Mostrando entradas con la etiqueta eduardo aliverti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eduardo aliverti. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de febrero de 2013

Respuesta de la familia del ciclista atropellado a Aliverti

Su hijo está acusado de atropellarlo



Sergio Rodas, el hermano del ciclista atropellado por Pablo García, le envió una carta a Eduardo Aliverti en la cual le solicitó debatir acerca de la "irresponsabilidad de manejar ebrio" y discutir sobre "cómo las leyes parecen beneficiar a quienes conducen alcoholizados".

De esta manera el hermano de Reinaldo Rodas le contestó por escrito a Aliverti luego que el periodista había pedido "debatir sobre la ética periodística" y entre otras cosas el hombre reveló que el locutor "parece ser un buen padre por la forma que protegió a su hijo durante estos días turbios".

El hermano del ciclista envió la carta al sitio Perfil.com y en la misma comenzó diciendo: "Sr. Aliverti: Tal vez sería de más actualidad sugerir un debate sobre la irresponsabilidad de conducir ebrio o de cómo las leyes de este país parecen beneficiar dicha actitud (que el manejar alcoholizado, sea un atenuante.)".

"¿Pero quien soy yo para sugerirle temas de debate? No estoy a su estatura intelectual ni mucho menos. Somos gentes del montón como lo era mi hermano. Hoy de repente el tema entró por el camino que menos queríamos, ninguno de nosotros (familiares directo) hubiésemos querido mediatizar esta gran tragedia que nos invade y que nos acompañará toda la vida", escribió.

Asimismo continuó: "Pero es así como se siente desde acá abajo, un estado de desamparo que hace insoportable el dolor. Ahora comprendemos mucho más a las victimas de tránsito, estamos sufriendo en carne propia la sensación de que todo va a quedar en un simple accidente con muerto pero sin culpables". 

"Por esto Sr. Aliverti creo sinceramente que sería más beneficioso para la sociedad un debate profundo sobre este tema, usted que tiene los medios y el poder de hacerlo. Y como Usted dice la vida de algún modo seguirá", aseveró en la carta.

Finalmente reveló: "Veo que parece ser un buen padre por la forma que protegió a su hijo durante estos días turbios ..y seguramente lo seguirá haciendo, lo seguirá ayudando y conteniendo. Aunque ya es un hombre tiene mucho para enseñarle.

Hágalo Usted que puede, mi hermano ya no va poder hacer lo mismo con su hijo. Atte.: Sergio Rodas (Hermano de Cacho)".

jueves, 21 de febrero de 2013

Colegas de Pablo García Aliverti se solidarizaron con los familiares de la víctima

ACCIDENTE PANAMERICANA 

21 de febrero de 2013 (Info Region) Hora: 10:17 

El equipo del programa radiofónico "Uno Nunca Sabe" que se emite por AM750, en el cual trabaja Pablo García, el joven que atropelló a un hombre al que llevó 17 kilómetros en su auto por Panamericana, se solidarizó con la familia de la víctima; Además, manifestaron estar "conmocionados" por el hecho 




El equipo del programa "Uno Nunca Sabe" de radio AM 750, en el cual trabaja Pablo García, el joven que atropelló a un hombre al que llevó 17 kilómetros en su auto por la Panamericana, se solidarizó con la familia de la víctima y manifestó estar "conmocionado" por el hecho. 

"Pablo García es nuestro compañero de trabajo y quien está acusado de homicidio culposo por la muerte de un hombre que viajaba en bicicleta en la autopista Panamericana, el domingo de madrugada", comienza el comunicado que fue publicado esta mañana en el muro de la cuenta oficial de la radio en Facebook. 

Además, señala: "Lo decimos con todas las letras, porque en esto no hay eufemismo que valga un hombre murió, con todo el drama y dolor que esta noticia lleva a su familia por eso y ante todo nuestra solidaridad con quienes hoy lamentan la muerte de Reinaldo Rodas". 

Los compañeros de trabajo de García explicaron que es difícil "pararse frente a estas situaciones. Hay un lugar obvio, evidente, criterioso: pedir a la justicia que intervenga con celeridad y contundencia para definir responsabilidades". 

Aunque luego agregaron que "hay otras cuestiones no tan sencillas o claras, las emocionales, las afectivas, y en esa zona, este equipo de trabajo da cuenta de la conmoción que atraviesa". "Para todos nosotros es un momento de mucho dolor porque una persona murió y porque otra, a la que conocemos, se cagó la vida. 

Dicho esto, la Justicia. Y por favor, como dijo de modo contundente en su profundo dolor Eduardo Aliverti, el papá de Pablo, ayer en el muro de @Marca de Radio en Facebook, `a los especuladores de siempre no les demos cabida`".

lunes, 11 de julio de 2011

¿31 de julio o 23 de octubre? (Por Eduardo Aliverti)

¿31 de julio o 23 de octubre?

 Por Eduardo Aliverti
Este artículo es escrito en medio de versiones que hablan de que, con alrededor de 18 a 20 puntos de diferencia, analizan en Olivos la hipótesis de abrirse de la segunda vuelta. Son como las 12 de la noche y es ligeramente verosímil. Lo que no resuena veraz es que Cristina entregue la Capital mientras matemáticamente sea posible pelearla. Bajarse podría interpretarse como una equiparación con Macri, Solanas, Sanz, Cobos & Cía. No es creíble una Cristina bajada, y menos después de escucharlo a Filmus anunciando que va por más.
En principio, uno diría que el voto ganador fue ideológico. Hablamos de ideología en cuanto a favor o en contra de, no más que eso. Porque uno no puede creer que Macri haya ganado, como ganó, por su gestión. Uno registra cotidianamente (¿en su microcircuito?) que las escuelas y los hospitales porteños se caen a pedazos; que los taxistas braman de furia contra bicisendas que no usa nadie y cambios de mano que caotizaron el tránsito vehicular; que el Borda no tiene gas hace dos meses; que la Ciudad está cada día más sucia y todo lo de corrido que se quiera. Macri procesado. Macri tragándose el bigote postizo, mimetizado con Freddy Mercuri en su fiesta campestre de casamiento. Macri que tiene una papa en la boca, y todos los esfuerzos que se requieren para entender lo que dice. Pero evidentemente, eso no es así en lo referido a cómo se vota. Quizá sea que la invasión del amarillo, y un asfaltado por allí y otro por allá, y muchos carteles, y una estrategia de campaña bien direccionada y con mucha plata, son carta ganadora en el lugar donde se concentra la gente con más guita de este país. Es con el diario del lunes, correcto. Pero es.
Hay dos preguntas clave y complementarias sobre el resultado de ayer. Lo son más allá de un FpV asentado en un tercio electoral, con todo lo que eso significa en un escenario como el porteño: intrincado, volátil e históricamente reactivo al peronismo. La primera es en cuánto se habrían modificado los números si la Presidenta le hubiera puesto más el físico a la fórmula que decidió. ¿Una diferencia menor, tal vez? Si la respuesta es afirmativa, surge el interrogante de qué podría pasar con Cristina participando en forma intensa frente a la segunda vuelta. Es probable que pudiera servirle a la dupla kirchnerista para arrimar guarismos mejores, aunque difícilmente hasta el punto de ser un factor decisivo a fin de torcer el dictamen de este domingo. Pero también sería factible que una excesiva o más penetrante “intromisión” presidencial diera cabida al rechazo de, por lo menos, una franja de porteños reactivos a ese tipo de entrometimiento. Y una cantidad de votos con carácter de “franja” puede ser determinante, en tanto el dueto K debe remontar las cifras especulando con cómo acercar cada garbanzo. Si es por esta última apreciación –con la que el firmante se siente más proclive–, a Cristina le conviene seguir jugando sin variantes respecto de lo hecho hasta ahora, en rol de jefa de Estado mucho antes que como candidata. Al fin y al cabo, su mira es octubre y nunca el 31 de julio, por mucho que se trate de la Capital cuando, además, los cuatro años de Macri gobernándola no le alcanzaron para edificar una opción nacional. Si, además de octubre, la Presidenta piensa efectivamente en la sucesión 2015, no se ve cómo haría el hijo de Franco para moldear una fuerza expandida sin trabajar. En consecuencia, lo que suena más sensato de cara a la segunda vuelta capitalina es que quienes afilen discurso y acción –sobre todo esto último– sean los candidatos propiamente dichos. Parecería hora para caer en la cuenta de que la campaña de Filmus fue pobre, incluyendo aspectos a los que, sin prejuicios, debería prestarse muchísima más atención: marketing, colorido, creatividad, capacidad de ataque y contraataque. No es eso por sí solo lo que define un resultado, pero no hay campaña que pueda carecer de eso si lo que manda es un mano a mano o, más aún, un seguro segundo lugar. El kirchnerismo hizo ayer una gran elección en el distrito más jodido del país, no gracias sino a pesar de su proselitismo.
Por estas horas, la oposición saca una suma muy dudosa que no involucra, únicamente, a la condición psiquiátrico-ambulatoria de Elisa Carrió. Macri en Capital. Santa Fe entre socialistas-radicales y una buena elección del cómico Del Sel. Y Córdoba con el timón de De la Sota-Juez, adversos ambos a la Casa Rosada, bien que sin comer vidrio. De esa adición infieren un clima anti K en las tres ciudades mayores, que no se corresponde con ningún número preciso en aptitud de cambiar octubre. En la Ciudad Autónoma, en territorio santafesino e inclusive en el cordobés, la Presidenta tiene asegurado un piso electoral que, con el agregado de la ventaja fulminante en provincia de Buenos Aires –aporta 4 votos de cada 10, recordemos–, hace pensar en una prospectiva a su favor y sin retorno. ¿Tiene sentido común que la Presidenta se lance al intento cuerpo a cuerpo de revertir Capital, a riesgo de rebajar su imagen vencedora con probabilidades (muy) escasas? ¿Revertir tamaña ventaja?
Vaya el final para la feísima elección de Pino, quien es el único que merece ser estimado entre el resto de Macri-Filmus. El vástago de Alfonsín debería guardarse en Chascomús hasta más ver, en compañía de Zamora, Castrilli, López Murphy e indivisibles ad hoc. Desde una posición discursivo-romántico-nac&pop, Pino consiguió un cuarto de las voluntades porteñas en 2009. Envalentonado con esos dígitos, no más que los correspondientes a una elección de medio término en la peor instancia del kirchnerismo, se subió a una candidatura presidencial que carecía de todo correlato con posibilidades reales de siquiera discutir en la gran liga. Advertido de ello, fugó de tal alquimia. Descendió a la Capital con ínfulas de entrar al ballottage, aporte clarinista mediante. Por alguna razón, que desde fuera y dentro de sus filas se atribuye a la egolatría, insistió en creerse que podía jugar en Primera sin otra constatación que el Nacional B. Un luchador de toda la vida, un artista de rasgos sobresalientes, un cronista popular, vencido por la falta de vocación de poder. Por jugar con él: con el poder. No se dio cuenta de que la historia le tenía un papel reservado, de excelencia, para correr por izquierda a aquello que pregonó siempre, en lugar de aspirar a reemplazarlo –o algo así– a los 75 años. Y por si faltaba algo, mandó incendiar a una robusta ideológica y testimonial del nivel de Alcira, en rango de ¡¡¡candidata presidencial!!! Qué bajón, Pino. Haber perdido la mitad de los votos no en función de una utopía conquistable, digamos, sino para servírselos a Macri. Vos, Pino, que hiciste historia con La Hora de los Hornos. ¿No te corre un cosquilleo viendo la felicidad macrista? ¿Seguro que no te pasa nada? ¿Seguro que no estás pensando en que, de haber tenido una actitud más desprendida, estaríamos hablando del cabeza a cabeza contra la derecha, nada menos que en tu amada Buenos Aires? ¿Seguro que no analizaste como el tujes la correlación de fuerzas?
El resultado porteño termina siendo una dialéctica maravillosa, como lo es la cantidad de gente que votó a Macri y que en octubre sufragará por Cristina. La bonanza económica, ligeramente dicho, lleva a las simpatías por los oficialismos. O, en otras palabras, los kirchneristas están encorsetados por su éxito. Esto que pasó es demostrativo, o ratificatorio, de que además de los votos y la sensibilidad popular hay que construir poder. Los votos están, aunque haya ganado Macri con semejante diferencia, y son el primer requisito. Lo que le faltaría al kirchnerismo es comprender que no debe dormirse. El voto de ayer es producto del exitismo que generó en un núcleo poblacional, nada menor, capaz de mostrarle el lujo de que pueden pelearlo.
Ojo.

