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lunes, 26 de noviembre de 2012

Franja de Gaza: Historia y Situación Actual

Franja de Gaza 


La Franja de Gaza es una estrecha franja de tierra situada en el Próximo Oriente, al suroeste de Israel y al noroeste de la península del Sinaí de Egipto, y que junto con Cisjordania forma los llamados Territorios Palestinos. Tiene 11 km de frontera con Egipto, en la ciudad de Rafah, y 51 km de frontera con Israel; también tiene 40 km de costa en el Mediterráneo. 


Historia 

La Franja de Gaza fue una provincia del Mandato Británico de Palestina entre los años (1917-1948). Tras la partición decidida por la ONU en 1947 entre Palestina y el nuevo estado de Israel, la franja quedaba integrada al Estado palestino. Sin embargo, tras la guerra árabe-israelí de 1948, el territorio fue militarmente ocupado por Egipto. 

En 1967 la franja fue conquistada por Israel. Así permaneció hasta 1994, cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo. Como parte del tratado, la Autoridad Nacional Palestina recibió el 80% del territorio. 

Desde el inicio de la intifada o levantamiento palestino en 2000, el Ejército israelí realizó numerosas incursiones de represalia en la Franja. Los israelíes han instalado puestos de control fronterizos y han restringido los desplazamientos. La Knesset (Parlamento israelí) aprobó un plan de retirada para finales de 2005. 


Economía y situación humanitaria 

Según la ONU, en 2006 casi dos tercios de la población de la Franja vivía bajo el nivel tolerable de pobreza, dependiendo de la ayuda humanitaria internacional. Antes de la intifada de septiembre de 2000, unos 30.000 palestinos habitantes de Gaza trabajaban en las industrias israelíes. En diciembre de 2003, esta cifra se redujo a 4.000, según cifras del Banco Mundial. Cada empleado palestino mantiene a un promedio de siete personas. Alrededor de 600.000 personas reciben ayuda alimentaria de la ONU. 

En promedio, 45 palestinos murieron cada día del año 2004 como resultado de la creciente violencia y los enfrentamientos. Más de 24.000 palestinos han perdido sus hogares en los últimos cuatro años como resultado de las demoliciones llevadas a cabo por el Ejército israelí, que destruía en promedio 120 edificaciones cada mes. 

Tras la elecciones en 2006, Hamás obtuvo el poder en la franja. Dicho partido se niega a reconocer al Estado de Israel, no renuncia a la violencia y se niega a los acuerdos anteriores firmados por la antigua OLP. En opinión de Israel, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, Hamás es una organización terrorista, por lo que dichas entidades congelaron todos los fondos con anterioridad destinados a Hamás. 

El 6 de marzo de 2008, varias ONGs pro-derechos humanos presentaron un informe en el que consideran que la situación de la población de la Franja de Gaza es la peor desde la Guerra de los Seis Días, calificando a la Franja como "una cárcel". Según este informe, el bloqueo llevado a cabo por el ejército israelí contra la Franja de Gaza ha influido negativamente en el empleo, llevando la tasa de paro hasta el 40%; en la industria, suspendiéndose el 90% de la actividad industrial de la Franja; y en la capacidad económica de sus habitantes, que dependen en un 80% de la ayuda humanitaria extranjera La declaración de la Franja de Gaza como "entidad hostil" por parte de Israel ha supuesto el corte del suministro de electricidad, combustible, mercancías y agua. 

Debido al bloqueo que sufre la Franja, la zona continúa dependiendo económicamente de la ayuda humanitaria de la ONU, que llega a través de Israel, aunque los bloqueos militares dificultan esta ayuda. Las mujeres de Gaza trabajan por lo general en las labores del hogar, construyendo así las base de la sociedad (educando a los niños) o en las industrias locales de artesanía, ya que el hombre tiene la responsabilidad de mantener a su esposa e hijos. 

Así, los ingresos familiares son obtenidos por los hombres y los hijos mayores, que trabajan en las industrias de servicios (36%), en la construcción (33%), en la agricultura (20%) y en otras actividades industriales (10%). Aproximadamente el 40% de estos puestos de trabajo se hallan en Israel; sin embargo, los problemas políticos interrumpen con frecuencia el flujo de trabajadores hacia ese país. 

Esto ha causado grandes privaciones a la población palestina, ya que el 35% de su producto nacional bruto (PNB) proviene de los salarios conseguidos en Israel. Los proyectos promovidos por empresas internacionales para crear empleo local y mejorar la calidad de vida en Gaza (que incluyen la construcción de nuevas viviendas y la creación de un sistema de tratamiento de aguas residuales) aún no han sido puestos en marcha. 

En la actualidad están en proyecto diversos parques industriales en la frontera entre Gaza e Israel, pero estas iniciativas no proporcionarán un alivio inmediato. Las exportaciones de cítricos a Europa se han incrementado, aunque debido a la escasez de agua y a las pocas tierras disponibles, la actividad agrícola no puede sostener por sí sola a la población. 


