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jueves, 11 de junio de 2015

Industria Cultural | Cultura Popular

INDUSTRIA CULTURAL | CULTURA POPULAR



Desde fecha relativamente reciente la expresión industria cultural tiende a sistematizar y describir, en la bibliografía de las ciencias sociales y la COMUNICACIÓN, a los sistemas de producción y distribución de bienes y servicios culturales elaborados en gran escala y destinados fundamentalmente a un mercado de características masivas. Entre esos bienes y servicios, cuya producción y difusión no persigue en todos los casos una exclusiva finalidad de lucro, aunque éste tenga un peso dominante en el conjunto del sistema, podemos mencionar los periódicos, las revistas, la fotografía, el cinematógrafo, los libros, la radiotelefonía, los discos y casetes, los videos, las reproducciones artísticas, las historietas, los recitales musicales, los espectáculos teatrales y coreográficos, la televisión, etcétera.
En líneas generales el complejo que denominamos industria cultural guarda estrecha relación con tres típicos factores configuradores del mundo moderno: el desarrollo de la tecnología, la creación de nuevos géneros y el proceso de alfabetización. En un amplio arco cronológico, se puede decir que este campo particular arranca con la invención de la imprenta de tipos móviles (Gutenberg, 1440-1456), y sigue su marcha acumulativa con la creación del periodismo de interés general (s. XVIII), la constitución del mercado de nuevos lectores desde mediados del siglo XIX, la irrupción gradual de los medios audiovisuales (Edison-Cros, 1877; Lumière, 1895) y el reciente advenimiento de las modernas tecnologías electrónicas, que abren o insinúan fronteras informacionales y comunicológicas de alcances socioculturales insospechables, a pesar de las muy severas reservas interpuestas por los críticos de los nuevos productos.
La industria se ha desarrollado, asimismo, bajo regímenes y formas de propiedad muy distintos entre sí, aunque sus modos de producción parecen responder casi exclusivamente a los afanes de ganancia, y pertenecer, por antonomasia, a la esfera de la iniciativa privada capitalista. La realidad, como dijimos, es que tanto los campos capitalista y socialista como las esferas pública y privada, o las formas mixtas o complementarias, han encarado en todo el mundo, de acuerdo con sus propias pautas y paradigmas, la producción, promoción y circulación de servicios y productos culturales como el libro, el cine, la prensa, la radio, la televisión, el disco, el casete, etc., atendiendo indistintamente a necesidades educacionales, recreativas, políticas, comerciales, etcétera.

La denominada Escuela de Frankfurt, por ejemplo, ha reflexionado con cierta sistematicidad e insistencia sobre la problemática de la industria cultural, ubicándose en los textos de representantes conspicuos como Theodore W. Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcase, etc. en una posición de sesgo irreductiblemente impugnador y apocalíptico. Adorno y Horkheimer se proponen desenmascarar principalmente la estandarización y la “vacuidad social” de la industria cultural y sus productos, y en tal sentido conviene recordad que sus tesis expresan el punto de vista de la crítica europea de tendencia hegeliana, que sospecha que en el campo de la cultura la mayor difusión de bienes está acompañada, de modo perverso, por un simétrico debilitamiento de sus patrimonios, circuitos y tradiciones seculares. Para ambos autores, dentro de las perspectivas de una reflexión general sobre el devenir de la cultura, la industria pauta históricamente; y de manera notoria, la declinación de los grandes patrimonios culturales de Occidente y su llana conversión en mercancía. La transformación del acto cultural en valor de cambio disolverá (para la perspectiva frankfurtiana) la autenticidad y la supuesta potencialidad crítica que podía residir (de modo casi ontológico) en el acto cultural. Esta conversión, a su vez, será el signo de una degradación que involucra a la totalidad de las acciones y los sentimientos humanos, y que las materializa (arraigando en zonas profundas de la subjetividad) en términos de mercancía y valor de cambio.

La conservación y reproducción de la sociedad, desde la óptica de la Escuela de Frankfurt y sus epígonos, se relaciona con la doble universalización de la producción infantil y de la ideología correspondiente, transformadas en causa principal de los comportamientos individuales y sociales.
¿En qué consistiría, pues, la objeción central de los críticos frankfurtianos? En que producidos, distribuidos y consumidos como puras mercancías, los bienes culturales se transforman en promotores de conformismo, identificación pasiva, estandarización, degradación, pérdida de goce y mera reproducción del sistema en su más cruda versión de dominio capitalista-burgués.
Más allá de ciertas imperfecciones, el periodismo, el cine, la radio, las ediciones de bolsillo y la televisión, para esta perspectiva, habrían producido en algo más de un siglo un auténtico proceso de democratización del conocimiento y del disfrute como no se conoció en los siglos anteriores.



INDUSTRIALIZACIÓN. Puede definirse como el proceso por el cual el régimen de producción de un país llega a basarse de modo preponderante en la industria, que desplaza a la producción artesanal, extendiendo sus efectos transformadores a la agricultura. Este proceso de desarrollo económico modifica la estructura de clases y el ordenamiento político de la sociedad en cuestión.
Inglaterra es el primer país en que tuvo lugar este proceso, por lo que REVOLUCIÓN INDUSTRIAL constituye una referencia obligada toda vez que se habla de industrialización y, consiguientemente, de desarrollo del CAPITALISMO, modo de producción al que, en términos históricos, va indisolublemente ligada.
Marx analizó exhaustivamente el proceso de industrialización, diferenciando en su desarrollo las siguientes etapas:

Cooperación: Es la forma de trabajo de muchos obreros coordinados y reunidos con arreglo a un plan en el mismo proceso de producción o en procesos de producción distintos, pero enlazados. La escala de la producción depende del grado de concentración de medios de producción en manos de cada capitalista.
En su forma simple, la cooperación coincide con la producción en gran escala que tiene lugar en los orígenes de la manufactura, cuando ésta aún no se ha impuesto sobre el artesanado.

Manufactura: La cooperación basada en la DIVISIÓN DEL TRABAJO asume su forma clásica en la manufactura. Tanto para Marx como para quiénes estudiaban estos temas en su época, el término manufactura tenía un sentido distinto del actual, en que es sinónimo de industria. Para Marx se refería a una etapa primitiva de la industrialización, que se extiende desde mediados del s. XVI hasta el último tercio del s. XVIII. La división manufacturera del trabajo supone la concentración de los medios de producción en manos de un capitalista. Por otra parte, es la descomposición de un oficio manual en las diversas operaciones manuales que lo integran, operaciones que conservan su carácter manual, dependiendo de la fuerza, destreza, rapidez y seguridad del obrero individual en el manejo de su herramienta.
La expansión del mercado mundial y el sistema colonial suministraron al período manufacturero abundante material para el régimen de división del trabajo dentro de la sociedad, que se opera por medio de la compra y venta de los productos de las diversas ramas industriales. De este modo, la máquina pone fin a la actividad manual artesana como principio normativo de la producción

Maquinaria y gran industria. La Revolución Industrial del s. XVIII arranca de la “máquina-herramienta”, que podría definirse como el conjunto de herramientas mecánicas engranadas en un mecanismo. Esta máquina sustituye al obrero que maneja una sola herramienta por un mecanismo que opera con un conjunto de herramientas movidas por una fuerza motriz.



CULTURA POPULAR.

