama
  • Papaya o mamón
  • Guayaba
  • Amaranto
  • Quinoa
  • Chirimoya
  • Kiwicha
  • Zapote
  • Mamey
  • Pitaya
  • Yerbabuena
  • Orégano mexicano
  • Verbena
  • Tupinambo o topinambur
  • Stevia
  • Yerba mate
Fuentes proteínicas amerindias:
  • Girasol (cultivado en México y Estados Unidos por miles de años)
  • Pecana
  • Piñón de araucaria
  • Quinua
Usos ceremoniales:
  • Tabaco
  • Peyote
  • Ayahuasca
  • Coca
  • Yerba mate
Otros cultivos:
  • Caucho
  • Chicle
  • Algodón (el cultivo de diferentes especies empezó independientemente en América e India)
  • Quina
  • Achiote

Tecnología

La limitada distribución de animales de carga disponibles para la domesticación sin duda es uno de los factores que dificultó el transporte en la América prehispánica. Además la configuración del continente orientado según el eje norte-sur dificultaba la difusión de ciertos cultivos al variar el clima mucho con la latitud. Nótese que Eurasia tiene una orientación predominante este-oeste lo que permitió la difusión de ciertas tecnologías y cultivos a lo largo de franjas en que la latitud variaba poco.

A la llegada de los europeos a América la metalurgia era de uso limitado y contaba con poca difusión. Prácticamente todas las sociedades americanas de la época precolombina se valían de herramientas de piedra.

En algunos aspectos particulares las civilizaciones americanas lograron importantes éxitos. En Mesoamérica el conocimiento del calendario y la astronomía había alcanzado niveles de desarrollo notables. En cuanto a la agricultura los aztecas usaron sistemas de agricultura intensiva basados en chinampas con producciones totales de alimento por hectárea probablemente muy superiores a la de otros lugares del planeta. Incluso algunos de los cultivos americanos eran especialmente productivos, el maíz cuando fue llevado a China por ejemplo resolvió en gran parte problemas de hambre y fue un cofactor responsable de la explosión demográfica de esa área geográfica hacia el siglo XVIII.


Lengua

Entre las clasificaciones de largo alcance, probablemente la más polémica y también, una de las más influyentes es la hipótesis amerindia debida a Joseph Greenberg (1987) que sugiere que en última instancia las lenguas indígenas americanas se pueden agrupar en tres unidades filogenéticas: El continente americano es una de las zonas más diversas desde un punto del origen etnolingüístico de sus poblaciones. La clasificación de filogenética de las lenguas indígenas de América las agrupa en unas 80 unidades filogenéticas bien asentadas, además de más de un centenar de lenguas no-clasificadas más. Las comparaciones de más largo alcance que pretenden probar el parentesco ancestral entre estas familias lingüísticas, es controvertido ya que frecuentemente recurre a técnicas no tan exigentes como el método comparativo estricto.
Las lenguas amerindias propiamente dichas, que englobaría la gran mayoría de lenguas americanas.
Las lenguas esquimo-aleutianas, que formarían parte de una supuesta macrofamilia euroasiática.
Las lenguas na-dené, que formarían parte de la hipotética macrofamilia dené-caucásica.

Greenberg además propone una división en grupos de las lenguas amerindias sobre una evidencia lingüística. Sin embargo, la mayoría de americanistas consideran insuficiente la evidencia en la que se basa Greenberg como para que su resultado sea fiable y de hecho, otros especialistas como Campbell consideran que la propuesta de Greenberg no sólo es inconcluyente, sino además altamente especulativa.


Aspectos antropológicos y genéticos

Los amerindios en conjunto representan una de las poblaciones humanas donde más frecuente es el grupo sanguíneo O dentro del sistema ABO. En ningún otro continente la población nativa tiene un porcentaje tan alto de ese grupo sanguíneo.

El análisis de ADN en sus tres diferentes campos (genética autosomal, mitocondrial y del cromosoma) demuestra que hay una cercanía evidente entre todos los pueblos nativos de América. Así, encontramos alta uniformidad genética a lo largo del continente, mayor que en cualquier otro. Al mismo tiempo, estos análisis confirman las teorías del poblamiento de América a partir de la región de Siberia hacia el final de la Edad de hielo.


Los pueblos indígenas en Argentina; un poco de historia






Los pueblos originarios fueron incorporados en masa al Estado argentino como pueblos sometidos y ocupantes precarios en sus propios territorios. Fueron obligados a adoptar una religión y un estilo de vida que no les era propio. Fueron convertidos en productores de subsistencia y/o proletarios rurales. Por efecto de procesos regionales de migraciones forzosas un importante porcentaje de sus miembros vive en áreas urbanas y suburbanas donde es usual que deban ocultar su identidad para evitar el maltrato y la discriminación.



Hace relativamente poco ha comenzado una acción más decidida y, a la vez, sostenida, en favor de los pueblos indígenas. Esto ha sido esencial en la afirmación del indigenismo y la consecuente aparición en la vida pública en nuestras sociedades americanas. Podríamos señalar que en nuestro país es a partir de 1990, cuando el indigenismo comenzó a tener impulso. La reforma de la Constitución del año 1994; la suscripción y ratificación del Convenio 169; y el depósito de los instrumentos de su ratificación en Naciones Unidas así lo demuestran.

La agenda internacional en el tema indígena también se ha visto poblada de acontecimientos. En Naciones Unidas se constituyó el Foro Permanente para los Pueblos Indígenas del Mundo, habiendo sucedido su primera reunión en el mes de mayo de 2002. Otras de las actividades que se realizaron en nuestro país fueron: el Programa de Participación Indígena, el Foro Patagónico, y el Primer Seminario de Políticas Sociales para Pueblos Indígenas. Esta acción positiva y constante, más la tarea de divulgación de los derechos que han realizado los funcionarios del INAI y los dirigentes indígenas, ha ido animando a los grupos a manifestarse y asumir posiciones.


Cuáles son, cuántos son y dónde están





En este punto el objetivo fue confeccionar una lista de los pueblos indígenas argentinos que actualmente existen y donde se encuentran ubicados. Sin embargo es necesario previamente explicar algunas referencias aclaratorias sobre las clasificaciones



Todas responden a algún criterio que elige quien las realiza y que, normalmente, se basan en principios de consideración lingüística, política, histórica o antropológica (cultural).

En este caso el propósito es dar a conocer cuáles son las distintas etnias que existen en nuestro país, desde lo institucional. La fuente es el registro del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, que es el organismo nacional que tiene a su cargo otorgar personerías jurídicas a las comunidades indígenas. En la tramitación consigna los pueblos a los que pertenecen.

Suelen publicarse listas de las etnias que existen en la Argentina con resultados pocos felices, ya que no suelen ser exhaustivas ni actualizadas. Podemos dar como ejemplo las que omiten a los Huarpes, que en varias partes figuran como pueblo extinguido y, sin embargo, actualmente hay 11 comunidades registradas. Otro caso es de la comunidad Tonocoté de Santiago del Estero, que era una etnia que no figuraba prácticamente en ningún lado. Pero a raíz de la designación de un santiagueño al frente del INAI a fines de 1999, el Dr. Figueroa que desde esa función se interesó por las comunidades de su provincia, se produjo el surgimiento de los Tonocoté (también llamados "Surita") y el otorgamiento de la correspondiente personería jurídica.

Frente al vacío censal oficial algunas ONG's y organizaciones indígenas han estimado que el número de personas indígenas podría estar entre 800.000 y 2.000.000.

Se cree que un porcentaje bastante elevado vive en asentamientos rurales y en forma comunitaria representando aproximadamente entre un 3% y un 5% de la población total del país. Algunas provincias cuentan con un 17 a 25% de indígenas en su población. Según las fuentes mencionadas, existirían más de 800 comunidades en todo el país mientras que por efectos de la migración urbana en algunas capitales de provincias habría una altísima concentración de familias y personas indígenas

Según esta información su composición y distribución sería aproximadamente la siguiente:

Región Noreste (provincias de Chaco, Formosa, Misiones y Santa Fe): Pueblos Mbya-Guarany, Mocoví, Pilagá, Toba, Vilela y Wichí.

Región Noroeste (provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán): Pueblos Atacama, Avá-Guarany, Chané, Chorote, Chulupí, Diaguita- Calchaquí, Kolla, Omaguaca, Tapiete, Toba, Tupí-Guarany y Wichí.

Región Sur (provincias de Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego): Pueblos Mapuche, Ona, Tehuelche y Yamana.

Región Central (provincias de Buenos Aires, La Pampa y Mendoza): Pueblos Atacama, Avá Guarany, Diaguita-Calchaquí, Huarpe, Kolla, Mapuche, Rankulche, Toba y Tupí Guarany.

Identificar a los indígenas siempre ha sido algo problemático y obedece a múltiples razones En algunos casos fue el desinterés; en otros, porque había sociedades que negaban la existencia de indígenas por razones políticas o por considerar que mancillaban su pureza o restaba mérito y distinción a su sociedad. Posteriormente fueron las distintas disciplinas (como la sociología o la etnología) que se interesaron por el tema e introdujeron sus particulares puntos de vista.

Distintos han sido los criterios utilizados para la identificación y posterior categorización de los pueblos indígenas, a saber:

a) Los criterios raciales o biológicos:

Imperaron hasta hace unos 60 años o más, y tenía que ver con la apariencia de las personas, con los rasgos hereditarios y todos aquellos rasgos que servían para diferenciarlos de los europeos. Centrar en el aspecto biológico el fundamento de una distinción y en el concepto de "raza". Actualmente han sido dejados de lado; hoy la ciencia rechaza toda pretensión de definir las "razas" a partir de datos genéticos determinantes. Es verdad que hay diferencias biológicas y culturales que están a la vista. Pero los estudios indican que las diferencias entre los hombres son tantas y de tal magnitud que no es posible identificar a un grupo racial determinado con un exclusivo y único tipo biológico

b) Criterios legales o administrativos:

Empleados para identificar y clasificar con fines de política alimentaria o educacional o por razones estadísticas. Según estos criterios son indígenas quienes han sido identificados o definidos por alguna autoridad.

c) Criterios socioculturales:

Se basan en el idioma que hablan. Se calcula que hay más de 400 lenguas indígenas en América. Sin embargo, se debe aceptar a los grupos que se identifican como indígenas y que han perdido su lengua vernácula Otros criterios socioculturales incluyen elementos de la cultura material como el vestido, la alimentación, las tecnologías agrarias, parafernalia ceremonial y religiosa, etc. Estos sistemas de identificación aparecen en las monografías de principios de siglos que producía la antropología. Sin embargo actualmente pocos de esos elementos materiales siguen teniendo el mismo significado.

d) Criterios culturales propios:

No son de los individuos sino de las colectividades y se manifiestan por sus prácticas religiosas y ceremoniales, formas de organización social, estructuras de la propiedad agraria, modos de producción y distribución de bienes económicos y otros elementos intangibles

f) La autodefinición indígena:

Todos los criterios anteriores son externos: producidos y utilizados por autoridades, técnicos y académicos, generalmente no indígenas. Son criterios impuestos desde fuera. Actualmente ha prosperado y se está imponiendo en las normativas que se van diseñado para el mundo indígena, los criterios subjetivos de autoidentificación. Las organizaciones indígenas sostienen que son ellos quienes tiene la potestad de autoidentificación y autodefinición. El Consejo Mundial de Pueblos Indígenas ha reclamado ese derecho y actualmente se considera por ellos dentro de la categoría de los derechos humanos.

Los pueblos indígenas registrados en el INAI:

BUENOS AIRES: Tupi guaraní (emigrado), toba, mapuche

CATAMARCA: Diaguita, Calchaquí,

CHACO: Toba. Mocovi. Wichi

CHUBUT: Tehuelche, Mapuche, Tehuelche - mapuche (mestizaje)

FORMOSA: Pilaga, Wichi, Toba

JUJUY: Kolla, Atacama, Pulmamarca, Guarany. Kolla - Humahuaca, Chiriguano, Yalas (según registro proveniente de la oficina indígena de Jujuy), Chiriguano-Chané (caso igual que el anterior), Guarany

LA PAMPA: Ranqueles

MENDOZA: Huarpes, Pehuenches (mapuche)

MISIONES: MByA (guaraní)

NEUQUEN: Mapuche

RIO NEGRO: Mapuche

SALTA: Kolla, Wichi. Diaguita, Calchaquí. Lule. Chane-Guarany, Guarany, Corotes, Oclollas, Aba-Guarany, Tupi-Guarany Kollas-Huamauaca, Tobas, Guarany, Chiriguano, Chiriguano-Tapiapé

SAN JUAN: Huarpes

SANTA FE: Tobas, Mocovi

SANTIAGO DEL ESTERO: Tonocote (Suritas)

TIERRA DEL FUEGO: Onas o Selknan

TUCUMAN: Diaguita-Calcaquí
Algunas comunidades, a modo de ejemplo

Chiriguanos Chané:

Existen unos 21.000 chiriguanos y 1400 Chanés en la Argentina, aproximadamente. Ambos son de origen amazónico. Los primeros Guaraníes y los segundos, Arawak.

