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martes, 7 de junio de 2016

“Atreverse a soñar en 1982 era más difícil que ahora”

 Discepolín Vive – Teatro

“Atreverse a soñar en 1982 era más difícil que ahora”

Fabián Fiori, el actor rosarino que actualmente participa en “La Leona”, debutó como director en su ciudad natal con “Sueño de Barrio”, una adaptación del cuento de Roberto Fontanarrosa, en la que se juzga en una comisaría a un hombre por haber tenido un sueño erótico con su vecina.


Fabián Fiori, actor de la serie televisiva La Leona en el rol del comisario Márquez, estrenó su primera obra en Rosario como director, “Sueño de barrio”, una adaptación del cuento de Roberto Fontanarrosa.
Sueño de barrio narra las peripecias que sufre Pendino, un pacífico vecino, al ser juzgado por haber tenido un sueño erótico con la joven Celina Bustamante. Reunidos en la comisaría, los personajes intentan develar si hubo o no consumación del hecho “impuro” en el sueño de Pendino, a través de una reconstrucción de los acontecimientos dirigida por el comisario y de la cual participa obligadamente el sumariante Bermúdez en una hilarante actuación.


Discepolín Vive con el elenco integrado por Adrián Viola (El comisario); Diego Jozami (Pendino), Marcelo Romero (El sumariante), Florencia Martín Asinari (Celina Bustamante) y Celina Hernández (Señora de Bustamante), con dirección de Fabián Fiori, junto a algunos integrantes del equipo técnico: Julián López (diseño y operación de luces) y Esteban Cavallero (asistente de dirección).
PH: Nico Vives

¿Cómo lograste la adaptación de Sueño de barrio?

-          Es una obra que ya estuvo puesta en muchas oportunidades. La primera vez que yo tuve noticias de su estreno fue en 1982 en el marco de “País cerrado, Teatro Abierto”, aquí en Rosario por el director Pepe Costa. Es un placer transitar un texto del negro Fontanarrosa porque habla por sí solo. El negro tiene esa capacidad de contar con lujo de detalles que le da al director y al actor un montón de lugares desde donde aferrarse para poder seguir adelante, y un placer enorme porque la familia del negro nos dio los derechos enseguida y eso nos facilitó poder empezar a trabajar en esta sala emblemática de la ciudad de Rosario, en Arteón, que cumplió 50 años y nosotros pudimos sumarnos al festejo con este trabajo.

¿Creés que existe una clave para hacer reír?

-          El negro lo decía: Lo único que más quiero es que lean el libro y me digan: “¡Como me cagué de risa!”. Nosotros nos propusimos seguir esa línea. Lograr que la gente haga venga y se cague de risa literalmente. Esta obra tiene un mensaje muy bueno y muy osado para la época en que fue escrita. Una época en la que era muy difícil soñar. Y Pendino, que es el protagonista de la historia, justamente, es “enjuiciado” por haber tenido un sueño con una señorita. En ese contexto en el año 1982, atreverse a soñar era mucho más difícil que ahora. Aunque ahora, en este momento clave, creo que es mucho más difícil que hace unos años atrás.

¿Cómo surgió esta selección de actores para los perfiles correspondientes?

-          Es una muy buena pregunta porque la selección surge a partir de uno de los actores. Marcelo Romero que es el sumariante, tenía un proyecto anterior, el cual se venía diluyendo y cada vez que hablaba conmigo parecía un pulpo al que le iban amputando un tentáculo porque se iban cayendo actores, y entonces me propuso actuar y dirigir esta obra. Yo de hecho, no había dirigido nunca pero ya sentía las ganas de hacerlo. No es que yo elegí el momento para largarme a actuar sino que el momento me eligió a mí. Leí el texto y a partir de ahí con ese personaje que tenía empecé a seleccionar el resto de los actores que, lógicamente, gracias a Dios son muy talentosos porque yo les he pedido trabajo y me han dado siempre el 110% de lo que yo les pedía. Pero fundamentalmente son excelentísimas personas, porque yo sabía que en un proyecto de teatro independiente es una maratón larguísima y necesitaba gente que pueda llevar adelante un esfuerzo tan grande. El resultado está acá. La gente se divierte mucho, nosotros disfrutamos haciéndolo y todo esto nos hace sentir que el esfuerzo no fue en vano.

Próximas funciones

-          Acabamos de estrenar el 27 de mayo, hoy fue nuestra segunda función a la que todos los actores y actrices temen pero fue una función bellísima, fantástica y vamos a estar hasta el viernes 08 de julio. Es decir, todos los viernes de Junio, y el primer y segundo viernes de Julio a las 21 hs en Teatro Arteón (Sarmiento 778, P. A. Rosario).

martes, 5 de marzo de 2013

25 años sin Alberto Olmedo

Martes, 05 de marzo de 201308:19 | Escenario

El recuerdo de Alberto Olmedo a 25 años de la fatídica mañana que murió en Mar del Plata

El talentoso humorista rosarino falleció a los 54 años al caer de un piso 11 del edificio Maral 39 de la ciudad balnearia. 

La muerte inesperada del humorista dejo un espacio vacio que nadie volvió a ocupar.



El manosanta, Rucucu, Rogelio Roldán y el inolvidable sketch Borges y Alvarez, junto con el actor Javier Portales, cuyo apellido verdadero era Alvarez, fueron algunas de sus creaciones, una suerte de manual de perdedores urbanos y con tentadas en cámara.

Observador de las cualidades del argentino de barrio, supo combinar la picaresca de la calle con la mística de la escena y ciertas expresiones de sus personajes como “éramos tan pobres” son desde entonces parte del lenguaje cotidiano nacional.

