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sábado, 21 de abril de 2012

G-20 y FMI reconocen que recuperación de YPF es una “decisión soberana”

Mara Laudonia, enviada especial


La Argentina dio un importante paso en Washington en la discusión internacional acerca de la decisión de retomar el recontrol estatal en YPF a través de la expropiación del 51 por ciento de las acciones que posee la española Repsol, donde el FMI y los países del G20 reconocieron que se trata de una "decisión soberana" y que la cuestión es de corte "bilateral" con España.


En el previa de la Asamblea de la Primavera (boreal) del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (BM), el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, participó de las deliberaciones del G-20, donde defendió la postura argentina respecto a YPF y dijo que resulta "improcedente" que este foro internacional trate la cuestión, como pedía España.

A primera hora del viernes, el director del Departamento Occidental del FMI, Nicolás Eyzaguirre, fue el primero en dejar en claro que la medida tomada por Argentina era la "decisión de un país soberano" y que por eso la cuestión debía ser considerada como "un asunto bilateral".

Tras señalar que el FMI es "una organización multilateral", el economista chileno agregó que "lo que esperamos es que, por el beneficio tanto de Argentina como de la región, la nacionalización se dé en un ambiente de acuerdo entre las dos partes".

Las palabras de Eyzaguirre ponen de manifiesto el derecho que asiste al gobierno argentino en su decisión de tomar el control de YPF a través de la expropiación del 51 por ciento de las acciones que se encuentran en manos de Repsol, a contramano de las fuertes críticas y advertencias de sanciones disparadas desde España y la Unión Europea, y la búsqueda de apoyo que salió a buscar en Washington el ministro de Economía español, Luis De Guindos, en Washington.

El ministro de Economía de México, José Antonio Meade, representante del país que ostenta la titularidad del G20 y socio de Repsol en negocios petroleros, también se refirió en el mismo sentido.

En conferencia de prensa ofrecida tras la reunión de ministros de Economía del G20, Meade dijo que el G20 "no es un foro para tratar disputa específicas de asuntos bilaterales".

Meade moderó notoriamente los dichos del día anterior cuando apenas aterrizado Lorenzino, compartió un panel con el ministro argentino y soltó que podría ser un "tema válido" para ser considerado por el G20.

De Guindos, por su parte, hizo una "interpretación" del comunicado del G20, al sostener que contenía un mensaje de apoyo a su país en la discusión entablada con Argentina por YPF.

Concretamente, apuntó al párrafo que habla del compromiso de evitar el proteccionismo.

Al respecto, Lorenzino lo cruzó: "no concuerdo con la interpretación del ministro español sobre el lenguaje del comunicado. No recuerdo desde el 2008 uno que no se hable sobre el proteccionismo" en el G20.

"Es más interesante lo de Meade, que sostiene que el G20 es un foro multilateral que busca crear consenso para cuestiones relativas a la economía internacional", agregó.

Lorenzino salió en línea con el discurso que a esa misma hora pronunciaba la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la provincia de Santa Cruz, en referencia al anuncio formulado por el gobierno español de restringir la compra de biodiesel producido en Argentina.

"España es país soberano y tiene todo el derecho de tomar medidas que considere adecuadas", dijo al respecto el ministro.

Lorenzino que esto pone de manifiesto la diferencia que existe "entre una economía sana que crece y crea empleo y que le permite, absorber la producción de biodiesel que no va a ser absorbida por España, y una economía que no privilegia su mercado interno y su economía real como meta".

El ministro negó que el precio de YPF sea un motivo de negociación con Repsol, ya que no lo establece la legislación argentina. "Nosotros no hablamos de cifras, sino de normas y vemos con regocijo que la oposición acompaña el proyecto de ley" enviado al Congreso que será tratado por el Senado en la sesión del miércoles.

El proceso de expropiación de YPF y el precio de la compañía “está regulado por una ley que es anterior" al anuncio del gobierno de retomar el control estatal en la petrolera, y que contempla primero una aprobación en el Congreso, dijo el funcionario.

Asimismo, Lorenzino ratificó la política de desendeudamiento que lleva adelante el gobierno. “No es un objetivo acceder al mercado de financiamiento, es más, Argentina está embarcada en una política que la Presidenta llama de desendeudamiento”, dijo esta tarde Lorenzino.

Por último, consultado sobre el clima de inversión, consideró que el mismo está determinado por "un crecimiento sustentable un mercado que genere puestos de trabajo, un sistema financiero sano, y un tipo de cambio que no esté sujeto a los a vaivenes internacionales y que esté controlado por el Banco Central", condimentos que tiene la Argentina.

Lorenzino estuvo todo el día participando de la Cumbre del G20. Por la tarde, acompañado por la vicejefa de Gabinete, Analía Tello, se reunió con el nuevo vicepresidente de la entidad para la región, Hasan Tuluy, y la representante del Banco Mundial en el país, Penélope Brooke.

Allí analizaron los temas de la programación de la estrategia del Banco con el país para los próximos cuatro años, que podría involucrar 3000 millones de dólares.

martes, 27 de marzo de 2012

Strauss-Kahn, imputado por proxenetismo

El ex director del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn. | Reuters



Raquel Villaécija | París

Poco le ha durado la tregua judicial a Dominique Strauss-Kahn, que responde esta semana ante la justicia por dos procesos: el civil en Estados Unidos por el 'caso Sofitel' y otro penal en Francia por el 'caso Carlton'. El francés se encontraba este lunes en Lille, prestando declaración ante los tres jueces de instrucción que investigan la red de proxenetismo en el Hotel Carlton de Lille y en la que los magistrados lo han imputado, acusado de proxenetismo en banda organizada. El ex director gerente del FMI, ha quedado en libertad bajo control judicial a cambio de una fianza de 100.000 euros.

El también ex ministro de Economía galo ha sido interrogado durante casi ocho horas en un juzgado de la ciudad de Lille (noroeste) por tres jueces instructores del llamado 'caso Carlton'.

Los jueces investigan si Strauss-Kahn participó en orgías organizadas en París y en Washington consciente de que las mujeres eran prostitutas, y si en estas citas sexuales se las remuneraba.

