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lunes, 23 de febrero de 2015

Barreras. Bordes. Límites. Fronteras.


Por Juan Carlos Volnovich
Psicoanalista

Con la caída del Muro de Berlín el "día después del fin de siglo XX" la ilusión de un sistema unificado vino a reemplazar la certera realidad de un mundo bipolar. La caída del Muro tuvo un fuerte impacto simbólico en la cultura ampliada y alentó la esperanza de una humanidad más porosa, menos compartimentada. Parecía que, con el proceso de mundialización, las barreras geopolítica y simbólicas iban a evaporarse y podíamos empezar a soñar con la "ciudad global", con una cultura mestiza despojada de fronteras o donde las fronteras fueran solo lugar de paso y espacio de convivencia.
No obstante, el derrumbe de ese Muro no pudo impedir que otros muros, viejas y nuevas barreras, límites infranqueables, fronteras intransitables, se erigieran por fuera y por dentro.

LO QUE LACAN PROPONE, ES, A LA VEZ, UNA SUPREMACÍA SOBRE EL SABER DE LOS OTROS Y UNA DESILUSIÓN SOBRE EL SABER PROPIO

En 1982, siete años antes que se produjera la demolición del Muro de Berlín, cuando Peter Schneider publicó "El Saltador del Muro", ya se había hecho popular la expresión "el muro en la cabeza"; ya habíamos empezado a sospechar que derribar los muros instalados dentro del sujeto psíquico tomaría más tiempo que el requerido por una empresa de demolición para acabar con los muros visibles. Y, mucho antes, en 1925, cuando Freud escribió Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica, tal vez se equivocó al afirmar que la presencia o ausencia de pene decidía acerca de la envidia fálica de las mujeres, pero acertó al incorporar en el proceso de constitución del aparato en las "consecuencias psíquicas de las diferencias" (también, de las diferencias anatómicas). 
Porque el caso es que montada en el sentido común occidental que supone la disociación entre la naturaleza y la cultura, la ciencia moderna tiende a legitimar muros, tiende a convalidar las desigualdades sociales entre hombres y mujeres, entre negros y blancos, fundada en las diferencias "naturales". Las diferencias "naturales" soportan, entonces, desigualdades sociales. Tal parecería ser que todo queda reducido a establecer cuáles son esas diferencias naturales, esenciales y ahistóricas, para inscribirle encima rasgos y características que favorecen siempre a los sectores dominantes de la cultura y que refuerzan la inequidad de la sociedad de clases. 

Barreras entre hombres y mujeres

Las diferencias sexuales, por tomar solo un ejemplo, existen gracias a la materialidad del sexo (que, a su vez, nada dice acerca del sexo de la materialidad). Así, afirmar que las diferencias sexuales están estrictamente relacionadas con los discursos acerca de las diferencias sexuales, no nos obliga a aceptar que son los discursos los que marcan las diferencias sexuales. Tal vez deberíamos considerar que no es la materialidad del cuerpo la que recibe un discurso que lo forma sino que esa materialidad es ya el resultado de la práctica reiterada por el discurso. O, dicho de otra manera, las normas que regulan el sexo trabajan de manera performativa para construir la materialidad de los cuerpos, la materialidad del sexo en los cuerpos, y de esta manera se ubican en posición subordinada con respecto al imperativo heterosexual. Se trata, entonces, de no renunciar ni a la materialidad del cuerpo sexuado, ni a la eficacia del discurso pero si de criticar la heterosexualidad naturalista reproductiva que construye tanto la materialidad del cuerpo (femenino denigrado) como la sexualidad del discurso (masculino prestigiado). Se trata, entonces, de rescatar el cuerpo de lo que ha dado en llamarse el idealismo lingüístico.

Barreras étnicas

Afirmaba, antes, que las diferencias sexuales existen... pero las razas no. Efectivamente: en un sentido biológico estricto no es lo mismo nacer macho que nacer hembra. Pero en el género humano las razas no existen. Por lo tanto, es posible afirmar que el racismo es un invento de los racistas -lo que no es mucho decir- pero, también, es posible afirmar que las razas son un invento de los raciólogos -lo que ya es decir bastante sobre la sociología positivista de los siglos XIX y XX, y sobre los expertos y especialistas que produjeron la categoría teórica de "raza". Así es: la desigualdad y la exclusión de ciertos sectores de la población que se atribuyen a diferencias raciales son, en realidad, construcciones que, antes que con las diferencias biológicas, se relacionan con sus características sociohistóricas. También las diferencias sexuales -las diferencias anatómicas- existen y eso hace que las mujeres sean, si se quiere, una raza aparte de la raza de los hombres; de la misma forma que los "lungos" pudieran ser considerados como una raza aparte de la raza de los "petisos"; y la raza de las lindas y los lindos pudieran ser una raza aparte de la raza de las feas y de los feos. 
Modificando una conocida frase de Napoleón el Grande, pudiera decirse que "la anatomía es el destino". Los genitales mismos no han seguido tampoco la evolución general de las formas humanas hacia la belleza". 
"Anatomía es destino". El cuerpo es destino. El sexo del infans -más que el color de piel o de sus ojos, más que el color de su piel o de sus ojos, más que la proximidad o la lejanía al ideal estético que impone la cultura, más que la salud o la enfermedad que anida en sus tejidos- el sexo del infans, habla sobre su destino. Dice algo sobre el futuro que le espera. Y no me refiero, por supuesto, a su destino de varón o de mujer; no me refiero al impacto que la anatomía tiene para que un "machito" se virilice o para que una "hembrita" se feminice. Antes que a la diferencia, es a la desigualdad a la que aludo. Desigualdad que, claro está, implica la inferioridad de uno de los términos.
"La anatomía es el destino, podríamos decir glosando una frase de Napoleón. El clítoris de la niña se comporta al principio exactamente como un pene; pero cuando el sujeto tiene ocasión de compararlo con el pene verdadero de un niño, encuentra pequeño el suyo y siente este hecho como una desventaja y un motivo de inferioridad".

