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miércoles, 25 de abril de 2012

Un represor niega y otro calla

En la segunda jornada del juicio por crímenes de lesa humanidad en Catamarca, el ex policía Juan Daniel Rauzzino decidió finalmente declarar para rechazar los cargos en su contra y asegurar que la policía provincial tenía la orden de "no tomar ningún tipo de intervención contra la subversión". Por su parte, el militar retirado Carlos Alberto Lucena se llamó a silencio. Ambos enfrentan al Tribunal Federal 1º por la desaparición y muerte de Francisco Gregorio Ponce, su hermano Julio Genaro Burgos, Griselda del Huerto Ponce y Nelly Yolanda Borda, secuestrados entre abril de 1976 y enero de 1977.

Rauzzino, quien desde el 13 de mayo de 1975 hasta el 15 de diciembre de 1976 se desempeñaba en la fuerza policial, sostuvo que "el automóvil en la que se secuestró a la joven Griselda Ponce no pertenecía a la fuerza" y descartó que "la policía tenga que ver con el hecho".

El ex policía presentó al Tribunal pruebas documentales y periodísticas de su desempeño como jefe de la Policía en ese entonces. Y argumentó: "Juro por Dios, la Patria y mis cuatro nietos que no torturé ni secuestré a nadie, ya que no soy un delincuente".

Las cuatro desapariciones seguidas de muerte son parte de las casi 30 denunciadas que se realizaron en la provincia. Los jueces Juan Carlos Reynaga, Eduardo Gabriel Casas y José Camilo Quiroga Uriburu llevan adelante el juicio, en el que se prevé la declaración de unos 51 testigos a lo largo de todo el juicio.

lunes, 23 de abril de 2012

Comenzó el primer juicio contra represores en Catamarca


Cámara Oral Federal 


El primer juicio en Catamarca por delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar comenzó a las 9.40 en la Cámara Oral Federal, ante una fuerte custodia policial, con la presencia de familiares de las víctimas y organizaciones de derechos humanos.


En este juicio, serán juzgados el ex-Jefe del Regimiento de Infantería 17, Carlos Alberto Lucena; y el ex Jefe General de Policía, Juan Daniel Rauzzino, acusados como presuntos autores por la desaparición y muerte de los catamarqueños Francisco Gregorio Ponce, su hermano Julio Genaro Burgos, Griselda del Huerto Ponce, y Nelly Yolanda Borda, en hechos ocurridos entre abril de 1976 y enero de 1977.

