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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Página 12: “Con la crisis, el pensamiento único hace agua”


ECONOMIA › LA OIT DESTACO LA INTENSIDAD Y EFICACIA DE LAS POLITICAS SOCIALES DE AMERICA LATINA PARA DEFENDER EL EMPLEO
Argentina participó en París de un intenso debate sobre políticas de empleo, en el que el titular de la OIT, Juan Somavía, enfatizó los sistemas de protección social frente a la hegemonía del ajuste y los salvatajes financieros aplicados en América latina.
 Por Tomás Lukin
En el marco de la reunión de ministros de trabajo del G-20, Argentina defendió el fortalecimiento de la protección social en la crisis.
Imagen: Télam.
El capítulo laboral del G-20 reapareció en escena luego de dos años de ausencia. La tasa de desempleo global ronda el 6,1 por ciento, más de 200 millones de desocupados, y la cifra aumenta significativamente si se toma en cuenta el subempleo. “En América latina hay políticas sociales más intensas. Durante la crisis esas políticas aumentaron la protección social y se regeneró el empleo más rápidamente que en los países de-sarrollados”, destacó ayer el director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía, en declaraciones radiales. Somavía advirtió que “el mundo emergente salió más rápido de la crisis que el mundo desarrollado, donde no logran encontrar el camino y eso llevará a mayor desempleo”. La OIT estima que durante la crisis se destruyeron 20 millones de puestos de trabajo y advierte que la cifra podría duplicarse producto de la recesión global si continúan las políticas de ajuste. “Vamos a demostrar que desde América latina podemos tener una visión económicamente productiva, con crecimiento, con un piso de protección social y generación de mayor empleo”, sostuvo el titular de la OIT, quien participó junto con otros organismos multilaterales como el FMI y la OCDE. “La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha sido la voz en el G-20 que ha defendido estos conceptos”, aseveró Somavía desde la capital francesa.
Las políticas activas de empleo y el fortalecimiento de los sistemas de protección social recuperan espacio en el debate económico internacional frente a la hegemonía de las políticas de ajuste fiscal y salvataje financiero. “El empleo es la principal prioridad de nuestra política macroeconómica y el marco necesario para un crecimiento fuerte, sostenido y balanceado”, reza la primera recomendación del comunicado final que elaboraron ayer los ministros de Trabajo del G-20 en París. “Empezamos a discutir a nivel internacional con otros ejes; el pensamiento único neoliberal hace agua y ya no es una verdad revelada. Aunque resisten algunas posiciones ortodoxas, las políticas de ajuste son duramente cuestionadas y esto habilita la búsqueda de otros caminos que antes estaban vedados. Los países emergentes como Argentina tenemos mucho que ofrecer”, explicó a Página/12 el titular de la cartera laboral, Carlos Tomada, desde la capital francesa. En ese sentido, Somavía destacó las políticas sociales desplegadas por los países de América latina para evitar el impacto de la crisis sobre el empleo y los ingresos de los trabajadores.
Aunque existen diferencias entre los países sobre el rol del empleo y las estrategias para enfrentar la crisis, el comunicado de los ministros de Trabajo difundido ayer luego de dos días de reuniones no deja dudas: “Es necesario mejorar las políticas activas de empleo y las instituciones, particularmente para los jóvenes y otros grupos vulnerables. Tenemos que fortalecer la protección social. Invertir en los pisos de protección social es una inversión en la justicia social, la estabilidad, el empleo y el desarrollo económico”, sostiene el documento final.
“Las llamadas políticas de consolidación fiscal pueden transformarse en verdaderos procesos de desarticulación social. Las políticas que privilegian los intereses financieros sobre la economía real tienen un alto costo para la inversión, la producción y el empleo”, advirtió Tomada durante su discurso de cierre en París, en referencia a las políticas de ajuste que aplicaron distintas economías europeas e impulsan los organismos multilaterales. “No sólo tenemos que buscar la confianza de los mercados, sino sobre todo la confianza de nuestros pueblos”, concluyó el funcionario, frase final que fue recuperada por su par francés y anfitrión, Xavier Bertrand.
“No deja de sorprender la fortaleza de algunas posiciones neoliberales, como plantear la necesidad de que existan desocupados porque así cuando las personas consiguen trabajo lo cuidan y son más disciplinados. También nos dicen que van a ser necesarios sacrificios, pero no explican qué significa eso para los trabajadores. Nosotros no pensamos dejar de lado la lucha por la inclusión social”, explicó el funcionario en diálogo telefónico con Página/12 en referencia a los argumentos esgrimidos por el ministro de Recursos Humanos y también responsable de la cartera de Finanzas de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, con quien mantuvo un encendido intercambio. Aunque el país asiático no forma parte del G-20, participa como invitado desde la Cumbre de Seúl.
Tomada expresó su satisfacción con los avances alcanzados durante el encuentro de ministros de Trabajo, como la institucio-nalización de dos espacios de “diálogo social” en el marco del G-20 para trabajadores y los empresarios denominados Labour-20 y Business-20. Sin embargo, el funcionario advierte que será necesario consolidar la problemática del desempleo en el centro de las discusiones globales e incluso para que figure en la agenda de la reunión de presidentes que se desarrollará en Cannes el 3 y 4 de noviembre.

Página 12: Timerman: "Nunca seremos un país completo hasta que la potencia colonial nos devuelva lo que es nuestro"


Luego de que Gran Bretaña reiterara su negativa negociar con Argentina la soberanía por las islas, tal como lo resolviera en su momento la ONU, El canciller aseguró que ese reclamo "persistirá con firmeza y dignidad" y descartó cualquier otra posibilidad de acuerdo por fuera de la vía diplomática. Argentina "es un país pacífico por sobre todo", aclaró.

Durante una entrevista, Héctor Timerman sostuvo anoche que el Gobierno "no cesará hasta que se cumpla la resolución de la ONU que pide a Gran Bretaña sentarse a dialogar por la soberanía" y afirmó que "sin una posición firme nunca vamos a lograr nada". "También creemos que hasta que no estén las Malvinas de vuelta no estaremos completos, porque sería lo mismo con Catamarca, La Rioja o cualquier otra provincia", ejemplificó.
A la vez, resaltó el reconocimiento que obtuvo el país a nivel internacional, al contar con el apoyo del G-20, el Grupo Río y el G-77, el bloque más grande de países dentro de las Naciones Unidas. Esto, según el canciller, "habla por sí sólo del reconocimiento y del gran avance logrado, porque recientemente y por primera vez desde su fundación, el grupo lanzó un documento pidiendo que Gran Bretaña negocie".
También cuestionó la postura del Reino Unido, que quedó de manifiesto en la Asamblea General de la ONU, donde "por un lado los ingleses piden que Palestina e Israel dialoguen, pero ellos con hipocresía niegan constantemente el llamado de la ONU". Por otra parte, el organismo internacional "no reconoce el derecho de autodeterminación de los habitantes de Malvinas, porque se trata de una población inglesa que fue transplantada", mientras que los países que participan de la asamblea "reconocen el daño que sufre Argentina, porque se llevan nuestros recursos renovables y no renovables, el patrimonio de todos los argentinos".
Por otra parte, Timerman destacó "la creciente relación con el mundo" que experimenta el país, asegurando que "la realidad es que nos estamos abriendo al mundo porque no podemos estar entre Miami y París".
http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-177746-2011-09-28.html

Página 12: La ventana / medios y comunicación (Por Luciano Sanguinetti)


La ventana / medios y comunicación

A partir de una iniciativa de un grupo de alumnos de una escuela neuquina que imaginaron cómo habría sido la Revolución de Mayo si los próceres hubieran usado Facebook, Luciano Sanguinetti aporta elementos para pensar sobre problemas de actualidad atravesados por las tecnologías de información y comunicación (TIC). Roberto Samar analiza las producciones de Disney Junior y pone en evidencia el discurso machista allí presente, advirtiendo que lo mismo sucede en otras propuestas dirigidas al público infantil.
Por Luciano Sanguinetti *

¿Y si los próceres usaran Facebook?