Barreras culturales

Airadas voces se levantaron desde un principio contra Freud. Karen Horney (1885-1952) no sólo se opuso firmemente a aceptar que la niña fuera un niño con desventajas sino que se apoyó en el concepto de cultura para estudiar la diversidad de comportamientos individuales en las diferentes sociedades. Por aquellos años -en las décadas del 40, del 50-, el impacto de las ideas de izquierda en la vida académica norteamericana se hizo sentir. Karen Horney, Harriet Sullivan y Erich Fromm fueron los nombres mayores que aportaron al culturalismo norteamericano; y el culturalismo norteamericano fue la semilla que germinó dando forma a los estudios multiculturales contemporáneos.
Tuvo que caer el Muro de Berlín; fue necesario que Fukuyama nos alertara con respecto al Fin de la Historia; cantaron presente las consecuencias del Choque de Civilizaciones descriptas por Huntington; hasta el Imperio de Hardt y Negri contribuyó... para que las concepciones marxistas acerca de la lucha de clases quedaran cuestionadas y para que triunfara la subjetividad imaginaria característica del capitalismo -subjetividad sin faltas; subjetividad sin diferencias; "subjetividad clausurada bajo la forma de un múltiple sistema universal de equivalencias abstractas" que el multiculturalismo encarna.
Gruner sostiene que el multiculturalismo intenta vanamente reemplazar la categoría "lucha de clases" al tiempo que pretende triunfalmente instalarse como totalidad articulada del capitalismo. Y ese vano intento se debe a que aún no ha sido posible eludir la evidencia marxista de que hay algo en la realidad del capitalismo que "no cierra"; algo que pone en evidencia una falla en el sistema de equivalencias universales; algo que ha dado en llamarse plusvalía. La misma plus valía que Lacan asimila al plus de goce cuando sostiene la teoría psicoanalítica del síntoma. De ahí que, para Grüner (y, por supuesto, para Zizek) es Lacan quién defiende, contra otros psicoanálisis, la concepción del inconsciente como lugar de lo irrepresentable, como expresión del carácter inarticulable de lo Real.

Barreras Científicas 

Es posible que así sea. Pero eso no tiene porque impedirnos enunciar que la operación teórica de Lacan con respecto a las otras disciplinas científicas se parece, en mucho, a la sostenida por el multiculturalismo; tiene un aire de familia con ese discurso totalizante y totalizador que hace virtud del respeto a los "otros" al tiempo que se instala en el lugar privilegiado del "único".

LA DESIGUALDAD Y LA EXCLUSIÓN DE CIERTOS SECTORES DE LA POBLACIÓN QUE SE ATRIBUYEN A DIFERENCIAS RACIALES SON, EN REALIDAD, CONSTRUCCIONES QUE, ANTES QUE CON LAS DIFERENCIAS BIOLÓGICAS, SE RELACIONAN CON SUS CARACTERÍSTICAS SOCIOHISTÓRICAS