lunes, 28 de marzo de 2011

No quieren

OPINION
 Por Eduardo Aliverti
Chubut termina de prender lo que en Catamarca fue una señal de alarma enorme para la oposición. El panorama se agravaría si el recuento del escrutinio favoreciera al candidato kirchnerista, pero aunque no fuera así el dictamen ya es inequívoco. Desde las propias usinas de la derecha citaron como acertada la definición de Felipe Solá, quien fue el único del “peronismo federal” acompañante de Das Neves que, en la mal disimulada noche fúnebre de ese domingo, se animó a liquidar el diagnóstico en dos oraciones: “Hay un candidato que ganó por muy poco y hay otro que perdió por muy poco. Pero está claro que hay uno que ganó y otro que perdió”.
Lo que siguió a lo sucedido en Chubut da la pauta del grado de desconcierto que vive el conjunto opositor. Pero es necesario discriminar entre los indicios de reorientación o reagrupamiento producidos allí, y aquello que en verdad les dificulta dar algún paso adelante. Lo primero es un simple análisis de especulaciones dirigenciales. Das Neves, que se bajó de la interna. El hijo de Alfonsín, que ahora estaría dispuesto a resolver por consenso la candidatura radical. Duhalde, que de sostener la condena al éxito de la Argentina pasó a que están condenados a aliarse con Macri. De Narváez, que estaría manejando un plan B de articulación con los cobistas. Macri, que no sale de un ta-te-ti de agenda electoral ya exasperante para su propio entorno y ahora, según confluyen todas las fuentes que se quieran, dispuesto a congelar las relaciones electorales con el engendro de El Padrino & Cía. ¿De qué estamos hablando? ¿Sólo de que Catamarca y Chubut les sacudieron la modorra? ¿O de gestos inerciales que ocultan un trasfondo de impotencia, porque ni saben ni pueden ni, por lo tanto, quieren presentar a la sociedad una alternativa seria? Si admiten que la popularidad del Gobierno es haber establecido el piso del “nunca menos”, y esa definición encierra haber dejado atrás varias de las políticas más escabrosas de la etapa neoliberal, ¿cómo hacen para plantarse en la promesa de una instancia superadora, habiendo los antecedentes que portan? “Superadora”, para conceder, sólo les cabría a las huestes que se dicen de centroizquierda no kirchnerista, que tienen el pequeño inconveniente de demostrar por qué, para superar, serían mejores que los K. Si el tema es en cambio la derecha peronista, directamente debe hablarse de retraso y nunca de superación alguna. Es el retorno de la apertura a los mercados, de las relaciones carnales con “los países exitosos”, del discurso de la mano dura. Y el dato fundamental de que, en toda hipótesis, el kirchnerismo conservará, además de una contundente porción de votos, un volumen de movilización del que carece el resto. Para peor escenario opositor, hay ya significativas franjas del establishment que confiesan aceptar este modelo en rol de mal menor; ya sea porque les va antes muy bien que nada mal, como por el hecho de que se reconocen más cómodas ante quienes demuestran fortaleza de mando. Podría decirse, incluso, que Clarín es el único factor corporativo dispuesto a persistir en un oposicionismo feroz.
En la serie Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano, coordinada por Emir Sader y editada por este diario, el martes pasado se publicó un ensayo del cientista social Pablo Alegre, investigador de la Universidad Católica de Uruguay. Es atractivo lo que señala sobre Argentina, en su caracterización de las trayectorias de desarrollo de los países del Cono Sur. “La Argentina mantiene un sistema de partidos poco institucionalizados, a lo que debe agregarse un proceso de creciente fragmentación y faccionalización de las elites partidarias. Hoy el Gobierno logra, gracias a la localización de amplios recursos estatales y poder político, tejer alianzas transversales con liderazgos regionales y locales (...) (Hay) la constitución de un frente electoral controlado por un liderazgo vertical, que procura recomponer algunas de las orientaciones neoestatistas en materia de políticas de desarrollo (...) El funcionamiento de esta alianza vertical (...), que logra articular vínculos (...) con sectores populares fragmentados por un lado, y con movimientos organizados heredados de la era Movimiento Sindical por el otro, ha permitido al Gobierno neutralizar el conflicto social, ampliando los márgenes para implementar distintos paquetes de políticas sin posibilidades de focos de veto”. Luego, Alegre adosa que a su vez “la Argentina ha presenciado el sostenido aumento del precio de sus bienes exportables, que, en combinación con la sensible disminución de los niveles de endeudamiento externo a partir de una exitosa política de canje, le ha permitido mejorar sus márgenes fiscales, aumentar la capacidad de ahorro y expandir la economía”. Si se desea ponerlo en palabras ratificatorias de lenguaje simplemente más periodístico que sociológico, hay una conducción política encarnada en la figura de Cristina (susceptible de confirmación efectiva a mediano y largo plazo, bien que al corto porque todavía no comunicó su decisión de ser reelecta). Por debajo de ella, rige un arco que va desde Moyano hasta los movimientos sociales o sectoriales paridos por la crisis de 2001/2002. Y todo eso puede ser eficiente porque la economía sopla a favor gracias a decisiones políticas que –entre otros motivos– saben aprovechar ventajosas condiciones externas. ¿Qué clase de modelo pregona la oposición, o cuál podría instaurar, que dé seguridades de una estabilidad más firme que la actual, incluyendo –en el lugar que apetezca– un buen clima de negocios?
Entre un partido, el radical, que puede no ser la añoranza de lo que nunca jamás sucedió pero parece que lo fuera; y el peronismo antikirchnerista, que en reemplazo de no tener siquiera una estructura partidaria se limita a ser un rejuntado de figuritas mediáticas cuya sobresaliencia corresponde –siendo benéficos– a ese invento que es Mauricio Macri, la oposición cayó en manos de una corporación comunicacional que como mucho puede disponer de poder de fuego para afectar, pero no para construir. Es lo que Héctor Magnetto desesperó por trasladarles con el gesto público de la famosa cena en su casa, sin éxito porque, además de los problemas para armonizar un programa de gobierno creíble, corroboró encontrarse con una batalla de egos insoportable. De manera que, según es perceptible hasta para el más despistado, la cantidad y –primerísimo– calidad de errores en que debe incurrir el kirchnerismo para perder las presidenciales de octubre supera lo que hoy permite la imaginación política. Y así los cometiera, como en los episodios de carácter eventualmente expansivos que involucran al jefe de la CGT, quedaría por ver si la oposición tiene la capacidad para aprovecharlos. No porque no podría desde varios mandobles efectistas, si acaso tuviera un referente confiable. Es porque sencillamente carece de convicción para ofertar algo distinto a lo que ya se conoce que ofreció en el pasado reciente. A valores de la actualidad estricta, su única esperanza sería que Cristina decida no presentarse. Y si sucediera eso, quedaría por ver si no se metería en un problema mayor vista la incapacidad antedicha de no estar en condiciones para convidar un programa de gobierno fiable.
El firmante se sabe reiterativo, pero no tiene por qué renegar de su profunda seguridad: la oposición no quiere ganar.

