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martes, 6 de marzo de 2012

Polémica por los 100 mil dólares que cobró Fito Páez en Santa Fe

Un legislador pidió un informe por el pago de 425 mil pesos por su show en el Bicentenario de la Bandera.

Polemica por los 100 mil dolares que cobro Fito Paez en Santa Fe

Publicado el 06/03/2012 - El diputado provincial Federico Angelini (Unión Pro Federal) presentó un pedido de informes para que el gobierno de Santa Fe, de a conocer los montos que pagó a los artistas que participaron de las fiestas por el Bicentenario de la Bandera.

El legislador manifestó que son altamente llamativas las cifras que se pagaron: 425 mil pesos a Fitó Páez, 100 mil a Los Tekis y 91 mil a Los Pericos .

Tras vivir toda la provincia de Santa Fe durante este verano una severa crisis en materia de suministro de energía eléctrica y agua potable, por falta de inversiones necesarias en la Empresa Provincial de la Energía y Aguas Santafesinas, resulta incoherente ante los ojos de toda la sociedad que el mismo Poder Ejecutivo haya destinado una partida millonaria a la organización de los eventos previos al Bicentenario de la Bandera", destacó.

Por su parte, el secretario de Producciones e Industrias Culturales de la provincia, Pedro Cantini, respondió: "Poner el espacio público para el disfrute de todos implica que muchísimas personas pudieran ir gracias a la inversión del ministerio".

Luego, agregó al programa "Armando la vuelta" de La Tres: "Ese show- de Fito Páez- le costó a la provincia de Santa Fe menos de 5 pesos por cada persona que asistió".

lunes, 25 de julio de 2011

Otra vez con la crispación (Eduardo Aliverti)