Babel es el nombre del mito bíblico. Babel es el nombre de la torre que pretendieron construir los antiguos para llegar al cielo. En cierto sentido, Babel es el mito fundador de la diversidad; mito que estableció barreras lingüísticas allí donde reinaba la lengua única. A partir de ese momento la lengua matera, la lengua compartida le cedió el lugar, intervención mediante, a la lengua divina. Y la lengua divina fue desde entonces, las lenguas; y las barreras lingüísticas se convirtieron, así, en modelo sobre el cual se instalaron las otras barreras de la diversidad: barreras generacionales, barreras étnicas, barreras de género, barreras de clase social, barreras culturales, etc.
Dice el Génesis que "En ese entonces se habla un solo idioma en toda la tierra. Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron. Un dia se dijeron unos a otros: Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego. Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y brea en vez de mezcla. Luego dijeron: Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra. Pero el SEÑOR bajó observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y se dijo: Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es sólo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr. Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos. De esta manera Dios los dispersó desde allí por toda la tierra, y por lo tanto dejaron de construir la ciudad. Por eso a la ciudad se le llamó Babel, porque fue allí donde el Señor confundió el idioma de toda la gente de la tierra, y de donde los dispersó por todo el mundo."
Queda claro, entonces, que no había diferencias en el origen, que en un principio estaban todos juntos, que ese espíritu de cuerpo estaba dado por la lengua compartida, por el anhelo de ser famosos y el temor a la dispersión (dispersión que, dicho sea de paso, no conocían ya que nunca habían sido dispersados).
Queda claro, entonces, que la intervención del Señor estuvo destinada a separarlos de la lengua materna, invitarlos, obligarlos, digamos, a olvidarse de la lengua original (nada de bilingüismo)para acceder a la lengua divina, y que esa acción tuvo algo de castigo; algo de punición por haberse atrevido a desafiar su poder, por haber intentado alcanzar a Dios, por pretender estar a su altura.
Según algunas interpretaciones del capítulo 11 del Génesis, los hombres aspiraban, con la construcción de esta torre, alcanzar el cielo; tocar el cielo con las manos; vencer el obstáculo que separaba el cielo de la tierra; atravesar la barrera que se interponía entre los hombres y Dios; diseñar un puente entre lo humano y lo divino. Llegar al lugar dónde moraba Dios. Y, quién dice llegar al lugar de Dios, dice ocupar el lugar de Dios. Por eso fueron castigados con la pena de la dispersión. Todo quedó reducido, entonces, a una renuncia vertical y un desafío horizontal: interrumpir la edificación y administrar la dispersión, desempeñarse en la totalidad de la diversidad. 
Pues bien, todo hace pensar que el capitalismo en su fase actual está cumpliendo el mito religioso de la Torre de Babel. Y el multiculturalismo ha devenido en la ideología perfecta de la globalización capitalista. Porque al tiempo que propone y enaltece la aceptación de la diversidad, conduce no sólo a la segregación autoafirmatoria de cada minoría en una especia de "al don pirulero" absoluto, sino que siendo sólo "la lógica cultural del capitalismo multinacional" se instala como única y eterna: lógica totalitaria.
Cuando aún no ha cesado el modelo clásico de la colonización -los países metropolitanos subordinando y explotando económica, política y culturalmente a los países colonizados- ya un nuevo esquema protagoniza el cuadro: las empresas multinacionales explotando por igual a la población global. Se da, entonces, la paradoja de una colonización donde sólo hay colonias sin países colonizadores: "el poder colonizador no proviene más del Estado -Nación, sino que surge directamente de las empresas globales".
Es en ese sentido que el multiculturalismo se postula como ideología privilegiada del capitalismo tardío: cuando desde una posición supra -por encima de todo- trata a cada cultura como "nativos", como "aborígenes", como "pueblos originarios" que deben ser estudiados y respetados. "En otras palabras "dice Zizek) el multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autorreferencial; un "racismo con distancia": respeta la identidad del Otro, concibiendo a éste como una comunidad "auténtica" cerrada, hacia cual él, el multiculturalista, mantiene una distancia que se hace posible gracias a su posición universal privilegiada. El multiculturalismo es un racismo que vacía su posición de todo contenido positivo (el multiculturalismo no es directamente racista, no opone al Otro los valores particulares de su propia cultura), pero igualmente mantiene esta posición como un privilegiado punto vacío de universalidad, desde el cual uno puede apreciar (y despreciar) adecuadamente las otras culturas particulares: el respeto multiculturalista por la especificidad del Otro es precisamente la forma de reafirmar la propia superioridad."
Porque lo que aquí está en juego es la universalidad del multiculturalismo que supone la permanencia eterna del capitalismo ya que, esa coexistencia dispersa, esa hibridación cultural que no encuentra traducción simultánea, la heteroglosia Bajtiana, termina aceptando la absolutización del sistema; deja intacta la homogeneidad del capitalismo gracias al abandono de la lucha de clases.

EL DERRUMBE DEL MURO DE BERLÍN NO PUDO IMPEDIR QUE OTROS MUROS, VIEJAS Y NUEVAS BARRERAS, LÍMITES INFRANQUEABLES, FRONTERAS INTRANSITABLES, SE ERIGIERAN POR FUERA Y POR DENTRO

El reemplazo de la lucha de clases por el multiculturalismo es una operación fundamental para mantener la ilusión de un Sistema que, de haber funcionado bien, hubiera evitado las catástrofes que protagonizamos. Pero ocurre que el capitalismo cuando funciona bien, funciona así: y ha triunfado porque logró instalar en el imaginario social su condición de único sistema posible, dueño absoluto de la democracia, de los valores de la libertad y de la igualdad, de modo tal que las crisis por las que atraviesa (y que pone en riesgo a la humanidad, toda) vendrían a ser el resultado de su falla y no de su "naturaleza". Así como Marx sostenía que todo sistema lleva en su seno las fuerzas que le son antagónicas, el capitalismo triunfa cada vez que logra reforzar la idea de que lleva en su seno las fuerzas que se encargarán de salvarlo. El capitalismo triunfa cada vez que logra instalar la idea de un capitalismo malo (racista y explotador) y un capitalismo bueno (multicultural). 
"Es como si, dado que el horizonte de la imaginación social ya no nos permite considerar la idea de un eventual caída del capitalismo (se podría decir que todos tácitamente aceptan que el capitalismo está aquí para quedarse), la energía crítica hubiera encontrado una válvula de escape en la pelea por diferencias culturales que dejan intacta la homogeneidad básica del sistema capitalista mundial. Entonces, nuestras batallas electrónicas giran sobre los derechos de las minorías étnicas, los gays, y las lesbianas, los diferentes estilos de vida y otras cuestiones de ese tipo, mientras el capitalismo continua su marcha triunfal."

