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martes, 9 de junio de 2015

Guerras Mediáticas: Las Grandes Batallas periodísticas desde la Revolución de Mayo hasta la actualidad


Por Fernando J. Ruiz

AHORA, EL PERIODISMO DE SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

Después de un doble tropiezo provocado por una gran crisis bancaria en 1981 y una guerra perdida en 1982, la dictadura militar entró en su etapa descendente. Frente al cambio de fase, los grandes medios modificaron su doctrina: pasaron del periodismo de seguridad nacional al de seguridad democrática. Éste fue el tipo de periodismo que acompañó la transición desde la asunción del presidente Raúl Alfonsín. Había inmensa libertad, pero también mucha prudencia por parte de los editores de los principales medios para no complicar demasiado al gobierno en momentos en que el frente económico y el frente militar ofrecían dificultades severas. Los canales de televisión fueron distribuidos entre los distintos sectores radicales. Había que proteger a un gobierno que estaba conduciendo la delicada restauración de la democracia.
En algún momento, el presidente Alfonsín amagó con iniciar un enfrentamiento con el diario Clarín, en un discurso el 13 de febrero de 1987; "Les pido que lean Clarín, que se especializa en titular de manera definida, como si realmente quisiera hacerle caer la fe y la esperanza al pueblo argentino. [...] Sabemos que es un opositor acérrimo y no nos interesa. Sabemos también que este tipo de artículo es el que aparece cotidianamente en el diario".
Cuando en 1989 el peronismo llegó al poder con Carlos Saúl Menem, durante los primeros meses hubo cierta protección del periodismo de seguridad democrática, pero Menem logró despejar las amenazas, tanto económicas como militares, a la continuidad institucional. Con la represión definitiva de los alzamientos militares y el lanzamiento del plan de convertibilidad que anuló la inflación, se diluyó el riesgo para la democracia. Con Menem floreció la televisión. Su ley de medios consistió en la anulación de los vetos a la conformación de multimedios y la privatización de los canales.
Sobre el fin de la década, los serios problemas económicos que enfrentó el gobierno de Fernando de la Rúa hicieron que volviera cierta moderación en la crítica por parte de los principales medios, para intentar lo que sería un "periodismo de seguridad económica". Los grandes medios trataban de contribuir con la moderación de las expectativas económicas más explosivas.
Duhalde gozó de una gran prensa colaboracionista, afín a la idea de un periodismo de seguridad democrática, que no quería generar dificultades adicionales a un gobierno que intentaba evitar el caos social, y además muchos de los medios tenían serios problemas económicos, por lo que necesitaban una buena relación con las autoridades.
Cuando asumió Néstor Kirchner, en mayo de 2003, con una legitimidad débil surgida de menos del 23% de los votos, y apoyos políticos condicionantes, se mantuvo el periodismo de seguridad democrática por tres razones: el fracaso de Kirchner pondría en riesgo la continuidad democrática, los medios estaban también débiles y dependientes de decisiones oficiales y había una afinidad ideológica de centroizquierda entre la mayoría de los periodistas y Kirchner.
En la medida en que Kirchner fue construyendo su poder desde casi la nada, los medios se fueron alejando de su sombra y se acercaron a la acera de enfrente. De a poco comenzó a volver el periodismo de cuarto poder.

LA PRIMERA GUERRA DEL SIGLO XXI

El 8 de marzo de 2008 finalizó la segunda edición de la exitosa feria del campo Expoagro, en la que más de doscientas mil personas asistieron al evento organizado en forma conjunta por los diarios Clarín y La Nación, después de competir duramente varios años. Si antes La Nación organizaba Expochacra y Clarín hacía Feriagro, desde 2007 acordaron organizar juntos Expoagro.
Tres días después de esa fiesta productiva, el 11 de marzo de 2008, el gobierno anunció un sustancial aumento de la carga impositiva al sector rural.
Casi naturalmente, la mayoría de los medios comenzaron a acompañar una creciente y desbordante protesta, en la cual coincidieron todas las organizaciones históricas de los productores rurales del país. Apenas comenzaron los cortes y los paros, Todo Noticias, del Grupo Clarín, y otros canales de noticias estuvieron allí, y no pareció haber ningún intento de suavizar la cobertura.
El gobierno optó entonces por la ruptura estratégica con el Grupo Clarín, ante la amplia difusión que éste le daba al bloque social y productivo que había decidido rebelarse. Fue una guerra de represalia por haber visibilizado, y por lo tanto amplificado, los piquetes rurales.
En marzo de 2008, a instancias del periodista Horacio Verbitsky y otros intelectuales cercanos, se creó el grupo intelectual Carta Abierta en apoyo al gobierno.
En la blogosfera se activó el debate, también con mayor intervención oficial. Desde entonces varios de los más destacados blogueros K comenzaron a ocupar espacios como columnistas, panelistas o directivos de los medios tradicionales vinculados al oficialismo.


  • En abril de 2008 el grupo Vignatti, cercano al gobierno, compró Ámbito Financiero, que comenzó su alineamiento oficialista. Ámbito nunca fue un diario de tiradas grandes pero sí de influencia en la economía.
  • El 21 de julio de 2008 salió el diario gratuito El Argentino, a cargo del empresario Sergio Szpolski.
  • En diciembre de 2008, la empresa cordobesa Electroingeniería, cercana al oficialismo, compró Radio Del Plata, donde desplazaron al periodista crítico Nelson Castro, y luego LV” y el diario La Mañana de Córdoba.
  • En febrero de 2009 el empresario oficialista Sergio Szpolski compró Radio América y FM Aspen.
  • El 9 de marzo de 2009 (al año del comienzo de la crisis con el campo) comenzó 6,7,8 en la TV Pública. Fue el mismo día en que Néstor Kirchner dijo su famosa frase “¿Qué te pasa, Clarín?”.
    • En marzo de 2010 comenzaron en Canal 9 programas afines como Duro de Domar y Bajada de Línea, conducido por Víctor Hugo Morales
    • En abril de 2010 salió el canal de noticias oficialista CN23 de Szpolski
    • El 16 de mayo de 2010 apareció el diario Tiempo Argentino, también de Szpolski.
    • En 2011, empresario vinculados a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), cercanos al kirchnerismo, que habían comprado el diario Crónica en 2005, compraron también el canal de noticias de ese nombre.
    • En 2012 otro empresario kirchnerista, Cristóbal López, compró el canal C5N y Radio 10, y también comenzó el cambio político. Por ejemplo, el periodista crítico del gobierno Marcelo Longobardi perdió su programa, a pesar de ser el de mayor audiencia en la mañana en su horario.
    • En noviembre de 2013, el empresario Cristóbal López compró la productora Ideas del Sur, de Marcelo Tinelli, el principal conductor televisivo del país desde hacía una década y posiblemente el arma más destructiva que un bloque político podría sufrir si llegase a tenerlo en su contra.

    La primera y fundamental acción hostil fue la definición del Grupo Clarín como el enemigo número uno del gobierno de Cristina Kirchner. Toda la propaganda paraoficial de los grupos afines ratificó esa centralidad condenatoria, desde los académicos de Carta Abierta hasta los grupos piqueteros. El grupo mediático pasó de ser el apoyo de los enemigos del gobierno a ser el principal enemigo.
    A partir de allí, la sucesión de golpes al Grupo Clarín fue frenética:

