Discepolín Vive - Historia
AMÉRICA LATINA
En América Latina la evolución
fue lenta. Son muchos todavía los que ven en el Subcomandante Marcos a un nuevo
Che Guevara, cuando en realidad éste fue un héroe revolucionario mientras que
Marcos quiere reafirmar la democracia y defender la identidad de los pueblos
mayas. El mundo intelectual se resistió durante mucho tiempo a la idea democrática,
a veces por buenas razones, cuando el tema democrático se utilizaba
efectivamente para defender los intereses dominantes
La independencia
de América Latina
en el Siglo XIX
La caída de la monarquía española
en 1808 provoca, a partir de 1810, una primera oleada revolucionaria. En
México, los sacerdotes Hidalgo y Morelos conducen la insurrección. En América
del Sur estallan movimientos separatistas, animados por Miranda y Bolívar en
Venezuela, Belgrano en el Virreinato del Río de la Plata, O`Higgins en Chile.
Pero las disensiones internas y la restauración borbónica en España permiten
restablecer, en todas partes, salvo en los países del Plata, la soberanía
española. En 1817 se reinician las rebeliones: San Martín libera Chile y Perú;
Bolívar toma los tres países del norte, federándolos en una “Gran Colombia”;
Iturbide proclama la independencia en México en 1821. Entre 1821 y 1824, los
países de América Central crean una república federal. En Brasil, Pedro,
heredero del trono portugués, evita la revolución aceptando la corona imperial.
La afirmación de las tendencias
centrífugas en América Latina hace fracasar los sueños federalistas de Bolívar
(congreso de Panamá, junio-julio de 1826): la Gran Colombia se ve privada de
Venezuela y, luego, de Ecuador. En 1839, las Provincias Unidas de América se
fragmentan en cinco repúblicas a las que, en 1903, se suma Panamá.
Formación de los Estados
de América Latina
(Siglo XIX- Mediados del XX)
La independencia en América
latina ha reforzado el poder de los caciques (señores locales) sobre los
nativos. Desde entonces, se manifiesta una permanente tendencia a la disolución
de los Estados, evitada sólo gracias a la instauración de dictaduras militares.
El creciente papel del ejército en la vida política exacerba los nacionalismos.
Las guerras se multiplican, favoreciendo las modificaciones de fronteras en
detrimento, especialmente, de los Estados interiores (Paraguay, Bolivia) y en
beneficio de los Estados relativamente sólidos (Chile, Perú y, sobre todo,
Brasil).
La debilidad de los Estados
facilita el imperialismo de las grandes potencias: dominio económico de Gran
Bretaña sobre el “triángulo blanco” (Argentina, Uruguay, Chile); intervención
militar, en 1862, de los franceses en México, donde crean el efímero Imperio de
Maximiliano (1864-1867); dominio de los Estados Unidos. Tras haberse anexionado
las provincias septentrionales de México por el tratado de Guadalupe Hidalgo,
1848, éstos extienden su influencia, primero, a la región del Caribe; tras la
primera guerra mundial y la decadencia británica, esta influencia se ejerce
sobre toda América latina. La verdadera emancipación, iniciada en México con la Revolución de 1911,
queda pendiente.
La crisis financiera de los
años 1930 repercutió no solo económicamente sino que alcanzó las áreas
sociales y políticas haciendo protagonista la figura del golpe de estado, las
fuerzas armadas y los ejércitos.
En el período 1930-1945 América Latina pasó por un período
populista con el que trató de resolver sus problemas económicos, aunque en el
fondo se notaba un fuerte autoritarismo conservador, los cambios sociales
fueron presionados por innumerables huelgas que exigían más democracia.
Las clases sociales fueron
cambiando progresivamente afianzando a las clases medias y denotando fuertes
migraciones internas que desarrollaban las ciudades más importantes destacando
la capital de cada nación.
Los movimientos ideológicos se
impregnaban de ideas nacionalistas influidos por el socialismo y el fascismo con
un marcado acento antiimperialista, destacan en esa época.
Líderes populares tales como:
Getúlio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina y movimientos
populares como el APRA, el Febrerismo paraguayo, el Integralismo Brasileño y el
sinarquismo Mexicano, destaca también este periodo con la guerra fronteriza del
Chaco entre Bolivia y Paraguay.
El periodo 1945-1975 se caracterizó por dos proyectos
nacionalistas: el neoconservador y el neopopulista. El primero de tendencia
hacia el crecimiento económico, modernización de la sociedad y la participación
del capital extranjero, benefició a las clases medias y altas (burguesía
industrial y latifundistas), el segundo pretendió mayor control estatal y mayor
atención a las clases populares.
En 1948 se establece la Organización de Estados Americanos (OEA). El fin de
la guerra mundial sembró más ideas de democracia y de desarrollo, destacando en
este grupo de desarrollistas y nacionalistas: el populismo democrático chileno,
la Acción Democrática
de Rómulo Betancourt, la COPEI
de Venezuela y el Nacional-populismo del Perú.