martes, 17 de febrero de 2015

Recordar a Freud para pensar la necesidad de "El giro del psicoanálisis"



Por Enrique Carpintero
(Psicoanalista)

Escribir sobre un tema necesariamente lleva a un recorte que implica al autor. Este artículo no es una excepción. En este sentido, al referirnos al 159º aniversario del nacimiento de Freud, queremos señalar algunos aspectos de su vida que consideramos necesarios para la actualidad de una obra que sigue abierta a nuevas interpretaciones y desarrollos.
Muchos de los que escribieron sobre la biografía de Freud se han dedicado a destacar cómo algo de su pasado lo preparaba para sus descubrimientos. Pero también es necesario reflexionar cómo, al mismo tiempo, su pensamiento da cuenta de una época a la cual se opuso en nombre de esos mismos descubrimientos. Dicho de otra manera, la historia lo hace pero también Freud construye una historia que forma parte de la modernidad.

El Siglo XIX: una época de grandes esperanzas y grandes derrotas

Cuando Freud nació, el imperio AustroHúngaro de los Habsburgo tenía una población de treinta y cinco millones de habitantes y seiscientos mil kilómetros cuadrados que se extendían hasta Italia.
"Nací el 6 de mayo de 1856 en Freiburg, Moravia, un pequeño poblado de la que hoy es Checoslovaquia. Mis padres eran judíos, y yo he seguido siendo. Acerca de mi familia paterna creo saber que durante una larga época vivió junto al Rin (Colonia), y en el siglo XIV huyó hacia el este a causa de una persecución a los judíos, y luego, en el curso del siglo XIX, emprendió la emigración de regreso desde Lituania, pasando por Galitzia, hasta instalarse en la Austria alemana".
Los comienzos de la industrialización capitalista, en la primera mitad del siglo XIX, llevaron a grandes dificultades económicas para la mayoría de la población. Las condiciones de miseria en que vivían los sectores obreros producían continuas insurrecciones. El año 1848 se vio afectado en gran parte de Europa por toda una serie de revoluciones en contra de las monarquías del Antiguo Régimen. En ese clima de continuas convulsiones sociales el contradictorio Proudhon pronunciaba su célebre frase que se constituyó en el lema de los anarquistas: "La propiedad es un robo". Los socialistas utópicos de Saint-Simon construían falansterios donde pensaban anticipar una sociedad feliz y más justa. En algunos de ellos se cumplían ceremonias extravagantes como la impuesta por Elefantin que llevaba a los residentes, entre otros ritos, al uso de un chaleco abotonado por detrás, que obligaba a un acto de solidaridad cotidiano, al exigir que sus compañeros tuvieran que abrochárselos unos a otros.
En febrero de 1848, la administración de la Sociedad de Educación Obrera con sede en Londres, calle Liverpool 46, entregó a sus clientes un impreso en paquetes individuales. Se trataba de un folleto en alemán que tenía una simple tapa de papel con un recuadro tipográfico cuya ornamentación, según el gusto de la época, semejaba un rostro humano. Su título: "El Manifiesto Comunista"; sus autores Carlos Marx y Federico Engels.
Las grandes luchas de la clase obrera que tuvo su momento de expresión más alto en 1871, durante los acontecimientos de la Comuna de París, se combinaban con la sensación de un desarrollo científico y técnico que iba a traer mejoras al conjunto de la sociedad. La expresión romántica del progreso fueron los ferrocarriles. Si bien existía un ferrocarril para el transporte de carbón en Francia, en las minas de Saint Germain, recién en 1873 se inauguraba la primera línea de pasajeros entre París y Saint Germain.
El origen de las especies apareció publicado en 1859. La segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por los continuos descubrimientos que permitían pensar que el mundo sería completamente explicado gracias al conocimiento de las leyes que determinaban el funcionamiento de todos los fenómenos. La ciencia iba a servir para alcanzar la verdad y posibilitar la felicidad de la humanidad.
En este clima social y cultural Freud vivió sus primeros años de vida. Sin embargo su interés por lo social siempre estuvo presente al extender el psicoanálisis a los problemas de la cultura. aunque su preocupación no eran las dificultades políticas, económicas y sociales que atravesaban la cultura, sino cómo aquellas se inscriben en la subjetividad. Así como la de un sujeto atravesado por sus pulsiones que se constituye en El malestar de la cultura. Es que el síntoma, para el psicoanálisis, también es de la cultura y su resolución en la clínica encuentra un límite en la organización de la sociedad a la cual pone en cuestionamiento.
"La sociedad no se apresurará a concedernos autoridad. No puede menos que ofrecernos resistencia, pues nuestra conducta es crítica de ella; le demostramos que contribuye en mucho a la causación de la neurosis. Así como hacemos del individuo nuestro enemigo descubriéndole lo reprimido en él, la sociedad no puede responder con solicitud simpática al intransigente desnudamiento de sus prejuicios e insuficiencias; puesto que destruimos ilusiones, se nos reprocha poner en peligro los ideales". 
En Viena, Freud sufrió la pobreza, fue humillado por su condición de judío y luego por sus descubrimientos. En la Viena donde las mujeres recibían menos de la mitad del salario que los hombres, los emigrantes trataban de salir del gueto y la prostitución formaba parte de la vida diaria. Nunca estuvo el cuerpo femenino tan oculto como a principios del siglo XIX. En las clases acomodadas, las buenas maneras llevaban a que la muchacha evitara contemplarse desnuda, aunque no sea más que en el reflejo del agua del baño, el cual se enturbiaba con un polvo especial. 
El clítoris, instrumento de placer e inútil para la procreación, era rechazado por los médicos. Se consideraba que la masturbación conducía a la senilidad precoz por exceso de derroche de la preciosa semillita. El cuerpo se había vuelto una preocupación obsesiva, por lo tanto había que vigilarlo ante la permanente amenaza del deseo. El desnudo, alejado de la vista, hacía fantasear a mujeres y hombres. Se formaban sociedades sin otra finalidad que contar cuentos y hablar de sexo. Ante esta situación la sumisión a las pulsiones y los impulsos del cuerpo devenían en síntomas que necesitaban respuestas. En este sentido las preguntas que se hacía Freud eran las que la época se negaba a responder. Las encuentra en los sueños, en la vida cotidiana, en los cuerpos cuyos síntomas dibujaban una anatomía que la medicina no podía entender. Es el período en que formulaba uno de los mayores aportes a la teoría: lo inconsciente.