    • En septiembre de 2008 se desautorizó la fusión entre Cablevisión y Multicanal.
    • En marzo de 2009 se presentó el anteproyecto de Ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación.
    • En agosto de 2009 se rompió el contrato de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) con Clarín y el Estado asumió la transmisión del fútbol argentino.
    • En septiembre de 2009 más de un centenar de inspectores de la agencia impositiva llegaron a la sede del Grupo Clarín.
    • En septiembre de 2009 más de un centenar de inspectores de la agencia impositiva llegaron a la sede del Grupo Clarín.
    • En octubre de 2009 se aprobó la Ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación.
    • A fines de 2009 se profundizó la campaña en los medios oficiales denunciando a Ernestina Herrera de Noble como apropiadora de hijos de desaparecidos, lo que incluso fue sugerido en cadena nacional por la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.
    • En agosto de 2010, el gobierno afirmó que la empresa de servicios de Internet de Clarín, Fibertel, iba a perder su licencia para funcionar.
    • Dos días después, la presidenta Fernández de Kirchner presentó un informe condenatorio del rol de Clarín y La Nación en la compra de Papel Prensa durante la última dictadura militar, impulsando la demanda de que sus directivos deberían ser juzgados por delitos de lesa humanidad.
    • En diciembre de 2011 se aprobó la ley regulatoria del mercado de Papel Prensa, a partir de la cual creció el control de los funcionarios públicos sobre un insumo clave. También sirve para que cada diario que pide papel a esa empresa deba dar a los funcionarios una información muy detallada de su organización interna. Si la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual puede servir para mantener en vilo a los canales y a las radios, esta ley sirve para lo mismo en la industria de los diarios de papel.
Es evidente que el diálogo que mantenían los directivos de Clarín y del gobierno ya estaba en crisis antes del conflicto con el campo. De acuerdo con la repetida versión oficial, la ambición desmedida del Grupo Clarín por pedir negocio tras negocio haciendo valer su influencia mediática había colmado la paciencia de Néstor y Cristina Kirchner. Hasta ahora no hay explicaciones definitivas de por qué en marzo de 2008 el matrimonio gobernante resolvió la ruptura estratégica con el Grupo Clarín. Pero al igual que ocurrió cuando Perón y Evita hicieron su ruptura estratégica contra el diario La Prensa, fue en medio de un conflicto abierto en otro terreno, pero que era potenciado por los medios de comunicación críticos. En el caso de Perón y Evita fue la huelga ferroviaria de 1950, y en el de Cristina y Néstor fue el conflicto con las organizaciones y productores del campo. En los dos casos, el conflicto era estratégico: los ferroviarios era un sector clave de la clase obrera peronista y el campo era el sector social que motorizaba la economía nacional. Tanto La Prensa en 1951 como el multimedios Clarín en 2008 amplificaban una rebelión peligrosa que podía dañar seriamente la autoridad gubernamental.
Es obvio que el conflicto agropecuario no fue el comienzo de esta guerra. Entre gran parte del periodismo y el gobierno ya había una guerra de baja intensidad desde la misma llegada de Kirchner en mayo de 2003. Hubo poca tolerancia con los periodistas críticos. Fueron rápidamente desplazados por presiones oficiales Jorge Lanata, desde su programa de Canal 2, Pepe Eliaschev de Radio Nacional, Alfredo Leuco y Marcelo Longobardi también fueron desplazados de Canal 2, y al propio Víctor Hugo Morales le levantaron el programa Desayuno en la TV Pública, en julio de 2006.
En esa etapa de guerra de baja intensidad existía una hostilidad conceptual por parte del oficialismo contra el periodismo y, a la vez, una simpatía forzada con aquellos empresarios periodísticos con los que se podía (concediéndoles primicias, fondos o negocios públicos) influir mucho sobre los contenidos de sus medios.
De acuerdo al monitoreo sobre la agenda de los diarios de Buenos Aires realizado por el sitio Diario sobre diarios, el itinerario político de la edición fue el siguiente: durante el primer año de gobierno de Kirchner hubo “oficialitis”, en marzo de 2004 comenzó cierta tensión en la agenda entre el gobierno y los diarios, a partir de 2006 Clarín empezó a sumarse a las posiciones más críticas de La Nación y en 2007 comenzaron a “descubrirse” casos de corrupción antes minimizados o ignorados.
Esa tendencia de mayor libertad de agenda para los periodistas de investigación en la mayoría de los diarios era la que estaba en alza cuando se encendió la protesta rural en marzo de 2008. Un año antes, el 8 de julio de 2007, Clarín había publicado una investigación sobre la Secretaría de Medio Ambiente que provocó la furia de Alberto Fernández, el administrador de la relación con los periodistas y directivos de Clarín y el resto de los medios. Ese mismo mes, como amenaza, el propio Fernández asumió como director en representación del Estado en la empresa Papel Prensa.
Desde entonces la agenda periodística sólo acentuó sus críticas hacia el gobierno, mientras que Página/12 se convirtió en un defensor oficial. Era, como dijo Diario sobre diarios, “la partidización de los diarios”.
En algunos periodistas y directivos comenzó a prevalecer una mentalidad de “ellos o nosotros” que ayudó a subvertir los avances profesionales que se habían hecho en los últimos años. Si bien en los principales medios de Buenos Aires trabajan varios de los mejores periodistas del país, la partidización se convirtió en un corralito para muchos de ellos.

LOS ORÍGENES INTELECTUALES DE LA GUERRA

Desde que el periodismo se convirtió en una industria, a fines del siglo XIX, comenzó a crecer una tradición crítica de los medios que llega hasta hoy. Por ser una empresa que es también un actor político y un actor profesional, el periodismo comercial sufre tensiones internas poderosas que condicionan su trabajo público.
De acuerdo con esa tradición crítica, el periodismo sucumbe sin remedio frente a los intereses políticos y económicos de los dueños de los medios y la lógica capitalista. Por eso todo ese revestimiento de bien público, de servicio pluralista, de equidistancia para contar las noticias que tiene el discurso institucional del periodismo sería sólo una máscara que disfraza sus intereses verdaderos.
En la amalgama de esta tradición crítica, los principales elementos son los siguientes:

  • Los medios no son neutrales, como a veces dicen ser, no son testigos sino protagonistas, y por eso suelen esconder la agenda real que representan. El rótulo de “Periodismo independiente” es un velo con el que se oculta una dependencia a una ideología o a un actor político o económico definido.
  • Los medios son sobre todo la voz de los dueños y sus intereses.
  • Los medios son un poder mucho más relevante del que dicen ser, porque son herramientas del poder económico y otros poderes permanentes.
  • La forma de ejercer su poder es volcando su influencia en la construcción y masificación de relatos críticos que funcionan como marcos de interpretación para gran parte de sus audiencias.
  • Ese poder mediático erosiona los poderes democráticos, degrada la política y les saca fuerza transformadora a los gobiernos.
  • El rol del Estado es liberar la libertad de expresión de su secuestro por parte de los medios.

En un estudio de líderes de opinión, realizado por la consultora Poliarquía y difundido en octubre de 2008, los “periodistas” aparecen en el tercer lugar de la “influencia en el diseño e implementación de políticas públicas”, después de “sindicalistas” y “funcionarios públicos”, y tres puestos antes que los “legisladores”. En los estudios sobre el poder que se realizaban en los años sesenta del siglo pasado, los periodistas y los medios no aparecían.
El estudio llega a afirmar que “los tres riesgos principales que podrían amenazar el buen funcionamiento del orden democrático” son las distintas formas de poder económico, “la amenaza del narcotráfico” y “los medios de comunicación”.

REVOLUCIÓN EN LA PROFESIÓN

No hay guerras mediáticas sin periodistas militantes. Tiene que haber soldados que realicen los disparos, que usen las bayonetas, que manejen los tanques y que arrojen las bombas, tanto en el ataque al enemigo como en la defensa de sus posiciones. Se necesitan soldados de todo tipo: redactores, financistas, audiovisuales, investigadores, gráficos, predicadores, humoristas y organizadores de la logística mediática.
En el siglo XIX se podían contratar plumas para la guerra, como hizo Rivadavia trayendo desde París al napolitano Pedro de Angelis, o Juan Bautista Alberdi sobornando a periodistas en España y Francia para que escribieran a favor del gobierno del general Urquiza a cambio de tierras en la pampa argentina, como lo había hecho Juan Manuel de Rosas y lo haría después Julio Argentino Roca. La agencia de noticias francesa Havas, que dominaba América Latina en el cartel mundial de las agencias, hacía acuerdos económicos con los gobiernos de la región para difundir una buena imagen.
Hay un punto en el que la metáfora de la guerra se convierte en una excusa para hacer la guerra. Cuando la crítica periodística es contada como “un fusilamiento mediático”, un diario es un portaaviones, una ley mediática es la madre de todas las batallas, el dueño de un medio es un general mediático, una web es una guerrilla, y un periodista un soldado, puede pasar que se vaya disolviendo el sentido metafórico y se crea realmente que se trata de una guerra, y por lo tanto se actúe como tal. Las metáforas son tramposas y vienen cargadas. A veces aclaran pero su uso abusivo oscurece.
¿Qué es lo que hace que un periodista se convierta en un combatiente? A lo largo de la historia las razones fueron las siguientes:

