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viernes, 6 de mayo de 2011

Corte Suprema de Brasil reconoce unión entre homosexuales




La Corte Suprema de Brasil reconoció este jueves por unanimidad "la unión estable" para las parejas homosexuales y a su vez les garantizó que obtendrían los mismos derechos que los heterosexuales, así lo declaró el presidente del órgano, Cezar Pelluzo al concluir el juicio.

En tal sentido, los diez jueces decidieron por unanimidad que aquellas parejas que estén integradas por personas del mismo sexo (homosexuales) son consideradas como parte de una "unión familiar" y poseen los mismos derechos que las uniones realizadas entre un hombre y una mujer.
"Los que optan por la unión homoafectiva no pueden ser desiguales en su ciudadanía", aseguró por su parte la juez Carmen Lucia.

Por otro lado la juez especializada Maria Berenice Dias afirma que "a falta de una ley aprobada por el Parlamento que regule la unión y el matrimonio homosexual, el reconocimiento del Supremo es lo mejor que podía ocurrir.
Significa que ningún juez podrá negar esos derechos" como pensión, herencia, extensión de beneficios de salud y adopción de hijos". Por su parte el juez Ricardo Lewandowski añadió que "nadie puede ser privado de sus derechos por su orientación sexual"

Maria Berenice Dias, jurista que ha dedicado años a la causa y preside la Comisión de la Diversidad Sexual del gremio de los abogados de Brasil, afirmó que en este país "los derechos de la unión estable son prácticamente los mismos que en el matrimonio, porque se la reconoce como una entidad familiar".
También recordó que algunas parejas gay ya habían logrado conseguir reconocimiento de derechos, debido a las mas de mil sentencias que jueces en todo Brasil han proferido en estos últimos años, aunque ahora la norma sería más clara y para todos.
El presidente del Grupo Gay de Bahia, Marcelo Cerqueira afirma que a pesar de que Brasil organiza desde hace años el que se considera el mayor desfile del orgullo gay del mundo, en Sao Paulo, aún "somos el país número uno en asesinatos, discriminación y violencia contra homosexuales".

Este pedido de acción judicial en el supremo, partió del gobernador de Rio de Janeiro, Sergio Cabral quien exigió aplicar iguales derechos a todos sus funcionarios, al igual de parte de la Procuradoría General de Brasil. 
"Cuando el Estado se niega a reconocer la unión homosexual, sacrifica sus derechos", manifestó el procurador general, Roberto Gurgel.
A esta decisión, la iglesia se opuso rotundamente, al defender la unión entre hombres y mujeres como lo establece la Constitución. "La pluralidad tiene límites", así lo expresó el abogado de la Conferencia de Obispos, Hugo José de Oliveira. Mientras que el arzobispo de Maringá (sur) consideró que representa una "agresión frontal a la familia".
En el 2007, el primer país que legalizó la unión civil de parejas homosexuales, fue Uruguay, que dos años después aprobó la adopción de niños. Seguidamente por su parte, el Senado Argentino aprobó en el 2010 una ley que convirtió a ese país en el primero en América Latina en legalizar el matrimonio entre homosexuales en todo su territorio. Y por último en Colombia, donde se les reconoce a los homosexuales los mismos derechos sociales, patrimoniales y de herencia que a las heterosexuales.