Gobierno y política 

Desde 1948, la Franja fue administrada por Egipto hasta 1967, fecha en la que sería conquistada por Israel en la Guerra de los Seis Días. Israel no pone fin a su ocupación militar y civil hasta 2005, fecha del Plan de retirada unilateral. Tras ello, el territorio quedaba bajo control directo de la Autoridad Nacional Palestina; empero, en junio de 2007, tras violentos combates entre el movimiento Al Fatah, leal al presidente palestino Mahmoud Abbas, y los radicales islámicos de Hamás, la totalidad del territorio se halla bajo el control de este último grupo. Israel, por su parte, mantiene el control sobre las fronteras de Gaza, tanto con Egipto como con el propio Israel, y controla también su espacio marítimo y aéreo. 


Situación actual 

La Autoridad Palestina se ha encargado de la administración civil y de seguridad en la Franja de Gaza desde 1994. No hay asentamientos israelíes o bases militares en la Franja de Gaza desde la retirada israelí del 12 de septiembre de 2005. 

Tras la toma de poder de Hamas (el 14 de junio de 2007), Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina y miembro de Al Fatah, expulsó a Hamas del gobierno formando un gabinete en la capital en Cisjordania. El gobierno de Abbas ha ganado amplio apoyo internacional. Egipto, Jordania y Arabia Saudita declararon a fines de junio de 2007 que el gabinete conformado en Cisjordania es el único gobierno legítimo de Palestina. Confirmando lo declarado, Egipto trasladó su embajada de Gaza a Cisjordania. Hamas, que mantiene el control efectivo de la Franja, se enfrenta al aislamiento internacional, tanto diplomático como económico . 

Hamas controla la frontera internacional con Egipto, así como con Israel. Sin embargo, en virtud del Tratado de Paz Israel-Egipto de 1979 el cruce entre la Franja de Gaza y Egipto se realizaba sólo a través del cruce fronterizo de Rafah. Desde la desconexión realizada por Israel en septiembre de 2005, en virtud de un acuerdo separado este cruce ha sido supervisado por la Misión de Asistencia de la Unión Europea. Desde el asalto de Hamas de la Franja de Gaza, los monitores ven impedidas sus funciones en el marco del acuerdo, alegando motivos de seguridad; ello ha resultado en el cierre del puesto de Rafah. El único acceso por tierra se hace a través de Israel, por los cruces de Erez y Karni. 

Israel ha llevado a cabo una dura política, cortando el suministro de combustible, el acceso a medicinas, y suministros. Calificándolo por algunos medios como ghetto de Gaza, en comparación del Ghetto de Varsovia.

Las luchas internas entre Hamas y Fatah, los ataques de Israel con el subsiguiente corte de energía y combustibles (como respuesta a los ataques de Hamas), sumen a la ciudadanía en un estado de caos y desesperanza. 

El 23 de enero de 2008, militantes palestinos destruyeron varias partes del muro que divide la Franja de Gaza de Egipto, en la ciudad de Rafah. Miles de habitantes de Gaza atravesaron la frontera en busca de suministros. Dada la crisis, el presidente egipcio Hosni Mubarak ordenó a sus tropas permitir el paso a los palestinos, pero verificando que no reingresaran con armas. Esto fue imposible de realizar, ya que las masas desafiaron a la policía fronteriza egipcia. 

Israel lanzó su operación "Plomo Fundido" el 27 de diciembre a la Franja de Gaza, en respuesta a los ataques de Hamas con cohetes de fabricación casera y granadas de mortero contra la población israelí. En cuatro días de bombardeos israelíes ya se habían contabilizado 380 muertos y mil 700 heridos.