El título no es mío. Es de los alumnos de una escuela secundaria de Neuquén. Se lo puede ver por YouTube. Con ingenio y documentación, los alumnos imaginaron cómo hubiera sido la Revolución de Mayo con la plataforma de relaciones sociales que inventó Mark Zuckerberg. En el pequeño video que colgaron de la red podemos seguir los contactos de Manuel Belgrano, la noticia de la caída de la Junta de Sevilla y las repercusiones que esto va generando entre los criollos, las tribulaciones del Virrey Cisneros, las operaciones mediáticas de French y Beruti.
La experiencia que desarrollaron estos estudiantes sobre un hecho ocurrido hace doscientos años pone sobre la mesa una serie de problemas de inesperada actualidad.
El primero es el rol de la información en el mundo.
El segundo es el de la relación de las TIC (tecnologías de información y comunicación) con los aprendizajes.
El tercero es lo que algunos llaman el Complejo de Prensky, en referencia al autor que acuñó hace diez años el concepto de nativos e inmigrantes digitales.
El cuarto es el del rol de los intelectuales en la Argentina.
Voy por partes.
Ignacio Ramonet. En el último trabajo de este especialista en medios, fundador del Observatorio Global de Medios y promotor de las cumbres de Porto Alegre, se pregunta cómo hacemos hoy en este mundo inundado de información para saber cuál es cierta. Vivimos un nuevo síndrome, el de la inseguridad informativa. La tesis de Ramonet se funda en el hecho de que el periodismo que informaba sobre lo que había ocurrido a lo largo de un día ha dejado de existir. Ese tiempo, que servía para que los medios validaran la noticia, desaparece con la información al instante, con la necesidad del mercado de producirla de manera continua, sin intervalo. ¿Hace doscientos años nadie parece haber dudado del dato que comenzó a circular en Buenos Aires sobre la caída de la “famosa” Junta de Sevilla ante el avance napoleónico? ¿Qué hubiera pasado hoy? Ramonet sostiene que pasamos de medios de masa a masa de medios, pero que paradójicamente los periodistas hoy son más necesarios que nunca.
Segundo problema: Información/conocimiento. Supongo que a estos estudiantes haber traducido al lenguaje de Internet la Revolución de Mayo les permitió un salto crítico. Traducir es también apropiarse de algo. Pasar un texto de su idioma original al nuestro es interpretarlo. ¿Acaso este trabajo no es también un método para interpretar las movilizaciones populares en el mundo árabe que destronaron a viejos dictadores? Para los que todavía estamos en tiempos de las cavernas en materia tecnológica, ver el video de estos chicos también interpela lo que nosotros hacemos en clase.
Esto no significa caer en el Complejo de Prensky. Tercer problema. Hace unas semanas, este mismo medio publicó un artículo del reconocido psicoanalista Juan Carlos Volnovich en el cual se deslizaban algunas descripciones que reproducían conceptos de Alejandro Piscitelli, inspirados en gran medida en la referida conceptualización de Marc Prensky. En un blog más que interesante que administra Gustavo Cucuzza, paraquesepan.blogspot, un especialista real de las TIC en el aula, se observan una serie de desmentidos a la sobrevaluada expresión “nativos digitales” (esta observación no implica necesariamente cuestionar el argumento de Volnovich, sino quizá reforzarlo en referencia a la ausencia del Otro), en la cual los adultos, en particular los maestros, podemos caer rápidamente en el llamado “complejo de Prensky”, es decir, la idea de que las nuevas generaciones son superiores a las pasadas. Por el contrario, la experiencia de la escuela de Neuquén es valiosa porque es un proyecto de jóvenes y adultos, de estudiantes y profesores. Como dice Susana Espiro, coordinadora de la capacitación en TIC del programa Conectar Igualdad para docentes de superior del INFD, “la diferencia de nativos e inmigrantes digitales no es generacional, sino de horas de exposición e inte-racción a los entornos virtuales”.
Cuarto problema. Acaso los que leemos diarios todavía hemos sido testigos del interesante debate entre Horacio Verbitsky y Jorge Lanata, además de los comentarios aledaños a la cuestión de Jorge Fontevecchia, que pone en relación todo lo que venimos exponiendo. ¿Quién califica, clasifica, jerarquiza, valida, la información en este mundo superpoblado de datos ahora asequibles, en una manera inédita, al conjunto de las masas? La respuesta la dio Antonio Gramsci hace tiempo: los intelectuales. Estos son los mediadores, dijo el pensador y militante italiano, entre la organización y la masa. Pequeña observación del propio Gramsci: todos los seres humanos somos intelectuales, pero no todos ejercemos la función. Y se refiere a esa traducción, como la que implementó el profesor o profesora, seguramente de historia, de esta escuela de Neuquén. ¿Quiénes son hoy “intelectualmente” más necesarios que nunca? Todos aquellos preparados y dedicados a la transmisión de la cultura. Los periodistas, los científicos, los militantes, los maestros.
Tres millones de netbooks en marzo de 2012. ¿Alguien pensó que eso significa tres millones de adolescentes conectados? Faltarán maestros.
El que piensa que esto sirve para adoctrinar no entiende la lógica del increíble invento de Tim Berners-Lee, inventor de los protocolos que facilitaron la comunicación entre las computadoras, creador de la telaraña mundial. Preguntémosle si no a Mubarak.
* Docente investigador, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.
Por Roberto Samar *

