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martes, 27 de marzo de 2012

Strauss-Kahn, imputado por proxenetismo

El ex director del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn. | Reuters



Raquel Villaécija | París

Poco le ha durado la tregua judicial a Dominique Strauss-Kahn, que responde esta semana ante la justicia por dos procesos: el civil en Estados Unidos por el 'caso Sofitel' y otro penal en Francia por el 'caso Carlton'. El francés se encontraba este lunes en Lille, prestando declaración ante los tres jueces de instrucción que investigan la red de proxenetismo en el Hotel Carlton de Lille y en la que los magistrados lo han imputado, acusado de proxenetismo en banda organizada. El ex director gerente del FMI, ha quedado en libertad bajo control judicial a cambio de una fianza de 100.000 euros.

El también ex ministro de Economía galo ha sido interrogado durante casi ocho horas en un juzgado de la ciudad de Lille (noroeste) por tres jueces instructores del llamado 'caso Carlton'.

Los jueces investigan si Strauss-Kahn participó en orgías organizadas en París y en Washington consciente de que las mujeres eran prostitutas, y si en estas citas sexuales se las remuneraba.

Durante la vista judicial celebrada el pasado mes de febrero, DSK declaró no conocer que las participantes en estas reuniones libertinas eran prostitutas, mientras que las mujeres interrogadas han asegurado que el político francés sí lo sabía.

El diario 'Le Figaro', que cita fuentes de la fiscalía, apunta que los magistrados evocan en la imputación de Strauss-Kahn una "ayuda y asistencia" para proteger la prostitución.

Mientras el ex mandatario del Fondo Monetario Internacional abandonaba el Palacio de Justicia en un automóvil con los vidrios tintados, su tres abogados se dirigieron a la prensa para leer una declaración en la que DSK declaraba "con la mayor firmeza no ser culpable de ninguno de los hechos" que se le imputan.

"Strauss Kahn declara no haber tenido jamás la mínima consciencia de que pudiesen ser prostitutas las mujeres encontradas", leyó uno de sus abogados, Richard Malka.

Además del 'caso Carlton', este miércoles Strauss-Kahn tendrá que rendir cuentas ante el juez Douglas McKeon en Nueva York, dentro del proceso civil iniciado por Nafisatou Diallo por supuesta agresión sexual. Se trata de la primera audiencia desde que la camarera del hotel Sofitel le denunció el pasado mes de agosto. Aunque ni DSK ni Diallo están obligados a comparecer ante el juez, que escuchará a los abogados de ambas partes antes de pronunciarse.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Página 12: “Con la crisis, el pensamiento único hace agua”