Entre tiernas e inimputables eran sus criaturas, cuyas hilachas y miserias Olmedo no temía mostrar tanto frente como detrás de cámaras. Sus personajes todavía acompañan a los devotos, según pasan los años y sigue la leyenda.

lunes, 14 de enero de 2013

Darín dijo que se sintió "usado" por la revista Brando y pidió aclarar el tema con la presidenta

El actor le bajó el tono a sus declaraciones sobre el patrimonio de Cristina Kirchner y dijo que no había hablado solo de la mandataria, sino “de todos los funcionarios”.


"Esto produjo una herida que yo no quería producirle, me gustaría aclarárselo”, dijo el actor.

El actor Ricardo Darín le bajó el tono hoy a sus declaraciones sobre el patrimonio de la presidenta Cristina Kirchner y dijo que no había hablado solo de la mandataria, sino “de todos los funcionarios”.

En ese sentido, dijo que le gustaría hablar con la jefa de Estado para aclararle el sentido de sus expresiones.

“Esa declaración la hice (sobre el patrimonio de los Kirchner), pero no solo de ella, sino de todos los funcionarios. Esto produjo una herida que yo no quería producirle, me gustaría aclarárselo”, resaltó el actor.

“Todo ataque berreta o vil contra la figura presidencial no va conmigo”, enfatizó. En tanto, aseguró que se sintió “usado” por la revista Brando que publicó la entrevista que generó la polémica, al señalar que él no habló solo de la jefa de Estado, sino de las declaraciones patrimoniales “de todos los funcionarios”.

“Me sentí bastante tironeado, desde el punto de vista editorial, yo lo comprendo, pero me sentí demasiado tironeado, por no decir usado”, dijo el actor.

En declaraciones a C5N y Canal 13, enfatizó que el título de la entrevista que disparó el revuelo “fue inventado”.

“En realidad, en la nota original yo hago referencia a la necesidad de conocer el incremento patrimonial de todos los funcionario”, sostuvo Darín, en el marco de la presentación de su nueva película.

Los dichos del actor sobre el patrimonio presidencial desataron una fuerte polémica entre actores y funcionarios nacionales, luego de que la mandataria le respondiera a Darín a través de Facebook. En una carta, la presidenta remarcó que “nunca en la historia se pudo acceder a las declaraciones juradas con mayor facilidad”.

lunes, 7 de enero de 2013

La Presidenta Cristina responde al actor Darín


El Calafate, 5 de enero de 2013



Estimado Ricardo Darín



De mi consideración,



Quiero en primer término felicitarlo una vez más por su trayectoria artística y por haber dado al cine argentino memorables actuaciones. Entre otras, El Secreto de sus Ojos y un Cuento Chino me parecen interpretaciones, sobre todo esta última, que no sólo evidencian su enorme talento sino que han logrado premios y reconocimiento internacional a nuestro cine.



¿No sé si sabe que soy una cinéfila total?



Pero bueno, como usted imaginará no le envío la presente sólo para comentarle la cartelera cinematográfica. Si. Acertó. He querido escribirle luego de leer en varios periódicos del día de hoy sus inquietudes e interrogantes: “Declaraciones sobre política del protagonista de la Luz de tus Ojos. Darín: Que alguien me explique el crecimiento patrimonial de los Kirchner”, titula hoy Clarín en página 24. Se ve que quien escribe la columna, que por otra parte no tiene firma, no ha visto sus películas, no por lo menos la que yo considero una de las más lindas, porque confunde el título. Vio. Nada que ver.



No quiero apartarme de una de las cuestiones centrales de sus preocupaciones: “Que alguien me explique el crecimiento patrimonial de los Kirchner”.



Es obvio que, por razones de público, notorio y doloroso conocimiento, - esto último por lo menos para algunos argentinos -, la única que le puede responder soy yo, Cristina. Y es precisamente una de las razones que más me movilizaron y decidieron a hacerlo. Es tan difícil que alguien que no está pueda defenderse que usted entenderá los motivos por los que le escribo.



Ricardo, permítame llamarlo por su nombre de pila como usted lo hace conmigo en su entrevista en la revista Brando, porque es más amigable y aleja toda posibilidad de pelea y confrontación que tanto parecen afectarlo. No quiero imaginar cómo se sentiría usted si alguien llevara carteles escritos por la calle insultándolo, deseando su muerte o festejando la de su compañero de toda la vida como me ocurre a mi en algunas manifestaciones opositoras. ¿Nunca vio alguna? Seguro que sus múltiples ocupaciones y compromisos propios de un artista exitoso le restan tiempo para una observación más completa de la realidad, pero no se preocupe, tampoco es culpa suya, seguramente los medios que usted lee no publican esa información.



Pero sigamos con el tema del crecimiento patrimonial. Quiero decirle que no ha habido funcionarios públicos, sean políticos, gobernadores, legisladores, intendentes, jueces o jefes de gobierno más denunciados penalmente e investigados por la justicia argentina en materia de enriquecimiento, que quien fuera mi esposo y compañero de toda la vida, y quien le escribe. No sólo se investigó a fondo sino que también se designó al cuerpo de peritos de la Corte Suprema de la Nación para que realizara pericias contables, que duraron meses, y concluyeron que no se había cometido ningún acto ilícito, lo que obligó al juez a desestimar las denuncias.



Nunca en toda la historia política de la Argentina se ha podido acceder a las Declaraciones Juradas de un funcionario público con mayor facilidad, frecuencia y publicidad que a las de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.