En 1958 triunfó la Revolución cubana destacando Camilo Cienfuegos
(1932-1959). Ernesto Che Guevara (1928-1967). En 1961 se originó la crisis de los misiles soviéticos en Cuba,
USA inicia el bloqueo económico y Fidel Castro (1927) proclama a Cuba como
estado socialista.
La revolución cubana tuvo grandes
influencias políticas en América Latina a partir de 1960, para muchos
intelectuales Cuba era el camino a seguir, y Cuba estaba abierta a exportar su
revolución. La isla sirvió de retaguardia y centro de formación e instrucción
para los revolucionarios y las guerrillas latinoamericanas.
En 1973 Augusto Pinochet derrocó al gobierno marxista de Salvador
Allende, quien había sido electo democráticamente.
Argentina, Brasil, Uruguay y
Chile estuvieron desde mediados de 1960 bajo la influencia política de los
gobiernos militares.
En 1975 trece países de América
Latina eran gobernados por regímenes militares: Argentina, Bolivia, Brasil,
Chile, Ecuador, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Paraguay,
Perú y Uruguay.
En 1989 las tropas
estadounidenses invadieron Panamá para
derrocar al dictador Manuel Noriega.
Destaca en este periodo de
movimientos revolucionarios la tendencia de un ala de la iglesia católica
inclinada hacia el socialismo, llamada la Teología de la Liberación, destacando
personajes como Hélder Cámara (1909-1999), Leonardo Boff (1938),
Gustavo Gutiérrez (1928) y los movimientos indigenistas donde resalta Rigoberta Menchú (1959).
Las guerrillas rurales se han
vivido en países como Venezuela, Guatemala, Perú, Nicaragua, Colombia y las
Guerrillas Urbanas como las de Uruguay, Brasil y Argentina.
MODELOS DE ESTADO EN ARGENTINA
Por Lic. Alicia Iriarte
Los especialistas en la
problemática del estado sostienen que el estado, además de ser un instrumento
de dominación política, es un ordenador de la sociedad; un articulador social,
un estructurante de la sociedad que impone determinado tipo de orden. Si bien
el estado surge con el orden político del capitalismo adopta distintas formas
que se vinculan con determinados contextos históricos.
Teniendo en cuenta que el estado
no es algo inmutable, es un producto histórico, se repasarán diversas formas
que ha adquirido el estado en la historia reciente de Latinoamérica, más
específicamente de la
Argentina, fruto de distintos tipos de articulación
Estado-sociedad.
Si bien se podrían reconocer tres
grandes modelos: el constituido a mediados del siglo XIX con el estado liberal
oligárquico; el que se conforma a partir de los ´40 con el Estado social,
nacional-popular, y el que comienza a conformarse a fines de los años `70, y la
crisis del estado de bienestar, el estado neoliberal podrían distinguirse,
además, otras formas intermedias lo que nos permitiría identificar los
siguientes tipos de estados:
1 – el modelo constituido a
mediados del siglo XIX, que sería identificado como el liberal oligárquico.
2 – el que comienza a conformarse
a partir de la década del `40, nacional-popular
o social
3 – el Estado desarrollista, en la década del `60.
4 – el tipo de Estado burocrático-autoritario que se ubican en
la década del `70.
5 – el modelo que comienza a
delinearse a fines de la década del `70 a partir de la crisis del Estado de
bienestar, y queda configurado a fines de los `80 y comienzos de los `90 con
las políticas de ajuste y la nueva integración al mercado mundial, el estado neoliberal.
El Estado emergente de las luchas por la emancipación
A partir de las luchas por la
independencia se produce la desestructuración del estado colonial. Recién a
partir del período de la Organización
Nacional comenzó a vislumbrarse la posibilidad de articular y
compatibilizar los diferentes intereses regionales con un sustento material,
político y de valores compartidos. Recién entonces podríamos hablar de un
estado nacional en la
Argentina.
La etapa que comienza en 1852 es
la de la construcción de un nuevo estado-nación y en 1880 puede considerarse
que esta etapa está cerrada en la medida en que ha culminado con éxito la
instauración del estado nacional.
1 – El Estado liberal-oligárquico
Una de las características del
estado que se configuró a partir de la segunda mitad del siglo XIX es que se
constituyó con la fuerza de un gobierno central, que se impuso ganando el
control del espacio social y territorial. Esa centralización del poder político
no hubiera sido posible sin el concurso de una fuerza militar. Por otra parte a
este dominio del territorio contribuyó la formación de un mercado nacional, que
unificó el espacio interior para integrarlo en la economía internacional. El
ingreso de capitales extranjeros, además, se llevó a cabo a través del modelo
agroexportador. El modelo agroexportador imperante en nuestro país en el siglo
XIX se apoyaba en una clara división internacional del trabajo por la cual Gran
Bretaña era la proveedora de materias primas. La conformación del estado nación
en la Argentina
tuvo, además, características particulares en tanto coincidió con la
incorporación de una gran masa inmigratoria proveniente de Europa occidental.
