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martes, 19 de abril de 2011

Entró en vigencia el régimen de Asignación por Embarazo

ALCANZARA A 177 MIL MUJERES
El Poder Ejecutivo oficializó el beneficio que será otorgado desde el 1 de mayo a las embarazadas que estén desocupadas o se desempeñen en la economía informal. La contribución mensual será no retributiva, se abonará desde la décimo segunda semana de gestación hasta el nacimiento o interrupción del embarazo, y se estima que lo percibirán unas 177 mil personas, tal como lo anunciara la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
La medida fue oficializada en el Boletín Oficial bajo el decreto 446/2011, donde se aclara que la percepción "no será incompatible con la Asignación Universal por Hijo para Protección Social" que se percibe por cada menor de 18 años, o sin límite de edad cuando se trate de un discapacitado a cargo de la mujer embarazada".
Para acceder al beneficio, el artículo 4 precisa que "la embarazada sea argentina nativa o por opción, naturalizada o residente, con residencia legal en el país no inferior a 3 años", que acredite identidad, mediante DNI, lo mismo que el "estado de embarazo", mediante la inscripción en el "Plan Nacer" del Ministerio de Salud.
Asimismo, se agrega que se le entregará una cartilla de seguimiento en la que se explicitan los deberes y obligaciones para el cuidado del bebé. La madre recibirá el 80 por ciento de la Asignación por Embarazo para Protección Social de forma mensual, y una vez verificados los controles médicos, se le depositará el 20% restante.

sábado, 16 de abril de 2011

Tristeza por la confirmación del asesinato de Liliana Ross, el caso nº 104

Buenos Aires, 15 de abril de 2011 |
COMUNICADO DE PRENSA
Con profundo pesar, Abuelas de Plaza de Mayo cumple en informar la resolución de su caso Nº 104. Se trata de Liliana Irma Ross, asesinada por el terrorismo de Estado cuando estaría embarazada de cinco meses y medio. La mataron en la madrugada del 1º de febrero de 1977 en un enfrentamiento fraguado ocurrido en las calles Pasco y Roca de la localidad de Ciudadela, provincia de Buenos Aires.
Por resolución Nº 143 y en el marco de la Iniciativa Latinoamericana por la Identificación de Personas Desaparecidas llevada adelante por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), el 28 de marzo último la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la ciudad de Buenos Aires determinó que los restos inhumados como NN el 2 de febrero de 1977 en el cementerio de San Martín pertenecen a Liliana. De esta manera, pudo comprobarse que su embarazo no llegó a término.
El caso
Liliana nació el 14 de septiembre de 1955 en la ciudad de Chacabuco, provincia de Buenos Aires. Fue la primera de seis hermanos, dos mujeres y cuatro varones. Estudió en la Escuela Nº 3 hasta tercer grado y luego en la Escuela de Hermanas, donde finalizó sus estudios primarios. El colegio secundario lo cursó en la Escuela Normal de Chacabuco. Allí formó un conjunto de folklore en el que cantaba, tocaba la guitarra y hasta se ocupaba del vestuario. Se recibió de profesora de guitarra y piano. Sus amigos la llamaban "La Lechuguita", "La Rusita" o "Irmi".
En Chacabuco Liliana participaba de un grupo juvenil parroquial y éste fue el espacio para las primeras tareas barriales y también para los primeros debates políticos. Junto a este grupo de compañeros fundó una biblioteca a la que bautizaron "Martín Fierro". Cuando terminó el secundario, viajó a La Plata para estudiar la carrera de Visitadora de Higiene en la Facultad de Medicina de la UNLP. Allí comenzó su militancia en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y luego integró la organización Montoneros. Sus compañeros la conocían como "La Gorda".
Formó pareja con Adalberto, otro joven de Chacabuco con quien también compartió el ámbito de la militancia. Luego de un tiempo de noviazgo se fueron a vivir juntos a una casa en las afueras de La Plata. En ese tiempo, Liliana trabajaba cuidando a un hombre mayor mientras cursaba su último año de carrera en la facultad.
El 10 de diciembre de 1976 fue secuestrada en la vía pública de la ciudad de La Plata. Estaba embarazada de cuatro meses. Por testimonios de sobrevivientes pudo saberse que permaneció detenida en el Regimiento de Infantería de 1 y 60.
Luego de la desaparición de Liliana, en 1979 Adalberto consiguió escapar hacia Brasil y un tiempo más tarde exiliarse en Europa hasta el retorno de la democracia.
Después de 34 años, familiares y amigos pudieron despedir los restos de Liliana y así permitirse ese duelo tan negado y tan necesario para seguir adelante. El pueblo de Chacabuco, con lágrimas y aplausos, acompañó multitudinariamente su regreso al suelo natal. Hoy todos y todas podemos convertir nuestro dolor y nuestra incertidumbre sobre el destino de Liliana en una certeza, en una flor.