La cultura popular ha ido gestando su propio espacio significativo por oposición al folclore o saber tradicional rural, de modo que logró insertarse como la tercera variante entre el FOLCLORE y la cultura cultivada, alta cultura o cultura letrada. A tal punto que, en la consciencia del hombre actual, aspectos de ellas se superponen, a la vez que asimilan o reelaboran elementos de la avasallante cultura de masas. Esa cultura popular urbana tiene su propia historia, que arranca de principios del s. XVIII en Inglaterra, del crecimiento de las grandes metrópolis modernas y de la llamada industria cultural. No debe confundirse, sin embargo, con la mencionada cultura de masas, cuyos objetivos homogeneizadores responden a los grandes centros de poder mundial, aunque se nutra a su manera de ella, internalizando pasivamente sus pautas o resemantizando sus mensajes en provecho propio.
Todo lo anterior supone que la CULTURA no es un bloque compacto sino, en todo caso, la articulación dinámica de diversas SUBCULTURAS. Por eso también puede definirse la cultura popular como distinto de los grupos o clases sociales subalternas marginadas en diferentes formas de los bienes de producción. Es claro que, a partir de ahí, unos la igualan con lo desagrado de la cultura superior, en tanto otros la caracterizan sobre todo por su resistencia respecto de las imposiciones (por ejemplo, la estricta delimitación de lo legítimo y lo vulgar) dictadas por las minorías dirigentes.
Para pensar la dinámica cultural, pues, algunos intelectuales recurrieron a las dicotomías genuino-espurio, convalidando el carácter de la primera; u oficial/marginal, buscando disimular la misma jerarquización; o asimiladora-reactiva, enfatizando las aspiraciones neutralizadoras de los dueños del poder frente a quienes no se resignan a declinar su identidad. Con el recurso de doble entrada y múltiple combinatoria, el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla traza el siguiente cuadro de “la dinámica del control cultural”:

Elementos                                 Decisiones
                   Culturales              Propias                                Ajenas

                       Propios                  CULTURA                        CULTURA
                                                    AUTÓNOMA                    ENAJENADA

                      Ajenos                   CULTURA                        CULTURA
                                                   APROPIADA                     IMPUESTA


En otros términos, la cultura propia (suma de la cultura autónoma y de la apropiada), en tanto impide la deculturación, asegura, sobre todo en las regiones menos favorecidas del mundo como es el caso de América latina, “la continuidad histórica de una sociedad (un pueblo, una comunidad)” a despecho de sus conquistadores o expoliadores. Más recientemente, el marxista francés Louis Althusser (“Ideólogie et appareils idéologiques d´Etat”, en La Pensée, núm. 51, junio de 1970) reforzó la noción de que la burguesía ejerce su dominación manipuladora a través de lo que llamó “aparatos ideológicos del Estado” (en especial, la escuela y los medios masivos).



CULTURA Y CIVILIZACIÓN. La mayor parte de los países de la actualidad son pluriétnicos y pluriculturales. En ellos, la cultura nacional (recordad que nación es un concepto cultural que implica comparición) no puede significar otra cosa que el ámbito de confluencia de las culturas y subculturas vigentes. En los países dependientes, la cultura oficial y la cultura de masas se convierten en cultura envolvente, y la CULTURA POPULAR (mestiza para América Latina y el Caribe) se constituye en el basamento de toda cultura nacional posible. Por identidad cultural se entiende la disponibilidad de un patrimonio cultural exclusivo o propio, junto a patrimonios culturales compartidos. La denominada cultura universal no existe, habiendo sido hasta ahora tan sólo planetarización de la civilización occidental.
El término cultura parece originarse en la expresión latina colere que, haciendo referencia inicial a la recolección, se aplicó luego a la acción del preparado de la tierra para su cultivación: cultus agri, en tanto cultudeorum se aplicó a los dioses.

Fuentes:

  • D. Bell et al., Industria Cultural y sociedad de masas, Caracas, Monte Ávila, 1974.
  • D. W. Brogan, “Cultura superior y cultura de masas”, en Diógenes, núm. 5, Buenos Aires, marzo de 1954. – M. Horkheimer y Th. W. Adorno, “La industria cultural: iluminismo como mistificación de masas”, en Dialéctica del iluminismo, Buenos Aires, Sur, 1970. – J. Martín Barbero, “Memoria narrativa e industria cultural”, en rev. Comunicación y cultura”, en rev. Comunicación y cultura, NÚM. 10, México, agosto de 1983. – J. Rest, “Situación del arte en la era tecnológica”, en Revista de la Universidad de Buenos Aires, 5ª. época, VI, 2, Buenos Aires, 1961.

[Jorge B. Rivera]

DICCIONARIO de CIENCIAS SOCIALES Y POLÍTICAS
Supervisión de TORCUATO S. DI TELLA
Hugo Chumbita
Paz Gajardo
Susana Gamba

martes, 9 de junio de 2015

Guerras Mediáticas: Las Grandes Batallas periodísticas desde la Revolución de Mayo hasta la actualidad


Por Fernando J. Ruiz

AHORA, EL PERIODISMO DE SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

Después de un doble tropiezo provocado por una gran crisis bancaria en 1981 y una guerra perdida en 1982, la dictadura militar entró en su etapa descendente. Frente al cambio de fase, los grandes medios modificaron su doctrina: pasaron del periodismo de seguridad nacional al de seguridad democrática. Éste fue el tipo de periodismo que acompañó la transición desde la asunción del presidente Raúl Alfonsín. Había inmensa libertad, pero también mucha prudencia por parte de los editores de los principales medios para no complicar demasiado al gobierno en momentos en que el frente económico y el frente militar ofrecían dificultades severas. Los canales de televisión fueron distribuidos entre los distintos sectores radicales. Había que proteger a un gobierno que estaba conduciendo la delicada restauración de la democracia.
En algún momento, el presidente Alfonsín amagó con iniciar un enfrentamiento con el diario Clarín, en un discurso el 13 de febrero de 1987; "Les pido que lean Clarín, que se especializa en titular de manera definida, como si realmente quisiera hacerle caer la fe y la esperanza al pueblo argentino. [...] Sabemos que es un opositor acérrimo y no nos interesa. Sabemos también que este tipo de artículo es el que aparece cotidianamente en el diario".
Cuando en 1989 el peronismo llegó al poder con Carlos Saúl Menem, durante los primeros meses hubo cierta protección del periodismo de seguridad democrática, pero Menem logró despejar las amenazas, tanto económicas como militares, a la continuidad institucional. Con la represión definitiva de los alzamientos militares y el lanzamiento del plan de convertibilidad que anuló la inflación, se diluyó el riesgo para la democracia. Con Menem floreció la televisión. Su ley de medios consistió en la anulación de los vetos a la conformación de multimedios y la privatización de los canales.
Sobre el fin de la década, los serios problemas económicos que enfrentó el gobierno de Fernando de la Rúa hicieron que volviera cierta moderación en la crítica por parte de los principales medios, para intentar lo que sería un "periodismo de seguridad económica". Los grandes medios trataban de contribuir con la moderación de las expectativas económicas más explosivas.
Duhalde gozó de una gran prensa colaboracionista, afín a la idea de un periodismo de seguridad democrática, que no quería generar dificultades adicionales a un gobierno que intentaba evitar el caos social, y además muchos de los medios tenían serios problemas económicos, por lo que necesitaban una buena relación con las autoridades.
Cuando asumió Néstor Kirchner, en mayo de 2003, con una legitimidad débil surgida de menos del 23% de los votos, y apoyos políticos condicionantes, se mantuvo el periodismo de seguridad democrática por tres razones: el fracaso de Kirchner pondría en riesgo la continuidad democrática, los medios estaban también débiles y dependientes de decisiones oficiales y había una afinidad ideológica de centroizquierda entre la mayoría de los periodistas y Kirchner.
En la medida en que Kirchner fue construyendo su poder desde casi la nada, los medios se fueron alejando de su sombra y se acercaron a la acera de enfrente. De a poco comenzó a volver el periodismo de cuarto poder.