lunes, 16 de mayo de 2011

La mística

 Por Eduardo Aliverti
Hasta mitad de la semana pasada fue una cosa y después otra, pero el marco es exactamente el mismo.
Confirmado que a valores de hoy la oposición desapareció, en términos de aspiraciones presidenciales, no deja de ser tan significativo como impactante lo que debieron reflejar los medios. Y en este caso, tanto en la prensa directora del discurso oposicionista como en la que abreva en el kirchnerismo. Producidos los abandonos de Solanas y Macri, más el hijo de Alfonsín dedicado a su cura antitabáquica, si es por el primer segmento enunciado quedaron anuladas –no sólo en gráfica sino también en sus amplificaciones electrónicas– las noticias “políticas” de primera plana. Clarín –en orden aleatorio y por ejemplo, pero no el ejemplo precisamente menor– comenzó a dedicar títulos sucesivos y coberturas centrales, desde portada, a cómo operan los presos que hacen secuestros virtuales; a la desidia eterna en torno del Riachuelo contaminado; a la falta de leyes y prevención sobre el turismo sexual; a la transformación de pasta base en cocaína líquida, en el Gran Buenos Aires, para despacharla a Europa; a que Lezama es un pueblo aterrado por la varicela; a la reaparición del caso García Belsunce. Temas todos de interés más o menos estimable e incluso a través de buenas notas, bien que presentadas editorialmente con la sensación de que estamos viviendo en una catástrofe generalizada. Los puntos no son ésos. La interpretación prevalente es que se quedaron sin piolín. Macri, encima, subió la apuesta de su desconcierto y llegó a afirmar en público que el PRO entra al ballottage porque ganar de una le será “imposible”. De modo que, en un par de semanas, pasó de competir por la Presidencia a bajarse a la Capital, y de descender a la Capital a jurar que en segunda vuelta entran seguro. Si sigue así, y ya circulan numerosos chascarrillos por el estilo, en cualquier momento dirá que debe volver a Boca porque las masas se lo reclaman. Al periodismo opositor –y a la misma oposición explícita, si es que todavía hay que diferenciarlos para algún habitante de frasquitos, creyente de la neutralidad periodística– ya no le alcanzaba con las disecciones de las encuestas. Ni con los radicales reducidos a expresiones testimoniales, ni con la letanía especulativa de los socialistas, ni con nada de nada. ¿Por dónde apareció entonces el repechaje de “volver” a “lo político” entendido ipso facto como tal? Obvio: por la conflictividad real y/o actuada del oficialismo.
La utopía contrera no ofrece dudas: que Cristina también abandone. Nadie cree, o nadie quiere creer, que eso vaya a ocurrir. Y no porque sería impensable que su subjetividad reniegue de sumirse en el desgaste de otro período presidencial. Sea porque efectivamente siente que ya lo dio todo; porque está cansada; porque ya no tiene a su compañero administrando el barro del pejotismo; porque ya entró en lo mejor de la historia argentina y no tiene ganas de arriesgarse en vaya a saberse cuáles avatares; porque puede calcular que le conviene salirse, reinar desde afuera y presentarse con nuevos bríos en 2015 o cuando la Patria la llame o algo así. Sea por lo que fuere, esa mujer tiene el derecho personal de apartarse. Sin embargo, no cierra por ningún lado que eso pueda ser más fuerte que su necesidad de compromiso político. Y además hay el tiempo que dejó pasar sin el anuncio de su decisión, ya hasta el límite de los plazos legales. ¿Alguien se imagina a Cristina dejando el futuro a la deriva, sabiendo y sabiéndose de sobra que la jefa es ella, lavándose las manos para que el peronismo resuelva de golpe quién va en su lugar? Es o debería ser obsesionante que todo dependa de una sola persona. Porque nunca debería ser así. Porque demuestra la fragilidad de un proyecto. Pero como la historia se da en condiciones concretas, esto es lo que hay. No en términos de connotación posibilista sino de probabilidades llanas. Siempre vale la aclaración de que no es lo suficiente para seguir adelante. Es nada más y nada menos que lo imprescindible, ya que cualquier otra opción es retroceso. Una persona. La condición histórica es la decisión de una persona, para que a su alrededor continúe generándose una mística que sin su concurso se cae casi sin remedio, a la par de que ella es igualmente “nadie” sin pasión de multitudes.
Lo que dijo la Presidenta en José C. Paz son muchas cosas a la vez que también se describen en orden ocioso, para que cada quien las ubique como mejor le plazca. Primero, eso sí, no me jodan. O no me jodan lo imperioso de que se entienda que conmigo no se jode. Se necesita garantizar el triunfo conquistando sectores medios refractarios a la imagen del sindicalismo. Se requiere igualmente no detenerse en nombres propios, para que el sayo se lo pongan o le sea adjudicado a Moyano, a los petroleros de Santa Cruz, o a cualquiera de los ovnis que enquilomban porque sí para regalarle a la derecha el discurso del que carecería si no es por eso. Sí una mención específica a Aerolíneas Argentinas, dirigida a los indescifrables gremios aeronáuticos. Si cabe un rol de cercada o agobiada por “los compañeros”, lo hago, pero tampoco se crean que no digo la verdad cuando subrayo que no me muero por seguir. Y es certero que algunos muchos confunden el interés de sector con la necesidad de clase. Cebados de las filas de Venegas, Barrionuevo & Cía., a quienes el único fin que les queda en la vida pública es hacer bardo, y cebados del cegetismo, que opera zancadillas para conseguir lugar en las listas electorales. Por eso digo, dijo esa mujer, que ni explotación ni extorsión. Una semántica políticamente brillante. No me jodan, ojo que la única jefa soy yo y ojo que todavía no decidí si continúo.
Listo. Un par de frases, con el carisma que tiene y con esa construcción sintáctica impecable, a salvo incluso de emociones de tribuna, para que todos corran atrás de ella. Para que se especule, se denueste, se elogie, atrás de ella. Un primer apunte tiene rasgos de antítesis graciosa: la derecha apoya su sentir de ofensa a las instituciones en el discurso confrontador de que hace gala el kirchnerismo, pero cuando esa verba agresiva o provocadora es aplicada a caciques gremiales se la saluda calurosamente. ¿En qué quedamos? ¿La ofuscación viola a la República si es contra las corporaciones empresariales, pero está bárbara si topetea a los sindicalistas? Una chicana, nada más. Lo central es que los dichos presidenciales monopolizaron la atención de inmediato pero, y ahí el centro de la cuestión, no en primer lugar por ser presidenciales –que también, está claro– sino porque lo único que pasa... pasa en el oficialismo. Ya prácticamente las cosas quedaron reducidas a lo que se mueve en esa parcela totalizadora. Cómo navegar en las contradicciones de que la CGT fue y es ineludible para garantizar cierto piso de paz social, y a la vez mostrarle los dientes porque es piantavotos de clase media. De qué modo sacar el mejor cálculo para resolver la candidatura de Capital. Qué conviene a la hora de elegir al vice nacional: ¿alguien que dé imagen de sucesión confiable a largo plazo, o alguien que ante todo sea potente en la coyuntura? ¿O habrá alguien que cumpla con ambos requisitos? ¿Y si ella se baja? Y si no se baja, ¿quiénes suenan o convienen para su gabinete, para tomar cuáles medidas que ratificarán o corregirán el rumbo, en todo o en una parte o en ninguna?
Si se mira bien, piensa el firmante, sólo ocurrió y ocurre que si la oposición no existe hay que crearla de alguna manera u operar en ese sentido. No porque sin oposición no se pueda gobernar. De hecho, no la hay y se gobierna sin mayores sobresaltos. Es que sin oposición no se puede contrastar, y sin contraste no hay mística. Y sin mística no hay gobierno que valga la pena.