El machismo de Mickey

Si le pregunto a un chico quién es Minnie, seguramente me contestará que es la novia de Mickey. Sin embargo, si le pregunto quién es Mickey, el personaje emblemático de la Disney, me dirá algo así como que es un ratón que enfrenta a los malos.
En la serie televisiva La casa de Mickey Mouse, el ratón tiene una casa, un perro y una novia. Es decir, Minnie es en función del él.
En ese sentido, en las películas y series de Disney, que es una de las mayores empresas de industrias culturales para chicos, circulan discursos que muchas veces naturalizan el rol pasivo de la mujer.
De hecho, Disney Junior, que es la señal dirigida a los chicos de menor edad, coloca a lo masculino como protagonista de la mayoría de las producciones. En ese sentido podemos encontrar a: Many, un hombre que arregla todo con sus herramientas; un oso, que es un agente especial; Los Imaginadores, que resuelven problemas con imaginación; Jake, el niño que enfrenta piratas y, en contraposición, Bárbara y su florería.
Es decir, los hombres resuelven problemas y enfrentan a los malos. Por el contrario, el rol de la mujer en la mayoría de las veces es pasivo, trivial o en función del género masculino.
A partir de lo expuesto cabe preguntarse: ¿cómo nos sorprendemos de que sigan circulando discursos machistas si desde los tres años consumimos estos mensajes?
Sin embargo, los discursos machistas no se agotan en la señal Disney Junior, también atraviesan sus películas.
Repasemos algunas situaciones.
En La familia del futuro, una chica hace un comentario claramente sin sentido. En ese contexto, un adulto le sugiere al niño protagonista que a las mujeres siempre hay que decirles que tienen razón (como a los locos). El chico le dice “tenés toda la razón” a la niña y ella sonríe feliz.
Asimismo, en El club de los villanos, Minnie intenta enfrentar a un hombre malo, y él la subestima, la empuja y se ríe. Hasta que llega Mickey, lo enfrenta y lo vence. ¿Cuál es el rol de la mujer que no puede resolver el conflicto?
Recientemente en Toy Story 3, uno de los malos le saca la boca a la “señora cara de papa”. A lo cual, el “señor cara de papa” afirma: “El único que le saca la boca a mi mujer soy yo”.
En base a lo expuesto podemos deducir que en los mensajes que atraviesan a las películas citadas, los hombres están facultados para callar a las mujeres, ellas se quejan sin sentido, no pueden enfrentar a los malos y son objeto de risa.
Cabe aclarar que tomamos el discurso de las producciones de Disney a modo de ejemplo, pero los discursos machistas no son patrimonio exclusivo de esta productora.
Con el paso del tiempo, estos discursos que circulan en la sociedad van incidiendo en la construcción de nuestra subjetividad y naturalizan prácticas machistas que dan sustento a las relaciones de poder. Sin ir más lejos, actualmente, según un relevamiento del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, en el ámbito de la sociedad civil tan sólo el 8,1 por ciento de los cargos de más alta jerarquía corresponde a mujeres.
Sin embargo, la realidad es una construcción colectiva y no es lineal. Está en nuestras manos la posibilidad de construir nuevos relatos y nuevas prácticas. El hecho de contar con una presidenta de la Nación, una ministra de Seguridad, una presidenta del Banco Central y líderes opositoras dan cuenta de que un nuevo paradigma se está creando.
* Licenciado en Comunicación Social, docente de Filosofía Política Moderna UNLZ.

lunes, 1 de agosto de 2011

La retaguardia (Por Sandra Russo)


 Por Sandra Russo
La semana pasada, el suceso de Miguel Del Sel en Santa Fe expresó el nuevo hilo que une al campo y a la ciudad, el que lo enlaza a Mauricio Macri. El de una nueva derecha que no tiene nada de nuevo, salvo la confirmación de que hay un tipo de derecha y un tipo de electorado de derecha, en la Capital sí como primera minoría holgada, que por algún motivo necesita camuflarse en una oferta y una demanda de candidatos mediáticos, con todo lo que los grandes medios hoy implican.
Del Sel y Macri cerraron sus campañas en el living de Susana Giménez, la conductora que evita hablar de política porque dice que no sabe de política, pero que opera políticamente justo desde ahí, desde su falsa ignorancia, haciendo bandera de ella, como esos candidatos, que dicen representar cierta “frescura” que emana de los recién llegados a un ruedo que pretenden manchado y pecaminoso. Que sus verdaderos aliados políticos sean precisamente los que más la mancharon es un detalle que Susana disimula perfectamente. ¿Por qué habría de saberlo si ella ignora todo, hasta que los dinosaurios se extinguieron?
La derecha no tiene misterios. Es lo único que conocimos durante décadas. Lo que hubo y lo que nos dio vergüenza. Lo que jamás enfrentó ninguna pelea con los medios, porque la derecha y los grandes medios en cualquier parte del mundo quieren lo mismo y son lo mismo.
En ese sentido, Del Sel viene a cubrir un falso vacío y es una falsa novedad en la política argentina, que ya tuvo su época de famosos al repentino servicio de lo público: su irrupción se apoya en el viejo discurso de que los que tienen plata no robarán porque nunca “han vivido de la política”, como si la política se agotara en ser puntero.
Ese discurso gira en falso como el viento nuevo que dice traer, pero siempre prende. Es un discurso macerado, añejado y engordado por sectores a los que les repele la política cuando deja de ser la que asiste a su palco. Sectores en paridad con el electorado. Sectores que se representan a sí mismos y quieren equipararse con el Estado, que representa a todos. Bajo cualquier gobierno con la cabeza en alto.
Es el mismo hilo de la derecha que unió a Macri con Biolcati en el Palco de la Rural. Un hilo que tira para atrás aunque diga lo contrario, porque dice cualquier cosa. La derecha que ahora ya mucho más desenmascarada desenrolla su hilo y une a Macri con Del Sel, con Biolcati, con Duhalde, con Venegas, con Rico, con Barrionuevo, con... ¿Cuánto falta para que Patricia Bullrich se fascine?
Han sacado partido del miedo que les da “un exceso” de kirchnerismo. Un miedo funcional, fogoneado y a coro. Muchos han votado a Macri convencidos de que las bicisendas no están mal, pero otros lo han hecho tapándose la nariz, por miedo. Buenos Aires no quiere cambiar. Buenos Aires no cambió. Buenos Aires no ha participado del cambio que ha llegado a recónditos lugares del país. La ciudad sigue hostil a los vientos que mantienen al país en cambio constante desde hace ocho años, gambeteando la crisis internacional gracias a políticas a las que tanto Macri como casi toda la oposición se opusieron.
Todo el mundo tiene derecho a ser lo que quiera, incluso conservador, pero al menos uno espera que no le hayan creído eso de que quiere “bajar el nivel de agresión” y que quiere “trabajar en conjunto y articulado” con el gobierno nacional. No les ha importado que el fin para Macri justifique los medios. No les han importado muchas cosas que no le habrían perdonado a otros. No es casual el voto conservador en una ciudad que ha sido el emblema, el ombligo, el clímax de una idiosincrasia petulante que ve en el interior el atraso que hoy expresa su propio voto.
La Capital es el dique que hoy soporta y sostiene las ideas que ya sumaron muchos fracasos. La Capital, tan orgullosa de cosas que no se explican, hoy prefiere ser la retaguardia.

martes, 26 de julio de 2011

“Tuvimos que pelear para defender al Gobierno”

Desde que llegó a la presidencia, Cristina Fernández de Kirchner no dio ninguna entrevista a medios gráficos (la última fue a este diario antes de asumir) y sus contactos con los medios se redujeron aún más desde la muerte de Néstor Kirchner. Por eso, no es uno de los méritos menores de la autora de La Presidenta, historia de una vida, la indispensable biografía escrita por Sandra Russo que editorial Sudamericana distribuirá en librerías a partir del 1º de agosto, el haber conseguido concretar largos diálogos con CFK que le sirvieron tanto para afinar los resultados de su trabajo como para iluminar los momentos más importantes de la vida de la protagonista con su propia palabra. Una parte de esas definiciones presidenciales es lo que Página/12 adelanta a sus lectores. Así aparecen verdaderas revelaciones sobre su trayectoria, la relación que la unió y aún la une a Néstor Kirchner, su formación política, los momentos claves de su mandato (como la 125, la ley de medios, Fútbol para Todos, la estatización de las AFJP, el matrimonio igualitario) y hasta el relato de la última noche que pasó con Kirchner y lo que ella considera su legado.
 Por Sandra Russo

