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jueves, 9 de febrero de 2012

Garzón, condenado a 11 años de inhabilitación por prevaricación en las escuchas de Gürtel

La condena, impuesta por unanimidad por los siete magistrados del tribunal
Sostienen que Garzón restringió el derecho de defensa de los implicados
La sentencia supone en la práctica el fin de su carrera al tener 57 años



El juez Baltasar Garzón ha sido condenado a 11 años de inhabilitación por prevaricación por el Tribunal Supremo por ordenar las escuchas del caso Gürtel entre los presuntos cabecillas y sus abogados,informa Cristina Ónega.

La sentencia supone en la práctica el fin de la carrera de Baltasar Garzón, de 57 años, con la "pérdida definitiva" de la condición de juez del hasta ahora titular del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, cuya plaza perderá.

La sentencia ha sido acordada por unanimidad por los siete magistrados del tribunal, presidido por Joaquín Giménez, que juzgaban a Garzón. Es la primera sentencia de los tres procesos abiertos en el alto tribunal al juez de la Audiencia, suspendido en su día.

Los magistrados han comunicado personalmente la sentencia a Baltasar Garzón, que fue citado ante el tribunal pasadas las 13.30 horas.
Restringió el derecho de la defensa

El Tribunal Supremo sostiene que Garzón, al ordenar las grabaciones, adoptó una resolución injusta y restringió el derecho de defensa de los imputados en prisión "sin razón alguna que pudiera resultar minimamente aceptable", informa Efe.

Garzón, el juez que comenzó a investigar la trama Gürtel, se ha convertido paradójicamente en el primer condenado por esta trama de corrupción, al margen de los dos ex altos cargos valencianos, Víctor Campos y Rafael Betoret, que reconocieron haber recibido trajes de la trama y que fueron condenados por un delito de cohecho impropio sin necesidad de celebrar juicio.

Los otros dos acusados en la rama valenciana de los trajes de Gürtel, Francisco Camps y Ricardo Costa, sin embargo, fueron absueltos después de que un jurado popular les declarara no culpables.
Los otros dos procesos pendientes de Garzón

Este mismo miércoles quedaba visto para sentencia el segundo juicio a Garzón por investigar los crímenes del franquismo, en el que la acusación particular pide también 20 años de inhabilitación.

Aún hay un tercer proceso por el que aún no se ha fijado fecha para el juicio, pero que también sentará al magistrado en el banquillo por el cobro de unos cursos durante su estancia en la Universidad de Nueva York. El Supremo ve indicios de cohecho impropio.

martes, 24 de enero de 2012

Baltasar Garzón afronta el segundo juicio en su contra


En calidad de observadores asisten al proceso miembros de Human Rights Watch y la Comisión Internacional de Justistas. Amnistía Internacional calificó de "escandaloso" el hecho de que el magistrado "sea juzgado por buscar la justicia, la verdad".


Aún sin la sentencia del proceso que comenzó y finalizó la semana por haber autorizado presuntas escuchas ilegales, el reconocido magistrado español y figura internacional de la defensa de los derechos humanos volvió a comparecer ante el Tribunal Supremo español, esta vez por haber iniciado una investigación sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el la Guerra Civil (1936-1939) y la dictadura franquista (1939-1975). Antes de entrar, saludó a las cientos de personas que se movilizaron en señal de apoyo y luego ingresó a escuchar las acusaciones en su contra que incluyen un pedido de inhabilitación por 20 años.

Dos organizaciones de extrema derecha, el pseudosindicato Manos Limpias y y la asociación Libertad e Identidad, acusan a Garzón por haberse declarado competente en 2008 para investigar los crímenes cometidos por el franquismo. La fiscalía pide la absolución. Garzón acusaba al dictador Francisco Franco y a 44 altos funcionarios de su régimen, todos ya muertos, de delitos contra los derechos humanos.

Suspendido desde hace dos años como juez instructor de la Audiencia Nacional española, Garzón está acusado de haber ignorado intencionadamente la Ley de Amnistía de 1977 cuando en 2008 se declaró competente para investigar la desaparición de más de 100 mil personas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. Pero tuvo que abandonar esta investigación porque la fiscalía le obligó a inhibirse.

La semana pasada, Garzón fue sometido a un primer juicio por prevaricación, acusado de haber violado el derecho de la defensa al haber ordenado la intervención de conversaciones en prisión entre los presuntos cabecillas de una vasta trama de corrupción y sus abogados, en la denominada trama Gürtel.

Garzón, de 56 años, alcanzó renombre internacional con el inicio de procesos contra los represores de la última dictadura militar en Argentina y por haber ordenado la detención del dictador chileno Augusto Pinochet en Londres, en octubre de 1998, aunque al final no consiguió su objetivo de que este fuese extraditado a España.

En calidad de observadores asisten al proceso miembros de Human Rights Watch y la Comisión Internacional de Justistas. Amnistía Internacional calificó de "escandaloso" el hecho de que el magistrado "sea juzgado por buscar la justicia, la verdad y la reparación para las víctimas y los familiares de una violación masiva de derechos humanos".

lunes, 23 de enero de 2012

Fuerza, Garzón

Por Ana María Figueroa 

Por qué, quiénes y cómo hace más de quince años que denuncian por prevaricato a Baltasar Garzón, cuestionándolo en su idoneidad, imparcialidad, profesionalidad, independencia, honorabilidad.