lunes, 9 de mayo de 2011

Debajo de la superficie

 Por Eduardo Aliverti
Casi nada es o podría ser lo que parece. O tan fácil como parece. Es cierto. Todo lo que pasó era previsible para cualquiera con capacidad de hurgar por encima de la cáscara. Había una media docena de tipos, con sus pajes, convencidos de que podían librar la batalla presidencial sin mover un dedo (¿o todo lo contrario, y sólo se trataba de medir por si las moscas?). Gente creída de que alcanza con salir en la televisión. Sin trabajar. Sin recorrer el país. Sin militar su presunta aspiración todos los días. El ejercicio político, cuando se tiene auténtica voluntad de poder, exige un dale que te dale descomunal. Lo hizo la rata ya en el ’88, cuando le ganó la interna a Cafiero contra cualquier pronóstico. Laburó desde abajo. Cuando llegó a la cima se fue a dormir de la mano de Bushes, Yuyitos y remate de la Argentina sin más ni más, pero primero la yugó. Recorrió hasta el último pueblito de morondanga. Y cuando terminaban los agasajos de la noche, y ninguno de los pajes quería otra cosa que irse a dormir tras el asado o los platos regionales, él se iba atrás de la escenografía, a la cocina; y le daba la mano a uno por uno y una por una y les preguntaba qué necesitaban, al cocinero, al lavaplatos, a los mozos, a los empleados de la limpieza. Ayudado por la temperatura política, por supuesto, así ganó. A puro accionar de convicción poniendo el cuerpo. Por seguro de lo que quería. Como Alfonsín en el ’83, contra la mítica invencibilidad electoral del peronismo. Como –en otra escala– los publicistas de la Alianza en el ’99, que por lo menos militaron el clima de etapa desde sus bunker dibujantes de la anticorruptela; desde la sintonía fina con ese discurso light. Estos no, qué va. Cobos, quien ahora encima se bajó de ser candidato a gobernador mendocino porque, acepta, no le daría el cuero ni para atreverse a un Ejecutivo provincial con Buenos Aires en contra. Jamás salió de su despacho en el Senado. Jamás. Das Neves, que ni con olor a fraude. Sanz, que de tan radical se tomó el buque dos veces con pocos días de diferencia. Pino, que vendió ser el tótem argentinizado, porque no se trataba de coyunturas sino de proyectarse, para culminar eyectado (aunque en su caso, corre el atenuante de haber sido toda la vida un hombre comprometido, coherente, firme). Y ahora Mauricio, que hace unos diez años viene hablando de su entrenamiento para ser presidente y de nuevo termina bajado a la Capital, quemando desde cómicos de Midachi hasta caballeros de derecha como Pinedo en una aventura nacional que no es que nunca le importó, sino que nunca supuso que significaba trabajar. Eso, trabajar. Quedó el hijo de Alfonsín, nada más, rosqueando con lo que queda de la estructura del radicalismo provinciano e intenderil, para mantener concejalías y diputaciones eventualmente sostenedoras del reclamo por calidades institucionales. Incluso, se junta con De Narváez porque asegura que hace falta una pata peronista. Pero Binner y Stolbizer le echan la falta. Y Duhalde no existe. Y Reutemann sigue cuidando los lechones y, así dejara de cuidarlos, ¿iría con Mauricio? Macri lo quería, pero ya no pretende más. Se salió y no tiene retorno, y calcinó a su tropa, y ahora dice que “el anuncio lo doy yo y al vice lo pongo yo”. Uy. Qué chico malo. Anuncia su retirada en un club de barrio con dibujo circense. Pensó en una conferencia de prensa, pero optó por no arriesgarse a alguna pregunta incómoda. Mejor juntar solamente conchetos adictos. Debe ser horrible que hasta la propia derecha le recuerde a Mauricio la cantidad de veces que Alfonsín se comió perder contra Balbín, y sin embargo siguió. Ni esa épica volitiva tienen estos tipos. Se bajan a la primera de cambio. Abandonan. Los convencen las encuestas. No creen que haya algún después que valga la pena, pero sobre todo no les interesa construirlo. No les corre sangre. Les circula especulación.
El análisis facilongo es que Magnetto se salió con la suya y que hay un solo candidato opositor para concentrar los sectores medios anti K: el hijo de Alfonsín. Que tampoco era lo deseable para la comandancia periodística: querían un modosito más corrido a la derecha, menos socialdemócrata, más potente, menos figurado como en condiciones de timonear apenas las siestas de Chascomús. Ricardito no les alcanza ni ahí. Y entonces van a ir por la estrategia reducida, pero alcanzable, de que el kirchnerismo pierda la Capital a como sea. Es la vidriera que le resta a la derecha hasta más ver, o hasta donde da la vista hoy. Chance uno: todas las fichas a Macri para que retenga Buenos Aires, con el correlato de eventual impacto hacia octubre. Chance dos: Macri conserva un tercio del electorado porteño en cualquier caso, de modo que todas las fichas a Pino para que el ballottage deje afuera al candidato K. Según percepción del firmante, será la dos. En realidad, ya lo es. Basta certificarlo a Pino convertido en el niño mimado de TN y Grondona. Es un poder de fuego limitadísimo, a estar por la pérdida de credibilidad de esos sostenes electrónicos. Pero es la bala de que disponen. Todo a Pino, más lo que Macri presuntamente arrastra per se. Es la imagen de poder que mínimamente necesitan para reconstruir desde alguna parte. Conservar la Capital. Scioli se encuadró K porque no es ningún tonto; De Narváez se abre hasta el punto de mirar con cariño a los radicales, y viceversa; Duhalde es un papelón atrás del otro; Macri y el Colorado se cruzan, muy mal, por el reparto de listas entre Capital y territorio bonaerense. Y así. Vamos a Pino, apuesta la derecha. Si acaso ganara la segunda vuelta, después lo deglutirá su inexperiencia en todo lo que sea gestionar. Y entonces se verá, según la máxima especulación de una parte del establishment.
Esa también es una reflexión más o menos fácil. O nada más que de opinión periodística. Interesante, efectista, quizás eficiente. No es más profundo que lo discurrido por los parlantes columnísticos de Clarín o La Nación, en su cruzada desesperante por pulverizar a esta potencia casual y/o causal que estaba lejos, muy lejos, de sus cómodos cálculos conservadores. Esa mirada de corto o cortísimo plazo, basada en que a Cristina no hay con qué darle, como cuadro sobresaliente; como mujer; como oradora impresionante; como viuda reciente; como estampa que se puso el país al hombro en medio de una tragedia personal; como líder que ubica de ministra de Seguridad a otra mujer que se carga la Federal; como bajadora de línea que en cualquier observación objetiva está a años luz del mejor pretendiente porque, seamos sinceros de toda sinceridad, la única figura de este país que merece confianza de conducción política –con precisos alrededores– se llama Cristina Fernández. Esa mirada admirativa y merecida, decíamos, requiere de no ser mirón expectante. Demanda acercar militancia y ganas. Intima a no perder de vista que falta demasiado. Que a este Gobierno hay que correrlo por izquierda, pero sin el izquierdómetro de los platos voladores que, si es por eso, siempre encontrarán –con justeza abstracta, pero justeza al fin– lo mucho más a la izquierda que el Gobierno podría correr.
Lo electoral ya está, parece confirmarse. Quedaron, para jugar a oponerse, el apellidado nacional y el capitalino súbito que, conceptualmente aliado a Macri aunque no deba confundírselo con el enemigo, se pone a fría disposición de la derecha. Por lo tanto, es tentador decir que la madre de todas las batallas se concentra en la Ciudad Autónoma. Y no es que sea incorrecto. Es que no va más allá de lo electivo. Por arriba de eso, si se tienen pretensiones de ver antes que de mirar y punto, puede observarse un escenario donde lo que decide es, haga lo que haga la derecha, la vocación y ejecutividad del Gobierno por profundizar cambios progresistas.
Y la disposición social para acompañarlos, siendo que la derecha hará lo que tenga que hacer.

lunes, 2 de mayo de 2011

¿Se acabó?