lunes, 9 de mayo de 2011

Ayman Al Zawahiri, el heredero de Bin laden

ORIUNDO DE LA GRAN BURGUESIA EGIPCIA, MANO DERECHA DE OSAMA, CEREBRO DE LOS ATENTADOS CONTRA LAS TORRES GEMELAS


En los últimos años, el cirujano apareció mucho más que su jefe para hablar en nombre de Al Qaida. Es el actor más determinante de esta etapa: suyo es el concepto de los operativos suicidas contra los intereses de EE.UU. en el mundo.
 Por Eduardo Febbro
Desde París
¿Hay un mundo distinto después de la o las muertes de Bin Laden? Sería una ficción creer en ello. Tarde o temprano, el doctor Al Zawahiri se encargará de desmentir las versiones optimistas sobre un mundo sin terrorismo globalizado que circulan desde la nueva muerte del príncipe de Al Qaida. Al lado de Ayman Al Zawahiri, Bin Laden es un oportunista aficionado. Bin Laden salió de escena, pero el egipcio Ayman Al Zawahiri sigue rondando entre las sombras a cargo de la red binladista y con un historial personal cuya coherencia y antigüedad hacen de él uno de los guerreros más constantes y temidos. Cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001, mano derecha de Bin Laden, cirujano, oriundo de la gran burguesía egipcia, hombre de letras refinado, profundamente influenciado por el pensamiento del intelectual Sayyid Qotob, el gran defensor del derrocamiento del gobierno corrupto de Egipto y teórico de los Hermanos Musulmanes, Al Zawahiri es un ejemplo de la trayectoria y la militancia del islamismo sunnita moderno así como del combate de esta corriente radical contra las autocracias árabes a los pies de Estados Unidos. Bin Laden era la figura de los medios, Al Zawahiri era, en cambio, el pensador, el conceptor, la materia gris de la organización terrorista. En los últimos años, Al Zawahiri apareció mucho más que Bin Laden para hablar en nombre de Al Qaida: fue el “doctor” quien hizo el primer comentario luego de la elección de Barack Obama, a quien calificó de “servidor negro”. Fue también él quien, a través de un video, celebró la caída del presidente egipcio Hosni Mubarak y luego llamó a los musulmanes a combatir a las fuerzas de la OTAN en Libia.
La vida de Al Zawahiri tiene tres etapas determinantes que van de la Jihad en Egipto a la Jihad en Afganistán, y de allí a la guerra santa contra Washington. Las tres están regidas por una misma trama: la Jihad contra los regímenes serviles del mundo musulmán, empezando por el de Hosni Mubarak. Ayman Al Zawahiri nació en El Cairo en 1951 en el seno de una familia acomodada. Rápidamente cayó bajo el embrujo del pensamiento islamista de Sayyed Qotob y de los relatos que corrían sobre su vida. Qotob tuvo también dos vidas y su influencia es indisociable tanto de Al Zawahiri como de las corrientes radicales sunnitas que se impregnarán con su filosofía.
La primera vida de Sayyed Qotob hizo de él un novelista y un intelectual respetado en la sociedad egipcia. La segunda empieza luego de su retorno de los Estados Unidos y lo convertirá en uno de los grandes teóricos islamistas. Su primer libro, Justicia Social en el Islam (All-adálat al-ijtimáiyya fí-lislám, 1949) promovía una serie de profundas reformas en el sistema social: reforma agraria, impuestos. Esta obra se convertirá en el zócalo de los movimientos sociales islamistas. El segundo libro, 1951, El Islam contra el capitalismo (Ma’arakat al-islam wa-l-rasmáliyya) será una diatriba violenta contra los valores norteamericanos y el hilo conductor de su pensamiento: derrocar al régimen egipcio por colaboracionista e instaurar un Estado regido por las leyes del Islam mediante la lucha armada, la Jihad. Ambas obras convertirán a Qotob en el teórico esencial de los Hermanos Musulmanes y a Al Zawahiri en su discípulo irrenunciable.
La tercera parte de la vida de Qotob terminará de completar la formación juvenil de Al Zawahiri. Arrestado y condenado a 25 años de cárcel en 1953 por el gobierno de Nasser, Qotob escribió en los campos de concentración nasseristas sus obras más densas, aquellas donde denuncia el paganismo de la sociedad egipcia, la corrupción espiritual, las contradicciones insalvables de las democracias occidentales, y en las que también propone una vanguardia para llevar adelante el renacimiento del Islam y purificar la sociedad. Al Zawahiri fue testigo de los últimos momentos de la vida de Qotob. El intelectual islamista fue ahorcado en 1966 y el heredero de Bin Laden asistió a la ejecución.