El proceso de organización
nacional terminó a partir de los `60 con las autonomías provinciales a través
del ejército nacional, llevando a cabo obras de infraestructura y
comunicaciones y extendiendo las relaciones capitalistas a todo el territorio
nacional. El elemento productivo central de este modelo de acumulación
agroexportador fue la estancia, que terminará simbolizando el sistema de
autoridad económico y político cultural de la clase dominante.
El gobierno y los asuntos
nacionales se estructuraban de tal forma que servían y satisfacían a un círculo
restringido de intereses y de individuos privilegiados por la oligarquía.
El Estado adoptó un rol
modernizador y portador de un progreso identificado con el mundo cultural
europeo occidental. Se promovió la integración social mediante el amplio acceso
al sistema educativo. La constitución de la identidad nacional fue desarrollada
a través de la educación pública.
El período que corresponde a este
modelo de relaciones estado – sociedad fue destacado, desde una perspectiva
modernizadora, como una etapa de crecimiento y ascenso en el contexto mundial
y, desde una perspectiva democrática, ha sido criticado por su carácter
elitista y autoritario.
Este estado liberal oligárquico
cambia de régimen político en 1916 donde se produciría el pasaje del estado liberal oligárquico al democrático liberal, momento en el cual
de la democracia restringida se pasaría a la ampliada, lo que beneficia a la
democracia y las libertades políticas a partir de la irrupción del radicalismo
irigoyenista y la incorporación de los sectores medios con su exigencia de
participación en el sistema.
Luego, el impacto de la crisis
del `30, el golpe militar de ese mismo año, y la misma conflictividad presente en
el partido gobernante, la declinación del comercio internacional y la reducción
nacional de la capacidad de compra contribuirán a la declinación del estado
liberal y el surgimiento de una mayor intervención del estado en la economía.
2 – El Estado nacional-popular o social
Este modelo de estado es producto
de la crisis del capitalismo del `30 y la sustitución de importaciones en los
países periféricos. El estado comienza a adquirir nuevas características al
tiempo que pierde hegemonía el sector oligárquico; la sociedad civil ha sufrido
transformaciones con el advenimiento de nuevos actores, el empresariado
industrial y el proletariado urbano.
La incorporación de los
trabajadores y la desarticulación de relaciones que se arrastraban del tipo de
dominación oligárquica se realizaron a través de líneas nacional-populares. El
estado deja de concebirse como gendarme y exclusivo protector de los derechos
individuales para convertirse en garante de los derechos sociales. Surge la
imperiosa necesidad política de atender las demandas de los nuevos sectores
sociales constituidos en actores de la escena política.
El modelo de acumulación
característico de este tipo de relación Estado-sociedad en la Argentina se basó en un
modelo de industrialismo sustitutivo que reemplazó al agroexportador. Este
modelo está asociado a las demandas populares, en el distribucionismo y el
liderazgo carismático como articulador de la movilización popular.
En lo económico el estado pasó a
tener un papel activo en la producción de insumos básicos y en la aplicación de
instrumentos de políticas, cuotas de importación, crédito industrial, promoción
sectorial, etc. El estado adquirió así un rol protagónico en la promoción del
crecimiento económico.
3 – El Estado desarrollista
Luego de la Revolución Libertadora
cambia el régimen político, pero la intervención del estado en el desarrollo
continúa con un nuevo subtipo del estado social: el estado desarrollista. Este tipo de estado, impulsado como idea
fuerza por la CEPAL,
dominó la escena latinoamericana hasta la segunda mitad de los años sesenta. El
estado desarrollista era intervencionista más que estatista y, aunque
preconizaba un fuerte sector público el orden económico seguía basado en el
mercado, pero en un mercado regulado por la planificación. Ello implicaba la
postergación del estado benefactor. En
Argentina se desarrolla en el marco de una democracia con proscripción, con una
estrategia económica que amplía las estructuras tecnoburocráticas,
distinguiéndose de la estrategia nacional popular en cuestiones de énfasis:
mientras la última consideraba al estado en función de la distribución y la
autonomía nacional, la desarrollista lo hizo a favor del aumento de la
inversión y la integración a este proceso del capital extranjero. Este modelo otorgaba
un rol mayor al empresariado, a la racionalidad del sector público y menor para
los sindicatos y la movilización popular.