Ríos de tinta, fotografías, y todo lo que uno pueda imaginar en torno a una Declaración Jurada. Lo desafío a que intente encontrar lo mismo de algún funcionario público opositor ma non troppo, juez, gobernador, legislador o intendente.



Mire Ricardo, sin ir más lejos hoy otro diario, La Nación, propietario de la revista Brando donde usted formuló las declaraciones que llamaron mi atención, publica en su página 16 un reportaje al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. No sólo me enteré de que mantiene sus ahorros en dólares (está en todo su derecho a hacerlo) sino que cuando el periodista le preguntó por el monto de sus divisas, se rehusó a contestar y declaró que el monto figura en su Declaración Jurada, que es pública. En un apartado de la nota los periodistas se se muestran luego sorprendidos porque además, cuando pretendieron acceder a la información, no se les permitió hacerlo.



Nadie parece preocuparse por ninguna otra Declaración Jurada que no sea la de “Los Kirchner” (sic). Sólo se conocen fotos de las casas en que vivíamos nosotros, y ahora habito solamente con mi hija. ¿Se publican fotos de las casas de gobernadores, jueces, altos magistrados, intendentes, concejales, legisladores actuales o de mandato cumplido? Sin embargo todo el país conoce mi casa, la de Rio Gallegos, y a pesar de que a pocas cuadras y en el mismo barrio viven dos legisladores de la oposición en casas mucho más importantes que la mía, nunca se vio una foto. ¿No le parece raro, Ricardo? Ni hablar de mi casa de El Calafate. Vio que los medios nunca van al Delta, Punta del Este, Miami. ¿Es extraño verdad?



Siempre me pregunto por qué siguen también la vida de mis hijos, dónde van, con quién, y nadie parece preocuparse de la vida rumbosa que esposas, hijos, hijas y otras yerbas de otros políticos llevan adelante en fiestas y viajes permanentes que parecen no tener fin. ¿No le llama la atención? Me parece que las personas con tantas inquietudes e interrogantes deberían observar estas cosas. Pero sabe qué, después de todo, el haber sido y seguir siendo los únicos funcionarios públicos observados y fotografiados con tanta tenacidad, nos ha permitido demostrar que vivir en un país donde el único político investigado es el Presidente (o la Presidenta, como me gusta decir a mi), significa que vivimos con la más absoluta libertad. Eso sí, con la información más retaceada sobre otros funcionarios.



Sería bueno, sano y transparente para el sistema democrático si todas las Declaraciones Juradas de gobernadores, intendentes, jueces, magistrados, ministros de la corte, estuvieran a disposición de toda la sociedad, publicadas, analizadas y publicitadas como siempre lo son las de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.



Usted quería que alguien le explicara. Ya se lo hemos explicado a la Justicia y a peritos de la Corte. Descarto, Ricardo, que usted confía en la Justicia. Usted mismo fue acusado y detenido por un juez en marzo de 1991, por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados. Perdón, no le deseo el mal a nadie, pero menos mal que no estábamos “Los Kirchner” en el gobierno, o hubiera sido considerado una persecución política. ¿Lo recuerda? La verdad yo lo había olvidado, con tantas cosas en la cabeza, pero hoy entré a clarín.com y leí la nota “Un fallo benefició a Darín”, algunos de cuyos párrafos le transcribo:



Los jueces de la Sala A de la Cámara, Nicanor Repetto y Edmundo Gendler, consideraron que por el paso del tiempo la acusación contra el actor está prescripta. Pero se preocuparon por aclarar que el actor sabía que estaba comprando la camioneta en forma irregular.

"Debe descartarse bajo todo punto de vista la buena fe de la compra", apuntaron los jueces. Y advirtieron que el actor "tuvo una actitud claramente responsable".



Lo que leí y me llamó la atención en la entrevista de Brando, es su convocatoria a una reconciliación. Y disculpe si le digo que soy yo la que me gustaría que explicara que significa para usted “reconciliación” (no se sienta presionado o intimidado, si prefiere no hacerlo está en todo su derecho). Porque no vivimos en un país niño, como ha dicho usted y es el título de la nota de la revista Brando, sino en un país democrático donde cada uno es libre de decir lo que se le de la gana, y le aclaro que me encanta vivir así y no como lo hicimos durante los años de la dictadura. Por eso, ¿Cómo llamaría usted a un país donde nadie hablaba excepto las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? Si este es un país niño, ¿aquel qué sería, un país in vitro?



Sigamos con el tema de la reconciliación. Me interesa saber a que qué se refiere. ¿A los juicios de lesa humanidad? Porque ha habido alguna jerarquía eclesiástica que se ha referido a terminar con los juicios por la memoria, verdad y justicia utilizando justamente el término “reconciliación”. O tal vez usted se refiera a que me reconcilie con quienes me desean la muerte, festejan la de Néstor o les gustaría destituirme. ¿No sería mejor pedir que cesen los insultos, las agresiones, los golpes a periodistas o la falta de respeto a la voluntad popular?



La palabra “reconciliación” goza de múltiples acepciones. ¿Con quiénes deberíamos reconciliarnos? Porque créame, no estoy peleada con nadie, aunque sí es público y claro que existen diferencias de pensamiento con respecto a nuestro proyecto de país, políticas públicas, la memoria, verdad y justicia... y eso es vivir en un país democrático. No ponerse de acuerdo también es un derecho, como lo es resolver de acuerdo a la voluntad y responsabilidad que el voto popular le ha asignado a cada uno, sin la menor soberbia, simplemente con la responsabilidad que me otorga la Constitución Nacional.