La familia

El padre y la madre nunca se llevaron bien. Era una de esas tantas parejas que no se entienden. No tenían nada que ver el uno con el otro. “Nunca me puse a analizarlo demasiado”, dice Cristina, y yo me acordaré de esto cuando ella cuente, más adelante, su tropiezo con la psicología.
En cuanto a su hermana, asegura tajantemente que era la más querida de esa familia. “Siempre le reproché a mamá que la quisiera más a ella que a mí, y eso no me lo puede negar. Es completamente cierto”, desliza. A Gisele la quisieron mucho todos, ella y Néstor también. Gisele es médica. Hizo toda su carrera en hospitales públicos, nunca quiso ejercer la medicina privada. Debió jubilarse por una enfermedad oncológica. Hace unos años sufrió un trastorno bipolar, del que se recuperó.
Decían que era yo la bipolar. Les da lo mismo, mezclan todo. Confunden a una persona con la otra, pasan por alto lo que significa en una familia ver a alguien tan joven ponerse tan mal. Fue terrible cuando se enfermó.
Gisele es muy inteligente y tiene un alto grado de sensibilidad. Extrema, te diría. Hay gente que padece esa enfermedad y que tiene una percepción muy aguda de las cosas, y vos sentís que casi te adivina, que te lee el pensamiento. Cuando se acepta el tratamiento, los pacientes responden muy bien. El problema dura hasta que lo aceptan, porque Gisele no quería tomar la medicación.
Para mí su enfermedad fue muy fuerte, muy dura. Siempre tuvimos una relación muy estrecha, más de lo común entre hermanas. Ella dependía de mí más que yo de ella, porque mi mamá me la enchufaba siempre. “Andá con tu hermanita”, “No, mamá, no tengo ganas de ir con mi hermanita”. Pero me tenía que hacer cargo. Eso me reventaba. Ella me adora, soy su ídola. Néstor la adoraba, y ella a él también.

De Psicología a Derecho

Esta mujer que hoy representa a muchos sectores, pero que defiende prioritariamente a los trabajadores organizados, creció escuchando en su propia casa que el que no trabaja es porque no quiere y que los argentinos son vagos. El estribillo del antiperonismo. Su análisis se basa en esas condiciones materiales, familiares, en esa prefiguración del mundo que toma cuerpo en la infancia. Cristina Fernández nunca se psicoanalizó. Lo que hizo, sí, fue inscribirse un año en Psicología. Una experiencia cuyo recuerdo le parece “insoportable”.
Cristina era perito mercantil, y cuando llegó el momento de inscribirse en Derecho, que era la carrera elegida, hubo un obstáculo administrativo. En Derecho no aceptaban peritos mercantiles y había que rendir diecisiete equivalencias.
Como si los peritos mercantiles fuéramos almaceneros con título, qué ridículo. Yo como perito mercantil había cursado muchas materias que tenían más que ver con Derecho que cualquier bachiller. Había cursado Derecho usual, Derecho administrativo, Economía política. Pero no hubo nada que hacer ese año y me inscribí en Psicología, que no se daba en Humanidades sino en un instituto que quedaba muy lejos y había que estar muy temprano. Dios, llegaba hasta ahí y me decía a mí misma “qué hacés vos acá, escuchando esto”. La materia que más me gustaba era Antropología cultural, estaba la cátedra de Mario Margulis. Pero había un ayudante...
Escuchar esas cosas tan temprano... –se agarra la cabeza y se ríe–. No era para mí. A mí me gusta discutir, pero sobre cosas concretas. Detesto hablar sobre bueyes perdidos. No lo toleraba. Yo quiero discutir con resultados. Discutimos y bueno, vos tenés razón, yo tengo razón, cedemos los dos un poco, en fin. Pero no puedo soportar la incertidumbre –dice, todavía explicando su aburrimiento en las clases de Psicología, pero ya virando en otra asociación–. Mirá los desaparecidos. Lo más terrible no fue la muerte, sino el estado nebuloso del de- saparecido. Muerte y tortura hubo siempre a lo largo de la historia argentina. Lo novedoso, lo perverso que introdujo la dictadura militar fue ese “no saber”. Eso nadie lo esperaba, era inconcebible. Y cada vez que uno lo piensa bien, sigue siendo inconcebible.

El gran chispazo

Pipa ya lo conocía a Néstor –era el pibe que vivía con su novio– cuando empezó a sentarse con Cristina en el curso. Néstor era identificable por la campera verde, brillante y jodón, pero decididamente no era un galán. De modo que cuando Pipa consoló a Cristina prometiéndole conseguirle un candidato, pensó en algunas posibilidades, pero ninguna de ellas incluía a Néstor.
Mientras, Cristina veía declinar su propio entusiasmo por el noviazgo con Cafferata, hubo varias reuniones en la casa de Pipa a las que Omar llegaba con su guitarra y sus amigos. Entre ellos estaba Néstor. Nada indicaba, en esos cruces previos, que entre ellos algo se encendería con tanto fuego.
Estéticamente, parecían polos opuestos. Cristina era impecable y Néstor, un desastre. Llegaron a estudiar una materia los cuatro juntos. Cristina era una máquina de leer, y a Néstor parecía difícil hasta sentarlo a la mesa.
Era el más comprometido de ellos con la FURN, pero no perseguía un promedio brillante.
El Día del Estudiante de 1974 iba a producirse el Gran Chispazo.
–El Centro de Estudiantes de Santa Cruz había festejado ese 21 de septiembre en el Parque Pereyra Iraola.
Néstor venía de ahí. Yo estaba en la casa de Omar, estudiando, porque teníamos un parcial de Reales, Derecho Civil IV. Llega Pipa y le dice que se había muerto su abuelo. Omar se fue con ella al velorio. Néstor me vio estudiando y se ofreció a ayudarme, porque nosotros estudiábamos de a dos. Uno leía en voz alta. Como Omar se fue, me dijo: “Yo te ayudo”. “Bueno, gracias”, le digo. Se sienta. ¡Y me empieza a discutir todo! –se indigna Cristina todavía–. Cosas que yo sabía. Yo decía algo y me interrumpía. “No, no es así.” “Cómo que no es así”, le decía yo. “No. No es así.” Hasta que me di cuenta de que estaba mamado. Le dije: “Querido, ¿vos me estás tomando el pelo? Andate a joder con tus amigos, que yo me voy a la mierda”. El se reía. Y no me fui, me parece. Creo que me quedé.