Durante la vista judicial celebrada el pasado mes de febrero, DSK declaró no conocer que las participantes en estas reuniones libertinas eran prostitutas, mientras que las mujeres interrogadas han asegurado que el político francés sí lo sabía.

El diario 'Le Figaro', que cita fuentes de la fiscalía, apunta que los magistrados evocan en la imputación de Strauss-Kahn una "ayuda y asistencia" para proteger la prostitución.

Mientras el ex mandatario del Fondo Monetario Internacional abandonaba el Palacio de Justicia en un automóvil con los vidrios tintados, su tres abogados se dirigieron a la prensa para leer una declaración en la que DSK declaraba "con la mayor firmeza no ser culpable de ninguno de los hechos" que se le imputan.

"Strauss Kahn declara no haber tenido jamás la mínima consciencia de que pudiesen ser prostitutas las mujeres encontradas", leyó uno de sus abogados, Richard Malka.

Además del 'caso Carlton', este miércoles Strauss-Kahn tendrá que rendir cuentas ante el juez Douglas McKeon en Nueva York, dentro del proceso civil iniciado por Nafisatou Diallo por supuesta agresión sexual. Se trata de la primera audiencia desde que la camarera del hotel Sofitel le denunció el pasado mes de agosto. Aunque ni DSK ni Diallo están obligados a comparecer ante el juez, que escuchará a los abogados de ambas partes antes de pronunciarse.

