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lunes, 26 de noviembre de 2012

Franja de Gaza: Historia y Situación Actual

Franja de Gaza 


La Franja de Gaza es una estrecha franja de tierra situada en el Próximo Oriente, al suroeste de Israel y al noroeste de la península del Sinaí de Egipto, y que junto con Cisjordania forma los llamados Territorios Palestinos. Tiene 11 km de frontera con Egipto, en la ciudad de Rafah, y 51 km de frontera con Israel; también tiene 40 km de costa en el Mediterráneo. 


Historia 

La Franja de Gaza fue una provincia del Mandato Británico de Palestina entre los años (1917-1948). Tras la partición decidida por la ONU en 1947 entre Palestina y el nuevo estado de Israel, la franja quedaba integrada al Estado palestino. Sin embargo, tras la guerra árabe-israelí de 1948, el territorio fue militarmente ocupado por Egipto. 

En 1967 la franja fue conquistada por Israel. Así permaneció hasta 1994, cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo. Como parte del tratado, la Autoridad Nacional Palestina recibió el 80% del territorio. 

Desde el inicio de la intifada o levantamiento palestino en 2000, el Ejército israelí realizó numerosas incursiones de represalia en la Franja. Los israelíes han instalado puestos de control fronterizos y han restringido los desplazamientos. La Knesset (Parlamento israelí) aprobó un plan de retirada para finales de 2005. 


Economía y situación humanitaria 

Según la ONU, en 2006 casi dos tercios de la población de la Franja vivía bajo el nivel tolerable de pobreza, dependiendo de la ayuda humanitaria internacional. Antes de la intifada de septiembre de 2000, unos 30.000 palestinos habitantes de Gaza trabajaban en las industrias israelíes. En diciembre de 2003, esta cifra se redujo a 4.000, según cifras del Banco Mundial. Cada empleado palestino mantiene a un promedio de siete personas. Alrededor de 600.000 personas reciben ayuda alimentaria de la ONU. 

En promedio, 45 palestinos murieron cada día del año 2004 como resultado de la creciente violencia y los enfrentamientos. Más de 24.000 palestinos han perdido sus hogares en los últimos cuatro años como resultado de las demoliciones llevadas a cabo por el Ejército israelí, que destruía en promedio 120 edificaciones cada mes. 

Tras la elecciones en 2006, Hamás obtuvo el poder en la franja. Dicho partido se niega a reconocer al Estado de Israel, no renuncia a la violencia y se niega a los acuerdos anteriores firmados por la antigua OLP. En opinión de Israel, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, Hamás es una organización terrorista, por lo que dichas entidades congelaron todos los fondos con anterioridad destinados a Hamás. 

El 6 de marzo de 2008, varias ONGs pro-derechos humanos presentaron un informe en el que consideran que la situación de la población de la Franja de Gaza es la peor desde la Guerra de los Seis Días, calificando a la Franja como "una cárcel". Según este informe, el bloqueo llevado a cabo por el ejército israelí contra la Franja de Gaza ha influido negativamente en el empleo, llevando la tasa de paro hasta el 40%; en la industria, suspendiéndose el 90% de la actividad industrial de la Franja; y en la capacidad económica de sus habitantes, que dependen en un 80% de la ayuda humanitaria extranjera La declaración de la Franja de Gaza como "entidad hostil" por parte de Israel ha supuesto el corte del suministro de electricidad, combustible, mercancías y agua. 

Debido al bloqueo que sufre la Franja, la zona continúa dependiendo económicamente de la ayuda humanitaria de la ONU, que llega a través de Israel, aunque los bloqueos militares dificultan esta ayuda. Las mujeres de Gaza trabajan por lo general en las labores del hogar, construyendo así las base de la sociedad (educando a los niños) o en las industrias locales de artesanía, ya que el hombre tiene la responsabilidad de mantener a su esposa e hijos. 

