Mostrando entradas con la etiqueta Chernobyl. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chernobyl. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de abril de 2011

La bomba de tiempo japonesa


 Por Juan Gelman
Por un error técnico, esta nota fue publicada en forma fragmentaria el domingo pasado. Con el correspondiente pedido de disculpas a los lectores, se repite a continuación en su versión completa.
El primer ministro de Japón, Naoto Kan, insiste en recortar las consecuencias del problema nuclear que estalló en Fukushima. “La crisis se está estabilizando paso a paso, pero no hay razones para el optimismo” (www.businessinsider.com, 12-4-11). Instó a la gente a vivir como de costumbre, no incurrir en autorrestricciones y consumir los productos de las zonas afectadas “para darles apoyo”. El gobierno nipón, sin embargo, elevó el nivel del riesgo a 7, el máximo, el mismo de Chernobyl –según las categorías establecidas por el Organismo Internacional de Energía Atómica para evaluar el alcance de las catástrofes nucleares–, y sus funcionarios declaran que el material radiactivo que escapó de los reactores de Fukushima sólo constituye un décimo del que emitió la planta rusa. No todos comparten una posible tranquilidad.
El destacado físico nuclear Michio Kaku, que trabaja en EE.UU., donde se formó, ha señalado que la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio (Tepco, por sus siglas en inglés), dueña de las instalaciones de Fukushima, “trata de minimizar el impacto de este accidente nuclear” que ya ha liberado algo así como 50.000 billones de bequereles de radiación (de uranio). Esto equivale a la mitad del nivel 7, pero los reactores siguen propalándolos. La situación no es para nada estable... el menor accidente –un nuevo sismo, la ruptura de un conducto, la evacuación de los equipos que trabajan en Fukushima– podría desatar una fusión en tres de las estaciones nucleares, de una dimensión mucho mayor que la de Chernobyl” (www.democracynow.org, 13-4-11).
El accidente ha despedido hacia la atmósfera una enorme cantidad de yodo radiactivo (I-131), un 10 por ciento en relación con Chernobyl, que es soluble en agua. La lluvia lo deposita en tierra, las vacas comen pasto y su leche se contamina. Los granjeros de la zona la tiran porque es demasiado radiactiva. Se ha descubierto agua contaminada en Tokio y algunos de sus habitantes abandonaron la capital, advertidos por las contradicciones de los anuncios oficiales y la clara voluntad de acallar los alcances del desastre. Occidente calla, pero EE.UU. prescribió que su personal debe alejarse 80 kilómetros de Fukushima, ni 20, ni 30, ni 40, y el gobierno francés aconseja a sus ciudadanos que abandonen Japón. También éstas son medidas del peligro, aunque no tengan un enunciado matemático.
Cabe preguntarse el porqué de los ocultamientos del gobierno japonés. ¿Para evitar el pánico de la población? Tal vez. ¿Para no ahondar la crisis económica que el terremoto y el tsunami agravaron de manera extraordinaria? Quizá. Pero los especialistas se preguntan por qué no se recurre al método empleado en Chernobyl: consistió en encerrar o enterrar el reactor 4 de la planta bajo toneladas de concreto –como el gigante Toshiba viene aconsejando– en vez de intentar su desmantelamiento con vistas al cierre de la central nuclear por tiempo indefinido. Esta tarea, según el doctor Kaku, podría durar diez años: “Nos encontramos en terreno desconocido... y somos los conejillos de Indias de este experimento científico”.
La tendencia a tapar los propios errores “para evitar el pánico público” no es exclusiva de Tokio, las autoridades del país controlan las noticias de las agencias en aplicación del artículo 15 de la Ley de Emergencia. Yoichi Shimatsu, ex director del semanario Japan Times y columnista de 4th Media, indaga el origen de las confusas informaciones acerca de la planta Fukushima 1: “Las demoras inexplicables y las explicaciones poco fundadas de la Tepco y del Ministerio de Economía, Industria y Comercio parecen motivadas por un factor oculto... La explicación más lógica: la industria nuclear y las instancias del gobierno procurarán impedir que se descubra la existencia de instalaciones de producción de bombas atómicas en las plantas civiles de energía nuclear de Japón” (//en.m4.cn/archives, 11-4-11). Una hipótesis que, de ser cierta, entrañaría consecuencias impensables.
Shimatsu analiza la brecha entre la narrativa oficial y la aparición de fenómenos sin aparente explicación: un incendio estalló en la dañada construcción del reactor de la unidad 4 debido –se dijo– al sobrecalentamiento del uranio vertido en una piscina de enfriamiento seca. “Pero el volumen del incendio –anota– indica que el reactor se estaba calentando por otra razón que la generación de electricidad. Su supresión de la lista de operaciones generadoras de electricidad despierta la pregunta de si acaso se estaba utilizando para enriquecer uranio, el primer paso que conduce a la obtención de materia fisionable para una bomba atómica.”
La unidad 6 desapareció rápidamente de la lista de reactores operativos porque una explosión de la unidad 3 la cubrió de partículas letales de MOX, una mezcla de plutonio y uranio. Es notorio que el plutonio es un componente de las cabezas nucleares más pequeñas y más fáciles de producir. ¿Y por qué Japón procuraría obtener armas nucleares? No puede hacerlo sin alguna clase de permiso: en virtud del artículo 9 de la Constitución que le impuso EE.UU., Tokio ha renunciado a la guerra y al uso de la fuerza para solucionar sus conflictos internacionales. ¿Quién le habrá dado el visto bueno? ¿Y con qué fin? ¿China? ¿Corea del Norte? ¿Otros blancos?