4 – El Estado burocrático autoritario
Posteriormente en 1966 (y en la
década del `70) se inicia la fase burocrático-autoritaria
del estado. Ésta se caracterizó por la exclusión política y la presencia de
corporaciones industriales al poder. Este régimen autoritario estaba fundado en
la hipótesis de una guerra interna de carácter ideológico, articulada en torno
al conflicto entre capitalismo y comunismo, y asentada en la retórica de la
modernización y la inserción en la civilización occidental y cristiana. Adopta
la forma inédita de un estado militar que no dependía de un caudillo sino que
es producto de operaciones planificadas por los estados mayores de las Fuerzas
Armadas.
Este era un sistema de exclusión
política y económica, despolitizante, que se corresponde con la etapa de
profundización del capitalismo periférico y dependiente pero también dotado de
una extensa industrialización.
Estos regímenes militares eran
partidarios del libre juego del mercado, al que concebían como el ámbito por
excelencia de la libertad individual.
5 – El Estado neoliberal
Desde fines de la década del `70
comienza a dejarse atrás un modelo basado en la industrialización sustitutiva,
la política de masas y el desarrollo industrial; se asiste a la crisis de ese modelo de industrialización
sustitutiva basado en la demanda interna. El impacto del endeudamiento y de la
necesidad de políticas de ajuste se imponen junto a la necesidad de lograr una
nueva inserción a nivel internacional. Desde las posturas neoconservadoras se
diagnosticó la crisis del estado de bienestar señalando el excesivo tamaño
adquirido por el sector público, la necesidad de reducir los costos del Estado
y fomentando el desarrollo de un amplio sector privado de servicios. Este
modelo se inserta en un contexto internacional impactado por la globalización
de la economía y por la difusión a nivel mundial de las pautas de la economía
de libre mercado.
Desde fines de los `80 predomina,
entonces, el enfoque neoliberal del estado que se expresa en términos
económicos como lucha contra la inflación y a favor de una separación estado -
sociedad civil para alcanzar la estabilidad económica.
En los `90 se encara un proceso
de redimensionamiento del estado y del papel prestado por el sector privado,
delineándose un nuevo modelo de acumulación. El eje del proceso económico deja
de ser el trabajador y su organización pasa a ser el mercado, el consumidor y
el management. En muchos casos se apeló a la privatización de empresas públicas
prestadoras de servicios, a la descentralización y a la reducción del papel del
estado en aspectos vinculados con la función social del estado. Este modelo
impulsa demás, la flexibilización laboral y da lugar a la precarización de las
relaciones laborales. Se asiste al pasaje de un modelo cultural vinculado a lo
público-estatal, de solidaridades nacionales hacia otro vinculado al mercado, a
la sociedad civil y a la competencia.
En este
contexto se verifica el pasaje de la centralidad que adquiría la figura del
“trabajador” a la del “consumidor”. La relación Estado-sociedad se modifica y
el estado se reestructura tanto en relación con los factores internos como con
los externos, emergiendo un nuevo modelo: el estado neoliberal.
Los orígenes (1516-1535)
En febrero de 1516, el navegante
español Juan Díaz de Solís, que a la sazón buscaba un paso por el suroeste
hacia las Indias Orientales, introdujo su nave en el gran estuario del actual
Río de la Plata,
y reclamó la región circundante en nombre de España.
Sebastián Caboto, un navegante
italiano al servicio de España, visitó el estuario en 1526. En busca de comida
y suministros, Caboto y sus hombres remontaron el río que posteriormente se
llamará Paraná, hasta llegar a un lugar cercano a la actual Rosario; allí
construyeron un fuerte y siguieron remontando el río hasta la región hoy
ocupada por Paraguay. Caboto, que no abandonó la región durante casi cuatro
años, obtuvo de los nativos varias cantidades de plata, un nombre que pronto se
aplicó a la cuenca de estos ríos y a la mayor parte de las regiones
circundantes.
La colonización (1535-1776)
En 1537, uno de los
lugartenientes de Mendoza, Juan de Salazar de Espinosa, fundó Asunción (hoy
capital de Paraguay), que fue el primer asentamiento permanente en la cuenca
del Río de la Plata. Desde
su base en Asunción, los españoles fueron gradualmente controlando todo el
territorio situado entre los ríos Paraná y Paraguay. Entretanto, las favorables
condiciones naturales hicieron que los pequeños rebaños de ganado traídos desde
España se multiplicaran y extendieran por la Pampa, creando una situación apta para una
economía agrícola estable.
Santiago del Estero, el primer
asentamiento permanente de lo que hoy es territorio argentino, fue fundado en
1553 por colonizadores españoles provenientes de Perú. En 1573 fueron fundadas
Córdoba y Santa Fé, y en 1580 Juan de Garay realizó una segunda fundación de
Buenos Aires. Juan de Garay permaneció varios años organizando nuevamente las
instituciones de la vida urbana. Viajando a Santa Fé sufrió una emboscada de
los indios guaraníes, y falleció en 1583. En 1620, toda la región del Río de la Plata quedó bajo el control
administrativo del Virreinato del Perú. Debido a la restrictiva política
comercial del gobierno español, la colonización de la región fue lenta durante
el siglo siguiente. Buenos Aires, centro de un floreciente tráfico de productos
importados, creció constantemente y a mediados del siglo XVIII su población se
acercaba a los 20.000 habitantes.