LA PRIMERA GUERRA DEL SIGLO XXI

El 8 de marzo de 2008 finalizó la segunda edición de la exitosa feria del campo Expoagro, en la que más de doscientas mil personas asistieron al evento organizado en forma conjunta por los diarios Clarín y La Nación, después de competir duramente varios años. Si antes La Nación organizaba Expochacra y Clarín hacía Feriagro, desde 2007 acordaron organizar juntos Expoagro.
Tres días después de esa fiesta productiva, el 11 de marzo de 2008, el gobierno anunció un sustancial aumento de la carga impositiva al sector rural.
Casi naturalmente, la mayoría de los medios comenzaron a acompañar una creciente y desbordante protesta, en la cual coincidieron todas las organizaciones históricas de los productores rurales del país. Apenas comenzaron los cortes y los paros, Todo Noticias, del Grupo Clarín, y otros canales de noticias estuvieron allí, y no pareció haber ningún intento de suavizar la cobertura.
El gobierno optó entonces por la ruptura estratégica con el Grupo Clarín, ante la amplia difusión que éste le daba al bloque social y productivo que había decidido rebelarse. Fue una guerra de represalia por haber visibilizado, y por lo tanto amplificado, los piquetes rurales.
En marzo de 2008, a instancias del periodista Horacio Verbitsky y otros intelectuales cercanos, se creó el grupo intelectual Carta Abierta en apoyo al gobierno.
En la blogosfera se activó el debate, también con mayor intervención oficial. Desde entonces varios de los más destacados blogueros K comenzaron a ocupar espacios como columnistas, panelistas o directivos de los medios tradicionales vinculados al oficialismo.


  • En abril de 2008 el grupo Vignatti, cercano al gobierno, compró Ámbito Financiero, que comenzó su alineamiento oficialista. Ámbito nunca fue un diario de tiradas grandes pero sí de influencia en la economía.
  • El 21 de julio de 2008 salió el diario gratuito El Argentino, a cargo del empresario Sergio Szpolski.
  • En diciembre de 2008, la empresa cordobesa Electroingeniería, cercana al oficialismo, compró Radio Del Plata, donde desplazaron al periodista crítico Nelson Castro, y luego LV” y el diario La Mañana de Córdoba.
  • En febrero de 2009 el empresario oficialista Sergio Szpolski compró Radio América y FM Aspen.
  • El 9 de marzo de 2009 (al año del comienzo de la crisis con el campo) comenzó 6,7,8 en la TV Pública. Fue el mismo día en que Néstor Kirchner dijo su famosa frase “¿Qué te pasa, Clarín?”.
    • En marzo de 2010 comenzaron en Canal 9 programas afines como Duro de Domar y Bajada de Línea, conducido por Víctor Hugo Morales
    • En abril de 2010 salió el canal de noticias oficialista CN23 de Szpolski
    • El 16 de mayo de 2010 apareció el diario Tiempo Argentino, también de Szpolski.
    • En 2011, empresario vinculados a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), cercanos al kirchnerismo, que habían comprado el diario Crónica en 2005, compraron también el canal de noticias de ese nombre.
    • En 2012 otro empresario kirchnerista, Cristóbal López, compró el canal C5N y Radio 10, y también comenzó el cambio político. Por ejemplo, el periodista crítico del gobierno Marcelo Longobardi perdió su programa, a pesar de ser el de mayor audiencia en la mañana en su horario.
    • En noviembre de 2013, el empresario Cristóbal López compró la productora Ideas del Sur, de Marcelo Tinelli, el principal conductor televisivo del país desde hacía una década y posiblemente el arma más destructiva que un bloque político podría sufrir si llegase a tenerlo en su contra.

    La primera y fundamental acción hostil fue la definición del Grupo Clarín como el enemigo número uno del gobierno de Cristina Kirchner. Toda la propaganda paraoficial de los grupos afines ratificó esa centralidad condenatoria, desde los académicos de Carta Abierta hasta los grupos piqueteros. El grupo mediático pasó de ser el apoyo de los enemigos del gobierno a ser el principal enemigo.
    A partir de allí, la sucesión de golpes al Grupo Clarín fue frenética:

    • En septiembre de 2008 se desautorizó la fusión entre Cablevisión y Multicanal.
    • En marzo de 2009 se presentó el anteproyecto de Ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación.
    • En agosto de 2009 se rompió el contrato de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) con Clarín y el Estado asumió la transmisión del fútbol argentino.
    • En septiembre de 2009 más de un centenar de inspectores de la agencia impositiva llegaron a la sede del Grupo Clarín.
    • En septiembre de 2009 más de un centenar de inspectores de la agencia impositiva llegaron a la sede del Grupo Clarín.
    • En octubre de 2009 se aprobó la Ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación.
    • A fines de 2009 se profundizó la campaña en los medios oficiales denunciando a Ernestina Herrera de Noble como apropiadora de hijos de desaparecidos, lo que incluso fue sugerido en cadena nacional por la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.
    • En agosto de 2010, el gobierno afirmó que la empresa de servicios de Internet de Clarín, Fibertel, iba a perder su licencia para funcionar.
    • Dos días después, la presidenta Fernández de Kirchner presentó un informe condenatorio del rol de Clarín y La Nación en la compra de Papel Prensa durante la última dictadura militar, impulsando la demanda de que sus directivos deberían ser juzgados por delitos de lesa humanidad.
    • En diciembre de 2011 se aprobó la ley regulatoria del mercado de Papel Prensa, a partir de la cual creció el control de los funcionarios públicos sobre un insumo clave. También sirve para que cada diario que pide papel a esa empresa deba dar a los funcionarios una información muy detallada de su organización interna. Si la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual puede servir para mantener en vilo a los canales y a las radios, esta ley sirve para lo mismo en la industria de los diarios de papel.
Es evidente que el diálogo que mantenían los directivos de Clarín y del gobierno ya estaba en crisis antes del conflicto con el campo. De acuerdo con la repetida versión oficial, la ambición desmedida del Grupo Clarín por pedir negocio tras negocio haciendo valer su influencia mediática había colmado la paciencia de Néstor y Cristina Kirchner. Hasta ahora no hay explicaciones definitivas de por qué en marzo de 2008 el matrimonio gobernante resolvió la ruptura estratégica con el Grupo Clarín. Pero al igual que ocurrió cuando Perón y Evita hicieron su ruptura estratégica contra el diario La Prensa, fue en medio de un conflicto abierto en otro terreno, pero que era potenciado por los medios de comunicación críticos. En el caso de Perón y Evita fue la huelga ferroviaria de 1950, y en el de Cristina y Néstor fue el conflicto con las organizaciones y productores del campo. En los dos casos, el conflicto era estratégico: los ferroviarios era un sector clave de la clase obrera peronista y el campo era el sector social que motorizaba la economía nacional. Tanto La Prensa en 1951 como el multimedios Clarín en 2008 amplificaban una rebelión peligrosa que podía dañar seriamente la autoridad gubernamental.
Es obvio que el conflicto agropecuario no fue el comienzo de esta guerra. Entre gran parte del periodismo y el gobierno ya había una guerra de baja intensidad desde la misma llegada de Kirchner en mayo de 2003. Hubo poca tolerancia con los periodistas críticos. Fueron rápidamente desplazados por presiones oficiales Jorge Lanata, desde su programa de Canal 2, Pepe Eliaschev de Radio Nacional, Alfredo Leuco y Marcelo Longobardi también fueron desplazados de Canal 2, y al propio Víctor Hugo Morales le levantaron el programa Desayuno en la TV Pública, en julio de 2006.
En esa etapa de guerra de baja intensidad existía una hostilidad conceptual por parte del oficialismo contra el periodismo y, a la vez, una simpatía forzada con aquellos empresarios periodísticos con los que se podía (concediéndoles primicias, fondos o negocios públicos) influir mucho sobre los contenidos de sus medios.
De acuerdo al monitoreo sobre la agenda de los diarios de Buenos Aires realizado por el sitio Diario sobre diarios, el itinerario político de la edición fue el siguiente: durante el primer año de gobierno de Kirchner hubo “oficialitis”, en marzo de 2004 comenzó cierta tensión en la agenda entre el gobierno y los diarios, a partir de 2006 Clarín empezó a sumarse a las posiciones más críticas de La Nación y en 2007 comenzaron a “descubrirse” casos de corrupción antes minimizados o ignorados.
Esa tendencia de mayor libertad de agenda para los periodistas de investigación en la mayoría de los diarios era la que estaba en alza cuando se encendió la protesta rural en marzo de 2008. Un año antes, el 8 de julio de 2007, Clarín había publicado una investigación sobre la Secretaría de Medio Ambiente que provocó la furia de Alberto Fernández, el administrador de la relación con los periodistas y directivos de Clarín y el resto de los medios. Ese mismo mes, como amenaza, el propio Fernández asumió como director en representación del Estado en la empresa Papel Prensa.
Desde entonces la agenda periodística sólo acentuó sus críticas hacia el gobierno, mientras que Página/12 se convirtió en un defensor oficial. Era, como dijo Diario sobre diarios, “la partidización de los diarios”.
En algunos periodistas y directivos comenzó a prevalecer una mentalidad de “ellos o nosotros” que ayudó a subvertir los avances profesionales que se habían hecho en los últimos años. Si bien en los principales medios de Buenos Aires trabajan varios de los mejores periodistas del país, la partidización se convirtió en un corralito para muchos de ellos.

LOS ORÍGENES INTELECTUALES DE LA GUERRA

Desde que el periodismo se convirtió en una industria, a fines del siglo XIX, comenzó a crecer una tradición crítica de los medios que llega hasta hoy. Por ser una empresa que es también un actor político y un actor profesional, el periodismo comercial sufre tensiones internas poderosas que condicionan su trabajo público.
De acuerdo con esa tradición crítica, el periodismo sucumbe sin remedio frente a los intereses políticos y económicos de los dueños de los medios y la lógica capitalista. Por eso todo ese revestimiento de bien público, de servicio pluralista, de equidistancia para contar las noticias que tiene el discurso institucional del periodismo sería sólo una máscara que disfraza sus intereses verdaderos.
En la amalgama de esta tradición crítica, los principales elementos son los siguientes:

  • Los medios no son neutrales, como a veces dicen ser, no son testigos sino protagonistas, y por eso suelen esconder la agenda real que representan. El rótulo de “Periodismo independiente” es un velo con el que se oculta una dependencia a una ideología o a un actor político o económico definido.
  • Los medios son sobre todo la voz de los dueños y sus intereses.
  • Los medios son un poder mucho más relevante del que dicen ser, porque son herramientas del poder económico y otros poderes permanentes.
  • La forma de ejercer su poder es volcando su influencia en la construcción y masificación de relatos críticos que funcionan como marcos de interpretación para gran parte de sus audiencias.
  • Ese poder mediático erosiona los poderes democráticos, degrada la política y les saca fuerza transformadora a los gobiernos.
  • El rol del Estado es liberar la libertad de expresión de su secuestro por parte de los medios.

En un estudio de líderes de opinión, realizado por la consultora Poliarquía y difundido en octubre de 2008, los “periodistas” aparecen en el tercer lugar de la “influencia en el diseño e implementación de políticas públicas”, después de “sindicalistas” y “funcionarios públicos”, y tres puestos antes que los “legisladores”. En los estudios sobre el poder que se realizaban en los años sesenta del siglo pasado, los periodistas y los medios no aparecían.
El estudio llega a afirmar que “los tres riesgos principales que podrían amenazar el buen funcionamiento del orden democrático” son las distintas formas de poder económico, “la amenaza del narcotráfico” y “los medios de comunicación”.

REVOLUCIÓN EN LA PROFESIÓN

No hay guerras mediáticas sin periodistas militantes. Tiene que haber soldados que realicen los disparos, que usen las bayonetas, que manejen los tanques y que arrojen las bombas, tanto en el ataque al enemigo como en la defensa de sus posiciones. Se necesitan soldados de todo tipo: redactores, financistas, audiovisuales, investigadores, gráficos, predicadores, humoristas y organizadores de la logística mediática.
En el siglo XIX se podían contratar plumas para la guerra, como hizo Rivadavia trayendo desde París al napolitano Pedro de Angelis, o Juan Bautista Alberdi sobornando a periodistas en España y Francia para que escribieran a favor del gobierno del general Urquiza a cambio de tierras en la pampa argentina, como lo había hecho Juan Manuel de Rosas y lo haría después Julio Argentino Roca. La agencia de noticias francesa Havas, que dominaba América Latina en el cartel mundial de las agencias, hacía acuerdos económicos con los gobiernos de la región para difundir una buena imagen.
Hay un punto en el que la metáfora de la guerra se convierte en una excusa para hacer la guerra. Cuando la crítica periodística es contada como “un fusilamiento mediático”, un diario es un portaaviones, una ley mediática es la madre de todas las batallas, el dueño de un medio es un general mediático, una web es una guerrilla, y un periodista un soldado, puede pasar que se vaya disolviendo el sentido metafórico y se crea realmente que se trata de una guerra, y por lo tanto se actúe como tal. Las metáforas son tramposas y vienen cargadas. A veces aclaran pero su uso abusivo oscurece.
¿Qué es lo que hace que un periodista se convierta en un combatiente? A lo largo de la historia las razones fueron las siguientes:

  • El periodista considera que el país está viviendo un momento histórico, único, donde se están jugando demasiadas cosas, y las reglas de la profesión periodística son de menor jerarquía frente a la dimensión histórica de las necesidades políticas urgentes. El país se está jugando su destino.
  • El periodista oficialista elimina la identificación entre gobierno y poder, e interpreta que el gobierno en realidad es el contrapoder que está enfrentando a los grupos fácticos dominantes, más poderosos y permanentes, y por lo tanto  al ayudar al gobierno como periodista sigue siendo un disidente contra los grandes poderes. El gobierno es David y los poderes fácticos son Goliat. Por su parte, el periodista opositor siente que la prensa oficialista tiene todo el poder estatal detrás, por lo que se considera el David de esta historia, y está poco predispuesto a darle los derechos mediáticos al gobierno.
  • El periodista está inserto emocional y afectivamente en un bloque social y político, y entonces pone esa pertenencia por encima de los estándares profesionales. La consecuencia de esta conversión es una reducción del estatus político y social de los periodistas militantes, pues éstos han aceptado subordinarse a la agenda de su bloque afín.
  • Para muchos periodistas que trabajaban en medios privados, el paso al bloque militante es también el paso de la economía a la política en su vida profesional. Antes trabajaba en un medio que debía competir en el mercado, sostenerse con audiencia y publicidad, mientras que ahora está dependiendo de un proceso político que sustenta su medio de comunicación, y cuya continuidad estará muy sujeta al éxito de ese proyecto político.

