Mostrando entradas con la etiqueta derecha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derecha. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de enero de 2012

Baltasar Garzón afronta el segundo juicio en su contra


En calidad de observadores asisten al proceso miembros de Human Rights Watch y la Comisión Internacional de Justistas. Amnistía Internacional calificó de "escandaloso" el hecho de que el magistrado "sea juzgado por buscar la justicia, la verdad".


Aún sin la sentencia del proceso que comenzó y finalizó la semana por haber autorizado presuntas escuchas ilegales, el reconocido magistrado español y figura internacional de la defensa de los derechos humanos volvió a comparecer ante el Tribunal Supremo español, esta vez por haber iniciado una investigación sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el la Guerra Civil (1936-1939) y la dictadura franquista (1939-1975). Antes de entrar, saludó a las cientos de personas que se movilizaron en señal de apoyo y luego ingresó a escuchar las acusaciones en su contra que incluyen un pedido de inhabilitación por 20 años.

Dos organizaciones de extrema derecha, el pseudosindicato Manos Limpias y y la asociación Libertad e Identidad, acusan a Garzón por haberse declarado competente en 2008 para investigar los crímenes cometidos por el franquismo. La fiscalía pide la absolución. Garzón acusaba al dictador Francisco Franco y a 44 altos funcionarios de su régimen, todos ya muertos, de delitos contra los derechos humanos.

Suspendido desde hace dos años como juez instructor de la Audiencia Nacional española, Garzón está acusado de haber ignorado intencionadamente la Ley de Amnistía de 1977 cuando en 2008 se declaró competente para investigar la desaparición de más de 100 mil personas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. Pero tuvo que abandonar esta investigación porque la fiscalía le obligó a inhibirse.

La semana pasada, Garzón fue sometido a un primer juicio por prevaricación, acusado de haber violado el derecho de la defensa al haber ordenado la intervención de conversaciones en prisión entre los presuntos cabecillas de una vasta trama de corrupción y sus abogados, en la denominada trama Gürtel.

Garzón, de 56 años, alcanzó renombre internacional con el inicio de procesos contra los represores de la última dictadura militar en Argentina y por haber ordenado la detención del dictador chileno Augusto Pinochet en Londres, en octubre de 1998, aunque al final no consiguió su objetivo de que este fuese extraditado a España.

En calidad de observadores asisten al proceso miembros de Human Rights Watch y la Comisión Internacional de Justistas. Amnistía Internacional calificó de "escandaloso" el hecho de que el magistrado "sea juzgado por buscar la justicia, la verdad y la reparación para las víctimas y los familiares de una violación masiva de derechos humanos".

lunes, 1 de agosto de 2011

La retaguardia (Por Sandra Russo)