lunes, 2 de mayo de 2011

Por una justicia de género

MIRTA GIL AGUARDA EN TRELEW EL FALLO POR EL CRIMEN DE SU MARIDO
Acusada por homicidio agravado por el vínculo, la fiscalía pidió morigerar la calificación. Su abogado sostiene que lo mató en defensa propia. Hoy en Trelew se conocerá la sentencia.
 Por Mariana Carbajal
“Soy inocente. No lo quise matar”, alcanzó a decir Mirta Gil, entre sollozos, ante el Tribunal Oral de Trelew, el viernes pasado durante la última jornada del juicio en el que está imputada por el homicidio de su esposo, José Luis Quiroga. Hoy al mediodía se conocerá el veredicto. A lo largo de los cinco días, en el juicio quedó en evidencia la situación de violencia de género que vivía Gil en su hogar, donde era humillada, golpeada y hasta llegó a sufrir intentos de violación de parte de su marido, quien además la engañaba con otras mujeres y en alguna oportunidad hasta con la propia hermana de Gil, según testificaron los hijos del matrimonio. En su alegato del viernes, la Fiscalía tuvo en cuenta ese contexto, y pidió una recalificación del hecho: morigeró un tanto la acusación por “homicidio calificado en circunstancias extraordinarias de atenuación”.
En la acusación original el delito estaba tipificado por la fiscalía como homicidio calificado por el vínculo, que tiene la pena máxima de reclusión perpetua. La nueva imputación, planteada por la fiscal general Mirta Moreno, es menos dura pero también implica un castigo severo, de 8 a 25 años de cárcel. El defensor público Sergio Rey, a cargo de la representación legal de Gil, insistió ayer en su alegato con la absolución, al sostener que la mujer actuó “en legítima defensa”, después de recibir un puñetazo en el pecho y una patada en la pierna, en el marco de una discusión conyugal. “Ella reacciona y lo primero que tiene a mano para defenderse es un cuchillo Tramontina: se lo tira a la cara y se lo clava y el hombre se desangra”, describió Rey en diálogo con Página/12.
En caso de que esa figura no sea aceptada por el Tribunal Oral, la defensa solicitó que se la condene por “homicidio preterintencional”, cuya pena mayor es de 6 años, por considerar que Gil pretendió agredir a su esposo, pero no tuvo intención de matarlo.
El hecho por el cual está acusada Gil ocurrió el domingo 28 de marzo de 2010 por la mañana en la casa en la que vivían juntos, en el barrio Amaya, en las afueras de la ciudad de Trelew, provincia de Chubut. Quiroga, de 44 años, trabajaba como sereno en obras en construcción. Estaban casados hace casi treinta años. En el marco del matrimonio tuvieron tres hijos que hoy tienen 22, 23 y 27 años. Los tres declararon ante el Tribunal Oral el miércoles. Destacaron que Quiroga era un “buen padre” pero dieron detalles en sus testimonios ante el Tribunal Oral del habitual maltrato que le propinaba a su madre, que incluía insultos, a veces golpes, y humillaciones como serle infiel con otras mujeres o hacerla dormir afuera de la casa en una noche helada. También contaron que se iba los viernes a la casa de un primo donde se hacían “fiestas” con varias mujeres, y regresaba a su hogar los domingos. Fue justamente un domingo, al volver de esas juergas, que ocurrió la tragedia.
El viernes, antes de los alegatos y en la última jornada del juicio oral antes de la lectura de la sentencia, Gil brindó su testimonio. Varias veces se quebró y rompió en llanto. Un clima emotivo y angustiante se apoderó de la sala al escucharla. La mujer relató que el día en que se produjo la muerte de su esposo, Quiroga llegó al hogar familiar a las 8.30. La encontró levantada y le empezó a gritar: “Qué hacés levantada, puta, ¿de donde venís?”. Dijo que mientras ella lloraba, su marido le dio un golpe de puño cerrado en el torso y luego una fuerte patada en un muslo. “Ahí reaccioné y le pegué no sé con qué, cuando vi que había sangre por todos lados, sé que estaba parado ahí y le pegué...”, dijo entre llantos. El objeto que agarró fue un cuchillo. El filo le produjo un corte, que dio justo en una arteria: las heridas le provocaron la muerte. Gil contó que se puso a gritar, no podía creer lo que había hecho: “Amor, qué te hice, perdoname”, sollozó.
Ante consultas realizadas por el defensor público, Gil afirmó que solo atinó a defenderse, que temió que Quiroga la matara. También contó que cada vez que él le pegaba, ella tenía mucho miedo porque no se controlaba, le pegaba donde podía y no le importaba nada. “Yo no sabía qué hacer, no tenía a nadie que me dé un consejo, que me ayude a salir...”, afirmó. También sostuvo que “era una persona muy buena con mis hijos, por eso nunca me voy a poder perdonar lo que hice... el problema de él era la bebida, no se controlaba, no me escuchaba, varias veces quise hablar con él, yo quería un matrimonio feliz, vivir tranquilos”.
Gil nunca llegó a denunciarlo. Después de su declaración, se escucharon los alegatos. La fiscal Moreno dijo no advertir causas que justifiquen la reacción de la mujer, aunque valoró las circunstancias por las cuales atravesaba la pareja como atenuante. Destacó lo descripto por los hijos, quienes manifestaron que la relación estaba deteriorada y signada por el maltrato, la violencia física y psíquica y hasta el abuso sexual. Calificó el vínculo entre ambos como “patológico” y “enfermizo”, y reconoció que había una relación de sometimiento de Gil frente a su marido. A su turno, Rey, el defensor oficial, puso énfasis en que la mujer jamás se había defendido de las agresiones, que le tenía miedo a su esposo, y se preguntó cuál debería haber sido su actitud frente a la agresión que sufrió en la fatídica mañana del 28 de marzo, “¿tal vez esperar que la mate?”. Y destacó que lo que Quiroga consideró una provocación fue solo que Gil estaba levantada en el momento que él llegaba a su casa.
Entre los testigos que se escucharon a lo largo de la semana, se destacaron los tres hijos del matrimonio. Los tres declararon el miércoles y contaron sobre los golpes que propinaba su padre a su madre, y que una vez llegó a darle una patada en el pecho que la dejó en cama durante casi quince días. También coincidieron en que en varias oportunidades ella quiso suicidarse por la situación que vivía. Paola, la segunda, de 23 años, dijo: “Yo le decía que se separe, me dolía mucho cuando le pegaba, ella no se defendía y después lo perdonaba”. También comentó que su padre había querido abusar por la fuerza de Gil. Y que su madre le decía que algún día él iba a cambiar, que lo amaba y que no quería despegarse de sus hijos. El hijo mayor, de 27 años, afirmó: “Mi viejo fue una excelente persona, pero falló como marido y así pasó lo de mamá”.
Se esperaba que al final de la audiencia de debate, el Tribunal integrado por los jueces Darío Arguiano, como presidente, Sergio Piñeda y Adrián Barrios, como vocales, diera su veredicto. Pero los magistrados comunicaron que lo anunciarán hoy, a las 12: prefirieron tomarse más tiempo para analizar el caso por su complejidad, informaron. Gil espera la sentencia con prisión domiciliaria.