martes, 3 de mayo de 2011

Un soldado de la causa de EE.UU. y de su propia venganza

EL RETRATO DE BIN LADEN DESDE SUS AÑOS EN PAKISTAN
El jefe de la red terrorista fue un adversario de Washington, pero también se enroló bajo su bandera. Fue crítico de la monarquía saudita, pero la sirvió. En la ciudad de Peshawar, fronteriza con Afganistán, formó su militancia.
 Por Eduardo Febbro
Desde París
En aquellos años de pesquisa inicial –septiembre/octubre 2001–, Bin Laden era un emblema en las calles de Peshawar. Esta ciudad paquistaní fronteriza con Afganistán había visto surgir de sus callejuelas mugrientas el mito y la realidad. Bin Laden se había instalado allí para tejer su imperio de terror con la inagotable ayuda que, en esos tiempos de Guerra Fría y con Afganistán invadido por las tropas de la ex Unión Soviética, le proporcionó Estados Unidos. En la casi totalidad de las escuelas coránicas de Peshawar y sus alrededores el retrato de Bin Laden era omnipresente. Desde lo alto de un muro su barba tupida presidía todos los encuentros con los líderes islamistas radicales de Pakistán. Las celebraciones por su muerte contrastan con los años en que Washington le entregaba armas, millones de dólares y apoyo logístico. Bin Laden supo ser un disciplinado soldado doble: el de la causa norteamericana primero, el de su propia venganza después.
El millonario saudita comenzó su verdadera carrera en Peshawar. Esta ciudad colorida, de casas bajas y habitada por una legión de enigmáticos emisarios, agentes secretos y traficantes de todo tipo fue el ojo virulento donde se gestó la versión más eficaz del islamismo radical como pieza de una estrategia que tenía un solo objetivo: decapitar a los ejércitos de la ex Unión Soviética que ocupaban la vecina Afganistán. En 2001, sus discípulos perpetuaban su leyenda y reivindicaban su legado. En la escuela coránica de Al-Haqqania la foto de Bin Laden ocupaba un lugar destacado en el escritorio del director, Sami Ul-Haq, el jefe del partido islamista Jamiat Ulema-e-Islam, con quien Laden aparece en la imagen. “Osama es un sabio, un hombre simple, lleno de bondad. Lo único que ha hecho es defender los intereses y los derechos de los musulmanes”, decía Hamid Ul-Haq, el hijo del director. Los 2500 alumnos de esta madraza fundada a mediados de los años ’40 por el padre de Sami Ul-Haq para luchar contra el colonialismo británico profesaban la misma convicción. “Es el más grande entre todos, el más inteligente, el único”, decía Nassim, un muchacho de apenas 11 años embrujado por el relato de Bin Laden. Cuando llegó a Peshawar en los años ’80, Bin Laden se mezcló con la gente, como uno más. Vivió y durmió en la calle junto a los demás pobres, fue devoto, solidario y atento a sus semejantes. Lo habían apodado “el constructor”, porque dedicó parte de su fortuna y de los fondos provenientes de Estados Unidos, Arabia Saudita y de las monarquías del Golfo Pérsico a construir rutas, hospitales, túneles, campos de entrenamiento y madrazas.
Osama siempre actuó con un doble
Fue un crítico de la monarquía saudita, pero la sirvió; fue un adversario de Estados Unidos, pero también se enroló bajo su bandera. Laden realizó varios viajes a Peshawar y se instaló en 1982. Venía con una misión estructurada. A finales de los años ’70, Bin Laden se puso al servicio del príncipe Turki Ibn Al Facyçal Ibn Abdelaziz, el jefe de los servicios secretos de Arabia Saudita. Abdelaziz le encargó la creación de una organización capaz de implantarse en Afganistán y expandir el Islam combatiente para desalojar a los rojos. Así nació la “Legión Islámica”. Laden se encontró en Peshawar con Abdullah Azzam, su guía espiritual, su modelo, su mentor. Azzan era un palestino de Cisjordania, ex miembro de la OLP, Organización para la Liberación de Palestina de Yaser Arafat. Azzan defendía con posturas radicales su mirada sobre el Islam y era también un crítico acérrimo de la dirigencia palestina. Indignado por la corrupción en el seno del movimiento, Azzam había dejado la OLP. Abdullah Azzam dirigió en Londres la editorial Azzam Publication y había editado una biografía de Bin Laden y varios libros donde promovía la lucha armada. En Peshawar, Azzam se encargaba de unir a los combatientes árabes que iban a combatir a los soviéticos en Afganistán. El palestino estaba al frente de una estructura, la llamada “oficina afgana”, la Makhtab al-Klidamet, MAK, que centralizaba a los combatientes árabes. Su principio motor siempre fue intratable: “La Guerra Santa y los fusiles exclusivamente. No a la negociación, no a las conferencias, no al dialogo”. Azzan influenció profundamente a Osama bin Laden. El hombre era de una estatura fuera de lo común. “Un guerrero sin igual, un hombre profundamente impregnado en el Islam, convencido en lo más profundo de su corazón de que el credo de la guerra santa y el martirio eran los únicos caminos para liberar las tierras musulmanas”, contaba Tahmin, un afgano fundamentalista que lo frecuentó con asiduidad en los años ’80. Para Azzam sólo había un opción: sacar a los soviéticos de Afganistán mediante la guerra santa. “La Jihad debe continuar hasta que todos los pueblos oprimidos sean liberados, la Jihad debe continuar para proteger nuestra dignidad y recuperar nuestras tierras ocupadas. La Jihad es la forma de obtener la gloria eterna”, decía en sus sermones. Abdullah Azzan no era un mero predicador sino un hombre de acción que peleó en Afganistán y federó parte de la resistencia contra el ocupante soviético.
Bin Laden copió su modelo. Osama creó en Peshawar su propia organización, Bayt al Ansar, “La Casa de los Partidarios”, y rápidamente se convirtió en el financista de las dos organizaciones gracias a los fondos suministrados por Arabia Saudita, las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, Pakistán y la CIA. El apoyo de Occidente fue tan pleno que Bayt al Ansar y Makhtab Al Klidamet abrieron oficinas en Estados Unidos, Londres, en los países del Golfo y en Egipto. Con ese dinero Bin Laden puso en pie un edificio poderoso. Azzam y Bin Laden gestionaban desde Peshawar el primer circuito internacional de combatientes. Bayt al Ansar y Makhtab al Klidamet llegaron a contar con más de 50.000 voluntarios que fueron enviados a Afganistán. Azzam y Osama constituían una pareja perfecta. Tenían dinero, influencia, prestigio, eran auténticos jihadistas, habían sabido captar la humillación profunda del mundo musulmán. Ambos extrajeron de la palabra de Alá lo que les convenía para su guerra de liberación. Durante ese período Bin Laden conoció al Molá Omar, el dirigente afgano que algunos años más tarde se convertiría en el jefe de los talibán. El nombre de Al Qaida también lleva el sello de Peshawar. A fin de supervisar las idas y venidas de los voluntarios árabes que dependían de Bayt al Ansar, Bin Laden creó un registro. Ese documento era la espina dorsal de la estructura administrativa con la cual se hacía el repertorio de los combatientes. Bin Laden le puso el nombre: “Registro de la Base”, es decir, Al Qaida, la Base.
El Corán, las tierras ocupadas, las invasiones, Bin Laden, la manipulación de la religión, los intereses geopolíticos de Estados, el conflicto entre Washington y Moscú, el petróleo y el clérigo saudita montaron una mecánica siniestra que arrastró a muchas vidas. Hamid UlHaq, el hijo del director de la escuela coránica de Al Haqqania, recordaba con ironía que si Bin Laden pasó a ser el enemigo número 1, hubo un tiempo en que no tuvo ese estatuto: “La CIA apoyó a Bin Laden porque era una pieza clave en la guerra contra los soviéticos. Después bombardearon un país para buscarlo, pero Osama fue tratado como un héroe por los norteamericanos”.
La CIA también respaldó a la madraza. El abuelo de Hamid Ul Haq la fundó en 1947 para luchar contra el colonialismo británico y Estados Unidos la reactivó a principios de los años ’80 como centro de formación de combatientes contra los soviéticos. “Ustedes encarnan el bien supremo. ¡Combatan al Diablo!” Ese era el credo con el que Washington repartía sus millones en las madrazas de Pakistán.
Parte del mundo que conocemos Osama bin Laden lo diseñó en Peshawar. Bin Laden y sus redes islamistas contribuyeron a derrocar a los soviéticos que habían invadido Afganistán. La siguiente etapa consistió en preparar el terreno de la derrota del imperio que le había facilitado fondos y material para su primera empresa. Muy a pesar suyo, Hamid Mir había frecuentado a Bin Laden más de lo que deseó. Este periodista paquistaní, redactor en jefe del diario Daily Ausaf, especializado en informaciones sobre los movimientos islamistas, era uno de los periodistas que más veces había hablado con Bin Laden. La primera fue en 1997, cuando le hizo una entrevista en Afganistán. La segunda en 1998, cuando Osama lo acorraló para que Mir escribiera su biografía. La última remontaba a noviembre de 2001, en plena guerra de Afganistán. Bin Laden lo había vuelto a elegir como “interlocutor” para transmitir su mensaje al mundo. En esa ocasión, Hamid Mir lo entrevistó en un lugar inhóspito, sacudido por el eco de las bombas norteamericanas. Mir no pensaba como todo el mundo. Seguía convencido de que Occidente había “sobreestimado” a Bin Laden, que Osama era “apenas un guerrillero de las montañas, un luchador solitario, una suerte de primitivo que ni siquiera hablaba inglés o usaba teléfonos satelitales”. Bin Laden, la sombra del Islam armado fomentada por Estados Unidos, era, según Hamid Mir, un pésimo conocedor de la religión: “Sólo conocía los principios generales del Islam”. Mir resumía el pensamiento de Osama bin Laden cuando decía que si el líder de Al Qaida “pudo expulsar a los soviéticos de Afganistán, ¿por qué no sería capaz de echar a los norteamericanos de Arabia Saudita?”. Para ello preparó la trampa afgana. Osama terminó edificando una estructura de terror respaldado por quienes, más tarde, lo perseguirían.
La historia retendrá otro hecho, tan doble como Bin Laden. Osama fue a Peshawar encomendado por el hoy ex jefe de los servicios secretos de Arabia Saudita, el príncipe Turki Ibn Al Facyçal Ibn Abdelaziz. Fue el mismo príncipe quien, el año pasado, propuso unir las fuerzas de Estados Unidos, Arabia Saudita, Pakistán, China, Rusia y Afganistán para asesinarlo. Tenía miedo de uno de los credos más repetidos por Bin Laden en los últimos años: “terminar con los gobiernos árabes corruptos”. Muchos ya cayeron, pero sin Al Qaida como instrumento sino por la revuelta y la voluntad popular.