El periodista profesional se percibe como un profesional independiente, aunque sea dependiente de una línea editorial que seguramente no eligió. En cambio, el militante percibe esa autonomía como una falsa independencia, por lo que no se siente menospreciado cuando se le indica su estructural dependencia del poder revolucionario. Mientras el profesionalista ve a su paradigma rival como un engranaje del poder revolucionario, él es visto a su vez como un engranaje del poder establecido.
El periodismo militante es legítimo y hasta necesario, pero si pretende convertirse en el principal periodismo de una sociedad, ésta quedará indefensa. Además, cuando el periodismo militante (o “prensa apostólica”, como la llamó el periodista Mario Diament) es un sinónimo para periodismo gubernamental, el criterio de noticiabilidad se transfiere desde el interior del medio a la cúpula del Estado. Se construye un periodismo de fuente oficial donde los funcionarios son el único criterio de verdad.
El periodismo polarizado llega a los extremos en los que se convierte en un periodismo de ruptura social donde se expresa aquello que el filósofo español Julián Marias llamó “La voluntad de no convivir”. Hay un sector social que sobra, que no puede ser parte del futuro porque es culpable de la injusticia estructural del presente, y al que se le ofrece el exilio externo o interno, pero nada más. Es un periodismo de ruptura que está reflejando la ruptura que la sociedad de hecho ya tiene. En palabras del filósofo político Ernesto Laclau, “los responsables de esta situación no pueden ser parte legítima de la comunidad, la brecha con ellos es insalvable”.
Por el contrario, el profesionalista es un periodista de integración social, no de ruptura. Su aplicación de criterios profesionales lo obliga a ser inclusivo en su visión, consultando con disponibilidad real para aprender de todas las fuentes. Al buscar todas las voces y respetarlas, este tipo de periodismo rescata matices, disuelve discursos y relatos apocalípticos, desdibuja los bloques discursivos sociales y políticos y no acepta exclusiones. Finalmente, el periodista más profesional es el más democrático.
La polarización produce un deslizamiento del rol del editor, en el que éste no sólo intenta mejorar el texto desde lo estilístico o lo profesional, sino que tiende a convertirse en un comisario político. Incluso es posible que verifique menos la información que le traen los periodistas si ésta es políticamente fuerte, y entonces el medio se devalúa profesionalmente mientras se carga políticamente. Se gana en contundencia política y se pierde en calidad informativa.

Fernando J. Ruíz

FUENTES:

  • Fernando J. Ruiz, El señor de los mercados. Ámbito Financiero, la City y el poder del periodismo económico de Martínez de Hoz a Cavallo, El Ateneo, Buenos Aires, 2005, p. 51.
  • Fernando J. Ruiz, “30 años de periodismo y democracia. Vidas circulares”, en Gabriel Salvia (ed.), Un balance a treinta años de la recuperación de la democracia, Cadal-Fundación Adenauer, Buenos Aires, 2013.
  • Graciela Mochkofsky, Pecado original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, Planeta, Buenos Aires, 2011, p. 139.
  • Fernando J. Ruiz, “El periodismo argentino, entre la violencia y la democracia: la cobertura de la tragedia de Avellaneda en “Después de hora” y “Detrás de las noticias”, Seminario de Periodismo y Democracia, Universidad Austral, julio de 2002.
  • Andrea Jafelle Fraga y Guido Baistrocchi, Campo de batalla, Crónica de la resolución 125, Ediciones B, Buenos Aires. 2011, p. 55.
  • Fernando J. Ruiz, El señor de los mercados. Ámbito Financiero, la City y el poder del periodismo económico de Martínez de Hoz a Cavallo, El Ateneo, Buenos Aires, 2005.
  • El estilo del programa según su primera conductora, María Julia Oliván, consiste en repetir unos pocos puntos de una agenda “6, 7,8 consigue popularizar los contenidos y tendencias de las carreras de Comunicación y Periodismo en las universidades nacionales en los últimos veinticinco años”, dijo Pablo Alabarces. María Julia Oliván y Pablo Alabarces, 6, 7,8. La creación de otra realidad, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 205.
  • Edi Zunino, Patria o medios. La loca guerra de los Kirchner por el control de la realidad, Sudamericana, Buenos Aires, 2009, pp. 158-163.
  • A los periodistas de La Nación también el dúo de la Casa Rosada les negó una entrevista ya concedida por no gustarles quién los iba a entrevistar. Para el caso de La Nación, ver Edi Zunino, op. cit., 2009, pp. 132-133; y para el caso Clarín, ver Daniel Míguez, “Las promesas se cumplen”, en Diario sobre diarios, 28 de octubre de 2010 (http://www.publicacionesdsd.com.ar/eldsd/zonadura/2010/octubre/zd-28-octubre-2010.htm).
  • Varios ejemplos de esa “coreografía” fueron narrados en Edi Zunino, op. cit., 2009, y en José “Pepe” Eliaschev, Lista negra. La vuelta de los setenta, Sudamericana, Buenos Aires, 2006.
  • “La corrupción entró en la agenda sólo en el último año del gobierno de Kirchner”, Diario sobre diarios, 22 de noviembre de 2007 (http://www.publicacionesdsd.com.ar/eldsd/zonadura/2010/octubre/zd-28-octubre-2010.htm).
  • Esteban Rodríguez (comp.), Contra la prensa. Antología de diatribas y apostillas, Colihué, Buenos Aires, 2001.
  • José Luis de Imaz, Los que mandan, Eudeba, Buenos Aires, 1964.
  • Fernando J. Ruiz, op. cit., en Ángel Soto y Paula Schmidt, op. cit., 2008, p. 249.
  • Mario Diament, “La demonización del periodismo”, El Cronista, 27 de febrero de 2012.
  • Fernando J. Ruiz, op. cit., en Ángel Soto y Paula Schmidt, op. cit., 2008, p. 257.
  • Ernesto Laclau, La razón populista, FCE, Buenos Aires, 2007, p.113.
  • El rol del editor en una redacción fue uno de los ejes de la discusión entre los principales periodistas del país, cuando se disolvió la Asociación de Periodistas, a raíz de la censura/edición que se hizo del texto del periodista económico Julio Nudler. Ver Edi Zunino, op. Cit., 2009, pp. 47-68.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Nilda Garré: "Nadie tiene una seguridad garantizada"




En alusión al intento de asalto a la casa del ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, la ministra de Seguridad de la Nación subrayó que "nadie tiene una seguridad garantizada" por más vigilancia que tenga y sostuvo que, si bien "cualquiera" puede sufrir un hecho delictivo, "los sectores más vulnerables, más humildes" son los que "están más desprotegidos".

