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lunes, 5 de marzo de 2012

“Hoy hay que ganar la guerra política”


EL DICTADOR JORGE RAFAEL VIDELA SE EXPLAYO EN SUS APRECIACIONES CONTRA EL GOBIERNO KIRCHNERISTA

La revista española Cambio 16 publicó la segunda parte de la entrevista al represor preso en Campo de Mayo, en la que se lo consulta como si fuera un dirigente opositor. “Si el país cambia hacia otro rumbo, seguramente no estaríamos presos”. dijo.

El dictador Jorge Rafael Videla está seguro de que si los tiempos políticos cambian podría salir en libertad: “La suerte nuestra, la de los militares detenidos, está en que el país se encamine por otra dirección. Si el país cambia hacia otro rumbo, seguramente no estaríamos presos”. La revista española Cambio 16 publicó ayer la segunda parte de la amistosa entrevista al ex jefe del gobierno de facto. El sociólogo y periodista Ricardo Angoso, vinculado con organismos que defienden como presos políticos a los detenidos por crímenes de lesa humanidad, nuevamente lo muestra interpelado como a un dirigente político. Distinto de aquella primera vez, en la que el dictador explicó con toda claridad la “excelente” relación que los militares mantuvieron con la Iglesia católica o la “colaboración” que dieron los sectores empresarios, ahora abunda en las críticas sobre el presente. Habla del espacio de la oposición y convoca a la necesidad de generar “un cambio” en el que deja asomar cierta idea de un golpe de Estado: “Hablo de un cambio –dijo–, claro, por la vía democrática, ya no es el tiempo de los golpes de Estado, aunque tampoco habría Fuerzas Armadas para darlo ni vocación para hacerlo”.

La primera parte de la entrevista salió publicada a mediados de febrero en la revista española. Videla se mostró entonces como ahora: hace su reconstrucción histórica, va del gobierno de Héctor Cámpora al de Isabel Perón; se mete en las internas de la Junta Militar y reconoce que aquello que en la primera parte mencionó como “licencia para matar” se hizo a base de órdenes que “fueron precisas” y “existieron”.

“¿Por qué la Junta no dio instrucciones más precisas, incluso por escrito, de lo que estaba haciendo y de las órdenes que impartía?”, preguntó Angoso. “Creo que órdenes existieron y fueron precisas, no puedo entrar en detalle ahora en todas ellas. Las órdenes estaban y los que las impartieron, que fueron asumidas por cada uno de los miembros de la cadena de mando que las dieron.”

La nueva parte de la entrevista está dividida en dos. La primera histórica. La segunda, más abundante en la revisión sobre el presente. A lo largo del texto, el periodista le otorga el status de un dirigente político. “¿Cómo ve la Argentina de hoy, tiene esperanzas de que haya algún cambio?”, le pregunta. O: “¿En qué ha fallado este gobierno, qué les diría a los argentinos sobre el mismo?”.

Ya la primera vez, el tono del reportaje recibió críticas de los organismos de derechos humanos, entre otros sectores. Se dijo que era complaciente y muchos se sorprendieron por las preguntas que no estaban, como el robo de bebés. El contenido del reportaje, en cambio, siguió distintas derivas. Se pidió que algunos de sus dichos fueran introducidos como prueba en los juicios de lesa humanidad, entre otras cosas por el reconocimiento explícito que Videla hizo, por ejemplo, de la alianza con la Iglesia. Las agrupaciónes Hijos y Abuelas de Plaza de Mayo criticaron el lugar en el que aún se instala el dictador, como parte del espacio de los perseguidos políticos y de la venganza. Hijos respondió: “Venganza, por definición, sería robarles sus hijos, secuestrarlos, torturarlos, violarlos, tenerlos en cautiverio, tirarlos vivos al mar, robarles sus bienes, fusilarlos. Nunca hicimos nada de eso ni lo haremos”.

