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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Página 12: La ventana / medios y comunicación (Por Luciano Sanguinetti)


La ventana / medios y comunicación

A partir de una iniciativa de un grupo de alumnos de una escuela neuquina que imaginaron cómo habría sido la Revolución de Mayo si los próceres hubieran usado Facebook, Luciano Sanguinetti aporta elementos para pensar sobre problemas de actualidad atravesados por las tecnologías de información y comunicación (TIC). Roberto Samar analiza las producciones de Disney Junior y pone en evidencia el discurso machista allí presente, advirtiendo que lo mismo sucede en otras propuestas dirigidas al público infantil.
Por Luciano Sanguinetti *

¿Y si los próceres usaran Facebook?

El título no es mío. Es de los alumnos de una escuela secundaria de Neuquén. Se lo puede ver por YouTube. Con ingenio y documentación, los alumnos imaginaron cómo hubiera sido la Revolución de Mayo con la plataforma de relaciones sociales que inventó Mark Zuckerberg. En el pequeño video que colgaron de la red podemos seguir los contactos de Manuel Belgrano, la noticia de la caída de la Junta de Sevilla y las repercusiones que esto va generando entre los criollos, las tribulaciones del Virrey Cisneros, las operaciones mediáticas de French y Beruti.
La experiencia que desarrollaron estos estudiantes sobre un hecho ocurrido hace doscientos años pone sobre la mesa una serie de problemas de inesperada actualidad.
El primero es el rol de la información en el mundo.
El segundo es el de la relación de las TIC (tecnologías de información y comunicación) con los aprendizajes.
El tercero es lo que algunos llaman el Complejo de Prensky, en referencia al autor que acuñó hace diez años el concepto de nativos e inmigrantes digitales.
El cuarto es el del rol de los intelectuales en la Argentina.
Voy por partes.
Ignacio Ramonet. En el último trabajo de este especialista en medios, fundador del Observatorio Global de Medios y promotor de las cumbres de Porto Alegre, se pregunta cómo hacemos hoy en este mundo inundado de información para saber cuál es cierta. Vivimos un nuevo síndrome, el de la inseguridad informativa. La tesis de Ramonet se funda en el hecho de que el periodismo que informaba sobre lo que había ocurrido a lo largo de un día ha dejado de existir. Ese tiempo, que servía para que los medios validaran la noticia, desaparece con la información al instante, con la necesidad del mercado de producirla de manera continua, sin intervalo. ¿Hace doscientos años nadie parece haber dudado del dato que comenzó a circular en Buenos Aires sobre la caída de la “famosa” Junta de Sevilla ante el avance napoleónico? ¿Qué hubiera pasado hoy? Ramonet sostiene que pasamos de medios de masa a masa de medios, pero que paradójicamente los periodistas hoy son más necesarios que nunca.
Segundo problema: Información/conocimiento. Supongo que a estos estudiantes haber traducido al lenguaje de Internet la Revolución de Mayo les permitió un salto crítico. Traducir es también apropiarse de algo. Pasar un texto de su idioma original al nuestro es interpretarlo. ¿Acaso este trabajo no es también un método para interpretar las movilizaciones populares en el mundo árabe que destronaron a viejos dictadores? Para los que todavía estamos en tiempos de las cavernas en materia tecnológica, ver el video de estos chicos también interpela lo que nosotros hacemos en clase.
Esto no significa caer en el Complejo de Prensky. Tercer problema. Hace unas semanas, este mismo medio publicó un artículo del reconocido psicoanalista Juan Carlos Volnovich en el cual se deslizaban algunas descripciones que reproducían conceptos de Alejandro Piscitelli, inspirados en gran medida en la referida conceptualización de Marc Prensky. En un blog más que interesante que administra Gustavo Cucuzza, paraquesepan.blogspot, un especialista real de las TIC en el aula, se observan una serie de desmentidos a la sobrevaluada expresión “nativos digitales” (esta observación no implica necesariamente cuestionar el argumento de Volnovich, sino quizá reforzarlo en referencia a la ausencia del Otro), en la cual los adultos, en particular los maestros, podemos caer rápidamente en el llamado “complejo de Prensky”, es decir, la idea de que las nuevas generaciones son superiores a las pasadas. Por el contrario, la experiencia de la escuela de Neuquén es valiosa porque es un proyecto de jóvenes y adultos, de estudiantes y profesores. Como dice Susana Espiro, coordinadora de la capacitación en TIC del programa Conectar Igualdad para docentes de superior del INFD, “la diferencia de nativos e inmigrantes digitales no es generacional, sino de horas de exposición e inte-racción a los entornos virtuales”.
Cuarto problema. Acaso los que leemos diarios todavía hemos sido testigos del interesante debate entre Horacio Verbitsky y Jorge Lanata, además de los comentarios aledaños a la cuestión de Jorge Fontevecchia, que pone en relación todo lo que venimos exponiendo. ¿Quién califica, clasifica, jerarquiza, valida, la información en este mundo superpoblado de datos ahora asequibles, en una manera inédita, al conjunto de las masas? La respuesta la dio Antonio Gramsci hace tiempo: los intelectuales. Estos son los mediadores, dijo el pensador y militante italiano, entre la organización y la masa. Pequeña observación del propio Gramsci: todos los seres humanos somos intelectuales, pero no todos ejercemos la función. Y se refiere a esa traducción, como la que implementó el profesor o profesora, seguramente de historia, de esta escuela de Neuquén. ¿Quiénes son hoy “intelectualmente” más necesarios que nunca? Todos aquellos preparados y dedicados a la transmisión de la cultura. Los periodistas, los científicos, los militantes, los maestros.
Tres millones de netbooks en marzo de 2012. ¿Alguien pensó que eso significa tres millones de adolescentes conectados? Faltarán maestros.
El que piensa que esto sirve para adoctrinar no entiende la lógica del increíble invento de Tim Berners-Lee, inventor de los protocolos que facilitaron la comunicación entre las computadoras, creador de la telaraña mundial. Preguntémosle si no a Mubarak.
* Docente investigador, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.
Por Roberto Samar *

