martes, 20 de junio de 2017

Un reencuentro donde aflora lo que todos quieren ocultar

Discepolín Vive - Teatro

Divinos Siervos es una obra que trata sobre tres amigos de la infancia que se reencuentran después de 20 años porque uno de ellos los convoca para ofrecerles un trabajo. Este espectáculo, que transcurre en tiempo real y dura lo que duraría una reunión de trabajo, rememora experiencias, anécdotas y traumas de los protagonistas durante su niñez con la iglesia, ya que todos compartían un grupo de liturgia, y pone al exterior algunas cuentas pendientes que todavía no han sido saldadas.

Nicolás Vives: Fotografía

Discepolín Vive estuvo presente en una nueva función de Divinos Siervos en el teatro de la Manzana (viernes de junio a las 22 en San Juan 1950) y tuvo la oportunidad de hablar con sus protagonistas, la directora Magalí Eguiluz y sus tres actores: Anahí González Gras, Fernando Sierra y Martín Iriarte. La obra es de producción independiente y cuenta con la colaboración de Lisandro Benjamín Díaz en Diseño Gráfico, audiovisual y fotografía y María Fernanda Weber en Diseño de Iluminación.

Por Lautaro Martínez Davico


¿Cómo surgió Divinos Siervos? ¿Es una obra adaptada o es idea suya?

Magali Eguiluz: En realidad, los promotores de la idea fueron los tres actores que comenzaron improvisando y tenían material reunido de los ensayos. Estas improvisaciones se realizaron en el marco de un taller de actuación, haciendo estos ejercicios se entusiasmaron con esta idea (Divinos Siervos) y empezó a crecer. Cuando me convocan (yo compartía ese taller con ellos) me comentan que tenían unos 20 minutos de obra, después algunas cosas se modificaron pero la temática fue creada en ese espacio.

¿De dónde surge la inspiración para crear esta obra? ¿Qué significa para ustedes la nostalgia y el reencuentro dentro de sus vidas personales?

Fernando Sierra: Nosotros empezamos improvisando, como decía Magali, en un taller. Como consigna había un tema fuerte que era la religión, ahí comenzamos a compartir entre el elenco anécdotas y experiencias de niños con este tema que fue el disparador. Luego se empezó a colar otro tema que era la necesidad de trabajo, estos dos ejes eran los que queríamos trabajar.

¿Han tenido una influencia de la iglesia muy fuerte en sus vidas que han motivado la realización de este trabajo?

Anahí González Gras: Evidentemente sí, hay una influencia porque por algo surgió el tema y por algo llegamos a contar lo que contamos. La obra es una dramaturgia nuestra que tiene que ver con cosas que nos han pasado, y obviamente existen cuestiones donde uno va “ficcionando”, por decirlo de alguna manera. La religión y la iglesia han tenido una influencia en nosotros sobre todo cuando en la obra se hace foco sobre el grupo de liturgia, que eso realmente existió, ciertas vivencias existieron, hay anécdotas que contamos que de alguna manera alguno vio o vivió, hay mucho puesto de nosotros y también de un universo imaginario que trajimos puesto al servicio de esto que queríamos contar.

¿Cómo surge esta idea de cambiar un poco el paradigma de la escena teatral ubicando al público donde estaría el escenario y bajando la obra al público?

Magali Eguiluz: Es un punto de vista interesante, no lo había pensado así de poner el escenario donde está el público, sino más bien de hacer un poco al público partícipe, pero sin serlo porque sigue siendo espectador, la idea es que esté cómodo y que pueda mirar sin sentirse observado pero que se sienta un poco parte de la reunión, esa fue en un principio la idea. Lo que nos está sucediendo ahora es que la gente cuando entra a la sala, en las tres funciones que dimos aquí, se quiere sentar en las sillas de los actores, por lo que tuve que indicar al público dónde se tiene que ubicar. La premisa es borrar un poco ese espacio entre lo escénico y el público, y también tiene una reminiscencia de una idea de lo que es la actuación como forma de irrupción de la ficción en cualquier espacio físico, sin ser necesario un escenario.

¿La idea es seguir planteando lo mismo en cualquier espacio en donde se presenten?

Magali Eguiluz: Nos vamos adaptando a los espacios, vamos a ver cómo funciona la obra en un formato más tradicional al estilo picadero, con el espacio escénico abajo rodeado por una tribuna donde se ubica el público.

Como actor dentro de un espacio independiente ¿Cómo encuentran la escena local hoy en día?

Martín Iriarte: Nosotros nos organizamos repartiéndonos las tareas y hasta ahora, que es la tercera función, nos está yendo bien. Conseguimos este espacio que era en el que queríamos trabajar, tal vez hubiéramos querido extender la obra aquí uno o dos meses más. A veces, los tiempos disponibles en las salas son limitados y uno no puede instalarse en un lugar fijo para hacer un trabajo por mucho tiempo, eso podría ser una dificultad.

¿Cuántas funciones quedan?

M.E: Aquí en el teatro de la Manzana (San Juan 1950) nos quedan dos viernes. Después en julio nos mudamos y vamos a estar los sábados en La Morada a las 21 (San Martín 771), en agosto tal vez hagamos algunas funciones en un espacio no convencional y en septiembre estamos los domingos a las 20 en La Morada.

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