Usted define que el problema de nuestro país es la falta de “tolerancia”. Hubo un tiempo en que yo usaba esa palabra, sin embargo me di cuenta de que la significación de tolerar, era algo así como que te aguanto porque no me queda otro remedio, entonces decidí cambiarla por “aceptación”. Aceptar al otro, al diferente, al que piensa y actúa diferente. Piénselo, es más positivo que tolerar.



¿Recuerda usted algún otro momento del país con tanta libertad, libertad de palabra, de pensamiento y de acción?¿Recuerda usted que se haya tratado a un Presidente de la Nación como se me trata a mi desde medios, dirigencia opositora, etc.? No crea que me molesta, yo he vivido cuando era joven otro país que era el que cantaba Charly cuando decía “Los que están en los diarios pueden desaparecer, los que están en la radio pueden desaparecer, los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”. Afortunadamente ya no estamos en esa etapa del país, aunque algunos dinosaurios resisten, atacan, impiden y algunas cosas peores. Estoy segura de que a usted los dinosaurios tampoco le gustan.



No lo distraigo más. Usted se preguntará y esta mujer, con todo lo que tiene que hacer, se ocupa de escribirme... Y debo reconocer que soy un poco cholula y usted es uno de mis actores preferidos. Hoy es sábado 5 de enero, víspera de Reyes, estoy en El Calafate, leí los diarios y me pregunté, por qué no explicarle a Ricardo Darín, algo que lo tiene tan preocupado.



Con todo mi respeto y admiración.



Cristina Fernández de Kirchner

Presidenta de la Nación Argentina



P.D.: Podría haberle contado también como se encontraba nuestro país en mayo de 2003 cuando Néstor Kirchner asumió con apenas el 22% de los votos, pero como nunca lo había escuchado hacer declaraciones políticas antes, en su extensa y exitosa trayectoria, supongo que debía estar más de acuerdo con el otro país que con este. No lo tome como reproche, está en todo su derecho. Ah! Me dijeron que su nueva película, un thriller (le aclaro que me encantan), es muy buena y desde ya me atrevo a recomendarla. Atentamente y con la misma consideración de siempre.



martes, 6 de noviembre de 2012

Sinfonía del Sentimiento


SINFONIA DEL SENTIMIENTO



La medida fue tomada por el gobierno nacional a través de un decreto publicado en el Boletín Oficial, en el que se destaca al artista fallecido a los 74 años como "un verdadero representante de la cultura nacional, tanto por sus dotes como cineasta, actor, autor, guionista e intérprete, como por su compromiso social". Miles de personas desfilaron por el Congreso para darle el último adiós. Sus restos serán sepultados esta tarde en el panteón de Sadaic, en el cementerio del barrio porteño de Chacarita.


Favio "consagró su vida a las expresiones artísticas populares, siendo considerado un verdadero representante de la cultura nacional tanto por sus dotes como cineasta, actor, autor, guionista e intérprete, como por su compromiso social", señaló el decreto firmado por la presidenta Cristina Kirchner, quien anoche asistió al velatorio del director de "Crónica de un niño solo".

Cientos de actores, cantantes y seguidores desfilaron hasta la medianoche en el Congreso, desde donde será llevado en caravana por las calles porteñas hasta Chacarita.

Favio dirigió once películas, entre ellas "Crónica de un niño solo" (1964) considerada en 2000 la mejor película argentina de todos los tiempos, según una encuesta del Museo del Cine Argentino. El filme "El Romance del Aniceto y la Francisca" (1966) obtuvo la misma distinción en 1998 en una encuesta de la revista Tres Puntos a 100 personalidades del séptimo arte.

Actor en una decena de películas, además editó como cantante 19 discos, entre ellos el exitoso "Fuiste mía un verano" (1968), y en el año 2010 fue declarado Embajador de la Cultura de Argentina por Kirchner.

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-207242-2012-11-06.html




Por Luciano Monteagudo


Hacía tiempo que su salud lo tenía frágil, muy guardado, cada vez más reacio a los reconocimientos y los homenajes, que por otra parte nunca le gustaron (“Los valoro mucho, son como caricias, pero ya no quiero más”, dijo hace poco). Y aunque estaba internado en terapia intensiva desde varias semanas atrás, por una afección pulmonar, la noticia de su muerte –ayer, a los 74 años, en el Sanatorio Anchorena, de Capital; sus restos son velados en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Senadores– no fue menos dolorosa. Leonardo Favio fue, qué duda cabe, un cineasta enorme, único, de un talento y un vuelo lírico sin parangones en el cine argentino, al que le entregó algunas de sus películas más bellas, desde Crónica de un niño solo (1964) hasta Aniceto (2008).

Pero Favio fue, también, mucho más que eso: una figura singularísima, incomparable, de la cultura popular del último medio siglo, a la que marcó no sólo con sus canciones –incorporadas al inconsciente colectivo de varias generaciones– sino también con su perenne, incondicional adhesión al peronismo, del que se convirtió en una suerte de encarnación de su imaginario. Hay algo básico, esencial, de la identidad argentina que siempre se expresó en Favio, en su vida y en su obra.