lunes, 21 de marzo de 2011

Casos testigo

OPINION
 Por Eduardo Aliverti
Vaya momento casi ideal para confundirse. El adjetivo no alcanza, en realidad. Además de eso es apasionante, provocador, para la gente con inquietudes políticas e intelectuales básicas.
En principio tienta decir que la tormenta se generó tras lo ocurrido en una electoralmente ínfima provincia norteña. Puede ser cierto, como también podría serlo que si no era Catamarca hubiera sido y lo será –más temprano que tarde, porque las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina– cualquier otro factor. Real o inventado. Ganó una K más bien de última hora en el 0,9 por ciento de padrón electoral del país. Pocos le prestaban importancia, como suena menester, tanto a ella como a Catamarca. Pero pasó que radicales y alrededores, que iban a la fiesta para primerear paisaje optimista, terminaron en un velorio. Y los kirchneristas, que daban por descontada una derrota insignificante, terminaron de festejo prospectivo. Pasó lo que siempre pasa cuando hay alteraciones de la lógica en temporada electoral decisiva: lo accesorio logra transformarse en principal, al menor atisbo de variación. La jefatura opositora, siempre bajo titularidad de Clarín, se aprovechó de una animalada de la candidata triunfante para tirar un par de días. Como eso sólo no podía aguantar mucho, justamente, a mediados de semana operaron que la CGT quería imponerle el vice a Cristina. Hasta le pusieron nombre. Y de inmediato cayó la noticia de la Justicia helvética atrás de Moyano, lo que son las casualidades, al margen de las tortugas que puedan haberse escapado de Cancillería.
Para empezar o seguir por lo indefendible, o intragable, de un lado y de otro. La estructuración del armado de poder kirchnerista incluye al PJ y dentro de ello a Moyano; que no es un orgásmico anillo al dedo para la táctica o estrategia de Cristina, pero tampoco la frigidez. Si ella va realmente por otro período presidencial, ya los tiempos electorales no le dan para andar careciendo de Giojas, Sorias, etcéteras de ese tipo... y Moyanos. El gobernador bonaerense, claro. Pero véase el bando contrario, donde ya jugaron todo a que Scioli patee el tablero, perdido Reutemann como Menem blanco. Jugaron a Cobos, a la Mesa de Enlace, a los fracasados inevitables que Magnetto invitó a cenar para que se pusieran de acuerdo. No pueden. No saben. Fundamentalmente, no quieren. Ahí es cuando entra lo que disparó la elección en Catamarca, con enseñanzas muy significativas en torno del panorama electoral general. Signos que ya están al margen del resultado de ayer en Chubut, porque lo que cuenta es la pedagógica tal vez sin retorno de ese domingo. A izquierda y derecha, se coincidió en que el corolario catamarqueño fue producto de un combo con componentes variados o muy precisos. Sólo varió el orden en que fueron puestos. El kirchnerismo, obvio, privilegió como determinante el arrastre de la figura presidencial y su visita a la provincia en los días previos. Y para la oposición nacional en su conjunto se trató de aspectos locales: el desgaste del gobernador-candidato radical; el exabrupto de última hora al afirmar que se quedaría otros 20 años, “le guste a quien le guste”; haberse dormido en las encuestas favorables, que apenas dos semanas atrás lo daban favorito por entre diez y veinte puntos. En lo mediático eso duró muy poco porque la gobernadora electa no tuvo mejor idea que reivindicar a Ramón Saadi, nada menos que respecto del asesinato de María Soledad Morales. Todos tienen su cuota de razón, porque por algo es un combo. Sin embargo, la pregunta clave es qué habría pasado si el humor nacional generalizado no fuera favorable a Cristina y al rumbo que estipula. Los K pueden haber perdido de vista que, por más decisiva que sea la Presidenta, influyeron los elementos aldeanos. Pero las figuritas nacionales de la oposición extraviaron que ninguna de las cuestiones distritales es suficiente para interpretar su derrota, porque el asunto es que Cristina tracciona desde un clima positivo para su gobierno. O mejor es decir: sí se percataron pero, impedidos de asumirlo en público, sólo les quedó el ardid de prenderse a monturas tales como el desatino de la gobernadora electa de Catamarca en defensa de su primo; o después, en torno de que a Moyano estarían investigándolo en Suiza junto con su error patético, inexcusable, de convocar a un paro contra una causa judicial que lo afectaría. Una medida de fuerza que no le habría jodido la vida política más que a sí mismo, inclusive, pero sobre todo al Gobierno que dice defender. ¿Hasta dónde lo defiende? Hasta el límite de que no vengan a pedirle pruebas terminantes de fidelidad. Soy Moyano, fui combativo contra el menemato, desde la CGT le contengo el conflicto social a Cristina y antes a Néstor, pongámosle que quiero y queremos algunos lugares expectantes en las listas electorales y hago mis negocios personales, está bien: ahora dame vos tu prueba de amor y operá sobre fiscales, jueces y Cancillería. Eso es políticamente egoísta. Carece de altruismo. La encierra a Cristina, no a Magnetto. Comunicó haberse dado cuenta, al dejar el paro “en suspenso”, que quiere decir soy fuerte, pero no hercúleo. En el mejor de los casos, qué novedad, Moyano tiene serios límites ideológicos. En el peor, digamos que compatible con el previo, se animó a extorsionar a la Presidenta. Después, ¿por qué centrarse –por qué se centran ellos– en la figura de Moyano? ¿Por el impresentable paro que ya no será mañana? Desde ya que no. Es que Moyano representa (coyunturalmente) la parte de la batalla cultural-política que es susceptible de que ellos puedan ganar en algo, siendo que la parte mayor está ganándola el imaginario y realidad que escenifica Cristina ¿al cabo? del mamarracho de los Cobos, las Carrió, los Biolcati, los Macri-Duhalde y sucedáneos. Lilita, para ejemplificar al paso, aprovechó Japón para decir que “Dios nos está diciendo (...) que vivamos en la verdad, en la decencia, en la justicia, que no usemos la tecnología ni aunque sea de manera pacífica”. Bueno. La pobre se volvió loca de atar –hace rato, si es por eso– pero, como se quiera, es leal a su propia locura. Los otros están lejos de estar locos, aunque, políticamente, es dable discutir si no se acercan a estarlo vista la lectura que hacen del momento político. El inmovilismo frente a su propia impotencia. Aquello de que son clase dominante, pero no dirigente. Los otros, es decir, titulan en tapa que para los Estados Unidos la inflación argentina es “dramática”, subyugados todavía por el extinto influjo de un cipayismo que ya pierde más votos que en el ‘46. Los otros se quedan cinco metros en orsay, minimizando el valor del proyecto parlamentario consensuado, entre todos, para ampliar los derechos laborales de las empleadas domésticas. Los otros se apuran a darle una página impar de cartel francés, número cinco, a que “un cura, un ruralista radical y un PJ se unen contra Insfrán”, a propósito de las decisivas elecciones formoseñas de octubre... Los otros corren a pedirle a la Presidenta que lo pare al camionero para defender las instituciones. Los otros que defienden las instituciones son los que ya les echaron encima toda la mierda habida y por haber.
Unicamente a un tarado, permítase la expresión algo abrupta, se le pasaría por la cabeza poner las manos en el fuego por la inocencia pecuniaria, judicial y política de Hugo Moyano. Pero únicamente a un tarado de proporciones ecuménicas se le ocurriría marginar a esa constatación de que este birlibirloque se da justito después del resultado en Catamarca. Y sobre todo, luego que Marcela y Felipe son mandados por la Justicia, otra vez, a hacerse las pruebas de ADN.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Clarín “vincula” al gobierno electo con el feudalismo y María Soledad

EL TRIUNFO DEL FPV EN CATAMARCA


Publicado el 16 de Marzo de 2011
Algunas declaraciones de la gobernadora catamarqueña electa Lucía Corpacci le vinieron “como anillo al dedo” al diario de Noble. 