 Por Sandra Russo
La semana pasada, el suceso de Miguel Del Sel en Santa Fe expresó el nuevo hilo que une al campo y a la ciudad, el que lo enlaza a Mauricio Macri. El de una nueva derecha que no tiene nada de nuevo, salvo la confirmación de que hay un tipo de derecha y un tipo de electorado de derecha, en la Capital sí como primera minoría holgada, que por algún motivo necesita camuflarse en una oferta y una demanda de candidatos mediáticos, con todo lo que los grandes medios hoy implican.
Del Sel y Macri cerraron sus campañas en el living de Susana Giménez, la conductora que evita hablar de política porque dice que no sabe de política, pero que opera políticamente justo desde ahí, desde su falsa ignorancia, haciendo bandera de ella, como esos candidatos, que dicen representar cierta “frescura” que emana de los recién llegados a un ruedo que pretenden manchado y pecaminoso. Que sus verdaderos aliados políticos sean precisamente los que más la mancharon es un detalle que Susana disimula perfectamente. ¿Por qué habría de saberlo si ella ignora todo, hasta que los dinosaurios se extinguieron?
La derecha no tiene misterios. Es lo único que conocimos durante décadas. Lo que hubo y lo que nos dio vergüenza. Lo que jamás enfrentó ninguna pelea con los medios, porque la derecha y los grandes medios en cualquier parte del mundo quieren lo mismo y son lo mismo.
En ese sentido, Del Sel viene a cubrir un falso vacío y es una falsa novedad en la política argentina, que ya tuvo su época de famosos al repentino servicio de lo público: su irrupción se apoya en el viejo discurso de que los que tienen plata no robarán porque nunca “han vivido de la política”, como si la política se agotara en ser puntero.
Ese discurso gira en falso como el viento nuevo que dice traer, pero siempre prende. Es un discurso macerado, añejado y engordado por sectores a los que les repele la política cuando deja de ser la que asiste a su palco. Sectores en paridad con el electorado. Sectores que se representan a sí mismos y quieren equipararse con el Estado, que representa a todos. Bajo cualquier gobierno con la cabeza en alto.
Es el mismo hilo de la derecha que unió a Macri con Biolcati en el Palco de la Rural. Un hilo que tira para atrás aunque diga lo contrario, porque dice cualquier cosa. La derecha que ahora ya mucho más desenmascarada desenrolla su hilo y une a Macri con Del Sel, con Biolcati, con Duhalde, con Venegas, con Rico, con Barrionuevo, con... ¿Cuánto falta para que Patricia Bullrich se fascine?
Han sacado partido del miedo que les da “un exceso” de kirchnerismo. Un miedo funcional, fogoneado y a coro. Muchos han votado a Macri convencidos de que las bicisendas no están mal, pero otros lo han hecho tapándose la nariz, por miedo. Buenos Aires no quiere cambiar. Buenos Aires no cambió. Buenos Aires no ha participado del cambio que ha llegado a recónditos lugares del país. La ciudad sigue hostil a los vientos que mantienen al país en cambio constante desde hace ocho años, gambeteando la crisis internacional gracias a políticas a las que tanto Macri como casi toda la oposición se opusieron.
Todo el mundo tiene derecho a ser lo que quiera, incluso conservador, pero al menos uno espera que no le hayan creído eso de que quiere “bajar el nivel de agresión” y que quiere “trabajar en conjunto y articulado” con el gobierno nacional. No les ha importado que el fin para Macri justifique los medios. No les han importado muchas cosas que no le habrían perdonado a otros. No es casual el voto conservador en una ciudad que ha sido el emblema, el ombligo, el clímax de una idiosincrasia petulante que ve en el interior el atraso que hoy expresa su propio voto.
La Capital es el dique que hoy soporta y sostiene las ideas que ya sumaron muchos fracasos. La Capital, tan orgullosa de cosas que no se explican, hoy prefiere ser la retaguardia.

sábado, 2 de julio de 2011

Voces del más acá (2001-2011)