Aun en sus facetas más disímiles, que podían parecer antagónicas, Favio logró ser siempre él mismo, un hombre de una sola pieza, de una integridad y una coherencia que provenían de su humildad y de su franqueza a toda prueba. “Cuando canto no hago cine y cuando hago cine no canto. Pero las dos cosas me apasionan, me gustan... Y son cosas de Favio”, le dijo al autor de estas líneas en un reportaje publicado en Página/12 en agosto de 2006. “Yo no me separo. Y como yo digo, cada uno vuela hasta donde le dan sus alas, ¿no? A mí me gustaría haber tenido el vuelo poético del Serrat de los primeros discos. Bueno, llegué nada más que a Favio, pero estoy contento. Yo sé que estoy en el corazón de casi todo el mundo de habla hispana con mis canciones. Son simples, muy simples. Hasta hay un libro que escribió el chileno Luis Sepúlveda que está basado en una canción mía. A mí me gusta todo lo que hago. Pueden parecer cosas distintas, pero yo lo vivo con la misma pasión.”

Esa pasión se remonta a un callejón de tierra de Luján de Cuyo, en Mendoza, donde Leonardo Favio nació, el 28 de mayo de 1938, como Fuad Jorge Jury. Desde que tuvo memoria, su padre siempre estuvo ausente, pero ese abandono lo compensaron el amor de sus abuelos –que habían formado una compañía de teatro en el pueblo– y el de su madre y su tía, Laura Favio y Elcira Olivera Garcés, actrices que lo iniciaron en la magia del radioteatro, donde Leonardo también hizo sus primeras incursiones como actor. Esa vida lenta de provincia, en la que había tiempo para contemplar la luna y las estrellas, y en la que las mujeres de su familia rezaban a la luz de las velas, unida a la revelación de un mundo hecho de ficciones tan ingenuas como desbocadas, contribuyó –según el propio Favio– a su cosmogonía artística. Su paso triste por el Hogar El Alba, un correccional de menores, también, como lo probaría su primer largometraje, Crónica de un niño solo, al que llegó de la mano de su querido maestro y mentor, Leopoldo Torre Nilsson.

El descubrimiento del cine

Babsy, como le decía cariñosamente Favio, lo había descubierto en papeles menores en la televisión, mientras buscaba desesperadamente al protagonista de El secuestrador. Corría el año 1958 y Torre Nilsson ya era –después de su película inmediatamente anterior, La casa del ángel (1957), premiada en Cannes– el director más importante del cine argentino. “Fue la primera vez que yo identifiqué el nombre de un director”, le contó Favio a Adriana Schettini en Pasen y vean – La vida de Favio (1995), un libro esencial para conocer su biografía y su obra. “Yo nunca me había fijado en que las películas tenían director. No sabía lo que era un director. Para mí en las películas sólo existían los actores y las hacían los actores.”

A partir de allí, Favio y Torre Nilsson se hicieron grandes amigos, y no parece arriesgado afirmar que Leonardo tomó a Babsy como una figura paterna. Fue Torre Nilsson quien le dio vuelo a Favio, que de pronto pasó a convertirse en una estrella del cine argentino de esos años, como coprotagonista de El jefe (1958), de Fernando Ayala, junto a Alberto de Mendoza; En la ardiente oscuridad (1958), de Daniel Tinayre, con Mirtha Legrand; y Dar la cara (1961), de José Antonio Martínez Suárez, con Lautaro Murúa. El propio Torre Nilsson también lo volvió a convocar para Fin de fiesta (1960), La mano en la trampa (1961) y La terraza (1963), pero Favio nunca se sintió verdaderamente un actor de cine, donde, a diferencia del radioteatro, se sentía incómodo.

“No me gusta mucho acordarme de eso, porque pasó por mi vida como quien lee un diario rápido. No quedó en mis sentimientos. Quedó El jefe, de Ayala, porque en la época en que trabajaba en esa película descubrí mi cuerpo, pero eso es algo que está más relacionado con lo hermoso de ser joven que con la película en sí. Las películas con Babsy quedaron, por el hecho de que me permitían estar con un amigo. Pero la única película que para mí fue trascendente es Cuando en el cielo pasen lista, en la que participé cuando estaba internado en el Hogar El Alba. Esa película la recordé toda mi vida porque ese día –yo tendría ocho años– nos dieron chocolate.”

El cine, sin embargo, le permitió conocer a María Vaner, el primer gran amor de su vida y a la que se propuso conquistar dándose aires como director, primero con un corto, El amigo (1960), sobre sus recuerdos de adolescencia en el Parque Japonés, y luego con la seminal Crónica de un niño solo (1964), también de origen confesional, inspirada en su paso por el instituto de menores.

La revelación como director

Relato de iniciación, la ópera prima de Favio sigue sorprendiendo hoy por la clásica modernidad de su puesta en escena, que ha logrado atravesar indemne la prueba del tiempo. A casi medio siglo de su realización, Crónica de un niño solo parece hecha casi ayer, al punto de que no es casual que buena parte del llamado Nuevo Cine Argentino –desde los pibes chorros de Pizza, birra, faso hasta el Rulo de Mundo Grúa– pueda reconocer su origen en esta película. En un momento en que el cine nacional solamente parecía confiar en los diálogos (y a cual más impostado), el debut de Favio vino a demostrar cómo era posible hacer del sonido un elemento dramático: el silbato del celador del correccional es tan elocuente como el silencio que impone la disciplina o los gritos de furia que de pronto estallan en una forzada pelea en el baño.

Como en Los olvidados, de Buñuel, Favio no embellece la pobreza. Simplemente la expone en todos sus sentimientos, por complejos y crueles que sean. “Por Crónica... pasa la vida, no es ni triste ni alegre, es la vida contada con ternura. No tengo rencor con los personajes”, dijo. La materia de su película está viva, respira, se reconoce como una parte intransferible de la realidad argentina y, al mismo tiempo, la trasciende, con una belleza auténtica, completamente ajena a la sensiblería y la complacencia. Hay aquí un lirismo, una poesía que no teme trabajar con los elementos más oscuros, que en manos del director se vuelven extrañamente luminosos.