Así, los ingresos familiares son obtenidos por los hombres y los hijos mayores, que trabajan en las industrias de servicios (36%), en la construcción (33%), en la agricultura (20%) y en otras actividades industriales (10%). Aproximadamente el 40% de estos puestos de trabajo se hallan en Israel; sin embargo, los problemas políticos interrumpen con frecuencia el flujo de trabajadores hacia ese país. 

Esto ha causado grandes privaciones a la población palestina, ya que el 35% de su producto nacional bruto (PNB) proviene de los salarios conseguidos en Israel. Los proyectos promovidos por empresas internacionales para crear empleo local y mejorar la calidad de vida en Gaza (que incluyen la construcción de nuevas viviendas y la creación de un sistema de tratamiento de aguas residuales) aún no han sido puestos en marcha. 

En la actualidad están en proyecto diversos parques industriales en la frontera entre Gaza e Israel, pero estas iniciativas no proporcionarán un alivio inmediato. Las exportaciones de cítricos a Europa se han incrementado, aunque debido a la escasez de agua y a las pocas tierras disponibles, la actividad agrícola no puede sostener por sí sola a la población. 


Gobierno y política 

Desde 1948, la Franja fue administrada por Egipto hasta 1967, fecha en la que sería conquistada por Israel en la Guerra de los Seis Días. Israel no pone fin a su ocupación militar y civil hasta 2005, fecha del Plan de retirada unilateral. Tras ello, el territorio quedaba bajo control directo de la Autoridad Nacional Palestina; empero, en junio de 2007, tras violentos combates entre el movimiento Al Fatah, leal al presidente palestino Mahmoud Abbas, y los radicales islámicos de Hamás, la totalidad del territorio se halla bajo el control de este último grupo. Israel, por su parte, mantiene el control sobre las fronteras de Gaza, tanto con Egipto como con el propio Israel, y controla también su espacio marítimo y aéreo. 


Situación actual 

La Autoridad Palestina se ha encargado de la administración civil y de seguridad en la Franja de Gaza desde 1994. No hay asentamientos israelíes o bases militares en la Franja de Gaza desde la retirada israelí del 12 de septiembre de 2005. 

Tras la toma de poder de Hamas (el 14 de junio de 2007), Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina y miembro de Al Fatah, expulsó a Hamas del gobierno formando un gabinete en la capital en Cisjordania. El gobierno de Abbas ha ganado amplio apoyo internacional. Egipto, Jordania y Arabia Saudita declararon a fines de junio de 2007 que el gabinete conformado en Cisjordania es el único gobierno legítimo de Palestina. Confirmando lo declarado, Egipto trasladó su embajada de Gaza a Cisjordania. Hamas, que mantiene el control efectivo de la Franja, se enfrenta al aislamiento internacional, tanto diplomático como económico . 

Hamas controla la frontera internacional con Egipto, así como con Israel. Sin embargo, en virtud del Tratado de Paz Israel-Egipto de 1979 el cruce entre la Franja de Gaza y Egipto se realizaba sólo a través del cruce fronterizo de Rafah. Desde la desconexión realizada por Israel en septiembre de 2005, en virtud de un acuerdo separado este cruce ha sido supervisado por la Misión de Asistencia de la Unión Europea. Desde el asalto de Hamas de la Franja de Gaza, los monitores ven impedidas sus funciones en el marco del acuerdo, alegando motivos de seguridad; ello ha resultado en el cierre del puesto de Rafah. El único acceso por tierra se hace a través de Israel, por los cruces de Erez y Karni. 

Israel ha llevado a cabo una dura política, cortando el suministro de combustible, el acceso a medicinas, y suministros. Calificándolo por algunos medios como ghetto de Gaza, en comparación del Ghetto de Varsovia.

Las luchas internas entre Hamas y Fatah, los ataques de Israel con el subsiguiente corte de energía y combustibles (como respuesta a los ataques de Hamas), sumen a la ciudadanía en un estado de caos y desesperanza. 

El 23 de enero de 2008, militantes palestinos destruyeron varias partes del muro que divide la Franja de Gaza de Egipto, en la ciudad de Rafah. Miles de habitantes de Gaza atravesaron la frontera en busca de suministros. Dada la crisis, el presidente egipcio Hosni Mubarak ordenó a sus tropas permitir el paso a los palestinos, pero verificando que no reingresaran con armas. Esto fue imposible de realizar, ya que las masas desafiaron a la policía fronteriza egipcia. 