Néstor

Cuando se encontraron por primera vez, ella tenía 20 y él 23. Se casaron a los seis meses de haberse conocido, pero eso no me lo dice. Toma un sorbo de la lágrima que le han traído, y habla de él sin que la voz experimente más que un temblor. Y de lo primero que habla es de las peleas. “Teníamos peleas memorables”, dice, y sonríe, como reconfortada por el recuerdo. “Arrancamos así, peleándonos. Discutíamos por todo, por cosas que nos parecían muy importantes y cosas que eran pavadas. Pero nos peleamos siempre, desde el primer hasta el último día.” Las discusiones las terminaba cualquiera de los dos, “el que creía que iba ganando”, aclara.
Cristina se extiende en el tema de las peleas. Creí que se había tratado de un mero comentario, pero a medida que sigue hablando, es obvio que eso es lo que más extraña. Pelearse con Néstor. Esa manera de hacerse compañía. Desarrollaron un arte de la pelea.
Yo cuando me enojaba no le hablaba –dice usando un tono nuevo, mordaz, de jugadora–. Era lo peor que le podía hacer. No hablarle. Yo sabía que si resistía ganaba, pero me costaba mucho. He llegado a estar un día entero sin hablarle –afirma con la cabeza, como reconociéndose un mérito.
–¿Un día? No es nada –le digo.
Pero para nosotros un día era una eternidad. No podíamos vivir sin hablarnos. El a veces se ensimismaba, y te dabas cuenta de que estaba enojado por la cara que tenía. ¡Cómo me reventaba esa cara de culo cuando no sabía qué le pasaba! “Qué pasa”, le preguntaba. Y él contestaba “nada”, con mal tono. Podía ser que le hubiera molestado algo de mí o de alguna situación. Pero yo no soportaba que me dijera “nada”.
Se habían acostumbrado a estar juntos todo el tiempo. Cuando Néstor fue intendente de Río Gallegos y durante los doce años que fue gobernador de Santa Cruz, Cristina tenía su despacho al lado del suyo. Incluso cuando era diputada nacional y pasaba los días de semana en la Capital, mantuvo su despacho junto al del gobernador. Pero en aquel tiempo, cuando de lunes a jueves Cristina se instalaba en el departamento de Juncal y Uruguay, comenzaron los llamados.
Repetidos, obsesivos, insistentes. Quienes los conocieron cuando él era intendente y ella jefa de campaña, o cuando él era gobernador y ella secretaria legal y técnica o diputada nacional, o cuando él fue Presidente y ella, además de “primera ciudadana”, senadora, o cuando ella fue Presidenta y él su primer militante, no dejan de mencionar los llamados que se hacían. Eran constantes y a toda hora. Mañana, tarde, noche, madrugada. Por motivos políticos y domésticos.
Cristina hace silencios cortos. Son pausas en la conversación que usa, creo, para ordenar lo que va volviendo a su mente y sus emociones. Ahora que ya ha tosido un poco y ha terminado su lágrima, dice casi admirada:
Lo impresionante es que yo pensaba en él y el tipo me llamaba. Teníamos momentos telepáticos. Nos llamábamos en el momento y por el mismo tema en que estaba pensando el otro. Y cuando estábamos juntos, a veces ni hablábamos, con mirarnos ya nos entendíamos. Era muy impresionante, sí; la conexión era impresionante.
–Tener un interlocutor como ése es...
Insustituible. No hay otra palabra. Con el que más me acerco ahora es con mi hijo, pero es totalmente distinto, es otra edad, otras vivencias, tenemos una relación de madre e hijo. Lo mío con Néstor fue increíble.

20 de junio de 1973

Ese fue el día de la masacre de Ezeiza. Volvía Perón a quedarse, y Ofelia Wilhem, la madre de Cristina, estaba emperrada en ir. Le anunció a su hija mayor que iría sola. Cristina decidió acompañarla, y encontrarse allí con las columnas de la FURN y el FAEP, las agrupaciones de Derecho. Quedaron las dos en medio de los tiroteos, aunque de una manera singular: fue la hija la que debió zamarrear a la madre para salir de allí.
Yo estaba con la duda, porque quería ir con mis compañeros de la facultad, pero mamá... –dice Cristina y sonríe con alguna dosis de resignación–. Mamá quería ir, quería ir, yo le decía “Mejor quedate acá”, pero qué... Bueno, está bien, le dije, voy con vos. Salimos muy temprano, pasadas las cinco de la mañana. Fuimos con un compañero del gremio de mamá. Bajamos por Ciudad Evita, y entramos por una transversal. Había que dejar el auto muy lejos, así que caminamos mucho; serían las seis y media, estaba amaneciendo. Había una neblina muy espesa, casi cinematográfica. Entramos a Ezeiza y empezamos a caminar por la Riccheri, y yo me subí al guardarrail, para ver la perspectiva. Era impresionante.
Eran como hormigas. Venían de todas partes. Gente sola, gente encuadrada, con banderas, con cartelitos. Vi llegar un grupo con una bandera uruguaya. Vi indios tobas, altísimos. Vi una inmensa bandera del ERP 22 de Agosto.
Y todo envuelto en ese humo. Llegamos después de caminar horas, ya eran más de las diez. Yo me fui para el lado por el que sabía que iban a entrar los de la facultad. Era del lado donde estaba Evita. En el palco oficial, estaba el retrato de Perón enorme en el medio, de un lado estaba Isabel y del otro Evita. Nosotros nos íbamos a encontrar de ese lado. Apenas llego, siento ruidos. Pin pin pin.
Le pregunto a un tipo que vendía choripanes. “Sí, son tiros”, me dijo. “Pero están así desde la mañana.” Se empezó a formar muy claramente un cerco de la Juventud Sindical alrededor del palco, me acuerdo el color verde. A eso de las dos de la tarde... Yo no sé por qué me acuerdo tan bien de los horarios. Pero sí, a esa hora vi entrar las banderolas blancas con letras azules de la FURN y las azules con letras blancas del FAEP. Querían llegar al palco y no los dejaban. A las dos y cuarto, dos y veinte, veo que hacen fuerza para poder entrar. Armaron una típica formación de cuña, rompen el cerco y pasan. Y al instante, los tiros. La gente empezó a correr. Venían para el lado donde estábamos nosotras. Gritaban “¡Nos están cagando a tiros!”. Mi primera reacción fue meterme adentro del bosquecito, porque yo creí que los tiros venían solamente del palco. Me puse atrás de un árbol, y mi mamá gritaba “¡Yo me quedo a ver a Perón, yo me quedo a ver a Perón!”. Increíble. Yo le decía “Mamá, acá no nos podemos quedar”. Y de pronto, empezaron a tirar de todas partes. Tiraban del palco y tiraban de atrás. Yo la zamarreaba a mamá, discutimos. Ella gritaba. “¡A mí no me va a sacar nadie!”. Una discusión ridícula en una escena terrible. Empezamos a caminar y a chocarnos con los miles y miles que seguían llegando, y a los que desde un camión les decían “¡Compañeros, no retrocedan!”. Fueron momentos muy confusos. Fue infernal. Hicimos todo el camino a la inversa, fueron más horas caminando. A La Plata llegamos después de las ocho de la noche.

Lucha armada y peronismo

Cuando Néstor y Cristina se casaron y ya se habían ido de la Tendencia porque disentían con la lucha armada, Gisele los iba a visitar todos los días a la casa de City Bell, donde vivían con Chiche Labolita y Gladis Dalessandro. Un domingo hubo una marcha organizada por la CGT, el día que lo echaron a López Rega. Néstor y Cristina no habían ido.
Ese domingo organizamos un asado en casa. Vinieron el Kuto Moreno, Hernán Fuentes, el hermano del actual senador Marcelo Fuentes, que ya se había recibido, Cachito Caballero, un neuquino, Carlos Negri, que había sido diputado por la JP. Todos estábamos en casa cuando llegó Gisele de la marcha. Yo me puse a revisarle unas carpetas y encontré un afiche de Evita Montonera. La llamé a los gritos. “¿En qué andás, vos?”, la increpaba yo. Nosotros éramos muy críticos, y no era ningún secreto. Néstor andaba a los gritos por los pasillos de la facultad. Nos oponíamos a lo que estaba claro que se venía. Que era la militarización de la política. Sólo podía tener sentido durante la proscripción, en dictadura, pero en democracia no. Con un gobierno electo, aunque no nos gustara, no. Y además nosotros, los de la Juventud, entrábamos a los barrios y la gente nos recibía porque éramos peronistas y ellos eran peronistas. Vos podías pelearte con Perón, pero ¿con el peronismo de la gente qué hacés? Eso no se quería discutir. Ese domingo con Gisele nos gritamos de todo, y yo terminé diciéndole “Te van a matar, tarada”. La agarramos con Néstor y la convencimos. Le salvamos la vida –afirma con la cabeza, los ojos se posan en el vacío–. Le salvamos la vida. Estoy segura. Le salvamos la vida.