La Muerte es la compañera del Amor; juntas rigen el mundo 
Mientras miles de personas presenciaban el desfile de recepción del archiduque Francisco Fernando, un joven serbio de 17 años llamado Princip asesinó al visitante de un certero balazo. Los libros de historia dicen que ese atentado fue la excusa que provocó la Primera Guerra Mundial. Las circunstancias sociales y personales lo llevaron a Freud a reflexionar sobre la muerte.
La muerte se transformaba definitivamente en una pulsión en Más allá del principio de placer. Como dice Emilio Rodrigué, hay cuatro tipos de fenómenos que constituyen el abordaje del nuevo territorio inaugurado por el concepto de pulsión de muerte: el primero, las neurosis traumáticas, luego los efectos de la compulsión de repetición que encontramos en el juego infantil, las neurosis de destino y la neurosis de transferencia. Dualista de corazón, necesitó reformular su teoría por razones clínicas, teóricas y epistemológicas. Los pacientes confirmaban su punto de vista de que el conflicto -la dualidad- se encuentra en el núcleo de la actividad psicológica. El propio concepto de represión -piedra fundamental de la teoría psicoanalítica presupone una división de las operaciones mentales. Disyunción básica entre el represor y lo reprimido. El hecho es que, fuera de la triangulación edípica, en la dialéctica freudiana proliferan opuestos tales como activo-pasivo, masculino-femenino, amor-hambre y ahora, después de la guerra, vida-muerte. En esta última polaridad, el componente agresivo, bajo la forma de pulsión de muerte, alcanza su estatuto de pulsión primitiva independiente.
Si en un primer momento la sexualidad adopta la forma de una pulsión fue para sacarla del ámbito exclusivo de la genitalidad y abarcar todas las áreas del sujeto. Este es el mismo desarrollo que hace en relación a la muerte, en tanto ésta, al transformarse en una pulsión no queda ceñida a la muerte real, definitiva, -que por otro lado no es competencia del psicoanálisis- sino que está presente de entrada en todo sujeto.

El giro del psicoanálisis
Freud muere el 23 de setiembre de 1939 mientras las tropas alemanas que desfilaban en el Tercer Reich anunciaban la inminencia de la Segunda Guerra Mundial. Muchas guerras y conflictos han pasado hasta la actualidad sin todavía saber si Eros triunfará sobre los efectos destructivos de la pulsión de muerte. Es así, debemos considerar si, como analistas, estamos situados respecto de la actualidad de nuestra cultura para que las demandas de su malestar se dirijan a nosotros. Para ello es necesario tener en cuenta lo que denominamos "El giro del psicoanálisis" donde el paradigma de la represión sexual, en el que se ha desarrollado nuestra práctica, ha trocado en el predominio del trabajo de la muerte como pulsión.
Ante un mundo en crisis donde el poder de las clases dominantes genera una cultura en la que pone en peligro el tejido social y ecológico, para finalizar, nada mejor que recordar lo que planteaba Freud en Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica:
"Todas las energías que hoy se dilapidan en la producción de síntomas neuróticos al servicio de un mundo de fantasía aislado de la realidad efectiva contribuirán a reforzar, si es que no se puede utilizar ya mismo esas energías en provecho de la vida, el clamor que demanda aquellas alteraciones de nuestra cultura en que discernimos la única salvación para las generaciones futuras".
El Psicoanálisis que viene 
El Psicoanálisis tiene asegurado su lugar en el siglo que recién comienza porque aún no han sido respondidas las preguntas que le dieron existencia.
Entre tantas otras:
* El por qué de la guerra
* Por qué los pueblos adoran a sus verdugos (por qué los pobres contribuyen a perpetuar el capitalismo)
* Por qué las diferencias de sexo incluyen desigualdades sociales que refuerzan la inferioridad de uno de sus términos (por qué descansa en las mujeres el trabajo de reproducir el patriarcado).

