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miércoles, 23 de marzo de 2011

Un experto que terminó acusado

CITARON A DECLARACION INDAGATORIA AL PERITO QUE ABOLLO LA BALA QUE MATO A MARIANO FERREYRA

El 1º de abril deberá responder como acusado por qué golpeó y modificó el proyectil extraído del cuerpo del joven militante del PO. El delito de alterar o destruir pruebas prevé de un mes a cuatro años de cárcel.

 Por Irina Hauser
Roberto Jorge Locles, el perito favorito de la Unión Ferroviaria (UF) en la causa del asesinato de Mariano Ferreyra, pasó del papel de experto balístico a quedar imputado por dañar la bala que mató al militante del Partido Obrero (PO), una prueba fundamental del homicidio. El juez Alberto Baños lo citó a indagatoria para el 1º de abril en un expediente penal que se abrió a raíz de que golpeó el proyectil original y le causó modificaciones. El sorprendente episodio se produjo en medio de una junta en la que participaban también los peritos de la Gendarmería, de la Policía Federal y de la querella asignados al caso, quienes al declarar como testigos coincidieron en evaluar que la conducta de Locles no habría sido accidental.
Baños citó a Locles como sospechoso de haber alterado, destruido o inutilizado un objeto destinado a servir de prueba, delito que prevé de un mes a cuatro años de cárcel. La jueza Wilma López y el fiscal Fernando Fiszer, a cargo de la causa sobre el asesinato de Ferreyra, además habían relacionado su comportamiento con otros intentos por obstaculizar la investigación del crimen que atribuyeron a la UF. Dieron como ejemplo la presunta tentativa de sobornar a un juez de la Cámara de Casación Penal para conseguir la libertad de los primeros detenidos, como apuesta para debilitar la causa y evitar que llegara hasta José Pedraza, el titular del gremio, y a su segundo, Juan Carlos “Gallego” Fernández.
Locles había sido designado como perito de parte por la defensa de Guillermo Uño, un picaboletos que fue detenido pocos días después del asesinato de Ferreyra, señalado como integrante del grupo de choque que atacó con piedras y armas de fuego a los trabajadores tercerizados de la línea Roca y a las organizaciones que los apoyaban, entre quienes estaba el joven militante del PO. En la práctica, el perito representaba el interés de la mayoría de los acusados, que se concentraron en instalar la idea de que aunque haya habido disparos en los incidentes de Barracas no existió intención de matar. Todos los detenidos están procesados (como autores, partícipes o instigadores, según el caso) por homicidio calificado, un delito que prevé prisión perpetua. Sus abogados dicen que no hubo dolo con la ilusión de atenuar la pena en un futuro juicio oral.
En este sentido, las defensas apostaron por sacar provecho de ciertas diferencias que hubo entre las primeras pericias balísticas oficiales. Como el proyectil tenía una abolladura, la Gendarmería decía que había rebotado en el suelo antes de impactar en el abdomen del chico. La Policía Federal, en cambio, sostenía que el disparo fue directo, y que la deformación podía ser producto del roce con una costilla. Locles hizo un informe tratando de demostrar que la bala había rebotado en el piso porque no iba derecho al cuerpo. También sumó ciertos cálculos que le daban como conclusión que el disparo se había producido a una distancia corta de Ferreyra, 6,58 metros, lo que a su vez debía inducir a pesar que se había originado entre sus propios compañeros y no en la patota ferroviaria, enfoque que fue sostenido por algunos de los imputados –como el delegado Pablo Díaz, acusado de comandar el ataque– en sus indagatorias.