Si respondemos a estas preguntas, entenderemos los tres juicios que está enfrentando y que podrían terminar con su inigualable carrera de juez, reconocida mundialmente, que hizo que abogadas/os, juristas y ciudadanos lo miráramos con respeto, admiración, por su dedicación, su coraje, por haber aplicado el principio de Justicia universal, que tuviera tanta incidencia para las democracias sudamericanas en la lucha contra las graves violaciones a los derechos humanos en los autoritarismos de los ’70.

Baltasar Garzón tiene un origen humilde, hijo de familia campesina del interior de España, que debió trabajar muy duro para estudiar abogacía; es el hijo dilecto del pequeño pueblo donde nació, Torres, entre montañas, y tanto es así que una calle pintoresca y arbolada lleva su nombre. Ganó por concurso la plaza de juez de instrucción de la Audiencia Nacional en un país que mantiene una organización política monárquica y una judicatura corporativa mayoritariamente apegada a las tradiciones y las solemnidades.

Siempre tuvo claro que su función de juez debía desempeñarla dentro del marco de su jurisdicción y competencia en estricto apego al estado de derecho; de esa manera, con coraje y aun a costa de su seguridad y la de su familia, combatió la corrupción, el terrorismo, delitos internacionales y globalizados, por ello tuvo graves problemas, ya sea cuando persiguió y encarceló a los responsables de los GAL, como ahora con el caso Gürtel, sin tomar en cuenta que el PSOE o el Partido Popular estuvieran en ese momento en el gobierno o fueran mayoría. Habían cometido delitos y él era un juez de instrucción independiente. Como siempre Garzón repite: “Si un juez tiene miedo, debe dimitir; no se puede ser juez y no cumplir con la función”.

Hemos seguido vía web y la información con periodistas acreditados en la tercera semana de enero, el juicio por el caso Gürtel y sus análisis, donde Garzón sostuvo que no violó garantías de los detenidos para con sus abogados, explicó que fueron medidas tomadas en respeto a la legalidad, ante denuncias de la policía judicial y de los fiscales contra los internos por indicios preexistentes, por lo que ordenó intervenir comunicaciones de los imputados para evitar la continuación de la acción delictiva y que sacaran del país con destino a paraísos fiscales más de 20 millones de euros producto del ilícito, evitando el blanqueo de capitales. Advirtamos que, una vez separado de su cargo, el juez que le sucede, Antonio Pedreira, mantiene y extiende la medida, y contra éste no hay cuestionamientos ni enjuiciamiento. De la misma manera, los fiscales anticorrupción las validan y tampoco son sancionados. Sólo es contra Garzón...

Mañana comienza el segundo juicio por prevaricato, o sea, no aplicar la ley 46 de amnistía del año 1977 que establecía la impunidad de los crímenes del franquismo, cuando se declara competente al ser sorteado para investigar la desaparición de más de 100 mil personas. El juez Garzón aplicó la Constitución de España de 1978, que impone el cumplimiento de los tratados internacionales aprobados por el país, por lo que, al igual que en la Argentina, corresponde la aplicación de los tratados internacionales sobre derechos humanos como ley de jerarquía suprema.

La Justicia española cobró prestigio cuando el propio Garzón investigó, aplicó el principio de Justicia universal y ejerció su competencia contra el ex dictador de Chile Pinochet, ordenando su detención en Inglaterra; contra militares argentinos, cuando la Justicia de nuestro país hacía prevalecer las leyes de obediencia debida, punto final e indultos; cuando perseguía a los responsables por los delitos de lesa humanidad de Guatemala, de Africa, las violaciones en la cárcel de Guantánamo; pero hacer lo que debe en su propio país, cuando fueron recobrando poder los herederos de Franco, marcó el límite de lo que el poder político y económico puede tolerar.

La tercera causa que se le imputa es relativa a un curso en la Universidad de Nueva York; tres veces fue denunciado y tres veces archivado ante el Consejo del PJ y una vez con igual suerte ante la Sala Penal, siempre por no constituir delito, pero se vuelve a insistir.

Los argentinos sabemos por experiencia que aunque muchas veces pretendieron someternos y disciplinarnos, la Justicia termina abriendo puertas y llegando; si no es en España, podrá elevar su caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. No está escrita la última sentencia. Baltasar Garzón siempre estará unido al concepto de juez probo, profesional, incorruptible, independiente, con coraje, incansable, sometido sólo a la ley y a la defensa de los derechos humanos. La imagen de su voz disfónica del 19 de enero quizás es la consecuencia de lo que quiso gritar y por su hombría de bien no pudo: su decepción ante la sumisión de sus pares. Pero sólo es un paso en la adversidad. Como decimos aquí: “Fuerza, Garzón”; como dicen en su tierra las manifestaciones de apoyo “Garzón es inocente”, “Garzón es valiente”, “España al revés”.

* Jueza de la Cámara Federal de Casación Penal, Sala II. Doctora en Ciencias Jurídicas y Sociales, FCJS - UNL. Doctora en Derecho, FD - UNR. Profesora Titular Ordinaria de Derecho Constitucional, FD - UNR.