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jueves, 16 de febrero de 2012

Éramos pocos, y habló Videla

Señaló que los Juicios de Lesa Humanidad “Son todos juicios políticos, como parte de esa venganza, de esa revancha” 


ARGENTINA.- El Dictador Jorge Rafael Videla concedió una entrevista al semanario español Cambio 16, y realizó polémicas declaraciones sobre su accionar durante la última Dictadura Militar. 

Condenado por delitos de Lesa Humanidad, Videla opinó que los juicios que se están desarrollando “Son todos juicios políticos, como parte de esa venganza, de esa revancha, como parte de ese castigo colectivo con que se quiere castigar a todas las Fuerzas Armadas". 

Aseguró que “los Kirchner son los que dijeron que no habría simetría en el asunto de la guerra que vivimos y nos señalaron a los militares como los malos, los responsables de crímenes de lesa humanidad, y a los terroristas como los buenos, como las víctimas de aquellos años terribles". 

Además, indicó que los desaparecidos no fueron 30 mil como se difunde, sino sólo 7 mil. 
Justificó el derrocamiento de Isabel Perón en 1976 diciendo que el golpe del 24 de Marzo “no fue una sorpresa para la mayoría de los argentinos porque era evidente que tarde o temprano se iba a producir y ocurrir” 

Y agregó: “Padecíamos vacío de poder, parálisis institucional y riesgo de una anarquía, y frente a este estado de cosas el clamor ciudadano, con sus dirigentes a la cabeza, pidiendo la intervención de las Fuerzas Armadas. Había un sentir general, que representaba Ricardo Balbín y otros dirigentes, en favor del cambio, de la intervención. La gente nos demandaba que interviniéramos e incluso Balbín llegó a decir en esos momentos que tenía las manos vacías de soluciones, que la clase política no podía hacer más.” 

“Nosotros éramos conscientes de la situación que se vivía, no podíamos dejar que el país siguiera inmerso en esa crisis y teníamos que actuar. Nuestra intención era ayudar a enderezar el rumbo y teníamos previsto que es lo que había que hacer con urgencia. Salimos a hacer lo que creíamos que había que hacer y estaba en nuestros planes”, concluyó.

lunes, 6 de febrero de 2012

Binner y Alfonsín volverán a cruzarse en la Internacional Socialista

Los dirigentes viajarán a Centroamérica en representación del Socialismo y la UCR, los dos partidos políticos argentinos que son miembros de la organización internacional.Volverán a encontrarse tras el frustrado intento de conformar una alianza electoral



El ex gobernador de Santa Fe y principal referente del Frente Amplio Progresista (FAP), Hermes Binner, y el diputado radical Ricardo Alfonsín coincidirán el lunes en la reunión del Consejo Ejecutivo de la Internacional Socialista que se desarrollará en Costa Rica.


El encuentro se producirá en momentos en que dirigentes de ambos partidos volvieron a evaluar la posibilidad de retomar el diálogo, que quedó complicado luego de la alianza con Francisco de Narváez que realizó el radicalismo en la provincia de Buenos Aires.

Para participar de la reunión del Consejo Ejecutivo de la Internacional Socialista, el ex gobernador de Santa Fe viajará junto al diputado nacional Juan Carlos Zabalza, y regresará el miércoles a la madrugada.

En tanto, Alfonsín viajará el domingo con uno de sus ex jefes de campaña, Marcelo Stubrin, para sumarse al encuentro en la ciudad de San José de Costa Rica.

Según indicaron allegados al socialista santafesino, Binner expresará su "rechazo total" a las declaraciones del primer ministro británico David Cameron, quien acusó a la Argentina de "colonialismo".

De este modo, el dirigente buscará el respaldo de los socialistas de todo el mundo que participarán el 23 y 24 de enero en San José de Costa Rica.
http://www.infobae.com/notas/627945-Binner-y-Alfonsin-volveran-a-cruzarse-en-la-Internacional-Socialista.html

lunes, 11 de julio de 2011

¿31 de julio o 23 de octubre? (Por Eduardo Aliverti)

¿31 de julio o 23 de octubre?