  • El periodista considera que el país está viviendo un momento histórico, único, donde se están jugando demasiadas cosas, y las reglas de la profesión periodística son de menor jerarquía frente a la dimensión histórica de las necesidades políticas urgentes. El país se está jugando su destino.
  • El periodista oficialista elimina la identificación entre gobierno y poder, e interpreta que el gobierno en realidad es el contrapoder que está enfrentando a los grupos fácticos dominantes, más poderosos y permanentes, y por lo tanto  al ayudar al gobierno como periodista sigue siendo un disidente contra los grandes poderes. El gobierno es David y los poderes fácticos son Goliat. Por su parte, el periodista opositor siente que la prensa oficialista tiene todo el poder estatal detrás, por lo que se considera el David de esta historia, y está poco predispuesto a darle los derechos mediáticos al gobierno.
  • El periodista está inserto emocional y afectivamente en un bloque social y político, y entonces pone esa pertenencia por encima de los estándares profesionales. La consecuencia de esta conversión es una reducción del estatus político y social de los periodistas militantes, pues éstos han aceptado subordinarse a la agenda de su bloque afín.
  • Para muchos periodistas que trabajaban en medios privados, el paso al bloque militante es también el paso de la economía a la política en su vida profesional. Antes trabajaba en un medio que debía competir en el mercado, sostenerse con audiencia y publicidad, mientras que ahora está dependiendo de un proceso político que sustenta su medio de comunicación, y cuya continuidad estará muy sujeta al éxito de ese proyecto político.

El periodista profesional se percibe como un profesional independiente, aunque sea dependiente de una línea editorial que seguramente no eligió. En cambio, el militante percibe esa autonomía como una falsa independencia, por lo que no se siente menospreciado cuando se le indica su estructural dependencia del poder revolucionario. Mientras el profesionalista ve a su paradigma rival como un engranaje del poder revolucionario, él es visto a su vez como un engranaje del poder establecido.
El periodismo militante es legítimo y hasta necesario, pero si pretende convertirse en el principal periodismo de una sociedad, ésta quedará indefensa. Además, cuando el periodismo militante (o “prensa apostólica”, como la llamó el periodista Mario Diament) es un sinónimo para periodismo gubernamental, el criterio de noticiabilidad se transfiere desde el interior del medio a la cúpula del Estado. Se construye un periodismo de fuente oficial donde los funcionarios son el único criterio de verdad.
El periodismo polarizado llega a los extremos en los que se convierte en un periodismo de ruptura social donde se expresa aquello que el filósofo español Julián Marias llamó “La voluntad de no convivir”. Hay un sector social que sobra, que no puede ser parte del futuro porque es culpable de la injusticia estructural del presente, y al que se le ofrece el exilio externo o interno, pero nada más. Es un periodismo de ruptura que está reflejando la ruptura que la sociedad de hecho ya tiene. En palabras del filósofo político Ernesto Laclau, “los responsables de esta situación no pueden ser parte legítima de la comunidad, la brecha con ellos es insalvable”.
Por el contrario, el profesionalista es un periodista de integración social, no de ruptura. Su aplicación de criterios profesionales lo obliga a ser inclusivo en su visión, consultando con disponibilidad real para aprender de todas las fuentes. Al buscar todas las voces y respetarlas, este tipo de periodismo rescata matices, disuelve discursos y relatos apocalípticos, desdibuja los bloques discursivos sociales y políticos y no acepta exclusiones. Finalmente, el periodista más profesional es el más democrático.
La polarización produce un deslizamiento del rol del editor, en el que éste no sólo intenta mejorar el texto desde lo estilístico o lo profesional, sino que tiende a convertirse en un comisario político. Incluso es posible que verifique menos la información que le traen los periodistas si ésta es políticamente fuerte, y entonces el medio se devalúa profesionalmente mientras se carga políticamente. Se gana en contundencia política y se pierde en calidad informativa.

Fernando J. Ruíz

FUENTES:

  • Fernando J. Ruiz, El señor de los mercados. Ámbito Financiero, la City y el poder del periodismo económico de Martínez de Hoz a Cavallo, El Ateneo, Buenos Aires, 2005, p. 51.
  • Fernando J. Ruiz, “30 años de periodismo y democracia. Vidas circulares”, en Gabriel Salvia (ed.), Un balance a treinta años de la recuperación de la democracia, Cadal-Fundación Adenauer, Buenos Aires, 2013.
  • Graciela Mochkofsky, Pecado original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, Planeta, Buenos Aires, 2011, p. 139.
  • Fernando J. Ruiz, “El periodismo argentino, entre la violencia y la democracia: la cobertura de la tragedia de Avellaneda en “Después de hora” y “Detrás de las noticias”, Seminario de Periodismo y Democracia, Universidad Austral, julio de 2002.
  • Andrea Jafelle Fraga y Guido Baistrocchi, Campo de batalla, Crónica de la resolución 125, Ediciones B, Buenos Aires. 2011, p. 55.
  • Fernando J. Ruiz, El señor de los mercados. Ámbito Financiero, la City y el poder del periodismo económico de Martínez de Hoz a Cavallo, El Ateneo, Buenos Aires, 2005.
  • El estilo del programa según su primera conductora, María Julia Oliván, consiste en repetir unos pocos puntos de una agenda “6, 7,8 consigue popularizar los contenidos y tendencias de las carreras de Comunicación y Periodismo en las universidades nacionales en los últimos veinticinco años”, dijo Pablo Alabarces. María Julia Oliván y Pablo Alabarces, 6, 7,8. La creación de otra realidad, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 205.
  • Edi Zunino, Patria o medios. La loca guerra de los Kirchner por el control de la realidad, Sudamericana, Buenos Aires, 2009, pp. 158-163.
  • A los periodistas de La Nación también el dúo de la Casa Rosada les negó una entrevista ya concedida por no gustarles quién los iba a entrevistar. Para el caso de La Nación, ver Edi Zunino, op. cit., 2009, pp. 132-133; y para el caso Clarín, ver Daniel Míguez, “Las promesas se cumplen”, en Diario sobre diarios, 28 de octubre de 2010 (http://www.publicacionesdsd.com.ar/eldsd/zonadura/2010/octubre/zd-28-octubre-2010.htm).
  • Varios ejemplos de esa “coreografía” fueron narrados en Edi Zunino, op. cit., 2009, y en José “Pepe” Eliaschev, Lista negra. La vuelta de los setenta, Sudamericana, Buenos Aires, 2006.
  • “La corrupción entró en la agenda sólo en el último año del gobierno de Kirchner”, Diario sobre diarios, 22 de noviembre de 2007 (http://www.publicacionesdsd.com.ar/eldsd/zonadura/2010/octubre/zd-28-octubre-2010.htm).
  • Esteban Rodríguez (comp.), Contra la prensa. Antología de diatribas y apostillas, Colihué, Buenos Aires, 2001.
  • José Luis de Imaz, Los que mandan, Eudeba, Buenos Aires, 1964.
  • Fernando J. Ruiz, op. cit., en Ángel Soto y Paula Schmidt, op. cit., 2008, p. 249.
  • Mario Diament, “La demonización del periodismo”, El Cronista, 27 de febrero de 2012.
  • Fernando J. Ruiz, op. cit., en Ángel Soto y Paula Schmidt, op. cit., 2008, p. 257.
  • Ernesto Laclau, La razón populista, FCE, Buenos Aires, 2007, p.113.
  • El rol del editor en una redacción fue uno de los ejes de la discusión entre los principales periodistas del país, cuando se disolvió la Asociación de Periodistas, a raíz de la censura/edición que se hizo del texto del periodista económico Julio Nudler. Ver Edi Zunino, op. Cit., 2009, pp. 47-68.

jueves, 14 de marzo de 2013

Bergoglio, primer Papa latinoamericano de la historia



EL PAIS › EL ARZOBISPO ARGENTINO JORGE BERGOGLIO SE CONVIRTIO AYER EN EL PRIMER PAPA LATINOAMERICANO DE LA HISTORIA

Errar es divino

Había quedado detrás de Ratzinger en la votación de 2005, pero esta vez no figuraba entre los candidatos. Ejercerá el cargo con el nombre de Francisco. En la Argentina se lo cuestiona por su actuación durante la dictadura.

