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viernes, 2 de enero de 2015

La deuda externa y la Salud Mental

No se suele reflexionar sobre las consecuencias en la subjetividad que tiene el pago de la deuda externa. Se habla de una deuda que tiene Argentina, aunque no es el capital quién la paga. Al contrario, éste hace importantes negocios mientras el esfuerzo recae en el conjunto de la población, en especial sobre los sectores más vulnerables. 
La deuda en nuestro país no nació por generación espontánea. Fue el producto de la dictadura cívico-militar que, para imponer una política neoliberal, tuvo que llevar a cabo el genocidio más grande de nuestra historia. En los negociados que realizaron se endeudó hasta la quiebra las empresas públicas. A la vez, los grupos económicos ligados a los militares robaron miles de millones de dólares para luego ser declarados como una deuda, aunque habían entrado al país. Luego, Domingo Cavallo "estatizó" toda la deuda que habían contraído estos grupos económicos privados engrosando su valor. Todo esto está probado y documentado por el juez Jorge Ballesteros, que en el año 2000 determinó que la deuda contraída durante la dictadura cívico-militar era ilegítima, remitiendo su fallo al Congreso de la Nación. Por supuesto, el expediente duerme en un cajón de los Tribunales.
Los gobiernos que siguieron durante el período democrático contrajeron más deuda al pedir créditos internacionales para pagar los intereses. Es decir, mientras regularmente se paga, la deuda aumenta.
El gobierno hace 12 años asumió con una deuda de 144.000 millones de dólares. Durante su gestión se pagaron 173.000 millones y, después de proclamar que nos estamos desendeudando, se deben 197.464 millones de dólares, según cifras oficiales. A esto le debemos sumar los pagos futuros del cupón PBI -que se paga cada vez que Argentina crece 3% o más-, los pagos al Club de París, los juicios perdidos ante el CIADI -tribunal del Banco Mundial al que recurren empresas trasnacionales-, el pago a REPSOL, y las deudas externas de las provincias -que tienen garantía del Estado Nacional-. Así se llega a la cifra astronómica de 300.000 millones de dólares. Como si todo esto fuera poco, nos encontramos con la deuda que no entró en canje y que hoy reclaman los "Fondos Buitres".
En definitiva, la deuda es ilegítima e impagable. Cuanto más se paga, más aumenta, Un verdadero círculo vicioso que solo sirve para imponer políticas sociales y económicas por parte de los organismos financieros internacionales.
En los últimos meses apareció un libro que se ha transformado en un best seller mundial. El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. Con estadísticas de los últimos 200 años resume el problema a una sencilla fórmula: (R > C = + d). Esta significa que la desigualdad aumenta si la renta del capital es mayor que el crecimiento del PBI de los países. Esto es lo que ocurre en el mundo. Por ejemplo, si un país que crece al 3% anual y tiene que pagar una renta del capital de 145% en el mismo lapso -que es lo que Argentina tiene que pagar a los "Fondos Buitres"-, entonces se transforma en una situación sin salida.
Por ello, la única alternativa seria es no pagar y llamar a un frente de países para enfrentar las represalias conjuntamente y modificar las bases económicas para un desarrollo sustentable. Es cierto, muchos se pueden alarmar ante las consecuencias de esta propuesta. Pero debemos señalar cuáles son los efectos de seguir pagando como si no pasara nada. Muchos pretenden separar las políticas nacionales e internacionales de los gobiernos de sus efectos en la vida de la población, apelando a una lucha que tenga en cuenta solamente los intereses sectoriales. Para ello es interesante transcribir lo que dice Slavok Zizek sobre el tema: "A fines de 2008, investigadores de Cambridge y Yale que analizaban las tendencias en la epidemia de tuberculosis en las últimas décadas en Europa del Este dieron a conocer su resultado; tras analizar datos de más de 20 países, establecieron una clara correlación entre los préstamos del FMI a esos países y el aumento de los casos de tuberculosis. 
Cuando los préstamos se interrumpieron, la epidemia de tuberculosis volvió a reducirse. La explicación es simple: la condición para el otorgamiento de los créditos que el Estado imponga una "disciplina financiera" (reducir el gasto público), y la primera víctima de esas medidas destinadas a establecer "la salud financiera es la propia salud pública". En nuestro país el presupuesto en Salud se ha reducido agravando el deterioro de la Salud Pública. Su consecuencia es una suerte de desnaturalización de la deficiente atención de lo público destinado a los pobres. También vemos como aumenta la pobreza y la marginación, ya que la desocupación es reemplazada por trabajos en "negro" y precarizados cuyos efectos en la subjetividad son analizados en el texto de Hernán Scorofitz que publicamos en este número. Los datos son contundentes. En los últimos 11 años la "reactivación" que se llevó adelante fue sostenida por la precarización y superexplotación. Esto produjo tanto el incremento de las inasistencias laborales por causas de salud como el aumento del 40% en el consumo de ansiolíticos para poder subsistir en un período de "crecimiento económico" y "desendeumiento", que llevó a que los servicios sociales, la educación y la salud pública cuenten con un presupuesto reducido, cuyo deterioro solo beneficia a las empresas privadas y, en consecuencia, a aquellos que pueden pagar una prestación.
Los procesos de subjetivación se sostienen en una cultura donde la crisis del tejido social y ecológico produce un imaginario donde el futuro es vivido como catastrófico, el pasado no existe y solo queda la perpetua inestabilidad del presente. Por ello los cambios que se han logrado en el campo de la Salud Mental encuentran un límite en un poder que se basa en las actuales condiciones económicas, sociales y políticas donde las grandes empresas de medicina privada y los laboratorios aumentan su concentración monopólica para imponer una concepción del padecimiento subjetivo que solo beneficia sus intereses. 
De allí que creemos necesario sostener no pagar la deuda externa. Sus efectos en la subetividad y en el campo de la Salud Mental atraviesan nuestra práctica como profesionales. Esta demostrado que no solo no tiene salida a nivel económico, sino que solo provocará más sufrimiento a cada uno de nosotros.

TOPIA Revista
Nota de los editores
www.topia.com.ar

viernes, 11 de abril de 2014

¿Que hacemos?


¿Qué hacemos?

¿Cómo resolver el flagelo de la inseguridad? 
¿Son legítimos los linchamientos o no? 
¿Por qué existe la pobreza en un país tan rico que no participó en guerras mundiales ni tuvo la desidia del apartheid, los muros y el nazismo?

Hoy nos preguntamos: ¿Es legítimo linchar a un delincuente desarmado?... Para las leyes de Sodoma y Gomorra pareciera que la única forma de resolver el problema es matando al ladrón de gallinas, así la sociedad se purifica. Otros piensan que el linchamiento es homicidio y por lo tanto, merece ser sancionado con las leyes y garantías que ofrece el sistema democrático. 
Se habla de la pobreza como un problema coyuntural y no como un problema estructural. Caemos en el error de minimizar la cuestión o de echarle la culpa al “otro”. Siendo un país tan rico, con una excelente ubicación geográfica, nos preguntamos ¿por qué existe la pobreza? ¿Quién es el culpable de este desastre? ¿Los políticos y empresarios entregadores o el dominio político, económico y cultural de las grandes potencias? ¿Qué responsabilidad social tenemos nosotros los ciudadanos ante los acontecimientos que suceden? Para encontrar fundamentos sólidos es necesario volver al ruedo: Analizar el contexto en que se da una situación y participar. Es necesario remontarnos al pasado para poder comprender los problemas de la actualidad. Recordar que a partir de 1976, con el apoyo de Henry Kissinger (ex secretario de Estado de los Estados Unidos), se impuso el terror en Argentina, terminando con la concepción de una sociedad nueva e implantando la idea de que las cosas no se pueden cambiar. El entonces Presidente del directorio de la Empresa Acindar, José Alfredo Martínez de Hoz, ex Ministro de Economía del dictador Jorge Videla, estableció un Plan Económico privatizador, castigando con la represión y la muerte a quién se opusiera a este plan macabro. La participación y el debate estuvo prohibido durante mucho tiempo, y ese temor se transmitió por generaciones. No pienses, no hables, no mires... "¡No te metás!!!". 

Volvimos al ruedo: En la calle, en las escuelas y en los medios prevalece el debate y uno de ellos cual es el rol del periodista frente a estas preguntas que dan comienzo al relato. ¿Cuál es la ética periodística? ¿Está bien grabar o hacer cámaras ocultas sin el consentimiento del otro? ¿Está bien copiar un párrafo de una nota y pegarlo en un escrito sin citar al autor? Como decía García Márquez: “La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor”.
El debate es hijo de la democracia. Cada uno piensa, siente y hace lo que quiere… Ahora ¿Hacemos todo eso que pensamos y sentimos? ¿O, simplemente, creemos que nada de lo que está instalado se puede cambiar? Hoy nos encontramos en un salón en donde valoramos la importancia del debate. El preguntarse de que manera puedo yo aportar un grano de arena para cambiar lo que no me gusta, en lugar de delegarlo en algún político que está más preocupado por ver con quién realizar una Alianza para las próximas elecciones que en hacerse cargo del problema. La gente tiene más conciencia sobre el rol que cumplen los medios de comunicación porque también las redes sociales hicieron que cada uno de nosotros seamos un medio de comunicación.
Probablemente, nos lleve mucho tiempo resolver las incógnitas que giran alrededor del presente, pero como sociedad, al recuperar el debate, hemos vuelto al ruedo. Solo resta preguntarnos: 

¿Qué hacemos?”...