Según la lectura del santo evangelio según San Juan (2, 13-22)
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas:
Jesús: «Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado.»
Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: “El celo por tu casa me devorará”.
Una realidad que atesora nuestra lucha contra el imperio en donde las banderas de la Paz luchan contra la hipocresía y la ambición de unos pocos. El baile de la esperanza se ha puesto en pié. Y los rivales mercenarios, conformados por idiotas con carnet, pretenden reducirlos a cenizas.
La crisis económica y las protestas multitudinarias en Grecia y España bien podríamos compararlo con la nuestra del 2001. Donde las movilizaciones contra el modelo neoliberal fue la realidad que desmentía el discurso del modelo global como único modelo a imitar, y toda esa cultura pesimista que quisieron instalar durante los noventas, en nuestro país.
Está claro que el poder y el dinero son las fuerzas que mueven al mundo. Pero hay otros valores que permanecen vigentes. Alguien dijo una vez: "Cada pueblo tiene el gobierno que se merece". Mensaje reivindicado por los sectores más conservadores utilizando la consigna: "Alpargatas si. Libros no", mostrando como desigual al hombre ante la sociedad.
Quedó demostrado que no fue así. Nuestro pueblo es un pueblo maravilloso, y muchas veces, tuvo gobiernos que no se merecía. Quiénes, junto a las Madres del dolor, salieron a la calle a denunciar los delitos contra la humanidad, de aquellos espurios modelos que bastardearon y entregaron el patrimonio cultural que la Argentina construyó. Y la voz del pueblo es la catástrofe universal y natural en donde todas las lenguas hablan un mismo idioma.
El milagro de los dioses vive y renace en todas esas voces que gritan al no ser escuchados. Un idioma que la cultura del neoliberalismo, en conjunto con el mensaje de algunos medios de comunicación y la formación de ejércitos colonialistas de todo el mundo para imponer la dominación, quiso analfabetizar.
Cada voz con hambre es una voz hermana. Porque es una voz humana. No es una voz caprichosa y deshonesta. No hay fronteras ni barbaries que consigan desmentirlo. A veces, los mejores actos del ser humano se ven reflejados en el inconsciente. Pues allí dejamos nuestras esperanzas. El saludo es el más fiel y gesto noble del ser humano. Aún los recuerdos añoran nuestros sentimientos de libertad, fraternidad e igualdad.
Como decía José Pablo Feimann: "La Derecha tiene una concepción jerárquica de la vida, cree profundamente en la desigualdad". Hoy, a más de un siglo del estreno de  “M’hijo el dotor”, de Florencio Sánchez, nuestro país cuenta con instrumentos de desarrollo social e inclusión. Ahora podemos decir: "Alpargatas si. Libros también".
Vive en nuestro ser la memoria del hombre. Aquella que ni la más poderosa corporación ha conseguido engañar. No es tonta la esperanza de pobre, si con luchas y batallas la Patria se levanta y reclama lo que le pertenece. Cuando el pueblo tiene que salir, sale. Y es la única voz que hay que escuchar. Porque en ella se encuentra lo más puro y noble de la memoria del hombre. De aquellos que lucharon y hoy siguen resistiendo, reclamando dignidad, que con ajustes no se podrá restaurar. Porque, como les decía, el planteo de la derecha es mostrar al hombre desigual.
El hambre se llevó y trajo a luz el coraje de los hombres. Y es por ello que no debemos renunciar a nuestros principios. Y es a aquellos, a quiénes debemos apoyar.
En esa lucha entre el pueblo y el imperio se disputa el futuro de una Patria unida y soberana. Dar la vida por la vida es la mejor muerte que hay. No hay vida sin resurrección. Paridos por mujeres los valientes de hoy, quiénes serán los hijos del mañana.
El capitalismo está viejo y tonto ya. Pronto a convertirse en un chiste de vereda. La imagen de dos vecinos, entre mate y mate, conversando y recordando: "¿Se acuerda Don Antonio, cuando al capitalismo lo mandamos a la concha de su madre? Como hizo Jesús con los mercaderes del templo jajaja. Y salieron rajando los tipos jajaja".
El cambio se está produciendo. A bailar que el mundo sigue en pié. Ni un paso atrás.

"Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera". ("Martín Fierro" de José Hernández).