 Por Eduardo Aliverti
El acto de la CGT y las ya extravagantes movidas electorales se pueden dejar para después. Al fin y al cabo, respecto de eso no pasó nada que no pudiera pasar. En cambio, los dos cuerpos noticiosos restantes son más significativos.
Uno estuvo dado por los mandobles a la bartola, y se concentraron hacia mediados de semana. Primero fue que había caído en Ezeiza un financista caponarco, que vive en el país desde 2005 y fundador de una constructora en Puerto Madero. Bajo la fijación de agenda del diario instrumental, y según lo remarcó en portada un recuadro que indicaba a la Argentina como “refugio tentador”, los medios y tilingos adheridos machacaron con nuestro carácter de territorio cocainómano incontrolado. El intento de relacionar al Gobierno con ese presunto libre albedrío se acabó, a las horas de publicado y reproducido, porque incluso los periodistas electrónico-amplificadores no se veían cómodos en el papel de llevar semejante delirio a rol de primera plana. De modo tal, a la jornada posterior el tema desapareció y fue reemplazado por uno mucho más afín al sentido común y al interés popular. Es así que surgió como cuestión prioritaria de portada que el plan Carne para Todos, anunciado y escenografiado por la Presidenta el día anterior, cubre sólo el 0,15 por ciento del consumo. Eso ya suena o directamente impacta como más sensato, hay que admitir: ni el propio oficialismo desmintió que 10 mil kilos de carne acordados a (muy) bajo precio son la nada misma, contra los más de 6,5 millones de kilogramos que se venden por día. Tal como las milanesas o el pescado “para todos”, son jugadas destinadas al fracaso completo. Pretenden tramar sobre una producción simbólica de contenido anti-inflacionario, que choca de frente contra la realidad impuesta en los comercios. Al Gobierno le va bien, como es dable deducir o certificar, cuando la Presidenta recuerda que los precios no son formados por el Estado sino por los actores privados. Le va bien cuando pregona –y ejecuta– el derecho de intervenir en las decisiones orgánicas de las grandes empresas privadas cuyo directorio integra. Le va bien, con todo lo mal que le iba hace nada más que un par de años, cuando mete mano en las ganancias estratosféricas de los campestres y ya nadie lo discute. En esa línea, también caen simpáticos, o irreprochables, los allanamientos a Cargill, Molinos y Bunge, por presunta asociación ilícita para evadir al fisco por más de 300 millones de pesos. Y ni hablar de lo bien que le va al oficialismo cuando identifica a adversarios precisos, como Clarín, Techint & Cía. Pero no semeja que pueda irle precisamente como los dioses cuando hace el acting de qué barato que se compra con los “planes para todos”. Ese es un serio, muy serio error de su política –o táctica– comunicacional. Y en la medida en que eso afecta lo que “la gente” percibe en su bolsillo, no debería descuidarse tan alegremente. En otro contexto, si hubiese una oposición que aunque más no fuere supiera especular con alguna altura, el kirchnerismo tendría problemas severos con estas tonterías. No hay esa oposición, por cierto y, por tanto, la humilde advertencia se convierte en un ensayo hipotético. Sin embargo, el periodista cree que siempre es mejor tener los reflejos activados porque, alguna vez, el viento no soplará de cola; la derecha inventará algo como para no ser tan patética, y fuegos que ni alcanzan a ser artificiales, como la carne, o el pescado, o las milanesas para todos, podrán o podrían volverse un boomerang.
De todas maneras, para volver bastante atrás, lo anterior es constitutivo de los mandobles, de un lado y de otro. El bloque noticioso dos, que es el dictamen parlamentario para regular a las empresas de medicina prepaga, es otra cosa. Ahí ya es cuestión de que el Gobierno –con el consenso opositor unánime salvo, naturalmente, las filas de Macri– resolvió intervenir en la redituable orgía del sistema privado de salud. Tendrán que pasar a mejor vida los recargos por edad; el rechazo por enfermedades preexistentes; los “períodos de carencia” que ni siquiera cubren las prestaciones del Plan Médico Obligatorio; el rebote a los discapacitados. Los medios de la derecha reaccionaron haciéndole el coro a la irritación de las prepagas, que le aportan cifras de publicidad muy estimables al periodismo independiente. Pero no es, sólo, el otorgamiento de espacios a los voceros de la medicina privada. Para que no queden dudas, encima de eso se lanzan a cuestionar que el Estado interfiera en lo que denominan “contratos entre particulares”. ¿Por qué el Gobierno no se dedica a la salud pública y deja que las gallinas negocien libremente con el zorro?, preguntan los periodistas liberales de pacotilla que, en cualquier país del primer mundo, no se animarían a interrogantes de esa naturaleza, so pena de caer en un ridículo que aquí sienten como impune. No hay Estado más intervencionista que el de las naciones desarrolladas, justamente porque la protección básica del consumidor es elemento esencial para que éste siga creyendo en el consumo como en el Espíritu Santo. Si alargamos la lógica de estos mercachifles, podría preguntarse por qué el Estado se involucra en las cuotas de las escuelas privadas; en –claro– lo que se le da la gana exportar a “el campo” o, sencillamente, en lo que se gasta en “la seguridad” siendo que los sectores de alto poder adquisitivo pueden pagarse policía propia. Es decir: déjenos el Estado la ley de la selva, porque nosotros sabemos arreglarnos con nuestros leones, y que la administración pública se haga cargo de los monos. Pero más luego, cuando los monos se nos vienen encima porque ese Estado equilibrador fue desquiciado gracias a las políticas desregulatorias que pregonamos, pediremos más Estado cumpliendo sus funciones básicas de reglamentar y reprimir. Ese es el raciocinio de la derecha, cuya contrapartida sería –siempre en autos con el carácter transitivo de sus argumentos– que haya de inmediato una revolución socialista, pero aplicada por un gobierno reformista que no le afecte sus intereses y, a la par, brinde cobertura universal de salud, educación, seguridad, vivienda y que sigan los éxitos. De manera que lo que tenemos viene a ser en definitiva una derecha de raigambre trotskista, lo cual se corrobora por esa capacidad cariocinética de ser dos o tres pedazos y dividirse en diez o veinte.
Según las últimas noticias, podría dar la impresión de que no es tan así a caballo de que en la disparada hacia los botes ya se bajaron Solanas, Sanz, Cobos y Macri. Salvo que, en el caso de este último, no se considere todavía como abandono haber dicho que su candidatura presidencial quedó “stand by”. Una de las frases más portentosas de la historia política argentina. Sin embargo, esa estampida opositora da una dimensión exacta de la carencia absoluta de alternativas serias al kirchnerismo, cristinismo, experiencia progre o como quiera llamársele. Y es en ese recorte que los análisis y especulaciones sobre el acto de la CGT quedan faltos de mayor sentido. Aun cuando se diera por legítima la visión gorila más recalcitrante, acerca de que esa manifestación fue la eterna suma de ómnibus contratados y choripán, la pregunta sería si hay alguna opción confrontadora que pueda llenar más de veinte micros. Aun si no se reparara en que el discurso de Moyano se contorneó a pie juntillas al lado de Cristina, cuando el cálculo era que se trataba de una jornada extorsiva para conseguir puestos cegetistas en la listas de octubre. Aun pensando que Cristina, al no ir, los dejó de garpe porque su apuesta pasa por terminar la reconquista de la clase media invariablemente reactiva a los modos del “morochismo” sindical, no se altera que hay los que fijan la agenda y los que gracias si llegan a comentarla.
Da la sensación, entonces, de que esto se acabó si es por esperar modificaciones gruesas en el plazo que resta hasta octubre. Puede ser una buena noticia si hablamos de que están sentadas las bases para el “nunca menos”. Como otras veces se ha dicho: nada menos que eso, y nada más que eso.

lunes, 25 de abril de 2011

Groserías

 Por Eduardo Aliverti
“Si quieren tomar decisiones, que armen un partido”, fue la frase de la semana. No porque la haya dicho la Presidenta, y ni siquiera porque se esté a favor de lo que dijo. Más aún: se puede estar decididamente en contra, y la potencia de lo dicho no cambia en nada. El fondo es la respuesta que conlleva la frase.
Pocas veces se ha visto una operación tan descarada como la que encabezan los grupos Clarín y Techint en las últimas semanas, a raíz de la participación de directores estatales en las empresas donde la Anses tiene injerencia. La novedad está dada solamente por el adjetivo. Según se sabe o encuentra en cualquiera de las ampliaciones semánticas que definen al término, los lobbies no tienen por costumbre participar en política de manera dirigencial explícita y, en tanto ello, no suelen formar su propio partido. Pero sí buscan la complicidad de algún grupo político que pueda terminar aceptando o defendiendo sus objetivos. Los lobbies a que estamos habituados son groseros en su forma de presionar, por cierto. La cúpula de la Iglesia Católica se ubica tal vez en lo más alto del podio, con sus arremetidas soeces al emerger la legalización del aborto, o antes el matrimonio homosexual, o siempre los subsidios a sus instituciones educativas, o el divorcio allá en lo que hoy parece el fondo de los tiempos. A veces con igual intensidad, otras con menos, activan las tropas empresariales, gremiales, ecologistas. Sin embargo, se trata de lobbies desnudos porque no tienen la aspiración de ocultarse. Podría decirse lo mismo de Clarín siendo que, desde que las aguas se partieron y es dable hablar abiertamente de la actividad periodística como inmersa en la lucha de poder, es obvia la operatoria del Grupo en la manipulación de la información. Pues no. No puede decirse lo mismo, porque conserva la formalidad de proclamarse “periodismo independiente”. Porque el ejército de Techint, su socio en la cabeza de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), es presentado como una patrulla ajena a sus intereses. Porque toda referencia noticiosa queda remitida a su guerra contra el Gobierno. Porque lo cortés no quita lo valiente. Desde ya, esta variable ética puede aplicarse a los medios oficialistas. Con una diferencia no menor: esos medios que adscriben al Gobierno no disimulan su inclinación y, en todo caso, puede acusárselos de esconder, antes que de inventar. La prensa opositora, en cambio, se pretende actuando en una burbuja aséptica, reniega de su carácter de contrincante y es susceptible de ser señalada por la contraria: en primer lugar, inventa.
Como ya fue apuntado desde variadas vertientes, no sólo oficiales, hay una cómica paradoja: los grupos –y dirigentes políticos opositores alineados a la derecha– que denuncian el “avance chavista” sobre sus directorios, por el mero hecho de un Estado que resolvió adecuar su número de representantes a la proporcionalidad accionaria, terminan oponiéndose a la elementalidad capitalista de que las decisiones se toman en correspondencia con las partes alícuotas en que se divide el capital. Más allá de la ironía, lo obvio es la furia de esos holdings por encontrarse con que el Estado no quiere continuar siendo su socio eternamente bobo. Y también es obvio que no trepidaron en cargarle a la medida gubernamental una reacción espantada del mundo de los negocios, imposible de verificar por fuera del colectivo patronal en que están involucrados. Llegaron a fantasear la existencia de grave inquietud en Wall Street; lo cual, encima, les acabó empalmado con el alerta de la calificadora de riesgo top, Standard & Poor’s, al bajarle la nota a la economía norteamericana por el descomunal rojo de su deuda. Los dichosos “mercados” se desplomaron, se habló de “pánico mundial” y esta gente acá... pretendiendo que la Bolsa neoyorquina se alarmó por un simple reequilibrio de acciones en algunas empresas del culo del planeta. Patético. Como si resultara poco y siempre en medio de las declaraciones amplificadas sobre el pavor empresarial y el ahuyentamiento de las inversiones, aparece Javier Varela Sobrado, presidente del Grupo Peugeot-Citroën Argentina, para ratificar el plan inversor de la compañía por 700 millones de euros; y junto con eso, el anticipo de que este año la automotriz aumentará su producción en un 25 por ciento. “Estamos fabricando casi 720 autos por día laboral, lo que hace una década era sencillamente impensable”, dijo el hombre pero, claro, los grandes medios del autismo no destacaron la noticia, del mismo modo en que relegaron o ignoraron el golpe en las plazas bursátiles frente a que la perspectiva de la deuda estadounidense pasó de “estable” a “negativa”. Las cosas del periodismo independiente, que tampoco resaltó la suba de las acciones de Techint, por encima del incremento promedio, en el índice del Mercado de Valores. Y eso que se viene el chavismo.
Se les pasó igualmente el anuncio de extensión en el descuento de medicamentos a los jubilados. Idéntica ignorancia con la Asignación Universal para las embarazadas sin empleo, trabajadoras del sector informal y del servicio doméstico. Pero eso integra lo que es considerable como lógico en la lucha por instalación de agenda, entre la prensa simpatizante del oficialismo y la que activa en destruirlo. Por el contrario, la operación periodística Clarín & Techint se salió de madre en su grosería y motivó el dicho presidencial. Que no fue novedoso, porque ya durante el conflicto con la gauchocracia –mezclado con los errores, horrores, idas y vueltas del kirchnerismo– se lanzó que los campestres debían sincerarse en la lid electoral. Lo hicieron, y no les fue del todo mal en 2009; pero después sus figuritas electas se revelaron como unos inútiles completos, hasta el punto de no haber generado una sola iniciativa que los medios adictos pudieran aprovechar. La historia se repite, ya como comedia. Si en el pico de la animadversión contra el kirchnerismo no pudieron edificar una alianza sólida y propositiva, ¿cómo harán para instrumentarlo cuando ellos mismos dan por descontado que pierden y ni tan eso los unifica?
El hijo de Alfonsín recurre a Cobos y tienta a De Narváez, quien rechaza ir como colectora mientras Ricardito avisa que, de todas formas, tiene que consultar con sus aliados. Macri no descarta que Michetti y Rodríguez Larreta compartan fórmula: Michetti le tumba la sugerencia ipso pucho sembrando más interrogantes, como si faltaran, en torno de la auténtica vocación del hijo de Franco para ir por la presidencial. Carrió afirma que la oposición le da vergüenza y que “a este ritmo vamos a quedar unos pocos”, en referencia indesmentible al desbande de los candidatos que ya no quieren serlo o lo encubren como los dioses. Se le pliega la esposa de El Padrino y afirma que “no tenemos nada de serios”. Solanas y Lozano eligieron torpedearse sin previo aviso a través de los medios. Binner, con su ritmo austríaco, advierte que debe esperarse porque si pierde la interna santafesina del socialismo –y tiene razón– carecerá de autoridad para encabezar nada. Y tampoco se privó de advertirle al hijo de Alfonsín que ni sueñe con adherir a De Narváez. Restaba la coreografía final. La puso Duhalde, que por mitología de manejo de aparato sonaba o era imaginable como más ¿serio? que El Alberto. Dinamitó la interna que él mismo promovió y ahora dice que va por las suyas con el partido Unión Popular, de cuya existencia nadie tiene ni la menor idea. Ante tamaño horizonte, hay una relación inversamente proporcional entre las necesidades de una parte del establishment, que maneja una porción del dietario público a través de sus medios, y la oposición que se va a los botes.
“Si quieren tomar decisiones, que armen un partido.” El problema es que querrían, pero no pueden ni saben. En ese orden o en el inverso.