Israel lanzó su operación "Plomo Fundido" el 27 de diciembre a la Franja de Gaza, en respuesta a los ataques de Hamas con cohetes de fabricación casera y granadas de mortero contra la población israelí. En cuatro días de bombardeos israelíes ya se habían contabilizado 380 muertos y mil 700 heridos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Asamblea General de la ONU 2011

21 de Septiembre 2011, New York: La presidenta Cristina Fernández habló ante la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU), en un discurso en el que abogó por el diálogo sobre la soberanía de Malvinas y defendió el derecho de Palestina a ser tenido en cuenta como miembro de pleno derecho en la organización: "Me gustaría que Palestina tuviera este año el lugar 194 en la ONU", aseguró. También, afirmó que "la especulación financiera parece no tener freno", al reclamar mayor regulación al movimiento de capitales.




martes, 3 de mayo de 2011

Un soldado de la causa de EE.UU. y de su propia venganza

EL RETRATO DE BIN LADEN DESDE SUS AÑOS EN PAKISTAN
El jefe de la red terrorista fue un adversario de Washington, pero también se enroló bajo su bandera. Fue crítico de la monarquía saudita, pero la sirvió. En la ciudad de Peshawar, fronteriza con Afganistán, formó su militancia.
 Por Eduardo Febbro
Desde París
En aquellos años de pesquisa inicial –septiembre/octubre 2001–, Bin Laden era un emblema en las calles de Peshawar. Esta ciudad paquistaní fronteriza con Afganistán había visto surgir de sus callejuelas mugrientas el mito y la realidad. Bin Laden se había instalado allí para tejer su imperio de terror con la inagotable ayuda que, en esos tiempos de Guerra Fría y con Afganistán invadido por las tropas de la ex Unión Soviética, le proporcionó Estados Unidos. En la casi totalidad de las escuelas coránicas de Peshawar y sus alrededores el retrato de Bin Laden era omnipresente. Desde lo alto de un muro su barba tupida presidía todos los encuentros con los líderes islamistas radicales de Pakistán. Las celebraciones por su muerte contrastan con los años en que Washington le entregaba armas, millones de dólares y apoyo logístico. Bin Laden supo ser un disciplinado soldado doble: el de la causa norteamericana primero, el de su propia venganza después.
El millonario saudita comenzó su verdadera carrera en Peshawar. Esta ciudad colorida, de casas bajas y habitada por una legión de enigmáticos emisarios, agentes secretos y traficantes de todo tipo fue el ojo virulento donde se gestó la versión más eficaz del islamismo radical como pieza de una estrategia que tenía un solo objetivo: decapitar a los ejércitos de la ex Unión Soviética que ocupaban la vecina Afganistán. En 2001, sus discípulos perpetuaban su leyenda y reivindicaban su legado. En la escuela coránica de Al-Haqqania la foto de Bin Laden ocupaba un lugar destacado en el escritorio del director, Sami Ul-Haq, el jefe del partido islamista Jamiat Ulema-e-Islam, con quien Laden aparece en la imagen. “Osama es un sabio, un hombre simple, lleno de bondad. Lo único que ha hecho es defender los intereses y los derechos de los musulmanes”, decía Hamid Ul-Haq, el hijo del director. Los 2500 alumnos de esta madraza fundada a mediados de los años ’40 por el padre de Sami Ul-Haq para luchar contra el colonialismo británico profesaban la misma convicción. “Es el más grande entre todos, el más inteligente, el único”, decía Nassim, un muchacho de apenas 11 años embrujado por el relato de Bin Laden. Cuando llegó a Peshawar en los años ’80, Bin Laden se mezcló con la gente, como uno más. Vivió y durmió en la calle junto a los demás pobres, fue devoto, solidario y atento a sus semejantes. Lo habían apodado “el constructor”, porque dedicó parte de su fortuna y de los fondos provenientes de Estados Unidos, Arabia Saudita y de las monarquías del Golfo Pérsico a construir rutas, hospitales, túneles, campos de entrenamiento y madrazas.