Misterio con varias incógnitas

AUNQUE NADIE DUDA, WASHINGTON TODAVIA NO MOSTRO PRUEBAS
La Casa Blanca difundió detalles sobre la operación que culminó con la muerte de Bin Laden, pero todavía no mostró las pruebas que certifiquen sus afirmaciones. De todos modos, la muerte de Bin Laden fue aceptada en todo el mundo.
 Por Raúl Kollmann
Al menos por ahora, son poco contundentes las evidencias de que en la operación de Abbottabad los comandos norteamericanos mataron a Osama bin Laden. Los especialistas consultados por este diario sostienen que Washington tendrá que mostrar pruebas más convincentes que las exhibidas hasta el momento. Las desconfianzas parten de una serie de preguntas que todavía siguen sin respuesta, y ayer se hablaba de la divulgación de un video de la operación. El asesor en seguridad y contraterrorismo de Barack Obama, John Brennan, dijo que no quieren dar demasiados datos ni mostrar demasiada evidencia para no frustrar futuras operaciones. También se hizo saber que la prueba de ADN dio positiva, aunque nada fue exhibido.

1 ¿Por qué Estados Unidos mató a Bin Laden en lugar de detenerlo?

Surgen varias explicaciones, pero ninguna se termina de dar. Por ejemplo, que se resistió y no hubo otro camino que matarlo. Sin embargo, los voceros del propio gobierno norteamericano son contradictorios. Durante la tarde se dijo que la operación fue para matarlo, no para detenerlo. El criterio llama la atención, en primer lugar desde el punto de vista humano: hubiera sido una señal al mundo si se lo apresaba y se realizaba un juicio con todas las garantías. Pero, además, marca una notoria diferencia con el caso de Saddam Hussein, encontrado en Irak, juzgado y ejecutado en la horca el 30 de diciembre de 2006. Brennan, en cambio, dijo a la noche que si se presentaba la chance de detenerlo se lo hubiera apresado. Esto entró en contradicción con otro dato difundido por la CNN: Bin Laden no disparó. Para redondear el cuadro, la cadena ABC sostuvo que el líder de Al Qaida usó a una mujer como escudo “y no se sabe si ella lo hizo en forma voluntaria”. Todo sorprende: el mayor prófugo del mundo no tenía preparada vía de escape.

2 ¿Cuál fue la razón por la que tiraron su cuerpo al mar?

De entrada, se dijo que se intentó entregar el cadáver a Arabia Saudita, país en el que Bin Laden nació. El régimen saudí no aceptó esa posibilidad –siempre según la versión norteamericana– y entonces “se lo sepultó en el mar, de acuerdo al rito islámico”. Toda la versión requiere de evidencias. El cuerpo de Bin Laden era la mejor prueba de que la Operación Jerónimo cumplió su objetivo. Anoche, los funcionarios de Estados Unidos afirmaron que tienen tres pruebas: un reconocimiento oral del cuerpo, un ADN y análisis facial, esta última es la técnica que se está imponiendo en el mundo después de las huellas digitales. Por ahora, no se vio nada de esto.

3 No quedó nadie vivo.

Por lo que se sabe al cierre de esta edición, en el complejo de Abbottabad estaba un hijo de Bin Laden, una mujer que sería una de sus esposas y dos hombres que funcionaban como correos, es decir que eran su comunicación con el mundo exterior. Todos fueron eliminados en la operación y ningún efectivo del comando de la marina sufrió ninguna herida. O sea que murieron todos los testigos posibles de lo ocurrido, del lado de Bin Laden, y sólo quedan testigos del lado norteamericano.
Desde hace varios años existe una razonable duda sobre si Osama está con vida o no. En los últimos siete años hubo sólo dos videos en los que se vio hablando al líder terrorista. Los demás mensajes fueron sólo audios, muy poco confiables. El video de octubre de 2004 nunca fue cuestionado en su autenticidad, de manera que se toma como la última prueba de vida. En septiembre de 2007 hubo un largo video, pero todas las partes en las que supuestamente hablaba de la actualidad aparecieron con la imagen congelada. Se trata de un video de dudosa validez.

El jefe de Al Qaida fue arrojado al mar

WASHINGTON NO MOSTRO IMAGENES DEL CADAVER DE BIN LADEN E HIZO DESAPARECER EL CUERPO
Según las autoridades norteamericanas, se le hicieron al cuerpo todas las pruebas de ADN para confirmar su identidad. Se indicó además que se inhumó el cuerpo como plantean los preceptos religiosos musulmanes.