Tierra:

Las que habitan sin fiscales o de las misiones franciscanas. Viven en las provincias de Salta y Jujuy. También habitan en Bolivia y Paraguay.

Organización:

En una época lejana los chiriguanos sometieron a los Chané. Actualmente se toman a ambos grupos como una comunidad cultural, aunque se distinguen entre sí por la lengua y ocupan aldeas distintas.

Algunos viven dispersos en los cinturones de las ciudades, otros en comunidades. En Salta cuentan con la Ley Provincial del Aborigen sancionada en el año 1987.

Economía:

Tradicionalmente son agricultores de maíz, zapallo y porotos, pocos pueden vivir actualmente de la tierra, porque no la tienen. Subsisten de sus trabajos en los ingenios azucareros, obrajes, aserraderos, YPF, municipios. Son cosecheros golondrinas: desde la Zafra del norte van a la vendimia cuyana, llegándose a Río Negro y Neuquén para la cosecha de la manzana.

Cultura:

Mantienen su identidad y parte del patrimonio cultural. Aún algunos efectúan convites con Kanwi (chicha) o el ritual del arete, cultan a su I`payé (curandero) y siguen siendo alegres y hospitalarios.

Hablan su lengua y realizan artesanías tradicionales, máscaras y cerámicas (chané) y cestería (chiriguana).

Diaguita-Calchaquí

Los diaguita – calchaquí son aproximadamente 6000 personas. Hay numerosos mestizos descendientes.

Tierra:

Viven en los valles Calchaquíes de Tucumán y Catamarca. Generalmente ocupan la tierra por arriendo. Lucharon valerosamente por ella en la época de la conquista. Lucharon con heroísmo, hasta la muerte.

Organización:

Algunos viven dispersos y otros en comunidades organizadas como la de Quilmes, Amaicha del Valle y el pequeño grupo Los Llampas. Hoy se organizan para luchar por sus por sus derechos y la tierra.

Economía:

De supervivencia. En los valles viven de la crianza de animales, cultivos, tejidos artesanales, cerámicas. Son la mano de obra barata de la zafra, minas, etc.

Cultura:

Siendo un pueblo que sufrió persecución, muerte y destierro (fueron trasladados los quilmeños a la provincia de Buenos Aires, en época de la colonia, para que pierdan su identidad como pueblo y así dominarlos y arrebatarles la tierra), conservan elementos de su rica y milenaria cultura. Practican rituales a la Pachamama, formas de cooperación y el canto con percusión que tiene una enorme fuerza cósmica.

Kollas:

Se ha generalizado con el nombre de kollas a los puneños y sus descendientes, algunos quebradeños y toda otra población de orígen quechua-aymara. Se estima una población de 170.000 personas.

Tierra:

Viven en Jujuy y Salta. Sus ocupaciones son antiquísimas y no cuentan con los títulos de propiedad. Perseguidos y amenazados por terratenientes, algunas comunidades sufren severas represiones policiales o son "persuadidos" de abandonar sus tierras con cierre del paso hacia los centros poblados donde venden sus productos. Algunos ocupan tierras fiscales sin títulos o como arrendatarios y cuidadores de ganado ajeno. Otros viven en las villas periféricas de las ciudades.

Organización:

Algunos viven en comunidades y practican trabajos en cooperación como la minga (entre todos cosechan lo de cada uno).

Economía:

Pequeños agricultores y criadores de animales. Cosecheros golondrinas y mineros marginados y explotados. La mujer se emplea en servicios domésticos en la ciudad. Realizan tejidos en telares. Apenas sobreviven.

Cultura:

A pesar de la aculturación sufrida debido a la acción colonizadora, aún practican algunos de sus rituales y mantienen otras formas culturales como la minga, antigua forma de cooperación; el serviñakuy o prueba de pareja y rituales vinculados al culto de la tierra: la Pachamama, señalada o marcación de animales, apachetas o descanso de viajeros, entierro y desentierro de pucllay o kacharpaya (carnaval), chaya y chayar (beber) y corpachada (dar de comer a la tierra); Tinkunakuy, topamientos o encuentros de compadrados, musiqueros, parcialidades o comunidades.

Sus instrumentos musicales tradicionales como quena, anata, siku, erke y erkencho, que han ingresado a la música popular o folklórica de nuestro país. Hablan su lengua. Después del guaraní es la segunda lengua indígena de mayor uso en el país.

Muchos de sus rituales se han desvirtuado para satisfacer curiosidades turísticas.

Mapuches:

Los mapuches son alrededor de 90.000 personas en Argentina y más de un millón en Chile. Hay puros y mezclados con Tehuelches. Mapuche quiere decir "gente de la tierra"

Tierra:

Viven en las provincias de La Pampa, Buenos Aires, Río Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz. Sus territorios les fueron arrebatados durante la Conquista del desierto. Hoy, la mayoría no tienen tierra propia. Viven en zonas marginales, montañosas y áridas, sin títulos de propiedad o en las periferias de las ciudades.

Organización:

Conforman comunidades o agrupaciones bajo la autoridad de un líder, en las zonas rurales. En las urbanas viven dispersos o conforman barrios con comisiones vecinales. En las distintas provincias se organizan para la obtención de leyes que garanticen sus derechos o la aplicación de las mismas para la recuperación de la tierra y sus derechos.

En la provincia de Río Negro, existe una poderosa organización indígena, el CAI, de gran protagonismo en la sanción y discusión de la Ley Aborígen, y en la reivindicación de sus derechos.

Economía:

De subsistencia. Viven de la cría de ovejas y chivos, tejidos artesanales y ocupaciones estacionales en la esquila y en la cosecha de frutas. Algunas comunidades han organizado cooperativas de producción y consumo.

Cultura:

Hay un fuerte movimiento de recuperación de su cultura muy amenazada por la penetración de sectas religiosas, el alcohol y la sobreexplotación económica.

Mantienen el uso de la lengua, sus cantos a la naturaleza y se reúnen una vez al año para hacer rogativas y cantar al son del cultrum.

Mbya-Guaraní:

Los Mbya Guaraníes son aproximadamente unas 3.000 personas que viven en Argentina. Están asentados en unas 40 aldeas en todo el territorio de Misiones. La pérdida de espacio ecológico y las enfermedades los llevan a enfrentar situaciones de supervivencia.

Tierra:

Viven en la provincia de Misiones. También en Paraguay y Brasil. No reconocen fronteras y esto se manifiesta en las continuas migraciones entre estos tres países. No tienen tierras con títulos. Están asentados en tierras privadas. Su hábitat natural es la selva que la van perdiendo por el sistema de propiedad de la cultura impuesta y las plantaciones madereras.

Organización:

Viven en pequeñas comunidades: el liderazgo del grupo lo ejerce el paí. Los jefes familia reunidos en consejo tratan de resolver los problemas comunes.

En el año 1987, el gobierno de Misiones sanciona la Ley Provincial nº 2.435 con la participación de indígenas y los propios aborígenes. La ley más progresista que existió en el país. Sin embargo, en la actualidad fue derogada y sustituida por la Nº 2.727.

Economía:

De subsistencia. Los que viven en aldeas cultivan la tierra, hacen changas en aserraderos y obrajes o trabajan en los yerbatales y teales sin ninguna protección legal y laboral. Los grupos nómades siguen la vida tradicional: cazan, pescan, recogen miel y frutos silvestres. También hacen artesanías que comercializan.

Cultura:

En la medida que se acercan al mundo blanco, van perdiendo su cultura. Hablan en su idioma y en la intimidad mantienen concepciones religiosas y míticas propias. La mayoría son trilingües: el mbya, el guaraní y el castellano. En la zona fronteriza también agregan otro idioma: el portugués.

Mocovíes:

Los Mocovíes pertenecen al grupo Guaycurú junto con los Tobas y los Pilagá. Son aproximadamente 7.300 personas. En estos últimos años, sobre todo en la provincia de Santa Fe, han comenzado un camino de reconocimiento y afirmación como pueblo.

Tierra:

No la tienen. Viven en caminos abandonados, en campos trabajando como peones, y en los barrios periféricos de las ciudades. Viven en la provincia de Santa Fe y sur de Chaco.

Organización:

La pérdida de la tierra trajo aparejado la destrucción de su antigua organización. Muchos viven dispersos y otros conforman comunidades con identidad propia en la periferia de las ciudades o en las zonas rurales.

Actualmente se están organizando en ambas provincias junto con otras etnias. En Santa Fe, a través de la Organización de Comunidades Aborígenes de Santa Fe, la OCASTAFE, buscan la sanción de una ley provincial que reconozca sus derechos.

Economía:

De subsistencia. Trabajan de peones rurales, hacheros, cosecheros, empleados en aserraderos o municipios. Los que cuentan con un pedacito de tierra realizan mimicultivos de algodón, hortalizas, maíz, etc. Algunos hacen artesanías que malvenden o cambian por ropa usada. Carecen de protección laboral y social.

Cultura:

A pesar de la aculturación se identifican como mocovíes con sus formas de ser, pensar y hacer. Muchos hablan su idioma aún, y actualmente hay un fuerte movimiento de recuperación cultural

Pilagá:

Los Pilagá pertenecen al grupo lingüístico Guaycurú, y son alrededor de 5.000 personas. Viven en las provincias de Chaco y Formosa. En estos últimos años junto a las otras dos etnias de la provincia de Formosa, han comenzado un proceso de organización para la recuperación de tierras.

Tierra:

En estos momentos varias comunidades tienen el título de propiedad de sus tierras, animando así a que todas las comunidades la obtengan.

Algunas comunidades están alambrando para delimitar el terreno y hacer respetar sus derechos.

Organización:

Forman comunidades, sobre todo en zonas rurales, con sus líderes tradicionales y el reconocimiento de la comunidad. Las organizaciones son reconocidas jurídicamente como asociaciones civiles o comunitarias, lo que les permite gestionar los títulos de propiedad de la tierra en forma comunitaria, según lo manifestado en la Ley Provincial Integral Nº 426 de la provincia de Formosa.

Las organizaciones se van consolidando y formaron, a nivel intercomunitario, la Intercomisión Pilagá. Esta organización sirve como espacio de reflexión conjunta, intercambio y capacitación donde se discuten los problemas comunes como zona, etnia y sus posibles soluciones. Además funciona como canal de acción entre las diferentes comunidades y de experiencias conjuntas. Un ejemplo de acción de la Intercomisión fue la elaboración y presentación de propuestas de artículos específicos en la modificación de la Constitución de Formosa.

Economía:

De subsistencia. Viven de sus trabajos como hacheros, cosecheros y del trueque o venta de sus artesanías. Las comunidades que ya tienen la seguridad de la tierra han comenzado un proceso un proceso de ocupación efectiva de las mismas a través del desarrollo de diferentes alternativas económico-productivas: agricultura y ganadería mayor y menor, aprovechamiento de los frutos del monte, etc.

Cultura:

Han sufrido como todas las etnias el proceso de aculturación impuesto por la sociedad dominante. Realizan tejidos de fibra de chaguar, tallas de madera, palo santo y canastos de carandillo (tipo de palmera).

Hablan su lengua, y en algunas escuelas se están instrumentando experiencias de educación bilingüe y bicultural. En la actualidad hay un fuerte resurgir de los valores culturales.

Tehuelches:

Los Tehuelches son aproximadamente 1.500 Aóniken, tehuelches meridionales y unos 700 Gününa Fune, Tehuelches septentrionales. Existen desde hace 1500 años. Sus nombres quieren decir "paisano" o "gente del país"

Tierra:

No tienen. Viven en Santa Cruz y Chubut. Los tehuelches, altos, fuertes y robustos fueron casi exterminados por gobiernos y estancieros que llegaron a pagar a quien matara un tehuelche.

Organización:

Salvo algunos que viven en comunidades, como la de El Chalia o la de Camusu Aike, situadas en tierras pobres reservadas para ellos, la mayoría viven dispersos.