Osama siempre actuó con un doble
Fue un crítico de la monarquía saudita, pero la sirvió; fue un adversario de Estados Unidos, pero también se enroló bajo su bandera. Laden realizó varios viajes a Peshawar y se instaló en 1982. Venía con una misión estructurada. A finales de los años ’70, Bin Laden se puso al servicio del príncipe Turki Ibn Al Facyçal Ibn Abdelaziz, el jefe de los servicios secretos de Arabia Saudita. Abdelaziz le encargó la creación de una organización capaz de implantarse en Afganistán y expandir el Islam combatiente para desalojar a los rojos. Así nació la “Legión Islámica”. Laden se encontró en Peshawar con Abdullah Azzam, su guía espiritual, su modelo, su mentor. Azzan era un palestino de Cisjordania, ex miembro de la OLP, Organización para la Liberación de Palestina de Yaser Arafat. Azzan defendía con posturas radicales su mirada sobre el Islam y era también un crítico acérrimo de la dirigencia palestina. Indignado por la corrupción en el seno del movimiento, Azzam había dejado la OLP. Abdullah Azzam dirigió en Londres la editorial Azzam Publication y había editado una biografía de Bin Laden y varios libros donde promovía la lucha armada. En Peshawar, Azzam se encargaba de unir a los combatientes árabes que iban a combatir a los soviéticos en Afganistán. El palestino estaba al frente de una estructura, la llamada “oficina afgana”, la Makhtab al-Klidamet, MAK, que centralizaba a los combatientes árabes. Su principio motor siempre fue intratable: “La Guerra Santa y los fusiles exclusivamente. No a la negociación, no a las conferencias, no al dialogo”. Azzan influenció profundamente a Osama bin Laden. El hombre era de una estatura fuera de lo común. “Un guerrero sin igual, un hombre profundamente impregnado en el Islam, convencido en lo más profundo de su corazón de que el credo de la guerra santa y el martirio eran los únicos caminos para liberar las tierras musulmanas”, contaba Tahmin, un afgano fundamentalista que lo frecuentó con asiduidad en los años ’80. Para Azzam sólo había un opción: sacar a los soviéticos de Afganistán mediante la guerra santa. “La Jihad debe continuar hasta que todos los pueblos oprimidos sean liberados, la Jihad debe continuar para proteger nuestra dignidad y recuperar nuestras tierras ocupadas. La Jihad es la forma de obtener la gloria eterna”, decía en sus sermones. Abdullah Azzan no era un mero predicador sino un hombre de acción que peleó en Afganistán y federó parte de la resistencia contra el ocupante soviético.
Bin Laden copió su modelo. Osama creó en Peshawar su propia organización, Bayt al Ansar, “La Casa de los Partidarios”, y rápidamente se convirtió en el financista de las dos organizaciones gracias a los fondos suministrados por Arabia Saudita, las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, Pakistán y la CIA. El apoyo de Occidente fue tan pleno que Bayt al Ansar y Makhtab Al Klidamet abrieron oficinas en Estados Unidos, Londres, en los países del Golfo y en Egipto. Con ese dinero Bin Laden puso en pie un edificio poderoso. Azzam y Bin Laden gestionaban desde Peshawar el primer circuito internacional de combatientes. Bayt al Ansar y Makhtab al Klidamet llegaron a contar con más de 50.000 voluntarios que fueron enviados a Afganistán. Azzam y Osama constituían una pareja perfecta. Tenían dinero, influencia, prestigio, eran auténticos jihadistas, habían sabido captar la humillación profunda del mundo musulmán. Ambos extrajeron de la palabra de Alá lo que les convenía para su guerra de liberación. Durante ese período Bin Laden conoció al Molá Omar, el dirigente afgano que algunos años más tarde se convertiría en el jefe de los talibán. El nombre de Al Qaida también lleva el sello de Peshawar. A fin de supervisar las idas y venidas de los voluntarios árabes que dependían de Bayt al Ansar, Bin Laden creó un registro. Ese documento era la espina dorsal de la estructura administrativa con la cual se hacía el repertorio de los combatientes. Bin Laden le puso el nombre: “Registro de la Base”, es decir, Al Qaida, la Base.