Andrés Belguich

domingo, 2 de febrero de 2014

Dominación Cultural

(Discurso de Andy Belguich, vocalista de Norte en #ConexiónCultura por Radio Gran Rosario - 06-11-13)


Con Leo (Studnitz), el guitarrista, llevamos 12 años de amistad. Tocamos juntos en una banda de trash metal que se llamaba Exterminio. Y después hicimos esto que se llama Norte. Nos conocimos en el 2001, en un momento en el que se vaticinaba una crisis muy fuerte, producto de las políticas económicas de Domingo Cavallo. Y, finalmente, nadie supo como frenar esa crisis. Se les fue a todos de las manos. Nadie supo como detenerlo y explotó la bomba de tiempo y se incendió todo.

Muchas veces escucho que dicen que el problema de la Argentina son los argentinos. Yo no estoy de acuerdo con eso. El problema es que nos han colonizado. Nos hicieron creer que eramos los peores del curso, que no servíamos para nada. Que acá tiene que venir a gobernar gente de afuera, porque los de afuera siempre son los mejores. 
El problema del país son estas empresas transnacionales, que con la excusa de venir a invertir y a crear trabajo, firman un acuerdo con dirigentes locales y después se llevan todos nuestros recursos. No invierten nada, no crean puestos de trabajo, y encima contaminan el medio ambiente. Cuando uno habla de derechos, de soberanía, de respeto internacional, lo primero que hacen es enviarte barcos piratas, llenos de mercenarios, para ocupar un territorio a la fuerza. Ya que como respeto no pueden infundir, necesitan imponer el terror. Y duele ver en un país tan rico como el nuestro a un pobre cipayo con una remera de Inglaterra. Los países más poderosos son los que deben promover la paz y no ocupar o invadir territorios. Somos hijos de una joven democracia. Nosotros leímos la historia escrita por asesinos. A la víctima apenas se lo reconoce con un santo sepulcro. A los asesinos se los reconoce con un Premio Nobel de la Paz. 
Ya pasaron 12 años de aquel 2001. Muchas cosas cambiaron… Y otras aún continúan vigentes.

- Twitter: @norte_ok

lunes, 6 de enero de 2014

Carta Abierta a Videla (2010)


  • Rosario. Viernes 24 de Septiembre de 2010.
Sr. ex presidente de la Nación y ex Comandante de las Fuerzas Armadas, Jorge Rafael Videla, esta carta que Ud. dispone en sus manos, en este momento, la cual le envié desde Rosario, por correo argentino, fue escrita por una iniciativa que tuve al ver sus declaraciones en la audiencia del juicio, cuando denunció sentirse intimidado por ser un preso político.
Usted no me conoce. Mi nombre es Andrés Belguich, tengo 22 años, estudio vocalización y teatro, y trabajo como secretario administrativo. En mis ratos libres me dedico a escribir sobre temas vinculados a lo social.
Le aclaro que no soy hijo de desaparecidos, ni periodista ni militante político. Soy tan solo un comunicador. Pertenezco a la generación del ´88, nací en Democracia y no viví la época del Proceso.

En mi casa y en el colegio Católico en donde egresé, me enseñaron que los militares pusieron el orden, pero nunca me quedó claro cual y que tipo de orden pusieron. Tengo curiosidad y me gustaría que usted me orientara.

Pregunto: ¿Es cierto lo que se dice de Papel Prensa o son cosas típicas de la politiquería barata, que se enfrenta por televisión?... ¿Es verdad que el político y ex subcomisario de policía, Luís Patti, torturó y mató gente?... ¿Es real que la Iglesia Católica apoyó estas medidas?... ¿Es verdadero que usted permitía que tiraran personas vivas al mar?... ¿Usted ordenó la privación ilegítima de la libertad de personas?... ¿Realmente hicieron desaparecer a un inválido por pensar distinto?... ¿Es verdad que usted autorizó el secuestro de chicos nacidos en cautiverio?...

Con mis 22 años, después de haber escuchado y leído aquellas versiones, se me hace muy difícil verlo a usted con aspecto de abuelo delicado y temeroso, manifestando en sus declaraciones, que hay unos apátridas subversivos rearmándose para atacarlo y que usted teme por su familia.
¿Que siente por dentro?... ¿Realmente siente miedo?... ¿Quién lo atacaría?... ¿Por qué lo atacarían a usted?... ¿Usted que dirigió la vida y la muerte, por qué tendría tanto miedo?
Que yo sepa, en estos 27 años de democracia nadie ha atentado contra su familia.

Tengo una gran inquietud. Como siempre dicen que los jóvenes somos el futuro, me gustaría conversar muchas horas con usted para que me ayude a entender.

A primera impresión sensorial, veo a una persona pulcra, limpia, inofensiva, honesta... ¿Es usted honesto?... ¿Fue usted honesto?... ¿Cuándo dice que asume todas sus responsabilidades, se refiere a todas las responsabilidades a las que hice referencia?

Siento que lo han dejado solo… ¿Dónde están sus camaradas?... ¿Dónde están aquellos fieles servidores, aquella mano de obra efectiva y mortífera?... Si es que existía. No lo sé. Soy muy joven. Cuénteme por favor. Quiero saber quién es usted.
Hay un periodista muy famoso, al cual admiro, que dice: “No creas todo lo que ves y escuchas en los medios”. Como yo le hago caso a él, quisiera escucharlo a usted. Me gustaría que me brindara una respuesta.

¿Dónde estuvo usted cuando fue la Guerra de Malvinas?... ¿Acaso en el frente?... ¿Es un héroe anónimo?... ¿Es usted alguien que, por humildad, no lo puede decir, como el Capitán Alfredo Astiz y el Coronel Aldo Rico, quienes lucharon en Malvinas?... ¿Fueron grandes valientes?
Me gustaría saberlo por sus propias palabras. Porque como dice el famoso periodista: “No creas todo lo que ves y escuchas en los medios”.

Me enteré que encontraron al nieto clandestino nº 102, de la dictadura militar. ¿Eso también será verdad?...
¿Que pasó en su cabeza?... ¿Que piensa hacer?... ¿Que es lo que le salió mal, teniendo todo para el exterminio?... ¿Es acaso usted un incapaz?
¿Cómo se siente ante la mirada de su pueblo?... Ante la mirada del mismo pueblo que en el año 1976, defendía esta recuperación de la Argentina en contra de la subversión apátrida.

¿Es cierto que la ESMA funcionaba como chupadero, en donde sus colegas delinquían, secuestraban y asesinaban personas?...
Para mí, sería un horror que todo esto fuera cierto. Yo creía que solamente lo habían hecho los soldados de Hitler y de Stalin. Y creí que todos esos hechos trágicos nos habían dejado una enseñanza en la historia de la humanidad.
No sé. Como dice aquel famoso periodista: “No creas todo lo que ves y escuchas en los medios”. Quiero su confirmación.

¿Que pensará su familia acerca de todo lo que se dice de usted?... ¿Que dirán sus nietos?... ¿Que dirá la Historia?...
Del General José de San Martín y otros próceres, se conocen muchas victorias. Algunas con héroes. Otras con sangre de indio, como en la campaña del desierto, a cargo del General Julio Argentino Roca.
A usted, la Historia… ¿Qué lugar le tiene guardado?

Le agradeceré si es tan amable, desde su hombre de bien que dice usted ser, tenga a bien contestar. Le saluda atentamente, esperando una próxima respuesta,

Andrés Belguich


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martes, 26 de febrero de 2013

Gils Carbó: “El sistema judicial es burocrático y autoritario”

EL PAIS › REPORTAJE A GILS CARBO, PROCURADORA Y FIRMANTE DEL DOCUMENTO “JUSTICIA LEGITIMA”


Mañana comienza en la Biblioteca Nacional el encuentro abierto convocado por cientos de magistrados que firmaron el texto “Justicia legítima”. Una de las firmantes fue Alejandra Gils Carbó, la jefa del Ministerio Público Fiscal. En diálogo con Página/12, reveló entramados judiciales y adelantó la posibilidad de que surja una nueva asociación civil para impulsar una reforma.

Por Martín Granovsky

A menos de un año de su nombramiento, a propuesta de la Presidencia y con acuerdo del Senado, la procuradora Alejandra Gils Carbó encara al mismo tiempo cambios en el organismo y participa del grupo cada vez mayor de jueces, fiscales y magistrados nucleados en “Justicia legítima”.

–¿Hay una reforma verdaderamente posible en el Poder Judicial y en el Ministerio Público Fiscal? ¿O el Ministerio Público encara una reforma para marcar un rumbo e influir sobre el Poder Judicial?

–Al menos en mi caso, al frente del Ministerio Público, intento adoptar modificaciones que como mínimo amortigüen los defectos del sistema. Hoy se llega a designar fiscales con un resultado medio cantado.

–¿En qué reside lo cantado?

–En la importancia que tiene un examen de antecedentes y títulos al que se le asigna cerca del 50 por ciento del puntaje total.

–¿Y por qué eso es malo, en su opinión?

–Porque pueden resultar favorecidos hombres solteros y mujeres solteras con tiempo disponible o acceso más fácil a posgrados y doctorados. Y no es posible que tenga un peso tan determinante. No está bien. A veces no trabajan. O, si ya están en la Magistratura, teniendo tareas no las hacen. Eso no me parece un parámetro que deba ser.

–¿Cuál sería el parámetro ideal?

–El que estamos por implementar, ya no como idea, sino como plan concreto e inminente. Vamos a privilegiar los exámenes de oposición. Vamos a darle importancia a lo que sirva para evaluar la capacidad del fiscal. Por ejemplo, su capacidad dinámica, su posible desempeño ante tribunales orales, compatible con el proceso que pensamos que se viene, con modalidad acusatoria.

–Es decir, con procesos judiciales donde la dinámica de la investigación la lleve a cabo el fiscal y no el juez.