A este film primordial le siguió otro no menos fundante: Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... (1967). Basado en un estupendo cuento, “El cenizo”, escrito por su hermano y permanente colaborador, Jorge Zuhair Jury, Favio depuró aún más el ascético estilo que había desarrollado en su película anterior y –en el que muchos consideran el mejor film de toda su obra y, por consiguiente, de todo el cine argentino– narró la tragedia de un triángulo amoroso condenado por el destino con un laconismo y una hondura mítica casi borgeanas (de hecho, Borges, a pesar de su antiperonismo, siempre fue uno de los pocos autores que Favio reconocía como de lectura permanente, además de la Biblia y el Corán).

En el papel protagónico, el de ese galán de pueblo dueño de un gallo de riña, descubrió a un joven actor llamado Federico Luppi, un Aniceto inmejorable, a quien acompañaron a la perfección Elsa Daniel como la Francisca y María Vaner como Lucía, la otra, “la intrusa”, desencadenante de la tragedia. Multipremiada por la Asociación de Cronistas de la Argentina y por el Instituto Nacional de Cinematografía, El romance... también fue reconocida en el exterior, pero Favio siempre descreyó del circuito de festivales internacionales, a los que siempre les dio la espalda, por lo cual su obra nunca fue bien conocida fuera del país.

Otro tanto sucedió con El dependiente (1969), su tercer largo y el último de su obra filmado en blanco y negro, basado también en un cuento de su hermano Zuhair Jury. De un minimalismo extremo, la anécdota volvía a girar alrededor de la pequeña vida de pueblo, en este caso el amor tácito del dependiente de un almacén (Walter Vidarte) por la señorita Plasini (Graciela Borges). Pero a diferencia de El romance..., se percibe en El dependiente una mirada menos sensible y más crítica a la mezquina, sórdida vida de pueblo. La cámara y las actuaciones también se vuelven más expresivas, anticipando el giro copernicano que dará su obra.

El cantante

Para entonces, ninguna de sus películas había sido un éxito de público, pero Favio conoció de pronto el fervor popular gracias a sus canciones. En 1968 grabó el single “Fuiste mía un verano”, que se convirtió en un hit de ventas no sólo en Argentina sino en toda América latina. Por primera vez se hablaba de “vos” y no de “tú” en una balada, se incorporaba la palabra “piba” y con ella el lenguaje argentino. Le siguieron otros éxitos, como “Ella ya me olvidó”, “O quizás simplemente le regale una rosa” y “Quiero aprender de memoria”, donde en una época de rígida censura –eran los años de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía– asombraba el erotismo de la letra, que decía: “Quiero aprender de memoria, con mi boca tu cuerpo, muchacha de abril”. Y para las orquestaciones, Favio –que nunca estudió música de manera académica, como tampoco cine– pedía oboes y cellos, por su pasión por la música barroca, que ya había utilizado de manera magistral en sus tres primeras películas.

Utilizando una comparación de orden musical, se podría pensar que si en sus comienzos Favio hizo un cine íntimo, equivalente a la música de cámara, luego sintió la necesidad –una necesidad expresiva, pero también ideológica, que se correspondía con su naturaleza popular y con su fervor por el peronismo– de cambiar el curso de su obra hacia un cine de masas, de dimensiones primero operísticas y luego sinfónicas. A su vez, con la llegada del color, su cine reveló una naturaleza desmesurada, orgiástica, dionisíaca: de los susurros de Crónica de un niño solo pasó a los gritos de Nazareno Cruz y el lobo; de la soledad que habitaba en el alma gris de El dependiente saltó a las multitudes embanderadas de Gatica; del ascetismo monocromático del Aniceto y la Francisca viró al rojo sangre de Juan Moreira.

El sonido y la furia

En mayo de 1973 (un mes antes de la masacre de Ezeiza, donde salvó de la muerte a una docena de militantes, amenazando a los torturadores con su suicidio público), Favio entregó uno de los mayores éxitos de público de la historia del cine argentino, Juan Moreira, protagonizada por Rodolfo Bebán. En retrospectiva, es imposible no ver a ese gaucho renegado, que se resiste a ser sometido por la “milicada”, como una sintonía absoluta con el espíritu de la época: la primavera democrática y el regreso del peronismo al poder.

Los recursos formales ya no son los del rigor y la austeridad bressonianos sino los del folletín, del spaghetti western y de las telenovelas. Ese desborde lo llevó inmediatamente después al exceso verdiano de Nazareno Cruz y el lobo (1975), basado en un radioteatro de Juan Carlos Chiappe, un film lleno de sonido, de amor y de furia, que con sus tres millones y medio de espectadores sigue siendo el film más popular de toda la historia del cine argentino. Pero que por su uso de los estereotipos despertó las suspicacias de la crítica de izquierda, que antes lo había celebrado, como sucedió con Enrique Raab y un memorable y polémico artículo publicado en el diario La Opinión.

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 sorprendió a Favio en pleno rodaje de Soñar, soñar, una fantasía de ambiente circense protagonizada por Carlos Monzón y Gianfranco Pagliaro como dos grotescos artistas trashumantes. Y una vez más, Favio pareció sintonizar intuitivamente con su época. El que en su momento fue un auténtico film maldito, ignorado por el público y vilipendiado por la crítica, hoy puede ser leído como el reflejo de esa época violenta y oscura, con esos dos tristes personajes como los restos heridos del pueblo peronista después del brutal asalto al poder de Videla.