Durante una entrevista radial, la ministra Nilda Garré advirtió, además, que "la comunicación, a través de medio de la difusión masiva y permanente de los hecho más sangrientos, de los hechos más terribles y violentos, da como resultado una preocupación mayor por este tema, que hace que siga primero en la preocupación ciudadana".

Y ejemplificó: "Una persona del el interior, en zonas muy tranquilas, me habló de la inseguridad, pero en realidad me habló de un fenómeno nacional que percibe a través de los medio y no tanto de lo que cotidianamente tiene en su localidad, que no tendrían que preocuparlo".

Las declaraciones de la funcionaria fueron luego de que un policía que custodiaba la casa del ministro bonaerense Casal, en la localidad platense de City Bell, se tiroteara con un delincuente al ser abordado en la puerta de la vivienda.

Según el relato oficial, un vehículo se detuvo unos metros más adelante de la vivienda y descendió un hombre armado con la intención de entrar a la casa. “El policía de custodia abrió una puerta lateral para dejar los diarios y como escuchó pasos fuertes por la vereda se puso a la expectativa”, explicó el propio Casal.

De acuerdo con el ministro, el policía y el delincuente “prácticamente se chocaron” en ese sector de la propiedad. Las fuentes señalaron que tras un breve forcejeo, el delincuente huyó a la carrera y en el camino descartó un arma de fuego y un teléfono celular. El custodio persiguió al asaltante por la cuadra donde un segundo cómplice le efectuó un disparo que el policía repelió. Tras el enfrentamiento, los delincuentes, que serían tres o cuatro, huyeron en el mismo auto en el que había llegado, mientras que el custodio, que resultó ileso.

jueves, 7 de junio de 2012

A un año del lanzamiento de cba24n, la comunidad pide su inclusión en los cables



Durante el día, el reclamo se instaló como tópico central en las redes sociales. Por la noche, periodistas y referentes de la cultura y las leyes se sumaron a la petición.


El reclamo por la inclusión de cba24n en la grilla de Cablevisión (el operador de cables más grande de Argentina) atraviesa a todos los estratos de la sociedad cordobesa.

A un año del lanzamiento del primer canal digital de noticias del interior del país, durante todo el día se sucedieron los pedidos para que la señal llegue a todos los cordobeses a través del sistema de cable.

En primera instancia, la comunidad virtual mediterránea convirtió en trend topic el hashtag #queremosinformar, con el que se señaló el incumplimiento de la Ley de Medios, que exige la difusión de la señal, tanto por representar contenidos locales como por ser un canal perteneciente a una universidad.

Dicho hashtag fue rápidamente difundido por los poseedores de cuentas en Twitter y Facebook, instalándose como el tema más referido en apenas dos horas, justo antes del mediodía.

Paralelamente, mientras los periodistas del multimedio SRT buscaban la opinión de expertos y analistas, el tema se expandió por otros ámbitos.

Una de las participaciones más importantes fue la de la senadora nacional Liliana Fellner, quien manifestó sentirse sorprendida por la ausencia del tema en la agenda parlamentaria. (Ver: "Me extraña que ningún senador de Córdoba haya llevado el reclamo de cba24n a la Cámara")

Ya en horas de la tarde, comunicadores, periodistas, abogados y representantes de la cultura se presentaron en la sede de los SRT y realizaron un serio llamado de atención durante la emisión del programa Crónica Plus.

Exhibiendo carteles, reinstalaron el pedido, con la palabra insignia #queremosinformar.

Desde ese momento, las redes volvieron a reflejar la ebullición del petitorio.

“La ley nos da la razón y cba24n tiene que estar en la grilla de Cablevisión”

En el espacio de Crónica Plus, el abogado Claudio Orosz, representante de los SRT en su reclamo, explicó que Cablevisión debe incluir la señal de cba24n por una serie de razones, claramente especificadas en la vigente Ley de Servicios Audiovisuales.

- ¿Por qué cba24n debería estar en la grilla de Cablevisión?

- Hay varias razones que están contempladas en la Ley de Medios. Somos una señal que está en el registro público que la ley establece, somos una señal que pertenece a la Universidad Nacional de Córdoba y, a la vez, somos un canal de noticias gratuito.

"Cumplimos con todos los requisitos que la ley establece, pero hace un año que hemos presentado un amparo y no tenemos respuesta por las constantes chicanas que imponen", expresó Orosz.

Orosz fundamentó que la negativa a incluir cba24n se debe a "la decisión política, del monopolio Clarín y de todas sus empresas, que señales independientes, que no puedan ser dominadas, no tengan voz en su grilla".



miércoles, 28 de septiembre de 2011

Página 12: La ventana / medios y comunicación (Por Luciano Sanguinetti)


La ventana / medios y comunicación

A partir de una iniciativa de un grupo de alumnos de una escuela neuquina que imaginaron cómo habría sido la Revolución de Mayo si los próceres hubieran usado Facebook, Luciano Sanguinetti aporta elementos para pensar sobre problemas de actualidad atravesados por las tecnologías de información y comunicación (TIC). Roberto Samar analiza las producciones de Disney Junior y pone en evidencia el discurso machista allí presente, advirtiendo que lo mismo sucede en otras propuestas dirigidas al público infantil.
Por Luciano Sanguinetti *

¿Y si los próceres usaran Facebook?