–Y agrego otro requisito: el examen debe revelar el tipo de sensibilidad del funcionario. Lo que tenemos es un sistema judicial esencialmente burócrata. Vayamos quitando burocracia. Agreguemos transparencia. Por eso queremos que además de un jurista invitado al concurso de oposición, haya un veedor de una organización no gubernamental que no sólo presencie el trámite, sino que emita un informe.

–¿Qué es un fiscal sensible?

–Un fiscal que sienta que está al servicio de la comunidad en lugar de creer que accedió a un cargo privilegiado con dinámicas corporativas.
–Hoy existe una combinación de evaluación de antecedentes, que representan el 50 por ciento del puntaje, examen escrito y examen oral.

–Queremos que al oral se llegue por haber aprobado el examen escrito, no por los antecedentes.

–¿Y los antecedentes cuándo se considerarían?

–Si el candidato o la candidata aprueban el escrito y el oral, entonces sí se evalúan los antecedentes. Pero en ese orden.

–¿Pesarían el 50 por ciento?

–No. Menos. Digamos, un tercio del total. Para todo este proceso una clave es el objetivo de garantizar el acceso universal a los cargos de la Magistratura, y al decir Magistratura englobo tanto el Ministerio Público Fiscal como el Poder Judicial. En el caso del Ministerio Público, no puede ser que los jurados se integren con fiscales de la misma jurisdicción. Si no, se favorece esa especie de sistema de padrinazgos que termina constituyendo una suerte de familia política judicial. Es como si el nuevo fiscal le debiera el cargo al padrino.

–¿Hoy es así?

–El Consejo de la Magistratura muchas veces lo aplica y lo considera válido. Yo lo critiqué. Esto permite los padrinazgos y los parentescos, muy fuertes en las jurisdicciones del interior del país, pero no sólo allí. En la Justicia nacional también hay nombramientos cruzados: la esposa de, el hijo de. Tengo el Ministerio Público lleno de parientes que no nombré yo. No puede ser que el parentesco y las relaciones de sociabilidad como los padrinazgos sean las normas no escritas que orienten las designaciones y las carreras.

–¿Cómo se puede comenzar a cortar esa trama?

–Primero echando luz sobre estas prácticas consuetudinarias que son contrarias a los intereses de la comunidad. Así como alejan al Poder Judicial de la sociedad, lo acercan a los factores de poder que manejan los hilos de la Magistratura. Tiene que haber cambios no sólo legales y reglamentarios. Si hay algo que caracteriza a esa estructura es el autoritarismo, porque pretende unificar todo bajo esos patrones en lugar de guiarse por el pluralismo y el debate.

–Ya dijo que el Poder Judicial, o la Magistratura, son burocráticos y autoritarios.

–Sí. Burocráticos y autoritarios. Por eso tiene que haber un cambio cultural. Creo en el poder transformador de la cultura. Cada persona dentro suyo tiene una conciencia moral. Cuando se revelan estas prácticas tan alejadas de las que debe tener un funcionario, esto tiene que generar un rechazo. Una de las medidas que vamos a tomar es el dictado de un código de ética para actualizar las nuevas patologías.

–¿Patologías?

–Por ejemplo, los magistrados que reciben prebendas encubiertas como becas y viajes académicos, y a veces viajes de turismo. Y el peor aspecto de los parentescos: no sólo se verifican en los tribunales, sino entre magistrados y, a veces, imputados.

–¿Y por qué haría falta un código de ética específico? ¿La confusión de intereses entre un magistrado y un imputado no va contra la ley si ambos están como partes o como protagonistas de una causa judicial?

–Bueno, es obvio que eso debe generar la inmediata excusación del magistrado.
–Si existe la ley, ¿para qué el código de ética?

–Para reforzar el debate abierto. Es un proyecto que debatiremos con representantes de la sociedad civil. En la Justicia hay muchas cosas que aclarar. Cosas que fueron dichas por altos estamentos judiciales.
–En diciembre del año pasado, la Comisión Nacional de Protección de la Independencia Judicial y la Asociación de Magistrados dijeron que el Poder Judicial estaba siendo atacado por el Ejecutivo.

–Y a principios de enero cientos de magistrados, que llegamos muy pronto a ser 680, reaccionamos porque no queremos complacencia con promiscuidades con los poderes fácticos y hegemónicos. Fue el documento “Justicia legítima”.
–Mañana y pasado se encontrarán en la Biblioteca Nacional. Eso es sabido. Lo ignorado es qué pasos concretos darán.

–Saldrá de las discusiones. Quizá pueda emerger un documento que haga más concretas las propuestas de cambio que pretendemos generar. Este es el momento adecuado para dar un giro al sistema judicial, después de treinta años de estabilidad democrática. También puede constituirse una asociación civil para ayudar a que los cambios puedan realizarse. No podemos quedarnos solo con reformas normativas para ejercitar una retórica cuando todavía permanecen intactos los mecanismos internos de disciplinamiento o de manipulación. La dependencia judicial se maneja en las sombras, no cuando sale uno a quejarse de una sentencia que le parece injusta. Eso es parte del escrutinio público al que están sometidos todos. Es un examen público saludable. Cuando alguien de nosotros, en la Magistratura, recibe una crítica, no puede ser que se sienta difamado. Es parte de la actitud burocrática y autoritaria.

–Insiste con los burócratas.

–Es burócrata el que sigue un ritualismo exacerbado, sobre todo en los procesos civiles. Se avanzó en la oralidad especialmente en lo penal. Pero continúa en general esa enorme distancia entre el juez y las partes. El juez conoce a los abogados, no a las partes. A veces ejerce una imparcialidad mal entendida, porque se manifiesta impasible ante las desigualdades. Se limita a ver los hechos del caso sin considerar los conflictos sociales que subyacen detrás de un caso. Todos esos actos responden a una lógica burocrática de eludir los temas de fondo. Cuando asumí como procuradora, vi que no había una unidad especializada en narcotráfico y narcocriminalidad. ¿Qué queremos? ¿Que un fiscal con diez empleados pueda luchar solitario contra poderosas bandas internacionales? Ridículo. Por eso creamos la Procuraduría contra la Narcocriminalidad, o sea un sistema de persecución penal adecuado a la complejidad del siglo XXI. ¿Sabe qué es un burócrata? En mi caso, descubrir que la narcocriminalidad no puede ser materia de un fiscal solitario y quedarme sentada. Supuestamente cumplo con mi trabajo, me pagan el mismo sueldo y evito los problemas. Eso es la burocracia rutinizada. Es un pensamiento conservador que no tiene ninguna eficiencia para dar una respuesta a la sociedad.

–¿Para qué serviría constituir una asociación civil a partir del documento?

–Si llegamos a un acuerdo sobre ese punto, para no quedarnos con la definición teórica de lo que debe hacerse. Tiene que haber una palabra que produzca sentido para que todo no quede en propuestas de reforma. Ya hubo propuestas de reformas de la Justicia que no dieron el resultado. Eso suele suceder cuando no se miran los fenómenos reales.

–¿A qué se refiere en concreto?

–Al Consejo de la Magistratura. Debería estar más abierto a la participación ciudadana. Que esté abierto sólo a jueces y abogados es funcionar con un cuerpo cerrado y endogámico. Por qué no médicos, por qué no ingenieros, por qué no gente sin título universitario, por qué no gente ajena a la corporación y a sus constantes toma y daca... Miremos el caso del juez Luis Armella. Estuvo en una de las causas de mayor exposición, en la que se hicieron todos los negocios imaginables.

–La del Riachuelo.

–Sí. Quizás Armella sintió que tenía el colchón suficiente para seguir firmando sentencias. ¿Qué puede pensar un ciudadano que hoy tiene un fallo con la firma de Armella? ¿Cómo no vamos a hablar de que es necesario un cambio?

–¿A los firmantes de “Justicia legítima” los unifica el kirchnerismo?

–No. Y además, los funcionarios judiciales no suelen estar tan politizados. Por lo pronto, tienen vedado afiliarse a un partido político. Ahora, eso es una cuestión y otra es la necesidad de contar con una política judicial sana, de comunicación, de transparencia en la información judicial y administrativa.

–Y si excede al kirchnerismo, ¿también excede el caso Clarín o el conflicto por las cautelares a raíz de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?

–Excede absolutamente esa cuestión. Tiene que haber un disgusto muy grande para que personas tan disímiles se alcen contra un comunicado cuya redacción se atribuía a ministros de la Corte. No es propio de la magistratura rebelarse. Es que debe existir algo muy fuerte que estuvo alimentando este sentimiento de indignación, de no querer ser parte de un entramado de relaciones corporativas, con agentes externos que son contrarios a los intereses de la sociedad.

–Ningún ministro de la Corte Suprema firmó ese documento con su nombre o apellido.

–Debo pensar entonces que no estaban todos de acuerdo. Mire, igual la situación no tiene vuelta atrás. Y no la tiene por la fuerte sensación de que la Justicia no debe ser como antes y no volverá a ser como antes. Hay un debate, hay ideas, hay proyectos. Algunos de los que firmamos, por los puestos que ocupamos, tenemos posibilidades de reglamentar y ejecutar. Es el caso de la defensora general de la Nación, Stella Maris Martínez, y es el caso del Ministerio Público Fiscal. Haremos la reforma de los concursos. También estamos hablando con los decanos de universidades del conurbano para crear un régimen de pasantías. Esto va a traer un cambio cultural que atacará el oscurantismo de los pasillos tribunalicios que dominó hasta ahora.

–Volvamos por un segundo al comunicado atribuido a miembros de la Corte Suprema. Además de la respuesta con el documento “Justicia legítima”, ¿qué generó en el día a día de la vida en Tribunales?