ECONOMIA › LA OIT DESTACO LA INTENSIDAD Y EFICACIA DE LAS POLITICAS SOCIALES DE AMERICA LATINA PARA DEFENDER EL EMPLEO
Argentina participó en París de un intenso debate sobre políticas de empleo, en el que el titular de la OIT, Juan Somavía, enfatizó los sistemas de protección social frente a la hegemonía del ajuste y los salvatajes financieros aplicados en América latina.
 Por Tomás Lukin
En el marco de la reunión de ministros de trabajo del G-20, Argentina defendió el fortalecimiento de la protección social en la crisis.
Imagen: Télam.
El capítulo laboral del G-20 reapareció en escena luego de dos años de ausencia. La tasa de desempleo global ronda el 6,1 por ciento, más de 200 millones de desocupados, y la cifra aumenta significativamente si se toma en cuenta el subempleo. “En América latina hay políticas sociales más intensas. Durante la crisis esas políticas aumentaron la protección social y se regeneró el empleo más rápidamente que en los países de-sarrollados”, destacó ayer el director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía, en declaraciones radiales. Somavía advirtió que “el mundo emergente salió más rápido de la crisis que el mundo desarrollado, donde no logran encontrar el camino y eso llevará a mayor desempleo”. La OIT estima que durante la crisis se destruyeron 20 millones de puestos de trabajo y advierte que la cifra podría duplicarse producto de la recesión global si continúan las políticas de ajuste. “Vamos a demostrar que desde América latina podemos tener una visión económicamente productiva, con crecimiento, con un piso de protección social y generación de mayor empleo”, sostuvo el titular de la OIT, quien participó junto con otros organismos multilaterales como el FMI y la OCDE. “La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha sido la voz en el G-20 que ha defendido estos conceptos”, aseveró Somavía desde la capital francesa.
Las políticas activas de empleo y el fortalecimiento de los sistemas de protección social recuperan espacio en el debate económico internacional frente a la hegemonía de las políticas de ajuste fiscal y salvataje financiero. “El empleo es la principal prioridad de nuestra política macroeconómica y el marco necesario para un crecimiento fuerte, sostenido y balanceado”, reza la primera recomendación del comunicado final que elaboraron ayer los ministros de Trabajo del G-20 en París. “Empezamos a discutir a nivel internacional con otros ejes; el pensamiento único neoliberal hace agua y ya no es una verdad revelada. Aunque resisten algunas posiciones ortodoxas, las políticas de ajuste son duramente cuestionadas y esto habilita la búsqueda de otros caminos que antes estaban vedados. Los países emergentes como Argentina tenemos mucho que ofrecer”, explicó a Página/12 el titular de la cartera laboral, Carlos Tomada, desde la capital francesa. En ese sentido, Somavía destacó las políticas sociales desplegadas por los países de América latina para evitar el impacto de la crisis sobre el empleo y los ingresos de los trabajadores.
Aunque existen diferencias entre los países sobre el rol del empleo y las estrategias para enfrentar la crisis, el comunicado de los ministros de Trabajo difundido ayer luego de dos días de reuniones no deja dudas: “Es necesario mejorar las políticas activas de empleo y las instituciones, particularmente para los jóvenes y otros grupos vulnerables. Tenemos que fortalecer la protección social. Invertir en los pisos de protección social es una inversión en la justicia social, la estabilidad, el empleo y el desarrollo económico”, sostiene el documento final.
“Las llamadas políticas de consolidación fiscal pueden transformarse en verdaderos procesos de desarticulación social. Las políticas que privilegian los intereses financieros sobre la economía real tienen un alto costo para la inversión, la producción y el empleo”, advirtió Tomada durante su discurso de cierre en París, en referencia a las políticas de ajuste que aplicaron distintas economías europeas e impulsan los organismos multilaterales. “No sólo tenemos que buscar la confianza de los mercados, sino sobre todo la confianza de nuestros pueblos”, concluyó el funcionario, frase final que fue recuperada por su par francés y anfitrión, Xavier Bertrand.
“No deja de sorprender la fortaleza de algunas posiciones neoliberales, como plantear la necesidad de que existan desocupados porque así cuando las personas consiguen trabajo lo cuidan y son más disciplinados. También nos dicen que van a ser necesarios sacrificios, pero no explican qué significa eso para los trabajadores. Nosotros no pensamos dejar de lado la lucha por la inclusión social”, explicó el funcionario en diálogo telefónico con Página/12 en referencia a los argumentos esgrimidos por el ministro de Recursos Humanos y también responsable de la cartera de Finanzas de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, con quien mantuvo un encendido intercambio. Aunque el país asiático no forma parte del G-20, participa como invitado desde la Cumbre de Seúl.
Tomada expresó su satisfacción con los avances alcanzados durante el encuentro de ministros de Trabajo, como la institucio-nalización de dos espacios de “diálogo social” en el marco del G-20 para trabajadores y los empresarios denominados Labour-20 y Business-20. Sin embargo, el funcionario advierte que será necesario consolidar la problemática del desempleo en el centro de las discusiones globales e incluso para que figure en la agenda de la reunión de presidentes que se desarrollará en Cannes el 3 y 4 de noviembre.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Premio Unesco a las Abuelas de Plaza de Mayo

14 de septiembre de 2011, París: Al hablar en la sede de la Unesco, en Paris, Francia, en la ceremonia en la que se otorgó el premio Félix Houphouet-Boigny para la Búsqueda de la Paz a las Abuelas, la Presidenta recordó su intervención en el Senado, cuando era legisladora, en la sesión en la que se derogaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. "Recuerdo haber dicho que si me hubiera arrebatado un hijo y no lo hubiera podido llorar no sé si hubiera tenido entereza y fortaleza para reclamar justicia en el tono y la forma que lo hicieron, lo que las trona más ejemplares que nadie".












viernes, 6 de mayo de 2011

Francia expulsa 14 diplomáticos libios fieles a Gaddafi





El Gobierno francés anunció este viernes la expulsión de 14 diplomáticos libios, con puesto en París, que se han mantenido fieles al líder del país norteafricano, Muammar Al Gaddafi. Los funcionarios tendrán entre 24 y 48 horas para salir del país europeo.

"Francia declaró persona non grata a 14 ex diplomáticos libios destacados en Francia", informó el vocero del ministerio francés de Relaciones Exteriores, Bernard Valero.

En un breve comunicado de la Cancillería se estableció que “los interesados disponen de un plazo de 24 o de 48 horas para salir del territorio nacional".

A los funcionarios se les reprocha "comportamientos y actividades no compatibles con las resoluciones de la ONU pertinentes, en particular la resolución 1973, y contrarias a la protección de la población civil libia", precisó el portavoz.

Se trata de todos los diplomáticos que estaban acreditados en París y que se han mantenido "fieles a un régimen ilegítimo", sostuvo el portavoz, en referencia a Gaddafi.

Precisó que hay otros representantes libios que se han desmarcado del líder libio, y conservan las credenciales en representación de su país.