Andrés Belguich

lunes, 9 de mayo de 2011

Debajo de la superficie

 Por Eduardo Aliverti
Casi nada es o podría ser lo que parece. O tan fácil como parece. Es cierto. Todo lo que pasó era previsible para cualquiera con capacidad de hurgar por encima de la cáscara. Había una media docena de tipos, con sus pajes, convencidos de que podían librar la batalla presidencial sin mover un dedo (¿o todo lo contrario, y sólo se trataba de medir por si las moscas?). Gente creída de que alcanza con salir en la televisión. Sin trabajar. Sin recorrer el país. Sin militar su presunta aspiración todos los días. El ejercicio político, cuando se tiene auténtica voluntad de poder, exige un dale que te dale descomunal. Lo hizo la rata ya en el ’88, cuando le ganó la interna a Cafiero contra cualquier pronóstico. Laburó desde abajo. Cuando llegó a la cima se fue a dormir de la mano de Bushes, Yuyitos y remate de la Argentina sin más ni más, pero primero la yugó. Recorrió hasta el último pueblito de morondanga. Y cuando terminaban los agasajos de la noche, y ninguno de los pajes quería otra cosa que irse a dormir tras el asado o los platos regionales, él se iba atrás de la escenografía, a la cocina; y le daba la mano a uno por uno y una por una y les preguntaba qué necesitaban, al cocinero, al lavaplatos, a los mozos, a los empleados de la limpieza. Ayudado por la temperatura política, por supuesto, así ganó. A puro accionar de convicción poniendo el cuerpo. Por seguro de lo que quería. Como Alfonsín en el ’83, contra la mítica invencibilidad electoral del peronismo. Como –en otra escala– los publicistas de la Alianza en el ’99, que por lo menos militaron el clima de etapa desde sus bunker dibujantes de la anticorruptela; desde la sintonía fina con ese discurso light. Estos no, qué va. Cobos, quien ahora encima se bajó de ser candidato a gobernador mendocino porque, acepta, no le daría el cuero ni para atreverse a un Ejecutivo provincial con Buenos Aires en contra. Jamás salió de su despacho en el Senado. Jamás. Das Neves, que ni con olor a fraude. Sanz, que de tan radical se tomó el buque dos veces con pocos días de diferencia. Pino, que vendió ser el tótem argentinizado, porque no se trataba de coyunturas sino de proyectarse, para culminar eyectado (aunque en su caso, corre el atenuante de haber sido toda la vida un hombre comprometido, coherente, firme). Y ahora Mauricio, que hace unos diez años viene hablando de su entrenamiento para ser presidente y de nuevo termina bajado a la Capital, quemando desde cómicos de Midachi hasta caballeros de derecha como Pinedo en una aventura nacional que no es que nunca le importó, sino que nunca supuso que significaba trabajar. Eso, trabajar. Quedó el hijo de Alfonsín, nada más, rosqueando con lo que queda de la estructura del radicalismo provinciano e intenderil, para mantener concejalías y diputaciones eventualmente sostenedoras del reclamo por calidades institucionales. Incluso, se junta con De Narváez porque asegura que hace falta una pata peronista. Pero Binner y Stolbizer le echan la falta. Y Duhalde no existe. Y Reutemann sigue cuidando los lechones y, así dejara de cuidarlos, ¿iría con Mauricio? Macri lo quería, pero ya no pretende más. Se salió y no tiene retorno, y calcinó a su tropa, y ahora dice que “el anuncio lo doy yo y al vice lo pongo yo”. Uy. Qué chico malo. Anuncia su retirada en un club de barrio con dibujo circense. Pensó en una conferencia de prensa, pero optó por no arriesgarse a alguna pregunta incómoda. Mejor juntar solamente conchetos adictos. Debe ser horrible que hasta la propia derecha le recuerde a Mauricio la cantidad de veces que Alfonsín se comió perder contra Balbín, y sin embargo siguió. Ni esa épica volitiva tienen estos tipos. Se bajan a la primera de cambio. Abandonan. Los convencen las encuestas. No creen que haya algún después que valga la pena, pero sobre todo no les interesa construirlo. No les corre sangre. Les circula especulación.