Frente a la falta de coincidencia entre los peritos, la jueza los convocó a una junta para que intentaran unificar criterios. Se reunieron el 22 de febrero, el mismo día que fue detenido Pedraza. Cuando los expertos de las fuerzas de seguridad y los peritos de la querella estaban llegando a un acuerdo, ocurrió la escena que se convirtió en escándalo: Locles tomó la bala original y la golpeó unas cuatro veces sobre un escritorio revestido de fórmica, según coincidieron los relatos de varios de los presentes, que se quedaron anonadados, y algunos intentaron detenerlo. La policía –que estaba encargada de custodiar la prueba– labró un acta donde decía: “Se hace constar que durante el manipuleo del proyectil extraído del cuerpo de Mariano Ferreyra por parte del licenciado Locles, le generó leves aplastamientos en parte de su ojiva”.
Apenas le informaron, la jueza López apartó a Locles del expediente e hizo la denuncia, que le tocó a Baños. Todos los testigos coincidieron en cuestiones clave: dijeron que Locles usó la bala extraída del cuerpo de Ferreyra para hacer una demostración cuando tenía otras tres o cuatro exhibidas, disponibles para ese fin; la consigna tácita habitual en estas situaciones es no utilizar la munición original, aclararon; cuando es imprescindible hacerlo, se hace con recaudos extremos. Algunos de los testimonios incluso señalaron que Locles miró bien la bala en el lugar donde la golpearía. Varios sostuvieron que una nueva pericia nunca podría dar el mismo resultado que en un comienzo teniendo en cuenta el cambio morfológico, de brillo y textura.
En la junta estuvieron presentes el inspector Juan Andrés Leguiza, de la División Balística de la Policía Federal, y los policías Edgardo Ríos, Matías Romero Ale y Martín Descalzo, todos de la división; Gonzalo Bruno Díaz y María Lastretti, de Balística de la Gendarmería, y los peritos designados por la querella de Beatriz Rial (mamá de Mariano Ferreyra), Silvia Bufalini y Diego Gómez. Leguiza llegó a decir ante el juez Baños que era “la primera vez en la historia de la División Balística” que ocurría “una cosa así”.
El juez Baños analiza si Locles quiso arruinar la prueba del homicidio de Ferreyra, si quedó inutilizada para futuros estudios periciales y si lo sucedido es parte de un intento mayor, organizado, por empiojar la investigación. Para la jueza, que ya dictó diez procesamientos, incluidos los de Pedraza y Fernández, la ruta de la bala no tendría por qué cambiar el rumbo de lo actuado en la etapa de instrucción del caso. Y está demostrado que hubo otros disparos de armas de fuego que hirieron a tres personas más, a una de ellas (Elsa Rodríguez) incluso en la cabeza, lo que le produjo severas secuelas.
Cuando lo denunció la jueza López, Locles dijo que la causa sobre el asesinato de Ferreyra estaba “armada” y le apuntó a la Policía Federal, con el argumento de que el proyectil alterado había quedado en manos de esa fuerza: “¿Y si después que yo me fui lo abollaron con un martillo?”, postuló. Al juez Baños le llevó un escrito donde decía que había actuado con normalidad durante el encuentro con los otros peritos. Pero parece que a Su Señoría el planteo no le convenció.