Horas después del autobombo por hacer del mundo un lugar más seguro y de festejar el haber matado al hombre supuestamente más peligroso de la historia, Osama bin Laden, Estados Unidos comenzó a difundir con cuentagotas la información sobre el operativo que acabó con la vida del líder de la red Al Qaida. No hay imágenes que certifiquen ninguno de los detalles que, de a poco, arman el rompecabezas de la cacería estadounidense, pero la historia existe: dos helicópteros de una fuerza de elite de Estados Unidos bombardearon la fortaleza paquistaní en la que el ideólogo de los atentados a las Torres Gemelas, a la estación madrileña de trenes de Atocha y al subte en Londres estaba escondido y lo asesinaron de un tiro en la cabeza.
“Los minutos pasaron como días”, “uno de los momentos de más ansiedad en mi vida”, “mucha tensión, mucha gente contuvo la respiración”. Tales las expresiones con las que el consejero para la lucha antiterrorista de la Casa Blanca, John Brennan, describió el momento en el que contempló, junto al presidente Barack Obama, por televisión y desde una oficina en la casa de gobierno estadounidense, el operativo final de la cacería a Osama bin Laden. Probablemente, la mejor película que ambos hayan visto en su vida. El ataque al escondite de Bin Laden fue la embestida final de una batalla que empezó hace casi una década, cuando un operativo de Al Qaida, una red musulmana cuyo cerebro era el jeque asesinado, hizo polvo el corazón financiero de Nueva York y enterró debajo de los escombros a alrededor de tres mil personas.
Según el diario británico The Independent, el ataque aéreo sobre el escondite paquistaní fue la culminación de un trabajo de hormiga. Primero, la Agencia Central de Inteligencia estadounidense confirmó el lugar donde se alojaba Bin Laden a través de un extenso seguimiento a uno de los mensajeros del cerebro de Al Qaida. Según fuentes que exigieron ser mantenidas en el anonimato, la CIA obtuvo el nombre de ese mensajero gracias a las torturas a varios presos en la cárcel de Guantánamo, el centro de detención que Washington mantiene de manera ilegal en Cuba.
Tras monitorear durante meses al hombre y los movimientos del lugar donde vive junto con su hermano, un recinto en la exclusiva localidad militar de Abbottabad, al norte de Islamabad, la capital de Pakistán, los agentes empezaron a tejer la posibilidad de que Bin Laden viviera en ese mismo sitio. La versión se confirmó en febrero, cuando comenzó el diseño minucioso del bombardeo final. El viernes, el presidente estadounidense dio la orden: matar a Bin Laden.
“Yo creo que se trata de uno de los momentos de más ansiedad en la vida de la gente que estaba reunida aquí ayer”, apuntó Brennan en una animada conferencia de prensa en la Casa Blanca. Hablaba de los 40 minutos de disparos continuos sobre la residencia en Abbottabad que presenció televisión mediante, y que acabaron con la vida del líder de Al Qaida.
El viernes y bajo la orden de Obama, entonces, dos helicópteros Chinook descendieron en medio de la oscuridad con dos decenas de hombres de elite de la tropa Seal, fuerza de elite de la marina estadounidense. Una de las naves sufrió un desperfecto técnico, pero igualmente la misión siguió su marcha. La secuencia de las naves en el cielo anochecido de Abbottabad fue la que presenció en directo un joven paquistaní, vecino de la residencia del número uno de Al Qaida, y que, entre asombrado y confundido, twitteó en vivo y en directo.
Sigiloso y perfectamente coordinado cual película hollywoodense, el batallón, munido con gafas de visión nocturna, descendió de los helicópteros suspendidos en el aire y pisaron los terrenos de alrededor de la residencia. Paredes de tres metros de alto rodean al edificio, de tres pisos y perfectamente hermético –no cuenta con ventanas ni conexión a internet o telefónica, por ejemplo–.
Entonces, comenzó el ataque. Brennan aseguró, sin brindar demasiados detalles, que Bin Laden resistió el asalto, pero que de todas maneras fue asesinado. Oficiales aseguraron que además de Bin Laden, una de sus mujeres, uno de sus hijos y otros dos hombres también murieron. Brennan detalló que el cuerpo de la mujer estaba ubicado de tal manera en la escena final que “había sido usada de escudo”. Las tropas estadounidenses no sufrieron bajas.
“Fue claramente un momento de mucha tensión, mucha gente sostuvo su respiración –relató–. Cuando finalmente fuimos informados de que nuestros hombres pudieron ingresar a la vivienda y encontrar a un individuo que ellos creían era Bin Laden, hubo un tremendo alivio”, narró.
Tras la operación, los soldados abandonaron el lugar en helicóptero, con el cadáver a cuestas. Pero en vez de guardarlo como prueba para mostrarle al mundo su victoria ante el terrorismo más violento, las mismas fuerzas le habrían brindado una ceremonia funeraria religiosa según la tradición musulmana. A bordo de un portaaviones sobre el mar Arábigo, los militares despidieron a Bin Laden. “Se siguieron los procedimientos tradicionales islámicos de inhumación. El cuerpo fue lavado y puesto en un manto blanco y luego colocado en una bolsa de plástico con un lastre”, detalló un militar que formó parte del operativo.
Las malas lenguas, citadas por The Independent, sostuvieron que la decisión de sumergir el cuerpo rápidamente fue tomada con el objetivo de evitar que cualquier sitio en la tierra se convierta en una especie de lugar santo, que permanecería repleto de seguidores del líder de Al Qaida. Si los restos del hombre al que Estados Unidos convirtió en símbolo del Medio Oriente violento y terrorista no reposaran en el fondo del mar, el cuerpo sería una prueba infalible de que efectivamente fue asesinado. Aunque, probablemente, la bala que impactó en su cabeza haya desfigurado el rostro de Bin Laden demasiado como para poder ser reconocido.
Con o sin cuerpo, las palabras del presidente de Estados Unidos no generaron desconfianzas. El domingo a la noche, el mundo entero supo por la propia voz de un Obama orgulloso que Bin Laden es historia. Recién un día después –ayer a la tarde–, llegó la primera información científica sobre el asunto: la confirmación de las pruebas de ADN llevadas a cabo sobre la víctima por personal de la CIA confirmaban en un ciento por ciento la compatibilidad con los datos genéticos que esa agencia guardó del líder de Al Qaida.