Por Fernando Cibeira


Luego de cuatro votaciones, no demasiadas teniendo en cuenta sus últimas reuniones, el cónclave de cardenales del Vaticano eligió ayer como nuevo papa al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, quien resolvió que ejercerá con el nombre de Francisco. “Ustedes saben que el deber del cónclave es dar un obispo a Roma, y parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo”, bromeó el argentino desde el balcón de San Pedro a los miles de fieles que habían aguardado bajo el frío y la lluvia ver el ansiado humo blanco que surgió a las 19.08. Su designación es histórica por varios motivos: es el primer papa americano en los 266 que se han elegido, el primer jesuita, el primero en llamarse Francisco y viene a reemplazar a Benedicto XVI, el primer pontífice en renunciar en 600 años. En la Argentina su figura es controversial por el papel que desempeñó durante la dictadura. También por hecho más recientes, como su militante oposición al proyecto de matrimonio igualitario. La presidenta Cristina Kirchner, con quien siempre mantuvo una relación tirante, le envió una carta felicitándolo y en un acto abogó porque lleve adelante “una labor significante para la región”. En la Casa Rosada adelantaron que viajará el martes a Roma para la ceremonia.

Si bien en 2005 había quedado segundo detrás de Joseph Ratzinger, Bergoglio esta vez no figuraba entre los principales candidatos a la sucesión. En eso jugaban en contra su edad, 76 años, y sus recientes achaques de salud. Luego del rápido declive físico de Benedicto, se suponía que los cardenales elegirían a alguien más joven. Bergoglio incluso le había enviado a Benedicto XVI la carta presentando su renuncia al arzobispado dado que había superado el límite de edad, pero el anterior papa le extendió el mandato. La primera decisión de Bergoglio fue pedirle a los fieles en San Pedro una oración por su antecesor. Poco después lo llamó por teléfono.

Los especialistas creyeron ver señales de una nueva etapa en una Iglesia Católica jaqueada por múltiples controversias. Una, más evidente, la de optar por un nombre nunca usado, el de Francisco de Asís, el santo que eligió vivir en la pobreza. La segunda, más sutil, la aparición pública con sotana blanca y crucifijo negro de obispo, evitando el púrpura y el oro papal, en un símbolo de austeridad. Una de las características de Bergoglio en su carrera han sido sus dotes de político, enrolado en las corrientes conservadoras moderadas de la Iglesia.
Historia oscura

Porteño del barrio Flores, hincha de San Lorenzo –el equipo “santo” que ayer difundió orgulloso el carnet de socio del Papa–, Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en un hogar de inmigrantes italianos: su padre era empleado ferroviario y su madre ama de casa. Estudió para técnico químico, pero a los 21 años decidió entrar al seminario jesuita. Se ordenó sacerdote a los 33 años e inició una rápida y siempre ascendente carrera: apenas cuatro años después ya presidía la Compañía de Jesús en Argentina.

Durante aquella época sucedió el episodio por el que debió declarar como testigo ante la Justicia en 2010 y que aún hoy le vale las acusaciones de los organismos de derechos humanos. Hay testimonios que aseguran que Bergoglio les quitó protección a los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, quienes hacían trabajo social en la villa de Flores y fueron secuestrados en mayo de 1976, al inicio de la dictadura. Fueron liberados cinco meses después, luego de sufrir la tortura de los interrogatorios de la ESMA. Esos testimonios sostienen que Bergoglio les había advertido que debían abandonar el trabajo social. Como los sacerdotes se negaron, les dijo que tenían que renunciar a la Compañía de Jesús, lo que fue interpretado como una luz verde por la represión.

En su declaración testimonial, Bergoglio negó haber quitado esa protección y aseguró que los sacerdotes decidieron ellos alejarse de la Compañía porque querían formar su propia congregación. Que luego incluso vio dos veces a Jorge Videla y dos veces a Emilio Massera para pedir por los sacerdotes. Yorio nunca se recuperó. Murió en Uruguay en el 2000 convencido de que Bergoglio no había hecho nada por salvarlos.

Los organismos de derechos humanos mostraron ayer su contrariedad por la llegada de Bergoglio al trono de San Pedro.

Contra los Kirchner

En su imparable ascenso, Bergoglio fue nombrado obispo de Buenos Aires en 1992, arzobispo en 1998 y en 2001 llegó a cardenal por decisión de Juan Pablo II. Desde la presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina mantuvo su enfrentamiento con el gobierno de Néstor Kirchner primero y de Cristina Kirchner después. Las diferencias fueron tanto de políticas como de estilo. Bergoglio siempre se presentó como un cultor del diálogo, en contra de la “crispación social” que adjudicaba al kirchnerismo. Pero lo cierto es que siempre encontró reparos para mantener ese diálogo con el Gobierno, mientras que le resultó mucho más sencillo encontrarse con frecuencia con algunos dirigentes de la oposición con los que entabló una muy buena relación.

En su estilo siempre un poco críptico, ya en su homilía de 2004 Bergoglio criticó “el exhibicionismo y los anuncios estridentes”, que fue interpretado como una crítica al Gobierno. Kirchner lo identificó entonces como un opositor y evitó a partir de ahí el Tedéum en la Catedral Metropolitana. En 2008, durante el conflicto por el campo, le reclamó a la Presidenta “un gesto de grandeza”. Pero la ruptura se volvió sin retorno a partir de proyectos como los de matrimonio igualitario o el aborto no punible, a los que Bergoglio se opuso con denuedo. “Es la pretensión destructiva del plan de Dios”, sentenció en una carta acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo. Las organizaciones de la diversidad sexual ayer criticaron su designación.

En paralelo con estas posturas, Bergoglio siempre mostró preocupación social y en sus escritos y homilías suele incluir párrafos relacionados con la pobreza. En su entorno destacan sus costumbres austeras: que se mueve en transporte público, que evita las salidas nocturnas y todo tipo de ostentación. También resaltan su preparación y solidez intelectual.

Algunos cientos de personas se congregaron por la tarde en la Catedral de Buenos Aires para celebrar la designación de Bergoglio agitando banderas argentinas y del Vaticano. La Conferencia Episcopal Argentina, que Bergoglio presidió hasta 2011, expresó “su alegría al hermano Jorge”. Dirigentes opositores como Gabriela Michetti y Elisa Carrió –que siempre se jactaron de su relación con el religioso– dijeron sentirse emocionadas por la noticia.
Repercusiones

El papa argentino generó repercusiones en todo el planeta. Los líderes mundiales saludaron su llegada. “Espero trabajar con Su Santidad para promover la paz, seguridad y dignidad para todos los seres humanos”, escribió en Twitter el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Los mandatarios latinoamericanos celebraron la consagración de un pontífice de la región, en la que viven casi la mitad de los 1200 millones de católicos de todo el mundo. “En nombre del pueblo brasileño felicito al nuevo papa Francisco y saludo a la Iglesia Católica y al pueblo argentino”, sostuvo la brasileña Dilma Rousseff.

En general, los medios del mundo destacaron el perfil “modesto” y “conservador” de Bergoglio. Obviamente, también se resaltó la inédita condición de jesuita, latinoamericano y argentino. Las palmas se las llevó el diario inglés Daily Mirror: “La nueva mano de Dios”, tituló en su portada.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Más grande que lo posible

EL MUNDO › OPINION

Por Mario Wainfeld


Si hay un lugar común pavote y mediocre es hablar de (o esperar) un veredicto de la Historia sobre los líderes o grandes dirigentes. No existe ese tribunal impersonal (ejem), “independiente”. Los que van juzgando son los pueblos, portadores y defensores de intereses. El presidente Hugo Chávez se fue glorificado en las urnas por su pueblo, revalidado en numerosas ocasiones, repuesto en su lugar por movilizaciones masivas tras el nefasto golpe de 2002. La última elección fue una más (porque ratificó una tendencia) y fue única porque se produjo en medio de su enfermedad: quedó como el pronunciamiento final y tajante. Lo que Chávez fue para Venezuela lo plebiscitaron sus compatriotas. Los números y la recurrencia hablan solos, poco hay que agregar.

Tenía un gran manejo mediático e histriónico... Lo que concretó es bien tangible. Es difícil mensurar la proporción internacional de Chávez sin puntualizar que Venezuela no es una potencia económica ni militar. Que jamás un presidente de ese país fue tan conocido, amado u odiado, funcionando como referencia en esta América y en el mundo. Hay que saber mucha política, tener mucho don de mando y capacidad de negociación para conseguir tanto con una “base material” tan acotada.