Las declaraciones de la gobernadora electa de Catamarca, Lucía Corpacci, marcaron gran parte de la agenda de la gráfica nacional. En el caso de Clarín, a diferencia de otros medios, el diario tomó una pequeña parte de lo declarado por Corpacci en alusión a la familia Saadi (la cual integra), y así vincula al gobierno electo con el feudalismo de los ’90 y el asesinato de María Soledad Morales.
 En la página 3, el diario de Magnetto titula: “Catamarca: reivindican a Saadi por el crimen de María Soledad. A pocas horas de su triunfo, la gobernadora dijo que el asesinato de la adolescente ‘no fue como lo mostraron los medios’. Y destacó la figura de su primo Ramón Saadi, cuyo gobierno fue intervenido en 1991, tras el escándalo.” Las declaraciones de la gobernadora electa sobre los Saadi y el tratamiento mediático del caso María Soledad cayeron justas para que el diario de Noble colocara una nota que ocupó la totalidad de la página mencionada, remarcando que “la bocanada de oxígeno que trajo el golpe a los afanes feudales de Brizuela duró poco”. El diario de Noble fue un poco más lejos, y en la página 4, publica una extensa nota reflotando el crimen de 1990. Lo llamativo es la “sobrevolanta” de la página, que especifica: “elecciones 2011-Catamarca”. El recurso discursivo de Clarín consistiría en señalar que “este nuevo gobierno en realidad perpetúa el sistema feudal en Catamarca que culminó con el crimen de María Soledad”.
La Nación en la página 8 señala: “Corpacci, médica y orgullosa de los Saadi”. El diario ilustra la nota con una foto del abrazo entre Corpacci y el ex gobernador Ramón Saadi. Allí, la gobernadora electa aparece de espaldas, y quien está de frente es el cuestionado ex mandatario. “El ex gobernador Ramón Saadi reapareció en la noche del triunfo de su prima Corpacci”, consigna el epígrafe.  
Página/12 remarca una expresión de deseos de la gobernadora: “Quiero que Cristina sea candidata en 2011”. El Cronista, enfatiza parte del análisis de Corpacci: “Cristina y su gobierno traccionan para todos”.  <