El por qué de la guerra: 

El ingenuo interrogante con el que Albert Einstein inició en su epistolario ."qué puede hacerse para defender a los hombres de los estragos de la guerra" obligó a Freud a transitar por el lugar común del instinto de destrucción y la pulsión de muerte. Pero la cuestión, ni por lejos quedó saldada allí.
"...un vistazo a la historia humana nos muestra una serie incesante de conflictos entre un grupo social y otro o varios, entre unidades mayores y menores, municipios, comarcas, linajes, pueblos, reinos, que casi siempre se deciden mediante la confrontación de fuerzas en la guerra. Tales guerras desembocan en el pillaje o en el sometimiento total, la conquista de una de las partes. No es posible formular un juicio unitario sobre esas guerras de conquista. Muchas, como las de los mongoles y turcos, no aportaron sino infortunio; otras, por el contrario, contribuyeron al reemplazo de la violencia por él derecho, pues produjeron unidades mayores dentro de las cuáles cesaba la posibilidad de emplear la violencia y un nuevo orden derecho zanjaba los conflictos".
"... Por paradójico que suene, habría que confesar que la guerra no sería un medio inapropiado para establecer la anhelada paz "eterna", ya que es capaz de crear aquellas unidades mayores dentro de las cuales una poderosa violencia central vuelve imposible ulteriores guerras. Empero, no es idónea para ello, pues los resultados de la conquista no suelen ser duraderos... Además, la conquista sólo ha podido crear hasta hoy uniones parciales, si bien de mayor extensión, cuyos conflictos suscitaron más que nunca la resolución violenta. Así, la consecuencia de todos esos empeños guerreros sólo ha sido que la humanidad permutara numerosas guerras pequeñas e incesantes por grandes guerras, infrecuentes, pero tanto más devastadoras. Aplicado esto a nuestro presente, se llega al mismo resultado que usted (Einstein) obtuvo por un camino más corto. Una prevención segura de las guerras sólo es posible si los hombres acuerdan la institución de una violencia central encargada de entender en todos los conflictos de intereses".
Y, claro está, que la guerra no es un problema ajeno que sucede allí lejos, en el Medio Oriente, o en la Europa del Este y que no es cosa nuestra. No sólo porque está incluida en el patrimonio mortífero que instituye la "identidad argentina" junto a nuestros dos premios Nobel de la Paz (Saavedra Lamas, Pérez Esquivel) -las guerras de independencia, la "conquista del desierto", la guerra de la triple alianza, la del Chaco paraguayo, la guerra contra la "subversión", la de las Malvinas que contó con el franco respaldo de la sociedad civil y hasta de los intelectuales de izquierda, sino por la actual indiferencia ciudadana frente a la presencia escandalosa de tropas argentinas en Haití y de mercenarios argentinos en Irak.

Por qué los pueblos adoran a sus verdugos 

Si el ingenuo interrogante que Albert Einstein dirigió a Freud -" qué puede hacerse para defender a los hombres de los estragos de la guerra" dio inicio a reflexiones no saldadas aún, el comienzo de El malestar de la cultura nos autoriza a introducirnos en otra deuda pendiente del psicoanálisis con la cultura. Aquella que vanamente intenta dilucidar las relaciones del sujeto con el Poder. Poder imperial. Poder del mercado. Poder de Dios. Poder del Otro.
Porque desde el nacimiento en adelante, la relación del sujeto con el Poder transita por las marcas que ha dejado.