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En la región fue un líder formidable y constructivo. Central para un nuevo diseño del Mercosur, que aglutinó a los tres países con mayor PBI. Determinante para el “No al ALCA”, que sepultó una propuesta política norteamericana en la Cumbre de Mar del Plata.

El hombre, claro, supo aliarse. Primero que nada, con Argentina y Brasil. La narrativa dominante sobre esta etapa se saltea la conjunción entre los dos países más relevantes de América del Sur, durante las presidencias de Lula da Silva, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff. La unión estratégica es un eje de la época, que en estas pampas se subestima o se niega para demostrar que lo de Brasil es formidable y lo nuestro un engendro. La sincronía en tantas medidas, la articulación y comunicación permanentes refutan esa lectura perezosa.

Chávez captó ese cuadro de situación y supo jugar dentro de él. Un ejemplo redondo fue la mentada Cumbre de Mar del Plata, donde aceptó (divertido, desde ya) hacer de chico malo cuando Kirchner y Lula se lo pedían o manejar la extensión de sus discursos para dilatar o acortar una reunión. El saldo fue el rechazo a una tremenda iniciativa imperial, conseguido a pulso.

Otro logro, chocante con la caricatura que dibuja la derecha, es cuán importante fue Chávez para la sostenida paz en la región. Y para el firme rechazo conjunto a la violencia norteamericana en Medio Oriente o la instalación de un centro de detención y tortura en Guantánamo. Entre tanto “el concierto de las naciones” acompañaba, hacía de comparsa o, en el mejor de los casos, miraba para otro lado.

Se habla de un bravucón (que podía serlo de palabra, si venía al caso), pero fue un pilar en tiempos de trabajosa integración regional, connotada por la ausencia de conflictos bélicos relevantes.

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A la hora de la hora, el orador impenitente sabía escuchar. Aceptó, a instancias especialmente de Kirchner, someterse al referéndum revocatorio: una elección a todo o nada durante un mandato vigente, algo que casi no existe en ninguna Constitución del mundo. Debía descomprimir la tensión interna. El mejor camino eran las urnas. Supo entender, le sobró cuero para jugarse. Y ganar, esa arte tan esquiva para varios republicanos de opereta que sólo convocan minorías.

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Venezuela, como tantos países, se benefició con el alza sideral del petróleo. No hay datos de otras naciones que, sin ser potencias y arrastrando necesidades importantes, usara esa riqueza para trabar relación con otros menos afortunados, para ayudarlos. De nuevo, abundan traducciones esquemáticas, provenientes de aquellos que no registran los cambios históricos y usan siempre las mismas categorías. El ladrón cree que todos son de su condición; el imperialista, también. Por eso subestiman o encasillan mal lo que concretó Chávez trasfundiendo petróleo a precio de regalo a aliados vecinos: Nicaragua o Cuba son los más característicos. O hasta ideológicos: llegó a vender nafta barata para abaratar el bus de Londres cuando lo gobernaba Ken Livingstone, un cuadro izquierdista apodado “el alcalde rojo”.

Venezuela no se constituyó en una metrópoli sino en una peculiar variación de aliado. El ejemplo de Cuba es el más complejo y evidente. Iba dinero a Cuba, desembarcaban médicos y maestros cubanos en Venezuela, se formaban médicos de toda la región en La Habana con financiamiento venezolano. ¿Había pujas por ver quién “conducía” a quién en esta relación o en la que lo ligó con Brasil y Argentina? Seguro que la hubo, siempre está presente entre aliados o compañeros de ruta. Pero no se plasmó en la relación imperio-colonia.

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Citaba a Bolívar, a Tupac Amaru, a Fidel, a Mariano Moreno, a Dorrego, a San Martín, a Salvador Allende... Ninguno de los presidentes argentinos de los últimos años evoca tanto al ex presidente Juan Domingo Perón en sus modos retóricos ni lo cita tanto en sus discursos. Era un autodidacta ávido y se

aggiornaba continuamente, vaya a saberse en qué momentos o ratos libres. Regalarle al presidente Barack Obama Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, fue un gesto ingenioso, pleno de simbolismo. Conocía la historia de nuestro país mejor que la mayor parte de los dirigentes argentinos actuales. Alguna vez se enzarzó con Cristina en una charla sobre el revisionista Jorge Abelardo Ramos, lo tenía en su biblioteca.

Sus discursos eran largos, seguramente caribeños, podían albergar un tramo musical cantado a voz en cuello o un gesto teatral, como cuando se sacudió el azufre dejado por George Bush en las Naciones Unidas. Pero distaban mucho de la parodia, al contrario, eran ejemplo de comunicación de masas. Conjugaban la lógica de la retórica dirigida a pueblos y militantes: síntesis histórica, semblanza y glorificación de los próceres. Nadie se iba sin tener una pintura de lo que quiso expresar, sin un par de consignas, de mensajes para trasmitir a sus compañeros o en sus barrios.

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Cuando el rey de España le espetó “por qué no te callas” sinceró una verdad honda, que trascendía la levedad de la anécdota. En el centro del mundo querían acallarlo, anularlo. No porque fuera exagerado y ruidoso, sino por lo que decía y representaba. Lo aborrecieron en Estados Unidos y en la Europa central. No odian a los dictadores: auparon a muchos. No odian la violencia que ellos ejercieron en Irak o Afganistán. Odian el desafío político e ideológico que le propuso nuestro Sur, en una era de relativa independencia y autonomía, sin un ápice de olor a pólvora.

El cronista le debe al periodista y ensayista Ernesto Semán esta caracterización del antagonismo ideológico, que tiene más de cien años y reflorece vital en el siglo XXI: “Chávez capturó como pocos un común denominador regional que precede al populismo: una idea de republicanismo, que pone en el centro político los derechos sociales e ideas de bien común (que muchas veces pueden ser al mismo tiempo inclusivas y autoritarias) por sobre ideas de libertad individual y derechos de propiedad privada que caracterizan al liberalismo en su versión norteamericana”.

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Se lo evocará mostrando una edición de bolsillo de la Constitución bolivariana, bailando, abrazando a sus pares, pronunciando palabras conmovedoras frente al féretro de Kirchner. El cronista se lleva en la memoria un acto realizado en Ferro, en contrapunto con la presencia de George W. Bush en Uruguay. Este escriba corría contra el cierre. El discurso se rizaba y era imposible saber cuándo llegaba a su fin. La razón profesional del cronista le ordenaba partir, para darle al teclado. Su corazón lo clavaba ahí. Le era imposible, como a muchos millones de latinoamericanos, no quererlo y disfrutar de su palabra.

Que no era hueca, además. Esa vez describió a “Cristina y Néstor” como “mis hermanos porque somos hijos de la misma crisis”, una frase tan afectuosa como precisa. Y agregó que creía más en los procesos históricos que en los hombres providenciales. Que si Bolívar hubiera muerto de disentería en la infancia o si San Martín no hubiera regresado de España, la independencia de sus países hubiera llegado igual. Tratemos de combinar, a pluma alzada, las dos afirmaciones. El determinismo absoluto no existe, las condiciones propicias sí.

La sincronía de gobiernos de matriz popular, críticos de los desvaríos y de la entrega noventista, es consecuencia de un marco general: el fracaso del neoconservadorismo. En cuanto a lo de los dirigentes providenciales, acaso no existan, estrictamente. Y por cierto de nada sirven si no “embocan” el momento histórico en que les toca vivir. Pero hay protagonistas que llegan al tope de las posibilidades disponibles. Que saben interpelar a sus pueblos y articular alianzas como pocos o nadie. Chávez fue uno de ellos, en ese sentido es irremplazable. En todo lo demás, se abren todos los enigmas acerca de cómo se suple, en pleno proceso de cambio, a un jefe carismático consagrado merced a sus acciones rompiendo la tradición y reformando a fondo las instituciones. Instituciones y tradición marchitas y estériles, por si hace falta resaltarlo.

Entre tanto, seguramente sin mayor originalidad, pero presumiendo que en sintonía con los lectores de este diario, el cronista llora a su modo la pérdida de un compañero y de un referente.

martes, 6 de noviembre de 2012

Sinfonía del Sentimiento


SINFONIA DEL SENTIMIENTO



La medida fue tomada por el gobierno nacional a través de un decreto publicado en el Boletín Oficial, en el que se destaca al artista fallecido a los 74 años como "un verdadero representante de la cultura nacional, tanto por sus dotes como cineasta, actor, autor, guionista e intérprete, como por su compromiso social". Miles de personas desfilaron por el Congreso para darle el último adiós. Sus restos serán sepultados esta tarde en el panteón de Sadaic, en el cementerio del barrio porteño de Chacarita.