 Por Eduardo Aliverti
Este artículo es escrito en medio de versiones que hablan de que, con alrededor de 18 a 20 puntos de diferencia, analizan en Olivos la hipótesis de abrirse de la segunda vuelta. Son como las 12 de la noche y es ligeramente verosímil. Lo que no resuena veraz es que Cristina entregue la Capital mientras matemáticamente sea posible pelearla. Bajarse podría interpretarse como una equiparación con Macri, Solanas, Sanz, Cobos & Cía. No es creíble una Cristina bajada, y menos después de escucharlo a Filmus anunciando que va por más.
En principio, uno diría que el voto ganador fue ideológico. Hablamos de ideología en cuanto a favor o en contra de, no más que eso. Porque uno no puede creer que Macri haya ganado, como ganó, por su gestión. Uno registra cotidianamente (¿en su microcircuito?) que las escuelas y los hospitales porteños se caen a pedazos; que los taxistas braman de furia contra bicisendas que no usa nadie y cambios de mano que caotizaron el tránsito vehicular; que el Borda no tiene gas hace dos meses; que la Ciudad está cada día más sucia y todo lo de corrido que se quiera. Macri procesado. Macri tragándose el bigote postizo, mimetizado con Freddy Mercuri en su fiesta campestre de casamiento. Macri que tiene una papa en la boca, y todos los esfuerzos que se requieren para entender lo que dice. Pero evidentemente, eso no es así en lo referido a cómo se vota. Quizá sea que la invasión del amarillo, y un asfaltado por allí y otro por allá, y muchos carteles, y una estrategia de campaña bien direccionada y con mucha plata, son carta ganadora en el lugar donde se concentra la gente con más guita de este país. Es con el diario del lunes, correcto. Pero es.
Hay dos preguntas clave y complementarias sobre el resultado de ayer. Lo son más allá de un FpV asentado en un tercio electoral, con todo lo que eso significa en un escenario como el porteño: intrincado, volátil e históricamente reactivo al peronismo. La primera es en cuánto se habrían modificado los números si la Presidenta le hubiera puesto más el físico a la fórmula que decidió. ¿Una diferencia menor, tal vez? Si la respuesta es afirmativa, surge el interrogante de qué podría pasar con Cristina participando en forma intensa frente a la segunda vuelta. Es probable que pudiera servirle a la dupla kirchnerista para arrimar guarismos mejores, aunque difícilmente hasta el punto de ser un factor decisivo a fin de torcer el dictamen de este domingo. Pero también sería factible que una excesiva o más penetrante “intromisión” presidencial diera cabida al rechazo de, por lo menos, una franja de porteños reactivos a ese tipo de entrometimiento. Y una cantidad de votos con carácter de “franja” puede ser determinante, en tanto el dueto K debe remontar las cifras especulando con cómo acercar cada garbanzo. Si es por esta última apreciación –con la que el firmante se siente más proclive–, a Cristina le conviene seguir jugando sin variantes respecto de lo hecho hasta ahora, en rol de jefa de Estado mucho antes que como candidata. Al fin y al cabo, su mira es octubre y nunca el 31 de julio, por mucho que se trate de la Capital cuando, además, los cuatro años de Macri gobernándola no le alcanzaron para edificar una opción nacional. Si, además de octubre, la Presidenta piensa efectivamente en la sucesión 2015, no se ve cómo haría el hijo de Franco para moldear una fuerza expandida sin trabajar. En consecuencia, lo que suena más sensato de cara a la segunda vuelta capitalina es que quienes afilen discurso y acción –sobre todo esto último– sean los candidatos propiamente dichos. Parecería hora para caer en la cuenta de que la campaña de Filmus fue pobre, incluyendo aspectos a los que, sin prejuicios, debería prestarse muchísima más atención: marketing, colorido, creatividad, capacidad de ataque y contraataque. No es eso por sí solo lo que define un resultado, pero no hay campaña que pueda carecer de eso si lo que manda es un mano a mano o, más aún, un seguro segundo lugar. El kirchnerismo hizo ayer una gran elección en el distrito más jodido del país, no gracias sino a pesar de su proselitismo.