–El comunicado es de una minoría que intenta arrogarse una representación. Ni siquiera tienen que ver con el interés del resto de los magistrados. Detrás de eso se vio una pretensión de establecer alianzas estratégicas para trabajar un proyecto personal de poder que no tiene que ver con la función judicial. Es una manera de subvertir las funciones de la magistratura, que debe servir al interés común.

–¿Debo interpretar que hay un enfrentamiento entre la procuradora y la Corte Suprema?

–Ya le dije: no englobaría a toda la Corte en los comunicados, si es que fue eso lo que generó la reacción. Si no, habrían firmado todos los ministros. Y no firmó nadie.

–Usted no sólo hace críticas por burocratismo, sino por autoritarismo. ¿Tan vertical es la Magistratura?

–Al hablar de autoritarismo me refiero a otra cosa: a que en la mayor parte de la historia argentina, la Justicia legitimó regímenes autoritarios. Y déjeme volver al Ministerio Público: es uno de los más atrasados de Latinoamérica. No se desarrolló la autonomía institucional y la consagración del sistema acusatorio. El Ministerio Público sigue teniendo una organización en espejo respecto del Poder Judicial. Imita sus funciones aun cuando son distintas. Pienso, al contrario, que debe responder al dinamismo, porque debe llevar adelante la investigación.

–El distrito más poblado del país tiene sistema acusatorio: la provincia de Buenos Aires. ¿La Magistratura bonaerense es un modelo?

–Obviamente incorporar el sistema acusatorio no es suficiente. Si no se produce un cambio cultural, siempre se trasvasará todo lo viejo. Si no, los funcionarios se reproducen. Y ésa no es precisamente mi idea ni la idea de quienes nos reuniremos en la Biblioteca Nacional.

PROYECTO SOBRE DECLARACIONES DE FISCALES

Juradas, pero no secretas

Además de los nuevos concursos que explicó en la entrevista publicada en estas páginas, la procuradora Alejandra Gils Carbó dijo a este diario que se propone implementar un programa de transparencia que incluya un reglamento de acceso a las declaraciones juradas de los fiscales.

Según la jefa del Ministerio Público Fiscal, “el actual reglamento de acceso a las declaraciones juradas es restrictivo del derecho de la ciudadanía a acceder a la información pública”. Uno de los papeles de trabajo a los que tuvo acceso Página/12 sostiene que el sistema actual “dificulta el acceso a la ciudadanía en general” porque establece requisitos “que resultan de difícil superación” y permite “interpretaciones que suelen limitar o directamente impedir el acceso a las declaraciones juradas”.

Otro de los puntos del llamado Programa de Transparencia es ampliar el área de atención a las víctimas “para garantizar la protección de los derechos” y acercar las víctimas al Ministerio Público “como actor fundamental en la representación de esos derechos e intereses”.

El plan contempla “mecanismos de atención directa y personalizada” para acceder a la Justicia: líneas telefónicas, mail, chats e incluso locales del Ministerio Público Fiscal con atención personalizada.

Habrá también un Portal de Gobierno abierto y un portal de noticias para difundir la información que producen las unidades especiales y la Procuraduría, la información de las fiscalías y los dictámenes de la procuradora y de los procuradores adjuntos ante la Corte Suprema.

En cuanto al código de ética, el texto dice que “debería prevenir incorporar aquellas situaciones reñidas con la ética que son propias del sistema judicial argentino”. El caso concreto sería la regulación sobre conflictos de intereses, regalos y viajes.

Otro punto será un reglamento para compras y licitaciones. Ese reglamento podría incluir “un mecanismo para dar prioridad a distintos actores sociales de relevancia”, como cooperativas de trabajadores, fábricas recuperadas y el Ente Cooperador Penitenciario.

sábado, 2 de febrero de 2013

Tuits y gritos



Por Luis Bruschtein


Cuando Obama criticó a Fox News esta semana se puso en onda con Cristina Kirchner y otros presidentes progresistas y populares de América latina. Dijo que esa empresa mediática conservadora le imponía la agenda a la oposición republicana. Resulta paradójico que un presidente defienda los derechos de su oposición –que ha sido votada por una minoría que no lo quiere– frente a una empresa mediática que no ha sido votada por nadie y que, como toda empresa, se mueve con fines de lucro.

Las oposiciones a gobiernos derechistas no tienen este problema, porque estos medios nunca se pondrán en línea con ellas. Las oposiciones a gobiernos progresistas y populares, en cambio, han generado un vínculo de dependencia que en definitiva resulta en detrimento de la democracia, porque de esa manera, empresas mediáticas con fines de lucro determinan las acciones de fuerzas políticas que, a diferencia de esos multimedia, están obligadas por el mandato de quienes los han votado. En este funcionamiento se vuelve preeminente el fin de lucro de las empresas, por encima del mandato democrático de las representaciones políticas. Cuando ese otro aspecto del interés público que está representado por el voto de las minorías es reemplazado por el interés comercial de grandes empresas, se desnaturaliza el sentido de la democracia.

Es más o menos lo que dijo Obama y lo que le valió una catarata de agravios de la cadena Fox News, que lo acusó de autoritario y cesarista por atentar contra la libertad de expresión.

Cristina Kirchner usó el tuit para expresarse en forma crítica sobre estos grandes medios, lo que también es un signo de los tiempos. Ese tuit –minúsculo si se quiere– mató al vocero y se convirtió en expresión directa, sin intermediarios. Es el tuit minúsculo de una presidenta que se refiere a expresiones de otro presidente –el del país más poderoso del planeta– que critica el poder de corrupción institucional de una gran cadena de televisión como Fox News. Son dos presidentes involucrados en el mismo debate y relacionándose a través de ese pequeño tuit que circula por un circuito alejado de los grandes medios.

Obama focalizó en Fox News y la Presidenta en La Nación. Columnistas de la cadena norteamericana calificaron a su presidente de “dictador” por haber dicho que “los medios modelan los debates y obstruyen los acuerdos”. Columnistas de La Nación acusaron a Cristina Kirchner de “convocar a la lucha de clases” porque en el discurso donde anunció la suba del mínimo no imponible agradeció a los sectores humildes y cuestionó las quejas de los más pudientes por el impuesto a los “altos ingresos”.

Los quince tuits de la Presidenta se apoyaron en Obama para enumerar manipulaciones mediáticas con repercusión local: la falsa foto de Chávez publicada por El País, la muerte de un empresario en Lanús difundida por TN cinco años después de que sucediera y la crónica en La Nación de una reunión de familiares de víctimas de la AMIA con el canciller Héctor Timerman. La crónica estaba escrita como si el periodista hubiera participado en una reunión a la que describía como ríspida por parte de los familiares, al punto de que una de ellos se habría “retirado enojada”. Sofía Guterman desmintió después que se hubiera retirado porque ni siquiera había participado. La crónica había sido inventada.

Que Obama, un presidente norteamericano, haya interpelado a un medio de comunicación como Fox News, constituye un signo de los tiempos. Ese debate está en el centro de la época. Buscada o no, que Cristina Kirchner haya elegido el tuit como herramienta para interpelar a los grandes multimedios, teje una imagen con muchos hilos. Sugiere una realidad paradojal, un entramado de fuerzas desiguales políticas, económicas, mediáticas y algunas más, en pugna.

Lo que está cuestionando ese punto del debate es el lugar de poder que han llegado a ocupar los grandes medios en estas sociedades del segundo milenio. Un poder frente al cual el ciudadano aparece vulnerable porque es un poder que tiende a concentrarse y que los propios medios reclaman como indiscutible. Lo que están diciendo esta semana Kirchner y Obama es que, en principio, se trata de un poder discutible. La discusión, el criterio propio, son herramientas ciudadanas y desarrollarlas es construir ciudadanía.

Un contraste similar al que produjo el tuit frente a la poderosa corporación multimediática se escenificó el jueves en el Bicentenario de la Asamblea del Año XIII, en Plaza de Mayo. No puede haber nada más insólito que un debate sobre historia frente a una multitud en el mismo espacio que las multitudes han elegido históricamente para reclamar, exigir y hacerse escuchar. No fue en la Universidad ni en la academia. La historia se debate en el mismo lugar en que se la protagoniza. También fue una postal con algunas resonancias.

Los paralelismos de la historia fueron resaltados por los tres disertantes, los historiadores Araceli Bellota y Hernán Brienza y el magistrado de la Corte Eugenio Zaffaroni. Lo que ellos no dijeron pero se traslucía en sus caras era la inquietud de protagonizar una situación tan inusual. Hablarle de historia a una multitud plantea demasiados riesgos, desde el acto solemne hasta el absoluto desinterés, pasando por el peligro de competir y perder ante el calor aplastante o el consabido choripán.

Una fuerza política puede decidir hacer un acto de ese tipo, armar el escenario, llevar a los oradores y a la multitud. Lo que no puede hacer –porque aunque lo hiciera sería inútil– es forzar para que todo eso encaje, o sea: que el magistrado de la Corte y los dos historiadores no desentonen en el escenario, que la multitud no se desentienda de los oradores y nadie los escuche, o que la multitud no se dedique a gritar consignas más acordes con la experiencia del lugar.

Lo más lógico era que se diera cualquiera de esos comportamientos y situaciones. Pero sucedió algo que es ilógico para esa lógica: los oradores, el tema, el escenario y las personas se fundieron en una extraña armonía. Las miles de personas que estaban reunidas escucharon en silencio y con atención cuando los oradores hablaban de su historia.

El dato nuevo que desequilibra a esa lógica es un vínculo, que antes era muy tenue y ahora comienza a afirmarse, entre historia, política y militancia. Hay interés en el nuevo militante político de saber a qué punto de la historia se está subiendo. Todo es identidad en la historia de la comunidad a la que se pertenece, pero en este caso se trata más que nada de reconocer de qué líneas históricas es continuidad este presente. Cuáles son las luchas que antecedieron a estas luchas.