miércoles, 6 de abril de 2011

Un premio por oponerse al matrimonio igualitario

MONSEÑOR MARINO PASO A SER OBISPO
El papa Benedicto XVI nombró obispo de Mar del Plata a monseñor Antonio Marino, de gran exposición pública por liderar el año pasado la oposición eclesiástica al matrimonio entre personas del mismo sexo. Durante los debates, Marino argumentó que “según estudios” los homosexuales tienen hasta 500 parejas en la vida, consumen más drogas y las parejas son 30 veces más violentas.
Como responsable de la Comisión Episcopal de Seguimiento Legislativo, Marino fue quien presentó la posición de la Iglesia frente a la modificación del Código Civil que permitió las uniones entre personas del mismo sexo.
El entonces obispo auxiliar de La Plata cuestionó la existencia de “una campaña para instalar en los medios este tema como algo natural como el agua, o normal como la heterosexualidad”, e intentó explicar que la Iglesia tiene “una verdadera preocupación pastoral por las personas de tendencia homosexual”, a la que consideró una “patología”, pero la diferenció del “activismo, la militancia y el orgullo de ser” homosexual.
"Las personas que practican la homosexualidad padecen de más ansiedad, tienen más tendencia al suicidio y consumen con más frecuencia estupefacientes. Esto las hace menos amigables a los niños y menos beneficiosas para el Estado”, argumentó Marino. Sostuvo que “en las uniones homosexuales no hay permanencia. La duración es aproximadamente y en promedio de 1,5 años a 3, según los distintos estudios”, los cuales evitó citar.
La designación fue difundida en forma simultánea en Roma y Buenos Aires y aquí lo hizo el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a través de la agencia católica AICA. El gobierno pastoral de la diócesis de Mar del Plata estaba vacante desde marzo pasado, cuando monseñor Juan Alberto Puiggari fue promovido como arzobispo de Paraná.