Por estas horas, la oposición saca una suma muy dudosa que no involucra, únicamente, a la condición psiquiátrico-ambulatoria de Elisa Carrió. Macri en Capital. Santa Fe entre socialistas-radicales y una buena elección del cómico Del Sel. Y Córdoba con el timón de De la Sota-Juez, adversos ambos a la Casa Rosada, bien que sin comer vidrio. De esa adición infieren un clima anti K en las tres ciudades mayores, que no se corresponde con ningún número preciso en aptitud de cambiar octubre. En la Ciudad Autónoma, en territorio santafesino e inclusive en el cordobés, la Presidenta tiene asegurado un piso electoral que, con el agregado de la ventaja fulminante en provincia de Buenos Aires –aporta 4 votos de cada 10, recordemos–, hace pensar en una prospectiva a su favor y sin retorno. ¿Tiene sentido común que la Presidenta se lance al intento cuerpo a cuerpo de revertir Capital, a riesgo de rebajar su imagen vencedora con probabilidades (muy) escasas? ¿Revertir tamaña ventaja?
Vaya el final para la feísima elección de Pino, quien es el único que merece ser estimado entre el resto de Macri-Filmus. El vástago de Alfonsín debería guardarse en Chascomús hasta más ver, en compañía de Zamora, Castrilli, López Murphy e indivisibles ad hoc. Desde una posición discursivo-romántico-nac&pop, Pino consiguió un cuarto de las voluntades porteñas en 2009. Envalentonado con esos dígitos, no más que los correspondientes a una elección de medio término en la peor instancia del kirchnerismo, se subió a una candidatura presidencial que carecía de todo correlato con posibilidades reales de siquiera discutir en la gran liga. Advertido de ello, fugó de tal alquimia. Descendió a la Capital con ínfulas de entrar al ballottage, aporte clarinista mediante. Por alguna razón, que desde fuera y dentro de sus filas se atribuye a la egolatría, insistió en creerse que podía jugar en Primera sin otra constatación que el Nacional B. Un luchador de toda la vida, un artista de rasgos sobresalientes, un cronista popular, vencido por la falta de vocación de poder. Por jugar con él: con el poder. No se dio cuenta de que la historia le tenía un papel reservado, de excelencia, para correr por izquierda a aquello que pregonó siempre, en lugar de aspirar a reemplazarlo –o algo así– a los 75 años. Y por si faltaba algo, mandó incendiar a una robusta ideológica y testimonial del nivel de Alcira, en rango de ¡¡¡candidata presidencial!!! Qué bajón, Pino. Haber perdido la mitad de los votos no en función de una utopía conquistable, digamos, sino para servírselos a Macri. Vos, Pino, que hiciste historia con La Hora de los Hornos. ¿No te corre un cosquilleo viendo la felicidad macrista? ¿Seguro que no te pasa nada? ¿Seguro que no estás pensando en que, de haber tenido una actitud más desprendida, estaríamos hablando del cabeza a cabeza contra la derecha, nada menos que en tu amada Buenos Aires? ¿Seguro que no analizaste como el tujes la correlación de fuerzas?
El resultado porteño termina siendo una dialéctica maravillosa, como lo es la cantidad de gente que votó a Macri y que en octubre sufragará por Cristina. La bonanza económica, ligeramente dicho, lleva a las simpatías por los oficialismos. O, en otras palabras, los kirchneristas están encorsetados por su éxito. Esto que pasó es demostrativo, o ratificatorio, de que además de los votos y la sensibilidad popular hay que construir poder. Los votos están, aunque haya ganado Macri con semejante diferencia, y son el primer requisito. Lo que le faltaría al kirchnerismo es comprender que no debe dormirse. El voto de ayer es producto del exitismo que generó en un núcleo poblacional, nada menor, capaz de mostrarle el lujo de que pueden pelearlo.
Ojo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Debajo de la superficie

