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viernes, 14 de octubre de 2016

Donde hubo fuego... ¿Que quedó?

Discepolín Vive - Opinión

El fuego, ese elemento masculino que junto con el agua, la tierra y el aire forman los cuatro elementos de la naturaleza. Esas llamas que emiten luz visible. Ese símbolo de veneración al que se considera sagrado como la viva imagen del sol, también puede ser el símbolo de la pasión. Quema y puede matar.

31º Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario
PH: Nicolás Vives

Los urgentes reclamos para la aplicación de medidas estatales contra el femicidio y la trata de personas se expresan en marchas cada vez más multitudinarias. Este año La Casa del Encuentro eligió por tercera vez a Rosario (las otras veces fueron 1989 y 2003) para llevar a cabo el 31º Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) durante tres días consecutivos logrando reunir 70 mil personas. Ciudad en la que se registran más de 300 denuncias por mes por violencia de género. Se realizaron talleres, actividades culturales y una marcha que comenzó desde la Plaza San Martín y culminó en el Monumento a la Bandera. Ni una Menos, Juntas más que nunca y vivas nos queremos fueron las consignas erigidas por las mujeres de Argentina y de países limítrofes. Los reclamos fueron contra la violencia de género, la igualdad en condiciones laborales y la legalización del aborto.

Tres días después del encuentro, un nuevo femicidio conmocionó al país: el caso de Lucía Pérez, una joven de 16 años violada y asesinada en Mar del Plata. Razón por la cual se convocó a un paro nacional de mujeres para el próximo 19 de octubre bajo el lema "Si mi vida no vale, produzcan sin mí". 

Cada 30 horas es asesinada una mujer en Argentina. ¿Cuántos hijos se quedan sin madre a causa de estos crímenes? Se trata de mujeres de distintas clases, maltratadas y/o asesinadas por su pareja. Tal es así que surgió el colectivo “Ni Una Menos” luego del asesinato de Chiara Páez, una joven de 14 años asesinada en Rufino por su novio Manuel de 16 años a mediados de 2015.

A partir de la reacción de Eduardo Vázquez (Ex baterista de Callejeros), en 2010, que tras una fuerte discusión con su esposa Wanda Taddei, la prendió fuego, al poco tiempo se multiplicaron casos similares de mujeres incineradas por su pareja. ¿Por qué el fuego? ¿Qué papel cumple el fuego en el desencadenamiento histórico de la violencia machista? El hecho de prender fuego a una mujer puede ser considerado como la forma más rápida de socavar con la belleza de la víctima. En el pasado las “brujas” eran quemadas en una hoguera. El fuego quema y simboliza la pasión: “Si no sos mía, no serás de nadie”, y la caratula de “crimen pasional” solo sirve para justificar y proteger al femicida.

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora reúne dos de los acontecimientos más sangrientos como el del 25 de marzo de 1908 cuando más de 140 mujeres murieron en un incendio dentro de la fábrica textil Cotton Textile Factory en Nueva York, a poco menos de realizar huelga en reclamo de mejores condiciones de trabajo, cobrar los mismos salarios que cobraban los hombres, reducción de la jornada laboral a 10 horas, derecho a la lactancia y descanso dominical. En marzo de 1911 unas 40 mil costureras se declararon en huelga y murieron 140 mujeres en un incendio en una fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, también de Nueva York. Luego de varias movilizaciones se proclamó el 8 de marzo a nivel mundial como el Día Internacional de la Mujer.

El 14 de noviembre de 2012 se reformó el código penal argentino y se aprobó la figura de femicidio a través de la ley 26.791, castigando a la pena de reclusión o prisión perpetua para quien matare a “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”. Incorporando, además, la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”.

“El término femicidio es político, es la denuncia a la naturalización de la sociedad hacia la violencia sexista. Es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad", expresa el manifiesto de La Casa del Encuentro. 

Si el fuego se acrecienta ¿Quién va a apagar el incendio?

Por Andrés Belguich Velasco

martes, 8 de marzo de 2011

El femicidio en debate


 Por Mariana Carbajal
Iñigo Ortiz de Urbina Gimeno es español, reconocido catedrático de Derecho Penal y Criminología de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona) y asesor del ministro de Justicia del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Francisco Caamaño. En una entrevista con Página/12, se sumó al debate sobre la conveniencia de tipificar el femicidio en el Código Penal como respuesta al aumento en el número de asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres, y dio un enriquecedor panorama del impacto de las medidas implementadas en los últimos seis años en España para enfrentar la violencia machista. “La violencia de género es un fenómeno complejo para cuya solución el derecho penal puede sin duda aportar, pero probablemente muy poco a través del incremento de las penas y mucho más a través de la persecución policial. El resto –educación, refuerzo de la posición social de las mujeres en riesgo, atención a la víctima cuando se produce la violencia– corresponde a otras políticas sociales con las que la intervención penal debe coordinarse, pero a las que no puede sustituir”, observó en diálogo con este diario, desde su país.