Para la militancia de otras épocas, la historia no era un tema muy valorado pero ahora se convirtió en uno de sus eslabones más fuertes. La historia es un entramado de muchas experiencias y desde cada una de ellas se ve a las demás. Hay líneas continuas entre pasado, presente y futuro de las luchas populares, de las pujas de los intereses económicos, de liderazgos y experiencias de avance y retroceso. La militancia se integra como parte de esa historia, siente que está representando un momento en esa experiencia histórica de luchas populares que se inició antes y seguirá después.

No es casual que dos de los temas más importantes de la semana hayan sido los medios y la historia. La plataforma del kirchnerismo se asienta sobre varios temas socioeconómicos, de ampliación de derechos o de relaciones internacionales que, si bien con distintos enfoques, también forman parte del bagaje de las demás fuerzas políticas, constituyen territorios que son obligados para la política. Pero el kirchnerismo incorporó dos temas que antes no estaban planteados y son justamente los medios y la historia.

El debate sobre los medios implica una disputa por la versión de lo que sucede en el presente. Y el impulso o la recuperación de la historia representa la disputa por la mirada hacia el pasado. Son dos cuestiones a las que se puede pensar por separado. Se supone que una cosa es la historia y otra los medios. Pero cuando se toca a una de ellas hay consecuencias inevitables sobre la otra. La discusión sobre los medios lleva inevitablemente a una discusión sobre la historia. Los invisibilizados que quieren visibilidad en el presente, reclaman también visibilidad en el pasado. Y así sucede con los argentinos afroamericanos y con los pueblos originarios, con los pueblos de las zonas más alejadas y también con el pueblo trabajador que quiere verse reflejado en la historia de los ejércitos de la independencia y en las luchas por la libertad y contra la opresión que forjaron este país.

sábado, 6 de octubre de 2012

7D. Aviso sobre la plena vigencia de la Ley de Medios

El 7 de diciembre (7D) entra en vigencia, por un fallo de la Corte Suprema, el articulo 161 de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que fija un máximo de licencias por grupo empresario. El Grupo Clarin es el único que no ha aceptado adecuarse a lo que fija la LSCA.


domingo, 24 de junio de 2012

El Mercosur condenó la ruptura del orden democrático y decidió suspender a Paraguay

Los Estados partes y Estados asociados del Mercosur expresaron su más enérgica condena a la ruptura del orden constitucional en Paraguay, país al que suspendieron del organismo, informó la Cancillería argentina.

Por este motivo, Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú suspenden la participación de Paraguay en la Cumbre de Presidentes del Mercosur, así como de las reuniones preparatorias, que tendrán lugar en la ciudad de Mendoza, entre el 25 y 29 de junio de 2012.

A su vez trasladan "ulteriores medidas a ser adoptadas" al encuentro de Jefes y Jefas de Estado que se realizará en la ciudad de Mendoza

La declaración de los estados partes del Mercosur y estados asociados sobre la ruptura del orden democrático en Paraguay, dice lo siguiente:

"La República Argentina, la República Federativa del Brasil, La República del Uruguay, la República Bolivariana de Venezuela, el Estado Plurinacional de Bolivia, la República de Chile, la República de Colombia, la República del Ecuador y la República del Perú considerando que, de acuerdo a lo establecido en el Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático en el Mercosur suscrito el 24 de julio de 1998, la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo del proceso de integración deciden:.

1.-Expresar su más enérgica condena a la ruptura del orden democrático acaecido en la República del Paraguay, por no haberse respetado el debido proceso.

2.- Suspender al Paraguay, de forma inmediata y por este acto, del derecho a participar en la XLIII Reunión del Consejo del Mercado Común y Cumbre de Presidentes del Mercosur, así como de las reuniones preparatorias, que tendrán lugar en la ciudad de Mendoza, entre el 25 y 29 de junio de 2012.

3.- Considerar, a nivel de Jefas y Jefes de Estado en la Reunión Cumbre del Mercosur del día 29 de junio, ulteriores medidas a ser adoptadas".

jueves, 29 de diciembre de 2011

PRESENTACION PUBLICA NUMERO 11 DE CARTA ABIERTA


Carta de la igualdad

El espacio de intelectuales, artistas y creadores elaboró un nuevo documento que analiza el proceso que llevó a la reelección de Cristina Kirchner y los desafíos que se abren ahora. Hoy la presentarán en la Asociación Argentina de Actores, Alsina 1762, a las 12.45.

I

El triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones del 23 de octubre con el 54 por ciento de los votos expresa la voluntad popular por la profundización de los cambios. En esa decisión de millones de personas se vislumbra la apuesta por una política transformadora, perseverante en su irreverencia frente al orden establecido. En su seno, conjurando la totemización del mercado, rescatando voces antiguas de la fragua popular e intentando frente a ellas nuevas formas de lo político, late incipiente la otrora desterrada utopía de la Igualdad. Es acompañada por la validación de un tipo de gobernabilidad que no puede concebirse por fuera de la recreación incesante de lazos constitutivos con una sociedad activa, heterogénea y abierta, y el impulso hacia un extendido compromiso militante que tiene en el entrecruzamiento generacional y la convocatoria activa de la juventud una de sus dimensiones más notables. Los argumentos simplistas de la gran prensa –voto conservador, el consumo, la oposición inexpresiva– son velos que ocultan otros destellos resultantes de ocho años de continuidad que también sostuvieron el 54 por ciento. El humor social, la recuperación de valores que parecían perdidos, la identidad como pueblo, la confianza en un liderazgo, el compromiso creciente en capas de la sociedad para participar en lo público, la perspectiva y esperanza en un futuro.
Recordemos que apenas una década ha transcurrido desde las jornadas de movilización popular de 2001, cuando en las calles se sancionó la derrota política –y comenzó el retroceso cultural– de un modelo económico centrado en el capital financiero y un modo de gobierno consistente en la mera administración de lo ya dado. Fueron días de indignación y luchas callejeras que hicieron visibles y generales otros combates, los que venían sosteniendo organizaciones diversas desde mediados de los años ’90. Y si aquéllas habían crecido en la resistencia, creando formas nuevas para la política, los acontecimientos de diciembre fueron sancionados con una brutal represión. La crisis desencadenó una transición política que descargó los enormes costos y ajustes del desplome neoliberal sobre las vidas de las mayorías, ya severamente empobrecidas por el régimen caído. Juntamente con una aguda recesión avanzaron la desocupación, la exclusión, la marginación y la pobreza, mientras la llamada “pesificación asimétrica” transfería ingresos a los sectores más concentrados de la economía.
La Historia abrió una alternativa y una esperanza en 2003. La extendida experiencia política que denominamos “kirchnerismo”, como metáfora nominativa de una capacidad transformadora de características propias, posee un doble carácter: se nos presenta como la evidencia política e institucional de un heterogéneo subsuelo popular irredento en incesante movimiento, capaz de establecer los núcleos programáticos de una nueva etapa argentina, en plena ocasión de una crisis de hegemonía de dimensiones y, a la vez, como un inusitado giro de la historia, una inflexión sin coordenadas de arribo, un acontecimiento creativo que cambia los parámetros amputados de una dinámica de poder sin destino posible mayor que el de una tragedia que muta en parodia de sí misma. La figura de Néstor Kirchner fue el epicentro de esa combinación. Asumió la presidencia con un discurso nacional y popular que se distancia del camino industrial-primario-exportador sin inclusión social (desarrollista de derecha), que había intentado desplegar la transición duhaldista. Las urgencias de la democratización de la economía, del crecimiento del empleo y de la producción se concibieron, en el incipiente proyecto, inseparables de la aspiración de reconstruir el mercado interno y recomponer los ingresos de los sectores populares y medios. Al mismo tiempo, el nuevo gobierno se pensó como heredero e intérprete de la movilización social, viendo en lo popular no sólo los rostros de las víctimas del orden en crisis, sino también los de una organización de la que no se podría prescindir. Los movimientos de desocupados fueron actores y partícipes de la nueva construcción, junto a los trabajadores organizados y un múltiple escenario social y político.
La desarticulación del último gran intento por emprender un proyecto de transformación nacional había sido acometida por la dictadura terrorista de Estado, más de un cuarto de siglo antes. Los comandantes y ejecutores de la represión masiva de aquella época se encontraban sin juicio ni castigo. Los primeros intentos de justicia sucumbieron bajo las leyes de impunidad. Pero en nuestro país se había desarrollado una inédita construcción militante de derechos humanos. Heroica por parte de las Madres de la Plaza, que en plena dictadura lucharon por la recuperación de sus hijos, y multiplicada luego en un vasto friso de militancias. Con la decisión de desarmar el dispositivo de la impunidad, el gobierno recuperaba las reivindicaciones centrales de ese movimiento: Memoria, Verdad y Justicia y, al hacerlo, se fundaba a sí mismo como una experiencia política radicalmente nueva. El desarrollo de los juicios, la ejecución efectiva de cientos de sentencias y la constitución de una narración de los hechos centrada en la condena del terrorismo de Estado configuraron un camino que debe seguir siendo profundizado con la investigación de los civiles que colaboraron y fueron beneficiados –como en el caso de Papel Prensa y otras 600 empresas– por lo tramitado en las mazmorras concentracionarias. Consecuente con la profundidad de su compromiso con los derechos humanos, una de las características distintivas del proyecto iniciado en 2003 ha sido la firme decisión de los gobiernos nacionales de no reprimir la protesta popular.
El desendeudamiento con el FMI y la restructuración de la deuda externa con una quita inédita, las negociaciones salariales en paritarias que construyeron una dinámica de recomposición de ingresos y, luego, la estatización de la administración previsional y la inclusión de millones de beneficiarios excluidos en el régimen jubilatorio trazaron un camino en el que la disidencia con las recetas de las ortodoxias financieras se estableció en el plano de los hechos. La desarticulación del ALCA marcó el nacimiento de una nueva política de integración regional que se iría constituyendo en nuevas instituciones, con el Banco del Sur, la Unasur y la flamante Celac. El latinoamericanismo dejaría de ser horizonte de deseo o bandera justamente compartida para convertirse en definición de una política internacionalista y regional.