 Por Eduardo Aliverti
Casi nada es o podría ser lo que parece. O tan fácil como parece. Es cierto. Todo lo que pasó era previsible para cualquiera con capacidad de hurgar por encima de la cáscara. Había una media docena de tipos, con sus pajes, convencidos de que podían librar la batalla presidencial sin mover un dedo (¿o todo lo contrario, y sólo se trataba de medir por si las moscas?). Gente creída de que alcanza con salir en la televisión. Sin trabajar. Sin recorrer el país. Sin militar su presunta aspiración todos los días. El ejercicio político, cuando se tiene auténtica voluntad de poder, exige un dale que te dale descomunal. Lo hizo la rata ya en el ’88, cuando le ganó la interna a Cafiero contra cualquier pronóstico. Laburó desde abajo. Cuando llegó a la cima se fue a dormir de la mano de Bushes, Yuyitos y remate de la Argentina sin más ni más, pero primero la yugó. Recorrió hasta el último pueblito de morondanga. Y cuando terminaban los agasajos de la noche, y ninguno de los pajes quería otra cosa que irse a dormir tras el asado o los platos regionales, él se iba atrás de la escenografía, a la cocina; y le daba la mano a uno por uno y una por una y les preguntaba qué necesitaban, al cocinero, al lavaplatos, a los mozos, a los empleados de la limpieza. Ayudado por la temperatura política, por supuesto, así ganó. A puro accionar de convicción poniendo el cuerpo. Por seguro de lo que quería. Como Alfonsín en el ’83, contra la mítica invencibilidad electoral del peronismo. Como –en otra escala– los publicistas de la Alianza en el ’99, que por lo menos militaron el clima de etapa desde sus bunker dibujantes de la anticorruptela; desde la sintonía fina con ese discurso light. Estos no, qué va. Cobos, quien ahora encima se bajó de ser candidato a gobernador mendocino porque, acepta, no le daría el cuero ni para atreverse a un Ejecutivo provincial con Buenos Aires en contra. Jamás salió de su despacho en el Senado. Jamás. Das Neves, que ni con olor a fraude. Sanz, que de tan radical se tomó el buque dos veces con pocos días de diferencia. Pino, que vendió ser el tótem argentinizado, porque no se trataba de coyunturas sino de proyectarse, para culminar eyectado (aunque en su caso, corre el atenuante de haber sido toda la vida un hombre comprometido, coherente, firme). Y ahora Mauricio, que hace unos diez años viene hablando de su entrenamiento para ser presidente y de nuevo termina bajado a la Capital, quemando desde cómicos de Midachi hasta caballeros de derecha como Pinedo en una aventura nacional que no es que nunca le importó, sino que nunca supuso que significaba trabajar. Eso, trabajar. Quedó el hijo de Alfonsín, nada más, rosqueando con lo que queda de la estructura del radicalismo provinciano e intenderil, para mantener concejalías y diputaciones eventualmente sostenedoras del reclamo por calidades institucionales. Incluso, se junta con De Narváez porque asegura que hace falta una pata peronista. Pero Binner y Stolbizer le echan la falta. Y Duhalde no existe. Y Reutemann sigue cuidando los lechones y, así dejara de cuidarlos, ¿iría con Mauricio? Macri lo quería, pero ya no pretende más. Se salió y no tiene retorno, y calcinó a su tropa, y ahora dice que “el anuncio lo doy yo y al vice lo pongo yo”. Uy. Qué chico malo. Anuncia su retirada en un club de barrio con dibujo circense. Pensó en una conferencia de prensa, pero optó por no arriesgarse a alguna pregunta incómoda. Mejor juntar solamente conchetos adictos. Debe ser horrible que hasta la propia derecha le recuerde a Mauricio la cantidad de veces que Alfonsín se comió perder contra Balbín, y sin embargo siguió. Ni esa épica volitiva tienen estos tipos. Se bajan a la primera de cambio. Abandonan. Los convencen las encuestas. No creen que haya algún después que valga la pena, pero sobre todo no les interesa construirlo. No les corre sangre. Les circula especulación.