El título no es mío. Es de los alumnos de una escuela secundaria de Neuquén. Se lo puede ver por YouTube. Con ingenio y documentación, los alumnos imaginaron cómo hubiera sido la Revolución de Mayo con la plataforma de relaciones sociales que inventó Mark Zuckerberg. En el pequeño video que colgaron de la red podemos seguir los contactos de Manuel Belgrano, la noticia de la caída de la Junta de Sevilla y las repercusiones que esto va generando entre los criollos, las tribulaciones del Virrey Cisneros, las operaciones mediáticas de French y Beruti.
La experiencia que desarrollaron estos estudiantes sobre un hecho ocurrido hace doscientos años pone sobre la mesa una serie de problemas de inesperada actualidad.
El primero es el rol de la información en el mundo.
El segundo es el de la relación de las TIC (tecnologías de información y comunicación) con los aprendizajes.
El tercero es lo que algunos llaman el Complejo de Prensky, en referencia al autor que acuñó hace diez años el concepto de nativos e inmigrantes digitales.
El cuarto es el del rol de los intelectuales en la Argentina.
Voy por partes.
Ignacio Ramonet. En el último trabajo de este especialista en medios, fundador del Observatorio Global de Medios y promotor de las cumbres de Porto Alegre, se pregunta cómo hacemos hoy en este mundo inundado de información para saber cuál es cierta. Vivimos un nuevo síndrome, el de la inseguridad informativa. La tesis de Ramonet se funda en el hecho de que el periodismo que informaba sobre lo que había ocurrido a lo largo de un día ha dejado de existir. Ese tiempo, que servía para que los medios validaran la noticia, desaparece con la información al instante, con la necesidad del mercado de producirla de manera continua, sin intervalo. ¿Hace doscientos años nadie parece haber dudado del dato que comenzó a circular en Buenos Aires sobre la caída de la “famosa” Junta de Sevilla ante el avance napoleónico? ¿Qué hubiera pasado hoy? Ramonet sostiene que pasamos de medios de masa a masa de medios, pero que paradójicamente los periodistas hoy son más necesarios que nunca.
Segundo problema: Información/conocimiento. Supongo que a estos estudiantes haber traducido al lenguaje de Internet la Revolución de Mayo les permitió un salto crítico. Traducir es también apropiarse de algo. Pasar un texto de su idioma original al nuestro es interpretarlo. ¿Acaso este trabajo no es también un método para interpretar las movilizaciones populares en el mundo árabe que destronaron a viejos dictadores? Para los que todavía estamos en tiempos de las cavernas en materia tecnológica, ver el video de estos chicos también interpela lo que nosotros hacemos en clase.
Esto no significa caer en el Complejo de Prensky. Tercer problema. Hace unas semanas, este mismo medio publicó un artículo del reconocido psicoanalista Juan Carlos Volnovich en el cual se deslizaban algunas descripciones que reproducían conceptos de Alejandro Piscitelli, inspirados en gran medida en la referida conceptualización de Marc Prensky. En un blog más que interesante que administra Gustavo Cucuzza, paraquesepan.blogspot, un especialista real de las TIC en el aula, se observan una serie de desmentidos a la sobrevaluada expresión “nativos digitales” (esta observación no implica necesariamente cuestionar el argumento de Volnovich, sino quizá reforzarlo en referencia a la ausencia del Otro), en la cual los adultos, en particular los maestros, podemos caer rápidamente en el llamado “complejo de Prensky”, es decir, la idea de que las nuevas generaciones son superiores a las pasadas. Por el contrario, la experiencia de la escuela de Neuquén es valiosa porque es un proyecto de jóvenes y adultos, de estudiantes y profesores. Como dice Susana Espiro, coordinadora de la capacitación en TIC del programa Conectar Igualdad para docentes de superior del INFD, “la diferencia de nativos e inmigrantes digitales no es generacional, sino de horas de exposición e inte-racción a los entornos virtuales”.
Cuarto problema. Acaso los que leemos diarios todavía hemos sido testigos del interesante debate entre Horacio Verbitsky y Jorge Lanata, además de los comentarios aledaños a la cuestión de Jorge Fontevecchia, que pone en relación todo lo que venimos exponiendo. ¿Quién califica, clasifica, jerarquiza, valida, la información en este mundo superpoblado de datos ahora asequibles, en una manera inédita, al conjunto de las masas? La respuesta la dio Antonio Gramsci hace tiempo: los intelectuales. Estos son los mediadores, dijo el pensador y militante italiano, entre la organización y la masa. Pequeña observación del propio Gramsci: todos los seres humanos somos intelectuales, pero no todos ejercemos la función. Y se refiere a esa traducción, como la que implementó el profesor o profesora, seguramente de historia, de esta escuela de Neuquén. ¿Quiénes son hoy “intelectualmente” más necesarios que nunca? Todos aquellos preparados y dedicados a la transmisión de la cultura. Los periodistas, los científicos, los militantes, los maestros.
Tres millones de netbooks en marzo de 2012. ¿Alguien pensó que eso significa tres millones de adolescentes conectados? Faltarán maestros.
El que piensa que esto sirve para adoctrinar no entiende la lógica del increíble invento de Tim Berners-Lee, inventor de los protocolos que facilitaron la comunicación entre las computadoras, creador de la telaraña mundial. Preguntémosle si no a Mubarak.
* Docente investigador, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.
Por Roberto Samar *

El machismo de Mickey

Si le pregunto a un chico quién es Minnie, seguramente me contestará que es la novia de Mickey. Sin embargo, si le pregunto quién es Mickey, el personaje emblemático de la Disney, me dirá algo así como que es un ratón que enfrenta a los malos.
En la serie televisiva La casa de Mickey Mouse, el ratón tiene una casa, un perro y una novia. Es decir, Minnie es en función del él.
En ese sentido, en las películas y series de Disney, que es una de las mayores empresas de industrias culturales para chicos, circulan discursos que muchas veces naturalizan el rol pasivo de la mujer.
De hecho, Disney Junior, que es la señal dirigida a los chicos de menor edad, coloca a lo masculino como protagonista de la mayoría de las producciones. En ese sentido podemos encontrar a: Many, un hombre que arregla todo con sus herramientas; un oso, que es un agente especial; Los Imaginadores, que resuelven problemas con imaginación; Jake, el niño que enfrenta piratas y, en contraposición, Bárbara y su florería.
Es decir, los hombres resuelven problemas y enfrentan a los malos. Por el contrario, el rol de la mujer en la mayoría de las veces es pasivo, trivial o en función del género masculino.
A partir de lo expuesto cabe preguntarse: ¿cómo nos sorprendemos de que sigan circulando discursos machistas si desde los tres años consumimos estos mensajes?
Sin embargo, los discursos machistas no se agotan en la señal Disney Junior, también atraviesan sus películas.
Repasemos algunas situaciones.
En La familia del futuro, una chica hace un comentario claramente sin sentido. En ese contexto, un adulto le sugiere al niño protagonista que a las mujeres siempre hay que decirles que tienen razón (como a los locos). El chico le dice “tenés toda la razón” a la niña y ella sonríe feliz.
Asimismo, en El club de los villanos, Minnie intenta enfrentar a un hombre malo, y él la subestima, la empuja y se ríe. Hasta que llega Mickey, lo enfrenta y lo vence. ¿Cuál es el rol de la mujer que no puede resolver el conflicto?
Recientemente en Toy Story 3, uno de los malos le saca la boca a la “señora cara de papa”. A lo cual, el “señor cara de papa” afirma: “El único que le saca la boca a mi mujer soy yo”.
En base a lo expuesto podemos deducir que en los mensajes que atraviesan a las películas citadas, los hombres están facultados para callar a las mujeres, ellas se quejan sin sentido, no pueden enfrentar a los malos y son objeto de risa.
Cabe aclarar que tomamos el discurso de las producciones de Disney a modo de ejemplo, pero los discursos machistas no son patrimonio exclusivo de esta productora.
Con el paso del tiempo, estos discursos que circulan en la sociedad van incidiendo en la construcción de nuestra subjetividad y naturalizan prácticas machistas que dan sustento a las relaciones de poder. Sin ir más lejos, actualmente, según un relevamiento del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, en el ámbito de la sociedad civil tan sólo el 8,1 por ciento de los cargos de más alta jerarquía corresponde a mujeres.
Sin embargo, la realidad es una construcción colectiva y no es lineal. Está en nuestras manos la posibilidad de construir nuevos relatos y nuevas prácticas. El hecho de contar con una presidenta de la Nación, una ministra de Seguridad, una presidenta del Banco Central y líderes opositoras dan cuenta de que un nuevo paradigma se está creando.
* Licenciado en Comunicación Social, docente de Filosofía Política Moderna UNLZ.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Palabras y política