jueves, 17 de marzo de 2011

“Las radiaciones son potencialmente letales”

EN LA PLANTA FUKUSHIMA I LAS EMISIONES RADIACTIVAS SON MUY ELEVADAS Y MUY PELIGROSAS PARA LOS TRABAJADORES
El calentamiento en un depósito de material radiactivo usado puede generar un alto nivel de radiación. Para los norteamericanos, las emisiones en la planta pueden ser letales para los trabajadores, considerados héroes por la población.
Nuevamente la situación de las usinas de Fukushima tuvo en vilo a los expertos de todo el mundo. Por los elevados niveles de radiación y las ráfagas de viento, los helicópteros enviados para refrigerar los reactores 3 y 4 con agua debieron retirarse ayer, aunque hoy dos pudieron volver a hacerlo. Las autoridades japonesas enviaron a la zona vehículos lanzaagua, mientras los 50 operarios de esa planta que habían sido evacuados ante nuevas explosiones regresaron ayer para continuar trabajando. Ahora el principal peligro es la pileta de almacenamiento de combustible usado del reactor 4, que tiene una parte al descubierto, no tiene refrigeración y puede generar un alto nivel de radiación. Según Gregory Jaczko, director de la Comisión Reguladora Nuclear estadounidense, en la central “las radiaciones son extremadamente fuertes y potencialmente letales” para los operarios.
Según informó ayer el Organismo Internacional de Energía Atómica (Oiea) en base a datos japoneses, “la temperatura en las piletas de enfriamiento para las barras de combustible usado en la central atómica de Fukushima alcanzó valores dramáticamente altos”. En el reactor 4, esta piscina ya está fuera del ámbito de seguridad más protegido y, según la Oiea, “si las barras no están más rodeadas de agua o la temperatura del agua alcanza el punto de ebullición, las barras pueden albergar el peligro de radiación radiactiva”. Las piletas de los reactores 5 y 6 también se estarían recalentado, la situación en los demás reactores no fue detallada aún.
Ayer, el vocero del gobierno japonés, Yukio Edano, informó que el reactor 4 sufrió un incendio de media hora, el segundo en menos de un día, y causó daños en paredes y techo del edificio. El fuego se habría ocasionado por una explosión de hidrógeno parecida a la ocurrida el lunes pasado. En el reactor 3, además, comenzaron a salir ayer densas nubes de humo. Las autoridades japonesas creen que el humo responde a los daños en la cubierta interna de ese reactor y pidieron ayuda a la comunidad internacional por este tema. Corea del Sur ya ofreció las reservas de ácido bórico para estabilizar los reactores.
“Podríamos necesitar ayuda de tropas estadounidenses”, señaló ayer Edano. Por el momento, hay ocho buques norteamericanos en la zona que decidieron alejarse el martes pasado, luego de detectar radiación en 17 militares. Ayer se anunció que un avión de ese país no tripulado con cámaras infrarrojo a bordo sobrevolará los reactores dañados para monitorear la situación, y ya se entregaron bombas de agua de alta presión para regar los reactores. “Creemos que los niveles de radiación son extremadamente altos”, dijo el director de la Comisión Reguladora Nuclear estadounidense, Gregory Jaczko, cuyo país aconsejó a sus ciudadanos alejarse a 80 kilómetros de las usinas ubicadas al nordeste de Japón.
Este último dato fue refrendado por el gobierno japonés, que recomendó evacuar a los residentes dentro de un radio de 20 kilómetros y pidió cerrar puertas y ventanas a quienes se encuentren a 30 kilómetros de la central de Fukushima. Mientras las autoridades niponas insisten en que la radiación no llegará al nivel de la catástrofe de Chernobyl, ocurrida en Ucrania en 1986, Günther Öttinguer, comisario de energía de la Unión Europea, afirmó ayer que “la situación está prácticamente fuera de control”. Fue durante una reunión con expertos y representantes de gobiernos europeos, en la que declaró: “No excluyo lo peor en las horas y en los días por venir”.
Según admitió en un comunicado Tepco, la firma operadora de la central, en el reactor 1 están destruido el 70 por ciento las barras de combustible y un tercio en el reactor 2. Estas barras están en el centro de las instalaciones y debido a la falta de refrigeración se teme desde hace varios días que el núcleo de la central se licue y la masa caliente funda las paredes de seguridad.
Mientras tanto, cincuenta trabajadores de la central Fukushima, compuesta por dos plantas y diez reactores, fueron autorizados a volver a la instalación y seguir trabajando. En el caso del reactor 3 existen varias complicaciones para los operarios. La radiactividad es tan alta que los operarios, considerados “héroes” en país, no logran ingresar a ciertos lugares clave como la sala de mando.
Según Jaczko, director de la Comisión Reguladora Nuclear estadounidense, en la central “las radiaciones son extremadamente fuertes y potencialmente letales” para los operarios. Ahora, los trabajadores tratarán de reestablecer la energía eléctrica en la central. Uno de ellos, Michiko Otsuki, escribió ayer en una red social japonesa: “La gente que trabaja en estas plantas está luchando sin huir”.