El análisis facilongo es que Magnetto se salió con la suya y que hay un solo candidato opositor para concentrar los sectores medios anti K: el hijo de Alfonsín. Que tampoco era lo deseable para la comandancia periodística: querían un modosito más corrido a la derecha, menos socialdemócrata, más potente, menos figurado como en condiciones de timonear apenas las siestas de Chascomús. Ricardito no les alcanza ni ahí. Y entonces van a ir por la estrategia reducida, pero alcanzable, de que el kirchnerismo pierda la Capital a como sea. Es la vidriera que le resta a la derecha hasta más ver, o hasta donde da la vista hoy. Chance uno: todas las fichas a Macri para que retenga Buenos Aires, con el correlato de eventual impacto hacia octubre. Chance dos: Macri conserva un tercio del electorado porteño en cualquier caso, de modo que todas las fichas a Pino para que el ballottage deje afuera al candidato K. Según percepción del firmante, será la dos. En realidad, ya lo es. Basta certificarlo a Pino convertido en el niño mimado de TN y Grondona. Es un poder de fuego limitadísimo, a estar por la pérdida de credibilidad de esos sostenes electrónicos. Pero es la bala de que disponen. Todo a Pino, más lo que Macri presuntamente arrastra per se. Es la imagen de poder que mínimamente necesitan para reconstruir desde alguna parte. Conservar la Capital. Scioli se encuadró K porque no es ningún tonto; De Narváez se abre hasta el punto de mirar con cariño a los radicales, y viceversa; Duhalde es un papelón atrás del otro; Macri y el Colorado se cruzan, muy mal, por el reparto de listas entre Capital y territorio bonaerense. Y así. Vamos a Pino, apuesta la derecha. Si acaso ganara la segunda vuelta, después lo deglutirá su inexperiencia en todo lo que sea gestionar. Y entonces se verá, según la máxima especulación de una parte del establishment.
Esa también es una reflexión más o menos fácil. O nada más que de opinión periodística. Interesante, efectista, quizás eficiente. No es más profundo que lo discurrido por los parlantes columnísticos de Clarín o La Nación, en su cruzada desesperante por pulverizar a esta potencia casual y/o causal que estaba lejos, muy lejos, de sus cómodos cálculos conservadores. Esa mirada de corto o cortísimo plazo, basada en que a Cristina no hay con qué darle, como cuadro sobresaliente; como mujer; como oradora impresionante; como viuda reciente; como estampa que se puso el país al hombro en medio de una tragedia personal; como líder que ubica de ministra de Seguridad a otra mujer que se carga la Federal; como bajadora de línea que en cualquier observación objetiva está a años luz del mejor pretendiente porque, seamos sinceros de toda sinceridad, la única figura de este país que merece confianza de conducción política –con precisos alrededores– se llama Cristina Fernández. Esa mirada admirativa y merecida, decíamos, requiere de no ser mirón expectante. Demanda acercar militancia y ganas. Intima a no perder de vista que falta demasiado. Que a este Gobierno hay que correrlo por izquierda, pero sin el izquierdómetro de los platos voladores que, si es por eso, siempre encontrarán –con justeza abstracta, pero justeza al fin– lo mucho más a la izquierda que el Gobierno podría correr.
Lo electoral ya está, parece confirmarse. Quedaron, para jugar a oponerse, el apellidado nacional y el capitalino súbito que, conceptualmente aliado a Macri aunque no deba confundírselo con el enemigo, se pone a fría disposición de la derecha. Por lo tanto, es tentador decir que la madre de todas las batallas se concentra en la Ciudad Autónoma. Y no es que sea incorrecto. Es que no va más allá de lo electivo. Por arriba de eso, si se tienen pretensiones de ver antes que de mirar y punto, puede observarse un escenario donde lo que decide es, haga lo que haga la derecha, la vocación y ejecutividad del Gobierno por profundizar cambios progresistas.
Y la disposición social para acompañarlos, siendo que la derecha hará lo que tenga que hacer.