II

En 2008 la nueva época adquirió otros contornos, signados por el conflicto y el entusiasmo. El justo proyecto de retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias condujo a una aguda confrontación del proyecto nacional con el bloque de poder que operó –y opera– como el agente interno de la restauración del proyecto derrotado en 2001. Las corporaciones patronales del campo resistieron y no estaban solas. Un tejido nuevo de poder económico se había articulado en el agronegocio con ellas. Contaban con el apoyo de los medios de prensa concentrados, emparentados ideológicamente y entrelazados con los negocios ligados a la Argentina reprimarizada de fin del siglo pasado. Se sumó toda una oposición política variopinta que conjugaba discursos republicanos, conservadores y “progresistas” para la ofensiva destituyente. Organizaciones emblemáticas del empresariado industrial, como la UIA, beneficiarias de las nuevas políticas, no se comprometieron con el instrumento que favorecía la diversificación productiva del país, ya por ataduras con la persistente creencia neoliberal, ya por la apuesta a un modelo centrado en la demanda externa y sustentado en salarios bajos.
Los tiempos eran agónicos y parieron nuevos actores en conflicto. Se constituyó el bloque que afirmaría la continuidad de un proyecto que, si heredaba los movimientos populares argentinos, también se mostraba prístino en sus diferencias y fundamental en su novedad. Las organizaciones sindicales, sociales, de derechos humanos, una buena parte del arco político progresista y de la izquierda no peronista, se asociaron estratégicamente al futuro del kirchnerismo, que se afianzaba como identidad política. Un frentismo de hecho defendía al proyecto del intento de la restauración conservadora. Carta Abierta nacía en ese momento de disputa como expresión de un tipo de militancia que consistía en tomar la palabra colectivamente, procurar interpretaciones y asumir un compromiso público. El conflicto era evidente: frente a un bloque que impulsaba la autonomía nacional y ala ampliación de derechos se alzaba una coalición destituyente promovida por la elite del privilegio.
El año 2009 –en el que se afrontó un resultado electoral adverso– supuso un desafío de gran dificultad, pero las fuerzas estaban templadas y el Gobierno profundizó las políticas reparatorias. La Asignación Universal por Hijo y el programa Argentina Trabaja signaron ese momento. Coincidieron durante ese año los efectos de la sequía y la primera fase de la crisis internacional, que fueron enfrentados con políticas y medidas que desafiaban las ortodoxias y recomendaciones de los poderes internacionales y locales. Pese a que no escaseaban los conflictos, el Gobierno impulsó con fuerza otra reforma estructural: una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que prescribe límites a los monopolios y amplía el derecho a la información. Doblar la apuesta se constituiría en una marca de estilo frente a las adversidades.
En dos acontecimientos de 2010 pudo verse el cierre de las dificultades mayores del período: en la fiesta callejera de la conmemoración del Bicentenario y en la dolida y colectiva despedida a Néstor Kirchner. Porque si en el primero se vio la multitud reconocida en la nación que se conmemoraba –y esto es: no en abierto conflicto con el gobierno que la representaba–, en el segundo fue la emergencia de un compromiso activo y militante, descubierto junto con la propia fragilidad de las vidas que lo habían incitado. Y si la fiesta del Bicentenario era la contracara de la justa ira de diciembre de 2001, el duelo en la plaza reponía una confianza en la política que era impensable diez años atrás.

III

Eso fue posible porque la apuesta no fue leve y su horizonte fue la Igualdad. Que no es fácil de definir aunque se advierta su búsqueda en luchas, movimientos, documentos, leyes, hechos de gobierno. No es fácil porque se enlaza a otras cuestiones: la de la Justicia, la Libertad. Elegimos, en este momento, llamar Igualdad a las posibilidades de una sociedad más justa con sus integrantes, menos esquiva de lo fraterno y lo cooperativo, menos abrupta en el recorte de las libertades para algunos. No se trata sólo de igualdad de oportunidades reclamada por el liberalismo ni de distribución económica, aunque todo ello resulta imprescindible. La ley del matrimonio igualitario –que lleva en su nombre la cuestión que tratamos–, seguida por otras de muy reciente aprobación, evidencia una virtuosa escucha legislativa de los reclamos y valores impulsados por las minorías. El derecho al aborto, concebido como defensa de la autonomía de las mujeres a definir sobre su cuerpo y su deseo a la maternidad –y ya no como sumisión a la voluntad de un otro–, está en el horizonte de esas medidas que, impulsadas por pocos, inauguran, sin embargo, otro estado de los valores, las creencias y las lógicas que estructuran la vida social.
Si la Igualdad es el horizonte de estas políticas, lo es como igualdad en la diferencia y reconocimiento de la heterogeneidad. Lo es como ampliación de la ciudadanía, que se va desplegando en un recorrido desde la inclusión –con las múltiples estrategias de reparación social– hacia la Igualdad. No es poco lo que falta en este sentido y seguramente nunca el camino estará cumplido. La igualdad en la diferencia debe ser también el signo de una democratización profunda de la cultura, a la que las mayorías tengan acceso, generando disposiciones al conocimiento y el disfrute de lo creado por este país. Democratizar la cultura no es sólo generar espectáculos masivos. Es también crear las condiciones para la renovación del gusto cultural popular y para el impulso hacia la emergencia de nuevas y distintas expresiones. Hay mojones de este intento –como la ley de medios y Tecnópolis– que deben ser profundizados y ampliados. Muchos pasos se han dado de 2003 a hoy para disminuir la desigualdad que había generado la destrucción de la educación pública. Más chicos en la escuela y almorzando con sus familias. Menor deserción. Primeras camadas del secundario en algunas zonas del país. Docentes reconocidos en su dignidad de trabajadores. Bibliotecas y netbooks para todos. Estos cambios destacan y promueven el desafío de avanzar por lo aún faltante: la buena escuela pública, como la mejor alternativa de formación en todos los lugares y para todos los sectores. Habrá que explorar pedagogías, cruzar saberes y pensamientos, interrogar los modos de transmisión del conocimiento; pero esto será posible no sólo por el trabajo de especialistas sino también por la mayor participación de sujetos activos con compromiso en la transformación cultural y social necesaria para la buena educación. Ello requerirá que la política de Estado enunciada en la Ley de Educación Nacional se traduzca en prácticas sociales que legitimen en todo el territorio de nuestro país el derecho a la educación pública en una sociedad democrática. Pero aun con los cambios legislativos y políticas implementadas, subsisten tendencias estructurales regresivas, constitutivas de una matriz de sistema educativo, cuya reversión es imprescindible para atender al objetivo de la Igualdad. El creciente peso relativo de la educación privada –sostenida con financiamiento del Estado– en todos los distritos del país, pero con más intensidad donde predomina la población de sectores medios, resume la significatividad de esas herencias. Ese avance en desmedro de la centralidad de la educación pública es una fuente de desigualación social que conjuga desde segmentaciones clasistas hasta prejuicios raciales. La superación de esta lógica requiere de la convocatoria a los docentes, a los sindicatos y a la participación popular para movilizar la reposición de la escuela pública como núcleo clave de igualación social y forja de unidad popular.
Una nueva etapa del proyecto nacido con la asunción de Néstor Kirchner en el año 2003 queda inaugurada en los discursos de cierre de campaña de la Presidenta, en ocasión de la victoria electoral y en el foro del G-20. En ellos el ideal de la Igualdad y la crítica del orden global del neoliberalismo resonaron como sus núcleos clave. Posicionarse desde América latina y el Caribe sin neutralidad ni imparcialidad señala el alineamiento frente al poder central en el orden internacional y del lado de las mayorías populares en la política nacional. No son aceptables las interpretaciones de este triunfo electoral como el resultado de un modelo de consumo y a la vez clientelar, del tipo del que signó a los años noventa. En éstos se trataba de una política de dádivas en un proceso de exclusión, en tanto el crédito a los sectores medios, el dólar barato y la focalización arbitraria –constructora de desigualdad– avanzaban con un discurso que naturalizaba la desaparición de la política como herramienta de transformación. Se trata de la diferencia del sufragio en una nación de ciudadanos frente al voto en un mercado de consumidores.