Economía:

Son pequeños criadores de ovejas y chivos o peones de estancia. Las mujeres realizan tejidos artesanales. Así sobreviven en la pobreza y la marginación.

Cultura:

Están muy acriollados, han perdido casi toda su cultura. El idioma tehuelche septentrional se perdió por completo y el meridional a punto de desaparecer. Se está intentando recuperar.

Tobas:

Los Tobas pertenecen al grupo lingüistico Guaycurú, y son alrededor de 60.000 personas. Viven en la provincia del Chaco, Formosa, norte de Santa Fe y Salta, en Argentina. También hay comunidades en Paraguay. Existen asentamientos por migración en Rosario y Buenos Aires.

Tierra:

La mayoría vive en el monte sin ser propietarios de las tierras que ocupan, salvo por unos pocos que tienen títulos, pero ya no es el monte rico y sin límites de la antigüedad. Otros viven en barrios suburbanos de Saenz Peña, Resistencia y Formosa.

En los últimos años han recuperado, en la provincia del Chaco, unas 29.000 hectáreas de tierra con títulos de propiedad definitivos o provisorios. En reserva existen aproximadamente unas 365.000 hectáreas con el reconocimiento por parte de las autoridades de los derechos indígenas sobre las mismas.

Organización:

Constituyen comunidades rurales o urbanas con sus líderes tradicionales o comisiones vecinales, asociaciones comunitarias, cuyos miembros son elegidos por la comunidad.

En la provincia del Chaco participan, junto a los campesinos, en la Unión de Pequeños Productores Chaqueños, y mediante ésta también se tiene presencia en una organización a nivel regional.

Economía:

De pobreza y marginación. Cultivan pequeñas parcelas, son peones temporarios en los algodonales, obrajes, aserraderos, hornos de ladrillos y carbón o empleados municipales en los pueblos. Ocasionalmente cazan, pescan y recolectan frutos y miel silvestre si las condiciones lo permiten.

Cultura:

En la década de los años 20, ya en pleno siglo XX, sufrieron una definitiva derrota militar en Napalpi, Chaco. A partir de este instante, los tobas viven en dependencia política y económica de la sociedad dominante. A pesar de su sometimiento militar, con el tiempo han logrado recobrar el sentido de ser "indio" y con ello, la fuerza necesaria para luchar por sus derechos.

Hablan su lengua, hacen artesanías de barro, de palo santo, tejidos de fibras vegetales, conservan algunos bailes y cantos y suelen acudir al pio'oxonaq para ser curados.

Wichi:

Los Wichi son aproximadamente unas 80.000 personas. Junto con los chulupíes (unas 1.200 personas) y los chorotes (unos 900) forman la familia Mataco – Mataguayo.

Tierra:

Viven en Salta, Formosa y Chaco, en Argentina. También en Bolivia y Paraguay. Es pueblo del monte aunque ocupan las periferias de los pueblos como Ingeniero Juárez y Las Lomitas en Formosa, o Los Blancos y Embarcación, en Salta.

Hoy ocupan tierras marginales, montes deteriorados debido a la tala indiscriminada de árboles, la instalación de petroleras que ocasionan la pérdida de la fauna autóctona. En Formosa, las comunidades del oeste recuperaron, en gran parte, el reconocimiento legal de las tierras que ocupan.

Organización:

Viven en comunidades situadas en las cercanías de poblados blancos, en medio del monte o sobre la ribera del Pilcomayo y Bermejo, con líderes tradicionales y elegidos por la comunidad. Comparten con otras etnias el resurgimiento de la organización de la lucha por al tierra. Participan con sus representantes en el espacio reconocido por las leyes del aborigen.

Economía:

Muchos aún practican la recolección de frutos y miel del monte, cazan y pescan. Otros trabajan en obrajes madereros, en desmontes o son cosecheros temporarios en campos ajenos. Tallan la madera del palo santo, tejen con fibras de chaguar y hacen una utilitaria alfarería que venden también. Algunos fueron víctimas del cólera.

Cultura:

Debido a la acción del blanco, de sectas religiosas, de la escuela común y de otros, han ido perdiendo la cultura propia de los pueblos cazadores y recolectores, aunque la mayoría tiene arraigadas costumbres de vida con dependencia plena de la naturaleza y aún conservan elementos de su rica cosmovisión, su lengua y curaciones naturales, entre otras cosas.

En este mapa se representa la ubicación de la gran mayoría de las Comunidades Aborígenes de la República Argentina.

Monografias.com

Marco legal vigente





En 1994 se reformó la Constitución Nacional, incorporando en su artículo 75 el siguiente mandato: "Corresponde al Congreso: 17. "Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias podrán ejercer concurrentemente estas atribuciones".



En el orden nacional, entre 1984 y 1993 se promulgaron una serie de leyes "integrales" que tienen a los indígenas como destinatarios: la ley nacional 23.302 sancionada en 1985 y reglamentada en 1989, y las provinciales N° 426/84 de Formosa, N° 6.373/86 de Salta reformada en el 2000, N° 3.258/87 de Chaco, N° 2.727/89 de Misiones, N° 2.287/88 de Río Negro, N° 3.657/91 de Chubut y N° 11.078/93 de Santa Fe.

La ley nacional 23.302 creó el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), entidad descentralizada que actuará como organismo de aplicación de la política indigenista del Estado. Las leyes provinciales, por su parte, crearon organismos semejantes. Todas introducen una serie de medidas positivas tendientes a la "preservación, mejoramiento, promoción, respeto, desarrollo, y participación" de los ciudadanos indígenas.

En el orden internacional, en 1992, a través de la ley 24.071, Argentina adoptó el Convenio 169 de Organización Internacional del Trabajo (OIT). En el 2000, se ratificó el Convenio, que entró en vigencia el 3 de julio del 2001.

En 1995 se aprobó, por ley 24.544, la Constitución del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (ONU). En 1997, la ley 24.874 adoptó el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (ONU).

Consideradas en su conjunto, las leyes "indigenistas" parecen incorporar el reconocimiento de la diversidad cultural. Sin embargo no todas se aplican plenamente y, en ciertos casos, ni siquiera en forma parcial; incluso diversos acontecimientos ocurridos en el transcurso de los últimos años evidencian que el acceso de los indígenas a sus derechos depende muchas veces de un trámite administrativo o judicial previo

Mientras los demás ciudadanos disponen de varias dependencias estatales donde presentar sus reclamos, se supone que los indígenas deben hacerlo sólo en el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI).

La ley 23.302 establece la necesaria participación indígena en el INAI a través de representantes designados por sus comunidades. Sin embargo, esto nunca se implementó.

La situación actual del INAI sigue siendo ambigua; formalmente no tiene estructura ni autoridades y carece por completo de participación indígena, a pesar de lo cual en la práctica funciona como un organismo con capacidad para resolver todos y cualquier asunto relativo a los pueblos indígenas. Así, ejerce su representatividad en eventos y foros internacionales, media en conflictos entre aquellos y los Estados provinciales.

Finalmente, se espera que implemente, en coordinación con los demás organismos oficiales, todas las políticas estatales que tienen como destinatarios a los indígenas. Uno de los mayores obstáculos que impide el desarrollo coherente del INAI, aun en la irregularidad en que se encuentra, es el reducido presupuesto con que cuenta.

Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001

Para entender estos fenómenos de resurgimiento hay que tener en cuenta varias situaciones, una de ellas es la inexistencia de un censo nacional indígena. En el año 1965 se dispuso la realización de un censo que tuvo efectos relativos ya que no se completó. Son de destacar algunas particularidades:

a) Se establecieron únicamente cuatro regiones: Noroeste, Norte Central, Noreste y Sur. No figuraban mencionados: Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, San Luis, San Juan, Mendoza, La Rioja, Entre Ríos y Tucumán.

b) Se dispuso que comprendería a los grupos que se encuentran en territorio nacional y nombraba a los siguientes pueblos: tobas, pilagá, mocovíes, matacos, chulupíes, chorotis, chiriguanos, guaraníes, caingaes, aymaraes, quechuas, tehuelches, araucanos, guenakén, yamanás y onas. Esta mención nos da una idea de lo que se consideraba existente hace unos cuarenta años atrás.

c) Se contemplaba registrar los nombres con los que los aborígenes y los no aborígenes designaban a los grupos indígenas.

d) Se establecía que se anotaría como indígena a quienes reunieran las características básicas para considerarlos miembros de un grupo determinado o se consideren a si mismos como pertenecientes a algunos de los pueblos clasificados.

e) Indicaba pautas respecto de lo "indígena" y eran: estructura económica en un nivel de subsistencia; constituir una comunidad o grupo; el lenguaje, festividades, vestimenta, artesanías y otros; que expresen una conciencia de pertenencia a un grupo étnico o sea notoria su descendencia de éstos. El censo no se terminó y el trabajo de varios años, con la intervención de estudiantes en sociología y antropología y profesionales en varias disciplinas.

El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001 se realizó entre los días 17 y 19 de noviembre de 2001. De toda la planilla censal, solo una pregunta se refería a si algún miembro de la casa pertenecía a alguna comunidad indígena y a cual.

El INDEC encaró una serie de reuniones con representantes de organizaciones y comunidades indígenas, ONG's indigenistas, estudiosos, académicos, comisiones de Población de las dos Cámaras del Congreso de la Nación, además de los funcionarios del INAI. El objetivo de estas reuniones era discutir propuestas de preguntas a efectuar en el Censo 2001 y otras cuestiones relativas a su implementación. Como resultado de las mismas se consensuó el texto de la pregunta 2 de la cédula censal que se aplicó en todo el país. Las pruebas previas se llevaron a cabo en 1999 y 2000, con participación de miembros de las comunidades indígenas locales y observadores indígenas de otras zonas. Durante el 2001 se buscó ampliar la participación indígena a través de cuatro reuniones regionales entre el INDEC, el INAI y representantes de organizaciones y comunidades. Se realizó, además, una reunión nacional. El objetivo de estos encuentros era alcanzar acuerdos para la participación directa de los indígenas en la capacitación de los censistas y en la difusión del censo, y crear instancias de articulación con el INDEC a fin de diseñar el contenido de la encuesta complementaria 2002 y proponer la metodología a aplicar.

Pero estos objetivos no pudieron alcanzarse plenamente por diversas razones. A pesar de las intenciones de los técnicos del INDEC, en todas las reuniones regionales la queja persistente de los pueblos indígenas fue que ellos no habían tenido participación en el diseño de la ley y su implementación. Esta queja fue más allá, y en la reunión nacional los participantes indígenas elaboraron un documento muy fuerte en contra del Censo. Además, la Comisión de Juristas Indígenas en Argentina (CJIA) presentó un recurso de amparo en el que solicitó la postergación del mismo, alegando que no habían tenido participación en las condiciones establecidas por el Convenio 169 de OIT y la Constitución Nacional (art. 75, inciso 17) Finalmente la situación desencadenó en una toma de las instalaciones del INAI por parte de distintos representantes de las comunidades indígenas; respecto al tema que nos interesa se efectuaban los siguientes reclamos:

"Los Pueblos Originarios estamos tomando las instalaciones del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) [dirigido por Alejandro Raúl Isla], después de haber agotado todas las instancias [de reclamación] a nivel institucional.

Con esta acción estamos exigiendo la presencia en el lugar del ministro de Desarrollo y Acción Social, Daniel Sartor, para la rápida y efectiva resolución de los siguientes puntos. Exigimos:

Postergación del censo solicitado a los Pueblos Originarios. Rediagramación del mismo con la participación de nuestras comunidades (Hace ya 22 días que se entregó un manifiesto al Estado Argentino, en el cual se le instaba a expedirse sobre el contenido de la demanda).

Inmediato cumplimiento de los acuerdos que contiene el Convenio 169 de la OIT, en su totalidad.

Mejorar los mecanismos de participación y consulta en toda política que nos involucre, cumpliendo de esta manera con la legislación nacional internacional que así lo dispone.

Es de destacar que también se efectuaron reclamos tendientes a mejorar la calidad de la salud y la educación entre otras.

Finalmente, el Censo se llevó a cabo y en algunas provincias contó con la participación directa de censistas y capacitadores indígenas. Sin embargo, muchos indígenas niegan su validez.

En la actualidad se desconoce si se habrá de llevar a cabo la encuesta complementaria debido a la falta de presupuesto. De acuerdo a la última información suministrada por el INDEC, el tema se estaría tratando de manera prioritaria, esperándose una respuesta favorable en los próximos meses.