lunes, 2 de mayo de 2011

¿Se acabó?

 Por Eduardo Aliverti
El acto de la CGT y las ya extravagantes movidas electorales se pueden dejar para después. Al fin y al cabo, respecto de eso no pasó nada que no pudiera pasar. En cambio, los dos cuerpos noticiosos restantes son más significativos.
Uno estuvo dado por los mandobles a la bartola, y se concentraron hacia mediados de semana. Primero fue que había caído en Ezeiza un financista caponarco, que vive en el país desde 2005 y fundador de una constructora en Puerto Madero. Bajo la fijación de agenda del diario instrumental, y según lo remarcó en portada un recuadro que indicaba a la Argentina como “refugio tentador”, los medios y tilingos adheridos machacaron con nuestro carácter de territorio cocainómano incontrolado. El intento de relacionar al Gobierno con ese presunto libre albedrío se acabó, a las horas de publicado y reproducido, porque incluso los periodistas electrónico-amplificadores no se veían cómodos en el papel de llevar semejante delirio a rol de primera plana. De modo tal, a la jornada posterior el tema desapareció y fue reemplazado por uno mucho más afín al sentido común y al interés popular. Es así que surgió como cuestión prioritaria de portada que el plan Carne para Todos, anunciado y escenografiado por la Presidenta el día anterior, cubre sólo el 0,15 por ciento del consumo. Eso ya suena o directamente impacta como más sensato, hay que admitir: ni el propio oficialismo desmintió que 10 mil kilos de carne acordados a (muy) bajo precio son la nada misma, contra los más de 6,5 millones de kilogramos que se venden por día. Tal como las milanesas o el pescado “para todos”, son jugadas destinadas al fracaso completo. Pretenden tramar sobre una producción simbólica de contenido anti-inflacionario, que choca de frente contra la realidad impuesta en los comercios. Al Gobierno le va bien, como es dable deducir o certificar, cuando la Presidenta recuerda que los precios no son formados por el Estado sino por los actores privados. Le va bien cuando pregona –y ejecuta– el derecho de intervenir en las decisiones orgánicas de las grandes empresas privadas cuyo directorio integra. Le va bien, con todo lo mal que le iba hace nada más que un par de años, cuando mete mano en las ganancias estratosféricas de los campestres y ya nadie lo discute. En esa línea, también caen simpáticos, o irreprochables, los allanamientos a Cargill, Molinos y Bunge, por presunta asociación ilícita para evadir al fisco por más de 300 millones de pesos. Y ni hablar de lo bien que le va al oficialismo cuando identifica a adversarios precisos, como Clarín, Techint & Cía. Pero no semeja que pueda irle precisamente como los dioses cuando hace el acting de qué barato que se compra con los “planes para todos”. Ese es un serio, muy serio error de su política –o táctica– comunicacional. Y en la medida en que eso afecta lo que “la gente” percibe en su bolsillo, no debería descuidarse tan alegremente. En otro contexto, si hubiese una oposición que aunque más no fuere supiera especular con alguna altura, el kirchnerismo tendría problemas severos con estas tonterías. No hay esa oposición, por cierto y, por tanto, la humilde advertencia se convierte en un ensayo hipotético. Sin embargo, el periodista cree que siempre es mejor tener los reflejos activados porque, alguna vez, el viento no soplará de cola; la derecha inventará algo como para no ser tan patética, y fuegos que ni alcanzan a ser artificiales, como la carne, o el pescado, o las milanesas para todos, podrán o podrían volverse un boomerang.