IV

La histórica denuncia de las “relaciones asimétricas” en la reunión de Mar del Plata, que derrotó al ALCA, y los proyectos de constitución del Banco del Sur y de la Unasur, así como la desvinculación de las políticas recomendadas por los organismos financieros internacionales, precedieron a una crisis que tiene alcances inéditos, dramáticos y de fin imprevisible. La nueva política económica heterodoxa desarrollada por la Argentina y buena parte de América latina y el Caribe generó mejores condiciones para las respuestas frente a la profunda crisis que se despliega en el nivel de la economía mundial.
El desplome financiero conduce a la destrucción de un stock de capital ficticio inconmensurable que provoca el desmanejo de las finanzas globales por los organismos creados para ese objetivo. Las derechas de los países centrales se obstinan en profundizar la lógica ultramercantilista en el funcionamiento de las economías, tanto en los órdenes nacionales como en la esfera global. En esos países la democracia emprende el retroceso a una formalidad sin ciudadanía, mientras el poder financiero elige tecnocracias para dirigir sus destinos. Las instituciones que fueron origen y centro de la crisis intentan someter a su cruda ley los presupuestos públicos y dar garantía de continuidad al capitalismo en su forma de financiarización. Xenofobia y ajustes en los presupuestos públicos, privatizaciones de empresas de servicios y reducciones de salarios, despidos masivos y destrucción de lo que restaba de los Estados de bienestar configuran el nuevo rostro de los países centrales. En el centro del mundo se diseña un escenario de incertidumbre y amenazas, del que no están excluidas las intervenciones armadas que se excusan en “paradigmas civilizatorios”. Sin embargo, este avance reaccionario no se despliega sin resistencias. Las huelgas y movilizaciones obreras y el surgimiento de nuevas expresiones de lucha popular –como la de los indignados– son síntomas de un descontento que constituye un potencial de futuros conflictos, lejos de la pretendida sentencia del fin de la Historia que el neoliberalismo proclamaba en sus décadas de esplendoroso ascenso.
El discurso presidencial en el G-20 impugnó el capitalismo financiero, la desregulación y la política de precarización del trabajo. Una impugnación a la esencia del capitalismo realmente existente. Implacable crítica hecha desde la jefatura de un gobierno empeñado en construir una sociedad de derechos mientras ese capitalismo actual los destruye en el centro del sistema global que construyó. ¿Habrá futuro para el capitalismo? ¿Habrá futuro para la humanidad? ¿El anarcocapitalismo conducirá a la barbarie?
La degradación del sistema en los países centrales comprende la aceptación y el fomento de paraísos fiscales, esquemas de elusión impositiva, maniobras con los precios de transferencia en las operaciones intrafirma de las empresas transnacionales. Así, mientras la financiarización conduce a la profundización de estos rasgos, los discursos de los líderes de las naciones hegemónicas condenan esas prácticas, la mayoría de las veces en forma hipócrita, mientras promueven ordenamientos legales internacionales con objetivos más cosméticos que transformadores.
En cambio, los países periféricos que sufren pérdidas fiscales y fugas de capitales por la presencia de esos mecanismos están interesados realmente en su desarticulación. El gobierno argentino ha trabajado en los foros internacionales en esa dirección. Así, el interés en el combate al lavado de dinero y la evasión fiscal son objetivos importantes y destacables de la política del Gobierno. Pero resulta equivocado legislar esas cuestiones en el formato de Ley Antiterrorista, como se lo hace en el actual proyecto que trata el Congreso. Ese dispositivo adopta la duplicación de condenas acogiéndose a una definición del concepto de terrorismo de carácter tan inespecífico, que podría utilizarse en fallos judiciales que criminalicen la protesta social. Formato antiterrorista e inespecificidad de acepción que deriva del poder y las presiones norteamericanas en los foros internacionales. El gobierno argentino se ha destacado por su voz crítica en ellos y por eso sorprende y preocupa esta adopción de un estándar internacional contradictorio con el espíritu democrático del proyecto nacional que hoy despliega.
Durante la última década nuestra región ha comenzado a desarrollar, de manera creciente, una experiencia económica, política, social y cultural esencialmente diferente de la verificada en el mundo desarrollado. Tal proceso político, dirigido a establecer esa sociedad de derechos, es incongruente con las sociedades de libre mercado. La preeminencia de lo político, tendencia verificable en gran parte de las nuevas experiencias nacionales de América latina –con marcadas heterogeneidades, indudablemente–, supone un ejercicio creativo de regulación pública creciente de aspectos económicos esenciales en el cual la ciudadanía política recupera un lugar principal respecto de las relaciones mercantiles no exento de conflictos y contradicciones. La frustración del plebiscito popular en Grecia acerca de las recetas de ajuste impuestas por el FMI, Alemania y Francia, permite realizar un poderoso contraste con la mayoría de los gobiernos latinoamericanos cuya soberanía política en materia económica se acrecienta y complejiza a través de novedosos entramados nacionales y de integración multidimensional. Si bien estos procesos no están exentos de intrincados desafíos, asociados a un exacerbado grado de transnacionalización, gestión de recursos naturales y complejos escenarios de tensión distributiva, sus características distan de constituirse en evidencia de la lógica del capitalismo central. La imaginación política regional, la búsqueda de autonomía y la voluntad integradora esencialmente crítica del neoliberalismo han abierto una variante de organización social cuya denominación constituye aún una incógnita a dilucidar recurriendo a nuevos debates todavía en ciernes. Parece apropiado evitar referencialidades semánticas a pesadas e irresueltas herencias, no renunciando sin embargo a recuperar del arcón de posguerra la voluntad de las grandes gestas humanas que, a través de distintas identidades, dirigieron su proa a idearios democráticos, populares, independientes, igualitarios y libertarios.
No es fácil darle nombre propio al tipo de sociedad que queremos, dice la Carta Abierta/10 y, ciertamente, ese nombre aparecerá cuando se pronuncie colectivamente, en el interior de la conciencia de miles y miles de personas. La unidad de América latina y el Caribe, que incluye el rechazo a las conductas imperiales y la anárquica desregulación financiera, resulta en la urgencia de una autonomía no sólo justa, sino imprescindible, frente al desastroso despliegue reaccionario en el centro del capitalismo mundial. El paradigma de la Igualdad adquiere una significación trascendente como brújula en el clima de desazón de esta época.
La recuperación y centralidad de la idea de Igualdad representa una transformación cultural en la Argentina. El trazo grueso de los cantos de sirena del neoliberalismo fue el de crecimiento y derrame: sin acción pública los estímulos de mercados y ganancias conducirían a la ampliación y eficiencia productivas que desembocarían en la reducción de la pobreza en una sociedad de desiguales para el “bien” de todos. Sin embargo, el resultado fue el estancamiento y la exclusión.
Siempre ha existido una relación contradictoria y tensa entre capitalismo e Igualdad. La extensión de los derechos civiles y políticos generalizó la ciudadanía formal, mientras que esa expansión a la vez operaba como velo de la desigualdad en el acceso a bienes y servicios. La idea liberal de un ámbito público de la política alienado de un espacio privado reservado para la economía esteriliza la potencia de la primera para transformar la segunda. Ni la Igualdad sustantiva ni la ampliación de derechos son cuestiones de mercados, sino de ciudadanía. La primacía de la política sobre la economía, la intervención pública en ésta, la sustitución del objetivo del crecimiento por el del desarrollo y el privilegio ciudadano sobre la determinación mercantil para elegir el destino estratégico de una nación son tributarios de una propuesta de profundización de la Igualdad. Esta es la inscripción del paradigma de la Igualdad proclamado por la Presidenta como objetivo de esta etapa.