El machismo de Mickey

Si le pregunto a un chico quién es Minnie, seguramente me contestará que es la novia de Mickey. Sin embargo, si le pregunto quién es Mickey, el personaje emblemático de la Disney, me dirá algo así como que es un ratón que enfrenta a los malos.
En la serie televisiva La casa de Mickey Mouse, el ratón tiene una casa, un perro y una novia. Es decir, Minnie es en función del él.
En ese sentido, en las películas y series de Disney, que es una de las mayores empresas de industrias culturales para chicos, circulan discursos que muchas veces naturalizan el rol pasivo de la mujer.
De hecho, Disney Junior, que es la señal dirigida a los chicos de menor edad, coloca a lo masculino como protagonista de la mayoría de las producciones. En ese sentido podemos encontrar a: Many, un hombre que arregla todo con sus herramientas; un oso, que es un agente especial; Los Imaginadores, que resuelven problemas con imaginación; Jake, el niño que enfrenta piratas y, en contraposición, Bárbara y su florería.
Es decir, los hombres resuelven problemas y enfrentan a los malos. Por el contrario, el rol de la mujer en la mayoría de las veces es pasivo, trivial o en función del género masculino.
A partir de lo expuesto cabe preguntarse: ¿cómo nos sorprendemos de que sigan circulando discursos machistas si desde los tres años consumimos estos mensajes?
Sin embargo, los discursos machistas no se agotan en la señal Disney Junior, también atraviesan sus películas.
Repasemos algunas situaciones.
En La familia del futuro, una chica hace un comentario claramente sin sentido. En ese contexto, un adulto le sugiere al niño protagonista que a las mujeres siempre hay que decirles que tienen razón (como a los locos). El chico le dice “tenés toda la razón” a la niña y ella sonríe feliz.
Asimismo, en El club de los villanos, Minnie intenta enfrentar a un hombre malo, y él la subestima, la empuja y se ríe. Hasta que llega Mickey, lo enfrenta y lo vence. ¿Cuál es el rol de la mujer que no puede resolver el conflicto?
Recientemente en Toy Story 3, uno de los malos le saca la boca a la “señora cara de papa”. A lo cual, el “señor cara de papa” afirma: “El único que le saca la boca a mi mujer soy yo”.
En base a lo expuesto podemos deducir que en los mensajes que atraviesan a las películas citadas, los hombres están facultados para callar a las mujeres, ellas se quejan sin sentido, no pueden enfrentar a los malos y son objeto de risa.
Cabe aclarar que tomamos el discurso de las producciones de Disney a modo de ejemplo, pero los discursos machistas no son patrimonio exclusivo de esta productora.
Con el paso del tiempo, estos discursos que circulan en la sociedad van incidiendo en la construcción de nuestra subjetividad y naturalizan prácticas machistas que dan sustento a las relaciones de poder. Sin ir más lejos, actualmente, según un relevamiento del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, en el ámbito de la sociedad civil tan sólo el 8,1 por ciento de los cargos de más alta jerarquía corresponde a mujeres.
Sin embargo, la realidad es una construcción colectiva y no es lineal. Está en nuestras manos la posibilidad de construir nuevos relatos y nuevas prácticas. El hecho de contar con una presidenta de la Nación, una ministra de Seguridad, una presidenta del Banco Central y líderes opositoras dan cuenta de que un nuevo paradigma se está creando.
* Licenciado en Comunicación Social, docente de Filosofía Política Moderna UNLZ.