Conclusión:

Después de haber analizado todo el material, creemos que todavía queda mucho por hacer. Si bien los intentos que se han hecho, son válidos, no han sido suficientes para obtener un conocimiento acabado de la actual situación poblacional de las comunidades indígenas.

Creemos que la ley 23.302 es impecable en su redacción, sin embargo no creemos que sea operativa en este momento, por todo lo expuesto. Será necesaria la implementación de otros mecanismos o mejor aún, de un mayor aprovechamiento de los ya existentes para lograr objetivos fecundos.

El cambio debe producirse de raíz y no solo los gobernantes y legisladores son los encargados de realizarlos.

Nosotros, desde nuestro lugar de estudiantes, de hijos, de padres, debemos comenzar una nueva era. Comprender que la diferencia necesaria es el punto de partida del trabajo que hay que hacer. La discriminación no debe ser entendida solo en sentido negativo.

Los intentos de conformación del Consejo de Pueblos Indígenas del INAI están así viciados de representación legítima. La selección arbitraria y la capacitación limitada a determinadas personas que concentran la facultad de representación de los intereses de los pueblos indígenas en su conjunto parecen ser, por el momento, los mecanismos habituales.

Por el otro, es necesario que los funcionarios estatales acepten que el tipo de participación que se reconoce a los pueblos indígenas y que el Estado está obligado a proteger es la que se basa en la capacidad que los mismos tienen de decidir libremente qué hacer con sus vidas y establecer de acuerdo con ello las prioridades y metodologías que mejor convengan a sus intereses.

Indígenas en América

Todavía existen muchos grupos indígenas en casi la totalidad de América del Sur, siendo en Bolivia y en Perú hoy en día alrededor del 30%, donde representan un mayor porcentaje de la población y conservan mejor sus tradiciones e idioma, y en Guatemala el 45% de población es maya siendo este país uno de los que tiene una población indígena bastante numerosa. Los indígenas también representan una parte importante de la población de Paraguay y Ecuador; en otros países como Chile, Colombia, Venezuela y Argentina son poblaciones minoritarias (rondan el 2% o menos de la población de cada país).

En México, la población indígena está distribuida por toda la nación pero se concentra especialmente en la sierra Madre del Sur, la Península de Yucatán y en las zonas más remotas y de difícil acceso, tales como la Sierra Madre Oriental, la Sierra Madre Occidental y áreas vecinas a éstas, no es numerosa la población indígena en México debido al mestizaje, pero la presencia de los nativos mexicanos dentro de la identidad nacional está muy presente por el alto desarrollo de las culturas mesoamericanas; al igual que sucede en el Perú, Bolivia y Guatemala. El estado con mayor población indígena es Oaxaca y el que tiene mayor población indígena dentro de su propio territorio es Yucatán, grupos étnicos como los zapotecos, mayas, nahuas, purépechas, mixtecos, yaquis, kikapúes y otomíes han logrado mejorar sus condiciones de vida y se han adaptado fácilmente a la cultura del comercio y la globalización; a pesar de los esfuerzos realizados por diferentes organismos gubernamentales y no-gubernamentales en pro del reconocimiento legal de la cultura y de la calidad de vida de los pueblos originarios de México, existe aún en otros grupos indígenas con un alto grado de marginación, discriminación, desnutrición y pobreza extrema que los está llevando a la extinción de su cultura.

El caso argentino es representativo del último estadio de asimilación de los indígenas a la cultura mayoritaria, en ese país las poblaciones indígenas son poco numerosas y marginales, que habitan las regiones de Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Salta y Jujuy. En esos lugares los indígenas subsisten en la marginalidad, careciendo de hospitales, escuelas y frecuentemente con problemas de malnutrición. Esto debido a que a los indígenas no obtienen trabajo en la economía formal y son discriminados.

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos85/pueblos-indigenas-argentina/pueblos-indigenas-argentina.shtml#ixzz3TZYaRtwS



Pueblos originarios. Programa cero.


INDIGENAS DE LA ARGENTINA. Parte 1. 

Un viaje por el arte y la cultura de los pueblos originarios




Capitulo V: Aónikenk - Tehuelches. Los dueños del viento

domingo, 28 de septiembre de 2014

Pueblos Originarios de América


Pueblos Originarios de América
En esta exposición, los datos no son el objetivo único sino entender y comprender el por qué estamos aquí y ahora, ya que la fuente de información se encuentra en nuestros orígenes. América no es una sola. Existen muchas Américas.

- Pueblos de América del Norte, Centro y Sur (Mesoamérica)
- Actual territorio Argentino
- Cronología del poblamiento Americano (Desde cuando llegaron a América)
- Que pueblos habitan HOY en A. del Sur y Argentina. Características generales de la cultura de los pueblos que habitan en la provincia de Santa Fe
- Que lenguas se hablan actualmente en el país
- Que pueblos de nuestro país mantienen sus modos de subsistencia (nómade, sedentario, trashumancia)
- Cual es la situación actual de los pueblos asentados en las grandes urbes
- Infografía cartográfica indicando como estaban distribuidas las poblaciones amerindias en el contexto eco geográfico -

Más allá de los debates en marcha y la gran cantidad de preguntas y contradicciones que se presentan en el debate científico actual es posible realizar algunas conclusiones precarias. Es altamente probable que el hombre americano primitivo proceda del continente asiático, especialmente de las estepas siberianas o de la región del Sudeste asiático. Las semejanzas entre grupos poblacionales asiáticos de esas regiones y la mayoría de los aborígenes americanos ha sido objeto de análisis. De todos modos el hecho de que las dataciones de máxima antigüedad que cuentan con consenso de la comunidad científica, Clovis (EEUU, 12.900-13.500 adP) y Monte Verde (Chile, 14.500 adP), se encuentren simultáneamente en América del Norte y en el extremo sur de América del Sur impide sacar una conclusión definitiva sobre este punto. Sin embargo, estas fechas son aún muy recientes frente a otras fechas datadas en diversos lugares de América, que aún no cuentan con el consenso de la comunidad científica. Habrá que esperar que estos estudios se consoliden. Por ejemplo, entre las numerosas cavernas del nordeste de Brasil se encuentra una conocida como Toca do Boqueirāo da Pedra Furada, la cual cuenta con numerosas evidencias de asentamiento primitivo como instrumentos líticos. Sin embargo, se encontraron otros artefactos en cuarzo que son datados de hace 40 mil años. Semejante observación no es aceptada fácilmente por otros estudiosos que dicen que los cuarzos difícilmente tienen formas definidas que puedan ser consideradas manufactura y que no tiene sentido que los supuestos habitantes de la caverna hubiesen preferido el cuarzo a la piedra abundante del lugar. Las objeciones no restan los misterios que abre Pedra Furada y las excavaciones continúan. Pero aún más al sur, en Chile, las excavaciones de Tom Dillehay y otros muchos arqueólogos en Monte Verde revelan restos de comida e instrumentos que se datan de hace 12 mil e incluso 30 mil años. También Monte Verde es contestado por muchos como una de las más antiguas evidencias humanas en América, pero son más contundentes que las que existen en el hemisferio boreal del continente.
Los científicos no tienen dudas de que los seres humanos no son originarios de América, por lo que ésta fue poblada por humanos provenientes de otra parte. Desde el punto de vista paleoamericano, entraron al continente durante la última glaciación, que permitió el paso hacia el Nuevo Mundo a través de Beringia. En general, se considera que la mayor parte de los indígenas americanos son descendientes de un grupo único proveniente del noreste o el oriente de Asia. Después del contacto colombino se plantearon algunas conjeturas para explicar el origen de los indígenas americanos, por ejemplo, mediante el mito de la Atlántida o de las tribus perdidas de Israel. Las culturas mesoamericanas consideraban que la presencia humana en el continente americano era muy anterior al que suponían los europeos. La civilización Maya tenía registros históricos escritos al menos desde agosto de 3114 a. C.
Al sur de Chile se han encontrado restos fósiles de recolección y caza, de hace 7.000 años. Si se considera que el poblamiento de América empezó hace 36.000 años y que su huella más antigua en el extremo sur del continente data de hace 7.000 años, se deduce que el poblamiento de América duró 29.000 años.
Muchas bandas siguieron la ruta norte-sur, por el lado occidental del continente, por las vertientes de las cordilleras y los valles intramontanos. Se han encontrado huellas humanas de avances en:
Topper (Carolina del Sur, Estados Unidos). Restos humanos fechados hacia el año 50.000 adP.
Pedra Furada (Piauí, Brasil). Restos humanos fechados hacia el año 50.000 adP.
La Toca (Brasil). Restos humanos fechados hacia el año 45.000 adP.
American Falls (Estados Unidos). Restos fechados hacia el año 43.000 antes del presente.
Cuenca del Valsequillo (México). Huellas humanas fechadas hacia el año 40.000 antes del presente. 45 46 47
Lewisville (Texas, Estados Unidos), con fechas de 37.000 años antes del presente.
Monte Verde II (Puerto Montt, Chile). Restos de 33.000 años.
El Cedral (SLP, México). Restos humanos y artefactos líticos con una antigüedad de 31 000 años.
Tequixquiac (Méx, México). Hueso sacro de Tequixquiac de hace 22.000 años.
Tlapacoya (Méx, México). Navaja de obsidiana de hace 21.000 años.
Meadowcroft Rockshelter (58 km de Pittsburgh, Estados Unidos) 16 a 19 mil años.
Paccaicasa (Ayacucho, Perú). Puntas de proyectil, raspadores, cuchillos; de 17.000 años, aproximadamente. El antropólogo Mc Neish opina que estos inmigrantes llegaron a los Andes peruanos hace 22.000 años.
Monte Verde I (Puerto Montt, Chile). Restos de 14.800 años.28
Cavernas de Tulum (Tulum, Mexico). Cuatro esqueletos humanos, 14.500, 12.000 y 10.000 años.
El Muaco y El Jobo (Venezuela). Industria lítica muy tosca, de 14.000 y 12.000 años.
El Guitarrero (Ancash, Perú). Industria lítica de lascas, una punta de proyectil y un cuchillo; ambas bifaciales, de hace 13.000 años.
Piedra Museo (Santa Cruz, Argentina). Restos de 13.000 años.
Mujer del Peñón (Peñón de los Baños, México). Restos de 13.000 años.
Quebrada Maní (Desierto de Atacama, Chile). Asentamiento de 12.790 años.48
El Abra (Zipaquirá, Colombia). Instrumentos líticos, asociados con huesos de animales y fragmentos de carbón vegetal de 12.400 años.49
Chivateros (Callao, Perú). Industria lítica para labores de recolección, de hace 12.000 años.
Los Toldos (Santa Cruz, Argentina). Restos de caza y recolección de hace 12.000 años.50
Lagoa Santa (Brasil). Restos fósiles de hace 12.000 años.
Lapa Vermelha (Brasil) cráneo y esqueleto de Luzia, de hace 11.400 años.51
Gruta Pedra Pintada (Pará, Brasil). Pinturas rupestres e industria lítica fechadas hacia el año 11.310 adP.52
Clovis. Restos de caza y recolección de hace 11.050 años.53
Cueva Fell (Tierra del Fuego, Chile). Restos datados entre 10.000 y 11.000 años.54
Paiján (La Libertad, Perú). Esqueletos humanos de hace 10.000 años.
Las Vegas. Península de Santa Elena. Ecuador. Cementerio con 200 enterramientos diferentes fechados en el 10.000 a. C. y vestigios del cultivo del zapallo en el 7.000 a. C.
Lauricocha (Huánuco, Perú). Industria lítica, fósiles de animales, plantas y esqueletos humanos y pinturas rupestres de hace 10.000 años.
Toquepala (Tacna, Perú). Pinturas rupestres de hace 9.000 años.
Cueva de las Manos (Santa Cruz, Argentina). Pinturas rupestres de hace 9.300 años.
Sitios Arqueológicos "Monte Hermoso I" y "Las Ollas", Monte Hermoso, Pcia. Buenos Aires, Argentina. Pisadas humanas y herramientas líticas. Hace aprox. 7000 años
Intihuasi (Argentina). Restos pre cerámicos de hace 6.000 años

Pueblos que habitaron Argentina:
•             Atacama.
•             Ava Guaraní.
•             Aymara.
•             Chané.
•             Charrúa.
•             Chorote.
•             Chulupi.
•             Comechingón.
•             Diaguita/Diaguita Calchaquí.
•             -Guaraní.
•             Huarpe.
•             Kolla.
•             Lule.
•             Mapuche.
•             Mbya Guaraní.
•             Mocoví.
•             Omaguaca.
•             Ona.
•             Pampa.
•             Pilagá.
·         Qom.
•             Quechua.
•             Querandí.
•             Rankulche.
•             Sanaviron.
•             Tapiete.
•             Tehuelche.
·         Tonocoté.
•             Tupí Guaraní.
•             Wichí.