Favio "consagró su vida a las expresiones artísticas populares, siendo considerado un verdadero representante de la cultura nacional tanto por sus dotes como cineasta, actor, autor, guionista e intérprete, como por su compromiso social", señaló el decreto firmado por la presidenta Cristina Kirchner, quien anoche asistió al velatorio del director de "Crónica de un niño solo".

Cientos de actores, cantantes y seguidores desfilaron hasta la medianoche en el Congreso, desde donde será llevado en caravana por las calles porteñas hasta Chacarita.

Favio dirigió once películas, entre ellas "Crónica de un niño solo" (1964) considerada en 2000 la mejor película argentina de todos los tiempos, según una encuesta del Museo del Cine Argentino. El filme "El Romance del Aniceto y la Francisca" (1966) obtuvo la misma distinción en 1998 en una encuesta de la revista Tres Puntos a 100 personalidades del séptimo arte.

Actor en una decena de películas, además editó como cantante 19 discos, entre ellos el exitoso "Fuiste mía un verano" (1968), y en el año 2010 fue declarado Embajador de la Cultura de Argentina por Kirchner.

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-207242-2012-11-06.html




Por Luciano Monteagudo


Hacía tiempo que su salud lo tenía frágil, muy guardado, cada vez más reacio a los reconocimientos y los homenajes, que por otra parte nunca le gustaron (“Los valoro mucho, son como caricias, pero ya no quiero más”, dijo hace poco). Y aunque estaba internado en terapia intensiva desde varias semanas atrás, por una afección pulmonar, la noticia de su muerte –ayer, a los 74 años, en el Sanatorio Anchorena, de Capital; sus restos son velados en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Senadores– no fue menos dolorosa. Leonardo Favio fue, qué duda cabe, un cineasta enorme, único, de un talento y un vuelo lírico sin parangones en el cine argentino, al que le entregó algunas de sus películas más bellas, desde Crónica de un niño solo (1964) hasta Aniceto (2008).

Pero Favio fue, también, mucho más que eso: una figura singularísima, incomparable, de la cultura popular del último medio siglo, a la que marcó no sólo con sus canciones –incorporadas al inconsciente colectivo de varias generaciones– sino también con su perenne, incondicional adhesión al peronismo, del que se convirtió en una suerte de encarnación de su imaginario. Hay algo básico, esencial, de la identidad argentina que siempre se expresó en Favio, en su vida y en su obra.

Aun en sus facetas más disímiles, que podían parecer antagónicas, Favio logró ser siempre él mismo, un hombre de una sola pieza, de una integridad y una coherencia que provenían de su humildad y de su franqueza a toda prueba. “Cuando canto no hago cine y cuando hago cine no canto. Pero las dos cosas me apasionan, me gustan... Y son cosas de Favio”, le dijo al autor de estas líneas en un reportaje publicado en Página/12 en agosto de 2006. “Yo no me separo. Y como yo digo, cada uno vuela hasta donde le dan sus alas, ¿no? A mí me gustaría haber tenido el vuelo poético del Serrat de los primeros discos. Bueno, llegué nada más que a Favio, pero estoy contento. Yo sé que estoy en el corazón de casi todo el mundo de habla hispana con mis canciones. Son simples, muy simples. Hasta hay un libro que escribió el chileno Luis Sepúlveda que está basado en una canción mía. A mí me gusta todo lo que hago. Pueden parecer cosas distintas, pero yo lo vivo con la misma pasión.”

Esa pasión se remonta a un callejón de tierra de Luján de Cuyo, en Mendoza, donde Leonardo Favio nació, el 28 de mayo de 1938, como Fuad Jorge Jury. Desde que tuvo memoria, su padre siempre estuvo ausente, pero ese abandono lo compensaron el amor de sus abuelos –que habían formado una compañía de teatro en el pueblo– y el de su madre y su tía, Laura Favio y Elcira Olivera Garcés, actrices que lo iniciaron en la magia del radioteatro, donde Leonardo también hizo sus primeras incursiones como actor. Esa vida lenta de provincia, en la que había tiempo para contemplar la luna y las estrellas, y en la que las mujeres de su familia rezaban a la luz de las velas, unida a la revelación de un mundo hecho de ficciones tan ingenuas como desbocadas, contribuyó –según el propio Favio– a su cosmogonía artística. Su paso triste por el Hogar El Alba, un correccional de menores, también, como lo probaría su primer largometraje, Crónica de un niño solo, al que llegó de la mano de su querido maestro y mentor, Leopoldo Torre Nilsson.

El descubrimiento del cine

Babsy, como le decía cariñosamente Favio, lo había descubierto en papeles menores en la televisión, mientras buscaba desesperadamente al protagonista de El secuestrador. Corría el año 1958 y Torre Nilsson ya era –después de su película inmediatamente anterior, La casa del ángel (1957), premiada en Cannes– el director más importante del cine argentino. “Fue la primera vez que yo identifiqué el nombre de un director”, le contó Favio a Adriana Schettini en Pasen y vean – La vida de Favio (1995), un libro esencial para conocer su biografía y su obra. “Yo nunca me había fijado en que las películas tenían director. No sabía lo que era un director. Para mí en las películas sólo existían los actores y las hacían los actores.”

A partir de allí, Favio y Torre Nilsson se hicieron grandes amigos, y no parece arriesgado afirmar que Leonardo tomó a Babsy como una figura paterna. Fue Torre Nilsson quien le dio vuelo a Favio, que de pronto pasó a convertirse en una estrella del cine argentino de esos años, como coprotagonista de El jefe (1958), de Fernando Ayala, junto a Alberto de Mendoza; En la ardiente oscuridad (1958), de Daniel Tinayre, con Mirtha Legrand; y Dar la cara (1961), de José Antonio Martínez Suárez, con Lautaro Murúa. El propio Torre Nilsson también lo volvió a convocar para Fin de fiesta (1960), La mano en la trampa (1961) y La terraza (1963), pero Favio nunca se sintió verdaderamente un actor de cine, donde, a diferencia del radioteatro, se sentía incómodo.

“No me gusta mucho acordarme de eso, porque pasó por mi vida como quien lee un diario rápido. No quedó en mis sentimientos. Quedó El jefe, de Ayala, porque en la época en que trabajaba en esa película descubrí mi cuerpo, pero eso es algo que está más relacionado con lo hermoso de ser joven que con la película en sí. Las películas con Babsy quedaron, por el hecho de que me permitían estar con un amigo. Pero la única película que para mí fue trascendente es Cuando en el cielo pasen lista, en la que participé cuando estaba internado en el Hogar El Alba. Esa película la recordé toda mi vida porque ese día –yo tendría ocho años– nos dieron chocolate.”

El cine, sin embargo, le permitió conocer a María Vaner, el primer gran amor de su vida y a la que se propuso conquistar dándose aires como director, primero con un corto, El amigo (1960), sobre sus recuerdos de adolescencia en el Parque Japonés, y luego con la seminal Crónica de un niño solo (1964), también de origen confesional, inspirada en su paso por el instituto de menores.

La revelación como director

Relato de iniciación, la ópera prima de Favio sigue sorprendiendo hoy por la clásica modernidad de su puesta en escena, que ha logrado atravesar indemne la prueba del tiempo. A casi medio siglo de su realización, Crónica de un niño solo parece hecha casi ayer, al punto de que no es casual que buena parte del llamado Nuevo Cine Argentino –desde los pibes chorros de Pizza, birra, faso hasta el Rulo de Mundo Grúa– pueda reconocer su origen en esta película. En un momento en que el cine nacional solamente parecía confiar en los diálogos (y a cual más impostado), el debut de Favio vino a demostrar cómo era posible hacer del sonido un elemento dramático: el silbato del celador del correccional es tan elocuente como el silencio que impone la disciplina o los gritos de furia que de pronto estallan en una forzada pelea en el baño.