Francia fue el primer país en atacar a Libia, el pasado 19 de marzo, y de reconocer al Consejo Nacional de Transición de Libia (CNT). Del mismo modo, ha enviado a un emisario a la ciudad oriental de Benghazi, bastión de la oposición.

jueves, 17 de marzo de 2011

Una catástrofe con cuatro cabezas

 Por Eduardo Febbro
Desde París
Muammar Khadafi ejecutó las dos amenazas que había proferido en los últimos días: aplastar la rebelión que nació a mediados de febrero y revelar informaciones comprometedoras para el presidente francés, Nicolas Sarkozy. En un puñado de días las tropas leales al régimen recuperaron las ciudades en manos de los rebeldes y en menos de una hora se hicieron con el control de Ajdabiya, el eje estratégico que determina el acceso final a la capital de los sublevados, Benghazi. Allí está la sede del CNLT, el Consejo Nacional Libio de transición al que Francia reconoció como “el único interlocutor legítimo” del pueblo libio. A ese reconocimiento se sumaron luego los otros 26 países de la Unión Europea. Los cañones de Khadafi resuenan ahora en las contradicciones de las capitales occidentales, cuyo torpe y vacío apoyo a la insurrección contra su ex aliado y enemigo alentó a los sublevados a llevar adelante una aventura militar para la cual no estaban preparados.
Khadafi conoce bien las debilidades de Occidente y resulta incongruente que las capitales del Norte no hayan tomado en cuenta las particularidades del coronel: no son un par de resoluciones de las Naciones Unidas, a las que Khadafi desprecia, las que van a acorralarlo, como tampoco el bloqueo de sus haberes y las demás decisiones tomadas por la comunidad internacional en uno de sus peores momentos históricos: desigualdad bochornosa entre las naciones, justicia internacional a escala variable, permanencia de un Consejo de Seguridad obsoleto, compuesto por cinco miembros permanentes que no representan más los equilibrios del mundo actual, condenas a unos y perdones alucinantes a otros, etc., etcétera.
Cuando sintió cerca su victoria, Khadafi sacó los trapos sucios ante las cámaras. El martes le dijo a una televisión alemana: “Mi amigo Sarkozy se volvió loco”. Ayer, su hijo, Saif el Islam, el supuesto reformista que terminó amenazando con “eliminar” a los opositores, completó la venganza. En una entrevista con el canal europeo Euronews, Saif aseguró que Libia había financiado la campaña electoral de Nicolas Sarkozy, presidencial de 2007: “Fuimos nosotros quienes financiamos su campaña y tenemos las pruebas. Estamos dispuestos a revelarlo todo. La primera cosa que pedimos a este payaso es que reintegre el dinero al pueblo libio. Le dimos esa ayuda para que trabajara a favor del pueblo libio, pero nos ha decepcionado”. Saif el Islam adelantó que tenía todos los detalles, “las cuentas bancarias, los documentos y las operaciones de transferencia. Vamos a revelar todo próximamente”. Estas indecencias no son ajenas a la postura de París, primer país en reconocer a los opositores libios del CNLT y también el más activo a la hora de promover acciones militares “contra blancos puntuales” y, junto con Londres, una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que permita la instauración de una discutible zona de exclusión aérea. Para una gran mayoría de analistas, Sarkozy se apresuró demasiado en sus decisiones unilaterales. Consciente de su superioridad, Saif el Islam dijo en la misma entrevista: “Nuestras fuerzas están casi en Benghazi. Cualquiera sea la decisión (de la ONU) será demasiado tarde”.
Más allá de estas gesticulaciones, la postura de la comunidad internacional impone una pregunta: ¿se trató y se trata de una estrategia torcida o de un error tan fundamental como monumental? Khadafi está hoy a las puertas de la sede rebelde. Su avance estuvo precedido por un flujo constante de amenazas nunca concretadas: la más repetida fue la instauración de una zona de exclusión aérea para impedir que el régimen usara los aviones con los cuales hoy ha prácticamente hemos derrotado a la oposición. El martes, al cabo de una reunión de dos días celebrada en París entre los cancilleres del G-8 (el grupo de las potencias más industrializadas), el canciller francés, Alain Juppé, enterró esa idea por falta de acuerdo. Habrá, si es que las hay, una nueva tanda de sanciones contra Khadafi en las Naciones Unidas, sanciones que el Guía Supremo ignorará como todas las anteriores, entiéndase, tanto las que se adoptaron cuando Khadafi empezó a reprimir a sangre y fuego la revuelta como las que estuvieron vigentes durante los largos años en que el Coronel era el “enemigo del mundo libre” y el mejor respaldo del “terrorismo internacional”. Esas épocas de aislamiento internacional terminaron una vez que el coronel y Occidente se dieron un prolongado abrazo reconciliador con el telón de fondo de fructíferos contratos petroleros, venta de armas, instalación de empresas occidentales en Trípoli e irrigación de los capitales libios manejados por la familia del Guía en el sistema financiero internacional.