Pueblos que habitaron y habitan en Santa Fe:
Norte de Santa Fe
•             Tobas
•             Mocovíes
•             Abipones
•             Mepenes

Centro de Santa Fe
•             Juyjuyas
•             Colastiné
•             Mocoretáes
•             Calchines
•             Quiloazas
•             Corondas

Sur de Santa Fe
•             Carcaraes
•             Timbú (etnia)
•             Chaná-Timbú
•             Querandiés


Tobas y mocovíes:
Oriundos del Chaco, vivían en la amplia zona comprendida por los ríos Pilcomayo al norte, Salado al sur, Paraná-Paraguay al este y el meridiano 62° al oeste. Los tobas se instalaron principalmente en la provincia de Formosa, mientras que otros pueblos de la misma etnia, los pilagá, abipones y mocovíes lo hicieron en el Chaco austral. Integran el pueblo de los Guaycurú, cuyo origen arqueológico es aún un misterio, tanto en cuanto a su antigüedad como a su sospechada relación con el pueblo tehuelche, por su parecido físico. Sus antecesores, mbaya y payagua, perecieron en tiempos de la conquista, en tanto que los abipones, también de la misma familia, un par de siglos después. Solo sobreviven los tobas, los pilagá y los mocoví. Se organizaban en conjuntos de familias emparentados por el jefe del grupo, de poder hereditario, y cuya soberanía solía alcanzar a unas ochenta personas. Sin embargo, su dominio era controlado por un consejo de ancianos. Vivían en chozas construidas por ramas y cubiertas de paja, de cerca de dos metros de alto; y utilizaban "paravientos" de esteras que aún son populares entre sus descendientes. Cada grupo se hacía cargo de un área de caza y cosecha, en la que se asentaban. Como ocurrió con otros pueblos indígenas, la llegada del caballo les permitió expandirse geográficamente. Cazaban utilizando señuelos y el fuego para encerrar a los animales; pescaban con arcos, flechas y redes, y recolectaban frutos de árboles como los algarrobos, chañares, mistol, molle y otras raíces. Esta última tarea solía estar a cargo de las mujeres de la tribu. Sabían cómo conservar los pescados a partir de su ahumado. Cerca de 50.000 descendientes de los tobas viven en las provincias argentinas de Chaco, Formosa, Salta y Santa Fe y en algunos barrios pobres de las ciudades de Buenos Aires y Rosario. En Resistencia, capital del Chaco, existe el Barrio Toba, y en esa misma provincia, una serie de colonias establecidas en tierras del Estado o en asentamientos de misiones religiosas. Los tobas que habitan en el campo continúan viviendo de la caza, la recolección de frutas, la pesca y la agricultura, pero también como obreros en ingenios, talleres y algodoneras. La cestería y las artesanías tradicionales son también una más que pequeña opción económica para los tobas. A la grave realidad económica de este pueblo se le debe sumar la sanitaria: tuberculosis, sífilis, mal de chagas, parasitosis y anemia son algunas de las enfermedades que los afectan, ya sea por la falta de control y vacunación como por su deficiente alimentación.
Con relación a la educación, las grandes distancias y la falta de escuelas bilingües, especialmente vuelve más complejo el panorama escolar de la región. Los pilagás y mocovíes llegan a ser cerca de 5.000 (cada pueblo), los primeros en el centro-norte de Formosa y los segundos en el norte de la provincia de Santa Fe y en la Colonia Matheu, en el Chaco. Cerca de la mitad conserva el idioma.
En el siglo XVI la población de tobas y de las etnias cercanas llegaba a las 200.000 personas. La mayoría perecieron como consecuencia de las "cacerías de indios" del siglo pasado, y la explotación descontrolada de quebrachales y algodón en los fines de 1800 y principios del 1900.

Aonikenk:
Los aoniken, Chónik, chonecas o patagones, eran hombres de talla muy elevada, de constitución física atlética, cabeza grande y maciza, cara ancha y angulosa. A partir de estas concepciones, fueron llamados "patagones" por los españoles, que vieron sobre la superficie de la helada tierra del sur la marca del enorme tamaño de sus botas. Vivieron en las actuales provincias argentinas de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Se llamaban a sí mismos "chonik", que en su lengua significaba "nosotros los hombres", y se dividían en tres sub-tribus: los tehuelches meridionales (o patagones del sur, desde el río Chubut hasta el estrecho de Magallanes), los téuesch (sobre la cordillera) y los selk’nam, también conocidos como onas, específicamente en la isla de Tierra del Fuego. También se los conocía como "tehuelches del sur". Las viviendas de los patagones se construían entonces con las pieles de los animales, erguidas por tirantes de madera que se enterraban en forma de círculo en la tierra. Los onas, habitantes de la actual isla grande de Tierra del Fuego compartida por la Argentina y Chile, construyeron sus chozas en forma cónica, con pequeñas paredes de treinta centímetros de alto, de pasto y barro, que evitaban que se escapara el calor. La entrada de estas viviendas, de cerca de cuatro metros de diámetro, se orientaba siempre hacia el este, dirección de la que solía soplar menos el viento.
Sobre fines del 1600, los indios tehuelches comenzaron a utilizar el caballo animal traído por los españoles al continente americano desde Europa, para su traslado cotidiano. Los viajes por la extensa Patagonia se volvieron entonces más sencillos. Creían en un dios supremo llamado Temaukel, cuyo mensajero Kenos, era la estrella Alfa. Los hechiceros de la tribu luchaban contra los malos espíritus. Con respecto a su vestimenta, aunque vivían en zonas de muy bajas temperaturas, apenas se cubrían con un taparrabos en forma de triángulo, y una capa desde los hombros hasta los pies, en el caso de los hombres, y hasta las rodillas en el caso de las mujeres. Las integrantes femeninas de la tribu vestían también un cuero que les envolvía el cuerpo desde debajo de los brazos y hasta las rodillas, con el pelo hacia adentro. En los pies solían llevar una especie de zapatos de cuero con el pelo hacia fuera, en tanto que, con relación al maquillaje, solían pintarse de color rojo oscuro, no sólo por criterios artísticos o decorativos, sino también para evitar el contacto directo del frío viento de la región con la piel descubierta. Se adornaban también con collares y pulseras de tendones de guanacos, pastos, huesos de pájaros de la zona o caparazones de crustáceos. Este pueblo se ha extinguido.

Calchaquíes o diaguitas:
Se denomina calchaquíes o diaguitas al conjunto de pueblos aborígenes que habitaban la región argentina de los valles y quebradas del noroeste del país. Aunque hablaban el mismo idioma, estaban integrados por parcialidades como los pulares, luracataos, chicoanas, tolobones, yocaviles, quilmes, tafís y hualfines, entre otros. Varias de las costumbres originales de estos pueblos agricultores y sedentarios se modificaron con la llegada de los incas, desde el Perú. La influencia de esta poderosa cultura en la zona se distingue en la arquitectura, la decoración y en la construcción de caminos, que unían la región con el norte. No obstante, las lenguas originales de los diaguitas: el cacan y el omaguaca, no lograron ser reemplazadas por el quechua. Subsistían a partir de la cría llamas y recolección de frutos como la algarroba y el chañar, cazaban eventualmente y, al igual que sus vecinos del norte, los atacameños, habían logrado un importante desarrollo en la cerámica y el manejo de metales. Se organizaban bajo el control de un jefe que dominaba a varios grupos en tanto que, en cuanto a su faz religiosa, veneraban al sol, al trueno y al relámpago, y fundamentalmente, a la tierra, a través del culto a la Pachamama, que aún perdura en sus descendientes. Los descendientes de estos pueblos habitan en gran parte del noroeste argentino, manteniendo aún ciertas costumbres de sus ancestros, como el culto a la Pachamama, la madre tierra dadora de vida.
Durante el mes de agosto, desde el 1°, se suceden las ceremonias de ofrenda: la gente cava un hoyo en la tierra de sus casas en el que deposita las ofrendas a medianoche: comida, hojas de coca, cigarrillos encendidos y lana de alpaca, entre otros elementos. Durante la noche se agradece a la Pachamama a través de oraciones y cantos, generalmente en quechua, para finalmente tapar el foso con una piedra sobre la cual se romperá una botella de vino o un recipiente con chicha, bebida fermentada típica de la zona.
En el siglo XVI, vivían en la zona cerca de 400 mil indígenas, 320 mil en el Noroeste, cerca de 35 mil en Cuyo y entre 60 y 100 mil en el centro argentino. Actualmente, sus descendientes más puros sobreviven fundamentalmente del pastoreo de cabras y ovejas y la agricultura. Otros, en tanto, se han mudado a las ciudades de la zona, y otros tanto trabajan como mano de obra barata en la zafra, ingenios, minas y otras empresas del área.

Guaraníes:
La cultura guaraní, de más de 1.500 años de antigüedad, se originó en el este del Paraguay y en actual estado brasileño de Paraná. Desde estas regiones, los guaraníes se fueron extendiendo hacia lejanas áreas del continente sudamericano: el Atlántico donde fueron conocidos como Tupi Guaraní, el Amazonas, el Caribe, y desde los años 1300 y 1400, hacia la Cordillera de los Andes y el río de la Plata. Su presencia dejó huellas en otras culturas de la zona, como los kamgang, charrúas, gualachis o timbúes. Los asentamientos más importantes de la Argentina en épocas de la conquista se encontraban en el norte de Corrientes, en las costas de la provincia de Misiones, y en la desembocadura y el delta del río Paraná, cerca de Buenos Aires. Las aldeas de los guaraníes eran establecidas a las orillas de los ríos, por los que navegaban con facilidad gracias a las canoas que construían con troncos. Sólo cuatro u ocho viviendas llamadas malocas, formaban parte de la villa. Estas construcciones eran, en definitiva, grandes casas comunes con capacidad para entre 30 y 100 familias, hechas con troncos y ramas. Cada poblado estaba a cargo de un "tubicha" o cacique, para quienes trabajaban el resto de los vecinos y cuyo poder era hereditario. Según la cosmovisión guaraní, el paraíso es terrenal y la muerte no es el camino para dar con él. Esta "tierra sin mal" era llamada Iwy Mara’ey, y para llegar a ella, la gente debía seguir las indicaciones de los "karai" o profetas y "ava tumpa" u hombre-dios. Era costumbre también rezar "plegarias" para agradecer por los recursos de la naturaleza y pedir permiso a la hora de recurrir a ellos. Practicaban la antropofagia ritual, en la ceremonia del Avapuru, homenaje al enemigo vencido que tenía como eje el incorporar el alma del contendiente vencido a través de la ingesta de su cuerpo.
En cuanto a su economía, practicaban una agricultura "de roza", basada en el desmonte del terreno por tala y la quema de árboles y malezas. Sus cultivos habituales eran el maíz, el zapallo, los porotos, la batata, el maní, el mate y el algodón. Cazaban y pescaban, y curaban las carnes para poderlas conservar por más tiempo. Los hombres solían estar desnudos y las mujeres vestir apenas un cubre-sexo triangular de algodón o plumas. Recién conocieron las ropas con la llegada de los jesuitas y otros grupos religiosos que, una vez instalados en la zona, se encargaron de difundir el "tipoy", una túnica larga de algodón hilado que les llegaba hasta los tobillos. Tenían  también conocimientos de alfarería y cestería, sus principales artes. Hoy cerca de 5.000 descendientes directos de guaraníes viven en la Argentina, y muchos más en el Paraguay, en donde el idioma guaraní es uno de los dos oficiales en el país. Como sus ancestros hace quinientos años, viven fundamentalmente de la agricultura, la cestería, y a partir del trabajo de la tierra para hacendados que los contratan. Algunos pocos conservan características seminómades y recurren a la caza para su supervivencia. Los problemas socio-económicos complican aún más la supervivencia de este pueblo, que supo estar formado por más de un millón y medio de personas en los años 1500 en todo el Gran Chaco, argentino, paraguayo y brasileño.