miércoles, 6 de abril de 2011

Dibujitos: consumismo vs Paka Paka

MEDIOS Y COMUNICACION
Roberto Samar discute acerca de la oferta de los medios de comunicación destinada al público infantil, el aporte que hace PakaPaka y la necesidad de que esa señal esté efectivamente al alcance de todos.
 Por Roberto Samar *
Los discursos consumistas de los medios masivos de comunicación inciden en la imagen de la realidad social. Los mensajes, a largo plazo, van construyendo el soporte de los futuros deseos y fantasías.
El estudio de la relación entre los productos de entretenimiento para chicos y el consumo no es nuevo. En el libro Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart (1972), se analizaban los discursos que circulaban en las historietas de las revistas de Disney; y se señalaba que en el mundo de Walt “cada palabra es publicidad de una cosa o un personaje, se vive la compulsión del consumo intenso”.
En el mismo sentido, los autores sostenían que “no podemos entender cómo esta obsesión por la compra puede hacerle bien a un niño, a quien subrepticiamente se le inyecta el decreto de consumir y seguir consumiendo sin que los artefactos hagan falta. Este es el único código ético de Disney: comprar para que el sistema se mantenga, botar los objetos y comprar el mismo objeto, levemente diferenciado, mañana”.
Esta situación se graficaba en las viejas revistas del Pato Donald, donde el lugar común de las historias era la acumulación de dinero, la idealización del terrateniente o del banquero, llegando hasta la fantasía de comprar una isla.
En la actualidad, los programas de entretenimiento para chicos no tienen la cultura consumista explícita que denunciaban Dorfman y Mattelart, pero sí contienen una saturación de publicidad que los atraviesan. Mientras los chicos miran un tierno dibujito, asocian la felicidad al consumo de objetos. Ven niños contentos y felices a partir de que tienen un Playmobil, una Barbie, una computadora, un juego para hacerse trenzas o una película.
Como señalan Santiago González Bienes y Gustavo Gaccetta, licenciados en psicología y especializados en infancia, los “niños se van haciendo cada vez más ‘dependientes’ de los objetos. La falta de éstos se vuelve terrible, insoportable e intolerable. Pero detrás de estas demandas concretas, lo que el niño pide es amor, y lo que el paradigma actual le ofrece son cosas”.
Este paradigma de estímulos permanentes para la obtención de objetos se puede ejemplificar en la programación de Play House Disney, en la cual en una hora un chico llega a recibir el estimulo de comprar 16 productos mediante publicidades y recibe 21 promociones de los programas de la señal. Es decir que si un niño ve dos horas diarias de dibujitos en este canal puede llegar a recibir en un mes más de 960 estímulos de compra de productos y de 1260 promociones de programas.
Esta problemática se complejiza en los niños de entre dos y siete años, a los cuales van dirigidos muchos de los productos de Disney, ya que son más permeables a las influencias televisivas, encontrándose en el estadio preoperacional, donde aprenden cómo interactuar con su ambiente mientras desarrollan aspectos esenciales de su personalidad.
Cabe aclarar que esta situación no se da sólo en las producciones de Disney, sino que es una constante en la mayoría de la oferta televisiva de los niños, lo cual complejiza aún más el panorama, ya que hace prácticamente de la publicidad un lugar común.
En ese contexto de hiperestimulación consumista y como si fuera un contrapunto, el Ministerio de Educación de la Nación desarrolló el primer canal educativo y público para todos los chicos y chicas de Argentina y de América latina: la señal Paka Paka, el poder de la imaginación. La propuesta, que tiene fines pedagógicos y no comerciales, consiste en una nueva señal infantil con contenidos orientados a educar y a entretener, abierto a la cultura de todos los sectores de nuestro país y a distintas expresiones del globo.
En ese sentido, Paka Paka contempla producciones de alta calidad que respetan los derechos humanos, estimulan la creatividad e imaginación, promueven la diversidad, la inclusión y fundamentalmente no contienen publicidades; por lo cual no promueven la asociación de la felicidad con la posesión de objetos.
Esta señal es de todos, la financiamos entre todos. Sin embargo, no es accesible plenamente, ya que algunas empresas, como Cablevisión y DirecTV, no permiten que se incorpore en su grilla, admitiendo sólo el acceso a las señales que persiguen fines comerciales.
A partir de lo analizado: como ciudadanos, como padres y como profesionales de la comunicación debemos exigir que se garantice el derecho de nuestros hijos e hijas de acceder a esta señal infantil educativa y pública, ya que en esos consumos audiovisuales también se está construyendo nuestro futuro y las formas que tendremos de ver el mundo.
* Licenciado en Comunicación Social. Docente UNLZ.