De todas maneras, para volver bastante atrás, lo anterior es constitutivo de los mandobles, de un lado y de otro. El bloque noticioso dos, que es el dictamen parlamentario para regular a las empresas de medicina prepaga, es otra cosa. Ahí ya es cuestión de que el Gobierno –con el consenso opositor unánime salvo, naturalmente, las filas de Macri– resolvió intervenir en la redituable orgía del sistema privado de salud. Tendrán que pasar a mejor vida los recargos por edad; el rechazo por enfermedades preexistentes; los “períodos de carencia” que ni siquiera cubren las prestaciones del Plan Médico Obligatorio; el rebote a los discapacitados. Los medios de la derecha reaccionaron haciéndole el coro a la irritación de las prepagas, que le aportan cifras de publicidad muy estimables al periodismo independiente. Pero no es, sólo, el otorgamiento de espacios a los voceros de la medicina privada. Para que no queden dudas, encima de eso se lanzan a cuestionar que el Estado interfiera en lo que denominan “contratos entre particulares”. ¿Por qué el Gobierno no se dedica a la salud pública y deja que las gallinas negocien libremente con el zorro?, preguntan los periodistas liberales de pacotilla que, en cualquier país del primer mundo, no se animarían a interrogantes de esa naturaleza, so pena de caer en un ridículo que aquí sienten como impune. No hay Estado más intervencionista que el de las naciones desarrolladas, justamente porque la protección básica del consumidor es elemento esencial para que éste siga creyendo en el consumo como en el Espíritu Santo. Si alargamos la lógica de estos mercachifles, podría preguntarse por qué el Estado se involucra en las cuotas de las escuelas privadas; en –claro– lo que se le da la gana exportar a “el campo” o, sencillamente, en lo que se gasta en “la seguridad” siendo que los sectores de alto poder adquisitivo pueden pagarse policía propia. Es decir: déjenos el Estado la ley de la selva, porque nosotros sabemos arreglarnos con nuestros leones, y que la administración pública se haga cargo de los monos. Pero más luego, cuando los monos se nos vienen encima porque ese Estado equilibrador fue desquiciado gracias a las políticas desregulatorias que pregonamos, pediremos más Estado cumpliendo sus funciones básicas de reglamentar y reprimir. Ese es el raciocinio de la derecha, cuya contrapartida sería –siempre en autos con el carácter transitivo de sus argumentos– que haya de inmediato una revolución socialista, pero aplicada por un gobierno reformista que no le afecte sus intereses y, a la par, brinde cobertura universal de salud, educación, seguridad, vivienda y que sigan los éxitos. De manera que lo que tenemos viene a ser en definitiva una derecha de raigambre trotskista, lo cual se corrobora por esa capacidad cariocinética de ser dos o tres pedazos y dividirse en diez o veinte.
Según las últimas noticias, podría dar la impresión de que no es tan así a caballo de que en la disparada hacia los botes ya se bajaron Solanas, Sanz, Cobos y Macri. Salvo que, en el caso de este último, no se considere todavía como abandono haber dicho que su candidatura presidencial quedó “stand by”. Una de las frases más portentosas de la historia política argentina. Sin embargo, esa estampida opositora da una dimensión exacta de la carencia absoluta de alternativas serias al kirchnerismo, cristinismo, experiencia progre o como quiera llamársele. Y es en ese recorte que los análisis y especulaciones sobre el acto de la CGT quedan faltos de mayor sentido. Aun cuando se diera por legítima la visión gorila más recalcitrante, acerca de que esa manifestación fue la eterna suma de ómnibus contratados y choripán, la pregunta sería si hay alguna opción confrontadora que pueda llenar más de veinte micros. Aun si no se reparara en que el discurso de Moyano se contorneó a pie juntillas al lado de Cristina, cuando el cálculo era que se trataba de una jornada extorsiva para conseguir puestos cegetistas en la listas de octubre. Aun pensando que Cristina, al no ir, los dejó de garpe porque su apuesta pasa por terminar la reconquista de la clase media invariablemente reactiva a los modos del “morochismo” sindical, no se altera que hay los que fijan la agenda y los que gracias si llegan a comentarla.
Da la sensación, entonces, de que esto se acabó si es por esperar modificaciones gruesas en el plazo que resta hasta octubre. Puede ser una buena noticia si hablamos de que están sentadas las bases para el “nunca menos”. Como otras veces se ha dicho: nada menos que eso, y nada más que eso.