lunes, 18 de abril de 2011

Los demonios


 Por Eduardo Aliverti
Primero probamos con Moyano, pero sabiendo que mucho no va a importar porque Moyano no es Kirchner como para aglutinarnos de una. Después probamos con que bloquearon la salida del diario, pero tampoco importó demasiado porque ya nos caímos cien mil ejemplares y otros tantos miles de visitas al sitio. Después probamos con que el gobernador reelecto de Salta quiso diferenciarse de ser un delfín del kirchnerismo, pero tampoco importó porque se le dio por subrayar que acompaña a la Presidenta. Después probamos con la Villa 31, que son unos negros peligrosos y podía pagar al toque, pero interesó menos todavía porque es cosa de Capital y encima hay eso de la no discriminación. Después probamos con que se viene el chavismo porque aumenta la representación del Estado en las empresas con participación de la Anses, pero no lo creemos ni nosotros. Después probamos con la agresión de la patota santacruceña de la Uocra a empleados estatales, pero no interesó porque ya no somos creíbles. Y así seguirá –o eso parece– hasta las elecciones de octubre e intermedias, para terminar en que nos llevaron puestos pero ya es tarde. Si acaso suena a demasía esta candorosa y enésima asociación libre con la frase adjudicada a Brecht, pensemos simplemente en que el agarre opositor de estos días llegó a pasar por la hipotensión de Cristina. Un agarre que no fue de la dirigencia política explícita, sino de los medios de comunicación que la conducen. Porque la dirigencia ésa deja pocas o ninguna alternativa.
Además de los intentos antedichos, Macri presentó un documento de políticas de Estado como pre-requisito de acuerdo entre la oposición. Es una retahíla de lugares comunes, que perfectamente pudo haber escrito un alumno de primaria con inquietudes de buena redacción. El mismísimo Macri dijo que no entendía quién puede estar en contra de acabar con la pobreza, combatir la inseguridad o fomentar el empleo. Justamente: cuando opuesto a un argumento no hay uno de exactitud inversa que merezca ser atendido, ese argumento no existe. Pero lo que dejó en soledad a la presentación de Macri no fue que no se puede estar en contra de la felicidad. Quedó solo porque, al margen de haberse mandado otra vez por las suyas con los destinatarios de su mensaje enterándose por los medios, rigen dos motivos centrales: su figura no enamora a nadie por fuera de los acólitos; y luego, los receptores de su ensayo están inmersos en una indefinición cuyo dramatismo emparda al del PRO. No hablemos ya de la increíble pelea mediática entre Solanas y Lozano, porque no se supone que el jefe de Gobierno porteño haya pensado en ese palo como uno de los recipientes de su algarada. Los radicales y los socialistas ya habían fijado que el límite es el hijo de Franco. Y Duhalde, inmerso en una interna risible pero interna al fin, le salió con los tapones de punta para advertirle que, sin primero consensuar, los tiempos no se marcan a través de la prensa. Como asimismo cabría creer que Macri no pudo no haber calculado nada de todo esto, la única deducción posible es que, en vez de marcar los tiempos, quiso ganar alguno en función de que él tampoco sabe qué hacer: si la Presidencia, si la Capital, si Michetti, si Rodríguez Larreta, si el rabino Bergman o si volver a Boca. De premio consuelo, la movida le sirvió para disimular otro derrumbe edilicio en la ciudad. Y para que la figurita de la Villa 31 continuara firme y mediáticamente anclada en la lógica clasemediera facha y no en los negocios inmobiliarios que significan ésos, los terrenos más caros de Buenos Aires.
El paralelo o siguiente desparpajo de entretenimiento fue la “avanzada oficial” sobre “las empresas”, pero eso ya casi no resiste el menor análisis. Resulta que Clarín, La Nación, Techint, AEA y Cía. serían en verdad los partidarios de afectar las ganancias corporativas, porque se oponen a que la proporcionalidad accionaria tenga representación acorde en las decisiones orgánicas. Pero más aun, fue en Clarín mismo (!!!) donde una muy buena nota de Gustavo Bazzan, el jueves, indicaba que los directores estatales no tienen poder real, ejemplificando cómo “las firmas tienen en muchos casos montada una suerte de ‘red de protección’ para soportar las embestidas de los accionistas minoritarios”. Asombroso. Con tácticas de semejante naturaleza infantil, u obscena, lo más profundo a que pudieron recurrir fue atar el cuadro hipotenso de la Presidenta a las dudas sobre su vocación reeleccionista. Y es que es así: que no sea ella la candidata, más que la inflación, es inquietante y que el retraso del tipo de cambio abre un signo de interrogación a futuro. Todo cierto y para preocuparse, en efecto; pero, al fin, cotejable con un Gobierno que muestra acción comprobada, incluso con sapos como Moyano o el Indek. No hay tanto para revolver en el kirchnerismo. Es lo que se ve, sea para adherir o para oponerse. Más la incógnita de si Cristina realmente encabeza una renovación movimientista basada en organizaciones sociales, cuadros nuevos y a formar, transición hacia esquemas superadores del pejotismo clásico. ¿Y si no es eso qué, visto desde lo que dice querer enfrentársele?
Recurramos ahí mismo. A un columnista de las huestes de Jorge Fontevecchia, responsable principal del Grupo Perfil. El filósofo Tomás Abraham dice lo siguiente, en artículo del sábado 9 de este mes: “¿A alguien se le llega a ocurrir que nuestro país puede ser gobernable entre 2011 y 2015 sin Cristina? ¿Es posible creer que un rejunte entre Mauricio Macri, Chiche Duhalde y Ricardito Alfonsín puede constituirse en la plataforma de una opción política y en una alternativa de gobierno? Imaginar que los de PRO –que vaya a saber de dónde sacan esta idea de que los pobres son ‘pobrecitos’–, la jefa de manzaneras que quiere reunir nuevamente a la familia argentina en torno de su marido, y este extraño hijo de un nuevo rey Lear bastardeado en su legado, se unan por un espanto compartido para labrar el porvenir político nacional, nos sitúa en la otra rama de la filosofía, la patafísica, dominio en el que los bufones son reyes”.
El mejor chiste de la semana pintaba para ser el de Rudy y Daniel Paz, en Página/12 del martes. Dos tipos comentan, en segundo plano, “cómo cambió la onda desde que Macri puso seguridad privada”. Y al frente del dibujo, apoyado en un mostrador de pizzería, un policía pide “una grande de queso cheddar y fresas para el gerente”. Pero ese mismo día se conocieron las declaraciones de Duhalde, intentando justificar la bajísima participación en la interna del “peronismo federal” desarrollada, el domingo, en Misiones, Corrientes, Chaco y Entre Ríos. No llegaron al 1,5 por ciento del padrón, que es el piso exigido para participar en las elecciones de octubre. El Padrino arguyó entonces que la gente que votó lo hizo temprano y que después del almuerzo se fueron todos a dormir. “No contábamos con la siesta”, dijo Duhalde con una cara circunspecta similar a la de “el que puso dólares, recibirá dólares”. Y eso que faltaba el remate, que llegó con el coitus interruptus de la pulseada con El Alberto. Es dable pensar, con toda legitimidad, que no es nada bueno contar con una oposición de este nivel. Se puede creer que, si hubiera un frente de derecha más o menos serio, y otro a la izquierda del kirchnerismo de propiedades similares, el panorama sería más rico porque el Gobierno se vería obligado a debatir y proponer con mayor esfuerzo.
Pero esto es lo que hay. Una manga de bufones aunque, para ratificar al resignado columnista de Perfil, de un rey que ni siquiera existe. Y como ya se sabe, serratianamente dicho, no hay otro tiempo que el que nos ha tocado.