lunes, 21 de marzo de 2011

Sigue el bombardeo de la coalición en Libia

ESTADOS UNIDOS, FRANCIA Y GRAN BRETAÑA SE CONGRATULARON POR EL EXITO DE LOS OPERATIVOS
Aunque el Pentágono aseguró que el líder libio está cada vez más aislado, las tropas khadafistas volvieron a la ofensiva y ayer por la tarde ocuparon la zona central de una ciudad que estaba en manos de los rebeldes, Misrata.
 Por Eduardo Febbro
Desde París
La encogida coalición internacional que el sábado lanzó sus primeros ataques contra las fuerzas del coronel Khadafi volvió a pasar a la acción este domingo con una nueva ofensiva, esta vez contra la capital libia, Trípoli. La arremetida de anoche comenzó a las 19 horas GMT y pocos minutos después un portavoz del ejército libio anunció que había dado la orden a todas las unidades militares de acatar un alto el fuego inmediato. Contrariamente al anterior alto fuego, no respetado, éste no fue comunicado por Muammar Khadafi. El portavoz militar libio explicó anoche que la decisión de decretar un alto el fuego responde a “la muerte de civiles” y a los daños causados en edificios civiles y militares.
Las imágenes transmitidas por dos canales árabes, Al Jazeera y Al Arabiya, muestran a la defensa antiaérea de Trípoli en acción cuando uno de los aviones de la coalición sobrevolaba el sector donde se encuentra el cuartel en que reside Khadafi, Bab al Aziziyah, al sur de la capital. Fuentes francesas confirmaron por otra parte que ninguno de los aparatos de la coalición fueron alcanzados por los disparos. Poco después, el canal Al Arabiya aseguró que una densa columna de humo salía del complejo militar de Al Aziziyah.
Los aliados, en realidad, hasta ahora, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, se congratularon por el éxito de los operativos. William Gortney, un responsable del Pentágono, dijo que las fuerzas leales a Khadafi están cada vez más aisladas y que los operativos llevados a cabo hasta ahora “disminuyeron significativamente” tanto las capacidades aéreas como el alcance de los radares.
Sin embargo, las tropas khadafistas volvieron a la ofensiva y ayer por la tarde ocuparon la zona central de una ciudad que estaba en manos de los rebeldes, Misrata. Esta localidad fue uno de los blancos de la coalición en los ataques que inauguraron el operativo Odisea del amanecer. Entre tanto, Khadafi salió una vez más a escena y anunció que entregaría armas a todos los libios a fin de defender el país, prometió que la guerra “será larga” y reiteró que la derrota de Occidente era “inevitable”.
Los partes optimistas de los aliados no ocultaron lo que es una evidencia desde el principio, es decir, las profundas desavenencias en el seno de la coalición. Se anunció con reiterada insistencia que los países árabes estaban plenamente dentro de la coalición, pero la afirmación dista de ser exacta. Sólo uno de ellos proporcionó aviones, Qatar. La Liga Arabe, que había pedido de manera oficial que la ONU definiera una zona de exclusión aérea, salió el domingo a poner en tela de juicio con virulencia el inicio de la ofensiva. El secretario general de Liga Arabe, Amr Musa, estuvo en París en la cumbre organizada el sábado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y a la cual asistieron tres organismos, la ONU, la UA, Unión Africana, la misma Liga Arabe y 17 países. La cumbre precedió la intervención de la aviación francesa, que inauguró el operativo. Ayer, Amr Musa se desmarcó de las acciones militares. El responsable del organismo panárabe declaró que lo que estaba ocurriendo en Libia “difiere del objetivo que consistió en imponer una zona de exclusión aérea. Nosotros queremos la protección de los civiles y no que se bombardee a más civiles”. Amr Musa adelantó que convocaría con carácter de urgencia una reunión de la Liga. Los aliados le respondieron a través del portavoz de Barack Obama, quien hizo una interpretación amplia de la resolución de la ONU que autorizó la implementación de una zona de exclusión aérea. “La resolución aprobada por los árabes y el Consejo de Seguridad de la ONU incluye ‘todas las medidas necesarias’ para proteger a los civiles. Y ello, como ya lo hemos dicho, incluye una zona de exclusión aérea y también lo que va más allá”.
Este domingo trascendieron algunas informaciones importantes sobre la forma en que está configurada la coalición. Ello, con todo, no despega las dudas sobre qué ocurrirá en el futuro ni cuál es el verdadero propósito de la intervención occidental. En primer lugar, la misión Odisea del Amanecer no está actualmente bajo mando europeo sino norteamericano. El operativo está a cargo del general Carter F. Ham, jefe del US Africa Command (Africom) basado en Stuttgart, Alemania. Las fuerzas navales que intervienen en Odisea del amanecer, la Task Force Odyssey Dawn, también responden a los manos de Washington.
La Task está a cargo del almirante Samuel J Locklear, quien dirige el estado mayor a bordo del USS Mount Whitney. Nada parece realmente claro en este operativo. Londres declaró ayer que esperaba que en los próximos días la OTAN tome el control del operativo. “Espero que pasemos bajo el comando y control de la OTAN, aunque no sea una misión de la OTAN”, dijo el ministro británico de Defensa, Liam Fox. La OTAN todavía no tomó ninguna decisión, pero esta propuesta contrasta con la aberración manifestada por París ante la idea de ver acercarse la sombra de la Alianza Atlántica, una eventualidad que tornaría aún más compleja y tensa la relación y las reacciones de los países árabes. Menos la eficacia de las armas, todo parece montado con papel picado y pegado con broches sobre un hilo agitado por el viento.
Mientras tanto, en Libia, la guerra ha aglutinado a una dispar alianza que se ha dado en llamar “los rebeldes libios”, Los rebeldes, a quienes se los identifica con los “buenos” en oposición a los partidarios de Khadafi, son un cóctel de defensores de los derechos humanos; de jóvenes hartados de la dictadura de Khadafi que lanzaron la coalición Revolucionaria del 17 de febrero; de ministros de Khadafi que renunciaron a su cargo a raíz de los primeros bombardeos contra los civiles, como el ex titular de Justicia Mustafá Abdel Jalil; de ex aliados de los primeros tiempos de Khadafi caídos luego en desgracia, como el responsable del comité militar del gobierno de transición Omar el Jariri; de desertores del ejército, de voluntarios sin experiencia y, también, una curiosa cofradía de grupos por demás paradójicos.
Aunque resulte asombroso, entre quienes se llaman “los rebeldes” y que hoy están siendo ayudados por Occidente a derrocar a Khadafi, hay fervientes militantes del antiimperialismo. Uno de ellos es el Islamic Libyan Fighting Group. Se trata de un grupo fundado a mediados de los años ’90 por combatientes que habían ido a pelear a Afganistán junto a los talibán contra las tropas ocupantes de la desaparecida Unión Soviética. El Islamic Li-byan Fighting Group se implantó y prosperó en el este de Libia, la región “rebelde” por excelencia, y está considerado por el Departamento de Estado norteamericano como una “organización terrorista”. Esos combatientes que viajaron a Afganistán a desalojar al ejército rojo fueron, en esos años de la Guerra Fría, financiados y llevados por Washington a través de Osama bin Laden. Todos esos grupos, al igual que el jefe de Al Qaida, se convirtieron luego a un fervoroso antiimperialismo.

domingo, 27 de febrero de 2011

Almirante de agua bendita

Droga, pobreza y delito como problemas de seguridad, son los ejes de la campaña con que el Episcopado buscará eludir en este año electoral sus profundas divisiones internas y adelantarse a proyectos que expandan derechos y libertades. También a los temas pendientes, como la Asignación por Hijo y el Obispado Castrense. Un almirante formado durante la dictadura, especializado en Washington y vinculado con el Sedronar coordina la campaña sobre droga.