viernes, 11 de marzo de 2011

Pedraza sólo tiene la prisión como futuro

EL LIDER DE LA UNION FERROVIARIA FUE PROCESADO Y SEGUIRA PRESO POR EL HOMICIDIO DEL MILITANTE DEL PO MARIANO FERREYRA
La jueza Wilma López consideró que el titular de la UF y su segundo, Juan Carlos “El Gallego” Fernández, actuaron como instigadores de la patota que corrió a los tiros a los trabajadores tercerizados y asesinó a Ferreyra. Los vínculos del sindicato con las cooperativas.
 Por Irina Hauser
El titular de la Unión Ferroviaria (UF), José Pedraza, seguirá preso, pero ahora procesado por haber instigado el homicidio calificado de Mariano Ferreyra y los hechos de violencia que lo rodearon. Ese delito, que prevé una pena de prisión perpetua, también alcanza al número dos del gremio, Juan Carlos “Gallego” Fernández. Así lo resolvió la jueza Wilma López, quien sostuvo que tuvieron un papel determinante en la acción “planeada y consensuada” de la patota que atacó la protesta de trabajadores tercerizados de la línea Roca, mató al militante del Partido Obrero y produjo decenas de heridos. El propósito, sostuvo, no era sólo “evitar el corte de vías” y “aleccionar a los tercerizados” para que no reiteren el reclamo, sino también “perpetrar” su “poder hegemónico”, “político y económico” como máximas autoridades”. De ahí, señaló la magistrada, el empeño en impedir el ingreso de los subcontratados a planta permanente, ya que eran una amenaza a ese poderío que llevaba una década sin oposición. A lo que se sumaba un interés directo de seguir gozando del “beneficio patrimonial derivado de la explotación” de la Cooperativa Unión de Trabajadores del Mercosur, a la que están estrechamente ligados.
La jueza evaluó un conjunto de pruebas que la llevaron a convencerse de la culpabilidad de Pedraza y Fernández –a quienes además les embargó 500 mil pesos–, empezando por las comunicaciones que mantuvieron el día del asesinato con el delegado Pablo Díaz, que coordinaba al grupo de choque en el lugar de los hechos, en Barracas; la vinculación con al menos una de las empresas tercerizadas y el control de otros negocios ferroviarios, como la explotación del Belgrano Cargas; el interés, desde un inicio, por lo que sucedía con quienes iban quedando imputados en la causa: tres días después del asesinato, Fernández, por ejemplo, se reunió con otros delegados y un abogado del gremio en un club de Adrogué (allí fue detenido Pablo Díaz); en el caso de Pedraza, la jueza destaca su intervención en la gestión de un presunto soborno a un juez de la Cámara de Casación para que liberara a los siete matones detenidos en un comienzo.
La magistrada también procesó ayer, como partícipe necesario, al delegado Claudio Alcorcel –de los Talleres de Remedios de Escalada–, quien funcionó como nexo con el barrabrava de Defensa y Justicia Cristian Favale, a quien llevó al lugar de los hechos y a reunirse con Díaz. Favale está procesado como uno de los tiradores junto con Gabriel “Payaso” Sánchez. El primero no era ferroviario, sólo aspiraba a serlo, y llevó a otro grupo de personas ajenas al sector, un indicador, según López, de que la contramarcha contra los tercerizados “no era espontánea”. Además, señala en el fallo, “no se explica cómo Sánchez y Favale hubieron de disparar porque de por sí no tenían motivo alguno para perpetrar con sus conductas el aleccionamiento. Favale ni siquiera era empleado ferroviario y Sánchez, aunque sí lo es, manifestó que nada tenía que ver con la UF”.

Contactos

En este punto, la resolución analiza las llamadas que intercambiaron Fernández y Díaz, que coordinaba a la patota. Para la jueza, Pedraza también participó de esos contactos, ya que estaba junto a Fernández en la sede de la UF, donde había un congreso. Las comunicaciones fueron sucesivas, por lo menos siete, durante la mañana y el mediodía. Hay dos que son sugestivas: a las 9.30, inmediatamente después de cortar con Fernández, Díaz habla con Favale; a las 13.23, Díaz y Fernández volvieron a hablar y cerca de esa hora no sólo se situaron los disparos, sino que un testigo oyó al delegado dar la orden de “sacar los fierros”. El delegado también habría recibido por handy la directiva de Fernández de retirarse. Fernández y Pedraza siguieron comunicados por teléfono todo el día.
“A través de estas numerosas comunicaciones telefónicas fue que Juan Carlos Fernández, junto a José Angel Pedraza, pudieron implantar en Favale y Sánchez, a través de Pablo Marcelo Díaz, las motivaciones que los llevaron a disparar contra los manifestantes provocando la muerte de Mariano Ferreyra y las lesiones de Nelson Aguirre, Elsa Rodríguez y Ariel Pintos”, resume el documento judicial parte de la responsabilidad de los dirigentes. Destaca que Pedraza, al ser indagado, reconoció a Fernández como su “amigo y hombre de confianza”. Junto a él, concluye, “impartió las órdenes necesarias para la configuración de una fuerza de choque” que “concurra al lugar con armas de fuego, las disparen contra los manifestantes y desistan del corte de vías”.