El Virreinato del Río de la Plata (1776-1810)
En 1776, el territorio ocupado
por las actuales Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay fue separado de Perú,
creándose el Virreinato del Río de la
Plata.
En 1794, el auge mercantil de
Buenos Aires decidió a la
Corona a instalar un Consulado de Comercio en esta ciudad. La
principal figura fue su secretario, Manuel Belgrano. Entre otros funcionarios
del Consulado se encontraban muchos de los miembros de la futura Primera Junta
de mayo de 1810 y de otros gobiernos revolucionarios.
En 1806, Buenos Aires fue atacada
por una flota británica al mando del almirante Home Riggs Popham, sin
autorización del gobierno británico, ante la que el virrey no opuso resistencia
alguna; los invasores ocuparon la ciudad, pero fueron expulsados por una
milicia popular en agosto siguiente. La nueva fuerza expedicionaria que el
gobierno británico envió a Buenos Aires fue forzada a rendirse en 1807. La
expulsión de los ingleses fue posible por el entusiasmo del pueblo guiado por
Santiago Liniers, quien fue nombrado virrey por Buenos Aires, después de
deponer al virrey Sobremonte.
La revolución de Mayo (1810)
El sentimiento revolucionario en
la región alcanzó su apogeo en el periodo siguiente al destronamiento del rey
español Fernando VII por Napoleón Bonaparte en 1808. Al ser Liniers de
nacionalidad francesa, la Junta
de Sevilla (creada para mantener la resistencia contra los franceses) decidió
en 1809 que éste debía entregar el poder a un nuevo virrey, Baltasar Hildago de
Cisneros.
La incapacidad de la corona
Española para defender el Virreinato cuatro años antes ante los ingleses y las
diferencias entre los funcionarios españoles y los criollos desembocó en la Revolución de Mayo.
El Cabildo Abierto del 25 de mayo
de 1810 destituye al Virrey Cisneros y nombra una Junta Provisional Gubernativa
conformada por: Cornelio de Saavedra, Juan José Castelli, Manuel Belgrano,
Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan de Larrea, Juan José
Paso y Mariano Moreno.
En 1812 llegaron José de San
Martín y Carlos de Alvear para ponerse al frente del ejército rebelde,
proporcionándole un carácter más profesional.
Las luchas por la independencia
(1810-1819)
La Revolución de Mayo
trajo como consecuencia luchas armadas por todo el continente americano. Cuando
José de San Martín regresó al Río de la Plata, creó la Logia Lautaro junto a Carlos de
Alvear. La Logia
privilegiaba la lucha por la independencia, y llegó al poder en 1812 otorgando
una orientación más radical a la Revolución.
Pero a sus ejércitos les costaba avanzar hacia el Alto Perú.
San Martín elaboró una nueva estrategia: el Cruce de los Andes, para lo cual
debía preparar un ejército más profesional.
En 1814 Fernando VII recuperó el
trono de España, jurando guerra a muerte a los patriotas criollos. La
intervención de San Martín y Belgrano fue decisiva, promoviendo la convocatoria
a un nuevo Congreso Constituyente que declarase la independencia.
Los representantes de las
distintas provincias se reunieron en Tucumán en marzo de 1816. El 9 de julio de
ese año, los delegados proclamaron la independencia en España y declararon la
constitución de las Provincias Unidas de América del Sur (más tarde Provincias Unidas
del Río de la Plata).
En abril de 1818 las tropas
americanas, al mando de San Martín, vencieron a los ejércitos realistas en la
batalla de Maipú (en territorio chileno). Se formaron las 13 provincias, que en
1833 serán 14 al separarse Jujuy de Salta. El problema a resolver era la
formación de un gobierno estable, luego de la caída del Directorio.
Las autonomías provinciales (1820-1829)
En 1820 se restableció la paz,
pero el problema principal (la formación de un gobierno estable) quedó sin resolver.
Durante la mayor parte de la década siguiente reinó la anarquía en las
Provincias Unidas, situación que hubiera continuado de no ser por la guerra con
Brasil, ya que ésta exigía una forma de organización constitucional.
Buenos Aires convocó a una reunión
a las provincias en 1824. El Congreso estuvo dominado por los unitarios, se
eligió a Bernardino Rivadavia como presidente y fue entonces Buenos Aires la
dueña del poder en la República Argentina
(denominación que comenzó a usarse desde ese momento). Argentina le declaró la
guerra a Brasil por la ocupación de la Banda Oriental; Brasil fue
derrotado y la Banda Oriental
se declaró independiente, al igual que Bolivia (Paraguay se mantenía neutral).