miércoles, 13 de abril de 2011

La hija de Carlotto dio a luz en un centro de detención


ROBO DE BEBES

María Laura Bretal, sobreviviente del centro clandestino “La Cacha”, declaró hoy que compartió el encierro con la hija de la titular de Abuelas cuando ella tenía 7 meses de embarazo. Le prometieron que el bebé iba a ser entregado a Carlotto.




Una sobreviviente declaró hoy que vio a Laura Carlotto embarazada y que, luego del parto, “le aseguraron que a ella la iban a llevar a una granja de recuperación y al bebé se lo iban a entregar a la abuela”.

En una nueva jornada del juicio oral y público que se sigue contra ex jerarcas de la última dictadura militar, encabezados por los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, hoy declaró María Laura Bretal, una sobreviviente de ese centro de detención y torturas.

Tras narrar su secuestro el 3 de mayo de 1978, en la bonaerense localidad de Ensenada, la mujer declaró que fue conducida a “La Cacha” donde debió permanecer “engrillada y tabicada” tras dos días en el “laboratorio”, eufemismo con que los represores llamaban a la sala de torturas.

La sobreviviente dijo haber visto a Laura Carlotto, “con un embarazo de alrededor de siete meses” a quien describió como una mujer “muy difícil de confundir, hermosísima, morocha, alta con unos ojos muy bellos y una mirada muy particular”.

El testimonio tuvo momentos de mucha sensibilidad como cuando relató que, pese a la crueldad del encierro y los tormentos, la hija de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo le anticipó que “si es varón le voy a poner Guido, como mi papá”; mientras ambas ponían sus manos sobre el vientre de la muchacha “para sentir las pataditas que daba el bebé”.

Luego recordó cuando, “con motivo de las contracciones, nosotros comenzamos a gritar para que la llevaran a Laura para parir” y que la propia víctima luego le dijo que creía haber dado a luz “en un hospital militar; nosotras en ese entonces no sabíamos nada de las maternidades clandestinas”.

En la audiencia de ayer Estela de Carlotto, ratificó la existencia de un “plan sistemático, una práctica permanente” para el robo de bebés nacidos cuando sus madres estaban en ilegal cautiverio durante la última dictadura militar.

Carlotto calificó ese plan como “siniestro” y reiteró sus reclamos para que a los represores “les caiga todo el peso de la historia. No queremos revancha, solamente justicia para que se escriba la historia con toda la verdad” y señaló que ello es “la única manera de que la democracia sea permanente”.

Junto a Videla y Bignone también son juzgados por el robo de bebés los represores Jorge “el Tigre” Acosta, Santiago Omar Riveros, Rubén Franco, Antonio Vañek, Juan Azic, y el médico Jorge Magnacco, a quien se imputa su intervención profesional en los partos.