Al Zawahiri tomó el mismo camino. Entró en la clandestinidad con la meta de unirse a la lucha armada de los islamistas. En 1979 se integró a la Jihad Islámica, en cuyo seno se ocupó de reclutar a miembros del ejército egipcio. A principios de los ’80, Al Zawahiri fue uno de los artesanos del acercamiento entre dos corrientes islamistas antagónicas, la Jihad Islámica y la Gamaa Islamiya. Ambas pactaron el asesinato del ex presidente Anuar El Sadat inmediatamente después de que éste firmara el histórico tratado de paz con Israel (septiembre de 1978, acuerdos de Camp David). Sadat fue asesinado el 6 de octubre de 1981 durante un desfile militar. La ola de represión y arrestos que siguió alcanzó a Al Zawahiri, que fue detenido y condenado por complicidad con ese asesinato. Sin embargo, el doctor islamista fue rápidamente exculpado y liberado tres años más tarde. Pero la experiencia de la cárcel, los golpes, la humillación y la tortura no harán más que reforzar su convicción de que la jihad es la única salida: “Nunca olvidaremos, nunca olvidaremos”, gritó Al Zawahiri a los periodistas que asistían al juicio de los asesinos de Anuar El Sadat. Según Stéphane Lacroix, autor del libro Al Qaida en el texto, se trató de “una experiencia traumática y fundacional” para Al Zawahiri. Lacroix escribe que “fue en la cárcel donde Al Zawahiri se impuso como el verdadero líder del movimiento islamista radical egipcio”.
Una vez liberado (1984), Ayman Al Zawahiri partió rumbo a Arabia Saudita, Pakistán, Afganistán, Suiza, Alemania, Chechenia. Bin Laden y Al Zawahiri se encontraron en la ciudad paquistaní de Peshawar en los años en que Bin Laden trabajaba para Occidente reclutando y adiestrando islamistas para luchar contra las tropas de la ex URSS, que habían invadido Afganistán. Ambos, a su manera, sentaron las bases de la primera Al Qaida y su principal credo: la Guerra Santa “contra todos los regímenes apóstatas del mundo musulmán”. Gracias a las facilidades que Washington proporcionó en esos años a Bin Laden y sus tropas, Al Zawahiri pudo recorrer Europa, Asia y los Estados Unidos, protegido con el estatuto de miembro de la Media Luna Roja de Kuwait. Al Zawahiri, al mismo tiempo que desarrollaba Al Qaida, proseguía su cruzada contra el régimen de Mubarak. Dos intentos de asesinatos fallidos, 1993 y 1995, le alejaron de sus bases egipcias y crearon divisiones en el seno de los islamistas egipcios. Durante varios años el doctor Al Zawahiri intentará sin éxito reclutar militantes para su causa, pero terminará con Bin Laden en las montañas afganas protegido por los talibán. Los rasgos tangibles de su pensamiento aparecen con la creación, en 1998, del “Frente islámico mundial por la guerra santa contra los judíos y los cruzados” y, luego, con el edicto religioso, la fatua, estableciendo el asesinato de los norteamericanos y sus aliados como una obligación de cada musulmán. Al Zawahiri había permanecido hasta ese momento a la sombra de Bin Laden. Pero será, sin embargo, el actor más determinante de la segunda Al Qaida: el concepto de los operativos suicidas contra los intereses norteamericanos en el mundo, es decir, los kamikazes y los asesinatos de masas como el del 11 de septiembre, es suyo. La historia está llena de injusticias, paradojas y continuidades. La vida de Al Zawahiri no escapa a ello. Este combatiente sunnita no hizo sino perpetuar en su cercanía con Bin Laden la confrontación primitiva que estalló en Egipto entre un poder de rodillas ante Occidente, corrupto, déspota, antisocial y nada igualitario, y una corriente islamista con aspiraciones sociales ferozmente reprimida en nombre de la seguridad propia y ajena. Una vez más, a través de estos criminales notorios, el impacto de las políticas norteamericanas en el Mediterráneo, la nocividad de los planteos y la deliberada ignorancia de las sociedades no han hecho sino crear monstruos y más monstruos a lo largo de la historia.