 Por Horacio Verbitsky
Mientras CFK puede presentarse para un nuevo período presidencial, el jefe de la Iglesia Católica, Jorge Mario Bergoglio, transcurre los meses finales de su último mandato, ya sin reelección. Al cumplir en diciembre los 75 años deberá solicitar también su retiro como arzobispo de Buenos Aires, igual que el obispo de San Isidro e influyente encargado de relaciones políticas del Episcopado, Alcides Jorge Pedro Casaretto, quien ya tiene un obispo coadjutor en funciones y dejará este año la diócesis más rica del país, San Isidro. Allí introdujo como encargado de drogas al vicealmirante Horacio Florencio Néstor Reyser, quien ahora coordina la campaña nacional encabezada por el obispo Jorge Lozano, desde la Comisión Nacional de la Pastoral de Drogadependencia. Casaretto también tiene como asesor económico al poderoso empresario sojero Eduardo Serantes, autor de los documentos favorables a la Sociedad Rural durante la crisis de 2008. Los otros ejes de la actividad episcopal para este año serán la pobreza y la inseguridad, temas en los que el Episcopado se siente fuerte, pese a que Casaretto no logró que entidades sindicales de patrones y obreros firmaran la hostil declaración al gobierno preparada con Serantes para el Bicentenario. La ya iniciada campaña sobre las drogas fue diseñada por el almirante de agua bendita junto con el Consejo Publicitario Argentino. Trabajaron en ella un directivo de Radio Mitre y la agencia de publicidad de Clarín, ADN. Su slogan es “Decí no al consumo de drogas”. La sucesión de pastillas, copas de vino y cerveza, hojas de marihuana, jeringas y líneas de cocaína, con ruidos de fiesta que terminan con un dramático sonido de ambulancia y terapia intensiva, hace de la sustancia un fetiche, atractivo para los jóvenes. En la página electrónica del Episcopado (http://www.reddevida.org) pueden consultarse los avisos y los documentos que les dan origen. Uno de ellos, firmado por Alberto Solanet, cuestiona el fallo de la Corte Suprema de Justicia que despenalizó la tenencia para consumo personal y recomendó concentrar los esfuerzos del Estado en la persecución de los grandes traficantes. Solanet fue presidente de la Corporación de Abogados Católicos, que es la longa manu del Episcopado entre los avenegras, y hoy preside otra entidad de abogados del mismo origen, creada para propiciar el perdón a los jefes de la dictadura militar sin mostrar la punta de la sotana. La idea de combate contra un enemigo externo a la sociedad que se caracteriza como un flagelo a destruir es la que fracasa en el mundo desde hace 40 años, cuando el ex presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon declaró la “guerra a las drogas”. Esa Red de Vida creada por la Conferencia Episcopal muestra los nexos entre este emprendimiento del almirante Reyser y la agonizante Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), y su titular, José Granero, quien tiene tres pedidos de procesamiento, por delitos con estupefacientes y sólo se sostiene en el gobierno y en libertad por presión de la DEA. Esa página reproduce un artículo publicado por el obispo Lozano en La Nación, en la que afirma que la Sedronar “no da abasto” porque el gobierno nacional le retacea presupuesto. Ése es el mismo discurso, voceado por el propio Granero, que antes de Lozano repitieron el Departamento de Estado, la Coalición Cívica Libertadora y Graciela Camaño, del Peornismo Opositor. En el caso del Episcopado tiene que ver con el negocio de las granjas e institutos de recuperación de adictos y menores, como el que regenteaba el obispo Emilio Ogñenovich, fallecido en enero. Ese Hogar Terapéutico Jesús de Nazareth fue clausurado al comprobarse que era un “sitio de reclusión y de castigo”, con alambradas perimetrales de púas, celdas de penitencia y guardias de seguridad. La Red de Vida también incluyó en otra de sus páginas un informe del Sedronar sobre la toxicidad de la marihuana y un ataque al jefe de gabinete Aníbal Fernández por proponer su despenalización, en línea con el fallo de la Corte. Además, reprodujo una nota del diario estadounidense New York Times en la que Granero acusa a Fernández de obstruir su labor y minimiza el hallazgo de ocho kilos de cocaína en una camioneta que conducía su chofer. Al informar sobre un Encuentro en una iglesia de La Boca, la Red narra las experiencias con el programa “Quiero ser” de la Sedronar en algunas escuelas de la diócesis de San Isidro.

A Roma

Los obispos se ilusionan con que la campaña sobre drogas, pobreza e inseguridad disuada el avance legislativo de nuevos proyectos de expansión de derechos y libertades. Entre ellos, los que consagrarían el reconocimiento y respeto a la identidad de género y el acceso al sistema público de salud de las personas travestis, transexuales y transgéneros, y despenalizarían el aborto durante los primeros tres meses del embarazo (que según las investigaciones recientes de Fortunato Mallimaci y Juan Cruz Esquivel, por un lado, y de la consultora Poliarquía, por el otro, gozan de amplio consenso aun entre los fieles católicos). Así, los obispos también esperan disimular las fisuras internas, a raíz de las reformas del año pasado sobre el matrimonio, que suprimieron del Código Civil cualquier referencia al sexo de los contrayentes. Bergoglio instó a librar una guerra de Dios contra esa ley, que consideró inspirada por el Demonio, pero sus contendientes internos, encabezados por el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, consideran tibios esos esfuerzos. Pese a que el auxiliar de Aguer en La Plata, Antonio Marino, fue el encargado del lobby confesional sobre el Congreso, este sector responsabiliza a Bergoglio, por haber admitido como presunto mal menor un proyecto de unión civil, que dejara a salvo el sagrado vocablo matrimonio. Luego de la sanción de la ley, muchos obispos comenzaron a recibir cartas y mails con denuncias escabrosas sobre la vida privada de algunos de ellos, con otros hombres o con mujeres. Lo interpretaron como el comienzo de una Intifada para copar la conducción episcopal, con el apoyo del ex embajador argentino ante el Vaticano, Esteban Caselli, quien es gentilhombre del papa y directivo de la Soberana y Militar Orden de Malta, y del cardenal argentino Leonardo Sandri, prefecto de la congregación vaticana para las iglesias orientales. En la estrepitosa Asamblea Plenaria de noviembre, el jubilado obispo de Resistencia Carmelo Giaquinta propuso llevar la cuestión a Roma. Así se resolvió pese a la oposición de Aguer, Marino y Martín Elizalde, el obispo de 9 de Julio que no aplicó ninguna sanción canónica al sacerdote Christian von Wernich, no obstante su condena por crímenes de lesa humanidad.