Yamanas:
Los yamanas o yahganes vivían en los alrededores de Tierra del Fuego. Se trataba de un pueblo fundamentalmente canoero que pasaban la mayor parte de su tiempo en las precarias embarcaciones que construían con cortezas de árboles. Solían estar desnudos, con apenas un manto de piel de foca u otro animal cubriéndoles el cuerpo, aunque sí vestían polainas en los pies y guantes sin dedos en las manos. Al igual que otros pueblos patagónicos solían pintarse el cuerpo y la cara de distintos colores y depilarse. Su alimentación dependía en gran medida del mar: peces, lobos marinos, nutrias, aves, mejillones, almejas, cangrejos, erizos y otros animales similares integraban su dieta. Cazaban incluso ballenas, a las que rodeaban y arponeaban. Los hombres ejercían un gran poder en la familia, pero el rol de la mujer era importante: remaban en las canoas, dirigían y recolectaban moluscos mientras los hombres pescaban y cazaban animales marinos y peces. Los niños permanecían en el centro de la canoa, protegidos por el fuego con el que también cocinaban. Es que los yamanas pasaban buena parte de su día en sus barcazas, construidas por cortezas de hayas cocidas entre sí con barbas de ballena y fibras vegetales, de entre tres y cuatro metros de largo. Sus viviendas, en tanto, eran similares a las de sus vecinos, los onas: tenían forma de cono, y solían estar cubiertas por hojas y ramas en verano y por pieles en invierno. Para mantener el calor, excavaban en el interior de la choza. Este pueblo se encuentra extinguido.

Charrúas:
Los Charrúas habitaban el actual Uruguay, aunque antes del arribo de los conquistadores europeos, llegaron a asentarse en la provincia argentina de Entre Ríos (los minuanes) y en el sur de la actual provincia de Corrientes. Estaban formados por un grupo principal: los charrúas en sí, y otros menores. De estas pequeñas tribus las más importantes eran los guenoas o guenoanes y los bohanes. Eran cazadores y recolectores. Hoy se encuentran extinguidos.

Tehuelches septentrionales:
Los tehuelches septentrionales habitaron fundamentalmente las actuales provincias argentinas de Río Negro y La Pampa, hasta los ríos Limay y Negro. A fines del siglo XVII los araucanos llegaron a la región de los tehuelches septentrionales, procedentes de Chile, provocando su virtual desaparición en las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Neuquén. Algunos sobrevivieron en el oeste del país, fusionándose finalmente con los araucanos tras los ataques militares del gobierno argentino en 1886. Se distinguían fundamentalmente de sus vecinos meridionales por su lengua. Sobrevivieron relatos religiosos relacionados con el Elemgasem, padre y generador de la raza que, según la mitología, vive en una cueva y fue quien realizó las pinturas rupestres que los antecesores de este pueblo dibujaron en las cavernas patagónicas. Pueblo extinguido.

Matacos:
Los matacos o "wichis" son, según varios antropólogos, uno de los pueblos más antiguos de la región, cuyo origen geográfico sería el Amazonas. Cazadores, pescadores y recolectores de semillas y frutos, eran semi-nómades: permanecían parte del año en sus poblados cercanos a las áreas de pesca y recolección, cerca de los ríos Bermejo y Pilcomayo, y a partir del mes de octubre, se adentraban en los montes para la caza y la recolección de frutos como el algarrobo, el chañar y la tusca. Pescaban con redes-tijera, arpones y flechas. Vivían en chozas con formato de cúpula llamadas "huet" o "lewet", con techos de barro y paredes construidas con ramas, por las que pasaba el aire que permitía bajar la temperatura de la vivienda, en zonas de altas temperaturas casi constantes. Los integrantes de una misma tribu vivían juntos, formando pequeños poblados, y compartiendo un mismo territorio de caza, bajo el mando de un cacique. En cuanto a la religión, su dios Nilataj (o Shipilaj) fue el responsable de la creación del mundo, cuya extensión se debió a los vientos de los cuatro costados. Entre su obra, además de todos los wichis, están los animales, las aves que no comen carroña y las plantas. Quien coordina la actividad religiosa diaria es el chamán, conocedor de todas las leyendas sobre lo incomprensible. Es, además, el médico de la tribu, único capaz de alejar a través de su monótono canto la presencia de los malos espíritus de los cuerpos enfermos. Según la tradición wichi las mujeres bajaban del cielo a través de una cuerda para robar la comida de los hombres, hasta que un indio cortó esa cuerda y logró dominarlas. El rol del sexo femenino en la comunidad mataco incluía todo lo relativo al hogar y las tareas de alfarería. Los 20.000 wichis que sobrevivieron han adoptado también cierta horticultura en pequeña escala, o se han volcado al trabajo en ingenios azucareros y empresas de la región. La mayoría habita en las costas del río Pilcomayo, en la provincia argentina de Salta, en la ciudad de Tartagal y en la República de Paraguay. En el siglo XVI llegaban acerca de 100.000. Desde la actual provincia argentina de La Pampa hasta el límite con Bolivia, el Gran Chaco al este y la cordillera de los Andes al oeste, vivieron en tiempos precolombinos, desde 3 a 5 siglos a.C hasta la llegada de los españoles, varios pueblos de diversas características y orígenes, como los diaguitas, atacamas, lule-vilelas, comechingones o huarpes, entre otros. La mayoría de ellos basó su economía en la agricultura y el pastoreo, y fueron fundamentalmente sedentarios, organizando en ciertas regiones verdaderas ciudades amuralladas, como Tilcara o Quilmes, en las que llegaron a vivir millares de personas.

Abipones:
Los abipones eran cazadores y recolectores. Formaban parte del grupo de los guakurúes, integrado por las etnias toba, pilagá, aquilot, mocovíes y abipones. Habitaban en el Chaco austral, fundamentalmente. Al igual que sus vecinos, los mocovíes y los tobas, aprendieron a utilizar el caballo, modificando sustancialmente sus costumbres. Hábiles jinetes, lograron extender sus territorios a partir del "nuevo medio de transporte", y de hecho, entre 1720 y 1740, estos pueblos del Gran Chaco estuvieron a punto de expulsar totalmente a los españoles de la zona.
Los abipones desaparecieron en tiempos de la colonia.

Atacamas:
El desarrollo de la cultura atacameña se prolongó por varios años, en la zona de la hoya del río Loa, en donde actualmente se encuentra la localidad de San Pedro de Atacama. La ocupación de los Incas y el hecho de que el área fuera atravesada por quienes se dirigían en dirección norte -sur, permitió a los atacameños incorporar elementos y costumbres de otras culturas cercanas. Fundamentalmente centrados en la agricultura, los atacameños regaban sus sembradíos a través de un sistema de terrazas y favorecían sus cultivos con riego artificial y el uso de salitre sódico como fertilizante. El comercio resultaba ser, a la vez, una alternativa más para mejorar su situación económica: la lana de alpaca, el maíz, los frijoles eran intercambiados en la costa del Pacífico por moluscos y pescados, y en la actual Bolivia, por hojas de coca. Se cree que los atacameños se consolidaron como pueblo cerca de 500 años antes de Cristo. Restos de cerámicas y vasos, cántaros y urnas, y otras piezas metalúrgicas encontradas en la región dan cuenta de su progreso. A lo largo de los 1500 años siguientes al inicio de la era cristiana, los atacameños dejaron muestras de sus trabajos en metal, madera, piedras, lana y cestería. Imponente, los pukaras, fortalezas de piedras construidas entre el 900 y la llegada del europeo aún sobreviven, como el de Tilcara, fiel reflejo del esplendor de esta civilización. Los investigadores opinan que el pueblo atacameño se vio directamente influenciado por el imperio inca, a partir de 1450, y a través de fluidos contactos con los habitantes del Tihuanaco, en la región del altiplano boliviano. De los incas importaron el uso del adobe y los techos a dos aguas en las construcciones, entre otras costumbres. El pueblo atacama habría desaparecido con la llegada de los españoles.

Tonocoté-Lule-Vilela:
Originarios de la región del Gran Chaco, a la llegada de los españoles se encontraban, sin embargo, instalados en el noroeste argentino, el oeste de Salta y el norte de Tucumán, y en parte del noroeste de Santiago del Estero. Se denominaba Tonocoté a un grupo de pueblos ya desde el Siglo XVII. Los Mataráes eran vivían en las costas del Río Bermejo desde el meridiano 61 al 63. Parte de estos Mataráes convivían desde el Siglo XVIII con parcialidades Vilelas. Los tonocotés además de dividirse en varias sub-tribus, se repartían en dos grupos, nómades y sedentarios. Los primeros eran fundamentalmente cazadores y recolectores mientras que los segundos eran agricultores. Estos últimos utilizaron técnicas de riego por terrazas, a la vez que se dedicaban a la cría de llamas. Sus viviendas eran de bloques de piedra con techos de ramas y barro. Su alfarería era bastante básica, construían algunos instrumentos musicales básicos como pipas u ocarinas, y conocían la molienda de granos en molinillos. Hoy Se encuentran extinguidos.

Querandíes:
Integraban el grupo de los pampas, junto a los taluhet y diuihet. Habitaban la zona central de la Argentina, eran altos, de piel oscura y solían vestir ropas de cuero. Su nombre proviene del guaraní: significa "hombres con grasa", apelativo que se origina en su dieta alimenticia, basada en una buena parte en grasa de animales. Nómades por naturaleza, se alimentaban con raíces y frutos que ellos mismos recolectaban, y con una extraña pasta basada en langostas asadas. Solían prender fuego los pastizales pampeanos en época de plaga de estos insectos, para así cocinarlos. Luego los juntaban y finalmente producían una masa con ellos, que formaba parte de su alimento. También producían una harina con pescado seco y luego molido. Cazaban animales de la región, como perdices, venados y ñandúes, con arco, flecha y boleadoras. Con respecto a sus viviendas, éstas solían ser simples paravientos de cuero, fáciles de armar y desarmar. Los querandíes eran monoteistas: creían en un gran dios al que llamaban Soychu, y en un espíritu del mal, Gualichu, palabra que derivó en el vocablo "gualicho", que en el idioma popular argentino significa "maleficio" o "embrujo". HOY Extinguidos.

Puelches:
Si bien ellos se llamaban a sí mismos "gumun a ken", fueron conocidos por cómo los araucanos los llamaban a ellos: "puelches", que significa, "gente del este". Vivieron en la región comprendida por el norte de la actual provincia de Chubut, la provincia de Río Negro, el este del Neuquén, el sudoeste de La Pampa y el sur de la provincia de Buenos Aires. De características similares a los tehuelches, tenían espaldas anchas y cabellos negros y lacios. Basaban su alimentación en guanacos y ñandúes que ellos mismos cazaban con arcos, flechas y boleadoras, y en vegetales y raíces con los que preparaban bebidas a partir de su fermentación, y moliendas para la realización de panes. La aparición de los caballos con la llegada de los conquistadores españoles, le dio a los puelches no sólo una nueva opción de transporte sino de alimentación. Vestían resistentes ropas confeccionadas con cuero. Este pueblo HOY se encuentra extinguido.

Huarpes:
Los huarpes eran físicamente altos, delgados, de cutis oscuro y en general, los hombres solían usar barbas. Eran de cabeza y cara alargadas, medían cerca de 1,70 en promedio, usaban cabello largo y se adornaban con plumas ambos sexos y pinturas, especialmente las mujeres. Habitaban la región argentina de Cuyo, en las actuales provincias de Mendoza y San Juan y en el noroeste San Luis. Cultivaban maíz, zapallo, calabaza y mate, y para hacer pan molían algarrobo como los comechingones, en morteros cavados en las rocas. Recolectaban también otros frutos típicos como el del chañar, con el que hacían una bebida alcohólica tras su fermentación. No usaban ningún medio de transporte: caminaban por ende grandes distancias, en tanto que, en relación con su desarrollo arquitectónico, vivían en construcciones de piedra en las montañas y paja y caña en las planicies. Vestían ropas sin mangas hechas con lana o fibra vegetal y sandalias en los pies. En cuanto a las actividades manuales, manejaban el arte de la cestería: Hacían vasos y tazas de estos materiales y el de la cerámica. Creían en el bien y el mal, representados en Soychu y Valichu, respectivamente. Además de estos dos espíritus creían en Humuc Huar, dios que vivía sobre la Cordillera de los Andes. Rendían culto también al sol, a la luna, al lucero, al viento y a los ríos. Sostenían la idea de la inmortalidad del alma, por eso enterraban a sus muertos orientados hacia las montañas, en donde vivía su dios. Se organizaban en grupos de origen familiar, a cargo de un cacique, propietario de la tierra en la que vivía la tribu. En el ámbito familiar, el hombre tenía el dominio total de clan, y disponía de la compraventa de las hijas mujeres. Eran monógamos. Hoy actualmente, se encuentran extinguidos.