–¿Cuál es su opinión con respecto a la creación de la figura penal del femicidio, como existe en algunos países latinoamericanos?

–Soy contrario a la tipificación autónoma del femicidio. Tanto por razones de principio como por la más que dudosa eficacia que tendría su regulación autónoma; puede incluso tener efectos negativos.

–¿A qué se refiere?

–Por razones de principio, dado que no creo que deban efectuarse distinciones legislativas por razón de género en el interés jurídico más importante, la vida. Otra cosa es que se atienda a una específica mayor vulnerabilidad de la víctima que tenga su causa en el género o en cualquier otra circunstancia social, pero para dar relevancia a esa mayor vulnerabilidad basta con agravantes específicas en algunos delitos, sin que sea necesario crear tipos específicos.

–¿Considera que puede resultar contraproducente?

–En primer lugar, si lo que se quiere es prevenir, la investigación criminológica ha demostrado de modo apabullante que es mucho más importante atender a la probabilidad de condena que a la gravedad de la pena impuesta. En lugar de poner otro artículo en el Código Penal o en una ley especial, lo que tiene que hacerse en el ámbito de la Justicia penal es poner los recursos para implementar políticas policiales específicas de prevención y persecución de la muerte de mujeres –y otras formas de violencia–. Además, y aquí es donde la medida tendría probablemente efectos negativos, precisamente por la dudosa legitimidad del establecimiento de tal diferencia –y que la legitimidad es dudosa lo demuestra la polémica existente–, se daría un alimento injustificado e innecesario a la absurda hipótesis del “macho acorralado”, según la cual en materia de género se ha llegado a una situación en la cual se producen excesos en contra de los hombres.

–¿Algún país europeo tipificó el femicidio?

–No, ninguno en Europa lo ha tipificado como tal, aunque en algunos países se prevén agravantes para delitos de homicidio en situación de violencia doméstica. En esos países no hay evidencia de que se haya conseguido una mayor prevención. En tanto que las experiencias en Latinoamérica son demasiado recientes como para poder evaluar sus efectos.

–Desde que asumió Rodríguez Zapatero, el gobierno español demostró amplia preocupación por el problema social de la violencia machista y encaró una serie de medidas concretas. ¿Lograron reducirla? ¿Qué sucedió con los homicidios de mujeres a manos de sus parejas o ex cónyuges?

–Como usted sabe, la ley española contra la violencia de género se aprobó a finales de 2004. La norma incluye una serie de agravantes de la pena cuando la víctima de la violencia –o de las amenazas o las coacciones o los insultos– era o había sido “esposa o mujer que haya estado ligada afectivamente a él (al agresor) por una análoga relación de afectividad, aun sin convivencia”, pero no para el caso del homicidio. La tendencia desde entonces fue la del incremento de los supuestos judicializados de violencia –y amenazas y coacciones e insultos– pero el descenso de los homicidios. Puede parecer paradójico, dado que justo para los homicidios no se preveía incremento de la pena y para el resto de las infracciones citadas sí, mientras que el efecto preventivo parece ser justo el inverso: bajan los homicidios, sube el resto de infracciones.

–¿A qué adjudican ese cuadro?

–La explicación es que, además de incrementar las penas, se efectuaron intensas campañas de información y se implementaron políticas de apoyo a víctimas –apoyo social y económico, pero también penal, concediendo numerosas órdenes de protección–, y de concienciación de los agentes penales –policía, fiscales, jueces–. Esto llevó a muchas más mujeres a atreverse a denunciar y a dejar a su pareja, lo que explica el incremento de las denuncias y procesos judiciales: sale a la superficie información sobre muchos casos hasta entonces opacos para el sistema de Justicia penal y estos son objeto de una mayor atención por la policía y la fiscalía, de modo que tenemos tantas más denuncias como más juicios por esas conductas, aunque la incidencia real de la violencia sea la misma o menor: esto nunca lo sabremos con seguridad porque en España hasta tiempo muy reciente no hemos dispuesto de la mejor fuente de información, que son las encuestas a la población susceptible de ser victimizada.

–¿Qué ocurrió con los homicidios de mujeres?