Nadie faltó a la cita: democracias ejemplares, multinacionales, bancos, jefes de Estado y de gobierno, grupos regionales de peso como la Unión Europea y, desde luego, Washington. Nadie lo intimó a abrir un poco el juego político a cambio de tantos privilegios. Hasta un inesperado protagonista se sumó al banquete khadafista: los artistas. Por un millón de dólares de cachet, Maríah Carey, Nelly Furtado, Beyoncé, 50 cents y Usher entonaron su música ante el clan Khadafi. Al parecer, al igual que quienes, a la izquierda, vieron en el coronel el abanderado del anti imperialismo, no sabían nada de la existencia de las mazorcas khadafistas. Hace unos días, Nelly Furtado reconoció que “en 2007 recibí un millón de dólares del clan de Khadafi por actuar durante 45 minutos en un espectáculo para unos invitados de un hotel en Italia. Voy a donar el dinero”.
El astuto líder del socialismo con rejas le sacó el antifaz a medio mundo y, con ello, ensombreció un poco más el ya triste, injusto y desesperanzado sistema internacional. Lo peor radica en que los éxitos de las revueltas democráticas en Túnez y Egipto impulsaron los sueños de la oposición libia mientras que los regateos intervencionistas de Occidente condujeron a esa oposición del sueño a la peor pesadilla: regalarle a Khadafi la victoria en una bandeja llena de muertos y de sangre. ¿Cómo justificar una intervención extranjera en la revuelta interna de un país? ¿Y en ese caso, cómo administrar un tercer frente de intervención con los dos ejemplos vivos y fracasados que son Irak y Afganistán?
No había modo de que el tiempo de las negociaciones coincidiera con la agenda de la guerra, es decir, no ya con los intereses egoístas de cada país sino con la muerte que corre detrás de los insurrectos. Alemania, Italia, Rusia y China se opusieron frontalmente a una intervención exterior. Washington disimuló su opción en un lacónico “análisis de la situación”. El resultado es una catástrofe con cuatro cabezas: la catástrofe del drama de los cientos de miles de extranjeros continentales que tuvieron que dejar Libia a través de Túnez o Egipto en condiciones infrahumanas: la catástrofe de la represión y la muerte interna que cada día siembra el régimen: la catástrofe de la credibilidad de esa metáfora que es la comunidad internacional, todas esas democracias occidentales que se apuraron en promesas y amenazas para no hacer al final estrictamente nada: y la catástrofe que significaría ver a Khadafi coronarse otra vez rey luego de haber decapitado a bombazos al movimiento democrático.
De las cinco revueltas serias que estallaron al sur del Mediterráneo y en los países del Golfo, una, la de Yemen, sigue en pie, otra, la de Bahrein, está siendo aplastada, las de Túnez y Egipto triunfaron y la de Libia corre hacia un desastre político y humanitario. Cualquiera sea la opción que se aplique, la guerra interna será larga y la represión, feroz. Una intervención internacional tomará tiempo y nada garantiza su legitimidad. ¿Cómo justificar la inclusión armada de quienes hace unas semanas tomaban el té en la carpa de Khadafi? Igual de extensa será la elección de armar a los opositores. El Guía Supremo ha devorado a todo el mundo en su trampa. A su manera salvaje y descarada, Saif el Islam dijo ayer: “Los colonizadores serán vencidos, Francia será vencida, Estados Unidos será vencido, Gran Bretaña será vencida”. Si el régimen gana la batalla final de Benghazi, aunque sea por unos meses, Saif tendrá razón. Con la ayuda incomprensible de europeos, norteamericanos, China y Rusia, Khadafi ha creado una escena sin escapatoria, similar a la que el ex presidente serbio Slobodan Milosevic creó en la ex Yugoslavia.
Los intereses opuestos de las potencias mundiales demoraron la concertación final de una estrategia adecuada. El resultado fue una repetida serie de barbaries y de crímenes contra la humanidad a apenas mil kilómetros de París. Es lógico que la intervención en una guerra civil en un país de Africa del Norte suscite reticencias. Pero las incoherencias de los mensajes emitidos tornaron la situación aún más crítica para los rebeldes. En una carta remitida al Consejo de Seguridad de la ONU, Nicolas Sarkozy interpeló solemnemente a esa instancia para que “apoye” el llamado de la Liga Arabe a favor de una zona de exclusión aérea. Hillary Clinton, en El Cairo, dijo que era “urgente” actuar. La progresión militar de Khadafi parece apurar una reacción árabe occidental cuya legitimidad no tiene ni contornos claros ni tiempos coherentes.