lunes, 28 de marzo de 2011

No quieren

OPINION
 Por Eduardo Aliverti
Chubut termina de prender lo que en Catamarca fue una señal de alarma enorme para la oposición. El panorama se agravaría si el recuento del escrutinio favoreciera al candidato kirchnerista, pero aunque no fuera así el dictamen ya es inequívoco. Desde las propias usinas de la derecha citaron como acertada la definición de Felipe Solá, quien fue el único del “peronismo federal” acompañante de Das Neves que, en la mal disimulada noche fúnebre de ese domingo, se animó a liquidar el diagnóstico en dos oraciones: “Hay un candidato que ganó por muy poco y hay otro que perdió por muy poco. Pero está claro que hay uno que ganó y otro que perdió”.
Lo que siguió a lo sucedido en Chubut da la pauta del grado de desconcierto que vive el conjunto opositor. Pero es necesario discriminar entre los indicios de reorientación o reagrupamiento producidos allí, y aquello que en verdad les dificulta dar algún paso adelante. Lo primero es un simple análisis de especulaciones dirigenciales. Das Neves, que se bajó de la interna. El hijo de Alfonsín, que ahora estaría dispuesto a resolver por consenso la candidatura radical. Duhalde, que de sostener la condena al éxito de la Argentina pasó a que están condenados a aliarse con Macri. De Narváez, que estaría manejando un plan B de articulación con los cobistas. Macri, que no sale de un ta-te-ti de agenda electoral ya exasperante para su propio entorno y ahora, según confluyen todas las fuentes que se quieran, dispuesto a congelar las relaciones electorales con el engendro de El Padrino & Cía. ¿De qué estamos hablando? ¿Sólo de que Catamarca y Chubut les sacudieron la modorra? ¿O de gestos inerciales que ocultan un trasfondo de impotencia, porque ni saben ni pueden ni, por lo tanto, quieren presentar a la sociedad una alternativa seria? Si admiten que la popularidad del Gobierno es haber establecido el piso del “nunca menos”, y esa definición encierra haber dejado atrás varias de las políticas más escabrosas de la etapa neoliberal, ¿cómo hacen para plantarse en la promesa de una instancia superadora, habiendo los antecedentes que portan? “Superadora”, para conceder, sólo les cabría a las huestes que se dicen de centroizquierda no kirchnerista, que tienen el pequeño inconveniente de demostrar por qué, para superar, serían mejores que los K. Si el tema es en cambio la derecha peronista, directamente debe hablarse de retraso y nunca de superación alguna. Es el retorno de la apertura a los mercados, de las relaciones carnales con “los países exitosos”, del discurso de la mano dura. Y el dato fundamental de que, en toda hipótesis, el kirchnerismo conservará, además de una contundente porción de votos, un volumen de movilización del que carece el resto. Para peor escenario opositor, hay ya significativas franjas del establishment que confiesan aceptar este modelo en rol de mal menor; ya sea porque les va antes muy bien que nada mal, como por el hecho de que se reconocen más cómodas ante quienes demuestran fortaleza de mando. Podría decirse, incluso, que Clarín es el único factor corporativo dispuesto a persistir en un oposicionismo feroz.
En la serie Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano, coordinada por Emir Sader y editada por este diario, el martes pasado se publicó un ensayo del cientista social Pablo Alegre, investigador de la Universidad Católica de Uruguay. Es atractivo lo que señala sobre Argentina, en su caracterización de las trayectorias de desarrollo de los países del Cono Sur. “La Argentina mantiene un sistema de partidos poco institucionalizados, a lo que debe agregarse un proceso de creciente fragmentación y faccionalización de las elites partidarias. Hoy el Gobierno logra, gracias a la localización de amplios recursos estatales y poder político, tejer alianzas transversales con liderazgos regionales y locales (...) (Hay) la constitución de un frente electoral controlado por un liderazgo vertical, que procura recomponer algunas de las orientaciones neoestatistas en materia de políticas de desarrollo (...) El funcionamiento de esta alianza vertical (...), que logra articular vínculos (...) con sectores populares fragmentados por un lado, y con movimientos organizados heredados de la era Movimiento Sindical por el otro, ha permitido al Gobierno neutralizar el conflicto social, ampliando los márgenes para implementar distintos paquetes de políticas sin posibilidades de focos de veto”. Luego, Alegre adosa que a su vez “la Argentina ha presenciado el sostenido aumento del precio de sus bienes exportables, que, en combinación con la sensible disminución de los niveles de endeudamiento externo a partir de una exitosa política de canje, le ha permitido mejorar sus márgenes fiscales, aumentar la capacidad de ahorro y expandir la economía”. Si se desea ponerlo en palabras ratificatorias de lenguaje simplemente más periodístico que sociológico, hay una conducción política encarnada en la figura de Cristina (susceptible de confirmación efectiva a mediano y largo plazo, bien que al corto porque todavía no comunicó su decisión de ser reelecta). Por debajo de ella, rige un arco que va desde Moyano hasta los movimientos sociales o sectoriales paridos por la crisis de 2001/2002. Y todo eso puede ser eficiente porque la economía sopla a favor gracias a decisiones políticas que –entre otros motivos– saben aprovechar ventajosas condiciones externas. ¿Qué clase de modelo pregona la oposición, o cuál podría instaurar, que dé seguridades de una estabilidad más firme que la actual, incluyendo –en el lugar que apetezca– un buen clima de negocios?
Entre un partido, el radical, que puede no ser la añoranza de lo que nunca jamás sucedió pero parece que lo fuera; y el peronismo antikirchnerista, que en reemplazo de no tener siquiera una estructura partidaria se limita a ser un rejuntado de figuritas mediáticas cuya sobresaliencia corresponde –siendo benéficos– a ese invento que es Mauricio Macri, la oposición cayó en manos de una corporación comunicacional que como mucho puede disponer de poder de fuego para afectar, pero no para construir. Es lo que Héctor Magnetto desesperó por trasladarles con el gesto público de la famosa cena en su casa, sin éxito porque, además de los problemas para armonizar un programa de gobierno creíble, corroboró encontrarse con una batalla de egos insoportable. De manera que, según es perceptible hasta para el más despistado, la cantidad y –primerísimo– calidad de errores en que debe incurrir el kirchnerismo para perder las presidenciales de octubre supera lo que hoy permite la imaginación política. Y así los cometiera, como en los episodios de carácter eventualmente expansivos que involucran al jefe de la CGT, quedaría por ver si la oposición tiene la capacidad para aprovecharlos. No porque no podría desde varios mandobles efectistas, si acaso tuviera un referente confiable. Es porque sencillamente carece de convicción para ofertar algo distinto a lo que ya se conoce que ofreció en el pasado reciente. A valores de la actualidad estricta, su única esperanza sería que Cristina decida no presentarse. Y si sucediera eso, quedaría por ver si no se metería en un problema mayor vista la incapacidad antedicha de no estar en condiciones para convidar un programa de gobierno fiable.
El firmante se sabe reiterativo, pero no tiene por qué renegar de su profunda seguridad: la oposición no quiere ganar.