Las candidaturas

Yo nunca quise ser candidata. Nunca. Ni para Presidenta ni para senadora ni para diputada provincial. Me tuvieron que convencer siempre. Ya éramos el Frente para la Victoria Santacruceña. Yo insistí en que le teníamos que agregar “santacruceña”, quería ser más específica. Aquella vez, yo me negaba a ser candidata a diputada por el Frente para la Victoria. “No, no, van a decir que soy la mujer del intendente”, repetía, y me los quería sacar de encima. Todos se acordaron de eso cuando poco tiempo después hubo una película de Isabel Sarli que se llamó La mujer del intendente, ¿a vos te parece? Cómo me gastaron...

Vivir bajo presión

Yo estoy acostumbrada a situaciones de extrema presión y a no perder la calma –dice precisamente en un tono muy bajo y controlado, soltando las palabras despacito–. Tengo muy alto el umbral de la presión psíquica, y muy bajo el umbral del dolor físico. Y ahora, con lo de Néstor, mucho más. El era más leche hervida.
Desde que él murió, es como si yo hubiera profundizado esa tolerancia a la presión. Están esperando que me salga de la vaina, pero no me salgo fácilmente. Ahora ya no tengo el contrabalanceo con Néstor, porque siempre cuando uno se sacaba, el otro contenía. Ahora tengo que hacerlo yo sola. Las cosas me afectan menos, todo se relativiza, se adquiere otra dimensión.

El FMI y las reservas

Cristina pone especial énfasis en el gobierno de Néstor y en lo que fue clave para determinar las propias políticas económicas: el desendeudamiento y la cancelación de la deuda, el reposicionamiento frente al FMI.
En el hotel, durante la entrevista, saco el tema. Aquélla fue una carta guardada durante la campaña, el as que el candidato medio desconocido trajo del sur bosquejado en su famoso cuaderno Arte tamaño oficio.
Pero eso obedeció, más que a una decisión de gobierno, a una opción de vida –dice Cristina–. El odiaba tener deudas. Siempre administró su vida privada sin deudas. Desde que nos casamos tuvimos ahorros. Eso le vino de su cultura de inmigrante: tener algo y no deberlo era un valor. No es que Néstor vino con una teoría económica, no planteó el desendeudamiento leyendo economía. Para él lo lógico en lo privado era lógico en lo público. Estaba en su ADN. Obviamente consideraba a la deuda externa como el mayor condicionante histórico, y el pago al FMI... Eso le rondaba, le rondaba. Cuando Lula le contó que tenía la misma idea y que lo iba a hacer, dijo “es ahora”. Fue casi al unísono con Brasil. El llegó a la presidencia con la idea de ahorrar reservas. Es lo que hizo toda la vida, juntar plata para tener seguridad y no necesitar pedirle a nadie. Me acuerdo que una vez, en mi campaña para senadora por la provincia de Buenos Aires, estábamos en Ezeiza y se puso a charlar con Alfredo Coto. Y le dijo: “La Argentina para crecer necesita tener 50.000 millones de dólares de reserva”. En aquel momento todavía sonaba exagerado. Era el 2005, teníamos 20.000. Pero ése era el rumbo, y eso se logró.

La 125, “Clarín” y Alberto Fernández

A mí en el 2008 me quisieron destituir. Sí. No tengo ninguna duda. No habían querido que fuera yo la candidata. Fundamentalmente el Grupo Clarín. Magnetto lo había ido a ver a Néstor a Olivos y le había dicho que no me querían como candidata. Se lo decían a todo el mundo. El otro día me vengo a enterar... Preguntale a Florencio Randazzo, pedile que te cuente cómo era, cuando él estaba convencido de que iba a ser yo la candidata, Felipe Solá le decía “no, eso se cae, mirá que yo hablo con Alberto Fernández y me dice que eso se cae”. Y Randazzo le decía “pero mirá que yo hablo con Néstor y es la candidata”, y el otro le insistía que no, que yo no era. El Grupo estaba ejerciendo mucha presión, eso yo lo sabía. Lo que no sabía era que el vocero del Grupo, hacia adentro, era nuestro jefe de Gabinete.
En el 2008, la 125 pasó de ser una decisión política aislada a ser el eje de discusión de todo el modelo económico y social. Por eso digo que fuimos obligados a la pelea. La situación nos obligó a pelear para defender el Gobierno. Vos prendías la televisión ese año y escuchabas las cosas que decían de mí y de Kirchner, y nunca se las habían dicho a nadie. A nadie. Nunca. Yo puedo hacer discursos con contenidos fuertes, pero son conceptos. Me devolvían agravios personales, uno atrás del otro. (...)
Cuando vi la embestida, la verdad, no dudé. Se dio naturalmente. No pensamos nunca en retroceder ni en negociar ni en hacer un gobierno débil. Me refiero a lo que me vengo refiriendo desde que empezamos a hablar. A las convicciones. A lo que me parecía lo mejor para el país. Yo me planté y bueno, dije, si me echan, que sea por lo que pienso y hago, no por lo que no me animo a hacer. No me iban a echar por débil. No quise ser como Alfonsín, que se terminó yendo después de haber hecho lo que no quería. Eso sí que no. Ni por estúpida, porque me estaban subestimando. Yo ya había empezado las reuniones con la Coalición por una Radiodifusión Democrática, el colectivo que durante años elaboró los 21 puntos originales del proyecto de la ley de medios. Quería interiorizarme. Alberto Fernández me preguntaba: “¿Qué vas a hacer con eso?”. “Nada”, le decía yo. “Me interesa.” “Mirá que a Clarín eso no le interesa”, me decía, y yo le contestaba: “No lo hago por si le interesa o no le interesa a Clarín.” Varias veces cruzamos ese diálogo. Era tenso. Terminé diciéndole:
“Y si al Grupo no le interesa, para qué te hacés problema vos”. Empezamos a trabajar más fuerte con la Coalición, pero creo que ellos tampoco creían que lo íbamos a llevar adelante. Nadie creía que nos íbamos a animar. Seamos sinceros. Nadie.

Fútbol para Todos

Tampoco creían en el Fútbol para Todos. En realidad, si uno lo mira en perspectiva, en términos de cambio y transformación de las costumbres, eso fue muy fuerte. En este país había chicos de veinte años que nunca en su perra vida habían podido ver el partido en sus casas. Tenían que ir al bar de la estación de servicio a ver el partido. El que no tenía cable tenía que salir de su casa para ver el fútbol, porque mirá, se habla de pan y circo, pero a la gente pobre ni el circo le habían dejado. El que no tenía cable no veía el partido o no veía los goles. Estaba naturalizado. El Fútbol para Todos implicó una democratización muy visible, literalmente. Porque le cambió la vida a mucha gente. Hoy el fútbol se ve en familia. Fue más fuerte incluso de lo que pude prever cuando los directivos de la AFA vieron que estábamos dispuestos a tomar decisiones que nadie había tomado hasta entonces. Alguien a quien prefiero no nombrar, para no incendiarlo, vino y me dijo: “Te puedo hacer el contacto”. “Hacelo”, le dije. A los dos días nos reunimos con Grondona y otros directivos en Olivos, a las diez de la noche, y cuando estábamos hablando yo encaré a Grondona y le pregunté: “Qué pasa si alguien le ofrece más plata que el gobierno. ¿Usted acepta?” Y él me contestó: “No, señora, yo voy a arreglar con usted. No dude de mi palabra”. Decidí confiar.