lunes, 14 de marzo de 2011

Lo que se largó


 Por Eduardo Aliverti
Ayer, en Catamarca, se largó formalmente la carrera electoral del año. Es oportuno echar un vistazo al panorama conjunto, pero focalizado en cierto aspecto que la vorágine de encuestas, informes, opiniones y especulaciones pasa de largo. O quizá, deba hablarse de que ese aspecto está naturalizado.
Tomemos uno dato fresco y relevante. Hace poco más de una semana, el gurú electoral Jaime Durán Barba comenzó un trabajo de zapa sobre su asesorado Mauricio Macri, para intentar convencerlo de que le conviene salirse de la candidatura presidencial e ir por la reelección en Buenos Aires. Hasta donde se sabe, el jefe de Gobierno porteño sólo aceptó postergar su decisión porque no está seguro de que la victoria de Cristina en primera vuelta sea irreversible. Sí es comprobable que, casi de súbito, Macri dejó de hablar de su postulación a presidente. Pero eso podría atribuirse a que entiende como mejor campaña pedir la intervención de la Federal para el desalojo de viviendas ocupadas. O mandar al rabino Bergman a Salta, para hacerle el aguante al esclavista Alfredo Olmedo. O insistir con que no puede gobernar la ciudad como quisiera porque el gobierno nacional no le da plata, frente a lo cual es impostergable recordar aquello que supo ser uno de sus principales caballitos de batalla: no necesito plata de nadie porque a Buenos Aires plata es lo que le sobra.
Asimismo, podría considerarse que el drama existencial de Macri no pasa tanto por los cálculos electorales sino por sus sencillísimas ganas. La ciudad ya lo aburrió hace rato, según confiesan sus propios íntimos, porque ni siquiera era el juguete que quería. Era tan sólo lo que necesitaba como trampolín hacia una acumulación de poder mayor, con la salvedad de que en política no hay el milagro de un Bianchi en quien descargar la conquista y usufructo del éxito. Hay que trabajar. Y Macri no tiene ni la menor idea sobre el significado de ese término. Podría haber puesto más la cabeza que el cuerpo, aunque sea, para transformar en un partido y en alcances nacionales los favores mediáticos, el Boca que ganó todo, la decepción popular con los progres que habían administrado la ciudad y el baile del triunfo 2007 con la figura de Michetti, de cuya actividad tampoco se conoció nunca nada. Y resultó que no. Ni partido, ni formación de cuadros, ni buena gestión; ni desarrollo fuera de Buenos Aires, más allá de recurrir a un cómico santafesino que debutó borboteando su sueño de que los negritos tengan agua caliente para bañarse. Lo único que hay en lugar de eso que podría haber sido es una ciudad donde a lo que se mueve se lo saluda con bicisendas que no usa nadie, y a lo que no se lo pinta de amarillo. Una ciudad más sucia que jamás, con un caos de tránsito inigualable y escuelas públicas que, sin desmentida de las mismas autoridades, eximen de ir a practicar turismo de aventura en otros parajes. Para no abundar, como decía David Viñas.
Macri –y Michetti más todavía, dicen las encuestas– conserva sin embargo alrededor de un tercio de poder de fuego electoral. No se sabe, o nadie hurga, si es así porque la clase social y mental a la que representa el ¿macrismo? Está francamente conforme con su mandato. O si no es más que la animadversión hacia la yegua presidenta. Tomado por cierto que ese electorado está y que podría ser proyectado a nivel nacional si Macri trabajara (un poquito o a secas), el horizonte se animaría a sonreírle. Si no a corto plazo, al mediano. ¿O acaso no es, después de todo, la variante ideológica más claramente enfrentada al kirchnerismo? Mucho más aun: ¿alguien escuchó que los propios kirchneristas pongan las manos en el fuego por que, en 2007, Kirchner no quería que en la Capital venciera Macri, para tener un contendiente proyectual preciso? ¿Alguien las pondría por que al Gobierno no le preocupa que Macri se baje de la aspiración presidencial? Los radicales se consumen en su interna; el peronismo federal es ya una caricatura de sí mismo; Pino volcó del todo –bien que no algunos de sus adyacentes, a quienes el ombliguismo empieza a hartarlos– y Carrió debe estar concentrada en cómo adjudicarle el acto de Huracán a Fuerza Bruta. ¿Quién que no sea Macri, por lo tanto, para tener contra quién? Salvo que se minimice el hecho de que sin oposición, del tipo que fuere, es imposible no desgastarse.
La visión más rápida, la vigente en lo real o en la realidad que construyen los medios dominantes, es que las cosas son lo que son sin importar cómo se las interpreta. Tomado el caso de Macri, que el periodista usa como disparador bien que no menor, se trataría de que esa constatación verdadera o ficticia –Cristina triunfante en primera vuela– es sanseacabó. Es decir: la Presidenta gana de cualquier forma, y ese qué sustituye al porqué. ¿Por qué estaría ganando fácil?¿Solamente porque la vida anda mejor, o mucho mejor en comparación con el incendio de hace diez años? ¿O además porque la oposición no tiene manera de convencer acerca de en qué sería más eficiente? Macri, para resaltar, ¿tiene el único inconveniente, digamos, de que el mundo quiere soja justo cuando él no lo puede aprovechar? ¿O tiene la angustia de que no se le ocurriría absolutamente nada más que eso, sabiendo que encima no le da el espacio epocal para quebrar ni la Asignación Universal por Hijo, ni la reestatización jubilatoria, ni el Fútbol para Todos ni su ruta? En una palabra, ¿qué es lo que Macri, o el hijo de Alfonsín, o cualesquiera de los hijos del pasado, están en condiciones de ofertar que no sea lo que ya está ofertado? ¿No será eso, la falta de convicción, lo que les impide asentarse electoralmente?
Lo que ayer arrancó en Catamarca es un proceso en el que, a priori, los méritos y deméritos del kirchnerismo deberían ser juzgados con una vara igual de severa que la que vaya a usarse para observar a la oposición. Suena a obviedad y en verdad lo es; pero deja de serlo si por “oposición” se lee un “nosotros”, entendida la primera del plural como cuánto del “nunca menos”, de lo logrado, está dispuesta a bancarse la mayoría de esta sociedad. Cuánto es proclive esa mayoría a que se profundicen cambios hacia izquierda, sin que eso suponga pensar en revoluciones, ni radicalizaciones, ni casi nada por el estilo. Usemos el ejemplo de 1995. Ganó la rata, cómodo, cuando ya se archisabía que era un travestido vendepatria. Pero se prefirió la ficción del deme dos de la dictadura mutado al uno a uno. Así terminamos. Ahora hay otro contexto internacional y regional, otro tipo de liderazgo, otra clase de rumbo. ¿Estamos de acuerdo en que ése es el piso? ¿O la eventual– marcha hacia algunos techos impone afrontar choques de intereses, convulsivos, que esta sociedad no tiene deseos de sufrir? Si es esto último, habría que contrapreguntar qué hay de distinto, en lo que la derecha ofrece, que no sea lo que ya ofreció.
La presunción es que esa derecha está para atrás, como quedó dicho o intentó decirse, porque es consciente de que no tiene para ofrecer nada mejor dentro de los marcos de su propio sistema. De ahí a que no se vuelva a confiar en ella, a pesar de ella misma, hay mucha diferencia. O podría haberla. Eso es lo que se abrió ayer, al margen de lo circunstancial de la irrelevancia numérica del padrón catamarqueño. Se largó tratar de saber si lo que hay es simplemente el seguro de que por ahora no hay nada mejor, para consumir y sentirse liderados por un rato. O si es que no que hay nada mejor como modelo a futuro.

Un triunfo celebrado en la Casa Rosada


CRISTINA KIRCHNER FELICITO A CORPACCI Y RANDAZZO VIAJO PARA LOS FESTEJOS

Al cierre de esta edición, el ministro del Interior y Abal Medina aterrizaban en Catamarca para saludar a la ganadora. Apenas se confirmó la tendencia, CFK se comunicó para decirle que siempre estuvo segura del triunfo.