lunes, 21 de marzo de 2011

Casos testigo

OPINION
 Por Eduardo Aliverti
Vaya momento casi ideal para confundirse. El adjetivo no alcanza, en realidad. Además de eso es apasionante, provocador, para la gente con inquietudes políticas e intelectuales básicas.
En principio tienta decir que la tormenta se generó tras lo ocurrido en una electoralmente ínfima provincia norteña. Puede ser cierto, como también podría serlo que si no era Catamarca hubiera sido y lo será –más temprano que tarde, porque las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina– cualquier otro factor. Real o inventado. Ganó una K más bien de última hora en el 0,9 por ciento de padrón electoral del país. Pocos le prestaban importancia, como suena menester, tanto a ella como a Catamarca. Pero pasó que radicales y alrededores, que iban a la fiesta para primerear paisaje optimista, terminaron en un velorio. Y los kirchneristas, que daban por descontada una derrota insignificante, terminaron de festejo prospectivo. Pasó lo que siempre pasa cuando hay alteraciones de la lógica en temporada electoral decisiva: lo accesorio logra transformarse en principal, al menor atisbo de variación. La jefatura opositora, siempre bajo titularidad de Clarín, se aprovechó de una animalada de la candidata triunfante para tirar un par de días. Como eso sólo no podía aguantar mucho, justamente, a mediados de semana operaron que la CGT quería imponerle el vice a Cristina. Hasta le pusieron nombre. Y de inmediato cayó la noticia de la Justicia helvética atrás de Moyano, lo que son las casualidades, al margen de las tortugas que puedan haberse escapado de Cancillería.
Para empezar o seguir por lo indefendible, o intragable, de un lado y de otro. La estructuración del armado de poder kirchnerista incluye al PJ y dentro de ello a Moyano; que no es un orgásmico anillo al dedo para la táctica o estrategia de Cristina, pero tampoco la frigidez. Si ella va realmente por otro período presidencial, ya los tiempos electorales no le dan para andar careciendo de Giojas, Sorias, etcéteras de ese tipo... y Moyanos. El gobernador bonaerense, claro. Pero véase el bando contrario, donde ya jugaron todo a que Scioli patee el tablero, perdido Reutemann como Menem blanco. Jugaron a Cobos, a la Mesa de Enlace, a los fracasados inevitables que Magnetto invitó a cenar para que se pusieran de acuerdo. No pueden. No saben. Fundamentalmente, no quieren. Ahí es cuando entra lo que disparó la elección en Catamarca, con enseñanzas muy significativas en torno del panorama electoral general. Signos que ya están al margen del resultado de ayer en Chubut, porque lo que cuenta es la pedagógica tal vez sin retorno de ese domingo. A izquierda y derecha, se coincidió en que el corolario catamarqueño fue producto de un combo con componentes variados o muy precisos. Sólo varió el orden en que fueron puestos. El kirchnerismo, obvio, privilegió como determinante el arrastre de la figura presidencial y su visita a la provincia en los días previos. Y para la oposición nacional en su conjunto se trató de aspectos locales: el desgaste del gobernador-candidato radical; el exabrupto de última hora al afirmar que se quedaría otros 20 años, “le guste a quien le guste”; haberse dormido en las encuestas favorables, que apenas dos semanas atrás lo daban favorito por entre diez y veinte puntos. En lo mediático eso duró muy poco porque la gobernadora electa no tuvo mejor idea que reivindicar a Ramón Saadi, nada menos que respecto del asesinato de María Soledad Morales. Todos tienen su cuota de razón, porque por algo es un combo. Sin embargo, la pregunta clave es qué habría pasado si el humor nacional generalizado no fuera favorable a Cristina y al rumbo que estipula. Los K pueden haber perdido de vista que, por más decisiva que sea la Presidenta, influyeron los elementos aldeanos. Pero las figuritas nacionales de la oposición extraviaron que ninguna de las cuestiones distritales es suficiente para interpretar su derrota, porque el asunto es que Cristina tracciona desde un clima positivo para su gobierno. O mejor es decir: sí se percataron pero, impedidos de asumirlo en público, sólo les quedó el ardid de prenderse a monturas tales como el desatino de la gobernadora electa de Catamarca en defensa de su primo; o después, en torno de que a Moyano estarían investigándolo en Suiza junto con su error patético, inexcusable, de convocar a un paro contra una causa judicial que lo afectaría. Una medida de fuerza que no le habría jodido la vida política más que a sí mismo, inclusive, pero sobre todo al Gobierno que dice defender. ¿Hasta dónde lo defiende? Hasta el límite de que no vengan a pedirle pruebas terminantes de fidelidad. Soy Moyano, fui combativo contra el menemato, desde la CGT le contengo el conflicto social a Cristina y antes a Néstor, pongámosle que quiero y queremos algunos lugares expectantes en las listas electorales y hago mis negocios personales, está bien: ahora dame vos tu prueba de amor y operá sobre fiscales, jueces y Cancillería. Eso es políticamente egoísta. Carece de altruismo. La encierra a Cristina, no a Magnetto. Comunicó haberse dado cuenta, al dejar el paro “en suspenso”, que quiere decir soy fuerte, pero no hercúleo. En el mejor de los casos, qué novedad, Moyano tiene serios límites ideológicos. En el peor, digamos que compatible con el previo, se animó a extorsionar a la Presidenta. Después, ¿por qué centrarse –por qué se centran ellos– en la figura de Moyano? ¿Por el impresentable paro que ya no será mañana? Desde ya que no. Es que Moyano representa (coyunturalmente) la parte de la batalla cultural-política que es susceptible de que ellos puedan ganar en algo, siendo que la parte mayor está ganándola el imaginario y realidad que escenifica Cristina ¿al cabo? del mamarracho de los Cobos, las Carrió, los Biolcati, los Macri-Duhalde y sucedáneos. Lilita, para ejemplificar al paso, aprovechó Japón para decir que “Dios nos está diciendo (...) que vivamos en la verdad, en la decencia, en la justicia, que no usemos la tecnología ni aunque sea de manera pacífica”. Bueno. La pobre se volvió loca de atar –hace rato, si es por eso– pero, como se quiera, es leal a su propia locura. Los otros están lejos de estar locos, aunque, políticamente, es dable discutir si no se acercan a estarlo vista la lectura que hacen del momento político. El inmovilismo frente a su propia impotencia. Aquello de que son clase dominante, pero no dirigente. Los otros, es decir, titulan en tapa que para los Estados Unidos la inflación argentina es “dramática”, subyugados todavía por el extinto influjo de un cipayismo que ya pierde más votos que en el ‘46. Los otros se quedan cinco metros en orsay, minimizando el valor del proyecto parlamentario consensuado, entre todos, para ampliar los derechos laborales de las empleadas domésticas. Los otros se apuran a darle una página impar de cartel francés, número cinco, a que “un cura, un ruralista radical y un PJ se unen contra Insfrán”, a propósito de las decisivas elecciones formoseñas de octubre... Los otros corren a pedirle a la Presidenta que lo pare al camionero para defender las instituciones. Los otros que defienden las instituciones son los que ya les echaron encima toda la mierda habida y por haber.
Unicamente a un tarado, permítase la expresión algo abrupta, se le pasaría por la cabeza poner las manos en el fuego por la inocencia pecuniaria, judicial y política de Hugo Moyano. Pero únicamente a un tarado de proporciones ecuménicas se le ocurriría marginar a esa constatación de que este birlibirloque se da justito después del resultado en Catamarca. Y sobre todo, luego que Marcela y Felipe son mandados por la Justicia, otra vez, a hacerse las pruebas de ADN.

lunes, 14 de marzo de 2011

Lo que se largó


 Por Eduardo Aliverti
Ayer, en Catamarca, se largó formalmente la carrera electoral del año. Es oportuno echar un vistazo al panorama conjunto, pero focalizado en cierto aspecto que la vorágine de encuestas, informes, opiniones y especulaciones pasa de largo. O quizá, deba hablarse de que ese aspecto está naturalizado.
Tomemos uno dato fresco y relevante. Hace poco más de una semana, el gurú electoral Jaime Durán Barba comenzó un trabajo de zapa sobre su asesorado Mauricio Macri, para intentar convencerlo de que le conviene salirse de la candidatura presidencial e ir por la reelección en Buenos Aires. Hasta donde se sabe, el jefe de Gobierno porteño sólo aceptó postergar su decisión porque no está seguro de que la victoria de Cristina en primera vuelta sea irreversible. Sí es comprobable que, casi de súbito, Macri dejó de hablar de su postulación a presidente. Pero eso podría atribuirse a que entiende como mejor campaña pedir la intervención de la Federal para el desalojo de viviendas ocupadas. O mandar al rabino Bergman a Salta, para hacerle el aguante al esclavista Alfredo Olmedo. O insistir con que no puede gobernar la ciudad como quisiera porque el gobierno nacional no le da plata, frente a lo cual es impostergable recordar aquello que supo ser uno de sus principales caballitos de batalla: no necesito plata de nadie porque a Buenos Aires plata es lo que le sobra.
Asimismo, podría considerarse que el drama existencial de Macri no pasa tanto por los cálculos electorales sino por sus sencillísimas ganas. La ciudad ya lo aburrió hace rato, según confiesan sus propios íntimos, porque ni siquiera era el juguete que quería. Era tan sólo lo que necesitaba como trampolín hacia una acumulación de poder mayor, con la salvedad de que en política no hay el milagro de un Bianchi en quien descargar la conquista y usufructo del éxito. Hay que trabajar. Y Macri no tiene ni la menor idea sobre el significado de ese término. Podría haber puesto más la cabeza que el cuerpo, aunque sea, para transformar en un partido y en alcances nacionales los favores mediáticos, el Boca que ganó todo, la decepción popular con los progres que habían administrado la ciudad y el baile del triunfo 2007 con la figura de Michetti, de cuya actividad tampoco se conoció nunca nada. Y resultó que no. Ni partido, ni formación de cuadros, ni buena gestión; ni desarrollo fuera de Buenos Aires, más allá de recurrir a un cómico santafesino que debutó borboteando su sueño de que los negritos tengan agua caliente para bañarse. Lo único que hay en lugar de eso que podría haber sido es una ciudad donde a lo que se mueve se lo saluda con bicisendas que no usa nadie, y a lo que no se lo pinta de amarillo. Una ciudad más sucia que jamás, con un caos de tránsito inigualable y escuelas públicas que, sin desmentida de las mismas autoridades, eximen de ir a practicar turismo de aventura en otros parajes. Para no abundar, como decía David Viñas.
Macri –y Michetti más todavía, dicen las encuestas– conserva sin embargo alrededor de un tercio de poder de fuego electoral. No se sabe, o nadie hurga, si es así porque la clase social y mental a la que representa el ¿macrismo? Está francamente conforme con su mandato. O si no es más que la animadversión hacia la yegua presidenta. Tomado por cierto que ese electorado está y que podría ser proyectado a nivel nacional si Macri trabajara (un poquito o a secas), el horizonte se animaría a sonreírle. Si no a corto plazo, al mediano. ¿O acaso no es, después de todo, la variante ideológica más claramente enfrentada al kirchnerismo? Mucho más aun: ¿alguien escuchó que los propios kirchneristas pongan las manos en el fuego por que, en 2007, Kirchner no quería que en la Capital venciera Macri, para tener un contendiente proyectual preciso? ¿Alguien las pondría por que al Gobierno no le preocupa que Macri se baje de la aspiración presidencial? Los radicales se consumen en su interna; el peronismo federal es ya una caricatura de sí mismo; Pino volcó del todo –bien que no algunos de sus adyacentes, a quienes el ombliguismo empieza a hartarlos– y Carrió debe estar concentrada en cómo adjudicarle el acto de Huracán a Fuerza Bruta. ¿Quién que no sea Macri, por lo tanto, para tener contra quién? Salvo que se minimice el hecho de que sin oposición, del tipo que fuere, es imposible no desgastarse.
La visión más rápida, la vigente en lo real o en la realidad que construyen los medios dominantes, es que las cosas son lo que son sin importar cómo se las interpreta. Tomado el caso de Macri, que el periodista usa como disparador bien que no menor, se trataría de que esa constatación verdadera o ficticia –Cristina triunfante en primera vuela– es sanseacabó. Es decir: la Presidenta gana de cualquier forma, y ese qué sustituye al porqué. ¿Por qué estaría ganando fácil?¿Solamente porque la vida anda mejor, o mucho mejor en comparación con el incendio de hace diez años? ¿O además porque la oposición no tiene manera de convencer acerca de en qué sería más eficiente? Macri, para resaltar, ¿tiene el único inconveniente, digamos, de que el mundo quiere soja justo cuando él no lo puede aprovechar? ¿O tiene la angustia de que no se le ocurriría absolutamente nada más que eso, sabiendo que encima no le da el espacio epocal para quebrar ni la Asignación Universal por Hijo, ni la reestatización jubilatoria, ni el Fútbol para Todos ni su ruta? En una palabra, ¿qué es lo que Macri, o el hijo de Alfonsín, o cualesquiera de los hijos del pasado, están en condiciones de ofertar que no sea lo que ya está ofertado? ¿No será eso, la falta de convicción, lo que les impide asentarse electoralmente?
Lo que ayer arrancó en Catamarca es un proceso en el que, a priori, los méritos y deméritos del kirchnerismo deberían ser juzgados con una vara igual de severa que la que vaya a usarse para observar a la oposición. Suena a obviedad y en verdad lo es; pero deja de serlo si por “oposición” se lee un “nosotros”, entendida la primera del plural como cuánto del “nunca menos”, de lo logrado, está dispuesta a bancarse la mayoría de esta sociedad. Cuánto es proclive esa mayoría a que se profundicen cambios hacia izquierda, sin que eso suponga pensar en revoluciones, ni radicalizaciones, ni casi nada por el estilo. Usemos el ejemplo de 1995. Ganó la rata, cómodo, cuando ya se archisabía que era un travestido vendepatria. Pero se prefirió la ficción del deme dos de la dictadura mutado al uno a uno. Así terminamos. Ahora hay otro contexto internacional y regional, otro tipo de liderazgo, otra clase de rumbo. ¿Estamos de acuerdo en que ése es el piso? ¿O la eventual– marcha hacia algunos techos impone afrontar choques de intereses, convulsivos, que esta sociedad no tiene deseos de sufrir? Si es esto último, habría que contrapreguntar qué hay de distinto, en lo que la derecha ofrece, que no sea lo que ya ofreció.
La presunción es que esa derecha está para atrás, como quedó dicho o intentó decirse, porque es consciente de que no tiene para ofrecer nada mejor dentro de los marcos de su propio sistema. De ahí a que no se vuelva a confiar en ella, a pesar de ella misma, hay mucha diferencia. O podría haberla. Eso es lo que se abrió ayer, al margen de lo circunstancial de la irrelevancia numérica del padrón catamarqueño. Se largó tratar de saber si lo que hay es simplemente el seguro de que por ahora no hay nada mejor, para consumir y sentirse liderados por un rato. O si es que no que hay nada mejor como modelo a futuro.