Comechingones:
Los comechingones habitaban principalmente en cuevas naturales de la provincia argentina de Córdoba, desde la zona de Cruz de Eje hasta la de Achiras, hacia el sur. En San Luis ocupaban el área de Conlara. Se dividían a partir de su idioma: los del norte hablaban el benia y los del sur, el camiares. Eran altos, de piel oscura y usaban barba, tenían cabeza alargada y eran en general bastante parecidos a los diaguitas. Subsistían gracias al cultivo de maíz, porotos, zapallo, cazaban guanacos, liebres, ciervos, recolectaban frutos, algarrobo, chañar y la cría de llamas. Se armaban con boleadoras, hachas, flechas y armas similares, construidas con huesos y piedras, elementos que también utilizaban para ornamentos. Vivían fundamentalmente en las cuevas de las sierras, o en pozos que cubrían con madera o paja, y solían vestir una especie de delantal largo hecho de la lana de las llamas que criaban. Adornaban sus vestidos y su cabello con piezas hechas en madera y en barro. Trabajaban también la cestería, y en forma menor, la alfarería. Su cosmovisión incluía la idea de un dios único: “El Sol”, y algunas ceremonias rituales de origen amazónico y otras similares a los de sus vecinos, los huarpes. Enterraban a sus muertos en posición acurrucada. Se agrupaban en "parcialidades" comandadas por un cacique. Por debajo de esta estructura estaba la de cada familia. Actualmente se encuentran extinguidos. Quedaron como testimonio de su existencia importantes restos pictográficos y estatuillas de barro, y los gentilicios de muchos lugares de la zona: Camicosquin, Olahen, Tohaen, en el valle de la Punilla. Las pinturas rupestres más importantes, en las que se ven imágenes cotidianas, gente y animales, fundamentalmente, son las de la sierra de Comechingones, cerca de la provincia de San Luis; las de las sierras de Guasapampa y de Cuniputo, cerca de la provincia de La Rioja, y hacia el norte, las halladas en las Sierras del Norte. Habitaban en la zona de influencia de la laguna de Mar Chiquita, en la actual provincia de Córdoba, hasta el río Salado al norte, hasta el Suquía hacia el sur, la sierra Sumampa hacia el oeste y el actual límite con Santiago del Estero y Santa Fe, al este. Algunos antropólogos opinan que eran originarios del actual territorio brasileño. Cultivaban maíz y frijoles, recolectaban frutos salvajes y pescaban en los cauces de agua y lagunas de la región, además de crías ovejas, llamas y ñandúes. Cazaban con arco, flecha y mecana, una especie de garrote triangular que se usaba para la defensa personal y la lucha cuerpo a cuerpo. Los sanavirones vivían en grandes casas, construidas con elementos vegetales y en las que solían vivir varias familias a la vez. Conocían los principios de la alfarería, y de hecho, según los restos arqueológicos hallados en Córdoba, trabajaban con cerámicas grises y coloreadas con extractos vegetales.

Chané:
De la familia arawakana, sin clasificación de subgrupo. Se lo ha comparado con el guana o kashika del Paraguay, o con el terena de Brasil, pero ambos son distintos. Se habló en la provincia de Salta, hace unos 300 años. El grupo étnico es llamado izoceño, y ahora habla guaraní occidental. Kunza, cunza, likanantaí, lipe, ulipe, o atacameño lengua de la etnia atacameña (lickan-amtay), casi seguramente extinto también en Chile. Probablemente una lengua aislada. Henia-camiare o hênia-kamiare: hablada por la etnia del mismo nombre más conocida como comechingones. No hay elementos suficientes para establecer su pertenencia a alguna familia, ni es posible intentar una reconstrucción.
Het: lengua de los antiguos pampas también conocidos como querandíes. Su existencia como única lengua es especulativa.
Allentiac o alyentiyak y millcayac o milykayak, lenguas pertenecientes al macrófilo huarpe (nombre que también suele darse a la primera), habladas otrora en la región de Cuyo. La escasez de elementos remanentes impide intentar clasificación o reconstrucción precisas.
Lule-toconoté: de la familia lule-vilela, algunos autores afirman que lule y toconoté no serían la misma lengua, hablada por pueblos que habitaban en parte del territorio de la actual provincia de Santiago del Estero, y en parte migraron hacia el Chaco a mediados del siglo XVII. Del lule-toconoté quedan sólo algunos vocablos y lexemas aunque casi siempre se desconoce su significado preciso.
Yagán, yámana o háusi-kúta (también yaghan, yagán, yagana): lengua hablada por los aborígenes de las zonas litorales meridionales del archipiélago fueguino, presentaba la característica de ser muy analítica y por esto poseía un extenso vocabulario. Se extinguió en la Argentina a inicios de siglo XX, aunque se conservan lexicones del mismo y algunas importantes palabras en la toponimia como Ushuaia, Lapataia, Tolhuin, etc. Quedan probablemente entre 3 y 5 hablantes en Chile. El guaraní misionero se habló en el área y tiempo de influencia de las misiones jesuíticas, entre 1632 y 1767, desapareciendo definitivamente hacia 1870, pero habiendo dejado importantes documentos escritos.

Mapuches:
Los antecesores de los mapuches se instalaron en el valle central de Chile y en la zona de los lagos precordilleranos cerca de 500 años antes de Cristo, hasta el río Maullín en Chile, como límite sur, y hacia el oeste, hasta el actual el norte y el centro de la provincia argentina de Neuquén. Su nombre significa "gente de la tierra", y junto con los picunche ("gente del norte") y los huiliche ("gente del sur") compartían un mismo idioma. También se los conoce como "araucanos", dado que los españoles habían denominado Araucanía a la región, y araucanos a los habitantes.
En el siglo XVII, ante el avance español, los mapuches fueron introduciéndose aún más en territorio argentino, instalándose en las provincias de San Luis, el sur de Córdoba, La Pampa, Neuquén y Buenos Aires, pero, desde la capital argentina, las campañas contra los indígenas del siglo XIX los hicieron retroceder hasta la zona del río Limay. Su economía se basaba en cultivos de maíz, papa y ají, entre otros vegetales, y la caza y cría de llamas y animales en el norte y la pesca y recolección de mariscos en la zona marítima. También se dedicaron a la ganadería, e incluso llegaron a manejar la compra y venta de animales en el sur, con los españoles instalados en Chile. Se organizaban en familias, y estas a su vez, en linajes, establecidos por los parentescos de los varones de las casas. La poligamia fue perdiendo espacio frente a las relaciones matrimoniales monógamas, entre hijos de distintos linajes, y basadas en la compra de la mujer por parte del varón. Aunque la mujer mantenía una situación de supeditación al hombre, ésta, sin embargo disponía de ciertos bienes personales como algunos animales, cierta tierra y sus piezas de uso personal. El varón más anciano del linaje actuaba como jefe (toki). Su poder, relativo antes de la llegada de los españoles, comenzó a acrecentarse en los tiempos de la guerra permanente que establecieron los mapuches con los blancos. En el siglo XIX el pueblo mapuche se organizó en grandes cacicatos, de extensos territorios.
A diferencia de otros pueblos indígenas de la Argentina, los mapuches conocían el manejo de los metales, principalmente la plata, el cobre, y se cree que, antes de la llegada de los españoles, incluso el oro y la plata. Este arte les permitió diferenciarse económica y culturalmente del resto de los pueblos aborígenes de la zona, obteniendo a la vez prestigio y riquezas por estos trabajos de orfebrería. Con respecto a la religión, el mundo mapuche está organizado en siete niveles o plataformas: en las cuatro superiores habitan divinidades, ancestros y espíritus benéficos. Entre la plataforma terrestre y estas otras cuatro se encuentra una zona en la que viven los wekufe o entidades maléficas. Los mapuches viven en la sexta plataforma con fuerzas del bien y del mal, en tanto que, por debajo del nivel de la tierra viven los caftrache, hombres enanos también malignos. Durante el Nguillatun, su principal ceremonia religiosa, los mapuche agradecen y piden a sus dioses y antepasados por el bien común. La celebración dura cuatro días, y suele realizarse generalmente en el mes de marzo. Los descendientes del viejo pueblo mapuche viven en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Su subsistencia se basta actualmente en la ganadería ovina y caprina.

Timbúes:
Los timbúes fueron un grupo de distintas comunidades que vivían a ambas márgenes del río Paraná en territorios de las actuales provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, en el siglo XVI. Se los conoce como chaná timbúes. Claramente afectados por la presencia del pueblo guaraní, el pueblo chaná-timbú era principalmente pescador. Integraban la familia lingüística de los "arawak", y se dividían en timbúes propiamente dichos, carcaráes, corondas, quiloazas y calchines en Santa Fe y entre Ríos, mapenes y mocoretás en Corrientes y chanaes y mbegueaes en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. El pueblo chiriguano o tupí-guaraní los redujo a la servidumbre. Hoy sus actuales descendientes viven en la comunidad de Tuyunti en la provincia de Salta.

Respecto a la población que habla y/o entiende lengua indígena dentro o fuera de las comunidades, se puede observar que las lenguas Pilagá (88,3%), Wichí (84,9 %) y Chorote (77,2%) son las de mayor conocimiento por parte de la población, mientras que las lenguas menos habladas y/o entendidas, son Huarpe (4,1%), Rankulche (4,8%), Diaguita/Diaguita calchaquí (5,8%) y Tehuelche (9,8%). Lo que surge en la encuesta en relación al grado del conocimiento de las lenguas indígenas es que éste no se relaciona con la cantidad de población que tiene cada comunidad. Es decir, que las comunidades con mayor población no necesariamente son las que más dominio de la lengua poseen. Concentración de la población de cada pueblo indígena  por región  y provincia al analizar el lugar donde habitan actualmente los pueblos indígenas, se puede ver que en su mayoría se encuentran en la Región Noroeste (NOA) con 13 pueblos: Atacama, Ava Guaraní, Chorote, Chulupí, Diaguita/Diaguita Calchaquí, Kolla, Omaguaca, Wichí, Quechua, Tapiete, Chané y Maimará, concentrados en las provincias de Salta y Jujuy; siguiendo la Región Noreste Litoral (NEA-Litoral) con 6 pueblos (Chulupí, Mbya Guaraní, Mocoví, Pilagá, Toba y Wichí) concentrados en las provincias de Chaco, Formosa y Santa Fé; la Región Patagonia, con 4 pueblos (Tehuelche, Ona, Rankulche y Mapuche) concentrados en las provincias de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego; y la Región Centro, con 5 pueblos (Guaraní, Comechingón, Huarpe, Sanavirón y Tupí Guaraní) concentrados en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires.
Existen en la actualidad 40 millones de nómadas "que se desplazan en busca de pastos y agua, a veces en larguísimas travesías. Es la única forma de supervivencia de los climas más extremos, la misma que hace 500 años".