El análisis facilongo es que Magnetto se salió con la suya y que hay un solo candidato opositor para concentrar los sectores medios anti K: el hijo de Alfonsín. Que tampoco era lo deseable para la comandancia periodística: querían un modosito más corrido a la derecha, menos socialdemócrata, más potente, menos figurado como en condiciones de timonear apenas las siestas de Chascomús. Ricardito no les alcanza ni ahí. Y entonces van a ir por la estrategia reducida, pero alcanzable, de que el kirchnerismo pierda la Capital a como sea. Es la vidriera que le resta a la derecha hasta más ver, o hasta donde da la vista hoy. Chance uno: todas las fichas a Macri para que retenga Buenos Aires, con el correlato de eventual impacto hacia octubre. Chance dos: Macri conserva un tercio del electorado porteño en cualquier caso, de modo que todas las fichas a Pino para que el ballottage deje afuera al candidato K. Según percepción del firmante, será la dos. En realidad, ya lo es. Basta certificarlo a Pino convertido en el niño mimado de TN y Grondona. Es un poder de fuego limitadísimo, a estar por la pérdida de credibilidad de esos sostenes electrónicos. Pero es la bala de que disponen. Todo a Pino, más lo que Macri presuntamente arrastra per se. Es la imagen de poder que mínimamente necesitan para reconstruir desde alguna parte. Conservar la Capital. Scioli se encuadró K porque no es ningún tonto; De Narváez se abre hasta el punto de mirar con cariño a los radicales, y viceversa; Duhalde es un papelón atrás del otro; Macri y el Colorado se cruzan, muy mal, por el reparto de listas entre Capital y territorio bonaerense. Y así. Vamos a Pino, apuesta la derecha. Si acaso ganara la segunda vuelta, después lo deglutirá su inexperiencia en todo lo que sea gestionar. Y entonces se verá, según la máxima especulación de una parte del establishment.
Esa también es una reflexión más o menos fácil. O nada más que de opinión periodística. Interesante, efectista, quizás eficiente. No es más profundo que lo discurrido por los parlantes columnísticos de Clarín o La Nación, en su cruzada desesperante por pulverizar a esta potencia casual y/o causal que estaba lejos, muy lejos, de sus cómodos cálculos conservadores. Esa mirada de corto o cortísimo plazo, basada en que a Cristina no hay con qué darle, como cuadro sobresaliente; como mujer; como oradora impresionante; como viuda reciente; como estampa que se puso el país al hombro en medio de una tragedia personal; como líder que ubica de ministra de Seguridad a otra mujer que se carga la Federal; como bajadora de línea que en cualquier observación objetiva está a años luz del mejor pretendiente porque, seamos sinceros de toda sinceridad, la única figura de este país que merece confianza de conducción política –con precisos alrededores– se llama Cristina Fernández. Esa mirada admirativa y merecida, decíamos, requiere de no ser mirón expectante. Demanda acercar militancia y ganas. Intima a no perder de vista que falta demasiado. Que a este Gobierno hay que correrlo por izquierda, pero sin el izquierdómetro de los platos voladores que, si es por eso, siempre encontrarán –con justeza abstracta, pero justeza al fin– lo mucho más a la izquierda que el Gobierno podría correr.
Lo electoral ya está, parece confirmarse. Quedaron, para jugar a oponerse, el apellidado nacional y el capitalino súbito que, conceptualmente aliado a Macri aunque no deba confundírselo con el enemigo, se pone a fría disposición de la derecha. Por lo tanto, es tentador decir que la madre de todas las batallas se concentra en la Ciudad Autónoma. Y no es que sea incorrecto. Es que no va más allá de lo electivo. Por arriba de eso, si se tienen pretensiones de ver antes que de mirar y punto, puede observarse un escenario donde lo que decide es, haga lo que haga la derecha, la vocación y ejecutividad del Gobierno por profundizar cambios progresistas.
Y la disposición social para acompañarlos, siendo que la derecha hará lo que tenga que hacer.