La estatización de las AFJP

Otra medida definitoria fue recuperar los recursos de los trabajadores. Eso parecía imposible, y creo que si lo hicimos fue por el envión del 2008, cuando el mundo se vino abajo. Por eso yo lo valoro tanto a Amado Boudou. Porque fue él el que vino a traerme esa idea. Era un feriado. Me llama Massa, que era el jefe de Gabinete. Massa tiene una cosa... Cuando algo lo supera, cuando se pone nervioso, se ríe sin parar, pero casi histéricamente, pobre, no puede parar de reírse. Ese día me llamó muerto de risa, me decía que estaba con Amado, que Amado se había vuelto loco y que querían comentarme una idea. Bueno, le dije, vengan. Fuimos a la Jefatura de Gabinete. Sí, era feriado. Porque llegaron de sport. Llegan los dos. Amado me dice, mientras Massa se sigue riendo: “Presidenta, el mundo no va a volver a ser lo que fue. Tenemos que ir por las AFJP”. Le pregunté cómo sería. Y empezó a desplegar hojas y hojas, a explicarme. Massa, muerto de risa. Le dije a Amado: “Me gusta, pero llamemos a Kirchner a ver qué opina”. Y ahí mismo lo llamamos y le pedimos que fuera a la Jefatura. Estábamos sentados en mi escritorio. Néstor vino y se paró detrás, en el medio, y Amado volvió a desplegar las hojas y a explicar el proyecto. En ese momento el Estado estaba pagando el 60 por ciento para que las AFJP cumplieran con el pago de las jubilaciones mínimas. Nunca me voy a olvidar ese momento. Néstor escuchó todo en silencio, y cuando Amado terminó de hablar, no dijo nada. Primero le extendió la mano, y mientras se la estrechaba le dijo: “Estoy totalmente de acuerdo”. Para nosotros fue una noche muy importante. Néstor ya lo había pensado, incluso creo que llegó a analizar la recuperación de los fondos previsionales con Lavagna. Pero no se animó. En dos años hemos duplicado los fondos que ellos juntaron en doce. Era un negocio impresionante. Muchas de las cosas que hicimos ya las habían pensado otros, pero no se animaron. Pasó con la Asignación Universal, con la regulación de las prepagas, con Aerolíneas, con el Matrimonio Igualitario, con tantas cosas. Con cada una nos fueron diciendo oportunistas. Pero son nuestras ideas de siempre. Dijeron que éramos oportunistas con el matrimonio igualitario, por ejemplo, y ahora por suerte apareció esa vieja nota que le hizo Juan Castro a Néstor cuando era gobernador, y él se pronuncia a favor de la adopción de chicos por parte de parejas homosexuales. En todo caso, lo que aprovechamos es la oportunidad del poder, la usamos. Lo dijo él en su discurso inaugural, pero yo lo escribí y lo sentí siempre. Uno no llega hasta acá para dejar las convicciones en la puerta.

La muerte de Néstor

El murió conmigo acá, en la cama –dice, sin que yo le haya preguntado nada al respecto, sin animarme a hacerlo–. El no murió en el hospital. Lo averigüé con el tiempo, atando cabos. Primero no entendí, por cómo se dieron las cosas, por los intentos que hicieron para reanimarlo. Pero después me puse a reconstruir todo, y lo llamé al médico para preguntarle. Y fue así, lo que pasaba era que el médico que estaba acá no se animaba a decírmelo. También fue porque nadie podía aceptar que estaba muerto. Yo no podía. Todo lo que hicimos esa mañana fue desesperado –dice, repiqueteando las uñas largas y nacaradas en el brazo de madera del sillón, después de haber apurado la palabra “muerte”. Pero con una levísima negación de cabeza, el repiqueteo de las uñas, se da coraje, y sigue, ya repuesta.
Me queda el consuelo de que haya sido acá. No hubiera soportado que muriera en Olivos. El odiaba Olivos. No veía la hora de volver acá. Amaba este lugar. Esto se lo di yo. Lo descubrí y se lo di. Lo hice yo y contra su voluntad. Fueron años de peleas. Me decía: “Dejate de gastar ahí” –se ríe–. Pero después le transmití el amor por este lugar, y no había nada que añorara más que estar acá y dormirse su siestita en el sillón antes de ver el partido.
Y después Cristina, cuando yo creía que, ya rearmada y con la angustia un poco disipada, se iría alejando del tema, se sumergió sola y directamente en la noche del 26 de octubre. Esa noche se pelearon y se rieron como siempre, como en sus mejores noches, y hasta se besaron delante de sus sobrinos, algo que, aunque no lo dice, ella asocia con lo premonitorio.
Ese último fin de semana fue especialmente cálido, tranquilo. Nosotros no éramos de hacernos demostraciones de afecto en público, delante de la gente. Fijate que yo no me di cuenta. Patricio, el marido de mi sobrina Natalia, fue el que me lo dijo. “Vos lo besaste”, me dijo, y me acordé. Habíamos cenado con ellos dos, con Patricio y Natalia. Salió publicado que habíamos cenado con Lázaro Báez. Nunca en mi vida cené con Lázaro. Esa noche yo estaba escribiendo un tweet para el día siguiente, que era el del Censo. A Néstor le reventaba el Twitter. Me decía: “¿Otra vez con esa boludez?”. Y yo le contestaba: “Dejame de hinchar, si a mí me distrae. ¿Yo te digo algo de tus partidos de fútbol?”. Pero me ganó por cansancio y dejé el tweet para el día siguiente. Y ahí quedó. Esa noche vinieron mis sobrinos y habíamos mirado 6, 7, 8, estábamos allá, mirá –me dice y se para y camina unos pasos. Me acerco. Me señala en el otro extremo del living enorme un sillón de tres cuerpos, mullido, color habano–. Néstor estaba sentado en esa punta y yo en esta otra. Enfrente del sillón está el televisor. El hacía zapping. Y de pronto dejó un canal en el que estaba el gordo D’Elía. Le preguntaban quién le gustaba más como candidato, si Néstor o yo, y el gordo decía que no podía elegir, pero le insistían, y dijo: “Bueno, le voy a dar una respuesta de Néstor: él decía ‘en la facultad yo era un cuatro y Cristina era un diez’”. Nos reíamos los cuatro y Néstor dijo entre dientes: “Gordo traidor”. Me causó tanta gracia, tanta ternura... que me estiré hasta la punta donde estaba él, y le di un beso en la boca. Fue el último beso que le di. Después nos acostamos y pasó lo que pasó.