Todos los militares son juzgados por los delitos de sustracción, retención y ocultamiento de menores y sustitución de sus identidades en 34 casos, entre los que están los hijos de Laura Estela Carlotto y Horacio Fontán; de María Claudia García Iruretagoyena y Marcelo Gelman, de María Hilda Pérez de Donda y José María Laureano Donda y de Alicia Elena Alfonsín de Cabandié y Damián Cabandié.

miércoles, 6 de abril de 2011

Parir en el Pozo de Banfield

PABLO DIAZ DIO SU TESTIMONIO AYER EN LA CAUSA SOBRE EL PLAN SISTEMATICO PARA APROPIARSE DE HIJOS DE DESAPARECIDOS.
El sobreviviente de La Noche de los Lápices dio detalles del cautiverio que compartió con Gabriela Carriquiriborde, una desaparecida que pusieron en su celda para que la cuidara hasta que diera a luz. Habló de otras dos embarazadas.
 Por Alejandra Dandan
Acababan de preguntarle si para los guardias la situación de las embarazadas podía pasar inadvertida. Pablo Díaz dijo que no. Que a tal punto no pasaban inadvertidas que a ellos, que eran los más chicos, los secundarios de 15 o 16 años, les dieron el trabajo de cuidarlas. “Y una vez, (el médico represor Jorge) Bergés entró diciéndoles a los guardias que respondan a nuestros llamados, que las embarazadas en el centro clandestino eran como las ‘joyas de la abuela’.”
Pablo Díaz llevaba tiempo en el Pozo de Banfield, en una celda a la que por sus dimensiones no se atreve ni siquiera ahora a nombrarla así. Permanecía tirado en el piso. Había sido secuestrado en la madrugada del 21 de septiembre de 1976, a pocos días de otros estudiantes secundarios de La Plata, lo que después se recordó como La Noche de los Lápices. Pasó por el pozo de Arana y después por ese espacio que reconoció años más tarde, en Banfield, donde no le hicieron más interrogatorios porque los que estaban ahí sólo esperaban el turno para morir. Ayer volvió a contar su historia ante el Tribunal Oral Federal 6, esta vez a la luz del juicio por el plan sistemático de robo de bebés. En los Tribunales de Retiro habló de tres embarazadas de las que supo o con las que tuvo contacto, entre ellas Gabriela Carriquiriborde, a quien pusieron en su celda a comienzos de diciembre de 1976 hasta que llegó el momento del parto.
“Cuando cerraron la puerta lo primero que vi fue esa figura muy chiquita, casi de mi edad, de 21 o 22 años, con vendas y sogas que le colgaban –dijo Pablo–. Me habían dado los trapos para que la limpie. Le salía líquido de la vagina. Ella se limpiaba y me daba los trapos. Y cuando venían los guardias, les pedía que me los cambien para seguir limpiándola.”
Estaban en el último piso del centro clandestino. Hasta entonces, Pablo había permanecido todo el tiempo atado, las manos en la espalda, la venda que al comienzo era un pulóver a esa altura eran algodones apretados con una cinta elástica. Comía una vez cada tanto. En 90 días se bañó dos veces. Hacía mucho calor, estaban desnudos, los guardias les robaban las ropas.
El miedo le impidió hablar en voz alta durante los primeros quince días de su estadía en el centro. Cuando lo hizo, preguntó en voz alta por los que estaban ahí. Empezó a darse cuenta de que estaban muchos militantes de la UES, entre ellos Claudia Falcone, ubicada en la celda de atrás, del otro lado de la pared.
Cuando Gabriela entró a su celda supo que en algún lugar estaba su marido: “Estoy con mi esposo, llamalo por favor”, me dice.
–¡¡Jorge!! ¡¡Jorge!!”
Dijo Pablo, y alguien contestó.
–¡Yo estoy con Gabriela, tu esposa! ¡Y voy a cuidarla!
Pablo nunca vio a Jorge, aunque varias veces hablaron a la distancia.