Interés económico

“Pedraza no sólo se desempeña como un representante gremial, sino que en su figura convive el rol de empresario ferroviario. Ambas funciones, incompatibles entre sí, lo llevaron a que el día 20 de octubre del año 2010 determinara a un grupo de empleados ferroviarios (apoyados por una fuerza de choque externa) a aleccionar a los tercerizados para de esta forma conservar su poder político”, describe la jueza López al histórico dirigente ferroviario. Y agrega: “En definitiva, este es el interés que motivó al imputado a tratar de impedir a cualquier costo las manifestaciones de los tercerizados”.
La jueza abona una hipótesis planteada desde la fiscalía a cargo de Fernando Fiszer según la cual “al impedir la incorporación de los trabajadores tercerizados se evitaba el ingreso de un número importante de obreros potencialmente contrarios a los intereses de la dirigencia de la UF” y esto, a su vez, le permitía al gremio “sostener el beneficio patrimonial derivado de la explotación de la Cooperativa de Trabajo Unión del Mercosur, que presta servicios para Ugofe”, la Unidad de Gestión Operativa de Emergencia que administra las líneas Roca, Belgrano Sur y San Martín bajo tutela estatal. La pesquisa también vincula al sindicato con otras empresas que tercerizan servicios como All Mesopotámica, Viluco, la Sociedad Operadora de Emergencia (SOE), que administra los fondos del Belgrano Cargas.
La jueza razona que el poder de Pedraza, al frente de la UF desde 1994, se construye en buena medida a través del manejo del ingreso de trabajadores a las distintas empresas ferroviarias, algo que se vislumbraba en posible jaque con la regularización de los tercerizados. “De esta forma se asegura la fidelidad política”, señala. El “triunvirato de entidades de extracción empresaria” en que Pedraza basa ese dominio está formado, señala el juzgado, por Belgrano Cargas S.A, la Cooperativa del Mercosur y la propia UF. Con las dos primeras, advierte, parte de la vinculación está dada a través de su esposa, Graciela Coria, directora de Belgrano Cargas. Ella misma es la dueña de una de las dependencias donde funciona la tercerizada, donde no sólo recibe correspondencia, sino que además su hermana Silvia Coria es la tesorera, su sobrino Maximiliano es empleado y el consejo de administración está conformado, íntegro, por los más estrechos colaboradores de Pedraza en la UF, desde el secretario de Comunicaciones, Raúl Castellano, hasta el de Finanzas, Armando Matarazzo. La investigación judicial, además, pone en evidencia que entre las tercerizadas del Roca, la Unión del Mercosur es la que más dinero venía recibiendo de Ugofe, algo más de 12 millones de pesos en el último semestre por mantenimiento de vías, limpieza y desmalezamiento. El fallo señala que los sueldos de todos los ferroviarios se pagan con recursos del Estado, pero para los tercerizados el ingreso es “sensiblemente menor” (cobran menos de la mitad que un empleado de planta).

Sobornos y algo más

El fallo cita las “sugestivas escuchas” en las que el mismo Pedraza aparece envuelto en la gestión de una coima para liberar a los patoteros detenidos desde fin de octubre. Ofrece “todo lo que esté a su alcance” para dar “asistencia” a los detenidos, con un seguimiento “personal y permanente”. En la misma tónica la magistrada se refiere a una reunión que tuvieron en el Club Brown Viejo varios dirigentes ferroviarios, el abogado Juan Araya y Fernández tres días después del crimen de Ferreyra. Era en Adrogué, cerca de la casa de Fernández, pero lejos de los lugares habituales de reunión de los sindicalistas. “Seguramente allí decidieron cómo proceder en lo sucesivo”, dice la jueza.
López concluye que tanto Fernández como Pedraza se involucraron en forma directa con el seguimiento del caso, porque estaban implicados.