viernes, 15 de abril de 2011

La voz egipcia se queda en plaza Tahrir

POR PRIMERA VEZ SE MENCIONA LA POLITICA, PERO LOS MILITARES CENSURAN QUE SE HABLE DE SU GOBIERNO
El ejército, al mando del país, reprimió las últimas protestas. El viernes pasado, día de rezo, como todos los viernes, se registraron dos muertes y decenas de heridos. El romance entre el pueblo y los militares llegó a su fin.
 Por Carolina Bracco
Desde El Cairo
Desde que la gente perdió el miedo de hablar, y desde que los medios perdieron el miedo de dejar a la gente hablar, parece que todo el mundo tiene algo que decir en Egipto. Luego de 30 años de represión, censura y abandono, la voz egipcia se esparce como pólvora, prendiendo fuego a todo resabio del régimen anterior. Denuncias de corrupción y abusos de todo tipo impregnan las pantallas de televisores y computadoras. Por primera vez se habla de política. De política sí, pero del gobierno militar no.
El director de la Junta de Asuntos Morales del ejército egipcio, Ismail Mohamed Othman, en una carta fechada el 22 de marzo pasado a los editores de todas las publicaciones egipcias, exigió que “no se publique ningún tema (noticia, declaración, queja, foto o anuncio) concerniente a las fuerzas armadas o comandantes de las fuerzas armadas, sin consultar primero con dicho organismo y con los servicios de Inteligencia.
Por incumplir este “pedido”, el bloguero Mikel Nabil fue condenado a 3 años de prisión luego de ser juzgado en un tribunal militar por denunciar que el actual gobierno es la continuación del régimen corrupto y criminal de Hosni Mubarak el pasado el 11 de abril. Los últimos acontecimientos parecen darle la razón. El viernes pasado, como todos los viernes, se convocó a manifestarse en la plaza Tahrir luego del rezo del mediodía, esta vez bajo el nombre de “viernes de la purificación”, dado que la consigna del día era que se expulse del gobierno a los funcionarios del gobierno anterior todavía en el poder, y se enjuicie a Hosni Mubarak y a su familia por estafar al pueblo egipcio.
Dos días antes habían comenzado a circular por Facebook y YouTube dos videos en los que dos militares acusaban a sus superiores de corrupción, torturas, abuso de poder y convocaban a la destitución del gobierno militar, a iniciar investigaciones a los militares involucrados en casos de tortura y represión durante la revolución, a la creación de un gobierno civil y el enjuiciamiento de Hosni Mubarak. Ambos vestían sus uniformes y mostraban sus documentos de identidad, demostrando pertenecer a la fuerza.
Sumándose a ellos, un grupo de unos veinte militares “rebeldes” se sumaron a la manifestación del viernes, donde se vieron muchas banderas palestinas en solidaridad con el pueblo palestino ante los bombardeos israelíes de las últimas semanas.
En lo que en aquel momento muchos desearon, pero nadie preveía que sucedería, se hizo un juicio simbólico a Hosni Mubarak y se encerró un muñeco con su cara en una jaula de madera ante la ovación de los presentes. El espíritu de la revolución había vuelto a las calles. Cantos, banderas, gritos, carteles con diferentes demandas, discusiones espontáneas entre los manifestantes y hasta un grupo de militares, los “rebeldes”, que se abrazaban con los manifestantes y llevaban la voz cantante de las demandas.
La protesta era como siempre pacífica, había algunas voces que proponían ir hasta Sharm al Sheikh –ciudad donde estaba Hosni Mubarak con su familia– para buscar al ex presidente y reclamarle todo lo que se ha robado. De allí surgió, desafiando el toque de queda (ahora de 2 a 5 de la mañana), la idea de quedarse acampando en la plaza para continuar las protestas al día siguiente. Unas 5 mil personas –entre los que se encontraban los militares “rebeldes”– comenzaron entonces a organizarse –-armar carpas con plásticos, traer comida, hacer fuego para calentarse– cuando el ejército se hizo presente en la plaza con camiones y unos 300 efectivos, y comenzaron a abrir fuego contra los presentes y a golpearlos duramente cuando se cruzaban con ellos. Camiones militares circulaban rodeando la plaza a toda velocidad, encerrando a los que estaban dentro.
Desde las 3 hasta las 5.45 am, el ruido de tiros y gritos retumbaba en todo el centro de El Cairo, aterrorizando a los vecinos que, apenas salían a los balcones para ver qué sucedía, eran apuntados por los militares.
Los manifestantes respondieron con piedras e incendiando un camión militar y un colectivo. El saldo, según fuentes oficiales, fue de 71 heridos y 2 muertos, presuntamente militares rebeldes. En los corazones y las cabezas retumbaban los recuerdos de la revolución.
El gobierno militar, en un extraño comunicado publicado esa madrugada en su perfil de Facebook, negaba la existencia de heridos o detenidos, a la vez que también anunciaba que “no tolerará ningún acto de vandalismo o cualquier acto que vaya contra los intereses del país y del pueblo”.
El sábado, desde la mañana, se acercó más gente a la plaza trepando por los alambrados que ahora rodean la plaza, como en los días de la revolución. El romance entre el pueblo y las fuerzas armadas había llegado oficialmente a su fin. El domingo llegó a los medios un CD grabado con la voz de Mubarak en el que preguntaba al pueblo egipcio por qué le piden que devuelva su dinero si él no tiene nada más que lo que es suyo, que nunca ha tocado un centavo de los fondos del Estado, a la vez que increpaba a quienes lo acusaban. Entre lo bizarro y lo tragicómico, el mensaje aumentó la fuerza del reclamo y el lunes volvió a llenarse la plaza, esta vez en los alrededores, ya que el alambrado no permitía el ingreso a los manifestantes.
Mientras que la manifestación transcurrió sin incidentes el lunes, al día siguiente a la tarde, cerca de las 17, el ejército encerró a los manifestantes y nuevamente abrió fuego contra ellos, dispersándolos. Si bien no se registraron heridos, sí se detuvo a una cantidad indefinida de personas, entre los que se encuentran dos extranjeros que estaban sentados en un café cerca de la plaza Tahrir. Ese mismo día, Hosni Mubarak supuestamente sufrió un ataque cardíaco mientras era interrogado en Sharm al Sheikh por la muerte de manifestantes durante la revolución y diversos casos de corrupción. Luego de ser llevado al hospital de esa ciudad y comprobar que se encontraba bien, él y sus hijos Ala y Gamal fueron detenidos para ser juzgados ante un tribunal en El Cairo el próximo 19 de abril. Entre la algarabía y el desconcierto, comienza un nuevo viernes en el Egipto revolucionario, que no pierde la esperanza de ver realizado aquel sueño de libertad.

lunes, 28 de marzo de 2011

Mubarak, con arresto domiciliario

EGIPTO
El ex presidente egipcio y su familia permanecen en detención domiciliaria sin poder dejar el país, según informó un comunicado militar. Las Fuerzas Armadas salieron así a desmentir los rumores sobre una salida de Mubarak, derrocado el pasado 11 de febrero, con destino a Arabia Saudita.
El ex presidente y su familia "están en detención domiciliaria en el interior de Egipto", indicó el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), instancia que dirige el país desde la renuncia de Mubarak.
"Las informaciones que circularon sobre su partida hacia Tabuk (Arabia Saudita) son erróneas", dice el comunicado, en referencia a un rumor que circula desde hace varios días.
Mubarak, 82 años, su esposa Suzanne y sus dos hijos, Alaa y Gamal, junto a sus esposas, se encontrarían en Sharm el Sheij, una estación balnearia egipcia a orillas del Mar Rojo.