–A diferencia de otras formas de violencia, el homicidio es de por sí muy difícil de ocultar, de modo que las campañas de concienciación no tienen una gran incidencia sobre su grado de conocimiento. A eso hay que añadir que debido al incremento de denuncias por conductas de gravedad menor al homicidio se “cortan” procesos de deterioro progresivo antes de que degeneren en episodios letales, y que hay medidas específicas de protección a las víctimas en mayor riesgo –que reducen la probabilidad de un ataque letal–. Además, por la mayor actividad policial se produce un incremento de la probabilidad de ser castigado, aunque este es un factor menos importante en el femicidio que en otros delitos, dado que los femicidas suelen estar en situaciones de alteración motivacional, pero en cualquier caso estadísticamente relevante. El juego conjunto de los anteriores factores explica la disminución estadística de los femicidios en España. Ahora bien: justo en 2010 la cifra de mujeres muertas ha subido y hemos registrado 75 casos. Esto ha generado muchísima atención mediática y ha sido objeto de muy interesadas –pero poco interesantes– interpretaciones por parte del principal partido de la oposición. En realidad, que se produzca una subida un año determinado es algo que pasa en muchos procesos de disminución de la delincuencia y que responde a lo que en estadística se conoce como “regresión a la media”. Cuando los números no son altos –y en España los femicidios se sitúan entre los 60 y los 90 anuales, lo cual sobre una población de 47 millones de personas no es alto–, las estadísticas fluctuarán al alza y a la baja sobre la media. Si por ejemplo un año hubiera cinco homicidios menos que el anterior, sería prematuro celebrar el éxito como un efecto de la prevención, del mismo modo que sería prematuro proclamar el fracaso si el año siguiente hubiera cinco homicidios más, lo que sería una regresión perfecta a la media.

–¿Qué evaluación hace de las políticas puestas en marcha en España contra la violencia de género?

–Sin duda es necesario implementar políticas específicas en este ámbito. La experiencia española también demuestra, sin embargo, que los intentos “a la desesperada” y basados primordialmente en la vía penal tienen multitud de problemas y unos elevadísimos costes. Recientemente el Consejo General del Poder Judicial –el Consejo de la Magistratura– ha efectuado diversas propuestas de reforma que demuestran que el sistema es claramente mejorable y que en su diseño se actuó con cierta precipitación. Una vez más se demuestra que en política criminal las mejores intenciones pueden ser manifiestamente insuficientes si no se acompañan de rigor en el diseño e implementación.

–¿Qué puede aconsejar para enfrentar el problema en la Argentina?

–A pesar de que viajo a menudo a la Argentina, carezco del conocimiento suficiente sobre la situación de partida –especialmente en materia de género–, de modo que sería imprudente pronunciarme. Sólo puedo insistir en que la violencia de género es un fenómeno complejo para cuya solución el derecho penal puede sin duda aportar, pero probablemente muy poco a través del incremento de las penas y mucho más a través de la persecución policial. El resto (educación, refuerzo de la posición social de las mujeres en riesgo, atención a la víctima cuando se produce la violencia) corresponde a otras políticas sociales con las que la intervención penal debe coordinarse, pero a las que no puede sustituir.

La otra inseguridad ciudadana

La conmemoración internacional tiene aquí el marco de los femicidios: en lo que va del año ya hubo 50 casos. Nueve víctimas fueron quemadas. Las organizaciones de mujeres advierten sobre las tareas pendientes para enfrentar la situación.