El salteño Urtubey fue una de las visitas para los festejos.
Imagen: DyN.
El gobierno nacional festejó calurosamente el triunfo de su candidata en Catamarca, Lucía Corpacci: no sólo porque le permitió comenzar el calendario electoral con una buena noticia, sino porque se trata de un distrito que el radicalismo gobierna desde hace dos décadas. Anoche, cuando los resultados provisorios iban confirmando la victoria, la presidenta Cristina Fernández se comunicó telefónicamente con la gobernadora electa, mientras que a última hora de la noche llegaron a la capital provincial el ministro del Interior, Florencio Randazzo junto al secretario de Comunicación Juan Manuel Abal Medina. Gobernadores aliados, como el salteño Juan Manuel Urtubey y el entrerriano Sergio Urribarri, también viajaron para participar de los festejos. Además, distintos referentes del kirchnerismo adjudicaron la sorpresiva victoria al apoyo que le dio Cristina Fernández a la vencedora.
Desde Buenos Aires se siguió minuto a minuto el progreso de los comicios y luego un escrutinio que desde el principio se advertía favorable para la candidata del Frente para la Victoria. Poco después de que comenzara a definirse la tendencia, la Presidenta se comunicó con Corpacci para felicitarla por la victoria y decirle que siempre estuvo segura de que ganaría, según relató la ganadora, que confesó que “le hubiera gustado” una visita de la mandataria aunque reconoció que era difícil “por la hora”. Fuentes del Gobierno aseguraron a Página/12 que la flamante gobernadora electa será invitada a visitar la Casa Rosada esta semana.
“Ha empezado el cambio en Catamarca después de 20 años. Parece un claro mensaje de renovación en la provincia y, obviamente, no puede dejar de señalarse lo que implica en términos de política nacional”, sostuvo anoche el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en una entrevista televisiva, poco después que se confirmara la victoria de Corpacci. El funcionario, que también es precandidato a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, además aseguró que la sintonía ideológica de la Presidenta con la candidata fue clave para cambiar un resultado que, en las encuestas previas, parecía que iba a ser adverso. “Claramente su respaldo a Cristina Fernández la lleva a conseguir la victoria”, sostuvo.
En un sentido similar se manifestó el dirigente de la Federación Tierra y Vivienda, Luis D’Elía, que fue más allá y aseguró que el viaje que realizó la mandataria a esa provincia tres semanas atrás tuvo incidencia en el sorpresivo resultado. “La presencia de Cristina en Catamarca dio vuelta la elección, en la cual veníamos puntos atrás y confirma el inicio de un tiempo absolutamente nuevo”, analizó el referente territorial. Además, agregó que la Presidenta “tiene un consenso altísimo, lo que va a transformarla en octubre en la electora exclusiva de la política argentina” y se animó a pronosticar que “va a tener guarismos similares a los del general Perón del ’73”, cuando el ex presidente, que volvía del exilio, obtuvo el 62 por ciento de los votos a nivel nacional.
Cristina Fernández había participado de un acto el 23 de febrero en una fábrica textil recuperada en la capital provincial. Poco antes de ese acto, simpatizantes del Frente para la Victoria se enfrentaron con piedras y botellas con seguidores del gobernador Eduardo Brizuela del Moral, por lo que el hombre del Frente Cívico y Social amagó con bajarse de la ceremonia, donde, finalmente, por gestiones presidenciales, compartieron escenario los dos candidatos que se enfrentaron ayer. Cabe recordar que en 2007, cuando Brizuela del Moral fue electo como parte de la extinta Concertación transversal que llevó en la boleta presidencial a Cristina y a Julio Cobos, Lucía Corpacci había sido electa en esa boleta como vicegobernadora.