También la presidenta Cristina Kirchner se hizo eco de ese reportaje. Aquella vez, Videla reconoció que el “peor momento” de los represores les llegó con los Kirchner. La semana pasada, en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, la Presidenta contó lo que le pasó cuando leyó esa frase sobre los Kirchner que Página/12 reprodujo en su tapa. En esa ocasión recordó a Néstor Kirchner y el acto de recuperación del edificio de la Escuela Mecánica de la Armada: “La gran pena es que él no haya podido leer eso porque yo fui con él, lo peleé mucho el 24 de marzo de 2004 cuando en la ESMA tuvo un discurso muy fuerte. Yo le había dicho que lo escribiera porque se iba a poner nervioso y después lo peleé por algunas cosas. Y la verdad que cuando leí el reportaje lo único que lamenté es no tenerlo cerca para pedirle perdón”. Entonces, dijo, “llevé el diario allá a Río Gallegos y se lo metí debajo de la bandera porque ese diario era de él”.

Angoso consiguió la entrevista después de entre “siete y ocho meses” de gestiones, según explicó semanas atrás a un diario argentino. Llegó a Videla, según dijo, a través de unos “contactos en el Ejército argentino. Una fuente militar, digamos, me facilitó el acceso a Campo de Mayo”. La entrevista duró tres horas, sobre una guía de veinticinco preguntas que el dictador respondió sentado en su habitación de la prisión de Campo de Mayo, acompañado de su mujer y sus hijos. El bruto de la entrevista tenía veinticinco páginas de desgrabación.

“La República está desaparecida”, dice Videla en el texto. Y cuando Angoso le pregunta si tiene esperanzas de que en el futuro haya algún cambio, advierte aquello de que con otro gobierno ellos no estarían presos. “Yo digo que estamos en una situación hoy muy negativa, totalmente negativa, hemos perdido una gran oportunidad en las últimas elecciones de sentar puntos de apoyo a una oposición sólida y que actuara responsablemente para cambiar este estado de cosas al que me refería antes. Hablo de un cambio, claro, por la vía democrática, ya no es el tiempo de los golpes de Estado, aunque tampoco habría Fuerzas Armadas para darlo ni vocación para hacerlo. Esta situación de inmediato no va a cambiar, lamentablemente, porque no veo el actor, el líder, y no creo en los iluminados.”

Luego se queja de “la pretensión permanente de seguir escarbando en el pasado”, y como si no recordara su intervención en el asunto, sugiere que los desaparecidos son un invento. “Por ejemplo, hay que encontrar una solución para resolver el famoso problema de los desaparecidos y ofrecérsela a la sociedad argentina. ¿Son una realidad, son un invento, son una especulación política o económica? ¿Qué son realmente los desaparecidos?”

Más tarde, el periodista vuelve a intervenir como si actuara ante el líder de la oposición. En forma más supina, Videla aquí también advierte que la “única vía es sacarlos del gobierno”, aunque ¿aclara? que “no a través de un golpe”. “¿En qué ha fallado este gobierno, qué les diría a los argentinos sobre el mismo?”, le pregunta. “Este gobierno ha asociado el campo con la oligarquía y como enemigo de ese socialismo que ellos pregonan, no podemos esperar de esta gente una solución, la única vía es sacarlos del gobierno y no a través de un golpe de Estado, sino a través de los cauces democráticos. Yo, en las últimas elecciones habidas en el país, esperaba que apareciera un líder o un movimiento para hacer frente a lo que vivimos, que todos los dirigentes de la oposición se unieran para combatir esta lacra y salir hacia adelante, pero bueno, no apareció y no fue así. Quisiera ser optimista, pero no puedo, aunque siga peleando desde la cárcel, desde aquí. Quiero dar a conocer al mundo lo que pasa. La consigna del prisionero de guerra es la evasión, mientras que para el preso político la lucha es otra, que es el campo de la política y que es antipático quizá para los militares. Hoy hay que ganar la guerra política a través de los mensajes y los medios de comunicación, y ésa es nuestra función: no quedarnos de brazos cruzados.”