viernes, 2 de enero de 2015

La deuda externa y la Salud Mental

No se suele reflexionar sobre las consecuencias en la subjetividad que tiene el pago de la deuda externa. Se habla de una deuda que tiene Argentina, aunque no es el capital quién la paga. Al contrario, éste hace importantes negocios mientras el esfuerzo recae en el conjunto de la población, en especial sobre los sectores más vulnerables. 
La deuda en nuestro país no nació por generación espontánea. Fue el producto de la dictadura cívico-militar que, para imponer una política neoliberal, tuvo que llevar a cabo el genocidio más grande de nuestra historia. En los negociados que realizaron se endeudó hasta la quiebra las empresas públicas. A la vez, los grupos económicos ligados a los militares robaron miles de millones de dólares para luego ser declarados como una deuda, aunque habían entrado al país. Luego, Domingo Cavallo "estatizó" toda la deuda que habían contraído estos grupos económicos privados engrosando su valor. Todo esto está probado y documentado por el juez Jorge Ballesteros, que en el año 2000 determinó que la deuda contraída durante la dictadura cívico-militar era ilegítima, remitiendo su fallo al Congreso de la Nación. Por supuesto, el expediente duerme en un cajón de los Tribunales.
Los gobiernos que siguieron durante el período democrático contrajeron más deuda al pedir créditos internacionales para pagar los intereses. Es decir, mientras regularmente se paga, la deuda aumenta.
El gobierno hace 12 años asumió con una deuda de 144.000 millones de dólares. Durante su gestión se pagaron 173.000 millones y, después de proclamar que nos estamos desendeudando, se deben 197.464 millones de dólares, según cifras oficiales. A esto le debemos sumar los pagos futuros del cupón PBI -que se paga cada vez que Argentina crece 3% o más-, los pagos al Club de París, los juicios perdidos ante el CIADI -tribunal del Banco Mundial al que recurren empresas trasnacionales-, el pago a REPSOL, y las deudas externas de las provincias -que tienen garantía del Estado Nacional-. Así se llega a la cifra astronómica de 300.000 millones de dólares. Como si todo esto fuera poco, nos encontramos con la deuda que no entró en canje y que hoy reclaman los "Fondos Buitres".
En definitiva, la deuda es ilegítima e impagable. Cuanto más se paga, más aumenta, Un verdadero círculo vicioso que solo sirve para imponer políticas sociales y económicas por parte de los organismos financieros internacionales.
En los últimos meses apareció un libro que se ha transformado en un best seller mundial. El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. Con estadísticas de los últimos 200 años resume el problema a una sencilla fórmula: (R > C = + d). Esta significa que la desigualdad aumenta si la renta del capital es mayor que el crecimiento del PBI de los países. Esto es lo que ocurre en el mundo. Por ejemplo, si un país que crece al 3% anual y tiene que pagar una renta del capital de 145% en el mismo lapso -que es lo que Argentina tiene que pagar a los "Fondos Buitres"-, entonces se transforma en una situación sin salida.
Por ello, la única alternativa seria es no pagar y llamar a un frente de países para enfrentar las represalias conjuntamente y modificar las bases económicas para un desarrollo sustentable. Es cierto, muchos se pueden alarmar ante las consecuencias de esta propuesta. Pero debemos señalar cuáles son los efectos de seguir pagando como si no pasara nada. Muchos pretenden separar las políticas nacionales e internacionales de los gobiernos de sus efectos en la vida de la población, apelando a una lucha que tenga en cuenta solamente los intereses sectoriales. Para ello es interesante transcribir lo que dice Slavok Zizek sobre el tema: "A fines de 2008, investigadores de Cambridge y Yale que analizaban las tendencias en la epidemia de tuberculosis en las últimas décadas en Europa del Este dieron a conocer su resultado; tras analizar datos de más de 20 países, establecieron una clara correlación entre los préstamos del FMI a esos países y el aumento de los casos de tuberculosis. 
Cuando los préstamos se interrumpieron, la epidemia de tuberculosis volvió a reducirse. La explicación es simple: la condición para el otorgamiento de los créditos que el Estado imponga una "disciplina financiera" (reducir el gasto público), y la primera víctima de esas medidas destinadas a establecer "la salud financiera es la propia salud pública". En nuestro país el presupuesto en Salud se ha reducido agravando el deterioro de la Salud Pública. Su consecuencia es una suerte de desnaturalización de la deficiente atención de lo público destinado a los pobres. También vemos como aumenta la pobreza y la marginación, ya que la desocupación es reemplazada por trabajos en "negro" y precarizados cuyos efectos en la subjetividad son analizados en el texto de Hernán Scorofitz que publicamos en este número. Los datos son contundentes. En los últimos 11 años la "reactivación" que se llevó adelante fue sostenida por la precarización y superexplotación. Esto produjo tanto el incremento de las inasistencias laborales por causas de salud como el aumento del 40% en el consumo de ansiolíticos para poder subsistir en un período de "crecimiento económico" y "desendeumiento", que llevó a que los servicios sociales, la educación y la salud pública cuenten con un presupuesto reducido, cuyo deterioro solo beneficia a las empresas privadas y, en consecuencia, a aquellos que pueden pagar una prestación.
Los procesos de subjetivación se sostienen en una cultura donde la crisis del tejido social y ecológico produce un imaginario donde el futuro es vivido como catastrófico, el pasado no existe y solo queda la perpetua inestabilidad del presente. Por ello los cambios que se han logrado en el campo de la Salud Mental encuentran un límite en un poder que se basa en las actuales condiciones económicas, sociales y políticas donde las grandes empresas de medicina privada y los laboratorios aumentan su concentración monopólica para imponer una concepción del padecimiento subjetivo que solo beneficia sus intereses. 
De allí que creemos necesario sostener no pagar la deuda externa. Sus efectos en la subetividad y en el campo de la Salud Mental atraviesan nuestra práctica como profesionales. Esta demostrado que no solo no tiene salida a nivel económico, sino que solo provocará más sufrimiento a cada uno de nosotros.

TOPIA Revista
Nota de los editores
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viernes, 28 de noviembre de 2014