- Presidencias:
- 1826-1827: Bernardino Rivadavia
- 1827-1827: Vicente López y Planes
El gobernador de Buenos Aires,
Manuel Dorrego (en quién confiaban el resto de los gobernadores por ser
federal) fue derrotado por el unitario Juan Lavalle, lo que dio lugar una
guerra civil. En Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas fue el encargado de
resistir a los golpistas del gobierno de Dorrego. En 1829 se acordó que Rosas
fuera el gobernador de Buenos Aires y se restituyó la cámara legislativa.
Color de Rosas (1829-1852)
En el interior se creó una liga
unitaria que no actuaba como tal. Se enfrentó con la provincia de Buenos Aires;
este enfrentamiento desembocó en el Pacto Federal de 1831 (Buenos Aires,
Corrientes, Entre Ríos y Santa Fé), por el que se acordó que, cuando estuvieran
dadas las condiciones, se erigiría un gobierno federal. Además, se estableció
un compromiso militar por el que si alguien atacaba a una de las tres
provincias, las tres se considerarían agredidas. El enfrentamiento entre la
liga unitaria y los federales llevó a una guerra civil en la que vencieron
estos últimos. Entre 1829 y 1831, Rosas había logrado poner orden en la
provincia de Buenos Aires y logró la pacificación, negándose a seguir como
gobernador si no se le otorgaban facultades extraordinarias. Se sucedieron
algunos gobernadores hasta que en 1834 se produjo una guerra entre las
provincias de Tucumán y Salta; Rosas ordenó a Facundo Quiroga que, como
delegado de la provincia, fuera a pacificar la situación.
El pensamiento de rosas quedó
plasmado en la Carta
de Hacienda de Figueroa; en ella se estipulaba que las condiciones no eran las
adecuadas para establecer un régimen federal, pues las provincias no tenían
dinero, se acababa de salir de una guerra civil y todavía seguían luchando los
unitarios. Rosas proclamó una constitución nacional y entre 1835 y 18525 fue
gobernador de Buenos Aires.
La
Organización Nacional (1852-1880)
Luego de la batalla de Caseros,
Justo José de Urquiza, vencedor de Rosas crea un gobierno provisional y
proclama una constitución en San Nicolás que es aprobada por todos menos por
Buenos Aires. En 1862 Buenos Aires acepta la constitución y a partir de ahí se
suceden tres presidencias que fomentan la educación, la inmigración y el
comercio.
Se genera una guerra contra el
Paraguay y se inicia la conquista de los territorios ocupados por los indios en
la llamada “Campaña del Desierto”, encabezada por Julio Argentino Roca.
- Presidencias:
- 1854-1860: Justo José de Urquiza
- 1860-1861: Santiago Derqui
- 1862-1868: Bartolomé Mitre
- 1868-1874: Domingo Faustino Sarmiento
- 1874-1880: Nicolás Avellaneda
La
Generación del Ochenta (1880-1916)
Luego de la “Campaña del
Desierto”, Julio Argentino Roca se transforma en presidente de la nación. Este
hombre ocupará el centro de la escena política durante los siguientes 36 años,
hasta las primeras elecciones presidenciales luego de la
Ley Sáenz Peña en 1916. Esta época se
caracteriza por grandes inmigraciones europeas y cuantiosas inversiones
británicas. Se incrementa la exportación de materias primas agropecuaria y
ganadera. A esta época se la llamó la “Generación del Ochenta”.
- Presidencias:
- 1880-1886: Julio Argentino Roca
- 1886-1890: Miguel Juárez Celman
- 1890-1892: Carlos Pellegrini
- 1892-1895: Luís Sáenz Peña
- 1895-1898: José Evaristo Uriburu
- 1898-1904: Julio Argentino Roca
- 1904-1906: Manuel Quintana
- 1906-1910: José Figueroa Alcorta
- 1910-1914: Roque Sáenz Peña
- 1914-1916: Victorino de la Plaza
Las Presidencias Radicales (1916-1930)
Luego de la
Ley Sáenz Peña en 1912, que proclama el
voto secreto, los radicales llegan por primera vez al poder. Durante sus
presidencias tuvieron diferentes problemas: la primera guerra mundial,
posguerra, el crecimiento del autoritarismo en Europa y la caída de la bolsa
norteamericana en 1929, lo que produjo una gran recesión en el país y mostró su
dependencia exterior, esto facilitó el primer golpe de estado de 1930.