 Por Mariana Carbajal
“El Día Internacional de la Mujer se conmemora en homenaje a 129 mujeres que en 1908 murieron quemadas en una fábrica textil de Nueva York por reclamar igualdad laboral: fueron encerradas y les prendieron fuego. A más de cien años de aquella escalofriante violación de derechos humanos de las mujeres, asistimos a cifras alarmantes de mujeres quemadas por sus parejas”, advirtió, en diálogo con Página/12, Leonor Arrigo, del Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada (CAMM), una ONG de Mar del Plata que brinda asistencia gratuita a víctimas de violencia machista. La fecha, de movilización y concientización, está atravesada este año por un fuerte reclamo del movimiento de mujeres que gira en torno de dos ejes centrales: la urgencia de que la violencia de género sea considerada un problema de “seguridad ciudadana” y en consecuencia se avance con políticas integrales para enfrentarla, y la apertura de la discusión por la despenalización y legalización del aborto en el Congreso.
La seguidilla de femicidios empaña la conmemoración: en los dos primeros meses del año, se registró más de medio centenar de asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres: al menos 9 de las víctimas murieron incineradas. Otras dos mujeres, una de 19 años, en Chaco y otra de 30, en Santiago del Estero, fallecieron como consecuencia de abortos inseguros practicados en la clandestinidad, de acuerdo al relevamiento de casos publicados en la prensa que realiza el Instituto de Estudios Jurídicos Sociales de la Mujer (Indeso), de Rosario. Diecisiete de los femicidios ocurrieron en la provincia de Buenos Aires. Las consecuencias de los abortos inseguros –a los que son empujadas las mujeres que no quieren continuar con una gestación no deseada– son la principal causa de mortalidad materna en el país hace treinta años.
“Se requiere de manera urgente que la violencia de género sea considerada un problema de seguridad ciudadana. Debe ser tomado en serio y eso significa asignar partidas presupuestarias adecuadas para un plan nacional que permita prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, consideró la abogada Susana Chiarotti, reconocida internacionalmente por su larga militancia en la defensa de los derechos de las mujeres. Chiaroti integra el comité de expertas de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se encarga de evaluar a los países del continente en el cumplimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, suscripta en Belém do Pará, y es responsable de monitoreo del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem). Otro tópico importante, para Chiarotti, es el de los derechos sexuales y reproductivos. “Hay que tener en cuenta que la democracia integral para las mujeres requiere que puedan ejercer su ciudadanía también sobre sus cuerpos; que puedan fijar sus metas de vida independientemente de presiones que vengan de la familia, las religiones o el Estado. Nosotras estamos a favor de la vida: la vida de las mujeres que no puede verse afectada por cláusulas restrictivas sobre el aborto que las obligan a tomar decisiones que ponen en peligro su salud y su supervivencia, y por una vida digna para todas las niñas y niños que merecen nacer de maternidades deseadas”, apuntó.
Desde el Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada, de Mar del Plata, su presidenta, Alba Salinas, puso el alerta en los “noviazgos violentos”, debido –señaló– a que son el comienzo de una historia de violencia que se agrava con el tiempo y puede terminar en muerte de la mujer. “Estos casos de mujeres muy jóvenes muertas a manos de sus novios, parejas, ex parejas nos debe poner en alerta, tenemos que decir basta a las situaciones de violencia, cortar estas relaciones lo más pronto posible. Los varones violentos no cambian en tanto consideran que la responsabilidad de la violencia no es de ellos sino de las mujeres que los provocan y el maltrato aumenta junto con las amenazas y el aislamiento”, advirtió Salinas. Cada vez reciben más casos de mujeres amenazadas por sus parejas con ser quemadas. “Antes del caso de Wanda Tadei, las amenazaban con quemarles la vivienda, ahora lo que vemos es que directamente las amenazan con quemarlas a ellas vivas”, alertó Salinas.
La socióloga Elsa Schvartzman, integrante del Foro por los Derechos Reproductivos, propuso: “Tomemos la fecha del 8 de marzo como otra oportunidad para poder pensar sobre las conquistas y las deudas en el arduo camino de construcción de ciudadanía y adquisición de derechos de las mujeres. Lo que hemos avanzado tiene muchos capítulos. Pero, como día de acción, propongo una mirada especial por lo que nos está faltando: reconocimiento a la capacidad de decidir de las mujeres, que se nos considere ciudadanas con derechos y responsabilidad para asumirlos, que nuestras decisiones, nuestra autonomía, tengan la garantía de un Estado democrático y laico”.
“Las mujeres rompimos el silencio, las discusiones están instaladas, es imposible seguir negando las complicidades en la cadena de la prostitución, en el secuestro de jóvenes y niñas; el femicidio, la realidad del aborto clandestino e inseguro que cuesta tantas víctimas”, consideró Schvartzman.
Entre los múltiples actos previstos para hoy y los días venideros, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la Campaña Abolicionista “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”, convoca a una manifestación entre las 16 y las 19 en el Parque Centenario. “Nos juntamos para reclamar por la abolición del sistema prostituyente y con ello estamos demandando que la prostitución no sea considerada una opción de trabajo para ninguna persona, cárcel a los proxenetas, tratantes y sus cómplices, derogación de los artículos de los códigos contravencionales y de faltas que penalizan a las personas en situación de prostitución, visibilización de los ‘clientes’ como prostituyentes e inclusión social para todas las mujeres”, señaló Marcela D’Angelo.
Aunque se reconocen avances en cuanto a la igualdad de derechos, las asignaturas pendientes son muchas. “La naturalización de la prostitución, la extrema mercantilización de cuerpos y subjetividades, la negación del derecho a decidir sobre nuestras vidas y maternidades, la violación de nuestros límites corporales, la muerte, la situación de inferioridad salarial, forman una red de limitaciones y negaciones de derechos que configuran las formas actuales de opresión de las mujeres y refutan la idea de una libertad y una igualdad ya ganada. Lejos del post-feminismo, aún queda mucho por hacer”, evaluó Magui Belloti, de ATEM 25 de Noviembre, y parte de la Campaña Abolicionista “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”.