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martes, 1 de mayo de 2012

Obama aseguró que la guerra está llegando a su fin, a un año de la muerte de Bin Laden




El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitó imprevistamente Afganistán en el primer aniversario de la muerte de Osama Bin Laden, y dijo que la intervención militar norteamericana en este país está llegando a su fin así como culminó ya la de Irak.

Bagra discurso televisado a su nación desde una base militar en Afganistán y en un acto de un alto simbolismo político para un presidente que busca su reelección en las elecciones de noviembre.

"Nuestra meta es destruir a Al Qaeda, y estamos en la senda para hacer exactamente eso", agregó Obama, cuya campaña presenta el asesinato de Bin Laden en un operativo militar clandestino en el vecino Pakistán como el principal fruto de la rediseñada estrategia militar del mandatario.

Obama habló en la base aérea de Bagram horas después de firmar en Kabul un acuerdo de asociación estratégica con su par afgano, Hamid Karzai, que regirá las relaciones entre los dos países en la décadas posterior al fin de la misión de combate de Estados Unidos en Afganistán, previsto para fines de 2014.

En la tranquilidad de la noche, rodeado de secretismo y medidas de seguridad, Obama llegó al aeropuerto de Bagram para una visita de siete horas a Afganistán, donde su país libra una guerra de más de una década contra rebeldes islamistas desde los atentados de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Apenas aterrizado con el avión Air Force One, el presidente tomó un helicóptero hacia el Palacio Presidencial de Kabul, donde firmó el acuerdo e hizo declaraciones a la prensa con Karzai a su lado.

Luego volvió a la base y saludó a decenas de soldados, estrechando mano tras mano. Después cerró la visita relámpago con el discurso televisado, que pronunció parado delante de camiones blindados militares a la hora de la cena en la costa este de Estados Unidos, aunque a las 4 de la mañana en Afganistán.

En su mensaje, el presidente recordó que fue en Afganistán donde Bin Laden planeó los atentados con aviones a las Torres Gemelas y el Pentágono de 2001, y que esto derivó en la invasión estadounidense con aval de la ONU para derrocar a los entonces gobernantes talibanes por negarse a entregar al líder de Al Qaeda.

"Este tiempo de guerra comenzó en Afganistán. Con fe el uno en el otro, y nuestros ojos fijos en el futuro, terminemos con el trabajo que tenemos a la mano y forjemos una paz justa y duradera", señaló Obama, citado por la cadena de noticias CNN.

Más temprano, el mandatario dio un discurso igualmente animado ante las tropas estacionadas en Bagram, la base estadounidense más importante en Afganistán, al norte de Kabul.

"Hay luz en el horizonte", declaró a los soldados, agradeciendo y encomiando su labor.



Obama dijo que, en virtud del acuerdo firmado con Karzai, las tropas estadounidenses desempeñarán tareas de contraterrorismo y de entrenamiento de las fuerzas de seguridad afganas, pero afirmó que su país no tendrá bases permanentes en Afganistán.

"Pero no tendremos bases permanentes en este país, ni patrullaremos sus ciudades y montañas", señaló.

En su discurso a la nación, Obama dijo que reconoce que "muchos estadounidenses están cansados de la guerra" en Afganistán, la más larga que tuvo que pelear Estados Unidos en su historia.

Pero el presidente dijo que el año pasado retiró a 10.000 soldados de Afganistán y que 23.000 más abandonarán el país antes de septiembre.

"Luego de eso, las reducciones continuarán a un paso firme, con más de nuestros soldados regresando a casa. Y como acordó nuestra coalición, para fines de 2014 los afganos serán plenamente responsables de la seguridad de su país", añadió.

Por motivos de seguridad, los periodistas de distintos medios que acompañaron a Obama en el vuelo de 13 horas aceptaron mantener el viaje en secreto hasta la llegada del mandatario al Palacio Presidencial de Kabul, la capital del país, donde los talibanes todavía cometen ataques, a veces letales, informó CNN.

Desde la muerte de Bin Laden, las relaciones entre Estados Unidos y Afganistán pasaron por momentos de tensión debido a la quema de ejemplares del Corán en la base de Bagram y al asesinato de 17 civiles afganos, entre ellos varios chicos, por parte de un soldado norteamericano.

Más de 1.800 soldados estadounidenses murieron y otros 15.700 resultaron heridos en la guerra de Afganistán.

Los conflictos en Afganistán e Irak costaron 1,3 billones de dólares, y los sondeos muestran que el apoyo popular a mantener las tropas en suelo afgano está más bajo que nunca.

Obama estuvo tres veces en Afganistán como presidente, la anterior en diciembre de 2010, y una en Irak, en 2009. Estados Unidos culminó su misión militar en Irak a fines del año pasado.

En Estados Unidos, en tanto, el Pentágono presentó hoy un informe sobre la situación en Afganistán en el que habló de limitados avances en la estrategia bélica y advirtió que los talibanes todavía son capaces de lanzar ataques importantes pese a haber perdido terreno a manos de fuerzas norteamericanas y afganas.

El informe semestral obligatorio, enviado a ambas cámaras del Congreso, dijo que los talibanes no pudieron recuperar sus bastiones perdidos en las provincias de Helmand y Kandahar y elogió el papel de las fuerzas militares afganas desde el 1 de octubre pasado hasta fines de marzo.