- Presidencias:
- 1916-1922: Hipólito Yrigoyen
- 1922-1928: Marcelo T. de Alvear
- 1928-1930: Hipólito Yrigoyen
La
Década Infame (1940-1943)
Apoyado por las ideas
autoritarias europeas y por la crisis económica, José Félix Uriburu produce en
septiembre de 1930 el primer golpe de Estado al ser derrocado Hipólito
Yrigoyen. En 1936, Argentina adoptó una política independiente y disputó a
Estados Unidos el liderazgo en América. Se propuso y logró terminar una guerra
particularmente sangrienta entre Bolivia y Paraguay. De esa manera, la Cancillería argentina
neutraliza el avance de los Estados Unidos tendiente a lograr el
panamericanismo mediante un nuevo pacto que estipulaba la no intervención y
declaraba fuera de la ley toda intervención diplomática excesiva.
Esta década es caracterizada por
fraudes electorales reiterados, esta situación se repite hasta la revolución de
junio de 1943, que acercaría al poder al coronel Perón el cual cambiaría la
forma de hacer política en el país.
- Presidencias:
- 1930-1932: José Félix Uriburu (de facto)
- 1932-1938: Agustín P. Justo
- 1938-1942: Roberto M. Ortiz
- 1942-1943: Ramón S. Castillo
El Peronismo (1943-1955)
La revolución de 1943 tenía entre
sus mandos al Coronel Perón, que en un principio desde la secretaría de Trabajo
y gracias a sus leyes sociales, fue ganando más poder hasta llegar al puesto de
vicepresidente en 1945 y a la presidencia en 1946. Realizó durante sus dos
primeras presidencias grandes cambios tanto sociales como políticos y
nacionalizó los servicios.
El 1º de mayo de 1949 se promulga
la reforma constitucional, apoyada en una nueva realidad ausente en el momento
en que se había redactado la
Constitución de 1853.
Eva Duarte de Perón impulsó el
sufragio de las mujeres, organizó el Partido Peronista Femenino (también
conocido como Rama Femenina) y se dedicó a tareas de asistencia social. Eva
Perón murió en julio de 1952, desde entonces, la figura de “Evita” adquirió
ribetes míticos entre los sectores sociales más humildes y simbolizó al
peronismo irredento posterior a 1955.
- Presidencias:
- 1943-1944: Pedro Pablo Ramírez (de facto)
- 1944-1946: Edelmiro J. Farell (de facto)
- 1946-1951: Juan Domingo Perón
- 1951-1955: Juan Domingo Perón
Civiles y Militares (1955-1973)
Se abre en 1955 una época
pendular con gobiernos civiles que se alternan con militares, hasta el regreso
de Perón en 1973.
En las elecciones de 1958, con el
apoyo peronista acordado con Perón, Arturo Frondizi asume la Presidencia de la Nación, después de tres
años de régimen antiperonista. Frondizi intentó acabar con las proscripciones
gremiales y políticas, pero los militares “vigilaron” la marcha del gobierno y,
periódicamente, realizaron “planteos”, exigiendo constantes cambios. También
fue criticada su política exterior, por ser considerada poco firme ante el
comunismo. Las filas de los militares “gorilas”, que lo acosaron a lo largo de
cuatro años con crisis y planteos, concluyeron destituyéndolo en marzo de 1962
y José María Guido, titular del Senado, asume la Presidencia de la Nación.
Con el peronismo proscripto, en
julio de 1963 se realizaron comicios para elegir presidente y vicepresidente.
El candidato de la Unión Cívica
Radical del Pueblo, Arturo Humberto Illia, fue elegido con el 25% de los votos,
porque contó con el apoyo de otras fuerzas en el Colegio Electoral. El nuevo
presidente debió enfrentar dos problemas cruciales: la proscripción del
peronismo y el estado deliberativo en que se encontraban las Fuerzas Armadas.
La honestidad fue uno de los
rasgos sobresalientes del presidente Illia, aunque ese mérito tardó en ser
valorado plenamente.
El comandante en jefe del
Ejército, General Juan Carlos Onganía, que fue pasado a retiro, comenzó a
preparar el golpe. Tuvo el apoyo de algunos políticos, empresarios y
periodistas, que difundieron la imagen de un gobierno lento.
- Presidencias:
- 1955-1955: Eduardo Lonardi (de facto)
- 1955-1958: Pedro E. Aramburu (de facto)
- 1958-1962: Arturo Frondizi
- 1962-1963: José María Guido
- 1963-1966: Arturo Humberto Illia
- 1966-1970: Juan Carlos Onganía (de facto)
- 1970-1971: Roberto Levingston (de facto)
- 1971-1973: Alejandro Lanusse (de facto)
El regreso de Perón (1973-1983)
En 1973 se produce el regreso de
Perón, pensando que se podría estabilizar el sistema; pero, con la muerte de
Perón en junio de 1974, se agrava la crisis política existente. Asume su esposa
Isabel Perón y el contexto de desgobierno alienta el último golpe de Estado del
país.