V

Desde 2003 se produjo una mejora sustantiva en la distribución del ingreso, tanto que la Argentina eleva los índices promedio de la región en términos de equidad distributiva. El sistema impositivo alcanzó en 1974 su pico de equidad del siglo XX, y luego comenzó un ininterrumpido derrumbe que profundizaba constantemente su regresividad. El actual proyecto ha revertido esa tendencia alcanzando una leve progresividad al final de la década recién concluida. Las retenciones han contribuido a ese cambio. Pero el régimen impositivo sigue siendo injusto con el 20 por ciento más pobre de la población y reclama una reforma tributaria. Reforma que también es necesaria para la estabilidad estratégica fiscal. El impuesto a la renta financiera, la mayor progresividad del Impuesto a las Ganancias, la reforma en el Impuesto al Valor Agregado, la consolidación de las retenciones (inclusive recuperando la idea de retenciones móviles) y el refuerzo de las imposiciones patrimoniales provinciales son cuestiones pendientes.
El crecimiento del gasto público ha contribuido a la mejora de la equidad. El significativo incremento del presupuesto educativo y el aumento del gasto en salud contribuyeron en ese sentido. La inversión realizada en esos campos requiere una renovación ahora cualitativa: una atención que no sólo descanse en la mejora de la infraestructura escolar o sanitaria. En relación con la salud pública es preciso puntualizar que no se han producido avances en importancia e intensidad equivalentes a los que sí se dieron en áreas como los derechos previsionales, humanos, educación y de generación de empleo. Se ha tendido a consolidar la inercia heredada, a contramano de las notables transformaciones que el modelo nacional y popular ha sabido generar. El control a los laboratorios, la producción pública de medicamentos y la regulación de la medicina prepaga deberían avanzar en la generalización de un sistema igualitario de salud. Hoy sólo el 1,9 por ciento del PBI se invierte en salud pública gratuita, mientras subsiste –en un sistema fragmentado– una enorme inequidad en la distribución de los recursos. Pensar la salud como política de integración social hace necesario recuperar el rol del Estado como único rector y prestador creciente y dominante, para hacer realidad la universalidad de la atención y el acceso a la salud como derechos de ciudadanía. Un derecho no es ni puede ser una mercancía, ni debe ser el mercado quien distribuya la salud y la vida.
La quita de subsidios a los ricos y a las clases medias-altas que pueden prescindir de ellos contribuye a la equidad distributiva. La reasignación presupuestaria al gasto social y a la inversión pública es de estricta justicia. La campaña mediática que designa la mayor carga como un ajuste tiene una marca clasista. No hay redistribución sin recortes del ingreso de los más pudientes. Ajustistas son las políticas recesivas y restrictivas que disminuyen la capacidad de consumo de las mayorías populares asociadas a recortes del gasto público y no así las reasignaciones progresivas de éste, que mantienen su nivel. Un cambio distributivo supone modificaciones en la lógica de consumo y de la propia estructura productiva que provee los bienes para éste.
La cuestión de la Igualdad comprende el debate clave acerca de los sectores en pugna por la distribución del ingreso. Los enfoques económicos que desde diversos sectores apuntan a detener la política de incrementos salariales, ubicándola como causa del alza de los precios y la disminución de la competitividad externa tienden a imponer un orden injusto propio de la experiencia neoliberal, pero esta vez actualizándolo bajo la forma de una peligrosa heterodoxia de raíz conservadora. Este aparente oxímoron consiste en propiciar una creciente intervención estatal en materia económica, pero amputando las políticas que diferenciaron al período abierto en 2003 –asociadas a la recuperación de los convenios colectivos de trabajo y la dinámica sindical– del programa encarnado por el duhaldismo en beneficio del poder económico concentrado local y extranjero. La competitividad externa, luego de la devaluación del peso argentino en 2002, fue conseguida a costa de fuertes transferencias de ingresos desde los trabajadores y sectores vinculados al mercado interno hacia los sectores empresarios medianos y grandes rurales y urbanos. No se explicó, entonces, por un incremento de la competitividad sistémica genuina, sólo posible por saltos tecnológicos y productivos devenidos de una conducta empresarial de fuertes inversiones, que en el caso de las grandes empresas tendió a no verificarse con el mismo dinamismo que en la década de los ’90 pese a las comparativamente altas tasas de ganancias de los últimos años. La imprescindible política de incrementos salariales sistemáticos propiciados, a partir de 2003, por los gobiernos nacionales tendió a compensar esa transferencia inicial y distribuir los beneficios de la acelerada creación de riqueza que se produjo. Con el fin de preservar el carácter progresivo de la política pública –uno de los basamentos del modelo económico– parece imprescindible encauzar el debate acerca de la inflación y el tipo de cambio hacia los complejos escenarios de la puja entre sectores sociales por la distribución del excedente, ejercicio que implica analizar precios, tasas de ganancia, productividad, inversiones y salarios de manera conjunta. Ello supone en sí una renovada acción estatal, tanto técnica como política, sostenida por un debate público, como expresión evidente de la metáfora presidencial de “sintonía fina”.
Mucho se hizo en estos años en pos de la afirmación de la Igualdad. Lo hizo un gobierno componiendo a su alrededor un conjunto de alianzas. No fue menor el lugar que tuvo y tiene en esa alianza el sindicalismo mayoritario. Organizaciones remisas a revisar las lógicas de poder que las estructuran –y que las llevan al reconocimiento de cercanías que son claramente corporativas, como la defensa de algunos dirigentes que son juzgados por delitos económicos, delitos inaceptables desde cualquier percepción efectiva de la defensa de los derechos de los trabajadores–, pero al mismo tiempo forjadas en la protección de los derechos de los asalariados formales. El grupo que hoy conduce la CGT se templó en la resistencia de los años ‘90 y desde 2003 para aquí articuló alianzas al tiempo que sostuvo la mejora de los salarios y la ampliación de derechos. Un contexto de expansión de la demanda laboral y de paritarias reconocidas lo hizo crecer y afirmarse. Hoy aparecen, enfáticamente anunciadas, oscuridades en esas alianzas.
No es fácil, nunca, orientarse en las coyunturas que son pródigas en ambigüedades, en componer hilos heterogéneos, en presentarse con rostros ambivalentes. Pero todo ello no puede evitar una nitidez que sigue presente: la política argentina sigue teniendo un trazo fundamental que distingue entre un bloque de la reacción y un movimiento –complejo y múltiple– que apuesta por la Igualdad. Es inimaginable que los trabajadores argentinos y sus representaciones sindicales elijan el camino de la reacción, arrojándose a los brazos de aquellos que hasta ayer nomás se decían sindicalistas para defender intereses patronales o para actuar como emisarios de la corrosión de la legitimidad institucional. Porque la CGT conducida por Hugo Moyano no tiene nada que ver con un gastronómico de las barras brava ni con un dirigente de peones rurales que pone a sus afiliados como carne de cañón para un paro patronal. Habrá nubarrones en la coyuntura, oscuridades que opaquen la nitidez, habrá que renovar –para despejarlos– un compromiso común, un compromiso hecho de tensiones, diálogos, conflictos y disidencias, pero sustentado sobre un acuerdo necesario: el de profundización de la Igualdad, el de ampliación de derechos.

VI

El paradigma de la Igualdad como el que se avizora requiere de la autonomía nacional. Un problema central y estructural subsistente e intacto es la extranjerización de la economía. La concentración más esa extranjerización, profundizadas deliberadamente por las políticas neoliberales, contribuyen a una persistente fuga de capitales. Durante los ’90 se financiaba con endeudamiento y hoy se lo hace con las divisas del superávit comercial, conseguido como resultado de la actual política económica y de las condiciones de la economía mundial. Así, el resultado del esfuerzo común es girado al exterior por los más poderosos, que cuanto más ganan más giran. Las constantes remesas de utilidades revelan que la Igualdad no constituye un objetivo exclusivamente social, sino un problema nacional. Así, a la exigencia de mayor inversión se agrega el requerimiento de renacionalizar la economía. Las filiales de las empresas transnacionales orientan su política, mucho más, por las necesidades y lógicas de sus casas matrices que por las definiciones, estímulos y objetivos de la política económica local. Una nueva ley de inversiones extranjeras es necesaria para proveer un marco regulatorio que permita al Estado fijar políticas.
Pendiente está, en función de la profundización de la Igualdad, una legislación justa sobre la posesión de la tierra urbana y rural. El proyecto de ley actualmente en discusión constituye un primer paso. Los desalojos de los humildes y la prepotencia de quienes los llevan a cabo han causado derramamiento de sangre y muertes. La legislación necesaria implica un debate respecto del derecho de propiedad, que por cierto se originó como todos los derechos civiles como reivindicación de los más débiles frente a los más fuertes. La conquista de los montes por parte de los sojeros tiene la misma lógica que la conquista del desierto del siglo XIX. Se despliega como una violación del derecho de propiedad comunitaria para la vida y la cultura de comunidades enteras, destruyendo los derechos de los pueblos originarios y de los campesinos para establecer otros nuevos, que protejan la apropiación de medios de producción por una clase objetivamente vinculada con la restauración del modelo derrotado en 2001. Apropiación típica de los conquistadores, por medio de la expulsión de campesinos de sus tierras. La solución del hábitat urbano y rural es, tal vez, la que atendería los problemas de mayor injusticia y violencia, resultantes de inequidades desgarrantes.
La marginación del ideario del desarrollo y su empobrecimiento al subsumirlo en los conceptos de crecimiento y derrame fueron tributarios de la sanción de leyes financieras que retiraron al Estado de la función de direccionamiento del crédito. Nuevas leyes que regulen el funcionamiento de las entidades, las funciones del Banco Central –que incluyen la recuperación del poder estatal para articular la política monetaria con las otras políticas públicas– y los derechos, acceso y protección a los usuarios del crédito significarán la derogación y el reemplazo de la que fuera la ley de leyes de la política económica de la dictadura terrorista: la Ley de Entidades Financieras y, también, de la carta orgánica del Banco Central, columna vertebral de la financiarización.
La vibrante defensa de Cristina Fernández de la gestión en Aerolíneas Argentinas, la estatización que dio origen a Aysa y las diferencias de eficiencia en la gestión pública de los fondos jubilatorios aplicados a proyectos de desarrollo habilitan una vía de profundización sostenida en la recuperación de la gestión empresaria del Estado. Quedó agotado el discurso de la ineficiencia pública respecto de la virtud de la privada. El desempeño del Banco Nación durante las crisis y en el estímulo del crédito productivo, frente a la conducta lucrativa de corto plazo de una banca extranjera especializada en créditos personales –colocados a altas tasas–, muestra otro contraste que abunda en el fundamento del colapso de esa creencia. Así, el empeoramiento del balance de divisas en el sector energético alerta sobre una insuficiencia exploratoria del capital privado en la industria petrolera. La mejora en el planeamiento y la regulación y la recuperación de la centralidad empresaria estatal en ese sector no sólo atenderían a requerimientos del proceso de desarrollo, sino que también crearían condiciones para generar estrategias económicas que no desdeñen el cuidado del medio ambiente, a la vez que afirmarían el camino de la autonomía nacional.

VII

Si se postula una sociedad de derechos, es impensable avanzar sin la idea del plan. Una sociedad de mercados es una sociedad sin plan, porque la organización de ésta opera indirectamente por el peso de la pura correlación de fuerzas de los poderes económicos. En cambio, la construcción de una sociedad de derechos requiere de la participación ciudadana en las decisiones. Participación cuya fuerza quedó demostrada en la forja de la ley de medios, en su discusión por múltiples foros y en la creación de una sensibilidad social sobre su importancia. No debe ser ése un caso aislado sino el umbral para políticas renovadas en las que se apele a una capilar politización de lo cotidiano. O, dicho de otro modo, en el que se conjugue la igualdad más profunda: aquella que nos hace sujetos políticamente autónomos, capaces de opinar, juzgar, comprometerse y decidir.
Una sociedad movilizada, una opinión pública capaz de forjarse en los debates y no en ningún pensamiento único, una dirigencia capaz de asumir desafíos renovados, un vasto conjunto de militancias heterogéneas y diferentes configuran un escenario promisorio para el año que se abre. Los desafíos son profundos y las interpretaciones que se conjuguen deberán estar a la altura. No es tiempo de tratos maniqueos con el pasado ni de juicios sumarios sobre la Historia, más bien lo es de recostar nuestra experiencia política sobre la diferencia que establece con otros momentos, pero también para que su actual complejidad ilumine la del pasado. Porque somos enfáticos habitantes del presente, debemos ser comprensivos visitantes de lo sucedido. A sabiendas de que los tiempos nos exigen una imaginación política renovada y un compromiso colectivo para pronunciar las palabras justas. Aquellas que nos permitan afirmar la Igualdad.