Como en Los olvidados, de Buñuel, Favio no embellece la pobreza. Simplemente la expone en todos sus sentimientos, por complejos y crueles que sean. “Por Crónica... pasa la vida, no es ni triste ni alegre, es la vida contada con ternura. No tengo rencor con los personajes”, dijo. La materia de su película está viva, respira, se reconoce como una parte intransferible de la realidad argentina y, al mismo tiempo, la trasciende, con una belleza auténtica, completamente ajena a la sensiblería y la complacencia. Hay aquí un lirismo, una poesía que no teme trabajar con los elementos más oscuros, que en manos del director se vuelven extrañamente luminosos.

A este film primordial le siguió otro no menos fundante: Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... (1967). Basado en un estupendo cuento, “El cenizo”, escrito por su hermano y permanente colaborador, Jorge Zuhair Jury, Favio depuró aún más el ascético estilo que había desarrollado en su película anterior y –en el que muchos consideran el mejor film de toda su obra y, por consiguiente, de todo el cine argentino– narró la tragedia de un triángulo amoroso condenado por el destino con un laconismo y una hondura mítica casi borgeanas (de hecho, Borges, a pesar de su antiperonismo, siempre fue uno de los pocos autores que Favio reconocía como de lectura permanente, además de la Biblia y el Corán).

En el papel protagónico, el de ese galán de pueblo dueño de un gallo de riña, descubrió a un joven actor llamado Federico Luppi, un Aniceto inmejorable, a quien acompañaron a la perfección Elsa Daniel como la Francisca y María Vaner como Lucía, la otra, “la intrusa”, desencadenante de la tragedia. Multipremiada por la Asociación de Cronistas de la Argentina y por el Instituto Nacional de Cinematografía, El romance... también fue reconocida en el exterior, pero Favio siempre descreyó del circuito de festivales internacionales, a los que siempre les dio la espalda, por lo cual su obra nunca fue bien conocida fuera del país.

Otro tanto sucedió con El dependiente (1969), su tercer largo y el último de su obra filmado en blanco y negro, basado también en un cuento de su hermano Zuhair Jury. De un minimalismo extremo, la anécdota volvía a girar alrededor de la pequeña vida de pueblo, en este caso el amor tácito del dependiente de un almacén (Walter Vidarte) por la señorita Plasini (Graciela Borges). Pero a diferencia de El romance..., se percibe en El dependiente una mirada menos sensible y más crítica a la mezquina, sórdida vida de pueblo. La cámara y las actuaciones también se vuelven más expresivas, anticipando el giro copernicano que dará su obra.

El cantante

Para entonces, ninguna de sus películas había sido un éxito de público, pero Favio conoció de pronto el fervor popular gracias a sus canciones. En 1968 grabó el single “Fuiste mía un verano”, que se convirtió en un hit de ventas no sólo en Argentina sino en toda América latina. Por primera vez se hablaba de “vos” y no de “tú” en una balada, se incorporaba la palabra “piba” y con ella el lenguaje argentino. Le siguieron otros éxitos, como “Ella ya me olvidó”, “O quizás simplemente le regale una rosa” y “Quiero aprender de memoria”, donde en una época de rígida censura –eran los años de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía– asombraba el erotismo de la letra, que decía: “Quiero aprender de memoria, con mi boca tu cuerpo, muchacha de abril”. Y para las orquestaciones, Favio –que nunca estudió música de manera académica, como tampoco cine– pedía oboes y cellos, por su pasión por la música barroca, que ya había utilizado de manera magistral en sus tres primeras películas.

Utilizando una comparación de orden musical, se podría pensar que si en sus comienzos Favio hizo un cine íntimo, equivalente a la música de cámara, luego sintió la necesidad –una necesidad expresiva, pero también ideológica, que se correspondía con su naturaleza popular y con su fervor por el peronismo– de cambiar el curso de su obra hacia un cine de masas, de dimensiones primero operísticas y luego sinfónicas. A su vez, con la llegada del color, su cine reveló una naturaleza desmesurada, orgiástica, dionisíaca: de los susurros de Crónica de un niño solo pasó a los gritos de Nazareno Cruz y el lobo; de la soledad que habitaba en el alma gris de El dependiente saltó a las multitudes embanderadas de Gatica; del ascetismo monocromático del Aniceto y la Francisca viró al rojo sangre de Juan Moreira.

El sonido y la furia

En mayo de 1973 (un mes antes de la masacre de Ezeiza, donde salvó de la muerte a una docena de militantes, amenazando a los torturadores con su suicidio público), Favio entregó uno de los mayores éxitos de público de la historia del cine argentino, Juan Moreira, protagonizada por Rodolfo Bebán. En retrospectiva, es imposible no ver a ese gaucho renegado, que se resiste a ser sometido por la “milicada”, como una sintonía absoluta con el espíritu de la época: la primavera democrática y el regreso del peronismo al poder.

Los recursos formales ya no son los del rigor y la austeridad bressonianos sino los del folletín, del spaghetti western y de las telenovelas. Ese desborde lo llevó inmediatamente después al exceso verdiano de Nazareno Cruz y el lobo (1975), basado en un radioteatro de Juan Carlos Chiappe, un film lleno de sonido, de amor y de furia, que con sus tres millones y medio de espectadores sigue siendo el film más popular de toda la historia del cine argentino. Pero que por su uso de los estereotipos despertó las suspicacias de la crítica de izquierda, que antes lo había celebrado, como sucedió con Enrique Raab y un memorable y polémico artículo publicado en el diario La Opinión.

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 sorprendió a Favio en pleno rodaje de Soñar, soñar, una fantasía de ambiente circense protagonizada por Carlos Monzón y Gianfranco Pagliaro como dos grotescos artistas trashumantes. Y una vez más, Favio pareció sintonizar intuitivamente con su época. El que en su momento fue un auténtico film maldito, ignorado por el público y vilipendiado por la crítica, hoy puede ser leído como el reflejo de esa época violenta y oscura, con esos dos tristes personajes como los restos heridos del pueblo peronista después del brutal asalto al poder de Videla.

La sangre derramada llegaría con Gatica, el Mono (1993), un proyecto largamente acariciado por Favio y que hizo del célebre boxeador una parábola cristiana y peronista, el mártir del pueblo envuelto en una bandera argentina teñida de rojo.

Con Perón, sinfonía del sentimiento (1994-1999), Favio se permitió contar la historia del peronismo a su manera. En las seis horas de duración de este documental en muchos sentidos fuera de serie –por su extensión desmesurada; por su estética entre anacrónica y naïve; por su insólita producción, asumida tanto por Eduardo Duhalde como por Héctor Ricardo García–, Favio se sumergió en la mitología antes que en la política, como si hubiera querido encontrar el paraíso perdido de su infancia.

La síntesis

Finalmente, Aniceto (2008), su versión-ballet de la película original, con el bailarín Hernán Piquín en el papel protagónico, vino a expresar un momento de síntesis en la obra de Favio; de síntesis en el sentido de summa, donde conviven por fin esos dos grandes bloques en que hasta entonces parecía dividirse de manera irreconciliable su filmografía. Es, al mismo tiempo, volver al principio –al principio de su cine, pero también al pueblo y a las historias de su infancia– pero con el bagaje expresivo y la paleta multicolor adquirida en sus años de madurez. Este Aniceto tiene mucho de paradoja: es la intimidad, pero a gran escala.