 Por Eduardo Aliverti
¿A qué tanto problema con el grado de irritación política que estaría viviéndose?
La ciudad facha. Los presuntos exabruptos de funcionarios, dirigentes y algún famoso. El escándalo por las (auto) críticas en una asamblea de Carta Abierta. Casi otro tanto frente al paso discursivo de la Presidenta por las cercanías de Rosario. Los hijos adoptivos de Ernestina. Las provocaciones. Los cruces en el acto de la AMIA. El debate sobre la pobreza del proselitismo kirchnerista porteño. Puede seguir, y hasta dejando de lado las patéticas bravatas de Biolcati y los ya graciosos anatemas de Carrió. Es una lista intensa, atractiva. Pero hay que medirle mejor los alcances porque, de lo contrario, puede dar idea de haberse ingresado en un campo minado, inédito y de consecuencias imprevisibles. En primer lugar, es una temperatura tan declarativa como típica de las etapas electorales: una obviedad que parecería no serlo, a estar por la sorpresa y críticas manifestadas. Lo caldeado del clima se da mucho más en los medios y en el juego de los protagonistas que a través del interés popular. Expresado con una ampulosidad que parece válida para hallar puntos de equilibrio, ¿anda medio mundo sin poder dormir por lo que escribió Fito Páez? ¿Las masas se precipitan angustiadas sobre YouTube para determinar la verdad de lo ocurrido en la Biblioteca Nacional? ¿Las alternativas del caso Noble Herrera representan un giro completo de la percepción social y el paisaje electoral? ¿Las denuncias de estratagemas apestosas son acaso insólitas, siendo que se está en campaña? Quizá sólo habría realmente una novedad respecto de esto último, si avanza la confirmación de cómo se las gastó el macrismo, desde una “encuesta” telefónica, para escaldar a Daniel Filmus. Primero, porque no se recuerda algo igual de repugnante que de falaz. Y después, porque cuesta creer que el amigo Durán Barba haya sido tan torpe. ¿O es al revés? ¿O es que la sensación de impunidad absoluta del gobierno porteño, entre otras cosas gracias a su malla de protección mediática, llegó al punto de permitirse descuidar lo burdo y judiciable de semejante maniobra? ¿O es que, aun así, confiaron en que a “la gente” le importaría tres pitos la denuncia, porque esa gente que los vota no tiene en cuenta aspectos morales?
Por lo demás y así como no es cuestión de negar lo impactante de ciertos disparadores, tampoco debe rechazarse su consideración. Nadie dice que los temas mencionados carezcan de interés. Sí, que debería enfocárselos de otra manera. Atendamos lo contradictorio de algunos análisis. Carta Abierta se prestó a un duro debate o marcaje internos, que quedan al margen del “recorte” hecho por la prensa ultraopositora. En efecto, lo dicho fue segmentado. Pero que se dijo lo que se dijo es irrebatible. Se punteó buena parte de lo que todo el arco político y politizado, empezando por el propio kirchnerismo, ya decía en plena campaña de la primera vuelta: que faltó garra, que falló la militancia o los objetivos en que debía concentrarse, que no hubo conducción unificada, que los medios y programas afines se pasaron de excitabilidad pro K. ¿Cuál es el drama? Visto desde los valiosos bríos intelectuales que se aglutinan en Carta Abierta, y aunque pueda discutirse si era el mejor momento para dejar los trapos al sol, ¿qué sentido tiene repudiar el tratamiento dado a la reunión por el adversario mediático, en vez de reivindicar que son un lugar que no renuncia al pensamiento crítico y que justamente es eso lo que los diferencia del discurso único de la vorágine contrera? Y visto desde ésta, ¿no era que el kirchnerismo es incapaz de señalarse errores, de enmendar tácticas y estrategias, de no someterse a dictados verticales? ¿Cuando lo hace solamente es el reflejo de que está en medio de un problema serio, y no de la capacidad de revisarse?
La Presidenta pasó por Santa Fe y apuntó a que la provincia, con su impresionante potencial productivo, crece menos que el resto. ¿Es correcto o no? ¿La única respuesta que se merece es decir que eso “no les hace bien a los santafesinos” o dejar que las cifras sigan de largo para ensimismarse con el significado de otra de las fantasmales apariciones del Menem blanco? Una víctima del atentado en la AMIA, desde el micrófono de la jornada aniversario, les pone nombre y apellido a quienes sindica como cómplices o co-responsables de la ausencia de justicia. ¿No es ésa la lógica requerida para intentar que “impunidad” no sea un concepto vacío? ¿La afectación a la memoria de muertos y vivos transita por si Sergio Burstein opera para el Gobierno, en reemplazo de refutar sus acusaciones? Notable: quienes retrucan espantados la alocución del familiar, adjudicándole tinte político, ensalzan la reacción indignada del rabino Bergman y reproducen el método que impugnan. Si el que objeta es acusable de favoritismo oficial, es un asqueroso que se extravió en una manifestación llamada al recogimiento. Pero si quien protesta es un diputado macrista electo que no se preocupó por desmentir su convocatoria a “enterrar” la causa AMIA; que participa de una fuerza con un detenido por encubrir el atentado, no es una acción política. No, es simplemente un asceta encrespado. Por favor, tengan algún gramo de seriedad. El mismo que debiera valer para no animarse a exigir que las Abuelas pidan perdón. ¿Once años embarrando la cancha y ahora deben disculparse los demandantes del procedimiento obvio, esquivado hasta concluir en un sospechoso cambio de timón de la noche a la mañana?
Lo antedicho testifica que son susceptibles de buena polémica los desafíos de la agenda mediática. Y al fin y al cabo, es de lo que debe preciarse un régimen democrático. Calentura, apasionamiento, desbordes, bajezas; incluso operaciones de prensa, para que después rezume. Veámoslo por la contraria. ¿Por cuál alternativa a eso construyen simbolismo los militantes de la anticrispación? Por la de callarse. Y no levantar olas que hieran su comodidad de clase, pecuniaria o mental. Y que no haya siquiera una décima de embate contra los poderes corporativos. Militan por la figuración de propender a una porfía que en verdad los jode. Con Menem estaban mejor. Con los milicos estaban mejor. Esta cosa desprolija pero provocativa que nació en 2003, o tal vez antes pero desarrollada desde entonces, los incomoda severamente. No la entienden, no la esperaban, no se la bancan. Y, lo peor, no aciertan a encontrarle la vuelta ni tienen la dirigencia política que lo haga. Un grupo comunicacional por aquí, una aristocracia agropecuaria por allá, unos espasmos tilingos más allá, una burguesía berreta más acá, casi siempre tuvieron a los gerentes indicados para hacer el laburo sucio de que la impotencia argentina se endilgara a “los políticos”. Hoy no. Están en dificultades. Y entonces saltan esos mandobles nada más que mediáticos, incapaces –por ahora, quede claro– de trasuntar en algo que los represente como otrora.
Bienvenida la crispación, mientras sea como producto de que por fin hay materias importantes en disputa y no como maquillaje.

miércoles, 13 de julio de 2011

Vargas Llosa sí, Fito no



Claro, la columna de Fito se corrió de lo normal, por eso llama tanto la atención. Lo normal, lo naturalizado en la Argentina de nuestros días es que Vargas LLosa trate a la sociedad argentina de imbécil por haberse dado gobiernos como los de Néstor y Cristina.