jueves, 10 de marzo de 2011

Una insurrección dispar y tangible

EL MUNDO › LA AUSENCIA DE OPOSICION ESTRUCTURADA EN LIBIA ES UN EFECTO DE LAS TRIBUS, LA HISTORIA Y EL PERSONALISMO
Mientras el Parlamento Europeo pedía que fuera reconocido el opositor Consejo Nacional de Transición, Khadafi enviaba a sus representantes a Egipto, Portugal y Bruselas frente a una posible intervención de Europa y la OTAN.
 Por Eduardo Febbro
Desde París
El Parlamento Europeo interpeló ayer a la Unión Europea para que reconozca a la oposición libia agrupada en el Consejo Nacional de Transición (CNT). Esta galaxia de insurrectos fue constituida apenas diez días después de que estallara la revuelta contra Muammar Khadafi –entre el 15 y el 17 de febrero–. Sus dirigentes actuales provienen de sectores a veces tan diversos como antagónicos. Omar el Hariri, uno de los primeros aliados de Khadafi en los años ‘60, es jefe del Consejo Militar mientras que el presidente de esta instancia no es otro que el ex ministro de Justicia del líder Libio, Mustafá Abdel Jalil. El Consejo también nombró al renunciante embajador de Khadafi en la India y ex ministro de Economía, Ali Abdelaziz Al Issaoui, en el puesto de canciller. La zawra –revolución– lanzada por los jóvenes contra la monolítica dictadura de Khadafi unificó y trazó un perfil a la vez dispar y tangible de la oposición.
La pareja compuesta por Mustafá Abdel Jalil y Omar el Hariri es por demás contrastante. Omar el Hariri fue uno de los oficiales que estuvieron al lado de Khadafi durante el golpe de Estado que en 1969 derrocó a la monarquía del rey Idris. Luego cayó en desgracia y pasó 17 años en la cárcel bajo el cargo de “conspiración”. Según explicó Hariri en sus raros encuentros con la prensa, su oposición a Khadafi, sus críticas a la deriva “personalista” del régimen le valieron la sanción. Entre todas las figuras posibles, Omar el Hariri era la más coherente dentro de un movimiento opositor que se fue plasmando con el correr de los días y en plena agitación. De hecho, el foco de la revuelta se propagó el pasado 17 de febrero desde la ciudad de Benghazi.
Una manifestación en memoria de diez manifestantes asesinados en 2006 sirvió de punto de partida a una aventura que ninguna cancillería occidental tenía en sus previsiones. La manifestación había sido organizada por opositores en el exilio, movimientos locales de defensa de los derechos humanos y activistas en la red. La represión del 17 de febrero dejó decenas de muertos.
Mustafá Abdel Jalil, hoy dirigente del CNT, fue el primer miembro del gobierno que renunció a su cargo en protesta por “el uso excesivo de la fuerza contra manifestantes desarmados”. Apenas nombrado, en una entrevista del canal árabe Al Jazeera Jalil dijo: “Nuestro gobierno nacional y militar tiene personalidades civiles y militares. Llevará adelante al país durante no más de tres meses y luego habrá elecciones libres y la gente elegirá a su líder”. El CNT se ha convertido hoy en la instancia en torno de la cual se articulan los focos opositores, desde los comités de resistencia locales creados en las ciudades en manos de los insurrectos hasta la Coalición Revolucionaria del 17 de febrero, que se integró a él. Sin embargo, los roces entre el Consejo Nacional de Transición y la Coalición Revolucionaria del 17 de febrero aparecieron en seguida. El Consejo se postuló como una suerte de “gobierno” mientras que la Coalición no se fijó esa ruta. Abdelhafiz Ghoqa, uno de los portavoces de la Coalición y hoy vicepresidente del Consejo, aseguraba que el Consejo es “el rostro político de la revolución” y no un gobierno provisorio.