El Corán, las tierras ocupadas, las invasiones, Bin Laden, la manipulación de la religión, los intereses geopolíticos de Estados, el conflicto entre Washington y Moscú, el petróleo y el clérigo saudita montaron una mecánica siniestra que arrastró a muchas vidas. Hamid UlHaq, el hijo del director de la escuela coránica de Al Haqqania, recordaba con ironía que si Bin Laden pasó a ser el enemigo número 1, hubo un tiempo en que no tuvo ese estatuto: “La CIA apoyó a Bin Laden porque era una pieza clave en la guerra contra los soviéticos. Después bombardearon un país para buscarlo, pero Osama fue tratado como un héroe por los norteamericanos”.
La CIA también respaldó a la madraza. El abuelo de Hamid Ul Haq la fundó en 1947 para luchar contra el colonialismo británico y Estados Unidos la reactivó a principios de los años ’80 como centro de formación de combatientes contra los soviéticos. “Ustedes encarnan el bien supremo. ¡Combatan al Diablo!” Ese era el credo con el que Washington repartía sus millones en las madrazas de Pakistán.
Parte del mundo que conocemos Osama bin Laden lo diseñó en Peshawar. Bin Laden y sus redes islamistas contribuyeron a derrocar a los soviéticos que habían invadido Afganistán. La siguiente etapa consistió en preparar el terreno de la derrota del imperio que le había facilitado fondos y material para su primera empresa. Muy a pesar suyo, Hamid Mir había frecuentado a Bin Laden más de lo que deseó. Este periodista paquistaní, redactor en jefe del diario Daily Ausaf, especializado en informaciones sobre los movimientos islamistas, era uno de los periodistas que más veces había hablado con Bin Laden. La primera fue en 1997, cuando le hizo una entrevista en Afganistán. La segunda en 1998, cuando Osama lo acorraló para que Mir escribiera su biografía. La última remontaba a noviembre de 2001, en plena guerra de Afganistán. Bin Laden lo había vuelto a elegir como “interlocutor” para transmitir su mensaje al mundo. En esa ocasión, Hamid Mir lo entrevistó en un lugar inhóspito, sacudido por el eco de las bombas norteamericanas. Mir no pensaba como todo el mundo. Seguía convencido de que Occidente había “sobreestimado” a Bin Laden, que Osama era “apenas un guerrillero de las montañas, un luchador solitario, una suerte de primitivo que ni siquiera hablaba inglés o usaba teléfonos satelitales”. Bin Laden, la sombra del Islam armado fomentada por Estados Unidos, era, según Hamid Mir, un pésimo conocedor de la religión: “Sólo conocía los principios generales del Islam”. Mir resumía el pensamiento de Osama bin Laden cuando decía que si el líder de Al Qaida “pudo expulsar a los soviéticos de Afganistán, ¿por qué no sería capaz de echar a los norteamericanos de Arabia Saudita?”. Para ello preparó la trampa afgana. Osama terminó edificando una estructura de terror respaldado por quienes, más tarde, lo perseguirían.
La historia retendrá otro hecho, tan doble como Bin Laden. Osama fue a Peshawar encomendado por el hoy ex jefe de los servicios secretos de Arabia Saudita, el príncipe Turki Ibn Al Facyçal Ibn Abdelaziz. Fue el mismo príncipe quien, el año pasado, propuso unir las fuerzas de Estados Unidos, Arabia Saudita, Pakistán, China, Rusia y Afganistán para asesinarlo. Tenía miedo de uno de los credos más repetidos por Bin Laden en los últimos años: “terminar con los gobiernos árabes corruptos”. Muchos ya cayeron, pero sin Al Qaida como instrumento sino por la revuelta y la voluntad popular.