Avatares de la Comunicación y Esquema en Cruz en Psicología Social


Los Avatares de la transmisión:
La transmisión reúne muchos referentes como “Fragmento, amor de transferencia, arbeit (trabajo) y convicción; como el intento del yo para elaborar una firma que lo vuelva reconocible para los otros y para sí. El carácter fragmentario de la transmisión no debe aquí ser entendido como un déficit, sino como la renuncia a la pretensión totalitaria de que todo sería transmisible y todo sería resignificado. Las teorías de la comunicación hicieron oportunamente de la noción de transmisión, casi un fetiche identificatorio, con epicentro en la información. En efecto, si entre-dos algo se transmite, esto no se dejará atrapar en una noción de contenido.
La noción de transferencia tiene larga data y diferentes inscripciones. Alude a una relación (afectiva, jurídica, política, pedagógica), cuyo estatuto podrá registrarse en la conciencia cognoscible, o en el registro que el inconsciente lleva de las experiencias. Éstas siempre se concretan sobre la base de fragmentos desplazados y re significados.
El concepto fue clave en el pensamiento de Hobbes, quien funda el origen de lo social en una transferencia que conlleva una renuncia. Renuncia que ofrece un beneficio secundario, ya que el desplazamiento de una parte de la libertad funda las condiciones de posibilidad del lazo. Por su parte, E. Weber encuentra que es la noción que mejor explica el desplazamiento de una capacidad de aprendizaje. Si una parte del cuerpo se ve afectada por un trauma, transferirá su saber a otra parte. Transferencia es aquí desplazamiento de función y de capacidad, a la vez reparación y sustitución.  Que lo instituido no ate, no limite, no encadene, tal vez sea la consigna de toda transmisión que se lleve a cabo bajo la figura del don. El sujeto es lo que resulta de su trabajo con lo de antes, lo que parece pre fijado. El encuentro con lo de antes no cesa de pasar en cada presente, volviéndose en cada ocasión otra cosa.
La Transmisión como educación: Educar como el trabajo político de ofrecer a la pulsión un destino que no sea ni la inhibición, ni el síntoma, ni la angustia. El verbo enuncia la participación de más de un sujeto en el trayecto que hace de un manojo pulsional un sujeto de la palabra; y anuncia el devenir del pequeño del hombre a sujeto social mediante el enlace de las simultáneas y sucesivas filiaciones simbólicas que dibujan la figura del otro como semejante. A los efectos del accionar del verbo, les dimos nombre: Función jurídica; función arcóntica y función económica. Esas funciones remiten claramente a lo político como acción/ocasión cometida a las reglas de una ética (Un actuar con justicia) y una estética (Fábrica de lo sensible). Es decir la constitución de un mundo sensible común, de un hábitat común constituido por el entramado de una pluralidad de actividades. En ese Arbeit los otros no están ausentes: las generaciones sólo en una ilusión son pensadas como sucesivas. En la existencia de cada sujeto, en sus opciones identificatorias, múltiples generaciones conviven, prestan voz y rostro a lo ausente. Los fantasmas de los antepasados muertos no dejan de sostener una oferta identificatoria (Prestadores de identidad).

La transmisión: entre herencia y firma: Según Goethe: “Lo que tus antepasados te han dejado en herencia, si quieres poseerlo, gánalo”. René Char: “Nuestra herencia no está precedida por ningún testamento”. Algo nos es dejado por otros, pero eso no alcanza para hacerlo propio. La herencia nos es menos legada que inventada.

El Esquema en Cruz: (Alfredo Moffatt)
El esquema en cruz es un recurso gráfico por el que se representa en un diagrama la relación entre tiempo y cultura: la temporalidad en el eje horizontal, la cultura en el eje vertical y en el centro el presente, que es la síntesis del yo como esquema de salud (la identidad) y el vacío de la fragmentación como esquema de psicopatología. El diagrama sirve para visualizar las relaciones que tienen entre sí las cinco estructuras de personalidad básicas y los cinco cuadros psicopatológicos más importantes. Este esquema luego va cobrando mayor complejidad con las relaciones en detalle del proceso de la enfermedad, y permite ganar en economía de pensamiento, pues se trata de un esquema conceptual y de diagnóstico, que opera organizando la sintomatología del paciente.  De este modo se sintetizan los cuatro extremos de la cruz; en el centro se ubica el vértice del núcleo del yo: el yo sano, como síntesis de las dos oposiciones vínculo estructura y pasado-futuro. Y el yo enfermo, como el fracaso de esa síntesis, que tiene como consecuencia la fragmentación. En este caso en el lugar del ser hay un agujero, un vacío, desapareció toda la cruz (Ella sostenía el yo).
Puede hablarse de una identidad cuando un yo discriminado se percibe dentro de una historia. La persona debe constituirse en las dos dimensiones: espacio y tiempo, lo cual no es otra cosa que la vieja distinción entre cuerpo (energía) y mente (información). Podríamos considerar dos grupos básicos de defensas respecto a asegurar la identidad: defensas de la discriminación del yo y defensas de la continuidad.
DISCRIMINACIÓN: está en relación con ser y se constituye por oposición al no-yo, es decir al mundo, que según nuestro esquema es la suma de los vínculos y el campo (simbólico y material). La mirada del otro me define y también lo hace el entorno donde vivo.
CONTINUIDAD: está en relación con existir y se configura cuando ese presente que se está viviendo es un eslabón en una cadena histórica como un pasaje de ayer a mañana. El presente (lo real) se opone a lo imaginario.
La Identidad: En su lucha por permanecer discriminado el núcleo del yo debe enfrentar a dos formidables enemigos: el tiempo y el amor; el tiempo por su capacidad transformadora, y el amor por su juego de identificaciones, pues para amar hay que saber primero quién se es; de lo contrario se corre el peligro de quedar mezclado con el otro. En cambio, es interesante observar que el odio (el amor “dado vuelta”) no representa el mismo peligro, pues el que yo odio es el que está separado de mí, es el que yo rechazo.
El diálogo interno: Estar sano no es ser “normal” (adaptado) sino no tener secretos para consigo mismo.