La sangre derramada llegaría con Gatica, el Mono (1993), un proyecto largamente acariciado por Favio y que hizo del célebre boxeador una parábola cristiana y peronista, el mártir del pueblo envuelto en una bandera argentina teñida de rojo.

Con Perón, sinfonía del sentimiento (1994-1999), Favio se permitió contar la historia del peronismo a su manera. En las seis horas de duración de este documental en muchos sentidos fuera de serie –por su extensión desmesurada; por su estética entre anacrónica y naïve; por su insólita producción, asumida tanto por Eduardo Duhalde como por Héctor Ricardo García–, Favio se sumergió en la mitología antes que en la política, como si hubiera querido encontrar el paraíso perdido de su infancia.

La síntesis

Finalmente, Aniceto (2008), su versión-ballet de la película original, con el bailarín Hernán Piquín en el papel protagónico, vino a expresar un momento de síntesis en la obra de Favio; de síntesis en el sentido de summa, donde conviven por fin esos dos grandes bloques en que hasta entonces parecía dividirse de manera irreconciliable su filmografía. Es, al mismo tiempo, volver al principio –al principio de su cine, pero también al pueblo y a las historias de su infancia– pero con el bagaje expresivo y la paleta multicolor adquirida en sus años de madurez. Este Aniceto tiene mucho de paradoja: es la intimidad, pero a gran escala.

La voz en off del propio Favio –dulce, temblorosa– que introduce la tragedia confirma también el carácter casi confesional de un proyecto como Aniceto: Favio habla de esta historia como una que nunca ha dejado de “poblar mis noches de insomnio”. Se trata de ingresar en su mundo más personal, el de sus sueños y sus desvelos, esa frontera del alba que alimentó obsesivamente su imaginación. Por eso es coherente que Aniceto haya sido filmada íntegramente en el interior de un estudio: allí Favio pudo reproducir su idea de ese pequeño pueblo de provincia, simbolizarlo con unos pocos elementos escenográficos, casi como si fuera teatro kabuki, pero con una identidad inexorablemente argentina. Como la de toda su obra.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Entrevista: Andy Belguich - Federico Luppi

El Columnista de Cultura y Espectáculos, Andy Belguich, entrevista al actor Federico Luppi para "Evidencias" por FM Latina 94.5


lunes, 13 de febrero de 2012

Sean Penn criticó al "arcaico" colonialismo inglés

El actor norteamericano Sean Penn destacó "los esfuerzos diplomáticos" de Argentina en relación a la soberanía sobre las islas Malvinas y calificó como "arcaicas" las rémoras de colonialismo.



Sean Penn se reunió con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el marco de su misión humanitaria por Haití y formuló declaraciones en Casa de Gobierno acompañado por el canciller Héctor Timerman.



"El mundo no puede tolerar enfoques ridículamente arcaicos que apunten a que continúe el colonialismo", afirmó el artista. "El compromiso tiene que seguir siendo mantener las negociaciones para encontrar una salida", apuntó el actor.



Penn indicó que deben primar las negociaciones diplomáticas y explicó que en el mundo de hoy "no se puede tolerar ningún juego peligroso guiado por ideologías que apunten al colonialismo".



"Estamos haciendo foco en lo que sucede en Haití, y pedimos ayuda humanitaria también a la Argentina. Es un orgullo estar en esta ciudad", dijo.

jueves, 16 de junio de 2011

¡Gracias puto lindo!







FECHA DE PUBLICACIÓN: 18/06/09
A las 17:00 hs, mientras iba camino al médico para hacerme un chequeo clínico, sonó mi celular. Era mi psicólogo, que me había dado una noticia que no quería escuchar:“¡Se murió Fernando Peña!!!”.
El sabía lo que significaba para mí, como referente. Fue un baldazo de agua fría y el buen día que estaba teniendo se me había ido a la mierda.
Comprendí que tenía un cáncer hepático y que no iba a durar mucho, pero no creí que sería tan pronto.
En ese momento no sentía nada, estaba frío. No lo podía creer y menos viniendo de Peña. Necesitaba ir personalmente al velorio para comprobar que no era una broma.
Estoy tan acostumbrado a fingir lo que siento que ya ni se que siento. Al cabo de unas horas sentí algo. ¡Si!... ¡Bronca!... Quise ir a ver su última obra (Diálogo de una prostituta con su cliente), le prometí por la Web que le iba a enviar un regalo a la radio y nunca pude hacer nada.
Soy capaz de levantarme a las siete de la mañana, dormido, boztezando, desganado, estirando los brazos, con los ojos a media hasta y las ganas de seguir durmiendo hasta el mediodía, reduciendo al despertador de un manotazo, haciendo un gran esfuerzo para salir de la cama y llegar hasta la computadora, encenderla solo para escuchar su programa online, solo por el. Para luego caer en la realidad de que ya no está más en ninguna radio ni va a volver. Y entonces así, resignarme y volverme a acostar, como si nunca me hubiese despertado.
Me sentía vacío, desamparado. Fue la primera y única muerte que me pegó de cerca.
Viajé a Buenos Aires. Llegué muy temprano a la legislatura porteña en donde se lo velaba. Ya que no pude conocerlo en persona ni ver esa última obra, necesitaba ir a despedirlo y agradecerle todo lo que me había dado, sin que se haya dado cuenta.
Vinieron algunos reporteros. Me entrevistaron tres veces por Radio Ciudad, también por Radio Del Plata, Radio Mitre y Canal 26. Las preguntas eran: ¿Viniste exclusivamente desde Rosario para ver a Peña? ¿Qué significa Fernando Peña para vós? ¿Cómo lo describirías?
Yo contesté que una persona revolucionaria es aquel que tiene una idea que a nadie se le hubiese ocurrido. Peña, para mí, era un revolucionario y un terapeuta.