El legado

Néstor tenía sentido de trascendencia –dice Cristina–. Eso es lo que a mí me encantaba de él. Porque lo tenía, militaba. Porque lo tenía, siempre se tomó las cosas con esa pasión, sólo porque tenía ese sentido de trascendencia podía creer que veinte personas eran cinco mil. Y eso es lo que logró transmitir. Yo creo que los jóvenes que se han acercado a la militancia lo hacen porque hoy hay algo que trasciende a lo personal, a lo individual. Néstor estaría muy orgulloso de haber dejado como legado la noción trascendente de la política.

lunes, 25 de julio de 2011

Otra vez con la crispación (Eduardo Aliverti)


 Por Eduardo Aliverti
¿A qué tanto problema con el grado de irritación política que estaría viviéndose?
La ciudad facha. Los presuntos exabruptos de funcionarios, dirigentes y algún famoso. El escándalo por las (auto) críticas en una asamblea de Carta Abierta. Casi otro tanto frente al paso discursivo de la Presidenta por las cercanías de Rosario. Los hijos adoptivos de Ernestina. Las provocaciones. Los cruces en el acto de la AMIA. El debate sobre la pobreza del proselitismo kirchnerista porteño. Puede seguir, y hasta dejando de lado las patéticas bravatas de Biolcati y los ya graciosos anatemas de Carrió. Es una lista intensa, atractiva. Pero hay que medirle mejor los alcances porque, de lo contrario, puede dar idea de haberse ingresado en un campo minado, inédito y de consecuencias imprevisibles. En primer lugar, es una temperatura tan declarativa como típica de las etapas electorales: una obviedad que parecería no serlo, a estar por la sorpresa y críticas manifestadas. Lo caldeado del clima se da mucho más en los medios y en el juego de los protagonistas que a través del interés popular. Expresado con una ampulosidad que parece válida para hallar puntos de equilibrio, ¿anda medio mundo sin poder dormir por lo que escribió Fito Páez? ¿Las masas se precipitan angustiadas sobre YouTube para determinar la verdad de lo ocurrido en la Biblioteca Nacional? ¿Las alternativas del caso Noble Herrera representan un giro completo de la percepción social y el paisaje electoral? ¿Las denuncias de estratagemas apestosas son acaso insólitas, siendo que se está en campaña? Quizá sólo habría realmente una novedad respecto de esto último, si avanza la confirmación de cómo se las gastó el macrismo, desde una “encuesta” telefónica, para escaldar a Daniel Filmus. Primero, porque no se recuerda algo igual de repugnante que de falaz. Y después, porque cuesta creer que el amigo Durán Barba haya sido tan torpe. ¿O es al revés? ¿O es que la sensación de impunidad absoluta del gobierno porteño, entre otras cosas gracias a su malla de protección mediática, llegó al punto de permitirse descuidar lo burdo y judiciable de semejante maniobra? ¿O es que, aun así, confiaron en que a “la gente” le importaría tres pitos la denuncia, porque esa gente que los vota no tiene en cuenta aspectos morales?
Por lo demás y así como no es cuestión de negar lo impactante de ciertos disparadores, tampoco debe rechazarse su consideración. Nadie dice que los temas mencionados carezcan de interés. Sí, que debería enfocárselos de otra manera. Atendamos lo contradictorio de algunos análisis. Carta Abierta se prestó a un duro debate o marcaje internos, que quedan al margen del “recorte” hecho por la prensa ultraopositora. En efecto, lo dicho fue segmentado. Pero que se dijo lo que se dijo es irrebatible. Se punteó buena parte de lo que todo el arco político y politizado, empezando por el propio kirchnerismo, ya decía en plena campaña de la primera vuelta: que faltó garra, que falló la militancia o los objetivos en que debía concentrarse, que no hubo conducción unificada, que los medios y programas afines se pasaron de excitabilidad pro K. ¿Cuál es el drama? Visto desde los valiosos bríos intelectuales que se aglutinan en Carta Abierta, y aunque pueda discutirse si era el mejor momento para dejar los trapos al sol, ¿qué sentido tiene repudiar el tratamiento dado a la reunión por el adversario mediático, en vez de reivindicar que son un lugar que no renuncia al pensamiento crítico y que justamente es eso lo que los diferencia del discurso único de la vorágine contrera? Y visto desde ésta, ¿no era que el kirchnerismo es incapaz de señalarse errores, de enmendar tácticas y estrategias, de no someterse a dictados verticales? ¿Cuando lo hace solamente es el reflejo de que está en medio de un problema serio, y no de la capacidad de revisarse?
La Presidenta pasó por Santa Fe y apuntó a que la provincia, con su impresionante potencial productivo, crece menos que el resto. ¿Es correcto o no? ¿La única respuesta que se merece es decir que eso “no les hace bien a los santafesinos” o dejar que las cifras sigan de largo para ensimismarse con el significado de otra de las fantasmales apariciones del Menem blanco? Una víctima del atentado en la AMIA, desde el micrófono de la jornada aniversario, les pone nombre y apellido a quienes sindica como cómplices o co-responsables de la ausencia de justicia. ¿No es ésa la lógica requerida para intentar que “impunidad” no sea un concepto vacío? ¿La afectación a la memoria de muertos y vivos transita por si Sergio Burstein opera para el Gobierno, en reemplazo de refutar sus acusaciones? Notable: quienes retrucan espantados la alocución del familiar, adjudicándole tinte político, ensalzan la reacción indignada del rabino Bergman y reproducen el método que impugnan. Si el que objeta es acusable de favoritismo oficial, es un asqueroso que se extravió en una manifestación llamada al recogimiento. Pero si quien protesta es un diputado macrista electo que no se preocupó por desmentir su convocatoria a “enterrar” la causa AMIA; que participa de una fuerza con un detenido por encubrir el atentado, no es una acción política. No, es simplemente un asceta encrespado. Por favor, tengan algún gramo de seriedad. El mismo que debiera valer para no animarse a exigir que las Abuelas pidan perdón. ¿Once años embarrando la cancha y ahora deben disculparse los demandantes del procedimiento obvio, esquivado hasta concluir en un sospechoso cambio de timón de la noche a la mañana?
Lo antedicho testifica que son susceptibles de buena polémica los desafíos de la agenda mediática. Y al fin y al cabo, es de lo que debe preciarse un régimen democrático. Calentura, apasionamiento, desbordes, bajezas; incluso operaciones de prensa, para que después rezume. Veámoslo por la contraria. ¿Por cuál alternativa a eso construyen simbolismo los militantes de la anticrispación? Por la de callarse. Y no levantar olas que hieran su comodidad de clase, pecuniaria o mental. Y que no haya siquiera una décima de embate contra los poderes corporativos. Militan por la figuración de propender a una porfía que en verdad los jode. Con Menem estaban mejor. Con los milicos estaban mejor. Esta cosa desprolija pero provocativa que nació en 2003, o tal vez antes pero desarrollada desde entonces, los incomoda severamente. No la entienden, no la esperaban, no se la bancan. Y, lo peor, no aciertan a encontrarle la vuelta ni tienen la dirigencia política que lo haga. Un grupo comunicacional por aquí, una aristocracia agropecuaria por allá, unos espasmos tilingos más allá, una burguesía berreta más acá, casi siempre tuvieron a los gerentes indicados para hacer el laburo sucio de que la impotencia argentina se endilgara a “los políticos”. Hoy no. Están en dificultades. Y entonces saltan esos mandobles nada más que mediáticos, incapaces –por ahora, quede claro– de trasuntar en algo que los represente como otrora.
Bienvenida la crispación, mientras sea como producto de que por fin hay materias importantes en disputa y no como maquillaje.