Lo naturalizado es que una dirigente política diga, muy oronda, que la manifestación de pena popular por la muerte de Néstor Kirchner en realidad fue un ardid de Fuerza Bruta. Es natural que una revista publique en tapa que la presidenta de la nación es bipolar, tanto como que Francisco De Narváez diga que Néstor Kirchner prefirió morirse antes de exponerse a una nueva derrota. 

Es natural en nuestra cotidianeidad que desde la oposición se envíen cartas a las embajadas denunciando que el país supuestamente está bajo el yugo de una tiranía. Eso es lo normal, el piso del debate político argentino. Desde los medios concentrados, minuto a minuto se leen, se ven y se escuchan las peores barbaridades sobre el gobierno, sobre el kirchnerismo, sobre la dirigencia sindical y sobre las mayorías populares que vienen ratificando desde 2003 un rumbo de gestión y proyecto. Se puede tranquilamente demonizar al anciano padre de Daniel Filmus, total, después se condena el hecho, se le pega un tirón de orejas a los pillines que armaron la campaña y listo, todo queda ahí, en el rinconcito de las cosas menores. Pero que un artista lance un exabrupto como lo hizo Fito Páez sale de esa normalidad y su foto con la leyenda "Wanted", como en esas películas de lejano oeste, inunda la ciudad.

Es que a los que se oponen al gobierno de Cristina les está todo permitido y a los que lo defienden, nada. Se puede mentir, blasfemar, tergiversar desde el dispositivo mediático pero ¡Guay del que desde la vereda K se caliente, pierda la compostura y se mande una puteada! Ahí aparecen las señoras gordas defendiendo la moral y las buenas costumbres contra el fascismo kirchnerista!!!

Lo de Fito llama la atención por ser, en efecto, un exabrupto desde el otro lado. Hace ruido porque por fín tienen lo que andaban buscando, la profecía autocumplida "Ven, ven lo que es la crispación kirchnerista" nos dicen mientras exhiben la cara del rosarino "Esto es lo que nos espera si no nos sacamos de encima a este gobierno" aconsejan con cara de circunstancia. "Vaya un pollo por tantas gallinas", diría mi madre...

Pero además, Fito Páez hace canciones, no hace política. El que tiene que preocuparse por entender al electorado porteño es Daniel Filmus, no Fito. ¿O acaso hemos llegado a un nivel tal de desmemoria y de desconcierto que nos las vamos a agarrar ahora con Fito?

Reivindico el derecho a putear. 

Fito Páez es nuestro Tano Pasman y no podemos ser nosotros los que no lo banquemos. 

Un exabrupto es un momento de calentura, una incorrección política, un grito del que generalmente cuando nos enfriamos reconocemos que estuvo mal. Porque el exabrupto siempre es un bodoque donde en medio de lo descartable y lo maloliente va algún que otro pétalo de rosa, alguna verdad amarga, inconfesable. El problema es que al exabrupto permanente proferido desde las usinas de la oposición mediático-política se lo ha naturalizado y ha pasado a ser parte del sentido común del relato mediático, entonces se llega a un punto en que es algo tan cotidiano leer que el que vota al kirchnerismo lo hace por un par de zapatillas, que por repetido como concepto deja de llamar la atención. Pero el exabrupto se toma desmesura imperdonable desde el otro lado ¿Porqué? Porque los que apoyamos este gobierno no tenemos derecho al pataleo, estamos condenados a ser buenos, educados, respetuosos, cordiales. Se nos tiene prohibido reaccionar, rebelarnos, blasfemar. Tenemos que agachar la cabeza, morder el freno y cuidarnos como de mearnos en la cama con eso de "no hacerle el juego a la derecha". Vuelvo a reivindicar entonces el derecho a enojarse y a putear de un artista tanto como de un ciudadano anónimo, un nadie.

Chorrea hipocresía la ciudad de Buenos Aires. Reconozcamos que Fito se zarpó, pero no lo entreguemos a las fieras.

Reivindiquemos el derecho a putear de vez en cuando.

Página 12: La mitad (Por Fito Páez)

Por Fito Páez *
Esta es la columna de Fito Páez que salió publicada ayer en la contratapa de Página/12.
Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.
Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.
Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.
No quiero eufemismos.
Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.