Uruguayo, nacionalizado argentino. Sus comienzos fueron en la empresa “American Airlines” como auxiliar devenido en comisario de abordo. Se destacaba por sus voces que transmitía desde el altoparlante, imitando el acento de una cubana para entretener a la tripulación. Un día fue descubierto por Lalo Mir, un locutor que viajaba en la misma aerolínea y lo contrató para trabajar en radio. De ahí, pasó al teatro. Su segunda pasión, después de los aviones. Asumido homosexual, confesó también públicamente ser portador de VIH. Esto le costó el rechazo de la visa para viajar a Estados Unidos.
Sus obras teatrales cuestionaban los miedos, la estupidez y la hipocresía del ser humano, que pierden sus sueños, se olvidan de amar, engañan a su mente, a su corazón y no se permiten disfrutar de lo simple y grandioso que la vida misma tiene para darnos. Todo mediante improvisaciones.
Sus denuncias radiales hacia los políticos le causó la censura y amenazas telefónicas en tiempos de democracia. Como protesta, llegó a encadenarse en la puerta del COMFER (Comité Federal de Radiodifusión).
Sus trabajos en televisión fueron en "Petti en vivo", la serie "Sol Negro", "Epitafios", "Isla Flotante" (programa en que presentó a sus personajes del teatro) y "El Otro" (programa de entrevistas). Y en cine: "Pura Sangre". Tenía 46 años cuando falleció.

A las siete de la mañana abrieron las puertas. Me detuve al lado de su cuerpo, a cajón abierto. Le toqué su frente helada, con sus tatuajes intactos. Fuí uno de los pocos que lo extrañó sin llorar. Una hora observándolo. No sentía tristeza. Sentía paz y armonía. En su rostro había una sonrisa. Sostengo que cuando uno muere con una sonrisa en la cara es porque se fue en paz.
En un momento, de sus ojos se desprendieron un par de lágrimas color sangre y yo pensaba irónicamente: “Dijiste que te despidiéramos con una sonrisa y ahora el que llora sos vos ¡Puto!!! Jajaja”.
Una mujer intentaba sacarle una foto desde el celular y no podía porque cada vez que apretaba el clic, sonaba un ring tone. Cortó el clima de la situación. Fue una escena tan tragicómica como sus obras de teatro. Esas cosas no pueden ser simples coincidencias. Solamente en el velatorio de Fernando puede suceder algo así. Ahí estaba el espíritu de el haciendo boludeces y cagándose de risa.
Cerca de mí se encontraba María, su ex ama de casa, con un quiebre emocional, desplomada en llantos sobre su ser querido y amado. No como su ex novio, quien aparentaba estar de buen humor.

Realmente lo admiraba y amaba a Peña y no me refiero en el sentido sexual. Lo amaba como un ideal de amigo. Cuando lo escuchaba por la radio, lo sentía tan cerca como si lo fuese. Era como ese amigo que me hubiera gustado tener: extremadamente sincero, inteligente, honesto, libre de prejuicios, sensible, cómico y buena gente.
No hay que esperar a encontrar a alguien con esas características, sino ser uno mismo el ideal de persona que te gustaría conocer.
Desde chico, nunca supieron comprender mi manera de ver las cosas y me inhibieron, cerré mi mente y había empezado a creer que el que estaba errado era yo. Hasta que descubrí a Peña y dije: “Puta, no estaba tan errado”. Había otro loco más.

Una vez asistí a la presentación de su libro “Gracias por volar conmigo” en una librería de Rosario y como boludo que soy, no pude ni hacerle una pregunta, no me salían las palabras.
Creo que hay personas que vienen a cumplir su mandato y se van. Es así de simple. No se murió por el alcohol, la droga o el sida. Se murió por el hecho de que es imposible tener una vida sumamente sana en este mundo, en el que todos tenemos el mismo destino. Todos nos enfermamos y morimos. La muerte no avisa, sépanlo.
Yo creí que iba a tener tiempo para ver su última obra de teatro. Uno sabe cuando es el momento indicado para hacer las cosas. Es cuestión de borrar las excusas y hacerlo. Ya aprendí la lección.
El también quiso hacer una última función. Y esa última función existió. Solamente que, el, travestido arriba del escenario, en el momento en que la estaba haciendo, no sabía que esa sería la última función. Esa obra tuvo un antes y un después. Una función y defunción. Como lo fue su último vuelo como comisario de abordo, antes de que lo despidieran. No sé si es mejor o peor ser conciente de cual será tu último momento.

Por lo tanto, morir a los 46 años es un lujo. También creo que la vida es maravillosa y merece la pena ser disfrutada intensamente. Como lo hizo Peña.
Sus criaturas de la radio no me gustaban mucho, más me interesaba escucharlo a el. Pero también sentía miedo de que algún día me defraudara. Ahora tengo la certeza de que eso no va a suceder.
En la radio, siempre remataba con una frase así.: “Si me ve por la calle gríteme puto lindo. Porque la vergüenza no es ser puto. La vergüenza es robar”.
Único en su estilo. Era una persona que te podía gustar o no. Tenía una forma de ser discutible. De hecho, yo no estuve de acuerdo con su agresión a los chilenos. Muchas veces se contradecía. Pero el hablaba con convicción y lo que hacía era real. Lo aceptaba de esa forma.
Me despido. Gracias por todo lo que me dejaste Fernando Peña. Que descanses en paz puto lindo. Amén.

Andrés Belguich