Problemas con la justicia

Bergoglio y sus vicepresidentes en la jefatura episcopal, Luis Villalba y José María Arancedo, pidieron la audiencia con Benedicto XVI para plantear su disgusto por la incidencia de Caselli y Sandri en la designación de obispos argentinos y por su aliento a quienes los atacan con publicaciones que consideran calumniosas. Una hermana de Sandri escondió al prófugo banquero vaticano estafador Francisco Trusso, hasta que Aguer firmó la fianza que le permitió quedar en libertad. La pugna en la Conferencia Episcopal refleja la ausencia de conducciones fuertes como las que ejercieron Antonio Caggiano y Raúl Primatesta, cada uno de los cuales fue el líder indiscutible durante un cuarto de siglo. Quien parecía en condiciones de sucederlos fue Antonio Quarracino, un amante de los placeres de la vida y de la mesa. Pero murió apenas siete años después de asumir el Arzobispado porteño, sin tiempo para consolidar su poder. Desde entonces, la conducción episcopal rotó entre presidentes débiles, como Estanislao Karlich, Eduardo Mirás y, desde 2005, Bergoglio. Arancedo, quien es primo hermano del ex presidente Raúl Alfonsín, y los obispos de Corrientes y de Gualeguaychú, Andrés Stanovnik y Jorge Lozano, son las principales candidaturas que este sector opone a la de Aguer para la sucesión. Desde el otro bando se recriminan a Bergoglio sus actividades conjuntas con los rabinos Sergio Berman y Abraham Skorka y haber promovido como obispo auxiliar porteño a un sacerdote que había sido mencionado en una sentencia de divorcio vincular por adulterio. Según el fallo judicial, que los Aguerridos difundieron aquí y en Roma, el marido cornudo debió “soportar, aguantar y resistir la agresión, indiferencia y desatención absoluta de su cónyuge, a partir de sus sentimientos amorosos, confesos e inocultables” por el ahora obispo. Ambos sectores llegaron al cotejo en posición de relativa debilidad y problemas con la justicia. La semana pasada, en los fundamentos de la condena del Tribunal Oral Federal 1 de Córdoba a los ex dictadores Jorge Videla y Luciano Menéndez, el juez José María Pérez Villalobos mencionó la “colaboración” de Primatesta y de los capellanes del Ejército Eduardo McKinnon y Sabas Gallardo “en la ejecución de los planes de los golpistas”. No pueden ser juzgados, porque los tres murieron. Pero Bergoglio vive. El año pasado, al testimoniar en el juicio por la ESMA, se abroqueló en generalidades, nolosupes y nomeacuerdos, pero este mes el arquitecto Rodolfo Yorio lo incriminó en el secuestro de su hermano, el sacerdote Orlando Yorio, y entregó documentación comprometedora al tribunal, por lo que el jefe de la Iglesia argentina podría ser citado a declaración indagatoria. Los enredos de Caselli, quien es senador italiano por el partido de Silvio Berlusconi, Pueblo de la Libertad, no son menos acuciantes. El gobierno argentino decidió mudar la residencia y oficinas de la embajada ante el papado, cuando le pidieron para renovar el alquiler del Palazzo Patrizzi, un incremento de 24.460 a 31.000 euros mensuales. El Poder Ejecutivo no aceptó la petición pese al lobby que realizaba a favor de la permanencia en esa suntuosa sede el obispo Canciller de la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano, Marcelo Sánchez Sorondo (h). Caselli lo alquiló como sede de la Fundación Italianos en el mundo. Sus otros directivos fueron los también legisladores berlusconianos Nicola Di Girolamo y Basilio Giordano. Di Girolamo, elegido por los italianos que viven en otros países de Europa, debió renunciar a su banca y fue detenido el año pasado, una vez que se publicaron fotos suyas con jefes de la mafia calabresa, la n’dranghetta, conversaciones telefónicas con ellos y negocios compartidos de lavado de dinero por miles de millones de euros. El ex senador argentino Eduardo Duhalde asistió a un encuentro de la Fundación en Roma, y Di Girolamo compartió la inauguración de su sede en Buenos Aires con Aguer y Berman. Según el diputado del Partido Democrático Fabio Porta, la n’dranghetta habría falsificado las boletas con las que fueron electos Di Girolamo por los italianos europeos y Caselli por los italianos en América. En marzo de 2010, el Pueblo de la Libertad desmintió que Caselli estuviera bajo investigación, pero hace dos semanas el diario Il fatto quotidiano informó que el fiscal romano Giancarlo Capaldo denunció a Caselli por fraude electoral y falsificación de instrumento público. La causa se extiende al ex cónsul en Buenos Aires, Giancarlo María Curcio, a su jefe informático Marcello Valeri, al cartero Oscar Andreani y al calabrés Francesco Arena, que transmite en Radio Splendid el programa Italia Tricolor. Debido a estas desgracias, la Fundación dejó de pagar los alquileres, el propietario consiguió el desalojo y la justicia la declaró en quiebra. También se secaron los fondos para la estrambótica candidatura presidencial de Caselli. La menguada influencia que aún ejerce el ex embajador, como agente vaticano inserto en el sistema político italiano, se ejerció en estos días para conseguir que la nueva investigación por lavado de dinero al famoso IOR que administraba la Santa Sede y usaba la mafia, no la realizaran las instituciones europeas sino las de la conversable Italia de Berlusconi. Por eso, el Papa y su jefe de gabinete, Tarcisio Bertone instaron a ambas facciones a una tregua y a emprender una fuga hacia delante, con una nueva arremetida contra el gobierno en defensa de causas nobles, como la lucha contra la droga, la pobreza y la inseguridad.