En un sistema político sin Constitución, ni partidos políticos opositores, ni sindicatos, ni Parlamento, ni ONG y en donde la lealtad a la tribu a la que se pertenece pasa antes que la nación, hablar de oposición identificada es una hazaña. Los partidos opositores libios están todos en el exterior. En 2005, ciento cincuenta personalidades crearon en Londres la Conferencia Nacional de la oposición libia. Ese grupo se fijó tres objetivos: el fin de la era Khadafi, la implantación de un gobierno transitorio y, luego, la elección de un gobierno democrático surgido de elecciones libres. Barah Mikail, especialista de Medio Oriente en el Instituto de Relaciones Internacionales estratégicas, constata la paradoja de la situación libia, donde Khadafi parece acorralado al tiempo que la oposición, que ya sufrió reveses militares, carece de una identidad coherente. “Se alcanzó un camino sin retorno, pero las alternativas para la situación que se está viviendo son inexistentes. Se podría pensar en un período de transición a cargo del ejército libio. Sin embargo, hay un problema: el ejército no está tan bien preparado como en Túnez o Egipto”. La ausencia de oposición estructurada es una consecuencia de la dictadura personalista de Khadafi, de la cultura tribal y también de la historia, que ha complotado contra toda forma de estructura institucional y destruido los embriones que hubiesen permitido la existencia de una clase dirigente nacional. Libia es un país casi sin Estado, una República de voluntarios entusiastas que trata de forjar un nuevo país sobre las llamas del presente. El azar ha jugado con las fechas. La Revolución de los Jazmines que estalló en Túnez prendió en Libia el mismo año en que se cumplen cien años de la llegada de las tropas coloniales italianas a Tripolitania. En un siglo, Libia saltó de un trauma a otro: de despreciada provincia del Imperio Otomano pasó al yugo del colonialismo italiano (1911-1943), que tuvo dos caras, igualmente salvajes: la del liberalismo occidental primero y la de la Italia fascista de Benito Mussolini después. Italia unificó un territorio (1934) que estaba divido en tres regiones que no formaban un país: Tripolitania (Oeste), Cirenaica (Este) y Fezzan (Sur). Luego vino un período monárquico de corta duración interrumpido por el golpe de Estado de Muammar Khadafi en 1969. Entre la monarquía y el golpe, Libia conoció un período británico, 1943-1951.
Mustafá Abdel Jalil quiere ser el rostro de un país en plena guerra civil. “Probablemente pediremos ayuda en el exterior, tal vez ataques aéreos contra instalaciones estratégicas que pongan el último clavo en el ataúd de Khadafi”, explicó Abdelhafiz Ghoqa. La oposición tiene un problema cuando se trata de dejar una posición límpida sobre la cuestión de la intervención extranjera. Algunos sectores la reclaman; otros, más realistas, la desechan. El Consejo está en una cuerda floja: “En ninguna circunstancia aterrizarían fuerzas terrestres”, asegura Mustafá Gheriani, portavoz del Consejo. Los temores de una partición del país también alteraron las primeras semanas de la revolución, hasta que el CNT marcó su lugar: “el Consejo representa a toda Libia”, dijo Jalil. Nombrado en febrero de 2007, Mustafá Abdel Jalil no encarna, para la población, el manto del diablo. Incluso Amnistía Internacional elogió en su momento su disposición a dar información sobre los prisioneros políticos.
Pero todo va muy rápido y Khadafi juega con muchas cartas en la mano, a la vez militares, diplomáticas y financieras. Hace unos días, emisarios norteamericanos se entrevistaron en El Cairo con representantes del Consejo Nacional de Transición. El Parlamento europeo pidió ayer que el CNT fuese reconocido. El mismo día Khadafi envió a sus representantes a Egipto, Portugal y Bruselas en momentos en que la Unión Europea y la OTAN entablan las primeras discusiones serias sobre Libia con el telón de fondo de una posible intervención en el conflicto libio bajo una u otra forma. Tributaria de la historia política del país y de la urgencia de la situación, la naciente oposición libia es un mosaico de identidades opuestas. Nada la identifica mejor como las trayectorias de sus dos principales líderes, el político y el militar. El primero, Mustafá Abdel Jalil, es un reciente ex ministro de Khadafi. El segundo, Omar el Hariri, es un compañero de armas del “Guía Supremo” caído en desgracia y recuperado por la velocidad de la historia para saltar al primer plano de donde Khadafi lo había apartado.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Un poco de diplomacia entre tantas balas