Climas, mensajes, lecciones


 Por Mario Wainfeld
En la ronda previa de elecciones de gobernadores realizada casi totalmente en 2007, 17 oficialismos provinciales revalidaron sus títulos y sólo 7 cedieron el poder. La condición de local acoraza a los mandatarios, lo que se corrobora desde 2003 en municipios y provincias. Con esa tendencia, un éxito de la oposición cotiza doble.
En Catamarca, desde 1983, jamás un gobernador fue vencido por su oposición en las urnas. La deslegitimación y caída de la dinastía justicialista de los Saadi fue un deseable cambio de régimen motorizado por una activa movilización social, pero fueron relevados por una intervención. El Frente Cívico y Social (FCyS) venía ganando en forma ininterrumpida desde 1991. Ayer, pues, la ciudadanía motivó el primer caso de alternancia por pronunciamiento electoral.
El resultado logrado por la gobernadora electa, Lucía Corpacci, es un batacazo porque contradice la tendencia nacional, la hegemonía local y también porque se fue construyendo “a lo Leguisamo”: corriendo desde atrás toda la carrera. Hace uno o dos meses, el desenlace parecía ser muy otro.
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El sistema de vuelta única, en el que gana la primera minoría, incentiva la polarización. Claro que en política nada es automático o mecánico, pero ayer la regla se cumplió: las dos listas que competían por el primer puesto concentraron casi todos los sufragios. Se achicó hasta la consunción el Peronismo Federal, encarnado en Liliana Barrionuevo, hermana de “Luisito”, el inefable dirigente multipropósito.
El peronismo catamarqueño recupera, con un rostro bien diferente, una provincia perdida desde hace dos décadas. Buena nueva para los oficialismos provincial y nacional, mala para el radicalismo.
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Por una vez, en una etapa de marcada suspicacia sobre sus desempeños, los encuestadores estuvieron afinados. Fueron registrando cómo el Frente para la Victoria (FpV) acortaba diferencias. En su columna de ayer en este diario, el cronista consignó también que decían registrar desplazamientos significativos a favor del FpV en San Fernando del Valle de Catamarca, la capital, que era un usual bastión del radicalismo y su Frente. Según los cómputos disponibles al cierre de esta nota, el kirchnerismo se alzaba con la intendencia capitalina, lo que sería un sorpresaza adicional.
Un consultor catamarqueño, Antonio Di Tomaso, aguantó los trapos de su profesión con una boca de urna anunciada minutos después del cierre de la votación, bastante afinada. En el canal del cable del multimedios, una cronista se apresuró a descalificar el sondeo como “anticientífico”.
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Es prudente no exagerar la correlación entre la compulsa provincial (en la que participó menos del uno por ciento del padrón nacional) y la futura presidencial, para la faltan de más de siete meses. Pero es clavado que a Corpacci la potenció su relación con Cristina Fernández de Kirchner, cuya imagen llevó como estandarte. Y, por decirlo con un bruto eufemismo, que no hubo ayer un veredicto de rechazo a la Presidenta.
El gobernador saliente, Eduardo Brizuela del Moral, bueno es advertirlo, algo intuyó: trató de confinar la campaña, provincializándola. Varios dirigentes radicales, en cambio, corrieron algo atolondradamente a nacionalizar el virtual éxito del catamarqueño, vendieron la piel del oso sin haberlo cazado. Volaron a San Fernando del Valle engalanados para festejar, para colar en la consabida foto al gobernador derrotado. El vicepresidente Julio Cobos seguramente fantaseó con las tapas de los diarios de hoy, atraviesa un síndrome de abstinencia de protagonismo. Le faltó timing, un síntoma preocupante para sus chances, máxime porque lo viene aquejando desde hace más de un año.
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El padrón catamarqueño no alcanza a ser el uno por ciento del nacional. Y es el de una provincia, tan peculiar como todas. Los dos datos deberían vacunar contra extrapolaciones desmesuradas o de triunfalismos prematuros. Esto dicho, el ambiente político nacional es receptivo a lo que vaya sucediendo, sobre todo si se producen cambios y el kirchnerismo acumula más consenso y poder.
Muchos partidos locales se mirarán en el espejo del Frente Cívico y Social. En especial, muchos dirigentes peronistas filofederales, críticos o “en tránsito” pondrán las barbas en remojo leyendo la patética cosecha de la escudería Barrionuevo. Los ciudadanos de cada distrito no imitan a los de otros (aunque quizá son sensibles a los mismos climas de opinión) pero los dirigentes acomodan sus tácticas a partir de la experiencia ajena.
El tono general de la elección fue prolijo y sin desbordes. El tono del veredicto popular concuerda con la sensación térmica imperante a nivel nacional.
Todo lo demás, incluida la elección de Chubut del domingo que viene (que quizá polarice entre “dos peronismos”), está por verse y jugarse.

Batacazo K en la primera elección del año

LUEGO DE 20 AÑOS, EL FRENTE CIVICO PERDIO EN CATAMARCA EN MANOS DEL FRENTE PARA LA VICTORIA

La kirchnerista Lucía Corpacci obtuvo el 48,2 por ciento de los votos y derrotó por 4 puntos al radical Eduardo Brizuela del Moral, quien buscaba su tercer mandato como gobernador. El FpV también ganó la intendencia de la capital.