El 24 de marzo de 1976 se consumó
dicho golpe de Estado, el más trágico de nuestra historia. La Junta Militar decidió acabar
con la “subversión”. Este término englobaba a las organizaciones guerrilleras
(prácticamente ya extinguidas en marzo de 1976) pero también a los activistas o
simpatizantes de cualquier movimiento de protesta o crítica social. El
terrorismo de Estado cubrió el país como la noche más oscura de nuestra
historia.
El 2 de abril de 1982 se produce
el desembarco de tropas argentinas en las Islas Malvinas. La contienda se cobró
648 vidas argentinas. El fracaso diplomático coronó la derrota militar y las
tropas argentinas se rindieron. Luego de la derrota en la guerra de Malvinas,
los militares intentaron negociar con los sectores políticos y convocaron a
elecciones.
- Presidencias:
- 1973-1973: Héctor José Cámpora
- 1973-1973: Raúl Alberto Lastiri
- 1973-1974: Juan Domingo Perón
- 1974-1976: María Estela Martínez de Perón
- 1976-1981: Jorge Rafael Videla (de facto)
- 1981-1981: Roberto E. Viola (de facto)
- 1981-1982: Leopoldo F. Galtieri (de facto)
- 1982-1983: Reynaldo B. Bignone (de facto)
La Vuelta
a la Democracia
(1983-1999)
Luego del fracaso de Malvinas, el
país vuelve a tener una democracia estable después de más de 50 años de
interrupciones militares, se suceden varias presidencias en forma continua,
radicales y peronistas conviven en forma armónica, cada una tiene rasgos
distintivos de gestión. Raúl R. Alfonsín juzgará y encarcelará a los miembros
de la junta militar de la última dictadura.
A mediados de 1989, la situación
del gobierno de Alfonsín se volvió insostenible y se temió por la continuidad
institucional. La crisis Terminal en que estaba sumido el gobierno de Alfonsín
apresuró el acceso a la
Presidencia de Carlos Saúl Menem, quien inició una profunda
transformación de la
Argentina.
La convertibilidad monetaria,
montada sobre una ola de privatizaciones en gran escala, suministró un marco de
certidumbre macroeconómica.
En 1994 se procedió a reformar la Constitución
Nacional, y muchas de las estructuras organizativas del país
sufrirán cambios, los que se producirán a partir de julio de 1995. Tal el caso
de las nuevas instituciones, como Jefe de Gabinete de Ministros y la autonomía
de la ciudad de Buenos Aires.
La política exterior de Menem, en
contraposición con la de la gestión de Alfonsín que era una política
universalista, se basa en el concepto de interés nacional, buscándose una
relación privilegiada con un solo país: los Estados Unidos.
- Presidencias:
- 1983-1989: Raúl Ricardo Alfonsín
- 1989-1995: Carlos Saúl Menem
- 1995-1999: Carlos Saúl Menem
Ante el Nuevo Milenio (1999-actual)
En 1999, la “Alianza” que
expresaba la necesidad de un cambio político (el menemismo, hasta entonces
exitoso, ya no pudo seguir ofreciendo una cierta imagen de prosperidad)
proclama la fórmula Fernando De la
Rúa – Carlos “Chacho” Álvarez que gana las elecciones y asume
el gobierno del país. Pronto se vio que no es lo mismo acordar para una
elección que constituir una alianza de gobierno.
La noche en que “las cacerolas”
coparon la Plaza
de Mayo: la noche del 19 de diciembre de 2001, Fernando De la Rúa renunció empujado por
saqueos y muertes en el conurbano y ante una multitudinaria manifestación de
vecinos con cacerolas, sin una sola bandera política, gritando la consigna:
“Que se vayan todos”. El sistema político atravesó por su peor crisis desde el
regreso de la democracia. Después, el país tuvo cuatro presidentes en once
días.
El resto es historia reciente, el
25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner asume como presidente de la Nación.
- Presidencias:
- 1999-2001: Fernando De la Rúa
- 2001-2001: Ramón Puerta
- 2001-2001: Adolfo Rodríguez Saá
- 2001-2001: Eduardo Camaño
- 2002-2003: Eduardo Duhalde
- 2003-2007: Néstor Carlos Kirchner
- 2007-2011: Cristina Fernández de Kirchner
- 2011-2015: Cristina Fernández de Kirchner
- 2015: Actual Mauricio Macri
Bibliografía consultada:
- García Delgado Daniel, Estado y sociedad. La nueva relación a partir del cambio
estructural, Editorial Norma, Bs. As., 1994
- Graciarena Jorge, El Estado latinoamericano en perspectiva. Figuras, Crisis,
Prospectiva, EN: Revista de
Economía Política, 1984
- O´Donnell Guillermo, El Estado burocrático
Autoritario, Ed. Belgrano, Bs. As., 1982
- Strasser Carlos, Teoría del Estado, Abeledo Perrot, Bs. As.