Mientras el Parlamento Europeo y la oposición libia desde el Consejo Nacional de Transición presionan en Estrasburgo a la Unión Europea para que se impulse una zona de exclusión aérea para frenar los bombardeos de las fuerzas de Muammar Khadafi, un miembro de alto rango del gobierno del país africano llegó a Egipto en un jet privado con un mensaje del líder y se reunió con el primer ministro egipcio, Esam Sharaf. Khadafi volvió a hablar en televisión e insistió en que quienes lideran la revolución apoyan a Osama Bin Laden. Además, después de días de enfrentamientos y bombardeos apuntó que "los problemas no pueden ser solucionados con las armas". De todas maneras, las fuerzas leales al dictador lanzaron una nueva ofensiva, con despliegue de tropas y apoyo aéreo, sobre la ciudad petrolera de Ras Lanuf, que la oposición controla desde el domingo.

Khadafi señaló en la entrevista concedida al canal turco de televisión TRT que la forma de solución de los problemas en su país está en "formar nuevos comités populares y dar más poder a las administraciones locales", después de repetir: "Quienes han comenzado la lucha armada son los que apoyan a (Osama) Bin Laden".
Sobre las denuncias realizadas por los rebeldes acerca del reclutamiento de mercenarios de países cercanos, el líder libio aseveró que hay ciudadanos del Chad que viven en la zona fronteriza con Libia y que son originarios de ese país por lo que no se pueden considerar como extranjeros.
Además, Khadafi invitó a los 25 mil trabajadores turcos residentes en Libia, que huyeron a raíz de los conflictos armados a regresar al país porque "sus puertas están abiertas", y agregó que los pueblos libio y turco son ambos otomanos.
También trascendió una comunicación telefónica entra el mandatario libio y el primer ministro griego Giorgio Papandreu, en la que que Khadafi advirtió a su socio griego sobre la inconveniencia de una intromisión de Occidente en los asuntos de su país. "Grecia es un amigo de Libia y puede transmitir este consejo a la Unión Europea", habría respondido Papandreu.
Mientras tanto, el Parlamento Europeo y la oposición libia desde el Consejo Nacional continúan negociando una zona de exclusión aérea. El jefe de su comisión de crisis del consejo, Mahmud Jebril, se mostró favorable a esa opción, se cuente o no con el beneplácito de un mandato de la ONU.
"Si la zona de la exclusión es la solución para frenar a esa máquina de asesinar (en referencia a Khadafi), que se haga", pero "que esa misión no implique la presencia de soldados extranjeros en suelo libio", resaltó Jebril.
En un debate con los eurodiputados sobre la respuesta europea en Libia, la alta representante de la UE, Catherine Ashton, se mostró cauta y apostó porque se deje "a los libios hacer su propia revolución".
"Debe definirse muy bien qué queremos decir por zona de exclusión aérea, porque no se entiende lo mismo en todo el mundo", dijo Ashton, que prefirió referirse a ayuda humanitaria, evacuación de ciudadanos comunitarios y fin de la violencia que de acciones militares en Libia.
Ashton también se mostró prudente sobre el reconocimiento al Consejo Nacional como interlocutor del pueblo libio, órgano que fue invitado al pleno de la Eurocámara por el líder de los liberales europeos (ALDE), Guy Verhofstad.
"Es un asunto de los países de la UE tomar esa decisión", señaló la alta representante, quien delegó en el Consejo Europeo extraordinario en Bruselas para tratar la crisis libia, que se celebrará mañana. La alta representante europea destacó el paquete de ayuda humanitaria que prepara la UE para el norte de África aunque reconoció que "si algo se puede criticar sobre la UE es que necesitamos todavía demasiado tiempo para tomar cada decisión".
Por otra parte, el emisario de Khadafi, el general Abdel Rahman Ben Ali El Said Al Zawi, responsable de los suministros y la logística militar de Libia, fue el encargado de llevar un mensaje del líder libio ante la Junta militar que gobierna en Egipto.
Al Zawi arribó en un avión Falcon 900 procedente de Trípoli en el aeropuerto de El Cairo y fue recibido por un funcionario de la embajada libia. El avión llegó a Egipto después de sobrevolar el espacio aéreo griego.
Varios ministros, diplomáticos, oficiales del Ejército e incluso un primo de Khadafi se distanciaron en las últimas dos semanas del líder libio, por lo que también se especuló que el avión podía llevar a algún otro miembro del gobierno que hubiese decidido abandonar al régimen.
El primer ministro egipcio, Esam Sharaf, se desplazó a la sede del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas para participar de la reunión con Al Zawi, según informó Al Jazeera.

domingo, 27 de febrero de 2011

Kaddafi en el laberinto

Por Pedro Brieger

25.02.2011



En Túnez y Egipto los presidentes fueron depuestos y Muamar Kaddafi está viviendo su peor momento desde que asumió el poder en 1969.

En Marruecos la monarquía de Mohamed VI está tratando de contener las protestas con algunos guiños de apertura, y el gobierno de Argelia acaba de anunciar la suspensión del estado de emergencia decretado hace casi veinte años.

El objetivo en ambos casos es muy claro, quitarle motivos a la oposición para que sume adeptos a sus convocatorias.

Kaddafi habló el martes 22 de febrero y amenazó con una guerra civil que provocaría más de cien mil muertos. Fueron palabras para inspirar el temor más absoluto. Dijo que Libia dejaría de existir como país, sería invadido por los británicos y los americanos, se fragmentaría en varios pedazos, las regiones sin petróleo quedarían en la más absoluta de las pobrezas y el pan costaría más que el oro. En otras palabras, el caos.

Kaddafi parece no comprender la nueva etapa histórica que se abrió desde que el pueblo tunecino derrocó a Ben Ali. La inmensa mayoría de los árabes ha perdido el miedo. Es uno de los factores que permite comprender la participación masiva en las calles enfrentando a los tanques en la ciudad de Benghazi -la segunda del país- y otras menores que ya están en control de los grupos opositores.

Además, han renunciado ministros, importantes embajadores, funcionarios y asesores de primer nivel del régimen que parecían incondicionales del líder.