Sin embargo, el documento también habló de avances limitados respecto de muchas situaciones que vienen dificultando el esfuerzo bélico político, no sólo en términos de la actuación estadounidense sino también de la efectividad del gobierno afgano para capitalizar los logros militares de los últimos años.

viernes, 19 de agosto de 2011

A 35 años de la denominada "Masacre de Fátima"


Mañana se cumplen 35 años de la denominada "Masacre de Fátima", en la que fueron asesinados 30 presos políticos, "uno los capítulos más oscuros de la historia" porque "se trató de una feroz y desnuda represión ejecutada por quienes usurparon el poder el 24 de marzo de 1976".

Así describió el hecho el fiscal Federico Delgado cuando el 20 de septiembre de 2005 solicitaba la elevación a juicio oral y público de la causa, proceso que finalmente ocurrió en 2008.

"Se trató de una feroz penetración de un Estado que desnudó su poder coercitivo sobre al sociedad civil", enfatizó Delgado en su presentación.

Las víctimas de aquella matanza fueron Inés Nocetti, Ramón Lorenzo Vélez, Angel Osvaldo Leiva, Conrado Alsogaray, José Daniel Bronzel, Selma Julia Ocampo, Haydée Cirullo de Carnaghi, Norma Frontini, Jorge Daniel Argente y Carmen María Carnaghi.

La macabra mano de la "Masacre de Fátima" también alcanzó a Horacio Oscar García Castelú, Alberto Evaristo Comas, Susana Pedrini de Bronzel, Juan Carlos Vera, Carlos Pargas, Ricardo Herrera Carrizo, Roberto Olivestre, Enrique Aggio, María Rosa Lincon y Cecilia Podolsky de Bronzel, junto con 10 personas más no identificadas.

El 19 de agosto de 1976 un grupo militar se instaló en un control caminero sobre la ruta 8.

Poco después de las 4 de la madrugada del 20 de agosto, una gran explosión despertó a toda la localidad bonaerense de Fátima.

Los obreros de un horno de ladrillos cercano se encontraron con una escena macabra, restos humanos esparcidos en un radio de cien metros.

Inmediatamente la zona fue cercada por soldados que impedían el paso y a los reporteros gráficos se les secuestraron las fotos tomadas.

Los soldados y el personal civil recogían pedazos de los cuerpos dinamitados y los cargaban en un camión de la Municipalidad de Pilar.

Según el parte policial de la época, las víctimas eran treinta personas -diez mujeres y veinte hombres- la mayoría jóvenes, incluso algunos adolescentes.

Luego de ocurrida la Masacre, el gobierno militar por intermedio del Ministerio del Interior emitió un comunicado en el que repudió el hecho y lo atribuyó a “la demencia de grupos irracionales que con hechos de esta naturaleza pretenden perturbar la paz interior y la tranquilidad del pueblo argentino”, y expresó la firme voluntad de “esclarecer el hecho y sancionar a los responsables”.

Sólo cinco pudieron ser identificados en ese momento: Nocetti, Vélez, Leiva, Comas y Alzogaray, en tanto los cuerpos de las víctimas no identificadas fueron enterrados como NN en el Cementerio de Presidente Derqui, de donde fueron exhumados en 1985 para su identificación por parte del Equipo Argentino de Antropología Forense.

Sin embargo poco después, la sanción de la ley de Obediencia Debida archivó el expediente y detuvo los procesos iniciados.

En 1998, una presentación judicial de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata permitió el inicio de los llamados “Juicios de la Verdad”, que si bien por la vigencia de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida no permitían juzgar a los responsables de los delitos de lesa humanidad, sí permitieron seguir conociendo lo ocurrido con las víctimas.

Según testimonios ofrecidos a la CONADEP, a la hora de encontrar los cuerpos, estos estaban atados y vendados.

Pero lo más escalofriante es que se les encontraron orificios en la cabeza, provocados por armas de fuego, y habrían llegado al lugar de la masacre, ya muertos.

Según consta en el expediente, la mayor parte de las víctimas padeció su cautiverio en el centro clandestino que funcionó en la Superintendencia de Seguridad Federal, unidad perteneciente a la Policía Federal, en la calle Moreno 1417 de la Ciudad de Buenos Aires.

Este hecho formó parte del juicio a las Juntas en el que se comprobó la participación directa del ejército, en ese entonces al mando de Jorge Rafael Videla.

En 2003 la causa fue reabierta y seis ex-policías de la Federal fueron detenidos y puestos a disposición de la justicia.

En junio de 2004 el juez Rodolfo Canicoba Corral procesó con prisión preventiva y embargó a los policías federales Juan Carlos Lapuyole, Carlos Vicente Marcote y Carlos Enrique Gallone, recordado por aquella foto que recorrió el mundo abranzando a una madre de Plaza de Mayo en 1983.

Se determinó que Lapuyole y Marcote, quien falleció sin ser juzgado, fueron los responsables de las direcciones generales de Inteligencia y Operaciones de Superintendencia de Seguridad Federal y que Gallone fue jefe de una de las “brigadas” que actuaron en el lugar, donde funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura.

En febrero del 2006 la causa judicial, que forma parte de la "megacausa" por gravísimas violaciones a los derechos humanos cometidas en la órbita del Primer Cuerpo, fue elevada a juicio oral por el juez federal Daniel Rafecas.

En julio del 2008, Lapuyole y Gallone fueron condenados a prisión perpetua por su accionar en la detención y asesinato de las víctimas de Fátima, en tanto Miguel Angel Trimarchi, otro de los imputados, fue absuelto.