lunes, 28 de febrero de 2011

Pedraza y alrededores


 Por Eduardo Aliverti
Así es: por los alrededores de la detención de José Pedraza (y en simultáneo de su número dos, lo cual es un hecho inédito) hay un par de aspectos que, llamativamente, pasan más bien inadvertidos.
Un primer reflejo fue constatar que, al revés por completo de lo sucedido hacía muy poco con el apresamiento de otro jerarca sindical, la caída en desgracia de Pedraza no le movió un pelo corporativo a nadie. Es cierto: el Momo Venegas tiene detrás el apoyo explícito de Duhalde –o a la inversa, en realidad– y sus contactos y amistades en el núcleo duro de la burocracia cegetista son mucho más profundos que los del cabecilla de la Unión Ferroviaria. Además, las andanzas de quien dirige a los trabajadores rurales son investigadas por un juez como Oyarbide, del que siempre rigen sospechas en cuanto a su independencia de accionar, sumado a la propensión que tiene por los impactos mediáticos. Muy por el contrario, Susana López, la jueza de Instrucción que lleva la causa del otro adefesio, es considerada en forma unánime como una magistrada de trayectoria intachable y excelencia profesional. Pero nada de todo eso fue lo esgrimido, centralmente, para interpretar que al Momo salieran a defenderlo ipso pucho, mientras Pedraza ya manya cómo se prueban las pilchas que dejará. No. La centralidad analítica fue que en un caso hay “la mafia de los medicamentos”, y chau. Y que en el segundo rige un asesinado, provocando entonces que los códigos de solidaridad mafiosa tengan, aunque sea, la prevención de convocarse a silencio. De ahí se saltó a revolver –sin necesidades de mayor esfuerzo investigativo, por supuesto– en el descomunal nivel de vida del “sindicalista” Pedraza. Su vivienda en Puerto Madero, su declaración de que gana apenas 25 mil pesos por mes, su reloj o sus mersas apliques de oro. No importa. Es un tema que debería conducir a la pregunta de si acaso es casualidad que estos descubrimientos vean la luz sólo cuando hay un avatar judicial de por medio (verbigracia por el porqué de que nunca se revisa el origen de la fortuna de empresarios varios, definidos formalmente como tales). Y que, por lo tanto, redirecciona a interrogantes complementarios. ¿Se trata de destruirlo a Pedraza porque se lo merece, y claro que se lo merece? ¿O de asentar la construcción de discurso contra cualquier cosa que simbolice actividad gremial, sindicatos, sindicalistas, corrupción anclada únicamente ahí? Como dice Daniel Santoro, el artista, si el negro Hugo Moyano, ya sea por negro o por Moyano, viste alguna vez un Armani (que tampoco, encima), todos se preguntan de dónde sacó la plata para comprárselo. Pero a cualquiera de los que visten 150 trajes de ésos, y a quienes solamente dedican notas sobre sus internas y miradas institucionales, nadie les pregunta nada. En un punto, es lo que se llama derrota cultural. Sindicalista, sospechoso a priori. Empresario, dispensado a priori.
Tómese el párrafo precedente como paréntesis ad hoc, porque estábamos en aquello de que la diferencia de circunstancias entre Venegas y Pedraza; o entre Zanola y Pedraza, ya que estamos, es un muerto. Un asesinado. Mariano Ferreyra. ¿O sea que “la mafia de los medicamentos” es un episodio secundario porque no hay un muerto comprobado? ¿Si le dieron una droga vencida o falsa a un enfermo de cáncer es un dato aleatorio, porque lo válido es compararlo con un asesinato político? Alguna gente del PO fue casi la única que habló de eso. Y no interesa si lo dijeron porque su posicionamiento jurásico les impide soportar que la justicia burguesa mande presos a quienes denunciaron como los asesinos de su militante. Los trotskistas, o estos troscos, podrán equivocarse y vivir afuera de la realidad, compulsivamente, en torno de las recetas para los males que denuncian. Podrán ser o semejar a una secta. Podrán confundir al enemigo. Podrán ser funcionales a la derecha. Podrán laborar para continuar siendo el cero coma cero de los votos, durante toda la vida. Pero son útiles para alertar sobre variados diagnósticos, sin los cuales el escudriño de las contradicciones en los procesos históricos, como éste, que requieren acumulación de fuerzas populares, sería más pobre, más aguachento, más cínico.
El segundo elemento desatendido tras la detención de Pedraza es ante qué se está, o podría estarse, a propósito del modelo gremial dominante desde el fondo de los tiempos. Y si se habla de eso, se lo hace también de las oportunidades que ofrece el presente político. No habrá quien crea, es de imaginar, que la sucesión de problemas afrontados por tamaños caciques sindicales es ajena a un clima capaz de habilitarlos. Una temperatura apta para animárseles. Basta con sacar cuentas de cotejo. Años y años de intocabilidad. De protección absoluta. De enfrentarse como mucho a las denuncias de minoritarios opositores internos. De alianza fácil con el empresariado, con sus prebendas repugnantes a cambio de conformar a las bases. De complicidad de los emporios periodísticos, no fuera cuestión de que se creara un ánimo agitador. Años y años. ¿Y qué? ¿Resulta que de golpe y porrazo tienen que dedicarse a buscar pullovers para taparse las esposas delante de las cámaras? ¿No será que, tan de a poco como sin pausa, se les corta el carretel por la persistencia de un sistema demoliberal pero al fin y al cabo un tanto más atento en los pudores “republicanos”? ¿No será que hay un modelo, una voluntad, o como quiera llamársele, que franquicia tocarles el trasero? Es paradójicamente atractivo, aleccionador, que los medios de comunicación preponderantes anden regodeándose, casi, con las desventuras de los Venegas y los Pedraza. Justo ellos, los medios, que a la par de la connivencia con los amos gremiales vivieron cuestionando a sus patotas en forma innominada, deben dedicarse ahora a recabar en sus lujos asiáticos y su defecar en los derechos de los trabajadores. Lo vertebran, ellos, los medios, a través de señalar la confabulación general y particular del oficialismo con ellos, los oligarcas sindicales. Disponen objetivamente de parte de la razón. Pero la parte de la razón faltante es que, por carácter transitivo, el oficialismo no es el violador institucional declarado por ellos, los medios, porque si lo fuera no se explica cómo pueden ir presos los socios del kirchnerismo.
Los problemas de la corporación sindical-empresarial exceden al ámbito de la Justicia, aunque sea veraz que es ahí donde sufren las complicaciones mayores. Ya hay la lucha de agrupaciones venidas de abajo que se hacen lugar entre bandas despóticas, como en el subte, y con reconocimiento jurídico más allá de que algunos métodos sean ampliamente discutibles. Ya hay la exigencia internacional de que se admita a la CTA como un actor de pleno derecho, más allá del papelón que pasó ese órgano en su proceso electoral. Ya hay, en síntesis, que el modelo de sindicalismo meramente estatalista, conservador, violento, corrupto, entró en disputa. Una disputa poco menos que neonata, todavía imperceptible. Pero tampoco se creía que habría forma de enfrentar a Clarín, si es por eso. O de que pudieran casarse los homosexuales o de reestatizarse las jubilaciones.
No hay más destino que el que se quiera construir, pero para eso es imprescindible acertarle a la caracterización del momento histórico. Si se piensa que las desdichas de tanto pandillero son casualidad, estamos fritos. Si se juzga que responden a que cambiar algo para mejor es posible, estamos para adelante.