jueves, 21 de abril de 2011

La resurrección de las ideologías

DEBATE SOBRE LAS DEFINICIONES POLITICAS DE MARIO VARGAS LLOSA
El Nobel de Literatura pasó “un día intelectual en el campo”. Disfrutó de un asado y hasta bailó un gato. De paso criticó el populismo y a Chávez. Aquí, dos miradas sobre cómo la derecha se adecua o aspira a recuperar el liderazgo en América latina.
 Por Atilio A. Boron *

La derecha y su fábrica de mentir

La cumbre de la ultraderecha mundial en Buenos Aires revela varias cosas. Por un lado, la creciente desesperación del imperialismo para “reordenar su tropa” y retomar el control de este continente. La heroica resistencia de Cuba, la solidez política de los procesos radicales en marcha en Venezuela, Bolivia y Ecuador y, por último, la persistencia de una orientación latinoamericanista e integracionista en Argentina, Brasil y Uruguay generan el desasosiego de los administradores imperiales. El resultado de la primera vuelta electoral en Perú y la probabilidad de un triunfo de Ollanta Humala es otro dolor de cabeza para la Casa Blanca. De ahí el hiperactivismo de los publicistas imperiales, con Mario Vargas Llosa como mascarón de proa acompañado por impresentables como José M. Aznar, derrotado en una ejemplar elección por mentirles descaradamente a los españoles sobre los atentados de Atocha, y Arnold Schwarzenegger, artífice de la paulatina destrucción del más importante sistema de universidades públicas de Estados Unidos, la Universidad de California.
La llegada a Argentina de este contingente financiado por poderosos “tanques de pensamiento” de la derecha radical como la Sociedad Mount Pelerin, el Instituto Cato, la Fundación Heritage y el Fondo Nacional para la Democracia con estrechas vinculaciones con los servicios de inteligencia de EE.UU. y un deshonroso activismo al servicio de las más criminales dictaduras latinoamericanas demuestra la agresiva internacionalización de la derecha, bajo la dirección de Washington, y la importancia que le dan a la “reconquista” de este continente.
Pero el evento también revela algo que ni siquiera el eximio manejo del lenguaje de Vargas Llosa o los artilugios retóricos de otro visitante, Fernando Savater, pueden disimular: que el neoliberalismo es una receta que sólo sirve para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres. Ahí están para comprobarlo los casos ya no de América latina sino los de la rica Europa y EE.UU., claros ejemplos de la debacle a la que conducen las políticas neoliberales. En una medida sin precedentes la calificadora de riesgo Standard & Poor’s acaba de modificar la perspectiva de los títulos de la deuda estadounidense de “estable” a “negativa”. El neoliberalismo transformó a la superpotencia en una nación de pedigüeños que sobrevivirá mientras chinos, japoneses y surcoreanos estén dispuestos a prestarles dinero. La deuda pública de EE.UU. llegó a 47 mil dólares por habitante y a nivel global ya supera los 14 billones de dólares (es decir: 14 millones de millones), una cifra equivalente a su PBI, mientras que hace apenas 30 años oscilaba en torno del billón de dólares. ¡Todo un éxito de las políticas neoliberales! A su vez, la crisis europea que estalló en Grecia ya arrastra a Portugal, Irlanda; Italia y España están caminando al filo de la navaja, mientras Francia, Reino Unido y Alemania ven deteriorarse su situación día a día. Pero los ideólogos y publicistas neoliberales persisten en su prédica porque en el río revuelto de la crisis el gran capital financiero se fortalece a expensas de los millones que se declaran en bancarrota. Tres millones de deudores hipotecarios en default en EE.UU. no impidieron que los sueldos anuales de los principales CEOs de Wall Street regresaran a los niveles multimillonarios de antaño. En una palabra: nuestros ilustres visitantes no son otra cosa que una pandilla de embaucadores y publicistas que en su ideologismo barato hacen caso omiso de los datos que brotan de la experiencia.
Dado que los concurrentes al cónclave de Buenos Aires insisten tanto sobre las bondades del neoliberalismo para nuestra región es oportuno darle una ojeada a lo que piensan los latinoamericanos sobre las políticas neoliberales. La consultora Latinobarómetro releva todos los años las opiniones y actitudes políticas y sociales de la población en 18 países del área. Sus datos son tanto más pertinentes porque se trata de una empresa con un fuerte sesgo conservador y para nada sospechosa de ser crítica del neoliberalismo. En ediciones anteriores de su informe anual se le olvidó consignar que en 2002 había habido un golpe de Estado en Venezuela. Ahora, en su Informe 2010 se dice que en ese año en Ecuador “hubo un confuso incidente con las fuerzas policiales que fue calificado por algunos como ‘golpe’”. Dejamos a los lectores que extraigan las conclusiones por sí mismos. Pues bien: en ese mismo documento se pregunta a los entrevistados si creen que las privatizaciones han sido beneficiosas. Sería bueno que don Mario y sus amigos les peguen una miradita a estos datos porque en Latinoamérica en su conjunto sólo 36 por ciento contesta por la afirmativa. Y si se observan los datos para Perú apenas el 31 por ciento ofrece la misma respuesta, 34 por ciento en Chile y 30 por ciento en Argentina. Interrogados acerca de su satisfacción con los servicios públicos privatizados (otro de los caballitos de batalla del neoliberalismo) sólo un 30 por ciento de los latinoamericanos responde afirmativamente, 27 por ciento en Chile y Perú, y 30 por ciento en Argentina. Sobre la situación económica de sus países, el 27 por ciento de los entrevistados de Chile –casi uno de cada cuatro– dice que la misma es buena o muy buena, contra un 17 por ciento en Argentina (igual al promedio latinoamericano) y un escuálido 10 por ciento en el Perú de Alan García y su (ahora) admirador Vargas Llosa. Cuando se pregunta “cuán justa es la distribución de la riqueza”, el país con la mayor proporción de quienes dicen que es “justa o muy justa” es la tan vilipendiada –por los organizadores de esta maratón publicitaria– Venezuela bolivariana, con un 38 por ciento, contra un 14 en Perú y un 12 en Argentina y Chile, país al que nuestros visitantes nos sugieren imitar por sus logros económicos y sociales a pesar de que el 88 por ciento de la población entrevistada afirma que la actual distribución de la riqueza es injusta. Por cierto, un detalle nimio para los ideólogos de la derecha.
Podríamos seguir aportando cifras que revelan la profunda insatisfacción con los resultados de las políticas neoliberales en América latina. Claro está que esto no va a modificar la postura de nuestros visitantes. Tal como los teólogos medievales insistían en que la tierra era plana mientras contemplaban las esferas del Sol y la Luna, estos modernos publicistas de la reacción siguen haciendo su trabajo, impertérritos ante los datos de la experiencia. Su misión es propalar esas “mentiras que parezcan verdades”, para usar una incisiva frase del notable escritor e inescrupuloso publicista del imperio, que con su florida y precisa prosa se le ha encomendado la delicada misión de otorgarle credibilidad a una estafa que nuestros pueblos pagan con su dolor y, muy a menudo, con sus vidas.
* Politólogo.