miércoles, 13 de abril de 2011

Llamativos silencios en torno a Pakapaka

Zamba es formoseño y cursa los primeros años de la primaria. Le dicen Zamba, pero su verdadero nombre es José. Como todos los chicos de su edad es un poco travieso y le gusta ver la tele. Está emocionado porque va a viajar a Buenos Aires con la escuela para conocer el Cabildo. Y eso que todavía no sabe que durante su visita le va a pasar algo muy extraño. Una vez en el Cabildo, su curiosidad lo hace escabullirse por un lugar no permitido. Se sienta en un sillón, tira de una palanca, y un engranaje oculto comienza a ponerse en marcha. Es una máquina del tiempo que lo lleva a 1810 para ser testigo de la Revolución de Mayo.
Así comienza “La asombrosa excursión de Zamba en el Cabildo”, una de las más originales series de animación preparada por el Canal Pakapaka del Ministerio de Educación. La señal fue lanzada por la Presidenta en septiembre de 2010 y se propone llevar a todos los chicos del país una programación educativa y de entretenimiento de calidad. Como es sabido, este objetivo se encuentra obstaculizado por la negativa del principal operador de televisión por cable de incluirlo en su grilla. Son más de 3,5 millones de abonados lo que no pueden verlo.
Por este motivo, el Estado ya ha realizado acciones, a través de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA). A su vez, la Asociación Civil “Tendiendo Lazos” presentó un recurso de amparo ante la Justicia para que Cablevisión cumpla con la ley e incorpore a Pakapaka entre las señales que emite. Y, a la par de la vía judicial, se ha puesto en marcha una campaña pública en la que personalidades de la cultura reclaman por la situación del canal. A estas acciones se le sumará un festival frente al Ministerio de Educación, el sábado 16 de abril a las 14 horas bajo el lema “Pakapaka es nuestro derecho”.
Es llamativo que un amplio sector de intelectuales, pedagogos y periodistas  que se han pasado años despotricando contra los defectos de la televisión infantil, hayan guardado silencio ante la virtual censura que sufre Pakapaka. Las sólidas posturas críticas de quienes, desde todo el espectro político, clamaban para que hubiera programas infantiles de calidad se han disuelto repentinamente en el aire. El temor a ser tildados de oficialistas y a despertar la ira de un gigante mediático ha demostrado ser más fuerte que las antiguas convicciones.
Ese silencio no es inocuo. Si crece el mutismo, gana terreno el discurso que apunta a sabotear al canal, acusándolo de ser parte de “un multimedio ultrakirchnerista”. Cuando no se refieren en estos términos, prefieren difamar usando el humor. Como el chiste de un dibujante que afirma que como “hay corrupción” debería haber también un canal llamado “Taka-Taka”.
La crítica a la televisión infantil ha sido un lugar común de periodistas, intelectuales, y pedagogos. Tradicionalmente, se dijo que los programas les hablaban a los chicos como si fueran idiotas, que naturalizaban los roles asignados socialmente para hombres y mujeres, o que no daban cuenta de la diversas infancias posibles.
Las cosas han evolucionado desde entonces. Los programas ya no les hablan a los chicos como si fueran idiotas, los interpelan como si fueran consumidores. Algunos estudios señalan que los niños definen hasta el 40% de los consumos de un hogar. Como comenta un especialista en marketing infantil: “los chicos no tienen dinero como los adultos o los adolescentes, pero ellos tienen más potencial como mercado que cualquiera de esos, y otros, grupos demográficos” (James McNeal, The kids market: Myths and realities).
Con esta cifra a la vista, los grandes grupos económicos se han lanzado a la colonización de la infancia. Utilizan como ariete de esta conquista a la TV para chicos. Como resultado, los programas se han convertido en los principales pedagogos del consumo. En medio de este panorama, Pakapaka presenta una programación diferente a los modelos hegemónicos con la intención de dialogar con los chicos desde un lugar distinto. Al buscar “estimular la participación infantil en convivencia democrática”, ya no ve en ellos un consumidor potencial, sino a futuros ciudadanos que deben conocer la complejidad de la cultura de su nación.
Uno de los precursores de las teorías de la comunicación social en América Latina, Antonio Pasquali, solía decir que, en relación con la cultura, la televisión actuaba como Penélope con su célebre tejido. Con su baja calidad, desbarataba por la noche los esfuerzos que los maestros pacientemente hacían durante el día para que sus alumnos tuvieran una mejor educación. Pedir que todos los chicos puedan ver Pakapaka, reclamar que Cablevisión cumpla con la ley, no significa necesariamente convertirse en oficialista. Es tener conciencia de que la escuela sola no puede, que necesita de todos. Significa, en definitiva, dejar de lado las mezquindades políticas y estar a favor del derecho de una mejor educación.
Sería muy valioso que las voces que permanecen acalladas se sumen a la de los que ya han empezado a expresarse públicamente sobre el tema. De esta manera, podrían aportar su grano de arena para que la tele deje de desactivar la labor constructiva de la escuela. Si ellos dicen presente, Zamba y miles de chicos de nuestra Patria se lo agradecerán.