 Por Sebastian Abrevaya
Desde Catamarca
Los dueños del batacazo: el nuevo intendente, Raúl Jalil, junto a la gobernadora electa y su vice, Lucía Corpacci y Dalmacio Mera.
Imagen: Télam.
En una jornada histórica, el Frente para la Victoria rompió anoche con 20 años de hegemonía del Frente Cívico y Social en Catamarca. Respaldándose en la imagen de la presidenta Cristina Kirchner, la senadora nacional Lucía Corpacci se convirtió en la primera gobernadora mujer de Catamarca, derrotando al radical Eduardo Brizuela del Moral, que aspiraba a su re–reelección. El vicepresidente Julio Cobos había viajado a la provincia, avisó, a acompañar a su amigo “en la victoria o en la derrota”. Mientras en el bunker del FpV cantaban eufóricos la Marcha peronista, en el Comité provincial militantes de la UCR lloraban su derrota. Al cierre de esta edición, el peronista Raúl Jalil también ganaba la intendencia de la capital provincial, tradicionalmente un bastión del Frente Cívico.
“Le dedico el triunfo a la Presidenta. Con esta victoria ganamos todos, gana Cristina, gana Lucía y gana Catamarca”, aseguró Corpacci en conferencia de prensa, luego de considerar “irreversible” la diferencia de cuatro puntos que obtenía alrededor de las 23. La senadora ratificó además su respaldo a la candidatura presidencial de Cristina. “Independientemente de nuestro triunfo, la Presidenta tiene todo para ser la candidata. La gente le reconoce sus políticas sociales de inclusión”, agregó.
Al referirse a los ocho meses que deberá esperar el kirchnerismo para asumir formalmente el poder, Corpacci sostuvo que van a “colaborar” con el mandatario saliente. “Nosotros somos democráticos”, insistió. En un discurso centrado y tranquilo, la senadora evitó cuestionar a Cobos y consideró “lógico” que viniera a acompañarlo a Brizuela del Moral. “Sentimos una enorme responsabilidad, una enorme alegría y un orgullo inmenso”, concluyó Corpacci, quien dijo que no debería ser distinto que el gobierno esté en manos de una mujer o de un hombre.
En 1991, cuando el gobierno de Ramón Saadi fue intervenido por el caso del asesinato de María Soledad Morales, el peronismo quedó relegado del poder por dos décadas. A las 23.30, con el 96,6 por ciento de las mesas escrutadas, la fórmula Corpacci-Dalmacio Mera obtenía el 48,24 por ciento de los votos, mientras que Brizuela del Moral-Ricardo Guzmán alcanzaban el 44,16 por ciento. La hermana del sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, Liliana Barrionuevo, quedó en un muy lejano tercer puesto y ni siquiera alcanzó a entrar como diputada provincial, lista que también encabezaba. “Sabíamos que ganábamos”, dijo Corpacci al ingresar a una alborotada conferencia de prensa poblada de bombos y banderas.
Para alcanzar la victoria, fue clave la buena elección del FpV en la capital, que concentra casi el 50 por ciento de la población provincial. Por un margen estrecho, el peronista Raúl Jalil le ganó a Luis Fadel, el candidato del FCyS. Otro distrito clave fue Valle Viejo, donde se consagró intendenta la dirigente social Natalia Soria.
Desde la quinta de Olivos, la Presidenta se comunicó con Corpacci y con Dalmacio Mera para felicitarlos por la victoria, y se espera que en los próximos días la gobernadora viaje a Buenos Aires para reunirse con ella. Corpacci y CFK mantienen además un vínculo familiar, ya que el esposo de la catamarqueña, Angel Mercado, es el sobrino del dirigente local Armando “Bombón” Mercado, ex esposo de Alicia Kirchner y ex cuñado de Néstor Kirchner. “Borom bom bom, borom bom bom, para Cristina la reelección”, cantaron interminablemente en el Hotel Ancasti, donde el FpV tenía su bunker de campaña. No faltaron, además, cánticos para el vicepresidente: “Un minuto de silencio, para Cobos que está muerto”.
En medio de la fiesta kirchnerista, reapareció Ramón Saadi para reclamar su cuotaparte en la victoria. “Yo participé como militante y como dirigente de un sector importante”, remarcó. A la euforia que se vivía en la plaza principal y en el bunker se sumaron varios dirigentes nacionales: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; el de Entre Ríos, Sergio Urribarri; y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que cerca de las 10 de la noche se subió al Tango 01 para llegar, aunque sea tarde, a celebrar.
Recién a las 23.30, el gobernador habló para reconocer la derrota. “La tendencia es irreversible”, dijo Brizuela del Moral visiblemente amargado. Ya se había comunicado con Corpacci para felicitarla y hablar de una “transición ordenada”. El recientemente renovado Comité provincia era la contracara del kirchnerismo. Cuando todavía no se conocía una tendencia firme, ya se podía percibir el clima de tristeza en los pocos dirigentes que se encontraban allí. A medida que fueron llegando los cómputos oficiales, la tristeza se fue profundizando hasta llegar a las lágrimas.
Además de Cobos, el presidente del Comité Nacional, el alfonsinista Angel Rozas, y el precandidato presidencial Ernesto Sanz viajaron a Catamarca. Tanto Rozas como Sanz prefirieron el bajo perfil y no hicieron declaraciones tras la derrota.
Por la tarde, cuando apenas cerraron los comicios, había comenzado la guerra de boca de urna, como una repetición de lo que habían sido los últimos días de la campaña, en los que tanto desde el Frente Cívico y Social como del Frente para la Victoria se adjudicaban una estrecha ventaja. Un encuestador del FpV dio una ventaja de 2,5 puntos según sus cómputos. Inmediatamente, el ministro de Gobierno provincial, Javier Silva, salió a responder por medio de una importante radio local: “Ganamos por 5 puntos”, aseguró, sin dar demasiadas precisiones. Lo mismo señalaban voceros de la gobernación: “No menos de cuatro puntos a favor nuestro”.
La única vez que se lo escuchó al gastronómico Luis Barrionuevo fue bien temprano, cuando fue a votar. Fiel a su estilo provocador, dijo que se iba a sentir “muy feliz” si perdía el kirchnerismo. Además cargó contra el acuerdo electoral alcanzado entre el PJ local y el kirchnerismo. El líder de la CGT Azul y Blanca vaticinó que “se va a ver una visión diferente del PJ”, una vez que gane el Frente Cívico. “El lunes tenemos que comenzar con una reestructuración del peronismo”, anticipó. Barrionuevo, triste, no volvió a hacer declaraciones.

Sanz: "Solo con el radicalismo no llegamos"

El precandidato presidencial por la UCR, Ernesto Sanz, sostuvo que "con las fórmulas tradicionales nos quedamos a mitad de camino" en referencia a la candidatura del actual gobernador Eduardo Brizuela del Moral que buscaba su re-reelección y advirtió: "Para ganarle al oficialismo en octubre tenemos que hacer más y sumar más". Sanz vivió la derrota del candidato cobista desde el bunker. Ayer, la candidata del Frente para la Victoria, Lucía Corpacci, fue electa por el 48 por ciento de los votos y destronó veinte años de gobierno del Frente Cívico y Social. "Para ganarle al oficialismo en octubre tenemos que hacer cosas nuevas y distintas si queremos crear una mayoría, que sólo será mayoría si es verdaderamente amplia y verdaderamente plural", señaló Sanz en un comunicado de prensa.

Además, indicó que "con las fórmulas tradicionales, con lo de siempre y mirando solo hacia adentro, nos quedamos a mitad de camino; por eso hay que innovar y ser capaces de arriesgar. Como ya he dicho, sin el radicalismo no arrancamos, pero solo con el radicalismo no llegamos".
Por otra parte, consideró que en las internas del 30 de abril, donde el radicalismo elegirá su candidato a presidente, "todo está abierto; nada está ganado ni perdido para nadie" y consideró que será una "interna muy equilibrada, que puede resolverse por muy pocos votos de diferencia".
Finalmente, sostuvo que el radicalismo "ha demostrado de nuevo que se puede hacer un proceso de democracia interna ejemplar fortaleciendo además la unidad interna", respecto de las elecciones que se desarrollaron ayer en San Luis y Río Negro. "Nosotros resolvemos las cuestiones internas mediante elecciones, otros lo hacen a dedo", concluyó.