Chile
- .Pueblos de la Costa (Canoeros): Changos, Cuncos, Chonos, Alacalufes y Yaganes.
- .Pueblos de la Cordillera: Chiquillanes, Mapuches, Pehuenches, Puelches, Poyas, Tehuelches, Onas.
- .Colombia Nukak Makuk, Wayúu,
- .Venezuela Wayúu, Yanomamos
- .Brasil Yanomani
- .Medio Oriente Beduinos,
- .Groenlandia esquimales,
- .México chichimecas,
- .Desierto del Sahara tuaregs,
- .Europa zíngaros, Sarakatsani, Yoruk
- .Siberia Evenis
- .Mongolia Jinetes de Mongolia
- .Kenia Turkana
- .Mauritania Maurí
- .Nepal rají

En relación a la población indígena que habita en zonas urbanas, se puede observar que los miembros de los pueblos indígenas que en su mayoría residen en las ciudades son del pueblo Aymará (99,98 %), Querandí (99,7%), Pampa (99,2%), Lule (98,9%), Ona (98,3%) y Tehuelche (90,5%). Mientras que los miembros de los pueblos indígenas que en su minoría habitan en las ciudades son los de Atacama (12,3%), los Mocoví (24,1%), los Wichí (34,6%) y los Kolla (37,7%), siendo en su mayoría pueblos originarios de las provincias del norte del país (Jujuy, Salta, Formosa y Chaco). En cuanto a las condiciones de vida de la población indígena, es importante destacar que casi un cuarto de los hogares (23.5%) se encuentra con las necesidades básicas insatisfechas (NBI). Esta proporción es muy alta comparada con el resto de los hogares (13,8%) y el total nacional (14,3%). Las provincias que muestran los mayores niveles de NBI en los hogares indígenas son Formosa (74.9%), Chaco (66.5%) y Salta (57.4%). Respecto a su localización, en el 16,5% de los hogares de la población indígena son rurales mientras que para el resto los de los hogares es de un 9.2% y para el total del país es de un 9.7%.
El uso del castellano o español es predominante, entendido y hablado como primera o segunda lengua por casi toda la población de la República Argentina (más de 40 millones). El inglés es la segunda lengua más conocida en el país, y su enseñanza es obligatoria desde la escuela primaria en varias provincias. El guaraní y quichua son otras lenguas importantes con más de un millón de hablantes cada uno. Existen unas 25 lenguas vernáculas vivas y varias extintas en diversas regiones. Entre estas se mantienen las lenguas de los pueblos originarios. El guaraní, el quichua y el aimara son los más oídos en la periferia de las grandes ciudades, producto de las migraciones internas y de países como Bolivia, Paraguay y Perú. El portuñol, el lunfardo son los dialectos locales derivados de lenguas europeas más importantes. Otra lengua nativa es la lengua de señas argentina , lengua señalada por las comunidades sordas que surge claramente a partir de 1885 e influencia a muchas otras lenguas de señas de países limítrofes. Entre los hablantes de lenguas no vernáculas se encuentran los de italiano (alrededor de 500.000), alemán (cerca de 400 000, incluyendo un número significativo de hablantes del dialecto alemán del Volga y del plautdietsch). Los idiomas árabe, croata, esloveno, euskera, gallego, armenio, asturiano, yidish oriental, chino (unos 65 000 hablantes, principalmente de los dialectos de Fujian y de Taiwán), coreano, japonés (alrededor de 35 000, en su mayoría hablantes de okinawense), lituano, ucraniano y romaní vlax (lengua de los roma, llamados vulgarmente “gitanos”) también son importantes.

El español fue traído por los conquistadores españoles, sufrió los cambios propios de la convivencia con los pueblos indígenas nativos que lo enriquecieron, especialmente en sus aspectos lexicales. Las sucesivas oleadas inmigratorias ocurridas durante el siglo XIX y los primeros años del XX también hicieron su aporte a la lengua de los argentinos.  El español en Buenos Aires adopta formas del lunfardo, jerga del ámbito porteño.
Según Ana Carolina Hecht: Si bien Argentina en su devenir histórico ha invisibilizado la pluralidad etnolingüística que posee, en las últimas décadas esa tendencia se ha revertido, ya que innegablemente el contacto lingüístico es la regla y el monolingüismo la excepción. De este modo, en la actualidad nos definimos como un país multilingüe poseedor una enorme diversidad sociolingüística y sociocultural, donde además del español y las lenguas de migración, existen catorce lenguas indígenas con muy diferentes grados de vitalidad. Estas diversas lenguas se hablan en distintas jurisdicciones de nuestro país, tal como se consigna en el cuadro N° 1. Respecto de las regiones señaladas es destacable que según datos de la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) relevada durante 2004 y 2005 por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en Ciudad y Gran Buenos Aires se concentra el 16% del total de la población indígena del país representando a once etnias diferentes. No obstante, la invisibilidad de las poblaciones indígenas en la ciudad no hace más que demostrar cómo algunas fronteras lingüísticas son más visibles e infranqueables, mientras que otras son permeables o simplemente desestimadas, por ello esta población muchas veces pasa inadvertida o solapada detrás de otras categorizaciones como migrante, provinciana, entre otras.

REGION
ETNIA
FAMILIA LINGÜÍSTICA
LENGUA
Salta,
Jujuy y Buenos Aires
collas
Quechua
quechua
Santiago.
del Estero
criollos
quichua (dialecto del este)
Salta,
Jujuy y Buenos Aires
migrantes bolivianos
quechua
Chaco,
Formosa, Salta, Santa Fe y Buenos Aires
tobas
Guaycurú
toba
Formosa
pilagás
pilagá
Chaco
y Santa Fe
mocovíes
mocoví
Salta
chiriguanos
Tupí-guaraní
chiriguano (o guaraní
boliviano)
Tartagal
chanés
variedad de chiriguano
Tartagal
tapieté
variedad de chiriguano
Corrientes,
Formosa, Chaco, norte de Entre Ríos y Misiones
criollos
guaranícorrentino
Buenos
Aires
migrantes paraguayos
guaraníparaguayo
Misiones
mbyá
mbyá
Chaco,
Formosa y Salta
wichís
Mataco-mataguayo
wichí
Salta
nivaclés
nivaclé
Salta
chorotes
chorote
Desde
el río 
Santa Cruz al Estrecho de Magallanes y Buenos Aires
tehuelches meridionales australes
Chon
áonek´o áyen
Neuquén,
Río Negro, La Pampa, Chubut y Buenos Aires
mapuches
Mapuche
mapuche

El idioma castellano es el utilizado (desde la fundación del estado argentino) por la administración pública y en el que se imparte la educación en todos los establecimientos públicos, hasta tal punto que en los niveles básico y secundario existe como asignatura obligatoria la de la lengua castellana (asignatura llamada “Castellano”). Tal obligatoriedad es una imposición que ha resultado en un factor de cohesión social entre los millones de habitantes de Argentina. Existe una Academia Argentina de Letras, fundada en 1931, que desde 1952 colabora regularmente con la Real Academia Española para el registro de las variantes locales.
Si bien la Constitución Nacional establece como función del Congreso Nacional “reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos”, a éstos aún no se les ha reconocido la oficialidad de sus lenguas nativas, excepto en las provincias de Chaco y Corrientes.
El portuñol es hablado en las zonas limítrofes con el Brasil. Se trata de un pidgin de español y portugués.
El lunfardo es una forma dialectal nacida en Buenos Aires, fuertemente influido por las lenguas de los inmigrantes; sobre todo por dialectos procedentes de las distintas regiones italianas; así, “lunfardo” deriva de la palabra lombardo, pero también el portugués, el gallego, el francés, el inglés y el yidish le proveyeron al habla argentina numerosos elementos léxicos y sintácticos, así como la pronunciación típica del español rioplatense. El lunfardo ha ejercido un fuerte influjo en el habla informal de todo el país, sobre todo mediante su uso en las letras de tango y en la poesía porteña.
El galés, cymraeg, y gymraeg o welsh, dialecto galés patagónico: lengua indoeuropea del agrupamiento céltico insular británico, el galés es el primero o segundo lenguaje de unas 25 000 personas en 19984 (descendientes de inmigrantes galeses de la segunda mitad del siglo XIX) en la provincia del Chubut. Una estimación de 2008 señala que el número de hablantes pudo haber descendido a tan solo unos 5000.5
El dialecto alemán, de los alemanes étnicos del río Volga en Rusia, hablado especialmente en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, parte de La Pampa y varios sectores de la provincia de Buenos Aires. Asimismo, conservado entre los descendientes de los inmigrantes venidos directamente de Alemania así como de otros países germanófonos como Suiza o Austria.
La lengua de señas argentina, entendida por alrededor de dos millones de personas sordas de la Argentina, sus instructores, descendientes y otros. Se diferencian variantes regionales, tales como la de Córdoba.

El quechua sudboliviano: hablado por habitantes del occidente boliviano residentes en Argentina y sus descendientes. Esta misma variedad se habla en todo Jujuy, Salta y Tucumán; después del castellano es la segunda lengua del país más difundida y la lengua indígena más importante de América, ya en 1971 tenía 855 000 hablantes a los que habría que sumarles unos 70 000 posibles en Salta.
En las provincias de Corrientes, Misiones, Chaco, Formosa, Entre Ríos12 13 y Buenos Aires donde los dialectos guaraníes argentinos son hablados o conocidos por cerca de un millón de personas, incluyendo inmigrantes paraguayos que hablan el guaraní paraguayo o el jopará (2005).9 En Corrientes, en donde se habla el dialecto guaraní argentino se decretó en 2004 la cooficialidad de la lengua guaraní y su uso obligatorio en la enseñanza y gobierno.

El chiripá, tsiripá, txiripá, nhandeva, ñandeva, avakatueté o apytare, dialecto apapocuva: lengua de la familia tupí guaraní, subgrupo 1. Unos pocos hablantes en la provincia de Misiones y entre inmigrantes paraguayos. El mbyá, mbua, guaraní oriental argentino o mbyá: de la familia tupí-guaraní, subgrupo 1. Similitud léxica de un 75 % con el guaraní paraguayo. En 2002 contaba con unos 3000 hablantes en la provincia de Misiones. El guaraní occidental argentino, guaraní oriental boliviano, chawuncu o chiriguano, dialectos chané e izoceño: de la familia tupí-guaraní, subgrupo 1. Unos 15 000 hablantes en las provincias de Salta y Formosa. El guaraní correntino o guaraní argentino: perteneciente a la familia tupí-guaraní. Hablado (junto al castellano) por hasta un 50 % de la población de origen rural de la provincia de Corrientes (alrededor de 100 000 personas). El gobierno correntino decretó en 2004 la cooficialidad de la lengua guaraní y su uso obligatorio en la enseñanza y gobierno, aunque aún no ha sido reglamentado. El kaiwá, caingua, caiwá o kayova, llamado pai tavyterá en Paraguay: de la familia tupí-guaraní, subgrupo 1. Hablado por no más de 510 personas en la provincia de Misiones. El tapieté, guarayo, guasurangue, tirumbae, yanaigua o ñanagua: de la familia tupí-guaraní, subgrupo 1, hablado por unas 100 personas de una aldea cercana a Tartagal en Salta.
El mapudungun, araucano, maputongo, mapuche o mapudungu, dialectos: pehuenche, nguluche, huilliche, ranquenche: de la familia araucana, con aproximadamente 40 00014 15 16 a 100 0006 hablantes en las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz en el año 2000.

Aimara
Aimara central: lengua del grupo aymara, hablada por 30 000 habitantes de Jujuy, del norte de Salta, además de inmigrantes de la puna boliviana y de Perú.

Mataco-mataguayo

Extensión del dominio de las lenguas mataco-guaicurú.
Chorote iyojwa'ja, choroti, yofuaha o eklenjuy: de la familia mataco-guaicurú, es un idioma distinto del chorote iyo'wujwa. Hablado en 1982 (no hay datos más recientes) por unas 1500 personas en el nordeste de la provincia de Formosa. Chorote iyo'wujwa, choroti, manjuy o manjui: de la famila mataco-guaicurú. Cuenta con unos 800 hablantes en 1982,6 50 % de ellos monolingües, mezclados con los hablantes del chorote iyojwa'ja. Actualmente es hablado por apenas 400 personas. Nivaclé, ashlushlay, chulupi, churupi, chulupie, chulupe, dialectos nivaclé de la selva y nivaclé del río: de la familia mataco-guaicurú, cuenta con unos 200 hablantes en el nordeste de la provincia de Formosa. El término “Churupí” y similares son peyorativos. Wichí lhamtés güisnay, mataco güisnay, güisnay, mataco pilcomayo, o mataco: de la familia mataco-guaicurú, hablado por unas 15 000 personas en el área del río Pilcomayo, provincia de Formosa. El término “mataco” para designar las lenguas y los pueblos wichí es peyorativo. Wichí lhamtés nocten, mataco nocten, nocten, noctenes u oktenai: de la familia mataco-guaicurú, hablado por alrededor de 100 personas en la frontera noreste del país, hasta la zona de Clorinda. Wichí lhamtés vejoz, mataco vejoz o vejos, dialecto vejoz del Bermejo: de la familia mataco-guaicurú. Cuenta con unos 25 000 hablantes distribuidos en las provincias de Chaco y Formosa. Su área de influencia, en general, se encuentra al oeste de la del Toba, a lo largo del curso superior del río Bermejo y en el río Pilcomayo. No es inteligible con otros lenguajes del Chaco, y se lo habla también en Bolivia.

Guaycurú
Mocoví, mocobí o mbocobí: de la familia mataco-guaicurú. En el año 2000 había unos 4530 hablantes en Formosa, el sur del Chaco y el noreste de la provincia de Santa Fe. Para 2008 la cifra había pasado peligrosamente hasta 3000 o 5000 personas.

Distribución aproximada de lenguas en el extremo meridional de Sudamérica en tiempos de la Conquista.
Además de las lenguas indígenas sobrevivientes, antes del contacto con los europeos y durante algún tiempo durante la conquista de América en Argentina se hablaron además las siguientes lenguas, que la actualidad están extintas:


Andrés Belguich