La voz en off del propio Favio –dulce, temblorosa– que introduce la tragedia confirma también el carácter casi confesional de un proyecto como Aniceto: Favio habla de esta historia como una que nunca ha dejado de “poblar mis noches de insomnio”. Se trata de ingresar en su mundo más personal, el de sus sueños y sus desvelos, esa frontera del alba que alimentó obsesivamente su imaginación. Por eso es coherente que Aniceto haya sido filmada íntegramente en el interior de un estudio: allí Favio pudo reproducir su idea de ese pequeño pueblo de provincia, simbolizarlo con unos pocos elementos escenográficos, casi como si fuera teatro kabuki, pero con una identidad inexorablemente argentina. Como la de toda su obra.

viernes, 4 de mayo de 2012

El Senado distinguió a los artistas de Mundo Alas y a su director León Gieco




El vicepresidente de la Nación Amado Boudou y el Senador Daniel Filmus, entregaron la Mención de Honor “Senador Domingo Faustino Sarmiento” a los artistas del proyecto “Mundo Alas” y a su director, León Gieco, por su destacada labor en el área de la integración social y por su valioso aporte a la comunidad. 
La idea de otorgar el premio al emprendimiento conformado por cantantes, músicos, bailarines y pintores con diferentes capacidades, fue impulsada por Filmus, que participó de la entrega del premio, que contó además con la presencia del senador radical Eugenio Artaza.
Al recibir el galardón en nombre de los demás integrantes de “Mundo Alas”, Gieco le dedicó el premio al ex presidente de la Nación, Néstor Kirchner, a quien consideró “fundador” de la iniciativa.
“Quiero dedicar este premio a Néstor Kirchner por algo muy especial. Él es el fundador de `Mundo Alas`. Fue quien me llamó por teléfono para hacerle un concierto en el Salón Blanco a Pancho (Francisco Chévez, uno de los integrantes del emprendimiento) y así se me ocurrió invitar a los demás chicos”, contó Gieco.
El cantante manifestó que Kirchner “fue una persona muy importante para Mundo Alas” y recordó que cuando tocaron en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno les dijo que iban a “mistificar” ese lugar.
“Mundo Alas se transformó en un escalón muy importante en mi carrera y en el país mismo. No es solamente un video, es una película, un libro. Y ahora también son las actuaciones en vivo”, afirmó el cantante, quien agregó que “Mundo Alas tiene el honor de ser el documental más premiado de la historia de los documentales de la Argentina”.
Antes de entregar el premio, el vicepresidente Boudou dijo que “este premio tiene que ver con lo que hicieron, pero más con lo que van a hacer”.
“Al país de la libertad nadie te lo regala, sino que lo construimos todos juntos. Y lo tenemos que hacer con esfuerzo y solidaridad”, sostuvo Boudou.
Destacó que “esto nos da la pauta de cuánto ha cambiado nuestro país, de cuánto ha hecho este modelo desde 2003 porque hace 10 años en este mismo Congreso Cavallo le quitaba el 13 por ciento a nuestros trabajadores, pero también a las escuelas públicas de arte, a los docentes y a los jubilados”.
Boudou agregó que a los “artistas populares hay que prestarles mucha atención por su sabiduría”.
“Es una tremenda emoción poder compartir este momento. Estos artistas nos enseñan el valor del esfuerzo y el trabajo. Hay que tener talento y vocación de laburo todos los días”, afirmó el vicepresidente.
Finalmente, el senador Filmus señaló que “la solidaridad de León no tiene parangón” porque “aún desafiando los momentos más difíciles y el `qué dirán`, ahí está Gieco acompañando y ayudando”.
“Este premio es la forma de perpetuar el proyecto. Es para nosotros un honor homenajearlos a ustedes”, finalizó el senador nacional.
A continuación, Mundo Alas dio un pequeño concierto en el Salón Azul del Senado donde interpretaron "Sólo le pido a Dios", “El Desembarco”, “Canción para Carito”, “La Memoria” y “En el país de la libertad”, de Gieco.
También, interpretaron “La Frontera” de Violeta Parra y “A mi amigo Beto”, de Pancho Chévez; mientras que la Compañía de Tango Danza Amar, conformada por chicos con síndrome de Down, bailaron la milonga “La Galleguita”.

martes, 3 de abril de 2012

Murió Eduardo Luis Duhalde

El funcionario también fue periodista, abogado, historiador y, junto con Rodolfo Ortega Peña, fue uno de los abogados de las víctimas de los fusilamientos de Trelew.



El secretario de Derechos Humanos de la Nación tenía 72 años y una larga trayectoria como abogado defensor de víctimas de la represión de Estado antes, durante y después de la última dictadura militar. Su compromiso y militancia lo llevó a ocupar el cargo desde 2003, durante la presidencia de Néstor Kirchner, y desde allí fue uno de los impulsores de los procesos abiertos contra centenares de represores y genocidas, además de promotor de una enorme cantidad de actividades por la memoria, la verdad y la justicia. Falleció esa mañana después de haber estado internado durante varios días tras una operación de un aneurisma en la aorta abdominal.Desde su larga trayectoria en la defensa de presos políticos, permaneció vinculado desde hace varias décadas al movimiento de derechos humanos. En 1976, la dictadura militar lo privó de sus derechos civiles y políticos y dispuso la incautación de sus bienes y su captura, por lo cual se exilió en España, país desde donde fue uno de los organizadores de la denuncia internacional contra el terrorismo de Estado en la Argentina.


Luego se desempeñó como Juez de Cámara de los Tribunales Orales en lo Criminal de la Capital Federal, consultor de Derechos Humanos de la ONU y profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Fue profesor titular de materias de derecho, historia y política en diversas universidades argentinas y extranjeras, y miembro de instituciones académicas argentinas y de América Latina y Europa, como de organismos de derechos humanos del país e internacionales.

Escribió 24 libros y más de 200 trabajos y comunicaciones, siendo el más notorio de sus libros, "El Estado terrorista argentino". En el plano internacional integró diversas misiones de paz al África, y en América Latina a El Salvador, Chiapas (México), Nicaragua, Perú y Colombia, en sus zonas de conflicto. Sumó diversas distinciones, entre ellas el Premio Internacional al Periodismo otorgado por la Asociación Pro-Derechos Humanos de España en 1990, por su lucha en defensa de los derechos fundamentales del ser humano.

jueves, 16 de febrero de 2012

Éramos pocos, y habló Videla

Señaló que los Juicios de Lesa Humanidad “Son todos juicios políticos, como parte de esa venganza, de esa revancha” 


ARGENTINA.- El Dictador Jorge Rafael Videla concedió una entrevista al semanario español Cambio 16, y realizó polémicas declaraciones sobre su accionar durante la última Dictadura Militar. 

Condenado por delitos de Lesa Humanidad, Videla opinó que los juicios que se están desarrollando “Son todos juicios políticos, como parte de esa venganza, de esa revancha, como parte de ese castigo colectivo con que se quiere castigar a todas las Fuerzas Armadas". 

Aseguró que “los Kirchner son los que dijeron que no habría simetría en el asunto de la guerra que vivimos y nos señalaron a los militares como los malos, los responsables de crímenes de lesa humanidad, y a los terroristas como los buenos, como las víctimas de aquellos años terribles". 

Además, indicó que los desaparecidos no fueron 30 mil como se difunde, sino sólo 7 mil. 
Justificó el derrocamiento de Isabel Perón en 1976 diciendo que el golpe del 24 de Marzo “no fue una sorpresa para la mayoría de los argentinos porque era evidente que tarde o temprano se iba a producir y ocurrir” 

Y agregó: “Padecíamos vacío de poder, parálisis institucional y riesgo de una anarquía, y frente a este estado de cosas el clamor ciudadano, con sus dirigentes a la cabeza, pidiendo la intervención de las Fuerzas Armadas. Había un sentir general, que representaba Ricardo Balbín y otros dirigentes, en favor del cambio, de la intervención. La gente nos demandaba que interviniéramos e incluso Balbín llegó a decir en esos momentos que tenía las manos vacías de soluciones, que la clase política no podía hacer más.” 

“Nosotros éramos conscientes de la situación que se vivía, no podíamos dejar que el país siguiera inmerso en esa crisis y teníamos que actuar. Nuestra intención era ayudar a enderezar el rumbo y teníamos previsto que es lo que había que hacer con urgencia. Salimos a hacer lo que creíamos que había que hacer y estaba en nuestros planes”, concluyó.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Cumbre Mercosur Montevideo

20 de Diciembre de 2011, Montevideo: La jefa de Estado se hizo cargo de la Presidencia pro témpore del bloque regional por los próximos seis meses. Sostuvo que sus objetivos serán aumentar el intercambio intra-zona y contribuir a la resolución automática de diferendos aduaneros. Además, se formará una comisión para evaluar la incorporación de Ecuador. "Tenemos que convencer a nuestras sociedades de que nos va a ir bien, porque estamos trabajando a favor de nuestras poblaciones y en contra de las corporaciones, que solo quieren su beneficio sectorial", enfatizó.
La presidenta Cristina Fernández recibió de manos de su par uruguayo José Mujica la presidencia pro tempore del Mercosur, en la cumbre del bloque regional realizada hoy en Montevideo. La jefa de Estado argentina recordó que hace cuatro años asumía por primera vez la presidencia del Mercosur, pocos días después de hacerse cargo de su primer mandato en Argentina.   "Nunca me imaginé que cambiaría tanto mi vida personal y el mundo en estos cuatro años", afirmó.