Tenía que limpiar a Gabriela y darle de comer. Bergés le había dicho que golpeara las puertas cuando empezaran las contracciones. Que llamara inmediatamente a los guardias. Como Pablo no sabía qué eran las contracciones, preguntó a la cadena de voces: “¿Cuándo empiezan? ¿Cómo nos damos cuenta?” “De pronto empecé a golpear la celda porque Gabriela decía: ‘¡Ahí viene mi hijo! ¡Viene mi hijo!’. Yo me asusté. Todos nos desatamos, y empezamos a golpear las puertas porque le venía el hijo, porque lo quería tener”.
La guardia también gritó. “Yo estaba sin la venda, entraron, me tiran contra la pared, yo ya no caminaba; estaba casi arrastrándome, me tiraron y me dijeron: ‘Vos vendate’.” En ese momento, sacaron a Gabriela arrastrándola en algo con ruido a chapa. Alguno gritaba: ¡Llamen al doctor! ¡Llamen a la Jefatura! ¡Llévenla a la sala de parto! “Yo le seguía gritando a Gabriela que se calme, y en un momento, cuando la iban a bajar se cae de la chapa y hace ruido, la guardia se pone como loca: ¡Nos van a matar a todos si le pasa algo!”
La fiscalía y las querellas buscaron que Pablo diera cuenta de la sistematicidad de esas prácticas. Ahí encontró sentido la frase sobre “las joyas de la abuela”. O las medidas de precaución que los guardias tomaban con las embarazadas. O un testimonio de Bergés en el que les dice a los guardias que si quieren divertirse usen a las chicas, pero que no toquen a las embarazadas. O los datos sobre el área de partos que funcionaba en el lugar. La defensa intentó argumentar que Bergés era quien tomaba las decisiones sobre esas mujeres y sus cuerpos.
Cuando el ruido pasó, terminó el relato Pablo, de pronto se hizo un silencio: “Todos nos quedamos como llorando, y al rato escucho el llanto de un bebé”. Cuando volvieron los guardias, les preguntaron qué había pasado. “Nos dijeron que nos quedáramos tranquilos: ‘La vamos a llevar a una granja. ¡No saben lo que es la granja! ¡Está bárbara! ¡Ahí tienen de todo, es lo mejor que les podía pasar!’ Así que brindamos –dijo Pablo–, nos pusimos contentos: y nunca más volvimos a saber de ellos”.
Durante el tiempo que estuvo con Gabriela, Pablo supo poco de su vida. “No hablábamos de eso –dijo–, ella me decía: ‘Pablo, vas a ser el padrino’”. Jugaban. Gabriela le agarraba la mano y la ponía en la panza. “Decile a Jorge que lo escuchás”, le pedía. Y entonces Pablo volvía al juego de las voces:
–¡Jorge, lo escucho!
–¡Está latiendo!
–-¡Se está moviendo!
Y Jorge respondía: Cuidala, decía. Limpiala.
Después del parto, dejó de escuchar a Gabriela, al niño, pero también dejó de escuchar a Jorge. “De repente no tengo más registro, ni su voz ni su presencia.”
Seis días después, una embarazada llegaba a la celda de otra prisionera. Era Stella Maris Montesano de Ogando, que en esos días dio a luz a su hijo, pero en su caso volvió al pabellón. Estaba infectada, le habían dicho que se llevaban a su hijo a un lugar para que pudiera estar mejor, y le dejaron el cordón umbilical. “¡No puede ser!”, le decía Pablo a Claudia pared de por medio. Stella Maris tenía una infección que ni siquiera estaba revisando el médico represor. Dos días antes de Navidad, entró una nueva parturienta. En este caso la llevaron a la celda de Claudia Falcone. Era Cristina Navajas de Santucho, Pablo Díaz la vio de filón el día en el que dejó el centro clandestino, el 26 de diciembre de 1976, cuando les pidió a los guardias despedirse de Claudia Falcone.
“Me ponen enfrente de Claudia, cuando cierran la puerta me levanto el pulóver y la veo desnuda, atada y ahí es cuando me dice que nunca iba a poder ser mujer porque la habían violado... teniendo 16 años.”
Pablo pasó dos meses más como desaparecido antes del blanqueo en la Unidad 9 de La Plata. Tiempo después entendió qué significaba la palabra desaparecido, cuando envió a una de sus hermanas a la casa de los Falcone, intentando avisarle a Claudia que él no estaba libre sino que seguía detenido.