MEDIOS Y COMUNICACION
Roberto Samar advierte que las palabras que usamos hablan también de las miradas que tenemos del mundo.
 Por Roberto Samar *
Cuando nombramos algo lo categorizamos vinculándolo con una serie de conceptos, prejuicios e ideologías. Lo relacionamos con un campo semántico, que es un conjunto de palabras o elementos significantes con significados relacionados. Estas redes de sentido son lentes que condicionan la forma en que vemos el mundo.
A modo de ejemplo, si hablamos de la ley de matrimonio “igualitario”, implícitamente se pone el eje en la igualdad de derechos, es decir, que es para todos. La denominación “ley de matrimonio homosexual” pone el eje en que se trata de una política para una minoría.
Asimismo, cuando hay un delito que comete un chico, no es lo mismo hablar de “niños” que de “menores”. El término “niño” remite a los derechos del niño y está atravesado por la imagen tierna de un pequeño, mientras que la palabra “menor” tiene un sesgo jurídico y por lo tanto más distante. Por eso probablemente quien quiera bajar la edad de imputabilidad hablará de “menores” cuando quiera discutir el tema.
En el mismo sentido, pero más grotesco y evidente: no es lo mismo discutir la “ley mordaza K”, como la denominaban algunos medios, que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, como la define la Coalición por una Radiodifusión Democrática.
Cuando nombramos algo delimitamos el escenario sobre el cual vamos a plantear la discusión. Lo complejo del tema es que este condicionamiento, al ser sutil, muchas veces pasa inadvertido.
Cabe decir que no es inocente la selección de cada término elegido en la construcción de un discurso determinado. Este es un rol importante de los medios de comunicación, que mediante los titulares, las tapas de los diarios y los panoramas informativos construyen el sentido de lo que es noticiable o no, y de esa manera nos instalan la agenda informativa.
En otras palabras, nosotros con el periódico en la mano discutiremos la supuesta actualidad que otros nos conceptualizaron con una mirada determinada.
Esta disputa discursiva no es un problema superficial o de estilo, ya que la determinación del nombre de lo que se discute influirá en el desenlace del debate. Por eso las definiciones de los hechos políticos son un importante espacio de confrontación, que influirá la forma de percibir la realidad.
En base a lo expuesto es que el nombre que tomemos como el verdadero de una cosa será el fruto de las relaciones de poder que existen en la sociedad. Como sostiene Michel Foucault, “la verdad ha de ser entendida como un sistema ordenado de procedimientos para la producción, regulación, distribución, circulación y operación de juicios. La verdad está vinculada en una relación circular con sistemas de poder que la producen y la mantienen”.
En ese sentido, cuando hablamos, opinamos o discutimos usamos términos que nunca son azarosos ni inocuos. Siempre son funcionales a cierto paradigma, por lo cual recordemos estar atentos a las palabras que utilizamos ya que en parte determinarán los escenarios futuros y las miradas que tengamos del mundo.
* Licenciado en Comunicación. Docente del Seminario de Filosofía Política Moderna, UNLZ.

miércoles, 6 de abril de 2011

Dibujitos: consumismo vs Paka Paka

MEDIOS Y COMUNICACION
Roberto Samar discute acerca de la oferta de los medios de comunicación destinada al público infantil, el aporte que hace PakaPaka y la necesidad de que esa señal esté efectivamente al alcance de todos.
 Por Roberto Samar *
Los discursos consumistas de los medios masivos de comunicación inciden en la imagen de la realidad social. Los mensajes, a largo plazo, van construyendo el soporte de los futuros deseos y fantasías.
El estudio de la relación entre los productos de entretenimiento para chicos y el consumo no es nuevo. En el libro Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart (1972), se analizaban los discursos que circulaban en las historietas de las revistas de Disney; y se señalaba que en el mundo de Walt “cada palabra es publicidad de una cosa o un personaje, se vive la compulsión del consumo intenso”.
En el mismo sentido, los autores sostenían que “no podemos entender cómo esta obsesión por la compra puede hacerle bien a un niño, a quien subrepticiamente se le inyecta el decreto de consumir y seguir consumiendo sin que los artefactos hagan falta. Este es el único código ético de Disney: comprar para que el sistema se mantenga, botar los objetos y comprar el mismo objeto, levemente diferenciado, mañana”.
Esta situación se graficaba en las viejas revistas del Pato Donald, donde el lugar común de las historias era la acumulación de dinero, la idealización del terrateniente o del banquero, llegando hasta la fantasía de comprar una isla.
En la actualidad, los programas de entretenimiento para chicos no tienen la cultura consumista explícita que denunciaban Dorfman y Mattelart, pero sí contienen una saturación de publicidad que los atraviesan. Mientras los chicos miran un tierno dibujito, asocian la felicidad al consumo de objetos. Ven niños contentos y felices a partir de que tienen un Playmobil, una Barbie, una computadora, un juego para hacerse trenzas o una película.
Como señalan Santiago González Bienes y Gustavo Gaccetta, licenciados en psicología y especializados en infancia, los “niños se van haciendo cada vez más ‘dependientes’ de los objetos. La falta de éstos se vuelve terrible, insoportable e intolerable. Pero detrás de estas demandas concretas, lo que el niño pide es amor, y lo que el paradigma actual le ofrece son cosas”.
Este paradigma de estímulos permanentes para la obtención de objetos se puede ejemplificar en la programación de Play House Disney, en la cual en una hora un chico llega a recibir el estimulo de comprar 16 productos mediante publicidades y recibe 21 promociones de los programas de la señal. Es decir que si un niño ve dos horas diarias de dibujitos en este canal puede llegar a recibir en un mes más de 960 estímulos de compra de productos y de 1260 promociones de programas.
Esta problemática se complejiza en los niños de entre dos y siete años, a los cuales van dirigidos muchos de los productos de Disney, ya que son más permeables a las influencias televisivas, encontrándose en el estadio preoperacional, donde aprenden cómo interactuar con su ambiente mientras desarrollan aspectos esenciales de su personalidad.
Cabe aclarar que esta situación no se da sólo en las producciones de Disney, sino que es una constante en la mayoría de la oferta televisiva de los niños, lo cual complejiza aún más el panorama, ya que hace prácticamente de la publicidad un lugar común.
En ese contexto de hiperestimulación consumista y como si fuera un contrapunto, el Ministerio de Educación de la Nación desarrolló el primer canal educativo y público para todos los chicos y chicas de Argentina y de América latina: la señal Paka Paka, el poder de la imaginación. La propuesta, que tiene fines pedagógicos y no comerciales, consiste en una nueva señal infantil con contenidos orientados a educar y a entretener, abierto a la cultura de todos los sectores de nuestro país y a distintas expresiones del globo.
En ese sentido, Paka Paka contempla producciones de alta calidad que respetan los derechos humanos, estimulan la creatividad e imaginación, promueven la diversidad, la inclusión y fundamentalmente no contienen publicidades; por lo cual no promueven la asociación de la felicidad con la posesión de objetos.
Esta señal es de todos, la financiamos entre todos. Sin embargo, no es accesible plenamente, ya que algunas empresas, como Cablevisión y DirecTV, no permiten que se incorpore en su grilla, admitiendo sólo el acceso a las señales que persiguen fines comerciales.
A partir de lo analizado: como ciudadanos, como padres y como profesionales de la comunicación debemos exigir que se garantice el derecho de nuestros hijos e hijas de acceder a esta señal infantil educativa y pública, ya que en esos consumos audiovisuales también se está construyendo nuestro futuro y las formas que tendremos de ver el mundo.
* Licenciado en Comunicación Social. Docente UNLZ.